Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La ciudad de Shoara. Siendo una de las tres urbes bajo el dominio de la Casa del Conde Bayezid, Shoara era un lugar que rebosaba de gente en todo momento. No solo constituía el eje logístico del norte, donde convergían dos caudalosos ríos, sino que además prosperaba sin descanso impulsada por el prestigio y el poderío de la célebre estirpe Bayezid.
Por esa razón, la gente solía decir que Shoara brillaba de noche con la misma intensidad que a pleno día, llegando a llamarla el Faro del Norte.
Sin embargo, bajo todo resplandor siempre aguarda agazapada una sombra proyectada por la propia luz. Oculto bajo el fulgor radiante de la ciudad existía un rincón que todos conocían, pero ante el cual preferían desviar la mirada: los callejones de los barrios bajos, una cloaca donde se amontonaban todas las inmundicias y bajezas de Shoara en un único sector.
"Las velas del segundo piso cuestan veinte monedas de plata; las del tercer piso, treinta".
"...... ¿No me das un extra si te compro un buen puñado de golpe?".
"Veinte de plata, treinta de plata".
"¡Maldita sea, Vlad, renacuajo! ¿Cuántos pedazos de pan te puse en las manos cuando andabas mendigando por ahí? ¡Pórtate bien y suelta algo más!".
Exclamó arrastrando las palabras un hombre gordo de mediana edad y coronilla medio calva, pero al muchacho rubio no pareció importarle en lo más mínimo.
"Si no tiene con qué pagar, márchese a casa a manosearle el trasero a su mujer".
"¡Ah, mira qué chiquillo tan insolente! ¿Acaso te comportas así por falta de modales al no tener padre ni madre? No te pongas así, muchacho......".
El aire era denso, húmedo de lujuria y apetito carnal. La música incesante y el vocerío de la clientela resonaban por doquier en aquel suntuoso edificio de cuatro plantas, pero...
"...... ¡E-Esos ojos, maldito mocoso!".
A los oídos del embriagado sujeto ya no llegaba sonido alguno. La totalidad de sus sentidos había quedado suspendida por el fulgor azul en la mirada del muchacho rubio sentado frente a él.
Era un peso insólito, una densidad impropia de la presencia que cabría esperar de un joven que apenas contaba dieciséis años.
"...... Supongo que carezco de modales porque no sé quién fue mi padre y mi madre murió hace tiempo".
Vlad mantuvo la cabeza inclinada mientras tamborileaba con los nudillos sobre el mostrador antes de proseguir:
"Más le vale a usted cuidar su salud y vivir largo tiempo si no quiere que sus propios hijos terminen igual que yo".
"¡Las del segundo piso! ¡Dame tres!".
En cuanto rehuyó la mirada de Vlad y recobró el juicio, el hombre se apresuró a aferrar las velas y dejó caer una moneda como si la arrojara.
"Oiga, distinguido cliente, esto es una moneda de cien piezas de plata".
"¡Quédatelo todo, engendro del demonio!".
"¡Que pase una excelente noche, distinguido señor!".
"¡Maldito mocoso de ojos azules de mal agüero!".
Aunque hacía un instante parecía dispuesto a devorarlo vivo con la mirada, Vlad no vaciló en doblar profundamente la cintura en una reverencia al recibir aquella propina imprevista.
"...... Vaya ganancia tan sabrosa".
Vlad se relamió los labios al contemplar la moneda de cien de plata que sostenía en la mano.
Tratándose de una ciudad tan floreciente, en Shoara proliferaban los prostíbulos, pero muy pocos gozaban de tanto renombre como La Sonrisa de la Rosa. No solo se debía a la deslumbrante belleza de Marcela, su dueña y regenta, sino también a la intachable calidad del licor, las mujeres y las atenciones ofrecidas a cada instante.
Por consiguiente, en aquel establecimiento abarrotado a cualquier hora, ni siquiera a Vlad le resultaba difícil reunir moneda tras moneda a título de propina, aun cuando su único deber consistía en quedarse sentado vendiendo velas dócilmente.
