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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 34 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La sangre de los nobles es de un azul pálido. Pues sobre ella gravitan responsabilidades, deberes y un destino inexorable que una cálida sangre roja jamás podría sobrellevar. "……" Sin embargo, Alicia aún no estaba preparada para enfriarse hasta ese extremo gélido. Las miradas de innumerables personas convergían sobre ella. Y frente a sí, los ojos fieros con que Endre la contemplaba con fijeza. 'Me cuesta respirar.' Por más que se hubiera armado de resolución, para Alicia, una doncella que aún no alcanzaba los veinte años, resultaba abrumador resistir el temple imponente de Endre, un hombre curtido en mil batallas y adversidades. Por eso desvió el rostro. Buscaba rehuir de su mirada con la mayor naturalidad posible. Y allí, adonde volvió la cabeza, lo que la aguardaba eran aquellas pupilas azules que había visto ese día. "¿……?" Un muchacho rubio con una expresión desconcertada, como preguntándose qué demonios ocurría. En cuanto aquel joven entró en su campo de visión, Alicia logró, sin advertirlo, recobrar el enfoque que se le desvanecía. Los latidos desbocados de su corazón se apaciguaron, su visión turbia recuperó la nitidez y el sudor frío que corría sin tregua cesó de brotar. El sosiego que había experimentado en la colina donde reposaban su padre y su madre se hallaba ahora en el azul de los ojos del muchacho al que contemplaba. Solo en ellos pudo, al fin, volver a respirar. \* \* \* Vlad se relamía los labios mientras observaba al caballero apostado junto a Sir Zayar. 'Resultó ser de los nuestros.' Era el desconocido que la víspera había espiado junto a él a los caballeros del bando enemigo. Joubert, el caballero enviado por la Casa Shazard. Al ver a Joubert dirigirle una mirada teñida de picardía, Vlad estuvo a punto de adoptar una postura displicente de manera inconsciente. 'Con razón me conocía.' Aquel individuo lo había inmovilizado, se había mostrado familiar sin permiso alguno y, al final, lo había dejado tirado sin el menor reparo. \[Esa mujer llamada Alicia sin duda ha conseguido buenas cartas. Es muy probable que gane.\] 'Eso parece.' Dado que se hallaba ante una multitud, no podía responder en voz alta, pero Vlad también juzgaba muy probable que la vencedora de este duelo fuera Alicia. Si bien no había alcanzado a escudriñar al caballero que permanecía pegado al flanco de Endre, los llamados Colin y Pablo, por muy alto que se les tasara, no eran hombres de la talla de Sir Zayar o de Joubert. Al fin y al cabo, Joubert, el enviado de la Casa Shazard, había alcanzado un reino marcial tan elevado que ni siquiera la voz que habitaba en la mente de Vlad podía discernir con facilidad su temple. Teniendo en cuenta las reglas de este enfrentamiento, que se disputaba al mejor de tres asaltos para dirimir al ganador con dos victorias, el desenlace era enteramente previsible. Incluso si llegaban a conceder una sola derrota. \* \* \* "¡Basta! ¡Deténganse! ¡Me rindo!" Acompañando la apremiante súplica de Alicia, sobrevino la inmediata intervención del sacerdote. "¡Alto! ¡El duelo ha concluido!" "…… ¡Aún no!" "Sir Duncan. Vuestra señora ha ondeado el pañuelo. Aceptad la derrota." "……" Había sido una lid encarnizada, pero también desgarradora. El viejo caballero Duncan. A pesar de haber custodiado a la Casa Heinal durante largos años y de conservar aún su destreza pese a rebasar los sesenta inviernos, contra el inexorable curso del tiempo no cabía remedio alguno. Había combatido con denuedo hasta la extenuación, mas el mundo, en última instancia, solo aceptaba los resultados. "Ha sido un buen combate, comandante." "…… ¿Acaso sigo siendo tu comandante?" Duncan apretó los dientes al contemplar al joven caballero que le tendía la mano. Sir Charles, el caballero de la Casa Heinal que había jurado su espada a Endre. "…… No me hace