Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 284 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!\*
Con cada paso que daba el coloso, parecía que el eje mismo de la tierra se estremecía.
Aun a la distancia, la vibración bajo sus pies era inconfundible. Sin embargo, a medida que ese temblor se aproximaba, una palidez de puro espanto se grababa en los rostros de los aldeanos.
"¡E-Ese monstruo va hacia el pueblo!".
"¡En el pueblo... en el pueblo todavía están los niños!".
Consuegra, enclavada en un rincón apartado de la Baronía Turlek, era una aldea tan apacible que jamás en su historia había afrontado una catástrofe semejante. Los lugareños, volviendo en sí del estupor, echaron a correr rumbo al caserío; empero, su tardía reacción resultaba desesperadamente lenta comparada con las zancadas agigantadas del coloso.
"¡Lord Sarnus! ¡Sálvenos, por favor!".
"¡Detenga al gólem! ¡Ese gigante se dirige al pueblo!".
Por ello, la única entidad a la que podían aferrarse era el dragón nacido de la perfección. Cayendo de rodillas sin que nadie diera la orden, las gentes comenzaron a suplicar ayuda a voz en cuello en dirección a Sarnus. Mas las pupilas azules del dragón ni siquiera se dignaron a posarse sobre los desdichados que imploraban.
"¿Acaso te es imposible controlarlo?".
"¿C-Cómo? No, bueno, no es que sea del todo...".
"Sé sincero".
Samonte intentó hilvanar alguna excusa desesperada, pero por alguna razón las palabras se le atascaban en la garganta ante la imponente presencia de Sarnus. El mundo de Sarnus era uno que, cuanto más se alzaba la vista para contemplarlo, más inmenso e inalcanzable se volvía. Sus ojos, desprovistos de titubeo al ostentar la condición de soberano legítimo, emanaban una majestad imposible de quebrantar.
"... Lo lamento".
Fue una confesión de fracaso pronunciada sin pizca de aliento. Samonte, consciente de haber echado por tierra la última oportunidad que le restaba, se hundía en una abismal desesperación; mas en los labios de Sarnus, al escuchar la respuesta, se dibujó una sutil sonrisa.
"Mejor así".
"¿Eh?".
Más allá de las gentes que se arrastraban rogando clemencia, se alzaba el titánico gólem. Avanzaba a paso enfurecido contra Consuegra, pero para Sarnus el experimento aún no había concluido en derrota.
"Después de todo, ¿no fue creado este gólem para lidiar contra la raza de las bestias del sur? Probarlo aquí mismo tampoco es una mala idea".
"...".
Aquel gólem que se había alzado tras devorar los chillidos de los jóvenes espíritus nació desde el principio con el único fin de arrasar. Por tanto, aquello a lo que Sarnus prestaba atención no era a un control meticuloso del autómata, sino a cuántas cosas era capaz de pisotear y pulverizar a su paso.
"¡A-Así es! ¡En ese aspecto puedo asegurarle un éxito absoluto!".
El mundo gobernado por el dragón perfecto debía ser un orbe impoluto, desprovisto de la más mínima mota de imperfección. Quienes rechazaran dicho orden no eran sino manchas que debían ser erradicadas de la faz de la tierra. En el mundo de Sarnus, que solo contemplaba el objetivo fijado al frente, ni el clamor desesperado de los campesinos ni el llanto de agonía de los espíritus hallaban el más mínimo eco.
"¿Hum?".
Sin embargo, había un hombre. Un hombre cuya silueta lograba rasgar y alcanzar el mundo de Sarnus.
'¡Aguanten solo un poco más!'.
Un varón poseedor de un potencial tan deslumbrante que incluso los dragones debían mantenerse en guardia. En ese preciso instante, aquel individuo bajaba la colina a zancadas colosales, cargando de frente contra el monstruoso gólem.
'¡Lo detendré enseguida!'.
"Kihano... Frausen".
