arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 33 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Vlad caminaba deslizando la mano a lo largo del muro. Al sentir la aspereza de los ladrillos bajo las yemas de sus dedos, cerró los ojos con serenidad. Acto seguido, aguzó el oído con atención, como si intentara captar el menor sonido. "..." Un oído sumamente fino. Vlad buscaba la presencia ajena valiéndose de ese agudo sentido que el mismísimo Jorge había elogiado en su momento. \*Clang... Clang...\* Pretendía averiguar dónde se encontraban los caballeros del bando rival y de qué manera ejercitaban el cuerpo para entrar en calor. "Aquí estaban". Así como Alicia Heinal había convocado a tres caballeros para defender su honor, Endre, quien la había acusado de nacimiento ilegítimo, también se había valido de sus influencias y contactos para reunir a sus propios campeones. Aquel era el preludio de un duelo de honor librado en el terreno de las influencias y los favores nobiliarios. Y justo al otro lado del muro que los separaba, en un espacio donde ninguno de los dos bandos podía alcanzarse de forma directa, se encontraban aquellos que habrían de decidirlo todo. "¡Hup!". Vlad tanteó un saliente en la mampostería, se aferró a la piedra y se impulsó hacia arriba con agilidad felina. Aunque el muro superaba con creces los tres metros de altura, para él un obstáculo semejante era prácticamente como si no existiera. Con cautela y sin hacer el menor ruido. Con la misma pericia de antaño, cuando solía hurtar pertenencias ajenas por las callejuelas. Tras franquear la pared con la ligereza de un gato callejero, Vlad se sacudió las ropas y comenzó a pasear por el jardín con una expresión de absoluta indiferencia. Si alguien lo hubiera visto, su porte era tan natural que habrían jurado que siempre había pertenecido a aquel lugar. \*Clang... Clang...\* 'Por allí es'. Vlad orientó sus pasos guiándose por el seco entrechocar de las armas. Josef le había ordenado que observara con detenimiento a cada uno de los caballeros reunidos allí. Y aunque Vlad había atendido primero la petición de la voz, no abrigaba la menor intención de desobedecer las órdenes de su señor. Además, en verdad deseaba verlos con sus propios ojos. Hasta ese momento, los caballeros a los que Vlad había visto en persona apenas alcanzaban para contarse con los dedos de una mano. Jorge, el Caballero de las Rameras. Godin, el Caballero de la Luna Azul. Sir Zayar, el tuerto. 'Bueno, Sir Bordan también es un caballero, después de todo'. E incluso Sir Bordan, que no poseía el menor atisbo de lo que debía ser un caballero. Habiendo forjado lazos tan singulares con varios caballeros en circunstancias tan diversas, Vlad ardía en deseos de atisbar el mundo que tanto anhelaba. Al fin y al cabo, perseguir aquello que brillaba era una vieja costumbre arraigada en el muchacho desde su más tierna infancia. 'Hum'. Al no confiar en ser capaz de burlar la agudeza perceptiva de combatientes consumados, Vlad decidió no aproximarse en exceso. Se contentó con espiarlos desde una distancia prudencial gracias a su penetrante vista natural. Tal como había señalado Josef, aquello bastaría para observar y formarse una idea clara. Frente a él, dos caballeros cruzaban el acero. No se trataba de un combate a muerte despiadado, pero sus movimientos eran lo bastante intensos y fluidos como para desentumecer los músculos a conciencia. Resultaba evidente que estaban absortos en los preparativos del duelo que tendría lugar al día siguiente. 'Un espadón'. El primer combatiente que llamó la atención de Vlad poseía una corpulencia imponente y blandía un mandoble tan descomunal como su propia estatura. Aunque no alcanzaba la envergadura titánica de Otar, el tono oscuro de su piel revelaba que poseía al menos ascendencia mestiza de tez negra. Pese a contemplarlo desde lejos, la ferocidad y el ímpetu que desprendía aquel espadón resultaban sobrecogedores. 