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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 31 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Lo aguardan en el interior." "Estoy preparado." Guiados por los caballeros del lugar, Josef y su escolta se adentraron en el recinto. "Puedes esperar aquí." "……Entendido." Sin embargo, en su condición de escudero, a Vlad no le estaba permitido cruzar aquel umbral junto a ellos. "……" Las pesadas puertas del salón se cerraron tras la ondulante capa de Josef. Aquel todavía no era un espacio concedido a Vlad. Como siempre había sucedido a lo largo de su vida, al muchacho solo le correspondían las cosas pequeñas y marginales. 'Una interminable sucesión de tedio.' No alcanzaba a prever cuánto se prolongaría la conversación tras esas hojas de madera, pero a Vlad no le quedaba más remedio que aguardar inmóvil en aquel rincón. No disponer del propio tiempo a voluntad: esa era, en definitiva, la amargura inevitable que debían sobrellevar aquellos cuyas vidas estaban subordinadas a otros. '¿Y si echo un vistazo alrededor?' A punto de hundirse en un lamento melancólico, el joven sacudió la cabeza y dejó que la curiosidad por el paraje desconocido ocupara su lugar. Aunque fuera un dependiente atado a su deber, al menos debería tener margen para explorar las inmediaciones. ¿Acaso no le estarían permitidos unos diez pasos? Siempre que pisaba un terreno ignoto, Vlad tenía la arraigada costumbre de curiosear a su alrededor. Para ser exactos, se trataba de la manía de identificar posibles rutas de escape; una conducta nacida del puro instinto de un pilluelo de los callejones que debía velar por su propio pellejo en todo momento y lugar. 'Es más modesta que la mansión de los Bayezid.' Lo había percibido desde el mismo instante en que cruzó la entrada: la residencia solariega de Deomar era reducida y, además, lucía vetusta. Quizá compararla de entrada con la propiedad de un linaje condal de inmenso poderío fuera desproporcionado, pero, incluso a ojos del criterio forjado por Vlad en los bajos fondos, aquel edificio distaba mucho de ser imponente. Aunque la pulcritud y el esmero mitigaban esa impresión, daba la viva sensación de que, al menor descuido en su conservación, no tardaría en transformarse en una soberbia ruina abandonada. 'Parece que las apariencias engañan.' Pues la mirada de Vlad no pasaba por alto los detalles: el polvo que se acumulaba sigiloso en los recovecos del corredor. Como un mudo testimonio de los tiempos convulsos que atravesaban, sutiles grietas se abrían paso allí donde la vista ajena rara vez se posaba. "Ejem." "……" Tras calcular el radio en el que se le toleraba deambular a partir del carraspeo del sirviente que aguardaba junto a él, Vlad comenzó a recorrer el espacio autorizado para familiarizarse con la atmósfera del lugar. Los pasillos eran angostos y serpenteantes, propicios para extraviarse con facilidad. Los parches de tonalidades dispares en los empapelados delataban que, no hacía mucho, se habían descolgado pinturas y marcos de los muros. Y al ver a una anciana doncella jadear con visible esfuerzo para levantar un simple cubo de agua, resultaba evidente que habían despedido sirvientes en fechas recientes. 'No tienen dinero.' A través de aquellos pormenores que solo se revelaban ante una observación minuciosa, Vlad pudo intuir las tribulaciones del feudo. Aquella comarca, célebre por sus limones, atravesaba en la actualidad severos aprietos económicos. '¿No habrá venido en vano?' Puesto que no le habían confiado los detalles, ignoraba las razones de fondo, pero el mero hecho de que Josef se hubiera tomado la molestia de acudir en persona indicaba que esperaba obtener algo valioso a cambio. Algo digno de ser presentado ante su padre, Peter Bayezid, con lo que apuntalar sus propios méritos en la sucesión. Sin embargo, a juicio de Vlad, conseguir brillantes monedas de oro en semejante lugar se antojaba una quimera. 