Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 32 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al final, lo único que perdura son los recuerdos. Quizá por esa misma razón los seres humanos se obsesionan tanto con dejar huellas. Porque al contemplar los vestigios que quedan atrás como cicatrices, siempre habrá memorias de aquel día que saldrán a la superficie.
Sin embargo, el muchacho no había sido capaz de erigir un solo recuerdo que guardara el nombre de su madre. Tal vez por eso no dejaba de olvidarla poco a poco.
"Habría sido bueno que a mi madre también le hubieran hecho algo así".
\[......\]
Era una colina baja a la que solo se podía acceder atravesando la mansión. Bajo el árbol que la voz decía recordar, reposaba el panteón familiar de la Casa Heinal. Parecía un lugar en el que jamás debería haber puesto un pie, pero el muchacho había tenido que venir. Porque ese era su pacto.
"......"
Al contemplar las blancas lápidas alineadas frente a él, el muchacho pensó en su madre. La mujer que había protegido en absoluta soledad a un niño pequeño en medio de la ponzoña de los callejones acabó por derrumbarse. Aquella había sido una ruina anunciada y el inicio de una tragedia distinta. Quizá la desgracia más dolorosa de este mundo fuera la cruda realidad de no tener más remedio que legar a un hijo el veneno que una misma no pudo tragar. El muchacho que abrazaba las estrellas había crecido alimentándose de la ponzoña que ni las lágrimas de su madre consiguieron disolver.
"Parece que no lo cuidan demasiado".
La lápida blanca más próxima, la que parecía ser la más reciente entre todas las que poblaban el lugar, estaba cubierta por hojas caídas que rodaban por el suelo.
"......"
Por alguna razón desconocida, el muchacho alzó la palma de la mano y limpió la superficie de la piedra. Con cada roce de su mano cuidadosa, la lápida recobraba su porte original y revelaba un nombre que caía en el olvido.
"Saludar a los dueños de la tierra es una muestra elemental de cortesía".
\[Yo no he dicho nada\].
Sintiéndose avergonzado sin motivo alguno, Vlad se apresuró a dar excusas por su acto espontáneo, pero la voz ya lo comprendía. Había momentos en los que a cualquiera le nacía, de pronto, realizar un gesto desacostumbrado.
"Entonces, rezaré".
\[Bien\].
"Aproveche para mirar todo lo que quiera. He venido aquí en lugar de observar a los caballeros, que era lo que se suponía que debía hacer".
\[Te lo agradezco\].
Tal como hacía cuando encarnaba a Riman el Devoto, Vlad desenvainó su espada y la sostuvo erguida en dirección al árbol que coronaba la colina. La suave brisa de primavera revolvió los cabellos rubios del muchacho. Aunque las blancas lápidas contemplaban en silencio su plegaria, Vlad se limitaba a orar con recogimiento. Pese a ser una finta calculada por si alguien lo observaba, en su interior Vlad repetía con torpeza la oración que había aprendido del joven diácono. Era una plegaria dedicada a la persona que le venía a la mente al contemplar aquel sitio.
\[......\]
Gracias a la consideración de Vlad, la voz contemplaba el árbol grabado en sus recuerdos. Había retazos que afloraban como espuma en el agua. En aquel entonces, aquel árbol parecía más pequeño. ¿Cuándo había sido? Creía recordar que había venido con alguien. ¿Con quién? No lograba recordarlo. La voz se sentía como si estuviera atrapada en medio de una niebla espesa. Chapoteaba a tientas para intentar aferrar el cabo suelto de un recuerdo que parecía estar al alcance de la mano.
\[...... ¿Podrías prestarme tu cuerpo un momento?\]
"Si es solo un instante".
Y la voz, en lugar de recuperar sus recuerdos, percibió en medio de la tenue niebla algo que la observaba. Había algo allí enfrente.
"Adelante".
Vlad, tal como hacía de costumbre, relajó todo el cuerpo, cerró su ojo derecho y abrió el izquierdo. Al instante, su visión comenzó a distanciarse y cayó en una sensación idéntica a la de contemplarse a sí mismo desde fuera.
\[Hum\].
