Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 279 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Bajo la pálida luz de la luna, justo en el punto donde terminaban los verdes pastizales.
En aquel paraje donde la hierba se fundía con la espesura y se adentraba en la frondosidad del bosque, una silueta se alzó en silencio.
"..."
Incluso bajo el claro resplandor lunar, la oscuridad que envolvía a la figura no se disipaba. Era una penumbra tan impenetrable como si los árboles circundantes se hubiesen cerrado para ocultarla por voluntad propia.
Por ello, lo único que relumbraba era un par de pupilas que centelleaban como las de una fiera al acecho.
"Malditos humanos."
En aquella voz que murmuraba quedamente fluía una cólera incontenible, similar al agua del té que hierve en silencio dentro de una tetera.
Y esa furia que acompañaba a la delicada voz apuntaba directamente hacia el molino de viento de los humanos que se divisaba allá abajo.
"... Los salvaré sin falta."
Con esas palabras, la misteriosa silueta comenzó a desvanecerse de nuevo entre las sombras.
Aquel ser que contemplaba la aldea desde lo alto, oculto en soledad entre las sombras proyectadas por los árboles en el corazón del frondoso bosque... La luna, suspendida en el firmamento, acababa de revelarlo al fin: poseía una deslumbrante cabellera rubio platinada de un fulgor glacial.
\* \* \*
"Mmm."
Al entrar en el molino de viento, Kihano abrió los ojos desmesuradamente, fascinado.
A diferencia del lúgubre exterior, parecía maravillado ante el taller de Samonte, que por dentro se hallaba pulcramente ordenado.
¡Chisp! ¡Chas-chas!
Para colmo, al presenciar cómo brotaban repentinos relámpagos dentro de un tubo de vidrio completamente vacío, no tuvo más remedio que abrir los ojos de par en par.
Desde lo más alto del molino, justo en el lugar donde Samonte se encontraba de pie, Kihano vio descender aquellos rayos imprevistos y encogió los hombros casi por instinto.
'… ¿Eso también es magia?'
El taller de Samonte estaba atestado de engranajes de formas insólitas y tuberías intrincadas como telas de araña.
Mientras rondaba por allí sin rumbo fijo, Kihano reparó en que en los alrededores abundaban tubos de vidrio idénticos a aquel en el que acababa de estallar el relámpago.
"No sé qué clase de experimento estén haciendo, pero es de lo más ruidoso."
Sin duda eran tubos de cristal en cuyo interior no había nada. No obstante, en algunos se condensaba un rocío gélido, y en otros ardían llamaradas de un rojo vivo; era un espectáculo que no admitía otra explicación que la de un fenómeno obrado mediante la magia.
"¿Ha investigado ya lo suficiente, señor Kihano?"
A espaldas de Kihano, que curioseaba de un lado a otro, emergió un joven ataviado con una túnica. Se trataba del discípulo de Samonte, enviado en su lugar mientras este permanecía absorto en el experimento en la planta superior.
"Ah, ¿la inspección? Así es. Prácticamente he visto todo lo que había que ver."
Ante la pregunta del discípulo sobre si deseaba examinar algo más, Kihano se llevó disimuladamente la mano al bolsillo interior.
Toc.
En respuesta, percibió una leve vibración.
Ante aquel pulso que parecía indicarle que ya era suficiente, Kihano sonrió y miró al discípulo de Samonte.
"Es verdaderamente fascinante. Aunque no haya nada adentro, surge toda clase de cosas."
"Jajaja. Seguro que sí. A fin de cuentas, es natural maravillarse al presenciarlo por primera vez."
A diferencia del adusto Samonte, el joven ante Kihano se dirigía a él con una sonrisa bonachona. Sin embargo, Kihano fue perfectamente capaz de discernir la velada burla que anidaba en aquella expresión tan afable.
"Porque tal vez el espectáculo que contempla ahora mismo podría definirse como el proceso de crear algo a partir de la nada."
"... ¿Cómo?"
Incluso en ese instante, los magos se movían con afán dentro del molino, como si estuviesen apremiados por una tarea urgente. Pero en medio de ese ajetreo incesante, entre Kihano y el joven mago solo se interponía una extraña incomodidad.
