arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 39 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un suspiro y una mirada. "¿Han partido ya todos los invitados?" Alicia apenas logró sofocar otro suspiro mientras contemplaba el árbol que se alzaba tras el ventanal. Aquel árbol, impregnado de los recuerdos de su padre, siempre le había brindado consuelo. "A excepción de los hombres de la Casa Bayezid, todos se han marchado." "... Me resulta tan amargo no haber podido dirigirles siquiera una advertencia como es debido a los que partieron." El duelo de honor había concluido. No se había iniciado de forma honorable, pero dado que su desenlace había resplandecido con magnificencia, bien podía considerarse un duelo de honor. "¿Endre también logró marcharse?" "... Como el veredicto quedó en suspenso, recurrió al sacerdote para solicitar la protección de la Iglesia." Endre alegó que el duelo aún no había terminado formalmente, reclamando sus derechos a la par que demandaba la salvaguarda de su integridad física. Al dictaminar la Iglesia que su petición era legítima, Alicia no pudo tomar represalia alguna contra él hasta que este abandonó Deomar. "Siento como si me estrujaran el corazón." "..." Alicia se había visto obligada a despedir en santa paz no solo a Endre, sino también a los caballeros que, confabulados con él, habían intentado arrastrarla a la ruina. Sentía como si una herida calara más allá de su orgullo, desgarrándole la mismísima alma, pero no había otra alternativa. En tiempos tan convulsos como aquellos, la legitimidad moral servía tanto de lanza como de escudo; además, Alicia aún no ostentaba el control absoluto sobre Deomar. Para que cualquier fundamento arraigara con firmeza, el tiempo era indispensable. "Aguardemos una mejor ocasión, señorita Alicia." "Durante estos últimos días, siento como si en lugar de tibia sangre fluyera una ira ardiente por mis venas, Sir Duncan." Por esa misma razón, debió dejarlos marchar a todos indemnes, con la amarga sensación de estar tragando veneno. Porque debía demostrar su temple como legítima soberana. Aquel que gobierna debe cargar con tantas responsabilidades y deberes como autoridad ostenta. "¿Cómo marcha la cosecha de limones?" "No es nada halagüeña." A pesar de haber sido sacudida sin tregua por una gran ordalía en tiempos recientes, Alicia era una mujer firme. Aunque apenas acababa de recuperar su posición, ya se esforzaba por atender los asuntos internos de Deomar. Incluso si por dentro sus entrañas se consumían en angustia. "La producción no deja de descender..." Con el ceño fruncido, Alicia contempló una vez más el árbol que se erguía fuera de la ventana. Un árbol que, según se contaba, había sido plantado en los días de su bisabuelo. Era un auténtico emblema para la Casa Heinal, un árbol que, en vida de su padre, florecía con exuberancia cada primavera. Aunque ahora se tornaba cada vez más marchito y esquelético, hasta el punto de hacer dudar si acaso estaba muriendo en lugar de florecer. ¿Sería por eso? Con el paso del tiempo, el clima que envolvía a Deomar se volvía cada vez más gélido y la cosecha de limones continuaba menguando, hasta el punto de eclipsar la célebre fama de Deomar como tierra predilecta para el cultivo de cítricos. "¿Deberíamos más bien ampliar los campos de cebada?" "... ¿Qué le parecería observar la situación un poco más?" Modificar la estructura productiva que sostenía la economía de un feudo no era una determinación que pudiera tomarse a la ligera. Además, para una Casa Heinal debilitada por las disputas internas, resultaba sin duda una decisión sumamente gravosa. "Uf..." Sentía como si, tras apartar un obstáculo del tamaño de una montaña, otra cordillera entera la estuviera aguardando. Abrumada por la pesadumbre, Alicia terminó por soltar un largo suspiro. "¿Eh?" En ese instante, un destello de resplandor dorado captó su mirada. Al otro lado del cristal, se divisaba la silueta de alguien que forcejeaba descontroladamente de un lado a otro. "... Sir Duncan." "Sí, señorita Alicia." Observando la escena tras la ventana, Alicia preguntó con una leve sonrisa: "Por regla general, ¿no se supone que todos los caballeros deben saber montar a caballo?" "Quien no sabe montar a caballo difícilmente puede llamarse caballero. Es una virtud tan crucial como la espada misma." "Ah..." Un murmullo, que bien podía ser un suspiro de compasión o una traviesa exclamación, escapó de los finos labios de Alicia. "Después de todo, parece que Dios no concede todos los dones a una sola persona." "... Casi