'Bueno, sabrá cómo arreglárselas.' A fin de cuentas, él no era más que un escudero. Compartían el mismo viaje, pero sus roles eran categóricamente distintos; no le correspondía preocuparse por tales cuestiones. En realidad, ni siquiera gozaba del derecho de hacerlo. Justo cuando contemplaba los alrededores para mitigar el aburrimiento... \[Hummm... hummm, hummm...\] La espada ceñida a su cintura emitió un tenue zumbido metálico, llamando a Vlad. "Hum." Temiendo que alguien lo hubiera advertido, Vlad giró la cabeza de inmediato. Al cerciorarse de que no había nadie a la vista salvo el sirviente, posó la mano sobre la empuñadura con un ademán natural. Para escuchar la voz que únicamente se manifestaba cuando aferraba el arma, Vlad sujetó la espada desprovista de adornos, y en ese mismo instante: \[Creo recordar haber estado en este lugar.\] "……Oh." Vlad no pudo reprimir una sutil exclamación de asombro. \* \* \* "Le agradezco profundamente que haya venido hasta aquí, mi señor Josef Bayezid." "El llamado de la sangre está por encima de cualquier otra consideración. Ante la tribulación de un legítimo pariente consanguíneo, acudir es el curso natural del deber." En el estrado más elevado de la estancia, una dama presidía el encuentro. "……" Una joven de cabellos con el melancólico tinte del agua cristalina ocupaba el sitial reservado exclusivamente para la cabeza de la familia mientras recibía a Josef. Aunque se trataba de una mujer lozana y hermosa, los ropajes que vestía parecían pesarle en exceso, y el asiento en el que reposaba daba la impresión de serle un fardo abrumador; una apreciación que, sin duda, no solo albergaba Josef. "Le ruego que transmita también mis atentos saludos a la señora Oksana." "Por descontado." Eran personas unidas por la sangre. Aunque su parentesco por la línea materna sobrepasaba con creces el octavo grado de consanguinidad, ese era el lazo que vinculaba a Alicia y a Josef. Una relación que bien podía juzgarse lejana si se la miraba con frialdad, o poco estrecha aun reconociendo la cercanía; no obstante, cuando las pretensiones de ambas partes convergían y existía algo que ofrecer a cambio, tales distinciones no eran más que un mero pretexto formal. "Mi padre, el señor Conde Bayezid, ya ha concedido su venia. Lo único que aguardamos es la resolución de mi señora Alicia." Al ver que Josef iba directo al meollo del asunto en cuanto concluyeron las breves cortesías, Alicia cerró los ojos por un instante. Sus pestañas, estremecidas por un leve temblor, lucían hoy más espesas y sombrías que de costumbre. "……" El sentido de la responsabilidad, el recelo, el pavor ante un porvenir incierto. Cuando Alicia comenzaba a tambalearse bajo el asedio de aquellas congojas, el anciano caballero que permanecía a su vera le estrechó la mano con silenciosa firmeza. "……Ya he tomado una decisión." Al contemplar al viejo caballero que le había consagrado su acero incluso cuando todos los demás le volvían la espalda, Alicia afianzó su determinación. 'Yo soy la señora de este lugar. Debo reclamar el sitio que me corresponde.' "Se hará según la voluntad del señor conde." "Se lo agradezco." Ante la capitulación de Alicia, Josef inclinó la cabeza y esbozó una sonrisa complacida. Con ello, daba el primer paso firme en la empresa que había concebido. "Siempre y cuando la victoria en el duelo me sea concedida, por supuesto." Sin embargo, la dama de cabellos color de agua poseía una altiva entereza. En una coyuntura donde todo se reducía a meras promesas, ella todavía no había recibido retribución alguna. "Es una salvedad por demás evidente." Ante aquella tajante condición, que brotó como un súbito arrebato, Josef se limitó a responder con una sonrisa colmada de aplomo. "La espada de la Casa Bayezid jamás ha dejado de prometer la victoria, mi señora Alicia." Al compás de las palabras de Josef, el caballero tuerto llevó con parsimonia la mano hacia la empuñadura de su espada. "……" Clavando la mirada