El hombre que no había estado en el lugar donde el dragón le ordenó aguardar: Kihano Frausen. Con todo, allí estaba él, corriendo para ocupar el sitio que verdaderamente le correspondía, brillando con la misma intensidad que aquel muchacho de antaño.
※※※※
\*¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!\*
Solo la conmoción transmitida a través del aire parecía hacer vibrar las vísceras en su pecho. Mas mientras se deslizaba por la pendiente de la colina, Kihano no se concedió ni un instante de vacilación.
'¡A este paso, alcanzará el pueblo!'.
No hacía falta prestar oídos a los rencorosos lamentos de los espíritus para comprenderlo. En este preciso instante, el molino de Samonte avanzaba en línea recta contra el caserío. Si aquel gólem que bramaba con furia ciega llegaba a pisar el poblado, no se requería demasiada imaginación para vislumbrar la masacre que se desataría.
"¡No voy a permitir que te salgas con la tuya!".
Desenvainando su espada, Kihano se pegó con rapidez a los pies del gólem. Era una distancia sumamente peligrosa donde corría el riesgo de ser aplastado en cualquier segundo; no obstante, los ojos resplandecientes de Kihano se limitaron a calcular con serenidad el empeine del pie del gigante conforme descendía contra la tierra.
\*¡Pum!\*
"¡Uno!".
\*¡Pum!\*
"¡Dos!".
Hubo un tiempo en mi niñez en el que creía que cualquier objetivo, por imposible que pareciese, podía conquistarse. En aquellos días, jamás temblé de miedo ante adversario alguno.
\*¡Pum!\*
"... ¡Tres!".
Sin embargo, una vez investido por la cruda realidad, tras descubrir quién era yo en verdad, me convertí tan solo en un pobre y desdichado Kihano, muy lejos de la figura con la que soñaba de pequeño.
Y para que ese yo volviese a brillar una vez más, Kihano saltó sobre el empeine del pie del gólem.
\*¡Bum!\*
"¡Uuugh!".
Los terrones de tierra que salían disparados contra su rostro eran brutales, y el vendaval que azotaba era filoso. Condiciones adversas que para un humano ordinario resultarían insoportables. No obstante, sin soltar el agarre por nada del mundo, Kihano fue ascendiendo junto al pie del gigante que se alzaba en el aire. La mirada del muchacho que contemplaba el firmamento desde las profundidades de su mundo se aproximaba más y más al cielo.
"¡El freno de emergencia!".
Para prever cualquier contingencia, Samonte había dispuesto tres dispositivos de detención.
El primero, en la rodilla izquierda.
El segundo, en el centro de la cintura.
Y el tercero y último, en el eje rotatorio de las aspas que aún giraban con ferocidad desatada.
"¡Primero la rodilla!".
En cuanto el pie del coloso alcanzó su punto más alto, Kihano comenzó a trepar a toda prisa hacia arriba. Era aquel milimétrico instante en el que el pie se detenía antes de volver a pisar el suelo. Ese fugaz pestañeo representaba la única oportunidad en la que Kihano podía maniobrar con libertad.
"¡Ugh!".
Sentía remordimiento por mi yo del pasado. Por haberme quedado de brazos cruzados cuando aún disponía de tiempo suficiente. Mas el tiempo que aún le restaba le brindaba a Kihano una mínima rendija de oportunidad; no podía permitirse desperdiciar este último resquicio.
"¡Haaaaap!".
Desde aquel pie izquierdo que se precipitaba con temible ímpetu hacia la tierra, Kihano se propulsó hacia lo alto. Un salto en el que apostó la vida entera en el aire, sin un solo asidero bajo sus botas. Parecía una pirueta suicida, pero demostrando que su juicio era acertado, la rodilla del gigante descendía justo ante la figura de Kihano suspendida en el aire.
\*¡Crash!\*
"¡Kgh!".
Una lluvia de metralla y astillas le rozó la mejilla. A pesar de que un reguero de sangre fresca le surcó la piel, Kihano fue capaz de sonreír, pues acababa de hallar lo que tanto anhelaba.
