arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Es un carterista". Dijo Buray a espaldas de Vlad, quien lucía una expresión de fastidio y desconcierto. "Era torpe, estúpido y no tenía la menor habilidad. Por eso lo atraparon". "......". En lugar de responder a las palabras de Buray, Vlad examinaba el estado del niño que se retorcía en el suelo. "¿Le cortaron los dedos?". "No". "¿Le rebanaron el talón?". "No". Buray sonrió al ver a Vlad indagar por el estado del pequeño ladronzuelo. Sabía a ciencia cierta que su estimado novato acabaría entregándole las monedas de plata. "Está bien fresco. Solo le dimos un ligero repaso. Podrías comértelo crudo si quisieras". "¡Jajajaja!". "¡Claro que sí! ¡Hasta lo ablandamos a golpes para que supiera mejor!". Los miembros de la banda de Jorge que aguardaban detrás soltaron una carcajada estrepitosa al escuchar la ocurrencia de Buray. "...... Está bien". Vlad dejó escapar un suspiro y extrajo de su pecho unas relucientes monedas de plata. "¡Sabía que no me fallarías! ¡Estaba seguro de que nuestro flamante novato aceptaría el trato!". "La próxima vez no me llamen. Simplemente mátenlo". "¿A qué viene eso? Nosotros somos miembros de una banda, no una pandilla de asesinos". "Viniendo de una panda de bastardos que despluma a su propia gente...". Aunque el más joven del grupo soltara palabras tan ásperas, los secuaces de la banda de Jorge se limitaron a reír. Hacía tiempo que habían reconocido la valía de Vlad por haber sobrevivido en los despiadados callejones. Las quejas amargas de un hermano menor eran algo que la generosidad de hombres curtidos podía tolerar sin problemas. "¡Los hermanos mayores nos vamos de copas!". "Vayan y ojalá se contagien de alguna peste venérea". "¡Esa es nuestra joven promesa! ¡Vlad tiene un garrote picante y una lengua afilada!". "¡Habría que ver si el garrote que tiene entre las piernas pica igual de fuerte!". "¡Jajajaja!". A pesar de su corta edad, Vlad era una presencia que descollaba por encima de los demás. Sin importar dónde estuvieran, las leznas afiladas siempre terminan perforando la tela del bolsillo para salir a la luz. Por haber sobrevivido ileso y, además, haberse ganado el respeto y liderazgo entre los pequeños vagabundos de los callejones, Vlad era objeto de interés para las diversas organizaciones que operaban en los bajos fondos. Para los niños mendigos que aún no habían recibido el llamado de ninguna banda, era un ídolo digno de admiración. Y para las organizaciones necesitadas de sangre nueva y talento, era el candidato número uno al que deseaban reclutar. Ese era el valor indiscutible que poseía un muchacho de apenas dieciséis años llamado Vlad. "Levántate. Antes de que decida matarte". "Mmm, mmm......". Vlad empujó suavemente con la punta de la bota al niño maniatado mientras hablaba: "¿Viste cómo acaban de sacarme el dinero? Entiende la situación en la que estás". "Sí......". Ante la advertencia severa de Vlad, el niño de piel negra, con las manos atadas a la espalda y amordazado, rodó por el suelo haciendo un esfuerzo desesperado hasta que consiguió ponerse en pie por sí mismo. "¡Fiuuu! Vlad, lo siento. Quería dar un golpe rápido y largarme". No quedaba claro si se disculpaba por haber robado o por haberse dejado atrapar, pero Vlad podía notar que el muchacho negro se disculpaba de todo corazón. ¡Plas! "¡Ay!". "De verdad me sacas de quicio". Tras propinarle un sonoro coscorrón en la nuca al chico, Vlad se frotó los ojos con ambas palmas, visiblemente exhausto. "Y así las cinco monedas de oro se alejan todavía más". "¿Necesitas dinero? Entonces pídelo prestado. A Jack el Manco". "Antes de pedirle dinero prestado a ese sujeto, preferiría tragarme veneno para ratas". Al escuchar el nombre de otro de los jefes que dominaban los bajos fondos junto a Jorge, Vlad sacudió la cabeza con desdén. "¿Tienes algo roto?". "No". "Entonces lárgate de mi vista ahora mismo, pedazo de idiota". "...... ¿Se lo vas a decir a mi