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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 36 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Oye, novato. No te les quedes mirando tanto." Buray le habló a Vlad con su habitual tono desganado. "A esa gente de allá le molesta con solo que los miremos." "..." El muchacho también lo sabía. Sabía de sobra que las palabras de Buray eran ciertas. "Apenas nos separa una calle, pero para ellos simplemente carecemos de derecho." "¿Derecho a qué?" Apoyado contra la pared mientras tallaba un trozo de madera con una daga, Buray torció una comisura de los labios en una sonrisa. En aquella mueca anidaba una pizca de rencor entremezclada con una irremediable desolación. "A todo. Siempre nos falta de todo, ¿no?" "... ¿Y qué es lo que nos falta a nosotros?" Buray soltó una risita ahogada ante la réplica de Vlad. "Bueno, ¿acaso solo nos falta algo? Ni siquiera tenemos derecho; así ha sido desde que nacimos. Lo sabes muy bien, para qué te haces." "..." Aquella vez, el muchacho no replicó. Se limitó a girar el rostro para contemplar los imponentes y elegantes edificios que se alzaban al otro lado de la calzada. En aquel lugar habitaban el resplandor y las risas. Cosas que jamás les estaban permitidas a las gentes de los callejones. Y el muchacho siempre había estado hambriento de ellas. \* \* \* \*¡Clang!\* Mientras inclinaba la cabeza en una reverencia, un estrépito metálico resonó en los oídos de Vlad. "... Tú no tienes derecho." Era Pablo, el caballero de la Casa Arnstein célebre por su maestría con el escudo. El estruendo provenía de su propio escudo, arrojado con desdén contra las losas de piedra. "Ni siquiera tienes derecho a escuchar mi nombre." "..." Al desprenderse de su escudo, Pablo proclamaba una sentencia tácita: no pensaba luchar con todas sus fuerzas. "Desde el instante en que un infeliz sin derecho como tú subió a esta arena, esto dejó de ser un duelo de honor." ¿Un combate entre un caballero y un simple escudero? Cualquiera que lo oyese se echaría a reír a carcajadas. Y la víctima de semejante despropósito era él mismo. "Me da igual lo que haya dicho el sacerdote; puedes ignorarlo por completo. Usa todo lo que tengas y arremete con todas tus fuerzas. Intenta matarme si quieres." Con tal de salvaguardar el honor de Alicia y explotar su propia oportunidad, Josef había pisoteado el honor de Pablo. Y toda la furia desatada por esa afrenta era una carga que ahora Vlad debía soportar sobre sus espaldas. "..." Ante aquella atmósfera lúgubre que ni siquiera el propio clérigo se atrevía a sofocar, Vlad alzó la cabeza en silencio. Y preguntó: "¿Qué es lo que me falta?" "... ¿Qué?" La actitud de Vlad, que trascendía el mero descaro para transformarse en una osadía imponente, desconcertó a Pablo por un instante. Pese a tratarse de una contienda entre un caballero y un escudero, lejos de acobardarse, las pupilas azules del muchacho ardían con una llamarada viva. Un hombre que sostenía en sus manos todo lo honorable, lo noble y lo resplandeciente. A ti quería preguntarte: "¿Qué tengo yo de diferente a ustedes?" ¿Por qué siempre las cosas buenas, hermosas y brillantes son coto exclusivo de los engreídos como ustedes? Detesto eso con toda el alma. "... Regresen a sus, sus puestos, por favor, ambos contendientes..." A pesar de la advertencia del sacerdote, ninguno de los dos se movía un solo ápice, sosteniéndose la mirada con fijeza. Una conversación entablada a través de los ojos. Para que tal cosa fuese concebible, se requería desplegar cuando menos una presencia equivalente, y aquel muchacho lo estaba consiguiendo. Aunque hubiese nacido en un lodazal desprovisto de derechos, no tenía la menor intención de marcharse de este mundo siendo un don nadie. "Tú lo dijiste primero. Que podía hacer lo que quisiera." "... La Casa Bayezid ha perdido toda su dignidad." Aquel sujeto estaba loco. Era un insensato temerario que no sabía quién era él ni comprendía ante quién estaba plantado. "Cortaré ese brote de raíz." Si una alimaña semejante llegaba a crecer, era evidente que no traería más que deshonra al nombre de los caballeros. Por lo tanto, lo mejor sería aplastarlo aquí y ahora de forma definitiva. "Por favor... vuelvan a sus respectivos lugares. Se lo suplico." Ante la súplica desesperada del sacerdote, agobiado por una jornada por demás extenuante, ambos contendientes caminaron hacia los extremos opuestos del campo de batalla. "Es un muchacho devoto." "Al menos posee la reverencia básica." Al ver al joven murmurar en un susurro con la espada en mano, los espectadores asumieron que Vlad estaba orando. En una situación semejante, las razones para implorar la gracia divina sobraban con creces. Sin embargo, como de costumbre, el muchacho no se encomendaba a ningún dios. \[Si tu cometido es resistir, no puedo ayudarte. Si tomo posesión de tu cuerpo, te desplomarás en menos de diez segundos, no hablemos ya de diez minutos.