falta." Lo había instruido con la convicción de que se convertiría en el futuro de la Casa Heinal, pero ahora aquel pupilo había retornado transformado en el filo que degollaba a su propio señor. Había sido su propio error de juicio, uno que había acabado por trocarse en un veneno mortal para Alicia; el tormento y la desolación en el pecho de Duncan eran imposibles de expresar con palabras. Aunque se tambaleaba a causa de las heridas, Duncan apartó aquella mano de un manotazo con el último vestigio de orgullo que le restaba y, cargando con una culpa imposible de enmascarar, inclinó la cabeza hacia Alicia. "……" A pesar de que el semblante de Alicia pugnaba por mantenerse imperturbable, en sus pupilas se agitaba una profunda marea de aflicción. El viejo caballero que le suplicaba perdón con el cuerpo maltrecho y ensangrentado… para ella, él había sido el último pilar sobre el que sostenerse. La sangre que vertía Duncan retornaba a Alicia en forma de lágrimas. "¡En este duelo, la victoria le pertenece a Sir Charles, caballero de Lord Endre!" Con la proclamación del clérigo, los partidarios de Endre prorrumpieron en un rugido atronador. Del mismo modo en que Endre lo había arriesgado todo para adueñarse de la Casa Heinal, ellos también debían de haber empeñado mucho por su causa. El vencedor lo obtiene todo y el derrotado lo pierde todo. Bajo esa implacable ley del mundo que regía en cualquier rincón, aquellos que habían dado el primer paso hacia el triunfo tenían sobrado derecho a alzar sus voces en júbilo. "¡Que se presenten los siguientes representantes!" Al oír al sacerdote convocar a los próximos duelistas, Vlad tragó saliva con fuerza. Un duelo dirimido al mejor de tres asaltos. En él, quien desempeñaba la encomienda más crucial era sin duda aquel que ocupaba el segundo turno. Pues si el primero salía victorioso, tenía en su mano sentenciar el combate; y si caía derrotado, cargaba con la obligación inexcusable de vencer para encomendar la última esperanza al tercer contendiente. "¡Que avance el segundo caballero de la Señora Alicia!" Y el caballero a quien se le había conferido tan trascendental deber no era otro que Sir Zayar, de la Casa Bayezid. Zayar el Tuerto. Aunque no fuera un caballero adornado con títulos rimbombantes, tanto Sir Duncan como Joubert habían convenido por unanimidad situarlo en el segundo asalto. El peso que entrañaba el nombre de Bayezid constituía fianza suficiente para respaldar tal certidumbre. "Soy Zayar." "Colin." Para un caballero, la orden de su señor es lo primero, y su honor personal lo segundo. Aquel duelo de honor, contemplado por una multitud de miradas, era una lid en la que ambos apostaban los mandatos de sus amos y su propia dignidad: una refriega en la que ninguno podía dar un paso atrás. Por tal motivo, a pesar de ser la primera vez que cruzaban caminos, el aire entre ellos se afiló de manera natural. Con el suelo salpicado de gotas escarlatas interponiéndose entre ambos, los dos caballeros comenzaron a clavarse la mirada. "¿En dónde vendiste el ojo que te falta?" "Tenía hambre y me lo comí." "¡Ja!" Aunque Colin era tan descomunal que le sacaba una cabeza entera de estatura, Sir Zayar no reculó un ápice. O más bien, parecía ignorarlo con absoluta apatía, como si aquello le resultara una molestia trivial. "Pues ya te habrá salido por el culo. Me temo que no vas a encontrarlo jamás." "Seguramente." "¡Que ambos se sitúen en sus posiciones asignadas!" A su manera, Colin había intentado provocarlo, pero Sir Zayar no era hombre que se dejara conmover por bajezas de tal calibre. Muy al contrario, ante la displicencia de Zayar, que lo desdeñaba como si fuera un perro sarnoso, una gruesa vena se marcó profundamente en la frente de Colin. "Se los advierto una vez más. El combate concluirá cuando un representante o el propio duelista manifieste su rendición, o bien cuando una de las partes sufra heridas de tal gravedad que le impidan proseguir la