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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 280 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La postura ladeada que adoptaba semejaba una hoja afilada y tensa. Su pie izquierdo, dispuesto con astucia, obligaba al adversario a responder en una única dirección. "Soy Kihano, de la Casa Frausen". A la vista no parecía más que un muchacho jovencísimo, pero el ímpetu que desprendía era el de un consumado maestro de la espada. Sin conceder resquicio alguno para escabullirse ni tampoco para penetrar en su guardia, la imponente presencia de Kihano desconcertó por un instante a la sombra de identidad desconocida. "Ahora dime tu nombre". Había creído que se trataba de una oportunidad perfecta, mas no era más que una trampa primorosamente urdida. Como si apenas comprendiera la realidad, la intrusa alzó la cabeza con serenidad y contempló a Kihano. "A meros humanos no tengo por qué revelarles...". Eran unos ojos dorados imposibles de ver en cualquier otro rincón del mundo. Kihano quedó cautivado por un instante ante semejante color, pero, antes de advertirlo, un pentagrama emergió en aquellas pupilas, brillando con un fulgor ominoso. "¡...Kihano!". Andrew, intuyendo lo que significaba ese pentagrama, intentó advertirle, pero la mano extendida de ella fue mucho más rápida. "¡No tengo ningún nombre que darte!". ¡Grrr! Kihano se estremeció un instante ante la diestra extendida con vertiginosa presteza. Aquella ágil reacción suya era digna de elogio, mas lo que fue disparado rebasó con creces cualquier cálculo concebible. "¿...Un lobo?". ¡Crrrac! Como una saeta arrojadiza, un lobo azulino voló hacia él y, antes de que pudiera reaccionar, atenazó su espada con los colmillos. Ante una visión jamás presenciada en toda su vida, Kihano quedó desconcertado, momento en el que Andrew, oculto en su pecho, bramó con fuerza para hacerlo entrar en razón. "¡Despierta, maldito necio! ¡Eso es un espíritu! ¡Un espíritu!". Existen innumerables métodos para manifestar el propio mundo. Se puede recurrir al misterio arcano, al igual que los magos, o plasmarlo blandiendo la espada como los caballeros: ese es el mundo personal de cada cual. Y aquel lobo que ahora mordía la espada de Kihano no era sino otra manifestación del mundo que la intrusa frente a él había proyectado. "¡Maldición! ¿A cuenta de qué sale un espíritu ahora?". Aquellas entidades que solo los elfos de Elvenheim sabían gobernar. Al ver cómo ese ser espiritual le gruñía con fiereza a escasa distancia, Kihano retrocedió de inmediato dando varios pasos apresurados. "¡En esta miserable aldea no deja de aparecer toda clase de anomalías!". Porque contra un mundo, solo otro mundo puede oponerse. Sabiendo esto a la perfección, Kihano se sacudió al lobo con todas sus fuerzas e inclinó de inmediato la punta de la espada hacia abajo. "¡Anciano! ¡Préstamelo un instante!". Cuando alzar la espada para bloquear apenas habría bastado, Kihano desarmó su propia postura. Al observarlo, una chispa de perplejidad asomó en los ojos dorados de la intrusa, pero la hoja descendida de Kihano ya había rozado el estanque, trazando en él tenues ondulaciones. "...Por esto debí haber despertado el aura mucho antes". En el instante en que el acero de Kihano tocó el agua, el estridente croar de las ranas comenzó a aquietarse de golpe. En su lugar, lo que empezó a reverberar fueron los pequeños círculos concéntricos que se propagaban por el estanque. Las ondas nacidas de la punta de la espada de Kihano se extendieron con sigilo hasta alcanzar el mismísimo lugar donde aguardaba la misteriosa intrusa. "Fuu". La mirada de la intrusa, que ya había tensado la flecha contra la cuerda de su arco, era penetrante. Sin embargo, el suelo que Kihano pisaba era un mundo que había tomado prestado mediante un pacto legítimo. Con la mente volcada en exprimir hasta el más ínfimo suspiro concedido, el agua del estanque comenzó a arremolinarse gradualmente al compás de la espada de Kihano. ¡Zas! La intrusa, observando el fenómeno, soltó la flecha con ímpetu salvaje, resuelta a no darle más tregua. La saeta surcó el aire con un movimiento tan grácil que parecía dotada de alas propias. Al escudriñar la trayectoria de aquel dardo, los ojos de Kihano se estrecharon al máximo. 