Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 29 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Vaya..."
Aunque el instructor no ostentaba el título de caballero, era un hombre curtido en mil lides. Había servido durante largos años como soldado bajo el estandarte de la Casa Bayezid, combatiendo en innumerables batallas y sobreviviendo a todas ellas. Peter valoró en gran medida semejante veteranía y le confió el puesto de instructor a cargo de la formación de los escuderos; por esa misma razón, llevaba casi una década adiestrando a los jóvenes aprendices de la Casa Bayezid.
Sin embargo, incluso para alguien con tantos años consagrados a la instrucción, una situación como la de hoy resultaba desconcertante hasta el extremo.
"¿Por qué han venido tan pocos hoy?"
Al contemplar a los escuderos congregados en el patio de armas, el instructor preguntó con la voz teñida de perplejidad. Al comprobar que no se había reunido ni la mitad del número habitual, se devanaba los sesos en conjeturas.
'¿Habrá ocurrido algún percance? ¿Una intoxicación alimentaria? ¿O acaso es una insubordinación colectiva contra mí?'
Infinidad de sospechas atravesaron su mente en rápida sucesión.
"¿Por qué se quedan ahí parados como mudos? ¿Es que no hay ni uno solo capaz de responderme?"
Ante el bramido del instructor, las miradas de los muchachos convergieron de manera instintiva hacia un único punto.
"...Vlad. Habla tú."
Allí se encontraba de pie el muchacho rubio, con el labio partido y moretones amoratados cubriéndole parte del rostro.
"Parece que están enfermos."
"¿Qué?"
Ante aquella respuesta desganada y carente de toda formalidad, que por fin rompía el silencio, el instructor frunció el ceño con aspereza.
"Parece que les duele algo. Me dio la impresión de que no podrán presentarse por un tiempo."
"..."
El instructor no pudo evitar sentir un profundo desconcierto ante las palabras de Vlad.
"¿Enfermos, dices?"
Semejante cosa era inconcebible. No tenía sentido alguno que muchachos que ayer mismo rebosaban de vigor cayeran indispuestos repentinamente, y no uno solo, sino más de una docena a la vez.
"..."
Al percibir que algo turbio se ocultaba tras la réplica de Vlad, el instructor recorrió una vez más con la mirada a los escuderos allí formados.
'No están.'
Sobanin. Y ni uno solo de los aprendices que solían andar en manada a su alrededor se encontraba presente. Los que permanecían ahora en el patio eran únicamente aquellos que no congeniaban con Sobanin, junto a los escuderos que habían escoltado a los caballeros en la reciente campaña de exterminio de monstruos.
'¿Se habrán peleado?'
En ocasiones ocurría. Al concentrar a un puñado de muchachos en la cúspide de la fogosidad juvenil, las disputas y reyertas resultaban inevitables, y cada ciertos años se desataban trifulcas lo bastante encarnizadas como para considerarse verdaderas batallas campales.
'Pero todos los demás están ilesos.'
No obstante, el cuadro presente era muy distinto. Los jóvenes que quedaban no pertenecían a ninguna facción definida y lucían un aspecto intachable, muy lejos de sugerir que hubieran participado en una riña tumultuosa. Por más que forzara la vista, el único que mostraba señales de haber combatido era el recién llegado a las filas de los escuderos: Vlad.
'No puede ser.'
En ese instante, una certidumbre relampagueó en los pensamientos del instructor. A decir verdad, era la única hipótesis capaz de explicar a la perfección el insólito escenario que presenciaba.
"...¿Te encargaste tú solo de todos ellos?"
Aunque el instructor dejó escapar la conclusión natural que afloraba en su pecho, la réplica que recibió a cambio fue de una frescura y una serenidad pasmosas.
"Hoy que apenas hay gente, ¿podría practicar un poco más de equitación?"
"..."
Al ver cómo Vlad sorteaba su pregunta con semejante indiferencia, el instructor lo comprendió sin sombra de duda.
'Has sido tú.'
'Y además, a más de diez muchachos tú solo.'
Jamás se había presenciado un precedente similar. En más de una década de servicio, jamás había visto a un solo escudero reducir por su cuenta a una banda de más de diez adversarios.
Aquel muchacho se salía de toda norma.
Ante el estremecimiento que le erizó la nuca, el instructor tragó saliva involuntariamente.
"...Está bien."
Frente a un joven al que jamás podría aspirar a controlar, el instructor no tuvo más remedio que asentir con la cabeza.