lid. Asimismo, el uso de aura está terminantemente prohibido." "Entendido." "Te arrancaré el ojo que te queda, maldito tuerto." "…… Os ruego que no olvidéis que este es un duelo de honor." La ferocidad con la que gruñía Colin presagiaba violencia desmedida, pero el sacerdote retrocedió para dar comienzo a la contienda. Pues por más que fuera un duelo de honor sujeto a reglas, no dejaba de ser un choque a punta de espada, y en ocasiones se producían situaciones que escapaban a todo dominio. "¡Bajo la luz del sol de este día, Dios lo ha concedido!" "¡Kuaaaah!" En el mismo instante en que cayó la señal del clérigo, Colin soltó un alarido monstruoso y arremetió de frente contra Sir Zayar. Desplegó una velocidad inverosímil para una mole de semejante envergadura, mas la acometida entrañaba la furia devastadora que solo un cuerpo así podía desatar. En verdad demostraba con un único lance de su acero la destreza suficiente para ser apodado 'El Jabalí de Tierra' en las regiones centrales. Sin embargo, el hombre que recibía de lleno tan arrollador ímpetu no era otro que Sir Zayar, quien simplemente aguardaba de pie con una expresión de total desgana. ¡Koom! Con un estrépito descomunal, la espada de Colin destrozó los bloques del suelo del salón. Fragmentos de losa salieron disparados en todas direcciones. "¡Ohhh!" "¡Tal como se decía, su fuerza es descomunal!" Ante el formidable golpe de Colin que hizo retumbar los muros de la sala, Alicia se llevó las manos al pecho consternada, mientras que Vlad sacó una de las frutas secas que Joubert le había obsequiado la víspera y se la metió en la boca. Porque era a partir de este momento cuando daba inicio lo verdaderamente crucial. "……" Al percatarse de que Sir Zayar había eludido el mandoble por la ínfima distancia de un solo paso, Colin calculó que la victoria estaba enteramente a su alcance. Solo necesitaba ser un poco más rápido. Solo bastaba descargar el filo con mayor ferocidad. Con eso recortaría aquel precario e ínfimo paso de margen. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Oliendo ya el aroma del triunfo y henchido de una moral desbordante, Colin comenzó a descargar su espada persiguiendo con saña las siluetas que dejaba el cuerpo de Zayar. Con cada golpe descendente, la sala se estremecía mientras resonaban los vítores y exclamaciones del gentío. "Maldición..." Sin embargo, los caballeros que respaldaban a Endre ya habían advertido que el curso del combate se torcía de un modo extraño. Y justo en el instante en que el propio Colin sintió que algo andaba mal... "¡Olé!". "¡Tú, maldito bastardo...!". Solo al toparse de frente con el semblante de Zayar comprendió Colin que todo lo que había hecho hasta entonces no había sido más que un esfuerzo inútil. A diferencia de él, que jadeaba con el aliento atorado en la garganta, Zayar conservaba un rostro sereno, sin el menor rastro de perturbación. "..." Vlad, que observaba el lance con fijeza, sintió que Zayar clavaba la mirada en él. El caballero se señaló con el dedo el ojo derecho, el que no cubría el parche, enviándole una señal silenciosa. 'Abre bien los ojos y mira. Mocoso que intentas correr cuando ni siquiera sabes caminar como es debido'. "¡Hijo de perra!". Con la furia encendida hasta el límite, Colin aferró de nuevo su espada y la blandió contra Zayar, pero su filo no halló objetivo alguno y se limitó a cortar en vano el aire vacío. "¡...!" Colin abrió los ojos de par en par, sumido en el espanto. La figura de Zayar parecía dividirse de una forma enigmática. Era un juego de pies que no resultaba ni veloz ni pausado, pero que encerraba en su seno un sinfín de posibilidades. ¿Hacia la derecha o hacia la izquierda? ¿Retrocedía para esquivar o avanzaba hacia el frente? Resultaba imposible de predecir. "¡Maldita sea!". Con los ojos desencajados, Colin intentó ignorar a la fuerza los movimientos que lo desconcertaban y siguió descargando mandoblazos sin descanso. No era una maniobra