Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 28 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La luz del sol que se filtraba a raudales entre las ventanas pesaba sobre sus hombros. Por alguna razón desconocida, sentía como si el aire a su alrededor fuera insuficiente.
"Te sienta muy bien."
"...... Muchas gracias."
Por eso, por más que inhalaba hondo una y otra vez, aún le resultaba difícil soltar el aire.
"¿No te queda un poco grande?"
A ojos de Vlad, la prenda no parecía tener ninguna diferencia de tamaño, pero la señora Oksana frunció el ceño con gesto adusto, como si aquello fuera un asunto de suma gravedad, e impartió instrucciones a las doncellas.
"Debe sacar el pecho."
"......"
Siguiendo las órdenes de su señora, las doncellas se arremolinaron en torno a Vlad y comenzaron a hilvanar la tela. Aunque estaba más que acostumbrado a las caricias pícaras de las rameras que vendían sonrisas en los burdeles, el tacto meticuloso de aquellas sirvientas ajustándole la ropa le resultaba profundamente extraño e incómodo.
'¿Cuánto costará esto?'
Debido a ello, los pensamientos de Vlad se dispersaban constantemente en otras direcciones. El tacto del tejido en contacto directo con su piel era en extremo suave. Para Vlad, que se había pasado la vida entera vistiendo ropas ásperas y raídas, semejante comodidad llegaba a sentirse, paradójicamente, como una auténtica incomodidad.
"No deberíamos ajustarla demasiado, ¿verdad?"
"A los diecisiete años todavía está en edad de crecer."
"Es verdad. Josef también dio un buen estirón por esa época."
El gélido invierno había quedado atrás y la primavera ya se avecinaba. Una nueva época, nuevas oportunidades. Y también, ropas nuevas.
"Con esto bastará."
Y además, una clase de persona a la que jamás en su vida había tratado.
Al ver el atuendo ceñido a la complexión de Vlad, la señora Oksana se puso en pie, evidenciando que al fin estaba complacida.
"Es indispensable vestir según la estación para que las fuerzas del cuerpo no decaigan."
Al verla acercarse para acomodarle los pliegues con sus propias manos, Vlad contuvo la respiración de forma involuntaria. Temía que, por desgracia, en su propio aliento se mezclara algún olor desagradable que la incomodara.
"Cuando llegue el verano mandaré a confeccionarte más atuendos. Por ahora, conformémonos con librarte de este aspecto de pordiosero."
"Le pido disculpas."
Hasta ese instante, Vlad había subsistido con las mismas ropas que traía desde el campamento militar. Aunque las criadas las habían lavado con esmero y ya no desprendían hedor alguno, no se ajustaban a su cuerpo, no correspondían a la estación y, por encima de todo, ni siquiera le pertenecían en origen: eran los despojos que le había arrebatado al difunto Riman.
Aquellos detalles en los que ni Josef ni Sir Zayar habían reparado, por ser hombres, eran precisamente los que la señora Oksana estaba atendiendo ahora con tanta consideración.
"¿Quién podría mirarte en este momento y decir que te criaste en los callejones? Pareces un apuesto y distinguido joven noble."
"......"
Las palabras de Oksana eran un reflejo exacto de la realidad. Ahora mismo, Vlad lucía como la viva estampa de un joven honorable a los ojos de cualquiera. Quizá se debía a que no llevaba puestas las ropas despojadas a otro, sino unas prendas que se había ganado tras demostrar su propio valor.
Satisfecha con su obra, la señora Oksana aplaudió levemente y dejó escapar una sonrisa.
"...... Muchísimas gracias, señora Oksana."
Incapaz de sostenerle la mirada a aquella cálida sonrisa, el muchacho no tuvo más remedio que clavar los ojos en el suelo, abrumado sin motivo aparente.
"Salvaste la vida de mi hijo; en todo caso, soy yo quien debería estar agradecida."
Oksana acarició los cabellos dorados de Vlad mientras le respondía:
"Tienes un rubio verdaderamente intenso. Es un color que suscitaría la envidia de los mismísimos nobles. Transmite un aire totalmente distinto al de mi propio muchacho."