Por supuesto, el oficio distaba mucho de ser pacífico.
"¡Aaaahhh!".
"¡Maldita ramera mugrienta! ¡Deberías limitarte a vender tu cuerpo dócilmente en lugar de andar estafando a la gente!".
En el pasillo del segundo piso, una prostituta era arrastrada por los cabellos y golpeada sin piedad por un cliente.
"¡¿De qué estafa me estás hablando?!".
"¡Llevo veinte años de servicio como mercenario! ¡¿A quién crees que vienes a venderle cuentos baratos?!".
La prostituta de cabello castaño, más que avergonzada por tener los senos descubiertos a la vista de todos, agitaba ambos brazos desesperada, aterrorizada por los puños del hombre que descargaban frente a sus ojos.
"Nunca hay un día tranquilo".
Vlad dejó escapar un suspiro, recogió las velas que tenía delante y subió hacia la segunda planta.
"Distinguido cliente. ¿Qué sucede aquí?".
"¡Vlad! ¡Sálvame, por favor!".
"¡¿De dónde sale este mocoso a tocarme los cojones?! ¡Trae a la madama de una puta vez!".
Vlad depositó con calma la caja de velas en el suelo del pasillo y suspiró profundamente.
"Para ver a nuestra madama necesitará monedas de oro, no de plata".
"¡Tratándose de un negocio de mierda, qué oro ni qué demonios, pedazo de escoria! ¡Si no está la madama, tráeme a tu puta madre!".
El escándalo originado en el corredor del segundo piso resonó con fuerza por todo el edificio, y varios de los parroquianos que bebían en el vestíbulo de la planta baja comenzaron a contemplar la escena con miradas de regocijo. Con prostitutas coqueteando sobre sus rodillas, una jarra de cerveza en la mano izquierda y un cigarro en la derecha, dispuestos a deleitarse con el mayor espectáculo del mundo: una buena pelea ajena.
"...... ¿Por qué no me cuenta lo que pasó?".
Vlad se tapó los ojos con la palma de la mano con resignación antes de dirigirse al hombre que alardeaba de sus veinte años como mercenario.
"¡Esta vela!".
Lleno de furia, el sujeto arrojó la vela hacia Vlad y bramó:
"¡Esto no dura siete minutos ni de coña! ¡¿Qué clase de porquería de vela se consume entera cuando apenas me he bajado los pantalones?!".
Vlad bajó la mirada hacia el resto de cera chamuscada que rodaba junto a sus pies. La Vela de Rosa, utilizada como instrumento para medir el tiempo. Esta vela, que tardaba exactamente siete minutos en consumirse por completo, era el patrón de medida del servicio entre clientes y prostitutas, así como el medio de transacción del negocio.
"De acuerdo, entonces".
Vlad hurgó en la caja que había dejado en el suelo y sacó una de las velas que se utilizaban en el segundo piso.
"¿Ve ese reloj de ahí enfrente? A partir de ahora encenderé esta vela y comprobaremos juntos si tarda siete minutos o no".
En el vestíbulo de la primera planta, donde la gente se entregaba al desenfreno, no colgaba ningún reloj que marcara el paso de las horas; pero en el segundo y tercer piso, donde el tiempo era un asunto crítico, había relojes bien visibles.
"¡¿Por qué cojones tendría que hacerle caso a unos timadores?!".
El hombre que se decía mercenario se cruzó de brazos, rechazando la propuesta de Vlad.
"Hagámoslo".
"......".
Sin embargo, al toparse con aquellos ojos azules, no tuvo más remedio que asentir con la cabeza sin siquiera darse cuenta. Era una mirada capaz de doblegar a su oponente con solo fijarla en él. Jorge, el jefe de la banda, solía decir al contemplar la mirada de Vlad que ese chico sería el líder de cualquier callejón al que fuera.
