Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 281 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Hoy era un día sumamente tranquilo. Los lugareños, que por lo general armaban alboroto en el primer piso, habían salido a trabajar tras conseguir una labor después de mucho tiempo, por lo que en el segundo piso solo se encontraban Kihano y sus compañeros.
"Parece estar de buen humor, señor Andrew."
Al quedarse solos en la posada, los integrantes del grupo disfrutaban por fin de un momento de sosiego tras una larga temporada. Tal y como hacía en ese instante la vieja rana, que chapoteaba y nadaba dentro de una palangana.
"Visto así, parece una rana de verdad."
"......Maldito insolente. ¿No piensas retirar lo dicho de inmediato?"
"Pero si es una rana al fin y al cabo."
"¡Silencio! ¡¿En qué parte del mundo se ha visto jamás una rana que hable?!"
Andrew soltó un grito inflando los mofletes, visiblemente ofendido por las palabras de Jan. Sin embargo, resultaba difícil rebatirle, pues a ojos de cualquiera, el aspecto actual de Andrew era sin duda alguna el de una rana.
"¡Kihano, pedazo de holgazán! ¡¿Hasta cuándo piensas tenerme abandonado en semejante estado?!"
"......"
"¡Por eso te advertí que en cuanto terminaras tus asuntos debíamos marcharnos a toda prisa! ¡Por andar perdiendo el tiempo terminamos atrapados aquí!"
Con gesto malhumorado, Andrew saltó fuera de la palangana, se acomodó el sombrero puntiagudo que yacía a su lado y miró a Kihano. No obstante, a pesar de los insistentes reclamos de Andrew, Kihano se limitaba a contemplar el paisaje a través de la ventana en absoluto silencio. Al verlo sentado e inmóvil con una venda blanca enrollada sobre su ojo izquierdo, a Andrew no pudo evitar invadirlo una punzada de impaciencia.
"No habrás olvidado el pacto que hicimos, ¿verdad? Deberíamos darnos prisa e ir a recuperar mi cuerpo de una buena vez."
Andrew, transformado en rana por culpa de un desafortunado percance, todavía se desvivía con fervor por recuperar su cuerpo original. Sin embargo, dicho propósito no pasaría de ser un mero anhelo inalcanzable si no contaba con Kihano para actuar en su lugar.
"......Cambiando de tema, ¿cómo sigue tu ojo? No tendrás problemas para empuñar la espada, ¿verdad?"
Por muy apresurado que fuera un viaje, siempre se requería un respiro de cuando en cuando. No obstante, el estado actual de Kihano distaba demasiado de considerarse un simple descanso; se lo veía tan falto de energías que resultaba comprensible que Andrew, apremiado por el tiempo, se sintiera inquieto.
"A decir verdad, últimamente me cuesta bastante ignorar a los bichos que pasan volando, ¿sabes? Así que antes de que me transforme en una rana de verdad, date prisa y......"
"No está bien."
Andrew, que alzaba la voz mientras golpeaba el suelo con sus patas traseras, enmudeció al instante ante el tono apagado con el que habló Kihano.
"¿Qué dijiste?"
"Creí que estaba bien, pero al comprobarlo más tarde me di cuenta de que no lo está."
Al pronunciar aquellas palabras, Kihano se bajó la venda que le cubría la cuenca como indicándole que echara un vistazo.
"Parece que esa mujer me tocó el ojo de mala manera."
Kihano abrió y cerró alternativamente el ojo derecho y el izquierdo, para luego dedicarle a Andrew una expresión apesadumbrada.
"Es que cuando miro con el ojo izquierdo, los colores se ven mucho más intensos."
Por alguna extraña razón, el mundo contemplado a través de su ojo izquierdo herido se percibía con tonalidades más densas y vivas. Al recorrer con la mirada el paisaje circundante, teñido con colores espesos como si se tratara de un lienzo al óleo, Kihano no pudo evitar soltar un profundo suspiro.
※※※※
Cierto sótano que resultaba demasiado precario para llamarse prisión.
Los sacos de patatas esparcidos de un lado a otro delataban que el lugar no era más que un almacén común y corriente; sin embargo, lo que aprisionaba a la doncella del oráculo eran unos barrotes de hierro más gruesos que el antebrazo de un adulto. Además, se trataba de una jaula grabada directamente con conjuros por los magos, de la cual era completamente imposible escapar. Con tantas inscripciones adheridas a su alrededor que ni siquiera podía invocar a los espíritus, la doncella del oráculo observaba fijamente al hombre de cabello castaño que merodeaba frente a ella.
"¿Qué es este dibujo? ¿Acaso tu profesión es la de pintora?"
Como si se tratara de una bestia peligrosa, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo permanecía encerrada dentro de aquella enorme estructura. A pesar de haber sido improvisada a la ligera, su eficacia era incuestionable, y por esa misma razón Kihano podía aproximarse a ella con total tranquilidad.