'Espada y escudo'. Frente a él se batía su oponente. A diferencia del guerrero de piel oscura, que descargaba su arma con una violencia desmedida, el otro caballero conservaba una postura defensiva inquebrantable; desviaba con aplomo milimétrico las arremetidas del mandoble mientras ganaba terreno con paso firme y constante. Incluso ante los ojos inexpertos de Vlad, resultaba evidente que era un espadachín cuya mayor virtud residía en el dominio del escudo. "Parece difícil de traspasar, ¿no crees?". "¡...!". Vlad se estremeció de pies a cabeza al escuchar una voz susurrada justo a su costado. "¡Quién...!". "¡Shh!". Una mano le cubrió la boca con rapidez pasmosa. Con los labios aprisionados al instante y sin margen siquiera para reaccionar, Vlad abrió los ojos de par en par y contempló al hombre que lo tenía sujeto. "¿Acaso pretendes que nos descubran después de haberte colado hasta aquí?". El individuo lucía un llamativo y peculiar bigote estilo káiser. Aunque exhibía una sonrisa que transmitía afabilidad y buen talante, una gota de sudor frío comenzó a deslizarse por la sien de Vlad. '¡Cómo puede ser tan endemoniadamente rápido!'. Había sido totalmente incapaz de eludir la mano que acababa de amordazarlo. Lo había neutralizado y sometido en una fracción de segundo. "Al ver que encontraste un asiento de primera fila, deduzco que tienes buen instinto. Pero mejor disfrutemos del espectáculo en silencio". El hombre del mostacho imperial le guiñó un ojo con picardía y añadió: "Joven escudero de Sir Zayar". "... ¿Quién es usted?". Sin dignarse a responder a la pregunta de Vlad, el desconocido extrajo de su regazo un pequeño puñado de frutos secos y se lo tendió. "Miremos mientras comemos algo. Las buenas vistas siempre se disfrutan mejor con comida de por medio". "..." A Vlad no le quedó más remedio que tomar los frutos secos que le ofrecía. Sencillamente no vislumbraba otra salida. No existía forma alguna de huir de aquel sujeto. Al percatarse de cómo el hombre bloqueaba con sutil maestría cualquier posible vía de escape, Vlad comprendió que le resultaría imposible abandonar aquel rincón por propia voluntad. Al menos, no sin el beneplácito de su captor. \[Apenas logro percibir su presencia. Eso significa que es un individuo sumamente avezado en contener y manejar su propia energía. No cometas imprudencias\]. Puesto que la voz en su interior advertía que se trataba de alguien cuyo calibre marcial resultaba imposible de medir a simple vista, Vlad optó por contemporizar y observar con cautela. "... Podría permitirse comer algo un poco más caro". "Je, je. El dinero vuela según la soltura con que uno lo gaste". Al notar la insolencia con que Vlad le soltaba un comentario jocoso pese a hallarse completamente a su merced, el hombre del bigote sonrió complacido y le entregó otro fruto seco. "Tal como decían, ciertamente desborda una fuerza bárbara". "¿Se refiere a Sir Colin?". Aunque era la primera vez que lo veía en carne y hueso, Vlad ya conocía sus señas elementales gracias a los informes de Josef. "No por nada se ha ganado el apodo del Jabalí de Tierra. ¡Si te alcanza de lleno con ese hierro, te triturará hasta los huesos!". "En eso le doy la razón". Puesto que de todas formas no tenía posibilidad de escapar, Vlad decidió seguirle la corriente. Después de todo, aquel sujeto poseía destreza de sobra para haberlo liquidado desde el primer instante si así lo hubiera deseado. "Aunque, a mi parecer, el caballero al que se enfrenta resulta todavía más admirable". "Ah, ¿te refieres a Pablo?". El hombre del mostacho imperial contestó mientras masticaba los frutos secos con parsimonia: "Es un caballero al servicio de los Arnstein, un linaje en franco ascenso de la región central. En lo personal, no es una clase de guerrero que me resulte agradable". "¿Por qué motivo?". Al comprobar con qué naturalidad Vlad empezaba a dirigirse a él, el hombre curvó los labios con diversión. "Porque es soporífero. Se limita a encerrarse en la defensa y nada más". "Ya veo...". Haciendo honor a la doctrina de la Casa Arnstein, cuya especialidad