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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una mansión blanca rodeada de bosques. A espaldas de aquella residencia de aires vetustos y señoriales se alzaba una colina de suave pendiente. En aquel paraje descansaban un árbol solitario y varias lápidas de piedra. La brisa primaveral acariciaba los cabellos de la mujer, pero ella permanecía sentada sin el menor asomo de movimiento. "..." Sentada junto a una modesta lápida, se abrazaba las rodillas mientras contemplaba en silencio la mansión. El lugar donde había nacido y crecido. La morada donde debía continuar viviendo en adelante. Y el hogar que, por derecho legítimo, debía pertenecerle. La mujer mantenía la vista fija en aquel sitio. Aunque las lágrimas cristalinas anegaban sus ojos y empañaban su visión, no cesaba de contemplar la mansión. Sus lágrimas no llegaron a derramarse mejillas abajo; simplemente ocultaron su presencia en silencio, junto con el pesar que debió haber vertido. El tiempo del lamento había concluido. A todos les llega un momento así en la vida. \* \* \* "Ah, últimamente mi corazón no hace más que latir a su propio antojo." Al lado de Vlad, que calentaba el cuerpo girando el cuello de un lado a otro, Goat mascaba una hoja de árbol por mero pasatiempo mientras respondía: "¿No será una enfermedad?" "No lo sé. De repente me pasa esto. Por extraño que parezca, tampoco consigo concentrarme bien." "¿Acaso te habrá dado el aire de primavera?" "Quizá sea porque salí después de tanto tiempo." Una pregunta desganada y una respuesta sin mayor empeño. No obstante, poco importaba; al fin y al cabo, ambos hablaban tan solo por el afán de mover los labios. "¿Cuánto falta?" "Según el cochero, todavía nos quedan tres días de viaje." "¿Acaso tú no eres el cochero?" "Yo soy el ayudante del cochero." Aunque se desplazaban a bordo de un carruaje, para un muchacho en la flor de su vigor y vitalidad aquel viaje no podía ser más que un tedio interminable. "¡Nos ponemos en marcha!" "Dicen que partimos, jefe." "¡Ay, cielos...!" Vlad se puso en pie exhalando un quejido impropio de su edad, digno de un anciano. "Oye, ¿no podrías darme una loncha de ese jamón curado o lo que sea?" "Eso ya no me pertenece." Goat le preguntó en voz baja, pero Vlad echó a andar hacia el carruaje sin siquiera mirar atrás. "Por eso mismo, si me hubieras dado un bocado cuando todavía era tuyo, qué bien habría estado..." Ante la tajante réplica de Vlad, Goat escupió la hoja que masticaba junto al resentimiento acumulado en su pecho. El viento que soplaba era templado y el día resplandecía despejado. La comitiva descendía hacia el sur en pos de la primavera. \* \* \* La ciudad de Deomar. La única urbe en posesión de la Casa del Barón Heinal. Su emplazamiento se hallaba en el sector septentrional de las tierras centrales, de modo que, si el tiempo acompañaba, bastaba una semana en carruaje para llegar a ella incluso desde Sturma, el feudo de la Casa Bayezid. "Como es de esperar, lo más célebre de allí son los limones." "¿Acaso los limones no son frutos que crecen en el sur?" "Precisamente por eso gozan de tanta demanda." Asentada en el límite septentrional del clima capaz de cosechar limones, el negocio primordial de esta urbe radicaba en el cultivo de dicho cítrico, y gozaba de cierto renombre por los productos manufacturados a partir de su procesamiento. "Suelen cosecharlos justo en la época en que los demás ya están vendiendo los suyos, y los sacan al mercado cuando el género escasea en las plazas. Aunque por culpa del rigor del clima no logran recolectar grandes volúmenes, su perspicacia para elegir el momento oportuno fue indudablemente admirable." "Vaya..." 