brillante, pero, en cierto sentido, constituía su mejor opción. Cuando no se cuenta con una alternativa clara, lo sensato es aferrarse a lo mejor que uno puede dar de sí. Y Colin no era el único que contemplaba los movimientos de Zayar con los ojos fijos y desorbitados. \[Míralo bien. Lo está haciendo para enseñártelo a ti\]. '...' La noche anterior, Zayar le había asestado una severa advertencia a su impaciente escudero. Le dijo que antes de pensar en correr, debía aprender a caminar como correspondía. Al mismo tiempo, le mostró una de sus técnicas, como quien le ofrece un dulce a un niño que no deja de quejarse. 'Solo cuando domines los fundamentos básicos de la esgrima podrás emplear una técnica como esta'. "¡Aaaargh!". Bramando como una fiera, Colin no cesaba de descargar su gran espada. Las gruesas venas que brotaban en sus hombros y antebrazos daban fe de la ferocidad y potencia que imprimía a cada tajo. Sin embargo... ¡Clang! El arma salía repelida con ligereza, produciendo un sonido apagado y sin fuerza. ¡Clang! ¡Clang! ¡Cclaang! Los embates de Colin se sucedían sin tregua, pero Zayar los interceptaba sin el más mínimo margen de error. Más bien, los cortaba en seco. \[Ahí está. ¿Ves cómo se abre una brecha?\]. Cada vez que Zayar repelía la hoja, el ímpetu de Colin vacilaba de manera imperceptible. Era una apertura inevitable, nacida del desvío forzado del punto de impacto. \[Es una técnica de contraataque\]. Una técnica de contraataque. La destreza de descargar una réplica letal a través de la brecha nacida al bloquear la ofensiva inicial. Se trataba de una técnica avanzada que requería leer la maniobra del oponente y responder en perfecta consonancia; un método singular que permitía someter el primer golpe mediante una respuesta diferida. Resultaba difícil de ejecutar, pero, de tener éxito, garantizaba una herida mortal. "¡...!" Vlad contemplaba con los ojos desmesuradamente abiertos la divina destreza que Zayar desplegaba. De sus pupilas, forzadas a permanecer inmóviles sin parpadear, llegaron a brotar lágrimas, pero el muchacho, hambriento de conocimiento marcial, devoraba la escena con avidez voraz a través de la mirada. Sin atreverse siquiera a respirar. Haber conocido a Zayar era una bendición. Aunque fuese un hombre tosco y de talante retorcido, cumplía a cabalidad con su deber. La lección de hoy era la técnica de contraataque. Y el material didáctico no era otro que el Jabalí de Tierra de las tierras centrales. \* \* \* "Se acabó". Zayar se acomodó el parche y miró con calma al sacerdote. "¡El... el vencedor es el representante de Lady Alicia, el caballero Sir Zayar!". Aunque se había proclamado la indiscutible victoria de Zayar, la facción de Alicia no prorrumpió en vítores; por el contrario, guardaron un silencio sepulcral. El recinto del duelo quedó anegado por la quietud. Ante la singular presencia que Zayar desprendía, los partidarios de Endre se habían encogido amilanados, y la comitiva de Alicia se había quedado sin palabras. "..." Sin embargo, quien cargaba con un silencio aún más profundo era Colin, arrodillado sobre el suelo con la mirada vacía. Hoy se había estrellado contra un muro. Había palpado una diferencia abismal de calibre. Una brecha colosal que parecía humanamente insalvable. "Buen combate, mi señor". "¿Te fijaste bien?". Al ver que Zayar había orquestado deliberadamente aquella demostración para él, Vlad solo pudo sentirse profundamente agradecido, aun si se guardó de demostrarlo en el rostro. "Le estoy profundamente agradecido, Sir Zayar". "Solo he seguido las órdenes de Lord Josef". Duncan expresó su gratitud con sincera emoción hacia Zayar, que regresaba coronado por la victoria. El aspecto de Duncan, cubierto de vendajes empapados en sangre, resultaba en extremo lamentable, pero Zayar le correspondió con la mayor cortesía. "¡Que los siguientes duelistas den un paso al frente!". Duncan había perdido y Zayar había vencido. Concluido el choque de vanguardia