"... Lo encontré".
Una diminuta marca que pasaría inadvertida a menos que se escudriñara con sumo cuidado. Aferrado apenas a la juntura de la rodilla, Kihano contempló ante sus ojos el mecanismo señalado con un punto rojo brillante.
"¿Por qué no nos detenemos un momento a charlar?".
La espada que Kihano empuñaba en guardia invertida destelló con una luz pura. Un fulgor tan radiante que aun Sarnus, observando desde la lejanía, pudo distinguirlo con total nitidez.
"¡Haaaap!".
\*¡Krr-chac!\*
Un pequeño engranaje oculto en las oscuras entrañas mecánicas del gigante. La rueda dentada que gobernaba la articulación de la rodilla comenzó a saltar en mil pedazos bajo la punta de la espada de Kihano.
\*¡Groooaaar!\*
※※※※
\*¡Ruuuumble!\*
Ante la súbita sacudida del gólem, un flanco entero de la colina se vino abajo. Como si fuera incapaz de soportar aquella mole tan desmedida, la colina de Consuegra vomitó cascadas de tierra negra. Los aldeanos apostados en la loma vecina se cubrieron la boca entre gritos de asombro; no obstante, la mirada de unos cuantos se clavó en un diminuto destello que brillaba sobre el cuerpo del titán.
"¿Qué es eso?".
Un destello insólito que refulgía en medio de la densa polvareda grisácea. Aquella luz, que con movimientos ágiles había ascendido desde la rodilla hasta el torso del gólem, clamaba a viva voz en ese instante:
'¡Párate de una maldita vez!'.
"... ¡Es una persona! ¡Es un ser humano!".
"¡¿Cómo diantres puede haber alguien ahí arriba?!".
\*¡Kuuuoooh!\*
Con la pierna izquierda inutilizada y trabada, el gólem rugió con furia ensordecedora. Mas por imponente que resultara aquel alarido, lo que magnetizaba las pupilas de los campesinos era la figura de Kihano descargando tajos incesantes con su espada.
"... ¡Kihano! ¡Es el caballero Kihano!".
"¡Kihano de Frausen! ¡El mismo que se hospedaba en nuestra posada!".
La aniquilación continuaba marchando hacia la aldea; empero, los caballeros de escolta de la comitiva permanecían de brazos cruzados, y los ojos de Sarnus al contemplar la escena eran de puro hielo. Aquellos que estaban en el lugar donde debían estar, pero que se negaban a hacer lo que su deber les dictaba. En medio del terror generalizado, aún quedaba un auténtico caballero dispuesto a cumplir con su deber para protegerlos.
"¡El caballero Kihano está destruyendo al gólem!".
"¡Oh, santo cielo misericordioso!".
Un adversario descomunal para ser desafiado por un simple mortal. Detener a semejante coloso con la única fuerza de sus brazos era, a todas luces, un sueño imposible; sin embargo, ante los aldeanos se erguía un hombre capaz de transformar semejante delirio en tangible realidad.
"... ¡Con esto van dos!".
Las gotas de sudor que resbalaban por su barbilla caían sobre el punto carmesí. Agotado hasta la médula, incluso la punta de su espada vacilaba por la fatiga; no obstante, en la mirada que Kihano clavaba en su objetivo no cabía la menor debilidad.
\*¡Chas!\*
\*¡Groooaaar!\*
Con esto iban dos. Habiendo destrozado el mecanismo de detención de la cintura, el tren inferior del gólem comenzó a agarrotarse y petrificarse como si ya no pudiera dar un solo paso más.
"¡El caballero Kihano está abatiendo al molino!".
"¡Kihano, el hijo de Frausen!".
"¡El orgullo de la ciudad de La Mancha se alza ante nosotros!".
"...".