"Tienes una habilidad bastante convincente, ¿no crees? Es muchísimo mejor que la de los pintores que veía en mi niñez."
"......"
"Deberías haber elegido ganarte el sustento con esto, en lugar de andar convocando espíritus para destruirlo todo por doquier."
En la pintura que Kihano sostenía en las manos se hallaba retratado un molino de viento sobre una colina. Era una imagen en la que cualquiera habría reconocido el molino de Samonte, pero lo que realmente había maravillado a Kihano era la vista de Consuegra plasmada a su alrededor.
"Al ver que lo pintaste con semejante nivel de detalle, imagino que llevabas observando este pueblo desde hacía mucho tiempo, ¿no? ¿Tanto te desagradaban los experimentos que realizaba Samonte?"
La actitud con la que Kihano interrogaba era demasiado relajada para tratarse de un interrogatorio formal, pero a la vez resultaba bastante displicente para considerarse una simple charla. Aquello se debía a que él sabía de sobra que, por mucho que gastara saliva preguntando, ella no respondería. Era plenamente consciente de que hoy se cumplía el quinto día desde que la capturaron y la encerraron en aquel lugar, y que nadie había sido capaz de hacer que la doncella del oráculo abriera la boca.
"......No estuve observándolo desde hacía mucho tiempo."
Sin embargo, aquellos labios que no se habían despegado ante ninguna intimidación comenzaron a abrirse poco a poco frente a Kihano.
"......¿Qué dijiste?"
"Que no estuve observándolo desde hacía mucho tiempo. Aunque sí es verdad que pretendía detener el experimento que ustedes estaban llevando a cabo."
A diferencia de la voz feroz y envenenada que había escuchado aquella noche, el timbre que la mujer emitía en ese instante resultaba sumamente singular. Al prescindir de la entonación habitual de los humanos y mantener una cadencia melodiosa y constante, sonaba casi idéntica al trinar de un ave al lado de su oído.
"Entonces, ¿cuándo llegaste aquí?"
"Hace cuatro meses."
"¿Llegaste hace cuatro meses y pintaste este cuadro?"
"Eso fue hace un año."
"......¿Eh?"
Sin embargo, a pesar de escuchar aquella hermosa voz, la expresión de Kihano se ensombrecía cada vez más. Ocurría así porque, aunque mantenían una conversación, las palabras en realidad no lograban entenderse.
"¿Qué quieres decir con eso? ¿Estás diciendo que dibujaste esto de antemano, incluso antes de llegar aquí?"
"Sí."
"¿Dibujaste algo con tanto detalle sin haberlo visto jamás?"
Era una respuesta a todas luces absurda, pero la doncella del oráculo se limitó a asentir en silencio. Ante aquella muda reacción, el semblante de Kihano comenzó a tornarse cada vez más perplejo.
"Está bien... Guárdate los detalles para contárselos más tarde a los interrogadores, no a mí."
Qué más daba, después de todo. Ya estaba libre de la misión encomendada. Con atender a la gente de la Casa Dragulia, que llegaría dentro de unos días, volvería a ser un hombre libre; de modo que bastaba con ignorar cualquier complicación engorrosa.
"Es una revelación."
"¿Qué?"
No obstante, aun en medio de un diálogo que parecía rozarse sin llegar a tocarse jamás, la doncella del oráculo se esforzaba con obstinación por retener a Kihano.
"Y dijeron que una revelación solo se reconoce en el preciso instante en que se aproxima."
Aquel era un esfuerzo imperativo para enlazar, aunque fuese por un breve instante, el mundo de él con el suyo propio. Con el único fin de hacerle comprender la revelación del Árbol del Mundo que al fin había descifrado, la doncella del oráculo sujetaba a un Kihano que intentaba marcharse.
"Igual que yo en este momento."
Acompañando sus palabras, el dedo que la doncella del oráculo alzó para indicarle que mirara apuntó directamente hacia su propio ojo izquierdo. Ante aquel gesto imprevisto, a Kihano, por alguna extraña razón, le pareció sentir una punzada en el ojo izquierdo envuelto en vendajes.
"Ahora debes mirar, Kihano. Si continúas así, la estrella en tu interior morirá."
El Árbol del Mundo Madre le había encomendado que acudiera a la aldea de los molinos de viento. Con la instrucción precisa de salvar al niño que se encontraría allí. Por eso, al llegar a este lugar, la doncella del oráculo se había esforzado por rescatar a los espíritus cautivos en los molinos; sin embargo, el niño al que aludía la revelación no era ninguno de aquellos espíritus aprisionados.
"Si de verdad deseas hallar tu propio mundo, no sigas apartando la mirada, Kihano."
"..."