y el lance intermedio, ya solo restaba el duelo final entre los campeones principales. "Parece que ha llegado mi turno". Ante el llamamiento del sacerdote, Joubert ingresó en el recinto acariciándose su pulcro bigote imperial. Bastaba con este enfrentamiento. Con solo ganar este lance, Alicia se convertiría bajo el amparo de Dios en la legítima baronesa de Heinal. Las miradas fervientes de Alicia, de Duncan y de todos sus partidarios convergieron en la espalda de Joubert. Sin embargo, el interesado avanzaba con total despreocupación, esbozando una sonrisa indescifrable en los labios. Atravesando el silencio que Zayar había sembrado, los dos caballeros ocuparon el centro del terreno. "Pablo de Arnstein". "A estas alturas... si ya nos conocemos". "Pablo de Arnstein". "... Joubert de Shazard". Al ver que su contrincante carecía de sentido del humor, Joubert dibujó una sonrisa avergonzada. Luego giró el rostro y le dedicó una reverencia a Alicia. Una reverencia impecable y refinada, nacida de la más pulcra etiqueta nobiliaria. "¿Cómo?". Sin embargo, Josef, que presenciaba el duelo desde el palco de honor, percibió algo anómalo al ver el saludo que Joubert acababa de ejecutar. Aquella no era una reverencia apropiada para la ocasión presente. "Reitero las normas una vez más. La contienda concluirá cuando un representante declare su rendición, o bien cuando resulte incapaz de continuar el combate debido a...". Mientras el sacerdote explicaba con esmero las reglas del duelo, Joubert se limitaba a permanecer en su sitio con aire de hastío. "Renuncio". "... a heridas de gravedad... ¿Perdón? ¿Qué acaba de decir?". El sacerdote no logró asimilar al instante las palabras que habían brotado de los labios de Joubert. Sus oídos las habían captado, pero su mente se negaba a procesarlas. Era una declaración inconcebible en semejante momento, algo que jamás debió haberse pronunciado. "Me retiro". Como un comediante sobre las tablas de un escenario, Joubert miró a su alrededor con ademanes teatrales y proclamó con voz clara: "¡Yo, Joubert, emisario y representante enviado por la Casa Shazard, renuncio formalmente a este duelo!". "..." "..." El propio Joubert, que acababa de soltar semejante afirmación, parecía impasible, pero para aquellos que debían encajar el golpe, fue una sentencia semejante al estruendo de un rayo. Un silencio atroz y gélido cayó como una losa sobre la sala. "Esto... ¡¿qué... qué es esto?!". Apenas recobrando el juicio, Duncan agitó las manos vendadas y laceradas como si pretendiera negar la pesadilla ante sus ojos. "¡...!" Alicia, la dama en disputa, se puso en pie mientras sus labios temblaban de forma espasmódica. Su piel nívea fue tiñéndose de una palidez mortecina y azulada. En medio de la consternación generalizada, mientras nadie logaba comprender lo acontecido... Clap... Clap... Clap... El eco de unos aplausos resonó con parsimonia en el salón sumido en el mutismo. "¡Renuncia, dice!". Endre Heinal. "¡En tal caso, el duelo ha concluido!". El segundo heredero en la línea sucesoria de la Casa Heinal mostró al fin los colmillos que tanto tiempo había mantenido ocultos. "¡¿Acaso no es así?!". En medio del mutismo colectivo, solo aquel hombre vociferaba con soberbia. Era el acusador y el usurpador. Y además, era quien sostenía cuatro ases bajo la manga mucho antes de pisar el terreno del duelo. "Maldición...". Josef, percatándose de que habían caído en una trampa repugnante, le hizo una rápida seña con la mano a Sir Bordan. "¡Reconózcalo ahora ante Dios, reverendo sacerdote!". La reverencia exagerada que Joubert le había dedicado a Alicia... no había sido otra cosa que una despedida. "¡Que solo yo soy el único y legítimo señor de Heinal!". Este duelo había estado amañado desde el principio. Por hombres desprovistos de todo sentido del honor. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 34

Estás leyendo el capítulo 34 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.