en el anciano caballero que custodiaba a la dama. Aunque solo conservaba un ojo, la presencia que emanaba de su figura albergaba un ímpetu fiero, capaz de doblegar cientos de miradas al unísono. El caballero auguró su triunfo a través de su formidable temple. Un caballero presto a proteger y un caballero resuelto a arrebatar. Una dama obligada a ceder y un joven forzado a prometer. En el salón más espacioso de aquella mansión, las miradas de los cuatro se entrelazaron en una densa urdimbre. ※※※※ "No deberíamos tomarla a la ligera". "Parecía estar en una posición precaria, pero aun así mantuvo el aplomo. Demuestra el temple de una mujer de armas tomar". "Opino lo mismo". Josef avanzaba por el pasillo mientras reflexionaba sobre su encuentro con Alicia. A juzgar por su desesperada petición de auxilio, había asumido que ella ya se encontraba acorralada, pero la joven no había soltado ni una brizna de iniciativa hasta el último instante. Significaba que no se había rendido. "Aun así, nuestro proceder no cambiará". Josef miró a Sir Bordan, quien lo seguía en silencio, y le ordenó: "Prepara las contingencias tal como habíamos planeado". "Sí, mi señor Josef". Todo hombre tiene una utilidad acorde a sus capacidades. Esa era precisamente la razón por la que Josef llevaba consigo a Bordan, a pesar de que con la espada no servía ni para media estocada. Cuando Sir Zayar abrió la puerta de la sala dispuesta para Josef, Vlad aguardaba a solas a la comitiva. "¿Han regresado?". "Sí. Debes de haberte aburrido". Josef tomó asiento en una de las butacas de la estancia y soltó un suspiro brotado de lo más hondo del pecho. "Qué agotamiento". Bajo los ojos de Josef, mientras lo decía, se cernían unas ojeras renegridas. Había sido un viaje de más de una semana y, sin margen alguno de reposo, se había enzarzado de inmediato en una pugna de voluntades contra Alicia. Para alguien de constitución tan enfermiza como Josef, aquello había supuesto un desgaste desmedido, por lo que a partir de este instante requería reposo absoluto. "Vlad". "Sí, señor Josef". Sin embargo, su travesía desde Sturma hasta Deomar obedecía, a fin de cuentas, al propósito de cosechar beneficios. Habiendo asegurado la ganancia principal en la conversación de hacía unos instantes, correspondía ahora velar por los provechos menores. "A partir de este momento, puedes moverte con total libertad". "¿Solo?". "Sí. Si lo deseas, puedes llevar contigo al tal Goat". Josef le indicó a Vlad que recorriera los alrededores con cuanta holgura le fuera concedida y observara todo lo posible. "Por supuesto, el día del duelo tendrás que asistir a Sir Zayar". "Por mi parte... bueno, me parece estupendo si usted me lo concede". Josef contempló al muchacho, que se rascaba la cabeza sin comprender del todo el sentido de la orden, y se sumió en sus pensamientos. Un muchacho que vestía las prendas regaladas por su madre sobre la armadura concedida por su padre. Al observar a aquel joven en quien los señores de la Casa Bayezid no vacilaban en depositar sus esperanzas, Josef tomó la palabra: "Cuanto menos me mueva yo, mejor. Aquí no hay nobles de alta cuna a quienes valga la pena tratar, y además todas las miradas están clavadas en mí". Aquella ciudad de Deomar pertenecía a la Casa Heinal, mas si se consideraba estrictamente el linaje y la jerarquía, nadie allí podía medirse con Josef, hijo legítimo de la Casa Bayezid. Por el contrario, todos los presentes debían de estar babeando por ganarse el favor de Josef antes que el de Alicia. Para alguien de salud tan endeble como él, aquello no solo carecía de provecho práctico, sino que resultaba un fastidio intolerable. "Piensa en la razón por la que te traje hasta aquí. A ti, que ni siquiera sabes montar a caballo todavía". "......". El hecho de que Josef se hubiera tomado la molestia de apartar a Vlad de su adiestramiento, cuando aún le restaba tanto por aprender, obedecía a un motivo de peso. "Un duelo de honor es un