puedo palpar la tribulación de Sir Zayar." Al contemplar aquel cuadro más allá de la ventana, Alicia apartó por un instante las innumerables preocupaciones que la agobiaban y sonrió con sinceridad después de mucho tiempo. La estampa de aquel muchacho tambaleándose en el jardín de la mansión a la distancia como si disputara un frenético rodeo le brindaba un momento de sosiego. Aunque resistía con admirable tenacidad, el muchacho terminó irremediablemente por salir despedido y rodar por la hierba. \* \* \* "... ¿No asegurabas que con un caballo caro bastaría?" "La última vez lo monté sin problemas..." Un caballo exhausto, un muchacho revolcado en la tierra hecho una calamidad y, a su lado, un mozo de cuadras que no hallaba dónde meterse. Ambos se encogían intimidados ante la mirada del caballero, quien se mesaba el parche del ojo. "¿No decías que podrías lograrlo si era un caballo caro?" "Quizás deba ser uno todavía más caro..." Ante la desvergonzada respuesta de Vlad, la ira que Zayar había contenido estalló al fin, y sin vacilar le asestó un buen golpe a su escudero. "¡Ugh!" "¡Usa la cabeza antes de abrir la boca y soltar sandeces!" A causa del impacto de Zayar, Vlad rodó una vez más por el suelo; no obstante, gracias a las técnicas de caída que dominaba ya tan naturalmente como el respirar, recuperó la postura en un abrir y cerrar de ojos. "La última vez monté de verdad. Aunque Goat fue quien llevó las riendas." "Sí, sí, mi señor Zayar. Doy fe de que montó." Al ver a aquellos dos balbucear como loros fingiendo inocencia, Zayar se presionó las palpitantes sienes y cayó en profundas cavilaciones. 'Esto es grave.' Cuando supo que no sabía montar a caballo, creyó que bastaría con instruirlo en persona, pero el problema no radicaba en el muchacho. Un relincho temeroso quebró el aire. Tal como decía el muchacho, el problema era la bestia. Para ser exactos, todos los caballos reculaban con recelo en cuanto posaban los ojos en Vlad. Como si tuvieran delante a una criatura aterradora. Incluso la montura del propio Zayar reaccionaba de la misma manera. "Por hoy es suficiente." "¿Continuamos mañana?" "... Mañana tampoco lo haremos." Ante la tajante respuesta de Zayar, Vlad lo contempló con una mirada colmada de descontento. "¿Qué me miras?" "..." Ya fuera por su índole innata o por el entorno en el que se había forjado, el muchacho albergaba un anhelo de superación y una competitividad tan feroces que, le llovieran golpes o no, parecía empeñado en aprender equitación a cualquier precio. A decir verdad, mantenerse en semejante estado hería profundamente su orgullo. ¿Ser capaz de blandir el Aura y no saber montar a caballo? ¿Qué clase de disparate sin sentido era ese? "¿Entonces cuándo aprenderé a montar a caballo?" "Por ahora queda en suspenso." "Es una palabra que oigo con demasiada frecuencia desde que llegué aquí." "¿Acaso tienes alguna queja?" "Un poco, la verdad." Al ver a un escudero que ni por asomo mostraba la menor intención de amilanarse ante su presencia, Zayar suspiró para sus adentros, rumiando lo endemoniadamente difícil que resultaba lidiar con semejante mocoso. "Lo pensaremos cuando regresemos a Sturma. Por hoy se acabó." Tras soltar aquellas palabras, Zayar dio media vuelta con paso firme, dejando al muchacho y al mozo de cuadras plantados con un regusto amargo. 'Siento que, a medida que pasa el tiempo, los caballos me detestan todavía más.' Al contemplar cómo la situación se torcía cada vez más, las entrañas de Vlad se revolvían en un mar de perplejidad. "Si ni siquiera con este animal funciona, ¿qué se supone que haga?" "... ¿Y si pruebas a montar una vaca o algo parecido? Esos animales son bastante más insensibles que los caballos." 'Maldito infeliz.' Ante la disparatada respuesta de Goat, Vlad abrió desmesuradamente sus ojos azules con fiereza. "¿Acaso crees que porque tienes boca puedes soltar cualquier sandez que se te ocurra?" Al ver a Goat sugiriéndole el absurdo despropósito de montar una vaca, Vlad comenzó a gruñir: "Usa la cabeza antes de abrir la boca." "... Juraría haber oído esas mismas palabras hace apenas un instante." Viendo a aquel temible muchacho descargar contra él la misma furia que acababa de recibir de Zayar, Goat desvió la mirada a toda prisa hacia otro lado. "Este nivel puedo tolerarlo y aceptarlo las veces que haga falta. Porque aposté a lo grande por ti... Y bueno, tampoco es que me quede otra opción que aguantar". "Capitán, entonces me voy al establo. Puede que sea descortés contigo, pero este caballo es un ser sumamente