Un mundo visto no a través de sus propios ojos, sino mediante la mirada de otro.
"...... ¿Qué es eso?"
\[Parece que me reconoce\].
Había algo visible a través de aquella visión. La baja colina, el árbol que cobijaba las lápidas.
\*Ssssshhhh.\*
Y enroscado en torno a aquel árbol, había un ser colosal. Era una serpiente de un blanco inmaculado que irradiaba un fulgor translúcido y resplandeciente.
\[Es un espíritu\].
"......"
Al contemplar a la serpiente blanca, tan titánica como el propio árbol, Vlad se esforzaba con todas sus fuerzas por mantener la compostura. Se le secaron los labios por completo.
'Últimamente estoy viendo demasiadas cosas insólitas'.
Sintiendo los latidos de su corazón palpitar con una agitación muy distinta a la que había experimentado frente al gusano de la muerte gigante, Vlad tragó saliva en silencio. La existencia de un ser conocido como espíritu, vedada a su propio mundo, se desplegaba ahora ante él a través del mundo de la voz. La intención de Josef de mostrarle a Vlad un mundo más vasto tal vez estuviera cumpliéndose en este preciso instante de la manera más cabal.
"Parece que me está mirando".
\[Está mirando al ser que habita dentro de ti\].
La serpiente blanca miraba a Vlad desde lo alto mientras abrazaba el árbol. Su figura, tan descomunal como el propio árbol enraizado, resultaba tan extraordinaria que desvanecía cualquier sentido de la realidad.
"......"
Sin embargo, pese a contemplar a la serpiente que desprendía una presencia descomunal, Vlad no sentía la menor sensación de agobio ni opresión. Probablemente esa era la propia intención de la serpiente blanca.
"¿Está bajando?"
\[No creo que muerda\].
Descendiendo despacio por el tronco del árbol y rozando las lápidas a su paso.
\*Ssssshhhh.\*
La serpiente se aproximaba con parsimonia hacia Vlad. No obstante, a pesar de estar contemplando a un ser colosal y desconocido, no experimentaba el menor atisbo de amenaza. 'No me hará daño'. Los ojos diáfanos de la serpiente le infundían esa certeza absoluta, pues las pupilas curvadas del ofidio eran como las de un anfitrión que da la bienvenida a un huésped largamente esperado.
La serpiente blanca se acercaba. Sus miradas se cruzaron. El árbol que cobijaba las lápidas mecía sus ramas. Una calidez idéntica a la brisa primaveral fluía a raudales por la colina. Era un mundo fascinante.
"¿Quién es usted?"
Pero en ese preciso instante, una voz resonó a sus espaldas.
"¿Eh?"
Ante la voz de alguien que lo llamaba, Vlad terminó por abrir su ojo derecho involuntariamente.
\*Fssss.\*
Y así regresó a su propio mundo.
"¿Cómo?"
La serpiente blanca que hasta hacía un parpadeo llenaba por completo su campo de visión se disipó como el humo. Con un solo pestañeo, el mundo de la voz desapareció sin dejar rastro. Al volver a su propia realidad, Vlad tuvo la sensación de haber despertado de un sueño.
"¿Quién es usted? Este es un lugar en el que nadie ajeno a la Casa Heinal tiene permitido entrar".
"......"
Frotándose el ojo izquierdo, que aún no lograba enfocar con claridad, Vlad se dio la vuelta.
"Mmm".
\[Hum\].
En el borde de su campo de visión, que por fin lograba enfocar, había una mujer joven de pie. Tenía el cabello del color del agua marina. Era una dama de una belleza tan cautivadora que incluso Vlad, habiendo visto cortesanas despampanantes durante toda su vida, no pudo evitar dejar escapar un suave murmullo de admiración.
"Si no responde, llamaré a la guardia".
"Ah, yo... esto..."
Vlad intentó serenar su mente, que aún no se había despejado por completo, mientras buscaba las palabras adecuadas. En circunstancias normales habría soltado una retahíla de excusas fluidas como el agua de un torrente, pero ahora mismo, habiendo presenciado una escena tan difícil de asimilar instantes atrás, necesitaba tiempo para poner en orden sus pensamientos.