acontecimiento que rara vez se tiene ocasión de presenciar si no se acude expresamente a buscarlo. Más aún, este duelo de honor que tendrá lugar en Deomar no será un combate singular, sino una contienda colectiva". Por lo general, un duelo de honor suponía el enfrentamiento entre dos espadachines designados como campeones por sus respectivos representantes; no obstante, en ocasiones como esta, se dirimía mediante una liza en grupo. Se trataba de un juicio derivado de una querella intestina, huérfano de pruebas fehacientes y atestado únicamente de sospechas. Puesto que era un litigio donde se ponía en juego absolutamente todo, y con el propósito de zanjar una situación tan enconada, los dos herederos de la Casa Heinal habían optado por semejante modalidad. "Por eso mismo, en este momento hay caballeros de las más variadas procedencias congregados aquí, en Deomar. Obsérvalos bien y asimila todo cuanto tus sentidos te permitan captar". "Entendido". Era natural que presenciarlo una vez grabara una huella más profunda en el pecho que escucharlo diez veces de palabra. Dado que ya había resuelto instruirlo como correspondía, Josef consideraba prudente ensanchar el horizonte de Vlad a través de vivencias tan diversas como fuera posible. "Por la noche tendremos una sesión de práctica para soltar los músculos, así que no vayas por ahí a dejarte apalear como un estúpido". "...... Tampoco soy tan estúpido". Si Josef ofrecía la zanahoria, Sir Zayar empuñaba el látigo. Aunque su propósito era prevenirlo de cometer imprudencias, las palabras del caballero tuerto jamás salían sin una espina enconada. "Te equivocas. Ya perdiste mi confianza". "......". Ante aquella punzante estocada verbal, Vlad agachó la cabeza fingiéndose compungido, pero para Sir Zayar, que presenciaba la pantomima, la actitud del muchacho resultaba exasperante. 'Vaya manera tan impecable de agachar la cabeza, solo para dejarme sin una sola palabra que replicar'. Sir Zayar lo sabía de sobra. Sabía que, aunque el chiquillo fingía amedrentarse, en su fuero interno no le afectaba en lo más mínimo. Ante la aplastante severidad de Zayar, cualquier otro escudero habría roto a llorar, pero Vlad se limitaba a encajar y comprender esa presión con fría cabeza. Una amenaza vacía no surtía el menor efecto en aquel muchacho. "Bien. Cada noche vendrás a rendirme cuentas y, si adviertes cualquier movimiento extraño, me lo comunicarás de inmediato". "Entendido, señor Josef". Tras fijar el proceder de Vlad, Josef le indicó que ya era tarde y que regresara a su aposento a descansar. "......". Dejando a sus espaldas la ceñuda mirada de desaprobación de Sir Zayar, Vlad abandonó la estancia. Mientras recorría aquellos corredores desconocidos en dirección a los cuartos del servicio, se detuvo un instante. Una límpida luz de luna se derramaba a través de las ventanas dispuestas a lo largo del pasillo. Al seguir aquel resplandor con la mirada, descubrió una loma suave a la que solo se podía acceder atravesando la mansión. \[Recuerdo ese árbol.\] Sobre aquella colina se alzaba un árbol solitario de ramas secas y desnudas. Aquella desdichada voz, que ni siquiera recordaba quién había sido en vida, afirmaba guardar en su memoria el árbol que reposaba bajo la luz lunar. Aunque la primavera ya se había asentado plenamente, las noches aún retenían un aliento frío. Sin embargo, por alguna misteriosa razón, Vlad experimentaba una reconfortante calidez al contemplar el árbol en la cima de la colina. Las ramas que oscilaban al compás del viento semejaban manos saludándolo con afecto. "Parece que, después de tanto tiempo, voy a necesitar un lugar donde rezar". El muchacho había sellado un pacto tomando como testigo la luna de aquella noche. Tú me otorgas la espada. Yo te devuelvo tus recuerdos. Hasta ahora solo había recibido; ya era hora de empezar a retribuir. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 31 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.