radicaba en erigir murallas infranqueables mediante formaciones cerradas de caballeros, el tal Pablo personificaba a la perfección dicha escuela marcial. "Aunque admito que su técnica con el escudo es formidable...". "Sabe desviar prácticamente cualquier ataque". "Mmm". Fuese quien fuese, poseía una vasta experiencia y amplios horizontes. Quizás hubiese sido un golpe de suerte toparse con él. "¿Y qué opina del caballero restante? Todavía queda uno más, ¿no es así?". En el fondo, Vlad pretendía sonsacarle información sobre aquel otro contendiente, pero... "..." Para cuando quiso darse cuenta, el hombre de mostacho imperial ya se había esfumado. 'Parece que se acerca alguien'. "Maldición". Exactamente igual que al principio, el desconocido se había marchado como el viento sin revelar el más mínimo rastro de su presencia. Aunque distaba de poseer la destreza de aquel sujeto que desapareció sin dejar indicio alguno, Vlad advirtió el peligro y logró abandonar el lugar a toda prisa. Desandando el camino andado y saltando por encima del alto muro, consiguió regresar al sector asignado por Alicia. "Por qué diablos habrá tantos monstruos en este mundo...". Tras alcanzar la zona a duras penas, Vlad se apoyó contra la pared y soltó un prolongado suspiro. Era una exhalación de alivio por no haber sido descubierto, pero también de desánimo ante el colosal muro con el que volvía a toparse de frente. "Habrá sido un caballero, ¿verdad?". 'Seguramente. Mago no era, desde luego'. Debía de haber sido un caballero. De lo contrario, no había forma humana de explicar semejante habilidad. "¿Acaso se necesita ser tan formidable para convertirse en caballero?". 'Bueno, Sir Bordan también es un caballero'. "No me refiero a eso...". Sintiéndose desinflado por alguna extraña razón, Vlad prefirió apoyar la nuca contra el muro antes que replicar al disparate de la voz. "No todos los caballeros son iguales, bien lo sabe". No es que pretendiese menospreciar a Bordan, pero el muchacho albergaba un objetivo muy claro entre ceja y ceja. El Caballero de la Luna Azul. Cuando no era más que una rana en el fondo de un pozo recién escapada de Shoara, aquello constituía una meta que juró superar a toda costa; sin embargo, desde el instante en que emergió al vasto mundo, Vlad tomó plena conciencia de la posición que ocupaba. Sabiendo con amarga exactitud dónde se encontraba parado, pensó en aquel objetivo que apenas se atrevía a pronunciar en voz alta y se limitó a patear el suelo con frustración. El dulzor de los frutos secos que aún persistía en su boca se tornó de pronto áspero e incómodo. \*\*\* Al mediodía de la jornada siguiente. Aunque la mansión Heinal era modesta en dimensiones, su gran salón central no desmerecía en absoluto al de cualquier otra residencia noble. Hacia aquel recinto confluía una multitud de personas. Caballeros empuñando espadas, escuderos asistiéndolos, sacerdotes consagrados a Dios. Y los dos miembros de la Casa Heinal: Alicia Heinal y Endre Heinal. Hubo un tiempo en que fueron tío y sobrina, pero ahora una brecha abismal e insalvable los separaba. Divididos con exactitud en dos bandos en torno a ambos líderes, entre las multitudes se cruzaba una presencia sobria pero feroz. Un duelo que, si bien rebosaba honor, exigía arriesgarlo absolutamente todo. Era el temple bélico proyectado por los campeones que habrían de disputar la contienda. "Apriétalo más". "Sí, señor". Incluso Vlad, consagrado por entero a asistir a Sir Zayar en sus deberes de escudero, experimentaba una tensión electrizante jamás sentida en su vida, y su mirada se tornaba fiera sin que pudiera evitarlo. "Abre bien los ojos y grábatelo en la memoria. Un duelo en el que los caballeros entregan el alma y combaten con absoluta resolución no es un espectáculo que se vea todos los días". "Sí, señor". "Y además...". A pesar de que en breves instantes se batiría en duelo bajo los nombres de Josef y de Alicia, en el único ojo que le quedaba a Sir Zayar solo reinaba una serenidad imperturbable. "No sé