Vlad no logró hallar palabras para replicar y se limitó a mantener los labios sellados.
"Lamento haberte mandado llamar sabiendo lo ocupado que estás con tu entrenamiento. Ya puedes retirarte. Haré que terminen de arreglar las prendas restantes y las enviaré a tu habitación."
"De verdad, se lo agradezco mucho."
Vlad reunió el grueso montón de ropas que Oksana le había entregado y se dispuso a abandonar la estancia.
"Llévate también lo que está allí dispuesto."
"...... Sí."
Como si acabara de recordarlo en ese preciso instante, Oksana señaló con la mano un conjunto cuidadosamente doblado junto al marco de la puerta.
"Saber guardar el decoro incluso en los sitios donde nadie te ve es lo que define a un verdadero caballero."
"......"
Al mirar hacia el lugar que Oksana indicaba, los lóbulos de las orejas de Vlad se tiñeron de un rojo encendido. Lo que Oksana había apartado por separado era ropa interior.
El muchacho aún ignoraba que, en ocasiones, la consideración de una madre suele adentrarse de pronto hasta los rincones más íntimos.
\* \* \*
Siguiendo el rastro del ocaso que se extinguía, el corredor se teñía de un bermellón encendido. Vlad sintió que la brisa que soplaba ese día traía una calidez inusual, pero en lo más profundo de su pecho comenzaba a extenderse una incomodidad indescriptible.
'No logro adaptarme.'
Desde el mismo instante en que puso un pie en la mansión de la Casa Bayezid, se había esforzado denodadamente por encajar en aquel nuevo entorno; sin embargo, cada vez que lo intentaba, lo único que sentía era la certeza de ser alguien que no pertenecía a ese lugar.
Sentía como si estuviera engordando. Como si a su propia alma se le adhirieran capas de grasa innecesaria.
"......"
Al llegar a su habitación, Vlad soltó al fin el suspiro que llevaba largo rato atascado en el fondo de sus entrañas.
"...... Todavía no."
Al contemplar aquel cuarto asfixiantemente estrecho, Vlad experimentó por fin una sensación de sosiego. Este era su verdadero sitio. Al menos por ahora.
Tras depositar el montón de ropas sobre la cama, el muchacho se despojó del fino atuendo que la señora Oksana le había obsequiado. Luego, volvió a vestirse con las ropas de mercenario a las que tanto se había acostumbrado.
Al sentir la tela áspera raspándole la nuca, Vlad sonrió con amargura.
Aún no estaba preparado para portar las magníficas prendas que Oksana le había brindado. Por lo tanto, para esta noche, esta ropa era la que mejor le sentaba.
"En marcha."
Al entrar en la habitación había sido el Vlad de Shoara, pero al salir de ella volvía a ser el Vlad de los callejones. Esta noche necesitaba precisamente esa faceta.
El crepúsculo se apagaba. Vlad avanzó hacia el corredor donde la oscuridad comenzaba a adueñarse de las sombras. El paso del muchacho, dirigiéndose hacia un terreno que le resultaba familiar, era ligero y resuelto.
\* \* \*
Toc, toc, toc.
A la hora en que concluían las labores del día y cada quien se retiraba a sus aposentos para asearse y descansar, alguien llamó a la puerta de Portly.
"¿Quién es?"
Portly abrió apenas una rendija y asomó la cabeza fuera de su habitación, una estancia ciertamente más amplia que la de Vlad, pero demasiado angosta para almacenar la inmensa cantidad de salchichas y embutidos que poseía.
"¿Vlad?"
"¿Todo tranquilo por aquí?"
Al ver a Vlad con un semblante extrañamente animado, Portly no pudo evitar sonreír también. Aunque todavía no alcanzaban la categoría de amigos, al menos era la única persona en ese lugar que lo trataba como a un ser humano.
"¿Ocurre algo?"
"Vine a llevarme algo tuyo."
"¿A llevarte algo?"
Vlad echó un vistazo inquisitivo al interior de la habitación de Portly y, tras divisar lo que buscaba, alzó un dedo para señalarlo sin vacilar.
"Eso. Dame eso de ahí."
"¿Eso? ¿El jamón curado?"