'Así que también se puede comerciar de esa manera. Incluso tratándose del mismo producto, es posible incrementar su valor de ese modo.' Vlad, que rebanaba finas lonchas de jamón curado, asintió con la cabeza e iluminó su mirada ante las explicaciones de Josef. Estar en compañía del elocuente noble resultaba a veces sofocante, pero el caudal de conocimientos y agudeza que brotaban de los labios de Josef se convertía en un nutriente excepcional para Vlad. "Para las gentes del norte, a quienes les cuesta saborear la fruta fresca, es una ciudad sumamente bendita. Además, sirve como una de las puertas de acceso hacia la región central, el corazón de todas las cosas." Josef continuó hablando mientras observaba con detenimiento las yemas de los dedos de Vlad, que cortaban la carne con destreza. "De ahí que sea un enclave de semejante importancia para los norteños." "..." A Vlad le pareció vislumbrar algo de un fulgor rojizo ondulando en el fondo de las oscuras pupilas del noble. "Córtalo más rápido." "Es que esto debe rebanarse muy fino. Resulta más difícil de lo que parece." "Tsk." Josef chasqueó la lengua ante la justificación de Vlad y apartó la vista. "...¿Por eso se moviliza Sir Zayar?" "Así es." En aquellos momentos, la comitiva avanzaba con rumbo a Deomar, la ciudad de la Casa del Barón Heinal. La razón era que habían recibido una misiva de invitación de Alicia Heinal, la legítima heredera del linaje. "Una crisis ajena es una oportunidad propia. Y más aún si no es uno mismo quien padece la desgracia." No obstante, aunque por fuera revistiera la formalidad de una elegante invitación, en la práctica no era más que una desesperada petición de auxilio. "El mundo de los nobles es en verdad enrevesado." "Si lo miras con complejidad, es complejo; pero si lo miras con simpleza, resulta de lo más sencillo." Sir Zayar atrapó con presteza la loncha de jamón que por fin le tendían y comenzó a masticarla con calma. "A fin de cuentas, no es más que una disputa para apoderarse de esa tierra llamada Deomar." "Y encima entre familiares que comparten la misma sangre." "...La discordia entre quienes comparten la sangre es una tradición inmemorial de la nobleza." Al pronunciar aquellas palabras, en el rostro de Josef afloró una amargura difícil de disimular. "..." Al reparar en esa expresión, Vlad se limitó a guardar un silencio dócil y concentrarse en cortar la siguiente loncha de jamón. Después de todo, cada quien cargaba con un peso que debía sobrellevar en absoluta soledad. Lo mismo le ocurría a Alicia, la doncella que había invitado a Josef a sus dominios: en aquellos momentos, se hallaba enfrascada en una encarnizada disputa sucesoria. Como suele ocurrir en tales lides, la pugna que se libraba en el seno de la Casa Heinal se estaba hundiendo sin remedio en un lodazal interminable. "Aun así, un caso como este no es común. Prácticamente están aireando las mayores vergüenzas de la familia." Endre Heinal, el tío de Alicia, sostenía a viva voz que su sobrina no era la hija nacida de la sangre de su difunto hermano mayor, sino el fruto de una unión adúltera e infame. Se ignoraba si en verdad ella había nacido de una relación pecaminosa, pero de lo que no cabía duda alguna era de que, si Alicia desaparecía de la faz de la tierra, él se convertiría en el próximo Barón Heinal. A pesar de ser la única descendiente del anterior Barón Heinal, Alicia contaba con un respaldo político inevitablemente frágil debido a la limitación inherente a su condición de mujer. Para que la joven pudiera abrirse paso a través de los aprietos que se cernían sobre su cabeza, no le quedaba más remedio que demostrar su inocencia mediante un duelo de honor presidido y solemnizado por la Iglesia. Sin embargo, aquello era también, al fin y al cabo, el curso de los acontecimientos que Endre deseaba. "Aprovecharemos esta oportunidad para dejar a la Casa Hainal en deuda con nosotros. Es una idea con la que mi padre también estuvo de acuerdo." "Ya veo." Vlad contempló a Zayar a través de la ventanilla del carruaje. Era un caballero tan formidable que la mismísima Alicia Hainal lo había convocado de manera especial para confiarle la defensa de su honor. 