hermano?". Sin saber si era consciente de que hacía unos instantes estuvo a punto de quedar lisiado de por vida, el muchacho negro solo temía que lo ocurrido llegase a oídos de su hermano mayor. "Pienso cobrarle las cuarenta monedas de plata a tu hermano". "¡No! ¡Por favor, Vlad!". "Entonces tu hermano me pagará las cuarenta piezas de plata y a ti te molerá a palos con cuatrocientos azotes por imbécil". Al ver que los ojos azules de Vlad permanecían imperturbables, el muchacho negro esbozó una sonrisa temerosa, anticipando el sombrío destino que le aguardaba. "La próxima vez no dejaré que me atrapen......". "Parece que tu estupidez te impide aprender la lección". Tras echar fuera del establecimiento al pequeño ladronzuelo que juraba tener éxito en su próximo intento con expresión compungida, Vlad lo vio perderse al fondo del callejón. Luego alzó la cabeza y contempló la fachada de La Sonrisa de la Rosa. Desprovista de sus luces ostentosas durante el día, La Sonrisa de la Rosa parecía envuelta en un silencio sepulcral. Sin embargo... "...... Hoy es un día en el que necesito el consuelo de alguien". Haberle reventado la cabeza a un cliente que resultó ser inocente, haber descubierto la desvergonzada trampa de la madama y, para colmo, haber sido extorsionado por sus propios superiores. En circunstancias normales, habría entrado a La Sonrisa de la Rosa para conciliar el sueño; pero hoy decidió recibir los rayos del sol matutino. Avanzando en dirección contraria a la que había tomado el muchacho negro, Vlad sintió cómo la neblina acuática traía hasta la punta de su nariz un denso aroma a pescado y humedad. ※※※※ Jorge, el Caballero de las Rameras. Jack el Manco, la Sanguijuela del Dinero. El Oso Negro, el Carnicero de Cerdos. Dados, el Amo de los Garitos. Y el Capitán Hoover, el Cazador de Ballenas. Estos cinco eran los capos que dominaban los bajos fondos de Shoara en la actualidad. "¿Así que viniste a buscarme a mí?". "¿Tienes algo de dinero?". El hombre al que Vlad había ido a visitar se llamaba Haben, un subordinado perteneciente a la banda del Capitán Hoover, el Cazador de Ballenas. "¿Hacía tanto que no nos veíamos y lo primero que me dices es que te dé dinero?". "Con cinco monedas de oro me basta". "Si le presto dinero a alguien a quien acaban de desplumar, ¿acaso podré recuperarlo después?". "No tuve alternativa". "De ninguna manera. No tienes crédito". Haben sacudió la cabeza repetidamente. A diferencia de Vlad, que poseía una deslumbrante cabellera rubia, Haben tenía un cabello castaño sin ninguna particularidad; sin embargo, la presencia que transmitía era tan intensa como la del propio chico. "De verdad que eres un descarado. ¿Cómo se te ocurre pedirle dinero prestado a un lisiado que ni siquiera tiene el cuerpo entero?". Era una habitación diminuta. Tan pequeña que quedaba abarrotada con solo dos personas sentadas en ella. Por esa misma razón, a pesar de cojear de una pierna, Haben podía alcanzar el estante apoyándose en su bastón y tomar una botella, utilizando para ello una mano izquierda a la que solo le quedaban tres dedos. "Bébete eso y lárgate. Tu hermano mayor está ocupado". "¿Seguro que esto se puede beber?". Al destapar la botella, Vlad arrugó la nariz al percibir el olor nauseabundo y sospechoso que emanaba del licor. "Es la obra maestra del Capitán Hoover, el Capitán Q. Un aguardiente tan potente que si beben dos, mueren tres". "Podría guardarlo para usarlo como veneno más adelante". Desistiendo de la idea de ingerir aquel brebaje dudoso, Vlad se sentó frente a Haben y observó la labor que este realizaba. Sobre el destartalado escritorio de la pequeña estancia se apilaban legajos de papeles repletos de cifras y letras apretadas, las cuales Haben hojeaba sin descanso. "Se supone que sé leer y escribir, pero no entiendo nada de lo que hay anotado ahí". "Pues también fui yo quien te enseñó a leer y escribir". "Aunque en cuanto a números solo sé reconocerlos". "Eso también te lo enseñé