※※※※
La asamblea regular de caballeros que se celebraba una vez al mes.
Con Peter sentado en el estrado más elevado como eje solemne del recinto, los caballeros se hallaban alineados frente a frente, flanqueando la ancha alfombra carmesí que se extendía a lo largo de la gran sala. Aunque no se trataba de una disposición reglamentada, a un lado tomaban asiento los caballeros partidarios de Rutger, mientras que al frente permanecían los neutrales junto a los escasos leales a Josef, midiéndose mutuamente con la mirada.
"...A fin de prever la ausencia de Lord Rutger y sus caballeros para la inminente misión que emprenderán, se han reajustado los turnos de guardia."
El anciano caballero que hablaba se encontraba un peldaño por debajo de Peter. Era un varón cuyos cabellos y barba se habían teñido por entero de una blancura invernal, mas su voz poseía una claridad y una reciedumbre superiores a las de cualquier otro. En efecto, los caballeros reaccionaban al unísono ante el menor ademán de su severa mirada.
Era el hombre que, bajo la venia de Peter, gobernaba con mano firme a la totalidad de los caballeros de la Casa Bayezid.
Un guerrero con méritos más que suficientes para ostentar tal autoridad.
"Por consiguiente, señores míos, les insto a comprobar una vez más sus respectivas obligaciones."
El Comandante de la Orden de Caballeros de la Casa Bayezid, Antalas. La asamblea progresaba bajo su estricta conducción.
"...El siguiente asunto concierne a la distribución de las reliquias sagradas remitidas por la Santa Iglesia."
Gracias a la agudeza perceptiva que le era connatural, Antalas captó el sutil cambio en la atmósfera respecto a reuniones pasadas.
'Es natural que se sientan satisfechos.'
Sin embargo, no tenía la menor intención de sacar el tema a colación ni convertirlo en motivo de discordia.
"..."
"...Hum."
Por alguna razón, Zayar mostraba un semblante holgado y sereno, mientras que los rostros de los caballeros afectos a Rutger exhibían una rigidez casi imperceptible. Antalas advertía a la perfección aquella silenciosa guerra psicológica; no obstante, optó por no intervenir en esta ocasión.
Juzgó conveniente permitir que los partidarios de Josef, acallados y postergados durante tanto tiempo, alzasen el ánimo al menos por una vez.
Aun cuando los únicos caballeros de la facción de Josef presentes en la sala fueran tan solo dos: Zayar y Bordan.
"Por último, si alguno de los presentes tiene alguna moción que formular, se le concede la palabra."
"..."
Al advertir, mediante un breve silencio, que ninguno de los caballeros deseaba añadir nada más, Antalas inclinó la cabeza hacia Peter, quien aguardaba sentado en la cúspide del estrado.
"He transmitido todo lo previsto, mi señor."
"Habéis hecho un buen trabajo."
La asamblea había concluido. A partir de ese instante, salvo que mediase algún acontecimiento extraordinario, sólo restaba la orden de dispersión emitida por el patriarca.
No obstante, en lugar del mandato habitual, un silencio denso y enigmático comenzó a poblar la estancia.
"...¿?"
Justo en el momento en que los caballeros intuyeron que algo se apartaba del curso ordinario, Zayar advirtió que la mirada de Peter se posaba directamente sobre él.
Acompañada por una débil sonrisa cuyo auténtico significado resultaba imposible de descifrar.
※※※※
"¡Sir Zayar!"
Entre la multitud de caballeros que abandonaba el gran salón, alguien se aproximó propinándole un par de palmadas amistosas en el hombro.
"¿Qué ocurre?"
"Vamos, ¿a qué viene fingir inocencia si lo sabe de sobra?"
Gregory sonreía de oreja a oreja, arrugando su espesa barba al compás de la risa.
"El rumor ya corre por todos los rincones."
"No sé a qué rumor se refiere."
Al ver cómo Zayar fingía ignorancia mientras se acomodaba con desgana el parche del ojo, Gregory esbozó una sonrisa de resignación.
"Dicen que su escudero armó un zafarrancho de los grandes. Que se encargó él solo de barrer con toda una banda, según cuentan."
"...¿De veras?"
A pesar de que Zayar fingía indolencia a sabiendas de la verdad, Gregory no pareció molestarse en lo más mínimo.
'Bien merecido tenemos darnos aires, al menos por una vez'.