La punta del dedo de Vlad apuntaba a una pieza entera de jamón curado, madurada con maestría artesanal. Era un manjar costoso, una carne en salazón que el propio Portly racionaba con suma devoción.
"¿Quieres que te dé eso? ¿La pieza entera?"
"Sí."
Ante la repentina exigencia de Vlad, que se presentaba entrada la noche pidiendo semejante manjar, Portly sintió una punzada de perplejidad mezclada con una honda amargura.
"...... Está bien."
Aunque no llegaran a ser amigos íntimos, al menos deseaba mantener una relación en la que pudieran compartir sonrisas de vez en cuando. Sin embargo, parecía que aquel muchacho venido de los bajos fondos no lo tenía en tan alta estima. Para él, probablemente solo era un sujeto del cual conseguir comida gratis.
Por muy acaudalada que fuera la familia de la que provenía Portly, entregar una pieza entera de jamón con cinco años de curación representaba un sacrificio doloroso en todos los sentidos.
"......"
Aun así, Portly le entregó la pieza de jamón sin rechistar. Después de todo, mañana no quería volver a comer solo. La soledad de estar aislado y la amarga exclusión de no pertenecer a ningún grupo eran cargas demasiado pesadas para que un muchacho de su edad pudiera sobrellevarlas sin quebrarse.
"...... Un caballero que conocí me dijo una vez unas palabras."
"¿Qué palabras?"
Portly pensó que, habiendo obtenido lo que quería, el muchacho se marcharía sin mirar atrás. Sin embargo, Vlad permaneció de pie en el oscuro corredor, dirigiéndole la palabra.
"Me dijo que un caballero solo toma aquello que constituye su justa recompensa."
"¿Eh?"
"Esta es la justa recompensa que me corresponde por adelantado. Así que no te sientas estafado."
"¿Eh? ¿Cómo dices?"
Incapaz de descifrar el auténtico sentido de aquellas palabras tan crípticas, Portly ladeó la cabeza con perplejidad.
"Si otros tipos vienen a tocar a tu puerta esta noche, no les abras. Y bajo ninguna circunstancia salgas con ellos."
"¿De qué estás hablando?"
"Tú solo haz lo que te digo."
Portly quiso indagar más a fondo sobre la advertencia de Vlad, pero el muchacho, que parecía pertenecer únicamente a la libertad de los vientos, ya se alejaba a paso firme por el corredor.
"Ten cuidado."
Portly le advirtió que tuviera cuidado al verlo marchar por el pasillo en sombras, desprovisto de una sola vela encendida, pero todo lo que recibió a cambio fue un simple y descuidado ademán con la mano al aire.
Al observar la espalda de Vlad hundiéndose progresivamente en la penumbra, Portly se limitó a ladear la cabeza una vez más y echó el cerrojo a su puerta.
\*Clic.\*
Mientras en su mente resonaban, una y otra vez, las palabras que Vlad acababa de pronunciar.
\* \* \*
El cielo de esa noche se mostraba despejado. No había una sola nube a la vista y el viento soplaba en calma absoluta. Además, al tratarse de una noche coronada por la luna llena, la oscuridad apenas lograba imponerse en la penumbra.
Bajo aquella noche resplandeciente, alguien profería alaridos de dolor.
"¡Aaargh...... Aaaagh!"
"Tú quédate tumbado en el suelo. Como se te ocurra moverte un solo milímetro, te juro que te reviento la cabeza."
Ante la feroz amenaza que resonó desde arriba, el escudero que yacía derribado sobre la tierra decidió quedarse completamente quieto. Aquel infeliz hablaba en serio; era perfectamente capaz de aplastarle el cráneo sin pestañear.
"Catorce hombres para cazar a uno solo me parece un exceso descarado. Ni siquiera los maleantes de pacotilla de los callejones caen tan bajo."
"¡Cierra la maldita boca!"
En un pequeño claro situado dentro de los terrenos de la mansión, bañado por la claridad de la luna llena.
Sobanin rugió con furia envenenada hacia el muchacho rubio que permanecía de pie, con la espalda firmemente apoyada contra el muro de piedra.
"¡Vamos a ver cuánto te dura esa chulería, pedazo de escoria!"