yo". Una sonrisa asomó a los ojos de Haben al escuchar las quejas de Vlad. Para Jemina y para Vlad, Haben era una figura semejante a un benefactor. Porque cuando eran pequeños y rodaban desamparados por el lodo de los callejones, fue él quien compartió su manta con ellos. Si no hubiera sido por el calor que les brindó, Jemina y Vlad habrían muerto congelados hacía mucho tiempo; y si no hubiese sido por los trozos de pan que robaba para alimentarlos, habrían perecido de hambre. "Aun así, ese mocoso tuvo suerte. Lo atraparon robando y no terminó como yo, con tajos por aquí y pedazos amputados por allá". "Mmm. Supongo que los tiempos han cambiado un poco a mejor". En aquellos días en que deambulaban por los callejones, los tres subsistían gracias a los pequeños hurtos; sin embargo, esa etapa llegó a su fin cuando Haben quedó lisiado. "...... Es verdad. A diferencia del obispo anterior, el que tenemos ahora tiene sus intereses puestos en cosas muy distintas a los carteristas". Haben no había tenido suerte. En aquel entonces, el obispo destinado en Shoara era un hombre extremadamente severo con el robo y los carteristas. En circunstancias habituales, todo habría terminado con una paliza; pero como castigo ejemplar para demostrar la estricta doctrina del clérigo, a Haben le amputaron los dedos de la mano y le rebanaron el tendón del tobillo izquierdo. Los desgarradores alaridos de dolor de Haben resonaron por todo el callejón, pero nadie intercedió por aquel pequeño vagabundo considerado una escoria urbana. Por fortuna, para cuando Haben quedó incapacitado para ganarse el sustento, Vlad ya había crecido lo suficiente como para alimentar a los tres. Y así, caminando sobre el filo de la navaja, Vlad, Jemina y Haben lograron sobrevivir sosteniéndose mutuamente. "¿Por qué cosas dijiste que se preocupaba tanto el obispo actual?". "Por la pederastia". "Ah, es verdad. ¡Jajaja! Ahora recuerdo cómo Jemina andaba refunfuñando por eso". Según las inclinaciones particulares del obispo a cargo de cada ciudad, las doctrinas y normas impuestas por la Iglesia variaban ligeramente. A diferencia de su predecesor, el nuevo obispo asignado a Shoara hacía cinco años no mostraba tanto celo por los hurtos o carteristas, sino que vigilaba con lupa cualquier abuso hacia los niños. "¿Por eso fue que retrasaron forzosamente el debut de Jemina?". "La madama anda con mucho cuidado. Tratándose de un burdel tan famoso, inevitablemente atrae la atención de la Iglesia". Para las niñas de los callejones, cuyo único patrimonio era su propio cuerpo, dedicarse a la prostitución sin importar la edad solía ser el curso natural e inevitable de las cosas. Sin embargo, a causa del obispo que asumió el cargo cinco años atrás, todas esas prácticas quedaron terminantemente prohibidas. Cualquiera que mantuviera relaciones carnales con una doncella que no hubiese alcanzado la mayoría de edad sería excomulgado. Esa era la doctrina principal proclamada por el prelado. Para bien o para mal, debido a ello, Jemina, al no ser adulta todavía, permanecía relegada a fregar platos hasta el día de hoy. Y probablemente, hasta que alcanzara la edad preceptiva, estaría condenada a conservar la doncellez bajo la custodia compartida de la Iglesia y de la madama. "¡Una aspirante a ramera doncella! ¡Suena tan absurdo como hablar de una virgen embarazada! ¡Jajajaja!". "Y para colmo, su cuerpo no ha crecido ni un milímetro. Aunque cumpla la mayoría de edad, seguro que a cualquier hombre que se acueste con ella lo excomulgan de todos modos". "¡Je, je, je! ¿Acaso esa chica no va a crecer hasta el día de su muerte?". Tras reírse un buen rato a costa de Jemina, Haben se quedó mirando la pared de manera inconsciente, sin borrar la sonrisa del rostro. Era una habitación estrecha. Si uno lograba aislarse del polvo y del olor a tinta y papel, podía percibir un aroma particular en el ambiente. Era el olor del río. El cuartel general del Capitán Hoover, dedicado principalmente