valioso". "Lárguense los dos. Desaparezcan de mi vista". \*Hiiiii-ing—\* Al ver que por fin lograba alejarse de Vlad, el caballo de Zayar empezó a relinchar complacido, mostrando los dientes en lo que parecía una franca sonrisa burlona. "......" Aunque fuera la montura de su maestro, resultaba imposible no sentir rabia al presenciar semejante gesto. "¡Bueno, me largo! ¡Cuídate bien!". \*Fuhihihing—\* Sin importar si Vlad rechinaba los dientes a sus espaldas o no, el caballo de Zayar y el mozo de cuadras de la Casa Bayezid se alejaron de él con pasos rebosantes de júbilo. "¡¿Pero cuál demonios es el problema?!". Vlad no pudo contener la furia al verles las espaldas y pateó el suelo con frustración. Después de haberse armado de valor para pedírselo a Zayar, dispuesto incluso a soportar una reprimenda, no había obtenido absolutamente nada a cambio. "\[Me parece que el problema radica en que tu presencia es demasiado agresiva. En tales aspectos, los animales suelen ser mucho más sensibles que los humanos\]". Ante la respuesta de la voz, Vlad apoyó el peso en su espada y preguntó: "¿Entonces qué hago?". "\[Tienes que aprender a controlar tu presencia\]". "Enséñeme". "\[Dado que es una de las tantas formas de manejar el mundo interior del alma, en última instancia tendrás que ser capaz de usar el aura a voluntad para poder controlar también tu presencia\]". "......" La respuesta de la voz dejó a Vlad sin palabras. Aunque aquel día en el cuadrilátero de duelo había florecido de forma resplandeciente, emplear el aura de manera consciente conllevaba enormes dificultades. Le costaba horrores manifestarla como era debido e, incluso si lo lograba, resultaba tan tenue que rozaba lo insignificante. A fin de cuentas, significaba que requería de un riguroso dominio y de un prolongado entrenamiento para poder utilizarla en un combate real. "\[Recuerda las palabras de Zayar, quien te dijo que no intentaras correr antes de aprender a caminar. No debes impacientarte con ninguna empresa\]". "Ya lo entendí". Rumiando las palabras de sus dos maestros, quienes coincidían en que, ya fuera la esgrima o el aura, todo radicaba en afianzar los fundamentos básicos, Vlad desvió la mirada hacia la lejanía. "......Ya que no puedo hacer nada más aquí, al menos debería ir por última vez". El muchacho, entregado a absorberlo todo como una esponja, no aprendía únicamente de Zayar y de la voz. Josef Bayezid. Aquel joven noble, cuya sangre ilustre le garantizaba las dotes de un soberano, también representaba un maestro formidable para Vlad. Su conducta de contemplar siempre el peor escenario mientras codiciaba lo mejor de las opciones le otorgaba a Vlad valiosas revelaciones. La actitud de Josef de atesorar cada oportunidad y posibilidad ensanchaba con creces la perspectiva del muchacho. "Aprovechemos lo que se pueda hasta el último instante". "\[Te lo agradezco\]". Tal como había aprendido de Josef, Vlad decidió aprovechar el último tiempo libre que le restaba para encaminarse una vez más hacia el árbol en lo alto de la colina. Aunque no pudiera contemplarla dentro de su propio mundo, al menos le era posible percibir la cálida energía que envolvía el promontorio. \* \* \* "No volveré a toparme con Lady Alicia, ¿verdad?". "\[Me pareció ver que había una ventana orientada hacia este sitio desde su despacho\]". "Démonos prisa". Para evitar un encuentro incómodo con Alicia, Vlad apuró el paso mientras ascendía por la colina. Tenía plena conciencia de que era un acto desprovisto de etiqueta, pero a estas alturas no quedaba otro remedio. Al fin y al cabo, tal vez esta fuera su última oportunidad. 'De todos modos, después de todo lo que he hecho por ella...'. Incluso si lo descubrían, Vlad abrigaba la intención de mostrarse un poco descarado. Si no hubiera sido por él, a estas horas Alicia bien podría estar yaciendo fría bajo tierra. Por consiguiente, si lo pescaban cometiendo semejante falta, cabía esperar que hiciera la vista gorda. Al escuchar que este lugar quedaba a la vista desde el despacho de la dama, Vlad volvió a arrodillarse frente al árbol en actitud de oración. Era una postura que su cuerpo ya había asimilado a la perfección. "Parece que eran viejos amigos, así que intente hablarle bien". "\[Mm. Que una serpiente me reconociera... a decir verdad, a mí también me dejó atónito\]". A pesar de escuchar a Vlad, la voz pensaba con franqueza que le resultaría imposible recobrar sus recuerdos. La presencia que emanaba de la serpiente blanca le resultaba sin duda familiar, pero carecía de la intensidad