Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 35 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Alicia Heinal. Hija del anterior señor de la casa y dotada de una legitimidad incomparable frente a la de Endre, nacido de una concubina.
Asimismo, su sangre estaba emparentada con la Casa Shazard, del centro del continente.
La sangre de Shazard, transmitida desde la abuela de Alicia, se suponía que representaba la inquebrantable confianza que unía a ambas familias, pero...
Sin embargo, el concepto de la política practicada por los nobles existía más allá de la humanidad.
Porque su sangre era azul.
"¡Haga la proclamación!"
Shazard había juzgado que el provecho inmediato pesaba más que unos lazos de sangre remotos.
Porque Endre se lo había prometido.
Porque había asegurado que les entregaría incluso aquello que ningún señor con visión de futuro se atrevería a comprometer.
Shazard aceptó su oferta y le asignó a Alicia a un caballero desprovisto de todo honor.
Alicia había sido engañada, y Bayezid, escarnecida.
Aquel enfrentamiento carecía por completo de honor.
"... Esto aún no ha terminado."
Y en medio de aquel campo de batalla desprovisto de gloria, donde todos guardaban silencio, alguien se puso en pie con sigilo.
Josef, de la Casa Bayezid.
Aquel joven que, en un duelo mancillado por las casas del centro, se había convertido sin pretenderlo en el representante del norte.
Se levantó con porte solemne.
"Solicito que se nos conceda un breve receso para que ambas partes podamos deliberar sobre esta situación."
Aunque no era una voz atronadora, poseía la fuerza necesaria para propagarse por el salón colmado de silencio.
El sacerdote, al percatarse de la cólera latente en las palabras de Josef, no supo qué hacer y se limitaba a enjugarse el sudor una y otra vez.
"Sea como pide."
"Se lo agradezco, venerable sacerdote."
Las pupilas de Josef, ardiendo en un fulgor azabache, buscaban a alguien.
Al hombre que lucía una expresión triunfante allá abajo.
Endre Heinal.
"¡El caballero del bando de Alicia ha capitulado! Comprendo el sentir de Lord Josef, ¡pero este duelo ya ha concluido!"
"¿Acaso afirma que este es un duelo de honor?"
Las brasas parecen frías, pero en su interior resguardan un fuego abrasador.
Así sonaba la voz de Josef en ese momento.
"No tengo la menor intención de aceptar con sumisión un desenlace predispuesto por ustedes."
Aunque no empuñara la espada, por las venas de Josef también corría la sangre de Bayezid.
La feroz y despiadada sangre de Bayezid.
"Este duelo no llegará a su fin hasta que yo encuentre una resolución admisible para lo sucedido."
"..."
Ante la categórica declaración de Josef, cualquier persona perspicaz se habría percatado:
aquel instante marcaba el punto de ignición del choque entre el centro y el norte, cuyas tensiones habían permanecido latentes hasta entonces.
"¿Y de qué manera... propone su señoría que le concedamos esa satisfacción?"
Endre, con la victoria al alcance de la mano, había alzado la voz rebosante de arrogancia, pero su brío fue menguando de manera paulatina.
Porque había visto algo que ardía con una oscuridad implacable en los ojos de aquel joven de marcadas ojeras.
'Bayezid...'
Al contemplar los ojos renegridos de Josef clavados en él, un adagio vino a la mente de Endre:
El norte siempre devuelve lo recibido.
Ya se trate de honor, o bien de una afrenta.
"Permita que el duelo continúe."
Josef meditó para sus adentros:
la mejor opción ya era inalcanzable, pero debía evitar la peor a toda costa.
"El honor de Lady Alicia no puede quedar mancillado por una derrota por renuncia."
Un honor que ni siquiera se había podido demostrar.
Aquello entrañaba una humillación tan atroz que la sola palabra «deshonor» no bastaba para definirla.
Por ello, Josef eligió llevar el duelo hasta su auténtica consumación en ese mismo recinto, fuese como fuese.
Una interrupción a medias cedería una justificación fatal al enemigo, y un duelo inconcluso dejaría a Alicia en un estado del que jamás podría recuperarse.
En las circunstancias actuales, solo una derrota fehaciente representaba el menor de los males.
Únicamente así sería posible abrigar esperanzas para el porvenir.
"... ¿Acaso cuenta con alguien capaz de sustituir a Sir Joubert? Si es así, aceptaré su petición."
Josef escuchó las palabras de Endre y lo fulminó con una mirada feroz.
Aquel viejo zorro ya sabía de antemano que ni él ni Alicia disponían de un caballero idóneo a quien enviar.
'Lo tenía meticulosamente planeado desde el principio.'
Alicia ya no podía presentar a ningún otro caballero, y él mismo había traído consigo únicamente a dos.
Pues constituía una regla no escrita entre la nobleza no acudir con un número excesivo de caballeros o soldados cuando se visitaba el feudo de otro señor.
