Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 283 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*¡Klang! ¡Klaaang!\*
Un estrépito metálico resonaba en el interior del oscuro molino de viento.
Un sonido que nacía en el punto más elevado de la estructura y se propagaba hasta las profundidades del suelo. Ante aquel estruendo repentino, incluso los espíritus que yacían desfallecidos alzaron la cabeza.
\*¡Chas!\*
Tanta era la fuerza con la que descargaba sus golpes que de la espada que blandía saltaban chispas incandescentes. No obstante, en el cilindro de cristal de Samonte no se vislumbraba ni un solo rasguño; a estas alturas, a Kihano no le quedaba más remedio que comprenderlo.
"... Es magia".
El cilindro de vidrio que aprisionaba a los jóvenes espíritus era transparente, pero su interior rebosaba del misterio mágico que Samonte había implantado. Con toda probabilidad, aquel misterio engañaba al mundo y desviaba o amortiguaba el filo de la espada de Kihano.
"Andrew. ¿No hay ninguna manera de romper esto?".
"... No de inmediato. Tal vez si me dieses algo de tiempo".
"¡Si lo que menos tenemos ahora mismo es tiempo!".
Andrew había sido un mago eminente y noble, pero eso había sido cuando aún conservaba su forma humana. Exigirle una solución instantánea en su estado actual era, a todas luces, pedir un milagro imposible.
"Maldita sea".
Con la garganta seca por el apremio, Kihano tragó saliva con dificultad. Se sentía exactamente como si lo hubiesen acorralado contra un callejón sin salida. Sin embargo, a diferencia de sus manos que permanecían momentáneamente quietas, las pupilas de Kihano se movían con frenética agilidad.
"No me diga que le untó ese misterio protector a todos y cada uno de los artefactos, ¿verdad?".
Por encima de la pequeña serpiente, que abría los ojos desmesuradamente atónita, pendía una multitud de mecanismos y engranajes. Resultaba imposible discernir para qué demonios habían instalado semejante maraña, pero al menos uno de ellos debía de ser el artefacto encargado de mantener atados a los espíritus.
"... Hace un rato vi algo parecido a un plano rodando por el suelo".
Al contemplar aquellos dispositivos y evocar el plano que había visto momentos antes, Kihano se humedeció los labios con lentitud. Por complejo que fuera un artefacto, desmontarlo no era más que seguir el proceso inverso al ensamblaje. O más aún: aunque no supiera la forma exacta de desmontarlo, ¿no sería capaz al menos de localizar sus puntos más débiles?
\*¡Ruuuumble!\*
"¡Ugh!".
Kihano acababa de vislumbrar un método para intentarlo de nuevo, pero por desgracia el tiempo ya se había agotado.
"¡¿Pero qué demonios es esto?!".
Ante una sacudida tan violenta que parecía un terremoto repentino, Kihano se arrojó de inmediato cuerpo a tierra contra el suelo. Sin embargo, por más que aguardaba, la vibración que se originaba desde las entrañas del molino no daba la menor señal de detenerse.
"¿Es un terremoto?".
"¡No! ¡Esto no es ningún terremoto!".
\*¡Krr-krr-krr-krrr!\*
Ante el chirrido atronador que ascendía desde la base, Kihano asomó la cabeza hacia abajo y contempló una escena que lo dejó pasmado.
"¡...!".
Desde el fondo del molino, las ruedas dentadas estaban poniéndose en marcha. Y no eran unas cuantas: eran decenas, cientos, ¡miles de engranajes! Al ver aquellos engranajes encajarse unos con otros y girar estrepitosamente como si una marea de hierro cobrara vida, a Kihano se le erizó el vello de la nuca.
'¡Aaaaargh!'.
'¡Basta ya, por favor!'.
"¡...!".
Al mismo tiempo, a su espalda, estallaron los chillidos desgarradores de los jóvenes espíritus. En el interior de los tubos de cristal que refulgían como velas encendidas, los pequeños espíritus se retorcían en alaridos de indecible tormento.
"¡Esto no es un molino de viento!".
\*¡Ruuuumble!\*
Acompañado por un bramido similar al trueno que rasga el cielo, el molino de viento de Samonte comenzó a erguirse. El coloso que el dragón perfecto había deseado y que el mago caído había engendrado en Consuegra.
"¡Es un gólem!".
Aquello que al fin revelaba su verdadera identidad era la cumbre de la magitecnología: un gólem. Acaso el gólem más colosal sobre la faz de la tierra se ponía lentamente en pie, engullendo a su paso los gritos y lamentos de los jóvenes espíritus.
\*¡Kroooaaar!\*
※※※※
\*¡Ruuuumble!\*
Sobre la colina de Consuegra, hasta hacía un instante apacible, retumbó un fragor ensordecedor.