'Es impresionante.' La fama y la destreza no siempre iban de la mano. Un caballero volcado a la vida pública gozaba de innumerables ocasiones para ensalzar su renombre, pero alguien como Zayar, consagrado enteramente a los asuntos internos del feudo, apenas disponía de tales oportunidades. "¿Qué miras tanto? Tienes una mirada insolente." "..." Zayar volvió a torcer el gesto, fastidiado una vez más por la mirada suspicaz que le dirigía su aprendiz. "Siendo un simple escudero, ¿qué se siente ver al caballero al que sirves cabalgar a caballo mientras tú viajas cómodamente repantigado en el carruaje?" "..." No tenía excusa alguna, ni aunque le brotaran diez bocas para justificarse. Ese era exactamente el sentir de Vlad en aquel instante. Había mirado por pura imprudencia. "Es una vergüenza. Hacía muchísimo tiempo que no experimentaba semejante bochorno." "..." Zayar había caminado con el pecho erguido y orgulloso tras ver a su escudero aplastar sin piedad a los aprendices ajenos, solo para descubrir que en realidad se trataba de un inútil incapaz de montar a caballo. Al caballero todavía le parecía escuchar el eco de las risitas burlonas de aquellos que se habían mofado de él. "... Los caballos me detestan." "¿Y por qué asumes que solo los caballos te detestan?" "..." No existía caballero que no supiera cabalgar. Y con toda probabilidad, tampoco existía escudero alguno que no supiera hacerlo. Incluso Goat, que guiaba las riendas del carruaje al frente en ese mismo instante, dominaba la monta. "... Si fuera un corcel costoso, tal vez podría montarlo. Quizá." "A un corcel costoso tendrías que llevarlo tú a cuestas. Vale mucho más que tu propio pellejo." Al contemplar la mueca de desdén de Zayar, que parecía preguntarle si de verdad pretendía llamar a eso una excusa, Vlad no tuvo más remedio que inclinar la cabeza en silencio. Y no se debía únicamente a que la vergüenza le impidiera sostenerle la mirada. '¿Por qué me ocurre esto una y otra vez?' El corazón le latía con una violencia desbocada, como si acabara de pegarse una carrera frenética. Era una turbación que venía experimentando con extraña asiduidad a lo largo de los últimos días. '¿Será por tanta reprimenda?' Al frente tenía a Josef hablándole sin tregua, y a su costado a Zayar amonestándolo a la menor oportunidad; era un motivo perfectamente comprensible. Después de todo, el agobio mental bien podía considerarse la raíz de todos los males. \*Tum, tum... Tum, tum...\* Vlad respiró hondo con lentitud tratando de sosegar el pecho, pero en esta ocasión el pulso se negaba a remitir. "¿Eh?" Y pronto advirtió que no eran únicamente los latidos de su corazón los que provocaban aquella insólita trepidación. "... La tierra retumba." No solo Vlad: las facciones de Josef también comenzaron a endurecerse al percibir el temblor que sacudía el entorno. No era una vibración producida por el traqueteo de la marcha. Todo cuanto los rodeaba se estremecía. "¡Deténganse todos!" Percibiendo también que algo siniestro se avecinaba, Zayar ordenó frenar la comitiva desde el exterior y escudriñó los alrededores a toda prisa. 