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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 282 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la quietud de la noche profunda, cuando todos en el pueblo dormían y en la silente Consuegra solo se escuchaba el rumor de los insectos entre la hierba, resonaba el llanto contenido de alguien. "... Lo siento." Un rayo de luna se filtraba entre los tablones toscamente ensamblados. A falta de una prisión adecuada, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo permanecía cautiva en un almacén cualquiera. La azulada luz de la luna envolvía, como intentando reconfortarla, a la doncella que aguardaba con la cabeza gacha y las rodillas recogidas contra el pecho. "De verdad tenía la intención de salvarlos..." A pesar de ser la doncella del oráculo que había recorrido un largo trayecto desde Elvenheim, el bosque de los elfos, hasta aquella distante Consuegra, en ese instante se hallaba reducida a una prisionera enjaulada por los magos. Aunque probablemente mañana sería arrastrada hacia la capital en cuanto llegara Sarnus, la verdadera razón de sus lágrimas no era la incertidumbre del sombrío futuro que se cernía sobre ella. "¡Duele demasiado! ¡Deténganse ya!" "¡Perdón, perdón! ¡Por favor, sáquenme de aquí!" Lo que en verdad la desgarraba por dentro eran los lamentos de los jóvenes espíritus, que aún resonaban en sus oídos. Incluso a estas horas de la noche, desde el molino de viento de Samonte, resplandeciente por las luces encendidas, emanaban sin tregua los alaridos angustiosos de los pequeños espíritus. "... ¿Por qué abandona a esas criaturas, Madre?" Eran voces tan débiles y desgarradoras que la tentaban a reprochar la revelación del Árbol del Mundo, la cual la había guiado sola hasta aquel lugar. Sin embargo, impotente ante su situación, la doncella del oráculo no podía hacer más que hundir entre sus rodillas su rostro bañado en lágrimas. Los hombros de la doncella, encorvada y sin fuerzas, se estremecían por el llanto. Los jóvenes espíritus gemían de dolor bajo los experimentos de los magos. Con todo, en aquel lugar no había nadie que prestara oídos a sus sollozos. "..." A excepción de una sola persona. Esta era una noche en la que únicamente los heridos permanecían en vela. Por ello, el caballero que velaba a solas en la habitación de la posada se acariciaba todavía el contorno del ojo izquierdo mientras clavaba su mirada en silencio en el molino de viento de Samonte. ※※※※ Consuegra, un rincón donde de ordinario no se escuchaba más que el balido de las ovejas, amaneció hoy inexplicablemente bullicioso. Así lo revelaban los niños ataviados con ropas limpias a diferencia de cualquier otro día, y los aldeanos que barrían con afán de un lado a otro con escoba en mano. "Dicen que hoy vendrá un ilustre noble de la Casa Dragulia." "He oído que es un dragón. Y de pura sangre, por si fuera poco." "Dicen que de verdad tiene el cabello rubio y los ojos azules. ¡Dios mío, pensar que veré a un dragón antes de morir!" Los lugareños estaban henchidos de expectación ante la noticia del dragón que se aproximaba a Consuegra. Seres que, por haber nacido de la perfección misma, se decía que eran tan hermosos como joyas preciosas. Con el afán de recibir a un dragón, al que bastaba contemplar una sola vez para considerarse honrado de por vida, la gente se apresuraba de un lado a otro. "¡Ya viene! ¡Acaba de llegar a la entrada del pueblo!" "¡Todos a la fila! ¡Asegúrense de que los niños no salgan corriendo al camino!" Ante la estentórea orden del alcalde, los aldeanos se apresuraron a hacerse a un lado del camino. Parecían agarrotados por los nervios ante la inminente presencia del dragón al que verían por primera vez en su vida, mas les resultaba imposible disimular el fervor que les palpitaba en el pecho. "..." Como era de esperar, poco después comenzó a aproximarse desde la lejanía un carruaje dorado que destellaba con suntuosidad. Aquel dorado imperecedero e inmutable era un tono reservado en exclusiva para los dragones nacidos de la perfección. Al