Era el estrépito originado por el molino de viento que se levantaba lentamente cuan largo era. Al contemplar cómo el edificio que hasta hace un parpadeo no era más que un molino se ponía en pie de forma gradual, los aldeanos prorrumpieron en agudos gritos de espanto.
"¡Por Dios santo, ¿qué es eso?!".
"¡El... el molino se está poniendo de pie!".
Era una escena tan aterradora que les hizo olvidar por completo la presencia del dragón que tenían delante. Alzando una cabeza afilada que parecía capaz de perforar el firmamento y levantando un armazón consumido por el óxido, el molino de Samonte se alzaba imponente. Ante semejante figura grotesca jamás vista en sus vidas, la multitud contuvo el aliento, privada del habla.
"¿Qué le parece, Lord Sarnus?".
Sin embargo, en medio del unánime silencio de todos, únicamente el mago Samonte, incapaz de sofocar su exaltación, extendía los brazos hacia lo alto.
Su estirpe había caído en la ruina y la facción mágica a la que pertenecía lo había expulsado con deshonor. Pero en este preciso instante, nadie de los presentes se atrevería a desdeñarlo; el rugido del gólem que aullaba en las alturas no era sino el clamor victorioso del mismísimo Samonte.
"¡Contemple! ¡Admire su imponente majestad!".
\*¡Kuuuoooh!\*
Por fin, el coloso erguido sobre sus dos piernas soltó un bramido atronador, como anunciando su llegada a este mundo. La estampa de Samonte soltando una risotada desquiciada al compás de ese rugido encarnaba a la perfección a un mago consumido por la demencia.
No obstante, en las pupilas azules del dragón que los contemplaba solo brillaba una sonrisa gélida.
"Excelente, Samonte".
Hasta ahora se había camuflado bajo la forma de un molino de viento, pero su verdadera naturaleza era la de un gólem gigantesco alumbrado por la locura del hechicero. Una ferocidad monstruosa que se palpaba aun desde la lejanía, tanta que incluso el imperturbable Sarnus curvó los labios en una sonrisa complacida.
"... Santo cielo".
Su escala era tan colosal que parecía capaz de desmoronar la propia colina sobre la que se alzaba. Aunque los lugareños habían quedado estupefactos ante su imponente porte, al ver que el gólem comenzaba a acortar distancias, fueron regresando poco a poco a la cruda realidad.
\*¡Pum! ¡Pum!\*
"¿Eh?".
\*¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!\*
"¿E-Eh?".
Tan gigantesco era que con cada zancada avanzaba una distancia descomunal. Mas a medida que el gólem daba un paso tras otro hacia ellos, en los rostros de los aldeanos la reverencia por lo desconocido fue reemplazada por un pavor desbocado.
"¿H-Hacia dónde se dirige esa cosa?".
"¡Esa dirección... va hacia el pueblo!".
Porque el gólem que tenían ante sus ojos marchaba en línea recta hacia sus propios hogares. Arrastrando aquel cuerpo titánico que nada en este mundo parecía capaz de frenar, el molino de Samonte enfilaba rumbo a Consuegra.
Sin embargo, quien más desconcertado se hallaba en ese instante no eran los aldeanos ni tampoco Sarnus, sino el mismísimo artífice que había creado al gólem: Samonte.
"¡¿Q-Qué significa esto?!".
Sacudió con frenesí la palanca de control que empuñaba, pero el gólem ni se inmutó. Tan solo continuaba dando pesadas y enfurecidas zancadas hacia el enclave donde se apiñaban los humanos. Ante aquella reacción totalmente imprevista del autómata, el rostro de Samonte comenzó a palidecer por segundos.
"L-Lord Sarnus...".
"¿Qué ocurre?".
"E-Es que...".
\*¡Kuuuoooh!\*
Como si sus pasos previos hubiesen sido un mero ensayo, el gólem de Samonte empezó a acelerar la marcha. Al ver cómo se desplazaba expulsando densas columnas de vapor cual bestia enfurecida, solo entonces Sarnus comenzó a advertir la gravedad del asunto.
'¡Los mataremos a todos!'.
Junto al rugido ensordecedor del coloso, resonaban unas voces que amenazaban con reventar los tímpanos. Eran murmullos que ningún humano ordinario de los presentes podía percibir, pero que pertenecían a los jóvenes espíritus que hasta hacía poco vagaban desamparados por la colina.
'¡Ustedes también deben sentir el mismo dolor!'.
Mundos tiernos y vulnerables que habían resultado heridos porque nadie dio un paso al frente para protegerlos. En ese instante, aquellos mundos desataban una cólera que no tenía a dónde acudir, bramando con odio ciego contra la humanidad.