"..."
Y aquella estampa hizo que Vlad pareciera, con total naturalidad, un muchacho inocente y ajeno a los asuntos del mundo. El hermoso color de sus cabellos, su rostro bien parecido y sus ademanes que, aun sin proponérselo, denotaban candidez, fueron disipando poco a poco los recelos de la mujer de cabellos color aguamarina.
"... He venido a rezar".
"¿A rezar?"
"Buscaba un lugar tranquilo para elevar mis plegarias y terminé llegando hasta aquí. Le pido disculpas".
Al ver que la mujer aún lo observaba con mirada inquisitiva, Vlad rebuscó con presteza en sus ropas y extrajo su placa de identidad.
"Además, no soy una persona sospechosa. Soy el escudero de Sir Zayar".
"Mmm".
La mujer tomó la placa de identidad que Vlad le ofrecía y la examinó con detenimiento. Se trataba de una placa eclesiástica que no presentaba el menor indicio de falsificación. Aunque parecía recién acuñada, el emblema de la Iglesia finamente cincelado demostraba que había sido expedida conforme a las reglas. Y, al darle la vuelta con descuido hacia el reverso...
'¿Eh?'
La mujer descubrió allí una marca singular.
'¿El garante de la identidad es... el sacerdote Andrea?'
El nombre grabado en el dorso correspondía al del sacerdote Andrea, ampliamente célebre en aquellas tierras. Un clérigo de intachable reputación que, habiendo declinado incluso su nombramiento como obispo, consagraba su vida a recorrer parajes de aflicción en lugar de perseguir honores terrenales. Y era él quien avalaba a este muchacho.
La mujer de cabellos color aguamarina contempló a Vlad con desconcierto en la mirada. En cierto modo, aquella placa de identidad poseía más valor que la mismísima sangre noble.
"... Está bien. Veo que no eres alguien sospechoso".
"Ah. Muchas gracias".
Vlad volvió a guardar con sumo cuidado en su pecho la placa de identidad que la dama le devolvía. La manera en que atesoraba aquel objeto acentuaba todavía más el aire de inocencia del muchacho.
"Le pido disculpas".
Vlad meditó para sus adentros. Permanecer junto a las tumbas de los nobles constituía, sin duda, una grave descortesía. Por tanto, si la mujer que estaba allí llegaba a hablar de más, Josef podría verse en una posición incómoda. Y si le pedían cuentas de por qué había subido hasta allí, tampoco sabría qué responder.
"¿Quiere que la ayude?"
"¿Cómo?"
"¿No es acaso una sirvienta de este lugar? ¿No ha venido a cuidar de las tumbas?"
Fue por ello que Vlad decidió silenciar a aquella mujer. Ofreciéndole un pequeño favor.
Ante las palabras de Vlad, Alicia abrió los ojos de par en par. La sorpresa la dejó atónita; jamás en su vida había experimentado semejante situación.
'¡Cómo se atreve...!'
Para ella, dama de una ilustre estirpe y ahora cabeza de su familia, la actitud de Vlad no era solo una falta de respeto, sino una afrenta merecedora del más riguroso castigo.
Sin embargo, si alguien tan perspicaz como Vlad actuaba de esa forma, era por una razón comprensible. O más bien, fue precisamente por ser demasiado avispado que cometió semejante equivocación.
En ese instante, Alicia vestía ropas ordinarias, idénticas a las que solían llevar las criadas. Además, sostenía en las manos un cubo y herramientas para fregar las lápidas. Y es que, en efecto, tal como Vlad suponía, había subido con la única intención de cuidar del sepulcro de sus padres. Aquel era el único momento en que Alicia, desprovista de alguien en quien buscar amparo, lograba hallar un remanso de paz para su atribulado corazón.
Por consiguiente, su apariencia inducía al error a cualquiera que la viese.
"A decir verdad, ya limpié un poco antes. Es que había demasiadas hojas acumuladas".
"... ¿Que limpió?".