"En realidad, el experimento que llevamos a cabo se relaciona con eso precisamente. Con convertir lo inútil en algo de provecho, por así decirlo."
Habiendo dicho esto, el discípulo de Samonte agitó la palma de la mano en tono jocoso, como dando a entender que seguir hablando solo les provocaría dolores de cabeza a ambos, y prosiguió:
"Sea como fuere, es un experimento al que la Casa Dragulia le presta especial atención. No obstante, hay factores que entorpecen un proceso tan crucial."
Acompañando sus palabras, el discípulo de Samonte ladeó la cabeza invitándolo a mirar hacia cierta dirección.
"..."
Al avanzar Kihano siguiendo el gesto, contempló la panorámica a través de la ventana. Un paisaje que se desplegaba con claridad gracias a la elevación de la estructura. Desde el ventanal del molino por el que ahora se asomaba, abarcaba de un solo vistazo no solo los extensos pastizales de la aldea, sino también el bosque distante.
"Últimamente, la barrera que dispusimos se ha ido deteriorando poco a poco. Al principio pensamos que habían sido las bestias salvajes, pero tras examinarlo, parece ser obra de manos humanas."
Dicho esto, el discípulo de Samonte extrajo un pequeño guijarro de sus ropajes. A simple vista parecía una piedra ordinaria, pero su superficie estaba cubierta de complejas fórmulas intrincadamente grabadas.
"Ciertamente tiene el aspecto de haber sido destrozada con una espada."
"Así es. Alguien intenta sabotearnos."
El motivo por el que Kihano había viajado hasta allí era capturar a la bruja que supuestamente merodeaba por las inmediaciones. Y en aquel guijarro que el discípulo de Samonte le mostraba quedaba la siniestra evidencia de lo que parecía ser obra de dicha sospechosa.
"Haber destruido esta piedra de barrera significa que se trata de alguien capaz de manipular, cuando menos, el más elemental de los misterios."
Había degollado ovejas con crueldad y, al mismo tiempo, entorpecía los experimentos del dragón. Dado que manifestaba prodigios desconocidos, tal vez, tal como ellos afirmaban, en verdad se trataba de una bruja.
"Por tanto, confiamos plenamente en usted, señor Kihano."
"Sí. Haré todo lo que esté en mis manos para..."
"Quién sabe. Si resuelve este asunto con éxito, quizás se aplaque la ira que Dragulia siente hacia usted."
Fueran cuales fuesen las circunstancias de la aldea, al fin y al cabo bastaba con atrapar al ser al que llamaban bruja. Kihano se disponía a despedirse para dar por concluido el encuentro, pero ante las palabras que acababa de escuchar, no pudo evitar tensarse por un instante.
"¡Vaya por Dios! Parece que he sacado a colación un comentario impertinente. Le ruego me disculpe."
Aunque de boca para afuera pedía perdón, su tono jovial resultaba descaradamente insolente. Aquello demostraba que sus palabras previas no habían sido ningún descuido involuntario. Con toda probabilidad, se trataba de una mezquina revancha por la actitud que Kihano le había mostrado a Samonte el día anterior.
"En cualquier caso, este es nuestro experimento en pos de la perfección. Confío en que usted, señor Kihano, como miembro de la Casa Frausen, nos brindará una ayuda encomiable."
El discípulo de Samonte sonreía con condescendencia mientras contemplaba a Kihano, quien permanecía allí de pie en completo silencio. Sonreía con sorna ante la oveja negra de la Casa Frausen, sobre quien corrían sonados rumores de haber caído en desgracia incluso a ojos de los dragones.
"... Por supuesto. Haré mi mayor esfuerzo."
No obstante, Kihano no tuvo más remedio que devolverle la sonrisa a aquel hombre que lo despreciaba abiertamente. Porque en este mundo actual colmado de supuesta perfección, todo el mundo se veía forzado a sonreír.
En el semblante de Kihano, que terminó por tragarse incluso la burla de la que era objeto, flotaba una amargura difícil de disimular.
\* \* \*
"Señor Kihano. ¿Señor Kihano?"
"..."
"Tiene que levantarse ya. El sol se está poniendo."
Se hallaban en la colina de la aldea, donde el sol descendía lentamente anunciando el crepúsculo.