"Si no dura siete minutos, puede seguir moliendo a palos a la mujer que tiene agarrada, haga lo que le plazca".
Vlad raspó con fuerza un fósforo contra la suela de su zapato antes de continuar:
"Pero si dura exactamente siete minutos, usted recibirá aquí mismo una paliza de muerte de mi parte".
"...... ¿Qué?".
Sin darle tiempo al mercenario de intervenir, Vlad encendió la mecha, colocó la vela justo en medio del pasillo e inclinó la cabeza.
"Vlad......".
Solo la desdichada ramera, temblando con hombros encogidos por el miedo, miraba fijamente al muchacho en vez de mirar la vela.
Un minuto, dos minutos, tres minutos.
El tiempo fue transcurriendo, justo cuando la atención de todos los presentes en el burdel se concentraba en la escena.
"¿Eh?".
En el instante en que los ojos del mercenario, que aún sostenía a la mujer por los cabellos, se abrieron de par en par...
"¡Pasaron los siete minutos, pedazo de mierda!".
Con un movimiento veloz como el rayo, Vlad descargó el garrote que llevaba ceñido a la cintura.
¡Baaam!
Ante el feroz impacto, un chorro de sangre escarlata brotó de la cabeza del mercenario.
"¡Aaaahhh!".
El repentino golpe de Vlad abrió una brecha y la prostituta, que había estado retenida hasta ese momento, logró zafarse.
"¡Hoy te mueres aquí!".
Vlad sujetó por la nuca al mercenario, que aún no lograba recobrar el sentido, y lo arrastró hacia el interior de la habitación de la que acababan de salir.
¡Clic!
La puerta quedó atrancada.
"¡El primero en estafar fuiste tú! ¡¿Cómo un supuesto mercenario de veinte años tiene semejante barriga fofa?!".
¡Baaam! ¡Baaam!
"¡Aaaarrrgh!".
"¡Y para colmo, ¿por qué demonios hoy a todo el mundo le da por mentar a mi madre?! ¡¿Acaso creen que es fácil vivir con la amargura de estar solo bajo el cielo y sin padres?!".
Tras la puerta cerrada con cerrojo resonaban sin descanso el eco seco de los garrotazos y los alaridos del hombre. Vlad se concentró en descargar golpe tras golpe sobre el individuo que tenía delante, desahogando toda la rabia que había contenido minutos atrás.
"¡Ah...... si no fue......!".
"¡Cierra la puta boca, bastardo!".
Los parroquianos borrachos, al no poder seguir presenciando la pelea como esperaban, chasquearon la lengua con fastidio y volvieron la mirada hacia las prostitutas sentadas sobre su regazo.
¡Baaam! El chasquido sordo del leño y los aullidos del sujeto.
En la cuarta planta, una mujer de cabello negro hizo un gesto con la mano hacia abajo, y la melodía de los músicos se elevó con más fuerza.
Alguien lloraba y alguien ardía de furia, pero todo aquello quedaba sepultado bajo el estrépito de la música, discurriendo en silencio como si nada ocurriera.
Esto era Shoara. Esto era La Sonrisa de la Rosa. Un remanso turbio donde las vidas a la deriva se congregaban para estancarse un instante.
※※※※
Tras una noche tumultuosa, la apacible luz matinal descendió sobre la posada de la Rosa acompañada por el sosiego.
Engalanada con ornamentos de estilo clásico, La Sonrisa de la Rosa al amanecer evocaba la atmósfera solemne de la villa de algún gran noble. En cada suntuoso relieve tallado yacían el rencor y las lágrimas de la dama de cabello negro, aunque fuesen muy pocos quienes alcanzasen a comprenderlo.
"Vlad".
"Oh, Anna".
Una mujer llamó a Vlad mientras este regresaba de acomodar cortésmente al último cliente en el suelo del callejón.
"Tienes el ojo morado. Deberías tomarte unos días de descanso".
"Eso es verdad. Pero al menos no me fracturó nada, lo cual ya es ganancia".