al contrabando, estaba asentado en la zona portuaria; y más allá de la pared que Haben contemplaba fluía el gran río que alimentaba a la ciudad de Shoara. Un río caudaloso, azul y abierto al horizonte, capaz de avanzar hacia cualquier confín del mundo. Muy distinto a la realidad de Haben, atado irremediablemente a aquel rincón. "Bueno. Del mismo modo en que Jemina probablemente nunca crezca hasta el fin de sus días, supongo que yo tampoco podré salir jamás de este agujero". "......". A Vlad le invadió una profunda tristeza al percatarse de que no podía rebatir el lamento de su amigo. "Por cierto, Vlad, había algo que quería advertirte". "¿El qué?". El ingenioso Haben había aprendido a leer y dominar los números mirando por encima del hombro de los demás. Lo hizo porque comprendió desde niño que para sobrevivir en los bajos fondos era necesario poseer más conocimientos que el resto. Gracias a esa agudeza mental, aun con el cuerpo maltrecho, había logrado conseguir un puesto de trabajo; y gracias a ese ingenio, aunque estuviera recluido en un cuarto diminuto, era capaz de descifrar a través de cifras y documentos exactamente cómo se movían los hilos en Shoara. "Ten cuidado". "¿Con qué?". "Me enteré de que alguien estuvo manipulando las velas en La Sonrisa de la Rosa, ¿no es así?". "...... ¿Ya se corrió la voz hasta aquí?". Aunque la improvisación de Vlad había logrado sofocar el incidente por el momento, cualquiera con experiencia en los callejones deduciría la verdad: la única persona con autoridad para tocar esas velas era la propia Madama Marcela. "Marcela no es de las que hacen esas tonterías". "Es cierto". "Y si alguien como ella lo hizo, significa que tenía una razón imperiosa para hacerlo". "¿Una razón?". Vlad miró a Haben a través de la botella oscilante. "Significa que necesita dinero. Marcela. Y con suma urgencia". El rostro de Haben, distorsionado a través del líquido denso y parduzco de la botella, reflejaba una seriedad sombría. "Cuando una banda se pone a recaudar fondos a toda prisa, solo existe un motivo, Vlad". Haben habló con voz grave y solemne: "Solo lo hacen cuando van a entrar en guerra con otra banda". "......". Al escuchar aquellas palabras, Vlad no supo qué responder. Se limitó a sacudir la botella que sostenía entre las manos. ※※※※ "Cuídate las espaldas". Esa fue la última advertencia que le dedicó Haben a Vlad mientras este recogía la botella y se disponía a marcharse. Sin embargo, por más que hubiese escuchado la advertencia, Vlad carecía de medios para precaverse de lo que pudiera venir. "Ufff...... Qué sabor tan inmundo tiene este licor". Este era un mundo donde para vivir había que arrebatarle algo a otro, y para arrebatarlo era indispensable herir a alguien. Y en medio de esa vorágine, salir herido uno mismo era una consecuencia inevitable. "Realmente sabe a veneno donde si beben dos, mueren tres". Cualquiera podía morir en cualquier momento. Los callejones no eran más que el punto de reunión de criaturas que vivían asumiendo ese riesgo mortal, arrojándose hacia el abismo como polillas atraídas hacia la llama. Y Vlad conocía esa verdad mejor que nadie. Sabía perfectamente que él no era más que otra de esas efímeras polillas. "Qué brillo tan hermoso......". Aunque su visión comenzaba a empañarse por culpa del fuerte aguardiente, había una luz pura que lograba abrirse paso hasta los ojos de Vlad. El muchacho se detuvo frente a ella y permaneció contemplándola fijamente sin prisa alguna. "...... Es una luz que bien vale cinco monedas de oro". En la oscuridad opresiva de unos callejones de los que resultaba casi imposible escapar, consolándose a sí mismo con un trago de licor barato, el muchacho continuaba contemplando una estrella. Igual que una polilla abalanzándose hacia el fuego. Y allí permaneció largo tiempo, contemplándola frente a la vieja herrería. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 4

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.