Los clamores enfervorecidos de la multitud resonaban hasta alcanzar a Kihano. Eran la admiración y los vítores dedicados al caballero que defendía el mundo de aquellos que nada podían hacer por sí mismos. Mas a espaldas de aquel regocijo, un dragón entrecerraba sus ojos con gélida malevolencia.
"¡Al fin se detuvo! ¡Lord Sarnus!".
Los aldeanos daban las gracias a gritos, pero no al dragón que tenían delante, sino al caballero que luchaba en las alturas. Aquellas voces hacían hervir la sangre en el pecho de Sarnus; no obstante, el ignorante Samonte se aproximó suspirando con alivio mientras se frotaba el pecho.
"No sé cómo lo ha logrado, pero Kihano ha debido de manipular los frenos de emergencia... La parte inferior ha quedado inservible, ¡pero el torso aún conserva total movilidad!".
"¿Puede moverse todavía?".
A través del ojo izquierdo que Sarnus entrecerraba, el mundo de Kihano se asemejaba a una flor marchita y lacerada. Sin embargo, por muy herida y abatida que estuviese una flor, mientras albergara un sueño, era capaz de alzarse algún día hasta rozar las estrellas.
"Si es así, habrá que ponerlo a prueba de inmediato".
Sarnus asintió con una sonrisa feroz mientras contemplaba aquella flor. Al mismo tiempo, deslizó un dedo por su propio cuello en un gesto inequívoco de degüello.
"¿Qué me dices? Si logras hacerlo, te prometo mi respaldo incondicional de aquí en adelante".
"...".
El cielo en las alturas era un reino reservado exclusivamente para los dragones perfectos. Al ver cómo aquel potencial pisoteado comenzaba a recuperar sus verdaderos colores, Sarnus susurró con voz helada:
"Mátalo".
※※※※
"¡Haaah... haaah!".
Arrastrando un cuerpo exhausto hasta el límite, Kihano escalaba el molino de viento. Aunque el gólem permanecía ahora inmóvil, soltando alaridos hacia el caserío, a Kihano todavía le restaba una tarea pendiente.
'¡Duele! ¡Duele demasiado!'.
'¡Que alguien nos saque de aquí, por favor!'.
"... Esperen solo un poco más".
Incluso ahora, desde la cúspide del molino descendían aquellos clamores. Los lamentos de los jóvenes espíritus que la multitud que vitoreaba a sus espaldas era incapaz de oír. Hacia esa voz que solo él en este mundo podía comprender, Kihano trepaba con afán en busca del último mecanismo de freno.
'¡Kihano!'.
"¡...!".
En ese instante, una voz estalló como un trueno dentro de la mente de Kihano. Era la advertencia desesperada que el mago enlazado a él mediante su plano mental acababa de proferir.
'¡Mira arriba!'.
Acaso por hallarse al borde de la extenuación, una sed de sangre implacable que en condiciones normales habría detectado al instante mostraba ahora sus fauces voraces sobre la cabeza de Kihano.
"... ¡¿Y ahora qué demonios es eso?!".
El brazo derecho del coloso, alto como una cordillera, se precipitaba directamente contra Kihano. Parecía exactamente como si un meteorito se desplomara desde el cielo. Sin embargo, para cuando Kihano se percató del peligro, ya no quedaba escapatoria alguna ante sus ojos.
'¡Salta!'.
En ese instante, una extraña sensación ascendió serpenteando por sus piernas. Era el misterio arcano del mago, transmitido a través del contacto directo entre sus mundos.
'¡Salta como una rana de una maldita vez!'.
"¡...!".
A través de la superficie donde tú y yo nos entrelazamos, nuestro mundo puede expandirse aún más. Por ello, el mundo ensanchado de Kihano adoptó de repente las facultades de las ancas de Andrew.
\*¡Baaaaam!\*
Un impacto colosal que no reparó en pulverizar su propia estructura. Ante la lluvia de esquirlas y metralla que salió despedida en todas direcciones, Samonte alzó un brazo para escudarse con el mando en la mano; sin embargo, muy por encima de esa mano, una sombra se remontó hacia los cielos.