Hasta ese día, los caballeros que servían a Josef no habían tenido motivo alguno para erguir el pecho con orgullo. Aquel a quien habían jurado lealtad distaba de poseer el brillo deslumbrante de Rutger y, con un magro séquito de apenas cinco espadas, emprender o fraguar cualquier empresa de peso resultaba casi imposible. Se habían limitado a resistir a duras penas, aferrándose con desesperación a un equilibrio de poder que se inclinaba cada día más en su contra. Sin embargo, al menos por hoy, y tras una larguísima espera, podían volver a enderezar los hombros con dignidad.
"Tsk..."
"Ha traído consigo a un perro rabioso que nadie sabe a quién morderá".
Hubo caballeros que chasquearon la lengua con desdén al pasar de largo junto a ellos, pero Zayar se limitó a contemplarlos con serena indiferencia, apenas curvando los labios en una pizca de burla.
"¡Ja! No cabe duda de que tengo buen ojo para la gente. ¿Qué fue lo que le dije? Ese muchacho rebosa temple, tiene una casta formidable y..."
"Le advertí que al menos compartiera el rancho con ustedes".
"Y su carácter es intachable, tal como corresponde al caballero al que sirve".
"Y parece que ya de paso aprovechaste para presentarle a los demás muchachos".
"Úseme a mí cuando guste, mi señor. No me importa si la encomienda es ardua o peligrosa".
Al escuchar los fervientes ruegos de Gregory, Zayar se acarició el parche en el ojo con gesto distraído. Podía exteriorizar con facilidad otras emociones, pero la alegría no era algo que Zayar soliese revelar en su semblante. Con todo, aunque guardase silencio, en su fuero interno consideraba que la hazaña de Vlad era ciertamente digna de elogio. Barrer a catorce oponentes él solo era una demostración de bravura que bien merecía dibujar una sonrisa en el rostro de Josef.
'Era lo mínimo que debía hacer'.
Si un caballero de su talla le había dedicado tanto esmero y paciencia, era de ley que el muchacho le correspondiese a la altura de semejante entrega. Con ese pensamiento en mente, Zayar encaminó sus pasos hacia el despacho de Josef.
\*\*\*
El despacho de Josef se hallaba en una estancia retirada y silenciosa de la mansión.
Al apostarse ante la puerta, Zayar anunció su llegada con discreción.
"Adelante".
Con el consentimiento del amo de la estancia, Zayar giró el pomo y cruzó el umbral.
"¿Se encuentra bien, mi señor?"
"Suficiente como para seguir en pie".
Allí estaba Josef, sentado con gesto exhausto y unas ojeras aún más marcadas que de costumbre. En mitad de la habitación reposaba un baúl de grandes dimensiones.
"Mi padre le ha enviado un obsequio a Vlad".
Al notar la mirada de su caballero, Josef reveló la procedencia de la caja.
"Supongo que no se tratará de nuevo de cacahuates, ¿verdad?"
"Dejó un recuerdo imborrable, desde luego".
Habiendo caído ya una vez víctima de las ocurrencias de Vlad, Zayar clavó por instinto una mirada recelosa en el arcón enviado por Lord Peter. Vlad era un muchacho con el que jamás convenía bajar la guardia, en más de un sentido.
"Ya inspeccioné el interior. Puedes estar tranquilo".
Solo ante las palabras de Josef logró Zayar disipar sus reservas. Se aproximó y procedió a abrir la caja que descansaba en el centro del despacho.
"Vaya..."
En cuanto Zayar levantó la tapa, Sir Bordan, que aguardaba de pie a un lado, dejó escapar una leve exclamación de asombro.
"Es una armadura".
En el interior descansaba una panoplia completa, impecablemente confeccionada a ojos de cualquier entendido. Coraza, hombreras, protectores articulados para muñecas y rodillas, e incluso un par de botas. Era una armadura de cuero demasiado magnífica como para ser concedida a un simple escudero.
"..."
Sin embargo, a diferencia de Bordan, que contemplaba la pieza embelesado, Zayar posó en ella una mirada cargada de gravedad. La luz del sol que reverberaba sobre el cuero gris oscuro parecía fundirse con aquella mirada severa e indescifrable que Peter le había dirigido en persona.
"Es piel de orco".
"No es de calidad suprema, pero resulta más que idónea para la batalla".
"Y además, es cuero de orco gris".
"Así es".