'No puedo esquivar esto'. La flecha en vuelo no era sino una maniobra de contención para condicionar sus movimientos. Dándole la razón a su instinto, Kihano apretó los dientes al percibir la presencia del lobo, que ya había maniobrado a sus espaldas en un sigiloso flanqueo. "¡Kihano! ¡Atrás!". Si esquivaba más allá de este punto, acabaría acorralado sin remedio. Y una vez llevado a un callejón sin salida, no quedaría margen de evasión; en tal caso, lo único que le aguardaría sería la ruina inminente cerniéndose sobre él. "¡Haaaap!". Siendo así, la única manera de quebrar la encrucijada era abrirse paso con una arremetida frontal. Kihano cargó con fiereza en dirección a la aguda saeta que hendía el viento. Ante una maniobra que nadie habría anticipado, el lobo que ya se cernía justo a su espalda perdió de golpe a su presa. "¿...Carga de frente?". Al ver a Kihano arrojarse directamente contra la flecha en vez de huir hacia un flanco o retroceder, las pupilas doradas se abrieron de par en par. Lanzarse hacia adelante desafiaba toda lógica. Era una imprevisibilidad absoluta que desconcertó sus sentidos, pero frente a Kihano todavía volaba aquella saeta colmada hasta el límite con el poder del espíritu. "¡Kkkh!". ¡Klak! ¡Klang! Como si cobrara vida al arquearse de forma sinuosa y flexible, la flecha intentó colarse para morderlo, pero la espada de Kihano la repelió por la fuerza en una colisión atronadora. "¡Iiiik!". El instante en que la espada y la flecha se encontraron duró apenas un pestañeo, mas en ese fugaz lapso las refinadas técnicas que Kihano hubo de conjugar ascendían a decenas. Era una escena capaz de desorbitar los ojos de cualquier espadachín conocedor del filo, pero por desgracia en aquel lugar no había nadie que pudiera apreciar la verdadera valía de su destreza. ¡Chas! La flecha, desviada a duras penas con una torsión forzada, rozó el rabillo del ojo izquierdo de Kihano en una milésima de segundo. Habiendo conseguido disipar incluso ese escalofriante desenlace, Kihano esbozó una ancha sonrisa mientras miraba a la intrusa, plantada justo frente a él. "¿Ahora me toca a mí?". "¡...!" Lo que había comenzado como una suave ondulación en la superficie del estanque se transformó, en la hoja de Kihano, en un oleaje embravecido. Aquella espada ya se blandía con furia destructiva contra la intrusa desconocida. "¡A ver si esta vez puedes bloquearlo tú!". ¡Baaang! Una vibración tan formidable sacudió la colina que hasta entonces reposaba en calma, con tal magnitud que hasta las ovejas dormidas despertaron presas del pánico. Junto con aquel estruendo, una colosal cortina de agua se elevó con vigor hacia el firmamento. Esa marea, erguida a tanta altura que parecía acariciar la mismísima luna allá en lo alto de la noche, comenzó a humedecer con su rocío la colina de Consuegra, un paraje que ni siquiera contaba con un mísero pozo a su alrededor. \* \* \* "...Conque una elfa. Es la primera vez que veo una en mi vida". Observando las antorchas que ascendían a lo lejos por la ladera, Kihano escupió la brizna de hierba que sostenía entre los dientes. "Y también es la primera vez que me enfrento a una invocadora de espíritus." "……" "¿Qué ocurre? ¿Por qué has venido hasta aquí?" Parecía que, ante el repentino alboroto en mitad de la noche, el recaudador enviado por el barón se aproximaba al frente de los soldados. A decir verdad, para un Kihano cuyas fuerzas ya se habían agotado por completo, aquello resultaba un alivio, pues ni siquiera le quedaban energías para cargar a la mujer a su lado y descender la colina. "Desde Elvenheim, donde habitan ustedes, hasta aquí, en Consuegra, es literalmente de un confín al otro del continente, ¿no es así? ¿Por qué diablos viniste a un lugar tan remoto?" El cabello rubio platino que resplandecía bajo la pálida luz de la luna era hermoso. La mujer elfa, que apenas acababa de desprenderse de la capucha que cubría su cabeza, poseía una belleza tal que incluso Kihano, habiendo conocido a incontables mujeres a lo largo de su vida, se estremeció por un instante. Sin embargo, Kihano aún desconocía el nombre de la mujer, y ella, ahora maniatada con cuerdas, tampoco parecía albergar la menor intención de revelarlo. "…… Si no quieres hablar, no lo hagas. De todos modos, aunque lo supiera, no me serviría de nada." Las antorchas de los soldados que se aproximaban poco a poco teñían de un bullicioso resplandor la colina serena. No obstante, tal vez debido a la cortina de agua pulverizada que Kihano acababa de desatar, el ritmo al que ascendían se había tornado bastante lento. "Kihano Frausen. El hijo menor de la Casa Frausen." "¿Mmm?" A espaldas de Kihano, que contemplaba con ociosidad el cielo nocturno, comenzó a resonar una voz desconocida. "¿Vaya? ¿Así que sabías hablar?" "……" Desconocía su nombre, pero los ojos dorados con los que se topaba le resultaban familiares. Esa inexplicable sensación de cercanía se debía, con toda probabilidad, al mundo interior de ella con el que acababa de encontrarse. "Bien. Ya que las cosas han resultado así, presentémonos mutuamente. Yo ya dije con claridad mi nombre hace un mo…" "Y el caballero que, aunque fuera en el pasado, doblegó a un dragón." Una colina en la que todavía no se encontraban más que ellos dos. En este instante, donde incluso el viento que rozaba la hierba fluía con serenidad, Kihano se quedó paralizado y rígido