"Vaya, qué miedo, casi me orino encima."
A pesar de encontrarse cercado por los cuatro costados, Vlad se limitó a esbozar una sonrisa displicente.
"Acérquense. Ya que me he tomado la molestia de salir dócilmente hasta aquí, al menos deberían corresponder al gesto."
Al ver a Vlad hacerles señas con la palma de la mano, rezumando una burla descarada, todos los escuderos presentes tragaron saliva al unísono.
Aunque eran ellos quienes lo tenían rodeado, la sensación era más bien la opuesta: se sentían acorralados. Se trataba de un enfrentamiento entre un solo individuo y más de una decena de adversarios, pero, de un modo extraño e inexplicable, el ímpetu de la contienda se inclinaba hacia Vlad, erguido en absoluta soledad.
Todos ellos lo sabían bien. Sabían que, si se abalanzaban en masa, por mucho que se diera aires de grandeza, no tendría escapatoria alguna.
"Uuugh..."
"Sobanin..."
Sin embargo, el deplorable estado de los camaradas que ya yacían tendidos sobre la tierra los hacía vacilar. No solo constituían una estampa espantosa, sino que las posiciones en las que habían caído desparramados eran tan caóticas que volvían sumamente difícil articular una embestida coordinada. Semejaban, en verdad, una muralla erigida con cadáveres.
"¡Maldita sea!"
Al percatarse de que las cosas no marchaban según sus planes, Sobanin profirió un alarido ronco y comenzó a enfurecerse fuera de sí.
"¡Somos más que él!"
Una superioridad numérica indiscutible. Un entorno más privilegiado. Aquellos señoritos criados en las condiciones más favorables ladraban con patetismo mientras rodeaban a un único perro callejero.
"¿Van a dejar que ese bastardo siga campando a sus anchas?"
"P-Pero..."
"¡Les he preguntado si van a dejarlo!"
Por más que Sobanin desorbitara los ojos y vociferara con rabia, ninguno de los escuderos se atrevía a dar un paso al frente.
Pues la aplastante presencia del muchacho que tenían delante era mucho más feroz que los bramidos del propio Sobanin a su lado. Era una diferencia tan abismal que ni siquiera admitía comparación.
"..."
Bajo una sombra a la que ni la luz de la luna lograba alcanzar, un par de ojos azules ardían con fulgor.
"Ese malnacido..."
Esa misma mirada era la que los había acechado en la penumbra cuando alguno se apartaba de la manada, mostrándoles unos colmillos implacables. Los novatos de la camarilla de Sobanin, paralizados aún por el pavor de aquel instante, eran incapaces de mover un solo músculo.
"¡Yo iré primero, pedazos de inútiles! ¡Síganme el paso!"
Al ver a sus compañeros petrificados como un rebaño de ovejas aterrorizadas, Sobanin comprendió que no le quedaba más remedio que tomar la iniciativa.
"¡A él!"
Solo cuando Sobanin se lanzó al frente a la carga, los demás escuderos reaccionaron a trompicones y se precipitaron tras él, abalanzándose contra Vlad.
"Parece que hoy va a correr algo de sangre."
Al contemplar la marea de escuderos que corría hacia él, Vlad pensó que había tomado una sabia decisión al mudarse de ropa antes de presentarse allí.
Las prendas que la señora Oksana le había otorgado eran un lujo excesivo como para echarlas a perder con tipejos de semejante ralea.
"¡Juro que voy a matarte, bastardo!"
Al ver la sonrisa burlona de Vlad, Sobanin, cegado por la cólera, cargó con todo el ímpetu de su cuerpo.
"¡...!"
El tiempo no fluye con la misma premura para todos.
Para Sobanin, sumido en una embestida de furia ciega, apenas se trató de un pestañeo; pero para los escuderos que iban a su zaga, fue un intervalo interminable preñado de dudas.
En el instante preciso en que cruzaron miradas con las pupilas azules de Vlad, los escuderos frenaron en seco sus pasos sin siquiera advertirlo.
"... Justo así."
Tal y como Vlad había previsto, aquellos muchachos ya habían perdido por completo la voluntad de combatir.