Al enterarse de que Vlad había aseado las lápidas de sus padres, la cólera de Alicia se aplacó por un instante. ¿Por qué razón un extraño sin ningún lazo familiar se tomaría la molestia de limpiar los sepulcros ajenos?
"Pensé que también era de buena educación presentar mis respetos a los señores de estas tierras".
"Ah...".
Al escuchar a Vlad, Alicia asintió sin percatarse. En primer término, el porte del muchacho resultaba bastante convincente y la placa de identidad que portaba infundía una profunda confianza. Además, aunque ignoraba el motivo, hoy la colina le transmitía una calidez inusitada.
Alicia confundía aquella sensación reconfortante, creyendo que brotaba de la presencia misma del muchacho.
"La ayudaré".
"¿Eh?"
Alicia contempló perpleja cómo Vlad le arrebataba el cubo y ascendía con paso firme hacia las lápidas. Con ademanes ágiles y experimentados, el muchacho rubio arrancaba la maleza y limpiaba la piedra, como si estuviera más que habituado a las faenas pesadas. Al advertir sus aspavientos exagerados, con los que pretendía evidenciar con cuánto fervor se esforzaba, Alicia no pudo reprimir una leve sonrisa.
"Por eso, le ruego que pasemos por alto lo de hoy. Si Sir Zayar se entera de esto, me va a moler a palos".
"... Ya veremos, según cómo limpie".
Al ver a Alicia desviar la mirada con gesto remilgado, Vlad frunció el ceño en su interior.
'Las mujeres bonitas nunca dan su brazo a torcer con facilidad'.
Habiendo convivido con rameras despampanantes y viendo día a día a una belleza de renombre como Madame Marcela, la cercanía de Alicia no le causaba ninguna impresión particular. Solo le importaba que lo sucedido no llegase a oídos de Josef ni de Zayar, por lo que se consagró a fregar las lápidas con esmero. Después de todo, las tretas que solía emplear en los callejones ya no tenían cabida allí. Al menos no a la luz del día.
"No diré nada".
"Se lo agradezco de verdad".
A diferencia de Vlad, que rezongaba en silencio, Alicia lo contemplaba fascinada por una impresión sumamente fresca y desconocida. Aquel joven no mostraba el menor interés en halagarla ni buscaba su favor; sin olvidar la insólita osadía de haberla confundido instantes antes con una sirvienta.
Aquel muchacho llamado Vlad era, a ojos de Alicia, una clase de persona que jamás se había cruzado en su camino.
"..."
Al observar la espalda de aquel joven desconocido que limpiaba en silencio las lápidas de sus difuntos padres, el semblante de Alicia se fue suavizando poco a poco. En aquella colina a la que había subido en busca de sosiego, Alicia consiguió disipar, tras un largo tormento, la densa zozobra que pesaba sobre su pecho.
Los cabellos dorados del muchacho brillaban con un tenue fulgor bajo los reflejos del crepúsculo. Era un matiz verdaderamente hermoso.
※※※※
Mientras descendía de la colina junto a Alicia al compás del ocaso que declinaba, Vlad volvió la cabeza de improviso, con la sensación de que alguien lo llamaba.
"¿...?"
Sin embargo, allí arriba no quedaba más que la pulcritud de las lápidas recién lavadas y un árbol imponente que parecía haber custodiado ese sitio desde tiempos inmemoriales.
Si Vlad hubiese contemplado aquel paraje no a través de su propia mirada, sino mediante el mundo de la voz, habría divisado un paisaje completamente distinto.
Que algo no se pueda ver no significa que no exista. Del mismo modo en que los recuerdos invisibles continúan latiendo en lo profundo del corazón.
\*Ssshhh...\*
Una serpiente blanca envolvía el tronco del árbol. Y, mientras la colina se sumergía en las sombras de la noche, una multitud de luciérnagas resplandecientes acudía a iluminar las tinieblas, acercándose con delicadeza hacia la sierpe.
Aquella tarde, en el mundo de alguien, diminutas estrellas brillaban no en la inmensidad del firmamento, sino sobre la suave silueta de una colina.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 33
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 32
Estás leyendo el capítulo 32 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.