reconocer aquel color, los campesinos inclinaron la cabeza al unísono sin necesidad de mediar palabra. "¡Sea bienvenido, Lord Sarnus Dragulia!" En cuanto el carruaje dejó atrás a los aldeanos y se detuvo, el mago Samonte se aproximó a paso presuroso, adoptando una postura sumamente reverente que contrastaba de lleno con la actitud despótica que solía mostrar en el pueblo. "Que se haya dignado a honrar con su presencia este miserable rincón me llena de tanto honor que no sé..." Acto seguido, a través de la portezuela que se abría, el noble dragón descendió con paso firme. Su cabello, bañado por la luz solar, relucía con un rubio deslumbrante, y los ojos con los que contemplaba a la multitud eran de un azul gélido. No obstante, la abrumadora presencia que imponía, más allá de su fisonomía exterior, emanaba sin duda del potencial de perfección inherente a él desde la cuna. "Buen trabajo, Samonte. Por lo que tengo entendido, ¿al fin has hallado una fuente de poder aprovechable?" "A-Así es, Lord Sarnus." Todos los presentes mantenían la cabeza inclinada ante él. Gracias a ello, la mirada de Sarnus, libre para mirar a cualquiera por encima del hombro a su capricho, recorrió con parsimonia los alrededores. "Es una fortuna no haber llegado demasiado tarde." La razón por la que un dragón tan ilustre se había desplazado hasta una aldea tan apartada no era otra que inspeccionar los experimentos de Samonte. Sin embargo, a lo que Sarnus prestaba una atención todavía más rigurosa era a Kihano Frausen, aquella tierna posibilidad que antaño habían pisoteado. "Sin embargo, no lo veo por aquí." "¿Disculpe?" Mas por más que escudriñara el entorno, la melena castaña que buscaba no aparecía por ningún lado. Aquel era el hijo menor de la Casa Frausen, el mismo que había exhibido un potencial tan deslumbrante como para desconcertar a los propios dragones. Se trataba de una chispa de potencial que debía verificar a toda costa, pero el muchacho no se hallaba en el lugar donde se le había ordenado aguardar. ※※※※ "¡Uff!" El molino de viento de Samonte había quedado desierto debido a que todos se habían marchado para recibir al noble dragón. Y precisamente por aquel sitio solitario, alguien trepaba ahora con sigilo. "¡¿Por qué cuernos tuvieron que construirlo tan alto?!" El molino por el que trepaba Kihano en ese instante era el más alto y monumental de toda Consuegra. Por lo tanto, se trataba de una estructura que resultaría ardua de escalar para cualquiera; no obstante, por alguna extraña razón, Kihano ascendía con pasmosa soltura y a buen ritmo sin valerse de una mísera cuerda. "... ¿De verdad está seguro de que mis manos volverán a la normalidad después?" "¡Que sí, te digo! ¿Acaso te has pasado la vida desconfiando de todo el mundo, muchacho?" Andrew, encaramado sobre su hombro, pataleó con las patas traseras para ahuyentar sus sospechas, pero la inquietud resultaba inevitable. Si las manos de un espadachín, cuya vida entera dependía de empuñar la espada, se habían transformado en las de una rana, cualquiera habría reaccionado del mismo modo que Kihano. "Por eso te pregunto: ¿a santo de qué te pones a trepar por el muro teniendo una entrada perfectamente libre? ¿Es que has perdido el juicio?" "¡Le repito que necesito ver el taller de Samonte!" "¿Y por qué razón?" "¡Ah...! ¡Ya se lo dije hace un momento!" La estampa de Kihano trepando por la pared a brincos cual batracio no podía ser más ridícula. Jan observaba a Kihano desde abajo con evidente desasosiego; sin embargo, en un parpadeo, el caballero al que servía ya había rebasado el eje de las aspas y alcanzado el alféizar de la ventana que daba al taller de Samonte. "¡Le digo que durante toda la noche escuché el llanto de unos niños!" Aun a sabiendas de que no había nadie dentro, la voz queda de Kihano denotaba urgencia. "Además, este molino... me olió a sospechoso desde la primera vez que le puse los ojos encima." Kihano, tras escudriñar con cautela el taller de Samonte a través de la ventana, giró la cabeza hacia atrás. Ante sus ojos se desplegaron las enormes aspas del molino, tan colosales que apenas cabían en su campo visual. "Mire esto. Estos desgraciados ni siquiera le han puesto las lonas a las aspas del molino." Sin embargo, en aquellas aspas completamente carcomidas por el óxido no se divisaban por ninguna parte las lonas de viento que cualquier molino debió haber llevado puestas por lógica. Como si desde un principio jamás hubiesen tenido la menor intención de cumplir el propósito primordial de un molino de viento: recibir la brisa y hacer girar sus aspas. \*¡Crac!