A través de los ojos de Kihano con los que cruzaba la mirada, la doncella del oráculo lo estaba viendo. A un niño que lloraba mientras intentaba con desespero recoger entre sus manos una chispa que se extinguía lentamente. Ese niño poseía una estrella que refulgía con esplendor, pero jamás se le había permitido mostrar su luz al mundo.
\* \* \*
La luz del sol que se filtraba a través de las vidrieras policromadas resultaba deslumbrante. Sin embargo, mucho más deslumbrante aún era la visión de la densa multitud que colmaba los alrededores del campo de duelo.
"..."
Ante el hecho de que todos los nobles más ilustres del continente tenían los ojos puestos en él, al jovencito casi se le desbocaba el corazón del pecho. Porque aquel era un lugar de honor. Y porque era un preciado escenario conquistado con la fuerza de sus propias manos.
"¡Que pasen al frente los contendientes!"
Y debió de ser a partir de ese instante. El momento exacto en que el muchacho, embargado por una desmedida exaltación ante el espectáculo presente, olvidó la advertencia que su padre le había grabado en el alma.
"Que ambos duelistas no olviden que este combate se libra en nombre del honor."
Justo frente al muchacho, erguido cara a cara, se encontraba un joven dragón de cabellos dorados y ojos azules. La estampa que proyectaba bajo el resplandor de los colores del vitral era, en una palabra, perfecta. No obstante, frente a aquellas pupilas a las que en circunstancias normales ni siquiera se habría atrevido a sostener la mirada, Kihano no sintió la menor intimidación.
"¡Preparados!"
A veces existen días así. Días colmados de una exaltación tal que hacen creer que hoy uno es capaz de lograr cualquier cosa en el mundo. Y para el joven Kihano, el día de hoy era precisamente esa clase de día.
"¡... Comiencen!"
Los colores visibles eran nítidos y los sonidos perceptibles, diáfanos. El escenario se sentía con tanta claridad que era perfectamente capaz de calibrar hacia dónde se lanzaría a la carga el joven dragón frente a sus ojos.
¡Klang!
Por ello, Kihano extendió su espada. Frenó los colmillos del dragón ante los cuales un muchacho común jamás habría podido siquiera reaccionar, y desvió con impecable fluidez la trayectoria de la espada enemiga que pretendía arremeter de nuevo.
"¡...!"
Cada vez que las espadas chocaban, un clamor de admiración estallaba en los alrededores. Y con cada estallido de asombro, los ojos del joven dragón temblaban presa del desconcierto. Para el joven Kihano, cada una de aquellas escenas resultaba infinitamente deleitable.
"¡Jaja!"
Junto a una risa que brotaba espontánea, el mundo del muchacho se ensanchaba. Al ver la espada refulgente del jovencito al compás de aquella risa, el joven dragón abrió los ojos desmesuradamente, incapaz de dar crédito a lo que presenciaba.
"¡... Esto es...!"
Ignoraba la razón, pero sentía que hoy sería capaz de cualquier hazaña. En medio de aquella sensación que algunos espadachines jamás llegarían a experimentar una sola vez en toda su vida, el joven Kihano comenzó a desplegar sus alas con todas las fuerzas de su ser.
¡Klaaaang!
El estrépito metálico de las espadas colisionando entre sí resonó con estruendo. Y al unísono, la espada desarmada de alguien salió despedida por los aires sobre el campo de duelo. Contemplando aquella estrella refulgente que parecía alzarse sobre su propia cabeza, el muchacho levantó su espada en lo más alto.
"¡Padre!"
Con el rostro encendido por el rubor de la victoria, Kihano barrió presuroso las gradas con la mirada. Sin embargo, en las pupilas de su padre, con las que cruzó la mirada a la distancia, solo anidaban una consternación y un pavor imposibles de describir con palabras.
"¿... Padre?"
Habiendo quebrado una posibilidad perfecta ante la mirada de todos los presentes, el hijo de Frausen permanecía allí. Sobre la espada que el jovencito aún sostenía en alto refulgía un haz de aura que ardía en un blanco incandescente; no obstante, ninguna de las personas presentes en aquel lugar fue capaz de celebrar el florecimiento de Kihano.
"..."
Aquel sitio envuelto por cristales multicolores era el campo de duelo de los muchachos. Sin embargo, el único color dirigido hacia Kihano, el vencedor de la jornada, era el azul de los ojos de los dragones, encendidos en una cólera absoluta. Entre los dragones que se ponían en pie con feroz hostilidad, la solitaria flor que el jovencito acababa de hacer brotar comenzó a marchitarse. Había sido una flor más joven y brillante que ninguna otra en aquel lugar; una posibilidad que le pertenecía por entero a aquel muchacho, pero que nadie fue capaz de proteger.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 281
Estás leyendo el capítulo 281 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.