※※※※
"¡Kaaagh!".
\*¡Krr-chac! ¡Krr-chiiic!\*
Kihano sufría lo indecible ante el calor abrasador que brotaba sin descanso a sus espaldas. Un calor tan implacable que obligaba a cerrar los ojos a la fuerza, emanado del mismo punto donde hasta hacía poco se encontraban los jóvenes espíritus. Sin embargo, lo que atormentaba a Kihano en este momento no era la furia incandescente desatada por los elementales.
"¡Esto está demasiado alto!".
"¡¿Quiere callarse un momento?!".
Allí estaba Kihano, aferrado de forma precaria al extremo del aspa del molino que acababa de ponerse a girar. Si ya de por sí era la estructura más alta cuando no era más que un edificio, ahora que se movía, el molino de Samonte rozaba el cielo a una altura aún más vertiginosa. Kihano apenas había logrado escapar con vida del torbellino de calor explosivo, pero lo que lo aguardaba afuera eran las aspas oxidadas y colosales que daban vueltas y más vueltas.
"¡Debí haberme transformado en un gorrión en vez de en una rana!".
"¡Si lo hubiera hecho, al menos habría sido más adorable!".
Andrew pataleaba con las ancas presa del pánico, pero no era como si Kihano estuviese menos aterrado.
"... ¿No le parece que mi cabeza acaba de rozar una nube?".
Una colina empinada, un gólem colosal y él mismo balanceándose en la punta más extrema de un aspa. Jamás en su vida había estado tan cerca del cielo; al sentir el aire gélido de las alturas, Kihano soltó una risita boba como si hubiese perdido la cordura por un segundo.
"¡Ahora vamos hacia abaaaaajo!".
"¡Aaaaaagh!".
No obstante, todo ser carente de alas está destinado a caer tarde o temprano. Cuando el aspa, tras alcanzar su cénit, comenzó a descender de nuevo en dirección a la tierra, a Kihano no le quedó más remedio que apretar los dientes con fuerza.
"¡Ni cuando salí del vientre de mi madre sentí tanto vértigo!".
Una sensación de ingravidez inverosímil le hacía cosquillas como si el bajo vientre fuera a estallarle, pero esta vez no podía permitirse cerrar los ojos como antes.
\*¡Pum! ¡Pum!\*
Porque las pisadas del gólem que retumbaban allá abajo se escuchaban cada vez más cercanas. Lo que significaba, en otras palabras, que estaban aproximándose al suelo. Habiendo fallado ya tres intentos de aterrizaje que se saldaron con planeos vertiginosos que casi le paran el corazón, Kihano no tenía el menor deseo de volver a saborear las nubes con la lengua.
"¡Agárrese fuerte!".
Los ojos de Kihano, suspendido en el filo del aspa, brillaron intensamente. Era la mirada afilada que solo un espadachín capaz de detectar el instante preciso podía ostentar.
"¡...!".
En el instante exacto en que el aspa giratoria y la rodilla del gólem estuvieron a la menor distancia posible, Kihano aprovechó esa milimétrica fracción de segundo y se lanzó al vacío como una ardilla voladora. Se oyó el alarido histérico de la rana que lo acompañaba, mas la silueta de Kihano ya volaba por los aires rumbo al siguiente punto de apoyo.
"¡Ugh! ¡Hip! ¡Uuuf!".
A menos que uno poseyera un temple de acero, a nadie en su sano juicio se le ocurriría saltar desde un gólem en pleno movimiento. Su grado de dificultad equivalía a descender de un edificio que se derrumba saltando de escombro en escombro.
"¡¿Aún no?! ¡¿Todavía no tocamos tierra?!".
"¡Si abriera los ojos lo sabría!".
"¡Te digo que los tengo cerrados del miedo!".
Sin embargo, en ese instante Kihano descendía hacia el suelo con una precisión milimétrica, pisando exactamente los salientes que había calculado de antemano. Era un movimiento tan fluido y grácil que Jan, quien lo seguía a lomos de su asno, contemplaba la escena boquiabierto y perplejo.
"¡Y ahora, el último!".
Un movimiento elegante que solo alguien capaz de comprender a la perfección el mecanismo motriz del gólem podía ejecutar. Descendiendo como agua que fluye a lo largo de esa trayectoria, Kihano intentó el salto definitivo hacia la pradera.
"¡Aaaaah!".
"¡Kuaaaac!".
Aunque el aterrizaje distó mucho de ser glorioso.
A espaldas del gólem que se alejaba haciendo retumbar el suelo, Kihano rodó colina abajo como un tronco por la empinada cuesta.
"¡Señor Kihano! ¡¿Se encuentra bien?!".
"...".