Había sido una trampa dolorosa y calculada al milímetro.
"... Tal como indica Lord Endre, si presentan a un suplente, permitiré la continuación del duelo."
El sacerdote, que prestaba oído a la disputa de ambos, se aferró a las palabras de Endre con alivio.
Para reanudar el combate, era evidente que debía haber un representante.
Sin ello, la propuesta ni siquiera resultaría viable.
"..."
Ante las palabras del sacerdote, Josef volvió el rostro hacia Alicia, pero ella tan solo se sujetaba el pecho convulso con el semblante lívido.
Alicia, que apenas se había sostenido en pie, se había venido abajo por completo tras semejante golpe.
Si todo concluía de esta manera, ni siquiera tendría la oportunidad de vindicar su honor.
"... Lo hay."
Josef pensó mientras contemplaba a una Alicia sumida en el desconsuelo:
'Mejor así.'
'Aunque no sea un tablero preparado por mí, con gusto entraré en la partida.'
"Hay alguien que tomará su lugar."
El duelo era un acto honorable.
Por consiguiente, solo aquel que hubiese demostrado su valía por mérito propio, o bien quien recibiera la investidura de manos de un hombre ilustre, tenía derecho a pisar tan glorioso campo de contienda.
"¿De quién se trata?"
El honor lo representaré yo.
Siendo así, ¿quién empuñará la espada en nuestro nombre?
"..."
Josef se pasó la mano por el rostro en silencio y dirigió la mirada hacia Zayar, su propia espada.
El caballero asintió con la cabeza.
"En sustitución de Sir Joubert, de la Casa Shazard, quien ha optado por la renuncia, la Casa Bayezid presentará a un nuevo combatiente."
La concurrencia no pudo evitar desconcertarse ante las palabras de Josef.
¿A quién demonios enviaría en una situación como esta?
"Yo, Josef de la Casa Bayezid, como campeón que defenderá el honor de Lady Alicia..."
Josef, erguido en el punto más elevado en lugar de Alicia.
Su dedo señalaba hacia alguien.
"... designo a Vlad de Shoara."
"¡...!"
En medio de un denso silencio, todos los presentes giraron la cabeza siguiendo la dirección del dedo de Josef.
Aquel en quien nadie se había fijado y en quien nadie habría pensado jamás. Por esa misma razón, la única persona capaz de dar un paso al frente hacia ese honorable campo de batalla.
Vlad de Shoara, el escudero de Sir Zayar.
"Eh...".
El muchacho rubio señalado por el dedo de Josef no hacía más que parpadear, totalmente desconcertado sin saber qué hacer.
En la primera y más avanzada línea donde colisionaban las tierras centrales y el norte, allí se erguía el muchacho.
\*\*\*
Al percatarse de la identidad de Vlad, Endre protestó contra semejante despropósito echando espumarajos por la boca.
"¡Él no es un caballero! ¡Carece de todo derecho!".
"Un duelo de honor no está reservado exclusivamente a los caballeros. Cualquiera que empuñe una espada tiene derecho a disputarlo".
"¡Su oponente es un caballero consagrado! Enfrentar a un escudero contra un caballero no es más que un acto para mancillar el honor de la Casa Arnstein...".
"¡¿Acaso ustedes...?!".
Interrumpiendo las palabras de Endre, Josef dio una violenta patada contra el suelo y, de su boca, escupió una llamarada de furia:
"¡¿Acaso ustedes urdieron semejante bajeza pensando en el honor de la Casa Bayezid?!".
En aquel mismo lugar, donde la legítima señora inclinaba la cabeza y el usurpador babeaba de codicia:
"¡¿Pretender burlarse de los Bayezid con una treta tan mezquina?!".
El único hombre con la autoridad para mantenerse erguido con orgullo no era otro que Josef, de la ilustre Casa Bayezid del norte. Pues Josef albergaba la sangre más honorable entre todos los presentes en aquella sala.
"¡Yo mismo garantizo su honor!".
Y, en verdad, era un hombre con credenciales más que suficientes para avalar el honor de quien fuera.
"Sustituiremos a nuestro representante. Acéptenlo".
"Eh, esto...".
No había tacha en las palabras de Josef. Si él mismo lo avalaba, no ya un escudero, sino hasta el más mísero mozo de cuadras estaría legitimado para aceptar el duelo.
"¿Está... está de acuerdo?".
No obstante, el estrado de un duelo de honor solo podía celebrarse mediante el mutuo consentimiento de ambas partes. Endre cruzó miradas durante un instante con los caballeros apostados a su espalda y, como quien no tiene más remedio, asintió con la cabeza.
"Si insiste en llegar a tales extremos, sea pues".
Al fin y al cabo, ¿qué podría hacer un simple escudero? Aunque ese mocoso de allí resultara ser un caballero y no un aprendiz, Sir Pablo de Arnstein no era un guerrero que fuera a doblegarse con facilidad.