'Los árboles tiemblan.' A través de la ventanilla, Vlad descubrió que la arboleda circundante se agitaba con violencia. Y justo cuando todos contenían el aliento, atenazados por la tensión ante semejante anomalía... ¡Rrrrr-rummm! Junto a un estrépito colosal, el suelo comenzó a rugir y sacudirse descontroladamente. "¡Es un terremoto!" "¡Desmonten todos de inmediato!" ¡Hiiiiin! Ante la descomunal conmoción que brotaba desde las entrañas de la tierra, los caballos, sumamente sensibles, comenzaron a encabritarse presas del pánico. "¡Maldita sea!" Entre la sacudida que emergía del lecho terrestre y los violentos corcovos de las bestias, el carruaje se tambaleaba al borde del vuelco. Vlad cubrió a Josef con su cuerpo al instante y abrió la portezuela del vehículo de una patada. Aunque se encontraba profundamente desconcertado ante un suceso jamás experimentado en su vida, sus instintos tomaron el mando y evacuó a Josef del carruaje. "¡Uaaaah!" "..." Tras envolverlo con sus brazos para protegerlo, se arrojó contra el suelo. Sin embargo, Josef, el protegido, conservaba una serenidad imperturbable, como si absolutamente nada ocurriera. "... Se agradece tu devoción, pero no pierdas los estribos." "¡¿Esto... es un terremoto?!" "No. Probablemente sea..." ¡Rrrrr-rummm! Antes de que Josef pudiera concluir la frase, la convulsión del terreno alcanzó su punto culminante. Retumbaba con una fuerza tan salvaje que, aun permaneciendo inmóviles, podía verse cómo densas nubes de tierra y polvo se elevaban del suelo. '¡Jamás en mi vida había presenciado un terremoto!' Por muchas vicisitudes, peligros y combates que Vlad hubiera superado en el pasado, resultaba imposible no alarmarse ante una catástrofe que presenciaba por primera vez. "Ya cesó." "... Uff." Apenas habían transcurrido unos escasos minutos, pero Vlad, exhausto y con las fuerzas consumidas, rodó hacia un lado para apartarse de Josef. "Es la primera vez que paso por un terremoto..." "Esto no ha sido un terremoto." "¿Cómo?" Al ver a Josef incorporarse y sacudirse la tierra de los ropajes con absoluta indiferencia, Vlad dejó escapar un hilo de voz atónito. "Mira allá." Vlad giró la cabeza siguiendo la dirección que señalaba su dedo. "¿Eh?" A lo lejos, en la vasta llanura, pudo contemplar cómo la tierra se abombaba y ondulaba en crestas sucesivas. Era un avance semejante al que provocaría un topo al desplazarse excavando galerías bajo la superficie. Sin embargo, divisándose a semejante distancia, incluso si se tratara de un topo, tendría que ser una aberración de proporciones monstruosas. "Es un gusano de la muerte gigante. Es un monstruo que habita en las regiones del oeste, pero por estas fechas suele adentrarse hasta la zona central en busca de presas." "¿Un gusano de la muerte gigante?" Al advertir la mirada de Vlad, que parecía inquirir qué demonios era semejante engendro, Josef comprendió que debía instruirlo. Pues aquel muchacho, una masa informe de puro potencial pero desprovisto de todo conocimiento formal, era como una vasija insaciable en la que jamás bastaba por más que se vertiera en ella. "Es una criatura que se originó a partir de los dragones. En lo relativo a la impotencia de la humanidad para hacerle frente, no se diferencia en nada de un terremoto." "Dragones..." "Con mayor precisión, los vestigios degenerados de un dragón caído en la ruina." Mientras Josef se alejaba tras pronunciar aquellas últimas palabras y el resto del contingente se movía con celeridad revisando el estado de las armas y carromatos... "..." El muchacho permaneció sentado en la tierra, contemplando en silencio a aquella mole que hendía y sacudía el terreno en su avance hacia el horizonte. El polvo en suspensión que aún flotaba en el aire le nublaba los ojos de manera natural, pero el joven fue incapaz de apartar la mirada. "Qué imponente." Era algo presenciado por primera vez desde el día en que nació. Algo que jamás en la vida habría alcanzado a contemplar de haberse quedado pudriéndose en los callejones. A medida que aquella criatura se perdía en la lejanía, el frenético galope en el pecho de Vlad fue apaciguándose poco a poco. El mundo del muchacho se estaba expandiendo. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 30

Estás leyendo el capítulo 30 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.