Visto desde la distancia, aquel paisaje habría parecido un cuadro idílico, pero en ese momento lo único que resonaba con fuerza en el lugar era la voz de Jan intentando despertar a Kihano.
"... Ay. Te dije que me despertaras al atardecer".
"¡Es que ya es el atardecer! Dentro de poco se pondrá el sol".
Ante las palabras de Jan a su lado, Kihano comenzó a mirar a su alrededor, como preguntándose si ya era tan tarde. En efecto, el pastizal, antes rebosante de verdor, se hallaba ahora cubierto por las olas rojizas que dibujaba el crepúsculo.
"¿Dónde están las ovejas?".
"¿Eh?".
"¿Adónde se fue el rebaño? Hace un rato estaban por allá".
Como si todavía no terminara de despabilarse, Kihano buscaba de pronto a las ovejas. Sin embargo, a diferencia de su actitud habitual, la mirada con la que escudriñaba los alrededores se había vuelto seria.
"Han llegado hasta allá. Entonces, ¿se han movido desde aquí de esta manera?".
Dicho esto, Kihano sacó una hoja de papel del pecho y comenzó a trazar marcas en ella. Era un pequeño mapa que parecía representar los alrededores de la aldea. No obstante, sobre aquel papel se acumulaba una multitud de signos indescifrables que Kihano había ido trazando durante todo ese tiempo.
"¿Qué es esto, señor Kihano?".
"Las rutas por las que se mueven los pastores".
"¿Por qué estaba marcando eso?".
"Para averiguarlo. Para saber hacia qué pastizal van hoy las ovejas".
Asombrado por la meticulosidad de las marcas, Jan alzó la mirada hacia Kihano. Y con razón, pues semejante esmero no encajaba en absoluto con la imagen descuidada que había mostrado hasta entonces.
"... Por lo general, los pastores rotan los pastizales para soltar a las ovejas. Si no lo hicieran, el terreno no tardaría en quedar esquilmado".
"Pero si yo no he dicho nada".
"Te lo digo de antemano para que no digas nada".
Al ver a Jan parpadear intrigado por su actitud, Kihano se rascó la cabeza como si le doliera.
"En cualquier caso, cuando los pastores van rotando por los alrededores, siempre queda al menos un pastizal en reposo".
El oficio de pastor existía en principio para apacentar ovejas. Sin embargo, su otra función era servir como centinelas de la aldea: si merodeaba algún grupo sospechoso o monstruos por las cercanías, ellos eran, antes que nadie, los primeros en advertirlo.
"Y hoy, casualmente, este lugar está libre".
Siendo así, el intruso desconocido que según decían permanecía en el bosque querría evitar a toda costa la mirada de los pastores. Por eso, tras descifrar en secreto el patrón de movimiento de los rebaños, Kihano había podido deducir que hoy era el momento oportuno para que actuara aquel ser al que llamaban la bruja.
"... ¿Hacia el molino de viento? Y además, ¿hacia ese mismo al que fuimos antes?".
"Sí".
El único pastizal donde no había pastores vigilando los alrededores ni ovejas que balaran escandalosamente. Y era precisamente ese sitio, el más despejado para alcanzar el molino de Samonte, el que señalaba el dedo de Kihano.
"Por eso te dije que me despertaras al atardecer. Porque me temo que esta noche no podremos dormir en paz".
"..."
Tras hablar, Kihano chasqueó los labios como si todavía añorara el sueño. Sin embargo, Jan no encontraba qué decir mientras lo contemplaba bostezar con tanta despreocupación.
"... ¿Quiere cenar? Antes empaqué algo de comida en la posada".
"Oh, qué bien. Desempácalo rápido".
El hijo disoluto de la Casa Frausen, que no paraba de cortejar mujeres y vivía recibiendo palizas de su hermano. Aunque todos lo señalaban tachándolo de patético, Jan sentía que, por alguna razón, aquella faceta que los demás conocían no era todo lo que definía a Kihano.
"¿Qué es esto? ¿Un limón?".
"Sí".
"... ¿Por qué trajiste esto? Un limón no es algo que se coma, oye".
"Sabe muy bien si se exprime sobre la carne. En mi aldea todos lo comen así".