\] '...' Vlad poseía la carta de triunfo que representaba la voz en su mente, pero en esta ocasión resultaba un recurso inviable. \[Una vez transcurridos los diez minutos, no te sobreexijas y ríndete. La última vez tuviste que jugarte la vida, pero esta vez no es necesario.\] "De todos modos, no pensaba pedir tu ayuda." \[... Entendido.\] El auxilio de la voz era prodigioso, pero no le pertenecía a él. Vlad sabía a la perfección que, para brillar con plenitud, debía valerse únicamente de lo que fuese enteramente suyo. "¿Cree que podré lograrlo?" \[Solo lo sabremos si lo intentas.\] Vlad estaba tenso, pero la voz también compartía esa zozobra. El muchacho desbordaba potencial, mas no había dispuesto del tiempo necesario para pulirlo. Había sido instruido con la mayor entrega, pero carecía de experiencia real en combate de este calibre. Y ahora, lo que se alzaba frente a él era un caballero. "¿Estás listo, Vlad de Shoara?" Y no uno cualquiera, sino un auténtico caballero capaz de manejar el aura. "... Sí." El tiempo que podía ganar adoptando la postura de guardia había llegado a su fin. Lo único que restaba era el choque inminente de acero contra acero. "Muy bien." Al confirmar que ambas partes estaban preparadas, el sacerdote retrocedió unos pasos y alzó las dos manos al cielo. "¡Bajo la bendición del sol del presente día, Dios lo ha concedido!" La multitud contempló la arena con miradas colmadas de expectación ante la señal de inicio del combate. Sin embargo... "¡...!" En un parpadeo, la figura del muchacho ya no se encontraba en el lugar donde debía estar. La esgrima de un duelista, especializada en los enfrentamientos rápidos a corta distancia. Aquella doctrina encajaba a la perfección con la naturaleza del joven, a quien siempre le complacía tomar la iniciativa en el ataque. "¡Hap!" Un movimiento tan implacable como rectilíneo. Un avance soberbio que proclamaba que nada en el mundo sería capaz de interponerse en su camino. Por esa misma razón, la espada de Vlad, que se abalanzaba como el impacto de un relámpago, no albergaba la más mínima vacilación. Solo contenía una determinación pura. \*¡Clang!\* El muchacho tomó la iniciativa tal y como se lo había propuesto. Fuese porque su rival se la hubiese concedido o porque él mismo la hubiese arrebatado, el propósito de Vlad se había cumplido con éxito. "..." Había sido una arremetida fulgurante, imperceptible a los ojos de cualquier hombre común, pero Pablo detuvo la espada de Vlad sin la menor dificultad. 'Anticipa siempre el siguiente movimiento. A menos que quieras morir tras un único ataque.' "¡...!" Pese a que su arremetida fue neutralizada, Vlad no perdió un adarme de su ímpetu. Tal como le había enseñado Zayar, una ráfaga ininterrumpida de golpes consecutivos comenzó a llover sobre Pablo como si hubiese estado aguardando ese preciso instante. El incesante repiqueteo de las hojas entrechocando resonaba en el salón con una cadencia milimétrica. Era la clara señal de que el combate avanzaba al compás dictado por el muchacho que lideraba la ofensiva. "..." Aunque hubiese cedido el primer golpe, en el rostro de Pablo no asomaba desconcierto alguno. Se limitaba a evaluar la situación con una serenidad imperturbable. 'Tiene un talento innato.' Apenas había sido un primer cruce de aceros, pero Pablo empezaba a comprender, siquiera vagamente, por qué Josef había enviado a semejante mocoso como su adversario. \[Apunta a su flanco izquierdo, donde solía empuñar el escudo. La fuerza de la costumbre es algo temible.