\* "Por eso mismo digo que tengo que echarle un buen vistazo con mis propios ojos". Kihano, tras golpear la ventana con el codo para no emitir el menor ruido, retiró con dedos cautelosos los cristales agrietados. Era una artimaña aprendida para sus encuentros furtivos con damas, pero saltaba a la vista que cualquier habilidad adquirida siempre terminaba encontrando su utilidad tarde o temprano. "..." Tras retirar el pestillo de la ventana a través del hueco abierto, Kihano se deslizó con cautela en el interior del taller de Samonte. Aunque Andrew le había dicho que no se apreciaba ningún otro dispositivo de seguridad, la prudencia nunca estaba de más. "Vaya desastre de habitación. ¿Acaso todos los magos son tan desastrados?". "¡Yo no era así, pedazo de insolente!". "Y encima tienen papeles desparramados por todas partes. Estos magos no tienen remedio". "..." Aquel era el taller de Samonte, un lugar al que se le había vedado la entrada durante su visita oficial. Por esa razón, el recinto que ahora contemplaba por primera vez era un auténtico caos, repleto de papeles y documentos que rodaban por el suelo. "... ¿Y esto qué es? ¿Un plano?". Aunque la mayoría de los documentos estaban abarrotados de caracteres incomprensibles, hubo una hoja en particular que atrajo la mirada de Kihano: un pliego que, en lugar de engorrosas letras y fórmulas matemáticas que daban dolor de cabeza, contenía únicamente una ilustración. El dibujo, lo bastante claro como para que incluso un profano en la magia como Kihano pudiera entenderlo al instante, representaba el corte transversal del molino en el que se hallaban. "Vaya cantidad de engranajes... ¿Para qué demonios tantos?". Al examinarlo con detenimiento, el molino de Samonte albergaba un sinfín de ruedas dentadas y tuberías suspendidas. Resultaba imposible concebir para qué diantres las habían dispuesto en tal cantidad, pero estaba plagado de mecanismos que un molino ordinario jamás poseería. "... Kihano". "¿Qué pasa? Estoy ocupado". Kihano desvió la vista como si hubiese perdido el interés tras una ojeada superficial al plano y volvió a inspeccionar los alrededores, pero Andrew, aferrado a su hombro, parpadeaba con desconcierto y sorpresa en los ojos. "Esto... El sitio en el que estamos ahora mismo. Me temo que no es un simple molino". "Ya se lo dije. Llevo un buen rato avisándole de que este lugar era sospechoso". La voz prudente de Andrew temblaba de tensión, pero Kihano estaba demasiado absorto buscando el llanto de los niños que había oído la noche anterior como para prestarle atención. Y fue entonces, al escudriñar los alrededores, cuando un tenue centelleo captó su campo visual. "Te digo que no es un molino cualquiera. Esto es...". "¡Chist! Guarde silencio un momento". Al alzar la vista hacia lo más alto del taller, divisó una multitud de tubos de cristal suspendidos, idénticos a los que había visto la vez anterior. Cilindros vítreos firmemente anclados como si fuesen piezas de una enorme maquinaria. Al contemplar aquella estampa, Kihano sintió que la herida de su ojo izquierdo, por alguna razón, comenzaba a punzarle con renovada intensidad. "¿No lo oye?". "¿El qué?". "Me parece oír un llanto en alguna parte ahora mismo". En rigor, lo que hiciera un mago llamado Samonte le importaba bien poco a Kihano. Al fin y al cabo, los experimentos que llevaba a cabo estaban bajo la égida de la Casa Dragulia, por lo que no constituían un terreno en el que él pudiera inmiscuirse. "... ¿Acaso proviene de ahí arriba?". Sin embargo, el asunto cambiaba si había niños pequeños