al escuchar aquel viejo título tras tanto tiempo. "Aquel espléndido renombre que llegó a ser conocido incluso entre los nuestros se ha desvanecido sin dejar rastro, y ahora no eres más que un ser miserable que va mendigando prestado el mundo ajeno." "……" "Verdaderamente patético. Temer tanto a los dragones que ni siquiera eres capaz de desplegar las alas que posees." El vencedor de hoy había sido Kihano, y la derrotada, aquella elfa desconocida. Sin embargo, quien mostraba un porte orgulloso y altivo era la elfa maniatada con cuerdas, hasta el punto de que un extraño que contemplara la escena bien podría haber pensado que el perdedor era Kihano. "Eres un cobarde, Kihano." Sus ojos, centelleantes bajo la luz de la luna, sonreían. Aquella sonrisa era una burla dirigida a Kihano, quien, aunque miraba, no veía, y aunque oía, se negaba a escuchar. "…… Un cobarde, dices." Alzando la vista hacia la luna, que por fin se revelaba en el firmamento, Kihano exhaló un profundo suspiro. En otro tiempo, un prodigio que superaba incluso a los dragones; ahora, un desdichado Frausen incapaz de manifestar su propio mundo interior. Para Kihano, que se había arrancado con sus propias manos las alas que poseía desde la cuna, tal vez no existiera una palabra más adecuada que 'cobarde'. ※※※※ "El experimento está casi completado. Ahora nos encontramos en la fase de realizar una demostración." Samonte inclinaba la cabeza con deferencia ante un orbe de cristal tenuemente iluminado. Era una muestra de reverencia y sumisión hacia el hombre que lo contemplaba desde el interior del orbe. "…… Oí que hubo un percance." "¡Ah! Sí. Afortunadamente, se resolvió sin inconvenientes." Un ser ante el cual debía postrarse con profunda reverencia, incluso si su silueta apenas se distinguía de forma difusa. Si se trataba de Sarnus, quien poseía ojos azules y una resplandeciente cabellera dorada entre los Dragulia, cualquier ser vivo se vería obligado a agachar la cabeza tal como hacía Samonte en ese instante. "El señor de Turlek envió a un caballero bastante competente. Es probable que sea alguien a quien incluso Lord Sarnus conozca." "¿Quién es?" Al tratarse de una oponente versada en la magia, había supuesto que no sería fácil capturarla. Sin embargo, ante la noticia de que un caballero enviado por un simple barón había atrapado a semejante dolor de cabeza, Sarnus mostró curiosidad. "Ese…… ya sabe. Me refiero al hijo menor de la Casa Frausen." La cintura de Samonte se arqueó aún más hacia abajo, como si temiera la ofensa de pronunciarlo. Ello se debía a que el nombre que estaba a punto de articular resultaba sumamente repulsivo para los dragones. "Kihano Frausen…… Ese desaliñado y holgazán canalla." "……" Kihano Frausen. El díscolo hijo de la Casa Frausen, conocido por todos en el continente, desde la nobleza hasta el pueblo llano. Sin embargo, al escuchar aquel nombre que para los dragones guardaba un significado ligeramente distinto, las pupilas de Sarnus comenzaron a oscurecerse y hundirse lentamente. "Por fortuna, parece que incluso una espada oxidada basta para atrapar a una bruja. Supongo que un Frausen sigue siendo un Frausen, después de todo……" "¿Cuándo es la fecha de la demostración?" Al escuchar ese nombre, Sarnus empezó a reír con frialdad sombría. Ante aquella risa, incapaz de discernir si provenía de la ira o de un genuino deleite, un escalofrío erizó la espalda de Samonte. "¿Cómo?" "Deseo presenciarlo en persona. Al fin y al cabo, el lugar donde me encuentro ahora está cerca." Un fuego que ardió con brillantez no se extingue fácilmente. Porque por mucho que se le pisotee y mancille, dentro de las cenizas carbonizadas aún podría ocultarse una brasa ardiente. Por ello, para una certeza absoluta, convenía comprobarlo siempre que hubiera ocasión. "Llegaré en el plazo de una semana. Asegúrate de prepararlo todo." "¡Sí! ¡Sí! ¡Que Lord Sarnus venga en persona es un absoluto honor!" La ciudad de Henares. La urbe más próxima a Consuegra. Allí, uno de los dragones comenzó a levantarse con lentitud de su asiento. "Y asegúrate también de mantener a ese hombre llamado Kihano a tu lado." Confinada en un tubo de cristal, la Serpiente Blanca lloraba. Tanto el hombre que inclinaba la cabeza bajo la luz lunar, como la doncella del oráculo del Árbol del Mundo que no había podido rescatar a los jóvenes espíritus. Todos ellos no eran más que posibilidades que no habían logrado hallar su lugar bajo las garras de los feroces dragones. Ahora era la era de los dragones, donde solo las posibilidades perfectas eran veneradas. Aplastadas bajo su yugo, las estrellas continuaban perdiendo su fulgor, enfriándose en soledad allí donde nadie era capaz de contemplarlas. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 280

Estás leyendo el capítulo 280 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.