La brecha entre Sobanin, que cargaba en solitario, y los escuderos, que se habían detenido, no cesaba de ensancharse.
'¡Solo necesito acertarle un golpe!'
Incapaz de discernir la situación, Sobanin no hacía más que alimentar su ira al ver la mofa impresa en el rostro de Vlad.
Una espada de madera blandida con todo el peso de su anatomía. Con que solo alcanzara a descargar un impacto sólido, por muy hábil que fuera aquel advenedizo...
"¡...!"
Sin embargo, los ojos de Sobanin se dilataron con espanto en plena carrera.
Con un movimiento casi imperceptible, la figura de Vlad ya se había deslizado hacia la izquierda. Había sido un juego de pies ondulante y fluido, idéntico al vaivén de las aguas.
¡Fasssh!
Habiendo errado su blanco, la espada de madera hendió con violencia la tierra.
Y cuando los terrones despedidos por el impacto golpearon con dureza su rostro:
"¿Alguna vez has matado a un hombre como para atreverte a soltar semejante bravata?"
Una voz gélida y punzante susurró al oído de Sobanin.
Aquella voz, nacida de entre las sombras, destilaba una sonrisa siniestra.
"Hijo de..."
¡Craaac!
"¡Kof!"
Un destello vertiginoso.
La dureza de un impacto brutal contra sus pulmones le arrebató el aliento a Sobanin, impidiéndole articular un gemido antes de tambalearse hacia atrás.
De inmediato, una estocada certera y despiadada voló en línea recta hacia su mandíbula.
"¡Ugh!"
A duras penas logró desviar el embate, pero Vlad continuó penetrando en su guardia sin concederle respiro alguno, como si ya hubiese anticipado aquella defensa.
Era una sucesión de golpes armónicos que fluían como una corriente impetuosa. No obstante, en el núcleo de cada envite latía la agudeza salvaje con la que Vlad había venido al mundo.
Era un temple tan ponzoñoso que parecía capaz de propagar veneno por las venas con solo rozar la piel.
'¡Está demente!'
Sobanin se sintió atrapado en un remolino colosal contra el que no tenía defensa posible.
'¡Y pensar que este infeliz apenas lleva dos meses sosteniendo una espada!'
Al enfrentarse a un Vlad inconmensurablemente distinto al de los entrenamientos cotidianos, el desconcierto más puro atenazó a Sobanin.
'Así es. Enciérralo en la distancia que tú mismo has tejido.'
"..."
Durante la expedición de exterminio, Vlad se había limitado a descargar mandobles impregnados de fuerza bruta.
Sin embargo, tras haberse templado bajo la rigurosa tutela de Sir Zayar y las doctrinas de la voz en su mente, Vlad había madurado lo suficiente como para orquestar su propio compás en mitad de una batalla real.
A ojos de un profano, la diferencia resultaría casi inapreciable, pero cualquiera que hubiese alcanzado cierto grado de maestría advertiría de inmediato que Vlad acababa de encaramarse a un nuevo peldaño marcial.
"¡Aaaagh!"
Hacia una cumbre a la que aquel jabalí salvaje que ahora recibía una paliza ni siquiera podía aspirar.
'¡Si sigo así...!'
Acosado por una lluvia de golpes que caía desde todos los ángulos, Sobanin estaba al borde del colapso.
Tenía que torcer el curso de la contienda. Dominado por esa urgencia, justo en el momento en que intentó extender su espada de madera hacia Vlad:
'¿Eh?'
Solo creyó distinguir un destello fugaz emanando de la madera que sostenía Vlad.
Y, junto a ese pensamiento, el mundo entero se inclinó de lado. Daba la sensación de que él permanecía estático mientras el suelo se precipitaba contra su semblante.
'¿Por qué?'
El manejo de la espada de Vlad ya rebasaba con creces la comprensión de un simple escudero.
El principio del golpe letal definitivo brota de lo imprevisto. Y lo imprevisto no es otra cosa que aquello que aguarda más allá de cualquier predicción. Justo como en este instante.
¡Bum!
Acompañado por un sordo estruendo, el cuerpo de Sobanin se desplomó como una cometa a la que le hubiesen seccionado el cordel.