qué te habrá ocurrido ayer, pero jamás olvides que aún no eres más que un novato". "...". "Un novato debe empezar por aprender a caminar. Todavía no tienes derecho a correr". El mundo era inmenso y él, insignificante. Habiendo visto, sentido y confrontado a portentos ante los cuales se encontraba del todo indefenso, Vlad se impacientaba sin siquiera percatarse de ello. Poseía talento, mas aún carecía de pulimento. Dado que su meta era altísima y el camino por recorrer, interminable, las palabras que Sir Zayar acababa de pronunciar no pudieron sino clavarse en lo más hondo de su pecho. "Comprendido, señor". "En este mundo no hay nada que resulte sencillo". Habiéndole dedicado aquellas palabras, parcas pero indispensables para Vlad en aquel preciso instante, Sir Zayar se reajustó el parche una última vez y se puso en pie. "Retírate". "Sí, señor". En el momento en que Vlad, habiendo concluido todas sus labores de escudero, se disponía a aguardar de pie a las espaldas de Zayar... "¡Entrada para la señora Alicia Heinal!". Acompañada por la voz de un anciano, de quien no se distinguía si era un sirviente o un mayordomo, las puertas del salón comenzaron a abrirse. 'Ahora que lo pienso, jamás la he visto en persona'. Aunque acompañaba a Josef, un noble de alta cuna, la condición de Vlad no era más que la de un simple escudero. Ni siquiera había conocido a Peter, el patriarca de la Casa Bayezid a la que servía actualmente; de modo que resultaba del todo natural que jamás hubiese contemplado a la señora de Deomar, Alicia Heinal. 'Decían que era joven'. Joven, hermosa y, además de mujer, baronesa. Todos los atributos que la definían bastaban con creces para espolear la curiosidad de Vlad, dada su edad. "¡Rindan los debidos honores!". Precedida por el viejo caballero Duncan, quien participaría en el duelo de honor junto a Sir Zayar, una dama ataviada con una espléndida túnica ceremonial hacía su entrada al gran salón. Los hombres apostados en el bando de Endre apenas inclinaron la cabeza con desdén o ni siquiera se molestaron en mostrar cortesía; en cambio, aquellos que respaldaban su causa debían rendir honores a quien era la legítima señora de aquellas tierras. Vlad también se dispuso a inclinar la cabeza para acatar el protocolo, pero... "... Maldita sea". Sus miradas se cruzaron. Con ella, la de los cabellos color de agua. La mujer de pelo aguamarina que avanzaba tras los pasos de Duncan. Su semblante, rígido y frío, resultaba tan ajeno que costaba creer que fuese la misma persona a la que había visto el día anterior. 'Vaya, ahora habrá que sumarle el cargo de ultraje a la nobleza'. "...". Incapaz siquiera de bajar la cabeza, petrificado en una postura torpe, Vlad sintió cómo la mirada de Alicia Heinal se posaba sobre él durante un fugaz instante antes de proseguir su curso. Aquel par de grandes ojos capturó por un momento la silueta del muchacho rubio y continuó su camino con absoluta indiferencia. Hacia la silla dispuesta en el recinto. Hacia el sitial más elevado del salón, reservado exclusivamente para la cabeza de la familia. Encajando con serenidad la mirada desconcertada de Vlad, el destello feroz de Endre y la expectación de todos los presentes, la mujer de cabellos aguamarina ascendió hasta el puesto que por derecho le correspondía. "¡Habiendo comparecido todas las partes del duelo, daremos inicio al procedimiento formal a partir de este instante!". Comenzando con la solemne proclama del sacerdote convocado expresamente desde la sede central para esta contienda: "¡Que el Dios que contempla este sagrado recinto sea testigo, y que el sol que hoy se alza en los cielos sirva como prueba irrefutable!". Las puertas del salón se cerraron. Y un duelo en el que se ponía todo en juego estaba a punto de comenzar. Un combate honorable, pero implacable y cruel. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 34

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 33

Estás leyendo el capítulo 33 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.