"¡Por eso le dije que se transformara en un gorrión en vez de en una rana!".
\*¡Zaaas!\*
La potencia de salto de una rana puede superar con creces hasta veinte veces la longitud de su propio cuerpo. Por ello, el impulso de Kihano lo propulsó con tanta fuerza que parecía dispuesto a mirar por encima del hombro a aquel molino que antes se antojaba inalcanzable.
"¡¿Y cómo demonios se supone que voy a bajar?!".
Aunque solo fuera por una fracción de segundo, Kihano había alcanzado el punto más alto de este mundo. Al contemplar aquel cielo con el que antaño soñó en su niñez, el pequeño muchacho que habitaba en el interior de Kihano sonrió con radiante felicidad.
※※※※
"¡Buena posición!".
Al divisar a Kihano remontándose hasta el firmamento, Andrew comenzó a recitar encantamientos a toda prisa.
"¡¿De qué buena posición habla?! ¡A este paso el señor Kihano va a matarse!".
En el fondo de una jofaina de latón abollada, Andrew cerró los ojos en profunda concentración. Al verlo flotar con serenidad en el agua que colmaba el recipiente, Jan lo llamó con desesperación, pero los ademanes místicos de Andrew ya habían trascendido más allá de la bóveda celeste.
"... Nubes de Mambrino. ¡Ahora las convoco!".
Las nubes de Mambrino, un misterio más formidable que cualquier otro prodigio a su alcance. En condiciones ordinarias habría sido una magia inasumible, pero en comunión con aquel místico yelmo de oro, le sería posible tomar prestado su poder durante un breve instante.
"A los nobles ideales les corresponden las nubes azuladas".
\*¡Ruuuumble!\*
Sobre el cielo por el que Kihano ascendía, densas nubes de un azul profundo comenzaron a arremolinarse.
"Y al sueño imposible le corresponde el relámpago níveo".
\*¡Krr-baaaang!\*
Al unísono, centellas de un rayo blanco e inmaculado comenzaron a congregarse. Una tempestad eléctrica nacida de la nada tiñó de blanco la colina de Consuegra.
"¡Que los colores que ahora esparzo engañen al mundo!".
La forma que ahora exhibía era la de una insignificante rana. Sin embargo, en sus días de mortal, el nombre con el que todos lo aclamaban era el gran mago de Mambrino: Andrew, el Invocador de Rayos.
"¡Uaaaarggh!".
Sobre la colina donde los espíritus sollozaban, un torrencial aguacero comenzó a precipitarse.
Y entonces hendió el aire el resplandor de un rayo blanco.
Junto a la lluvia capaz de lavar hasta la última lágrima, Kihano descendía trayendo consigo una estrella desde el firmamento.
"¡Con esto termina todo!".
El relámpago blanco que descendía en rescate de los pequeños espíritus que clamaban por él. Aquel rayo que el muchacho abrazaba con toda su alma prendió fuego al ojo izquierdo de Kihano y se precipitó en picada contra el molino de Samonte.
\*¡Kaaa-baaaang!\*
Una flor estaba floreciendo.
La flor de aquel muchacho que, por haber creído en sí mismo, logró alcanzar las estrellas. Un esplendor tan deslumbrante que forzó al mismísimo dragón a desviar la mirada tiñó de blanco la colina de Consuegra mientras quebraba, una a una, las aspas del molino.
※※※※
Soñar el sueño imposible.
Vencer al adversario invencible,
soportar el dolor insufrible,
morir en aras de un noble ideal.
Enmendar los agravios injustos,
amar con pureza y devoción.
Enamorarse en el seno del sueño imposible,
y así, aferrado a la fe, alcanzar las estrellas.
Pues esa es la misión y el deber de un auténtico caballero.
\[De la novela Don Quijote\]
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 285
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 284
Estás leyendo el capítulo 284 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.