La noche se iba haciendo más profunda. Hoy era una noche sin luna. Sin embargo, mientras aguardaba las horas venideras, a Jan se le aceleraba el corazón sin motivo aparente. Y es que, más que la misteriosa bruja, lo que despertaba su curiosidad era esa otra faceta de Kihano que tenía ante sus ojos.
※※※※
Al amparo de un cielo nocturno donde incluso la luna permanecía oculta, una silueta se desplazaba en el más estricto sigilo. Una sombra que emergía a la carrera desde el bosque lejano hacia la extensa pradera.
Avanzando a una velocidad tan vertiginosa que bien cabría describirla como un proyectil disparado, la sombra recorría la colina silenciosa sin producir el más leve rumor de pisadas.
"..."
En verdad, el tiempo que había pasado oculta en el bosque vigilando con atención había valido la pena. En la dirección hacia la que avanzaba la silueta no había pastores de vista aguda ni rebaños de ovejas asustadizas.
Por ello, lo único que se alzaba ante sus ojos era la silueta grotesca del molino de viento de los humanos. Las pupilas doradas que fulminaban aquella estructura se colmaron en un instante de una fiereza salvaje.
"¡Uuuugh...!".
"... ¡!".
Sin embargo, ante los alaridos de las jóvenes criaturas que traía el viento, la sombra se estremeció.
"¡Duele! ¡Me duele!".
"¡Basta ya! ¡Uuuuh!".
Eran los chillidos desgarradores de los jóvenes espíritus nacidos del Árbol del Mundo Madre. Aunque eran pequeños que habían partido con una sonrisa, los alaridos que brotaban en ese instante de aquel molino de viento resultaban demasiado crueles para escucharlos de brazos cruzados.
"¡Malditos humanos de porquería!".
Al encontrarse más cerca que nunca, los chillidos le llegaban con estremecedora nitidez. Con el llanto de los pequeños retumbando en sus oídos, la impaciencia comenzó a apoderarse de su corazón.
'¡Tengo que darme prisa!'.
Por ello, aquella figura desconocida avanzó con pasos aún más apresurados. A diferencia de la cautela con la que se había aproximado al principio, en sus pisadas de ahora anidaba una prisa incontenible.
"Croac".
"Croac, croac".
'¿El croar de una rana?'.
Por esa misma razón, no se percató a tiempo de que aquel lugar, verde pradera hasta hacía unos instantes, se había convertido de pronto en un estanque cubierto de densa niebla.
"A juzgar por su complexión, parece una mujer".
"... ¡!".
¡Zas!
Ante la hoja que brotó de la nada, la misteriosa silueta retrocedió a toda prisa. Sin embargo, aquel sitio ya no era la pradera de antes, sino un estanque anegado en humedad. En lugar de la hierba fresca que sostenía sus pies hacía un instante, el lodo cubría todo el suelo y se aferraba a sus tobillos.
"¡¿Quién eres?!".
Había logrado esquivarlo por un pelo forzando el cuerpo en un giro brusco, pero el golpe de espada había sido endiabladamente afilado. De no haber sido por las palabras que oyó justo antes, su cuello habría salido despedido sin remedio ante un embate tan sigiloso.
"Si te digo quién soy, ¿me dirás tú también tu nombre?".
Al mirar a través de la niebla, vio emerger la figura de un hombre. Era de estatura imponente y cabello castaño con reflejos cobrizos. No obstante, más que su apostura, lo que cautivó sus ojos fue la sonrisa relajada que lucía en el rostro.
"Mi nombre es Kihano. Kihano, de la Casa Frausen".
Uno de sus maestros solía decir que dominar el campo de batalla era el atajo más seguro hacia la victoria. Y ahora mismo, aquel paraje era el estanque que la vieja rana había dispuesto para Kihano.
"Ya te he dicho mi nombre, así que ahora te toca a ti".
Su postura, agazapada y en tensión como si fuera a abalanzarse en cualquier instante, era semejante al filo de una espada desenvainada. Parecía advertirle que le bastaría un único golpe para partirla en dos.
"Dime tu nombre. Antes de que mi espada alcance tu garganta".
El hijo disoluto de la Casa Frausen. Kihano Frausen. Sin embargo, el apelativo con el que antaño solían llamarlo no era otro que el prodigio sin igual engendrado por la Casa Frausen: Kihano Frausen.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 279 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.