\] "¡Haaaa!" Siguiendo el consejo de la voz, Vlad penetró en el punto ciego de Pablo soltando un bramido feroz. Sin duda alguna era una ofensiva que el veterano podía repeler con solvencia; no obstante, en el interior de la espada de Vlad, Pablo sintió el centelleo de algo sumamente afilado y peligroso. La espada del muchacho semejaba a un lobo hambriento. Al igual que una fiera que olfatea la sangre, mordía sus debilidades con implacable ferocidad. Hambre. Y una crueldad innata. Aquello era lo que se agazapaba en el acero del joven. 'Aun así, tendré que frenarlo aquí'. Aunque la acometida repentina le había arrebatado la iniciativa, Pablo comprendió que debía quebrar ese ímpetu en ese preciso instante. Tan fiero era el empuje del muchacho. "¡¿Pero qué clase de...?!". "¡Ese desgraciado ni siquiera se cansa!". Las maniobras veloces y fulgurantes de Vlad encerraban una brillantez innata, afín al vivo destello de sus cabellos rubios. Y los presentes quedaron fascinados ante semejante espectáculo; sucumbían poco a poco al influjo del ardor que aquel muchacho llamado Vlad desprendía. ¡Clang! ¡Clang! ¡Cclaaang! Las chispas estallaban con estrépito al entrechocar el acero de ambas espadas. "......". Al contemplar a Vlad arremeter como una tormenta, Pablo aguardó con serenidad su oportunidad. Acechaba la brecha en un Vlad cuyo ímpetu resultaba formidable, pero cuya técnica aún distaba de haber madurado. "¡Hup!". Y, colándose por la hendidura, descargó el filo. Lo hizo con la solidez de una roca capaz de sofocar con holgura semejante ráfaga. "¡......!". Vlad, que fustigaba a Pablo sin tregua, alzó la espada por puro instinto al sentir la abrumadora pesadez que se le venía encima. ¡Buum! "¡Uggh!". En ese mismo instante, se estampó de lleno contra el suelo. El golpe descargado contra él entrañaba tanta violencia que su cuerpo rebotó apenas impactó contra las losas. '¡Agh!'. Sin duda lo había repelido con la espada, pero el punzante aturdimiento —como si le hubiesen estrellado una roca maciza en la nuca— le impedía recobrar los sentidos. Un golpe que había interceptado, pero no contenido. Al haber sido incapaz de desviar la fuerza, Vlad absorbió íntegra la sacudida; con todo, merced a los reflejos asimilados por su propio cuerpo, ejecutó una rodada de emergencia y retrocedió a toda prisa para abrir distancia. "Nnngh......". Un movimiento en el que el cuerpo reaccionaba antes que el pensamiento: fruto directo de las prácticas con Zayar, tan encarnizadas como un combate real. \[¡Despierta!\]. '... Ugh'. Las embestidas que Zayar descargaba durante las prácticas eran ciertamente temibles, pero Pablo ostentaba un vigor de naturaleza bien distinta. 'Es como si me hubieran golpeado con un peñasco'. Solo había contenido un único embate y todo su cuerpo ya palpitaba de dolor. Carecía de filo lacerante, mas era un golpe aplastante en grado sumo; ante semejante peso, Vlad menguó de forma inevitable. "¿Ya agotaste tus trucos?". "......". La imponente presencia de Pablo, situado frente a él, se agigantaba por momentos. Tras verse arrastrado a un duelo indigno y, por añadidura, haber ofrecido un espectáculo público, Pablo no abrigaba el menor deseo de dilatar más la contienda. \[Se acerca\]. Pese a no blandir escudo alguno, la presencia de Pablo semejaba una montaña. '... ¡¿Hacia dónde?!'. \[Pretende dominar la distancia. ¡Muévete, hacia donde sea!\]. Erigiendo una férrea postura defensiva con la sola ayuda de su espada, Pablo comenzó a cercar a Vlad con paso pausado y la pesadez inexorable de un monte inamovible, tal como acostumbraba hacer. Que un caballero desplegara tal grado de seriedad ya constituía de por sí un honor para Vlad, pero en semejante trance su avance no representaba más que un aprieto asfixiante. \[Tienes que desviarlo como sea\]. '¡Eso es fácil de decir!'. La esgrima de la voz, sintetizada en el choque a corta distancia y el principio del golpe letal definitivo, resultaba inaplicable en este escenario. 'El juego de pies'. En este instante requería el vaivén ondulante como las olas de Zayar, su otro maestro. Evocando en su mente el compás de Zayar, el muchacho se dispuso a encarar el embate inminente de Pablo. ¡Buum! "¡Aargh!". Mas, por mucho que se previniera, existían fuerzas imposibles de repeler. Para un Vlad que apenas acababa de empuñar la espada, no había experiencia ni destreza capaces de desviar a una muralla colosal como Pablo. ¡Buum! ¡Clang! Entre estampidos que resultaba inverosímil atribuir a la simple colisión de dos aceros, Vlad retrocedía paso a paso. Ante aquel repliegue precario aderezado por sonidos aterradores, Alicia apenas lograba respirar. Era un castigo desmedido para los hombros de un muchacho. \[¡Despierta!