Era la ramera de cabello castaño que la noche anterior había padecido la violencia del mercenario.
"Gracias por lo de anoche".
Con el ojo amoratado, la mujer sonrió tímidamente y le tendió algo. Vlad contempló con fijeza lo que ella le ofrecía.
"Buen provecho para mí".
Era un huevo.
"Bébetelo aquí mismo. Está crudo".
"Mmm......".
Vlad dedicó una mirada de complicidad a Anna al ver su sonrisa.
"De acuerdo".
Rompiendo la base del cascarón con un dedo, Vlad sorbió el contenido de un trago. La mujer llamada Anna observó con satisfacción el movimiento de la nuez de Adán en la garganta del muchacho antes de comentar:
"Últimamente los hombres andan muy violentos y eso me preocupa. En tiempos como estos, hace falta tener a un hombre de fiar al lado......".
"Estuvo bueno".
Anna sonrió con amargura al mirar la cáscara vacía que Vlad le devolvía sobre la palma de la mano.
"...... Si alguna vez cambias de opinión, avísame. Seguro que gano más que esa enclenque pelirroja que parece una vara de caña, ¿a que sí?".
"Quizás".
Con esas palabras, Vlad reanudó la marcha.
"¡Ah, por cierto, Anna!".
"¿Eh? ¿Qué pasa?".
Con un destello de ilusión repentina, Anna abrió los ojos de par en par mirándolo.
"¿No llevas el escote demasiado abierto? Todavía estamos en invierno, deberías cuidar mejor tu cuerpo".
"...... Esto también es una muestra de agradecimiento".
Solo tras la advertencia de Vlad, Anna se cubrió apresuradamente el pecho. Al levantar de nuevo la cabeza, el muchacho ya se había esfumado al fondo del corredor.
"Lo único que tengo para vender es este cuerpo mío, pero con este chico no hay forma de tentarlo......".
En medio del pasillo desierto, sin un solo ser en quien apoyarse en este mundo, la mujer sonrió con infinita melancolía.
※※※※
"Jorge. Alguien estuvo manipulando las velas".
La primera planta era el vestíbulo donde se servían licores y comidas. El segundo y tercer piso estaban destinados al burdel. Y la cuarta planta albergaba los aposentos de las mujeres y del personal.
Vlad informó al hombre corpulento que desayunaba en el comedor situado en aquel cuarto piso.
"No duraban siete minutos".
"¿Ah, sí?".
El individuo corpulento llamado Jorge apenas mostró interés ante el informe de Vlad.
"Le digo que no eran siete minutos".
"Sí, claro. Ya me lo habían dicho".
Salchichas asadas, morcilla de sangre, patatas ralladas y pan blanco de trigo. El desayuno de Jorge jamás variaba. Y al igual que su dieta invariable, aquel hombre era una presencia inmutable.
"¿Me está entendiendo? ¡Le digo que alguien le echó a perder el negocio a nuestro sustento!".
"¡Pero qué osadía! ¡¿Quién se atrevió a semejante cosa?!".
La dama de cabello negro, que preparaba personalmente el desayuno frente a Jorge, interrumpió la conversación con una sonrisa traviesa.
"Precisamente ahora iba a ponerme a buscar quién fue".
"¡Por supuesto que debes buscarlo!".
"¿Lo busco yo?".
"¡Búscalo tú!".
"¿Y cómo demonios voy a saber yo quién fue?".
"¡A decir verdad, ya lo encontré!".
"¿Y quién es? Marcela".
Marcela, la dueña de La Sonrisa de la Rosa. Una mujer de hermosura tan deslumbrante que figuraba entre las cinco más bellas de toda la ciudad de Shoara. Rondando la treintena, conservaba una belleza arrebatadora, combinando la estampa de una dama seductora con la sonrisa inocente de una jovencita.
"Fui yo. Yo fui la que hizo la trampa. Quería sacarle el jugo fácilmente a esos borrachos desplumándolos un poco".