"Nuestra parte acepta la propuesta de su señoría Josef".
"En tal caso, que procedan con el duelo".
Desde el principio había sido un tablero trucado en su contra. Sin embargo, Josef acababa de torcerlo. Aunque no fuera más que una leve distorsión forjada con la cuña que representaba Vlad, aquello bastaría con creces. Porque, para empezar, él jamás había aspirado a conseguir una victoria en la arena.
'Solo tengo que ganar tiempo'.
Josef había viajado hasta Deomar para asegurarse un botín certero. Y un hombre como Josef Bayezid siempre se preparaba para el peor de los escenarios. Tan solo cabía esperar que el muchacho lograra resistir.
"Mmm. Uf... Mmm".
\[Cálmate, Vlad.\]
Ante la imprevista situación que se le venía encima, Vlad se esforzó por mantener la compostura, pero no le resultaba nada sencillo.
"¿Yo... voy a batirme en duelo ahora mismo?".
"Así es".
"¿Y encima contra un caballero?".
"Te he dicho que sí. Respira hondo".
Sir Zayar ajustaba las correas de la armadura de cuero de Vlad, pertrechándolo con la mayor firmeza posible. Ante la insólita estampa de un caballero atendiendo a su escudero, los presentes eran incapaces de apartar los ojos de Vlad.
"... No moriré, ¿verdad?".
"En el peor de los peores casos, intervendré yo mismo".
"¿Y en el peor caso a secas?".
"......".
Al ver que Sir Zayar tensaba las correas de la armadura sin pronunciar palabra, Vlad aferró su espada en silencio. Como siempre había sido a lo largo de su vida, parecía que al final solo podía confiar en sí mismo.
"Vlad".
"Señor Josef".
Josef, que en algún momento había bajado apresuradamente desde el palco de honor, contuvo a duras penas su respiración agitada y rodeó los hombros de Vlad con un abrazo.
"No hacía falta que llegara a tanto...".
"Solo resiste diez minutos".
"... Oh".
A ojos de los demás parecía que infundía ánimos a un escudero a punto de pisar un despiadado campo de batalla, pero entre ambos discurría una conversación secreta y crucial.
"Hay algo que preparé desde el principio. Si tú aguantas, podré lograrlo".
"... ¿Bastará con diez minutos?".
Vlad lo sabía bien. Sabía que Josef no era la clase de persona que cometía imprudencias arrastrado por la furia del momento.
"Si aguantas más tiempo, mucho mejor".
Ante la respuesta de Josef, Vlad volvió la cabeza y miró a su alrededor. El caballero viejo, gordo y constantemente reprendido no se veía por ninguna parte.
"... Entendido. Al fin y al cabo, tengo una deuda pendiente".
"¿Con quién?".
En lugar de responder a la pregunta de Josef, Vlad fijó la mirada en la dama sentada a solas en el estrado más elevado. Cruzó sus ojos con aquellas pupilas de color aguamarina que temblaban sin descanso.
"Haré todo lo posible por resistir unos diez minutos. Si las fuerzas me alcanzan".
"Ten cuidado".
Fue una respuesta inconexa, pero Josef, consciente de que Vlad solía hablar solo con frecuencia, se limitó a asentir con la cabeza. Era una carga desmedida para que la sobrellevara un muchacho. Resultaba perfectamente natural que estuviera tenso.
Vlad inclinó la cabeza hacia la dama de cabellos aguamarina que contenía las lágrimas.
"......".
Lamentaba haberla confundido con una sirvienta, y también se disculpaba por haberse colado en la tumba de sus padres. Además, le agradecía que hubiera guardado silencio. Por todo eso, daría lo mejor de sí.
"¡Que suban los representantes de ambas partes!".
Para un caballero, la orden de su señor era lo primordial, y su propio honor venía después. Vlad aceptó asumir aquella abrumadora carga para acatar el mandato de Josef y salvaguardar el honor de Alicia.
"... Uf".
Aunque fuera un honor prestado, el muchacho que cargaba sobre sus hombros aquel resplandeciente blasón avanzó con paso tembloroso hacia el campo de batalla.
Todos los congregados en el recinto contemplaban su figura. Aliados, enemigos e incluso aquellos que nada tenían que ver con la querella.
El mundo entero contemplaba al muchacho.
"Soy Vlad de Shoara".
Vlad de Shoara. Aquel nombre que un devoto sacerdote había inscrito en el mundo bajo la bendición de Dios.
El muchacho proclamó su propio nombre ante el mundo por voluntad propia.
Hoy, el muchacho se había ganado el derecho a brillar.
Porque, por primera vez desde que nació, empuñaba su espada por alguien más que no fuera él mismo.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 36
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 35
Estás leyendo el capítulo 35 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.