necesaria para conmoverlo de forma vívida. "\[......Aun así, debió existir algún lazo entre nosotros\]". Sin embargo, dado que esto era lo único que podían hacer en este momento, la voz, como quien se aferra a un clavo ardiendo, desplegó su propio mundo a través del ojo izquierdo que el muchacho mantenía abierto. El mundo de Vlad, que florecía de forma espléndida con tonalidades multicolores, se desvaneció, y un mundo blanco que se agitaba con un ímpetu atronador comenzó a emerger sobre su conciencia. Aquel universo compartía el mismo color que la raíz que sustentaba el mundo del joven. Y en el instante en que aquel mundo albo se asentó por completo en los ojos del muchacho... "\[......!\]". "......!". Tanto el muchacho como la voz se quedaron estupefactos de puro asombro ante el espectáculo que se desplegó frente a ellos. Al contemplar el árbol sobre la colina a través del mundo de la voz, allí no había absolutamente nada. \*Ssshhhhh—\* La criatura ya había descendido del árbol sin que se percataran y se hallaba enroscada justo delante de sus narices. Era una distancia tan corta que casi podían percibir su aliento. "......¿De verdad es un amigo, no?". "\[......Eso me gustaría creer\]". Como si hubiera estado aguardando a que llegaran, la serpiente, tras descender del árbol, comenzó a contorsionar su cuerpo poco a poco, rodeando el sitio donde Vlad permanecía de pie. Al carecer de un lenguaje compartido no había certeza absoluta, pero daba la impresión de estar sumamente entusiasmada mientras se enroscaba alrededor del cuerpo de Vlad una y otra vez. "¿Esto es un saludo amistoso?". "\[......Más le vale que lo sea\]". Aunque invisible a ojos comunes, la serpiente, que sin duda habitaba la realidad, ya había envuelto al muchacho por completo, sin dejar un solo resquicio, mientras agitaba la cola. Si en este preciso estado ejerciera tan solo una pizca de fuerza, Vlad terminaría reducido a una masa informe y triturada. Y sin embargo... Pese al sobresalto, ni el muchacho ni la voz percibieron amenaza alguna. Todo en la serpiente, en el trato que les dispensaba, desbordaba calidez. Se hallaban conectados por una corriente emocional imposible de expresar en palabras. "————." Habiendo logrado envolver al muchacho en su abrazo, la serpiente alzó la cabeza a gran altura y empezó a balancearla de un lado a otro. Parecía una danza y, pese a moverse con semejante mole descomunal, no transmitía pesadez alguna. "¿Qué es esto?". "\[No intentes comprender a los espíritus. Ellos representan otra faceta del propio mundo\]". Los seres humanos siempre pretendían interpretar todas las cosas bajo sus propios baremos, pero resultaba imposible que la frágil alma de un mortal abarcara la totalidad de lo que envolvía al mundo. Quizá fuera por esa misma razón que los hombres se encomendaban a la existencia de Dios. A decir verdad, incluso el muchacho se encontraba invocando el nombre divino en semejante trance. \*Ssshhhhh—\* Al compás de la danza que trazaba la serpiente, algo comenzó a alzarse desde lo alto de la colina. Pese a encontrarse a plena luz del día, aquellos destellos azulinos que ascendían guardaban una similitud asombrosa con las luciérnagas que solo se dejan ver de noche. Todos ellos revoloteaban y convergían en dirección a la serpiente. "\[......¿Qué demonios están haciendo?\]". Justo cuando incluso la voz, siempre dueña de una serenidad imperturbable, empezaba a desconcertarse ante la situación... \*Ssshhhhh—\* La serpiente comenzó a replegarse. Como si ya hubiera consumado la labor que le correspondía. "......" En ese mismo instante, la armadura gris oscura del muchacho se encendió con el brillo límpido de aquellas luciérnagas azules. Vlad se quedó petrificado, contemplando su propia armadura refulgente. "\[Es una bendición de protección divina\]". Ante las palabras de la voz, Vlad, que había retornado sin percatarse a su propio mundo, dirigió la mirada hacia el frente. Pudo ver a la serpiente. Lo estaba contemplando fijamente. Ahora también era visible dentro de su propio mundo. \*Ssshhhhh—\* Al ver resplandecer la armadura del muchacho, la criatura parecía sonreír complacida. Había bendecido al joven y a la voz. Los había arropado con su propia calidez. "......" Vlad, sin comprender el motivo, sintió como si de su armadura emanara una fragancia fresca y cristalina a limón. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 40

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 39

Estás leyendo el capítulo 39 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.