Zayar extrajo con suma cautela la armadura cenicienta y la examinó con minuciosa atención. Cualquier hombre que empuñase una espada sentía, por pura naturaleza marcial, un vivo interés por las armas y las protecciones. No obstante, Zayar no la escrutaba movido por la simple curiosidad ante un pertrecho nuevo.
"Hacía mucho tiempo que no veía una de estas".
"Deduzco que entraña exactamente ese significado".
Lo que Peter había enviado era una coraza confeccionada con piel de orco gris, bestias que únicamente habitaban en las tierras más recias del norte. Por ende, vestir una armadura forjada con la piel de aquellas criaturas constituía el mayor distintivo de los guerreros del norte.
Zayar clavó su único ojo en la armadura grisácea y murmuró con voz pensativa:
"¿En qué momento habrá llamado la atención de Lord Peter?"
"Eso ni yo mismo lo sé. ¿Deberíamos hacerlo apresar y torturarlo para averiguarlo?"
"¡Ah!"
Fue en ese instante cuando Bordan logró comprender el verdadero calado de la conversación y dio una sonora palmada.
"¡Ahora caigo, es una auténtica armadura de orco gris!"
Como si acabara de encajar la última pieza de un enigma, Bordan se acercó a la armadura que Zayar sostenía.
"Hacía una eternidad que no veía una. En los tiempos del anterior patriarca se veían con bastante frecuencia".
"Porque la hornada actual de escuderos no le llega a los talones a la de aquellos años".
Hoy en día, caballeros de todos los rincones del continente acudían en tropel atraídos por el renombre de la Casa Bayezid; sin embargo, hasta la generación anterior, el linaje Bayezid había forjado su poderío nutriendo sus filas con los guerreros que adiestraba desde los cimientos. El mismísimo comandante de la orden de caballeros, Sir Antalas, era un hombre que había iniciado su senda como humilde escudero en el seno de la familia en aquellos días. A los combatientes que sirvieron en aquella época, las gentes del norte solían llamarlos la Generación Dorada de la Casa Bayezid. Aunque hoy en día ya no fuese más que una vieja gloria del pasado.
"Es un muchacho que se ha ganado el reconocimiento de mi padre a tan solo un mes de haber puesto un pie aquí. Ha demostrado de sobra que merece la pena apostar por él".
"En efecto, mi señor".
Zayar devolvió la armadura al fondo del baúl con cuidado y asintió.
"Al menos entre los escuderos que sirven hoy en día, no parece haber ninguno capaz de hacerle sombra".
"Ya me han llegado las noticias. El rumor corre como reguero de pólvora por toda la hacienda".
Josef desvió de soslayo la mirada hacia Zayar. Al encontrarse sus ojos, ambos compartieron una sonrisa cómplice.
Su juicio no había errado.
"Bien".
Josef abrió el cajón inferior de su escritorio y extrajo un pliego sellado.
"Aunque hayamos encajado una pérdida dolorosa, no podemos quedarnos de brazos cruzados lamiéndonos las heridas".
Josef rasgó el sobre y le tendió el documento a Zayar.
"¿Qué es esto, mi señor?"
"Nuestro siguiente paso".
Tras entregarle la misiva, Josef se puso en pie y caminó con paso medido hacia el ventanal. Bñado por la deslumbrante claridad del mediodía, contempló en silencio las tierras exteriores. El cielo azul, surcado por densos cúmulos blancos, ofrecía una estampa serena.
"¿Crees que sea factible?"
"Mmm..."
Tras leer el contenido de la carta y escuchar la pregunta de Josef, Zayar asintió con firmeza.
"Con todo lo que he tenido que lidiar últimamente para enmendar los embrollos de ese muchacho, esto me viene como anillo al dedo".
Al oír la aprobación de su protector, Josef volvió el rostro hacia Bordan:
"Dispón todo lo necesario".
"¿Hacia dónde partiremos, mi señor?"
Mientras el joven de cabellos dorados recién llegado a la Casa Bayezid dejaba el pellejo y el alma para demostrar su valía, aquel noble joven de mirada sombría y profundas ojeras también batallaba con desesperación por volver a alzarse sobre sus propios pies. El fruto de esa tenacidad era aquella solitaria carta. Una invitación formal que, en manos de Josef, representaba la puerta hacia la oportunidad que tanto ansiaba.
"Nos marchamos a Deomar".
En lo alto del firmamento azul, las densas nubes blancas avanzaban flotando con rumbo hacia el sur.
\-----
• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 30
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 29
Estás leyendo el capítulo 29 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.