\]. La voz clamaba sin cesar intentando despabilar su mente, pero la violencia del impacto había empujado a Vlad al borde mismo del desvanecimiento. De haberse tratado de una práctica y no de un duelo formal, haber resistido hasta ese punto ya habría constituido una hazaña admirable, suficiente para acreditar con creces su valía. Mas el muchacho no había subido a aquel estrado para aprender. Se hallaba en ese lugar para demostrar. '¡No puedo caer!'. Aferrándose con desesperación a su consciencia que se desvanecía, Vlad proyectó su espada desprovista de adornos hacia la hoja que se le echaba encima. Aquello semejaba un postrer y agónico forcejeo. ¡Baaang! Sin embargo, una espada blandida con una voluntad tan marchita no brindó resquicio alguno al muchacho. ¡Chrrrk! Por la fuerza del impacto, Vlad fue arrastrado de golpe hasta el confín del estrado del duelo. "¡Cof!". Una bocanada de sangre escarlata brotó de la boca de Vlad. La palma que se aferraba con tenacidad a la espada hacía tiempo que se había desgarrado, y la saliva que goteaba por sus labios se fundía con las manchas de sangre caídas sobre las losas. "Espléndido". Aunque instantes antes Pablo hervía de cólera contra Josef por haber pisoteado su honor, cruzar espadas con Vlad había mudado en parte su juicio. Era admirable. Un mocoso que poseía el temple suficiente para osar plantarle cara, por más que aún fuese demasiado bisoño para disputar un duelo de honor formal. "Búscame de nuevo en el futuro". Pablo alzó la espada en lo alto, disponiéndose a asestar el tajo final. Con la mirada lechosa y nublada por el agotamiento absoluto, Vlad contemplaba el golpe que se cernía sobre él. \[... Has peleado bien\]. La voz, Sir Zayar que lo había preparado y Josef que le había impartido la orden asentían al unísono. El muchacho había cumplido con todo su deber. Ya podía permitirse descansar. Justo en el instante en que todos en el salón se disponían a aplaudir al muchacho que, aun derrotado, había batallado con tanta bravura... ¡Toc! La espada de Pablo, que descendía implacable hacia el joven, se desvió con un quiebre insólito. Acompañada de un tañido seco y extrañamente apagado. "¿......?". En tanto nadie en la estancia alcanzaba a comprender lo que acontecía ante sus propios ojos... "¡......!". Sir Colin, que yacía sentado con indolencia, se puso en pie de golpe, aterrado por un chasquido propio de las peores pesadillas. "Vaya portento de rapaz". Sir Joubert, que mascaba fruta seca mientras presenciaba la contienda del muchacho, fue incapaz de disimular su estupefacción. "......". Solo al advertir aquel silencio en Colin, semejante a un grito ahogado, logró Pablo comprender por qué su propia espada había sido repelida. Porque, incluso para un caballero veterano como él, se trataba de un hecho que rebasaba cualquier sentido común, imposible de asimilar al instante. "...... ¿Por qué... solo ustedes...?". Al percibir la apagada voz de Vlad, Pablo bajó la espada con lentitud y contempló al muchacho apostado frente a él. Sus ojos estaban turbios y entornados, como si hubiese perdido el juicio por completo. Era una mirada que parecía soñar despierta en algún recoveco de su memoria. "Yo también......". Aquel muchacho desprovisto de privilegios siempre había codiciado aquello que resplandecía. Ansiaba poder, imploraba una oportunidad y soñaba con reunir los méritos suficientes. Todo para alcanzar los dominios de la luz. Y ahora, el muchacho demostraba que era digno de brillar. Vlad de Shoara, aquel que había quebrado el envite de la espada de Pablo, caballero de la Casa Arnstein. Siguiendo con fidelidad la trayectoria de esgrima que su maestro le había mostrado, había recreado la técnica de contraataque. "...... Yo también quiero estar allí". El anhelo ferviente del muchacho, al confluir con la oportunidad, las enseñanzas y el peligro de muerte, comenzaba a urdir con lentitud su propio mundo interior. Una flor estaba a punto de eclosionar. Una flor de sobrecogedora belleza que nadie jamás había contemplado. La espada del muchacho vibraba con un llanto sonoro. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 36

Estás leyendo el capítulo 36 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.