El rostro de Kihano estaba tan demacrado que costaba trabajo articular una sola palabra para preguntar qué había pasado. Su melena castaña, despeinada y erizada sin piedad por el viento furioso, era un poema aparte. Con todo, tras comprobar que sus dos pies tocaban tierra firme, Kihano recompuso sus temblorosas piernas como pudo e hizo un gesto hacia Jan.
"Saca una poción de la mochila. Hay una de color verde".
"¿Esta?".
"Sí, esa misma".
En el frasco de vidrio que extrajo Jan oscilaba un líquido verde de aspecto siniestro. Pero en cuanto Kihano recibió la botella, no titubeó un segundo en destaparla y vaciar su contenido de un trago en la boca.
"¡Puaj! ¡Cof, cof!".
El sabor amargo y concentrado a resina de pino atormentó la lengua de Kihano. El penetrante aroma que brotó de su aliento fue tan potente que incluso Andrew, que yacía panza arriba como si estuviera muerto, abrió de golpe los ojos que mantenía cerrados.
"... Por cierto, ¿hacia dónde demonios se dirige ese bicho?".
Habiendo recobrado la lucidez gracias al efecto del brebaje, lo que Kihano divisó fue la silueta del gólem arremetiendo contra Consuegra. Como si estuviera decidido a arrasar el pueblo, del coloso que embestía emanaban aún los desgarradores lamentos de los espíritus.
"Parece que el gigante está furioso por algo. Sus ojos están inyectados en sangre".
"No son ojos, imbécil, son ventanas".
Al percatarse de la gravedad de la situación ante el eco furibundo de los espíritus, Kihano llamó apresuradamente a Andrew.
"¡Viejo! ¡Despierte de una vez!".
"Uuuugh... ¿Dónde estamos?".
"¡Espabile rápido y prepárese tal y como acordamos antes!".
Tras sacudir a Andrew para obligarlo a reaccionar, Kihano se ajustó la vaina de su espada al cinto y clavó la mirada colina abajo. En la ladera de Consuegra se extendían huellas titánicas hendidas en la tierra. Hasta hacía poco había sido una colina cubierta de hierba verde, pero en la senda que el gólem dejaba a su paso no quedaba más que un rastro desolado de tierra ennegrecida.
"... ¿Señor Kihano? No me diga que piensa volver a enfrentarse a ese gólem, ¿verdad?".
Al ver que Kihano volvía a ajustar sus pertrechos, Jan abrió los ojos desmesuradamente con alarma, pero en la mirada de Kihano ya no cabía duda alguna: estaba firmemente resuelto.
"Al menos una persona tiene que dar un paso al frente".
"¿Cómo?".
Jan no podía escucharlo, pero en los oídos de Kihano aún resonaban nítidos los gritos desgarradores de los jóvenes espíritus. Al compás de ese clamor, el pequeño muchacho que dormía en el interior de Kihano comenzaba a despertar. El mundo de los espíritus, enlazado a él a través de sus propias heridas, era ya para Kihano lo mismo que su propio mundo.
"Alguien... al menos uno tiene que dar la cara por ellos".
En el lugar donde al menos alguien debería haber permanecido para blandir su espada en defensa de aquellas tiernas posibilidades. Al recordar aquel aciago día en que nadie lo hizo por él, Kihano decidió que esta vez sería él quien interviniera en persona.
"Quédate con esto".
"¡¿S-Señor Kihano?! ¡Señor Kihano!".
Tras poner un fajo de papeles níveos en manos de Jan, Kihano echó a correr a toda prisa tras el gigantesco molino. A sus espaldas quedaba la voz angustiada de Jan, pero Kihano ya se precipitaba veloz como el rayo hacia donde se levantaba el pueblo.
"... ¿Y esto qué es?".
Quedando a solas en lo alto de la colina, Jan bajó la vista hacia el fajo de papeles que Kihano le había entregado. Repleto de diagramas y trazos abigarrados, aquel documento no era otro que el plano que revelaba la construcción del molino de Samonte. Y al descender la mirada por el plano, los ojos de Jan se clavaron en una inscripción escrita en tinta roja brillante al pie de la página:
"¿Dis... positivo de freno de emergencia?".
El molino de viento de Samonte, fuera de control, avanzaba implacable contra la aldea.
Y para detener aquel colosal molino, Kihano descendía a la carrera por la colina verdeante.
La espada que empuñaba era pequeña y el enemigo que debía encarar era colosal, pero lo que en ese instante moraba en el ojo izquierdo de Kihano era, sin duda, su propio mundo, aquel que había creído haber olvidado.
Siguiendo la luz estelar que se filtraba a través de aquel mundo entrelazado, el niño que sollozaba en el interior de Kihano alzaba lentamente la cabeza.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 284
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 283
Estás leyendo el capítulo 283 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.