"¡Ugh... aagh!"
Sobanin se retorcía sobre el fango, pugnando en vano por recomponer su maltrecha figura.
Lo único que alcanzaron a divisar sus pupilas desorbitadas fue la solitaria luna suspendida en el firmamento nocturno.
"Aprieta bien los dientes."
Y el rostro de alguien que surgió de la penumbra, eclipsando la luz de ese mismo astro.
"..."
Aunque quedaba velado a contraluz y no se apreciaban sus facciones con claridad, Sobanin tuvo la certeza irrebatible de que Vlad estaba sonriendo.
El vencedor arriba, el derrotado abajo.
El vencedor se apodera de todo.
¡Paaaf!
"¡Aaaaaagh!"
Cada vez que la espada de madera hendía el aire con un chasquido, la sangre salpicaba la hierba, acompañada por alaridos desgarradores e imposibles de contener.
Ante aquel castigo despiadado que rozaba los confines de la demencia, los demás escuderos retrocedieron paso a paso, dominados por un estremecimiento incontrolable.
"Kkkh... hiii..."
"... De ahora en adelante, ni se te ocurra mirarme a los ojos."
Vlad escupió a un lado de Sobanin, quien yacía temblando sobre el suelo, consumido a partes iguales por el dolor y por el terror.
La saliva cayó adhiriéndose con frialdad sobre la mejilla magullada de Sobanin.
"Y tampoco vuelvas a tocar al Gordito."
"Uuuugh..."
A pesar de semejante humillación, Sobanin se limitó a esquivar la mirada de Vlad por puro instinto de conservación.
'¡Iba a matarme de verdad!'
Acosado por una densa sed de sangre que experimentaba por primera vez en su vida, Sobanin asintió débilmente con la cabeza, reducido a la más absoluta impotencia.
Pues esa era una intención asesina que únicamente podía brotar de alguien que hubiese arrebatado vidas humanas en el pasado.
"Fuuu..."
Vlad alzó la cabeza y rotó el cuello para aliviar la tensión acumulada.
Su ajuste de cuentas contra Sobanin acababa de concluir. Y con él, la retribución por las raciones de jamón usurpadas.
Eran pequeñeces mundanas, pero eran actos que debía llevar a cabo, y que, además, deseaba cumplir con creces.
"¿Quién es el siguiente?"
Habiendo liquidado los deberes pendientes, ahora tenía vía libre para desatar su furia a placer.
Al erguirse, sus cabellos dorados empapados en sudor resplandecieron bajo el fulgor de la luna llena.
"He preguntado quién es el siguiente."
"..."
Empuñando la espada de madera teñida de escarlata, los ojos de Vlad centellearon con fiereza implacable.
Sin embargo, no hubo un solo hombre entre los presentes que osara responder a su reclamo.
"Si iban a acobardarse de esta manera, ¿para qué me provocaron?"
Desprovistos de su cabecilla y con la moral reducida a cenizas, los escuderos se limitaban a cruzar miradas de desconcierto, vacilando en la incertidumbre.
"Si no vienen ustedes, iré yo."
Oculto entre las sombras, Vlad dio un paso decidido hacia el claro iluminado por el rocío lunar.
La existencia no es más que una contienda perpetua. Habiendo nacido en los callejones, donde solo se come arrebatando el bocado ajeno y donde solo se respira alzándose victorioso, el muchacho lo comprendía mejor que nadie.
Por ese motivo, el joven continuaría hoy también abriéndose paso a través de las tinieblas, combatiendo sin concederse tregua ni fatiga.
Para sobrevivir. Y para consumar las otras venganzas que todavía aguardaban en su camino.
"... Espléndido."
Alguien asentía en la distancia mientras los alaridos de los escuderos se propagaban por el firmamento nocturno.
Contemplando aquel sangriento campo de batalla con una sonrisa satisfecha, sus ojos permanecían fijos sobre la silueta de Vlad.
Al igual que las estrellas esparcidas en la bóveda de la noche.
Bañada por la claridad de la luna, la espada de madera del muchacho todavía refulgía en la penumbra.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 29
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 28
Estás leyendo el capítulo 28 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.