de por medio. Más aún si se trataba de un experimento tan atroz que los hacía gemir de tormento durante toda la noche. "¡Ugh...!". El dolor en la herida de su ojo izquierdo se agudizaba conforme ascendía, arrancándole una mueca de sufrimiento. Aunque el vendaje aflojado ya se hallaba empapado de manchas escarlatas, las manos de Kihano no titubearon ni un instante en su escalada. "¡Kihano! ¡Se te ha abierto la herida!". "¡Ya lo sé!". Porque cuanto más se aproximaba a aquellos tubos de cristal aparentemente vacíos, más nítido se volvía el llanto infantil que había escuchado la noche anterior. Así, tras subir sin descanso hasta la parte más elevada del taller, llegó a un rellano donde reposaba una colosal rueda dentada dispuesta en horizontal, rodeada por los tubos de vidrio que había visto antaño, incrustados por doquier como si fueran adornos. "¿Dónde están?". La estampa de Kihano, girando la cabeza de un lado a otro mientras la sangre goteaba por el rabillo de su ojo, rebosaba apremio. Sin embargo, por más que escudriñaba a su alrededor, lo único que alcanzaba a ver eran tubos de cristal vacíos; los niños llorosos a los que buscaba no aparecían por ninguna parte. "No hay nada aquí. Será mejor que bajemos por ahora". "Pero...". "¡Mocoso insolente, te lo acabo de decir! ¡Este sitio no es un molino ordinario!". '¡...!' Andrew lo apremiaba para descender cuanto antes, pero Kihano giró la cabeza atraído por un sonido que acababa de resonar. Kihano creyó haberlo oído con los oídos, pero, en verdad, era una resonancia que había percibido con los ojos. Al volver el rostro siguiendo aquel eco, una silueta blanquecina cruzó fugazmente ante su ojo izquierdo. '¡Ya dejen de atormentarlos!'. En el interior del enorme tubo de cristal que se alzaba en el centro del engranaje, una centella de relámpago blanco chisporroteaba con violencia. Aquel recipiente, notablemente más grande que el resto, comenzó incluso a sacudirse de un lado a otro. Al aproximarse con paso vacilante hacia el tubo, Kihano abrió los ojos de par en par, incrédulo ante lo que presenciaba. '¡Dejen en paz a mis amigos! ¡Malditos humanos de mierda!'. Un plano invisible para su ojo derecho sano, pero perceptible para su ojo izquierdo herido. En aquel mundo donde los colores cobraban la densidad vibrante de una pintura al óleo, una pequeña serpiente colmada de heridas aullaba de dolor en dirección a Kihano. \* \* \* En la arena de duelo vacía, de la que todos se habían marchado, un niño pequeño lloraba a solas. Las lágrimas que derramaba en aquel momento no nacían del agravio ni de la cólera. "... Padre". Eran lágrimas engendradas por un terror incontenible. Los dragones de Dragulia se habían encendido en furia atroz al contemplar el mundo que él había hecho florecer. Y no era para menos, pues al ver el potencial que Kihano desplegaba tomando como ofrenda a una cría de dragón de su propia estirpe, aquellas pupilas de un azul gélido y despiadado habían desgarrado sin piedad el mundo del niño. "¿Acaso hice algo malo?". Sin embargo, nadie sostuvo la mirada del sollozante Kihano en aquel instante. Ni el padre al que tanto veneraba ni la madre a la que tanto amaba tuvieron un solo segundo para mirar al pequeño, enteramente absortos en calmar a los dragones enfurecidos. 'No apartes más la mirada, Kihano'. El mundo de un niño al que nadie había sido capaz de proteger. Por eso mismo, el llanto de aquel muchacho al que él mismo había terminado por dar la espalda continuaba resonando sin tregua en el interior de Kihano. 'Si sigues así, la estrella en tu interior morirá'. Quizá el llanto que Kihano creyó haber escuchado la noche anterior no pertenecía a los pequeños espíritus que yacían ante sus ojos, sino que era el lamento desgarrador que aquel niño, ignorado hasta ese día, había lanzado desde lo más profundo de su ser. Por ello, resuelto a no apartar la mirada nunca más, Kihano dio un paso al frente hacia el tubo de cristal que aguardaba ante él. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 282 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.