De aquellos labios rojos y carnosos que cualquier hombre desearía poseer brotaron unas palabras dignas de la peor basura.
"Ufff......".
Vlad agachó la cabeza, estupefacto.
"Y yo que le reventé la sesera a un pobre infeliz inocente......".
Si la propia dueña confesaba haber sido la culpable, ¿qué podía reprocharle un simple empleado?
"...... Menos mal que clavé la vela en el suelo del pasillo y no en la barandilla, de lo contrario se habría armado un motín".
Aunque lo había hecho en el suelo por mera precaución, de haberlo hecho a la vista de todos, los parroquianos del vestíbulo de abajo también se habrían percatado de que la vela no duraba siete minutos.
Tras oír la descarada confesión de la madama, Vlad se levantó de la silla con desgano.
"¿A dónde vas? Quédate a comer".
"Bajaré un momento".
"¿Para qué?".
"...... Para ponerle al menos una manta encima al infeliz que acabo de arrojar a la calle".
"¡Qué muchacho tan bondadoso!".
Vlad bajó las escaleras con paso perezoso. Aunque le hubiese reventado la cabeza a un hombre inocente, no sentía remordimiento alguno de conciencia; sin embargo, una de sus firmes convicciones era cumplir con la decencia elemental que le correspondía como ser humano. Si no se aferraba con firmeza a tales principios, la corriente oscura de estos callejones lo devoraría en un abrir y cerrar de ojos; esa era la ley implacable de los bajos fondos.
"¡Eyyy! ¡Mi flamante y orgulloso novato!".
Una voz retuvo a Vlad mientras este descendía desganado hacia la planta baja.
"No me molestes. Hoy estoy agotado".
"¿Me enteré de que anoche hiciste un buen trabajo? ¡Como era de esperar de mi orgulloso novato!".
Se trataba de Buray, un miembro perteneciente a la banda de Jorge.
"Oye, ¿por casualidad guardaste algo de propina mientras vendías velas anoche? Resulta que a tus veteranos les surgió un asunto en el que necesitan gastar algo de plata hoy".
Vlad divisó con el rabillo del ojo a los demás miembros de la banda de Jorge.
"Vete a la mierda".
"No te pongas así, muchacho, escucha lo que tengo que decirte. Nosotros no somos esa clase de escoria que le arrebata el dinero a la fuerza a sus novatos".
Buray le pasó un brazo por encima del hombro a Vlad, pegándose a él con confianza.
"¿Qué clase de artimaña te traes entre manos?".
"Un trato justo. Tú sueltas el dinero y nosotros te entregamos algo a cambio. De eso se trata".
"¿Y qué es?".
Como si al fin hubiesen llegado a un entendimiento, Buray le guiñó un ojo.
"Ven y sígueme".
Buray hizo un gesto con la cabeza y los demás secuaces de Jorge abrieron paso.
"Está en el sótano".
Vlad siguió las indicaciones de Buray y descendió junto a él hacia el subsuelo de La Sonrisa de la Rosa.
Aquel lugar donde se almacenaban los licores y los víveres resultaba fundamental para el funcionamiento del establecimiento, motivo por el cual Jorge le había confiado su custodia a Buray, uno de sus hombres predilectos. En otras palabras, aquel sótano era territorio absoluto de Buray.
"Maldición......".
"¿Y bien? Te resulta familiar esa cara, ¿verdad?".
Siendo todavía el más joven de la banda de Jorge, Vlad necesitaba de su autorización si pretendía llevarse lo que yacía en aquel lugar.
"Te lo entrego por solo cuarenta monedas de plata. A este precio es una auténtica ganga. ¿Dónde vas a encontrar a un superior tan generoso como yo?".
Detrás de Buray, que sonreía con socarronería, algo se estremeció en la penumbra.
Un niño que lo contemplaba con angustia y aflicción, con la frente ensangrentada.
Un niño de piel negra.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 3
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.