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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 27 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Paso tras paso. El caballero tuerto avanzaba por el corredor de la mansión, sumido en sus pensamientos. Al ver la expresión ceñuda de Sir Zayar, los sirvientes inclinaban la cabeza y pasaban de largo a paso presuroso. De por sí jamás había sido un hombre que inspirara sosiego, pero en los últimos días lo era todavía menos. 'Ojalá pudiera conseguir aunque fuera un par de manos extra.' Últimamente, Zayar vivía jornadas de absoluto ajetreo. No solo debía cumplir con su labor habitual de escoltar a Josef, sino que a intervalos debía encargarse de la esgrima de Vlad y de sus diversos entrenamientos; además, de vez en cuando la señora Oksana lo mandaba llamar para que le rindiera cuentas sobre el estado tanto de Josef como del propio muchacho. No había otro remedio. De los cinco caballeros que servían originalmente a las órdenes de Josef, Sir Roderick había perecido en la última expedición de castigo, y otros dos habían resultado heridos mientras protegían a su señor. El único caballero restante era Sir Bordan, pero encomendarle a él la instrucción de Vlad resultaba del todo inconcebible, de modo que, en última instancia, la carga recaía sobre Zayar. 'Educar a una persona exige demasiadas fatigas.' Zayar soltó un suspiro interior al pensar en Vlad. El muchacho rubio que recién le habían confiado distaba mucho de ser fácil de manejar y, para colmo, era alguien a quien debía criar con el mayor esmero posible. En pocas palabras, al margen de lo ocupado que estuviese, se trataba de un mocoso al que estaba obligado a dedicarle atención constante. 'Aunque claro, ¿cómo iba a saberlo si jamás he criado a un escudero?' Avanzando por el pasillo, Zayar se desentumeció los músculos agarrotados del cuello mientras cavilaba. De haber previsto semejante situación, se habría encargado de adiestrar al menos a un escudero en el pasado. Sin embargo, no expresó queja alguna en voz alta. Su temperamento siempre había sido austero y, si de ajetreo se trataba, su señor Josef era quien se movía con mayor premura y afán. Si alguien pretendía emerger a la superficie, estaba obligado a patalear con todas sus fuerzas. Pese a que Zayar caminaba con celeridad apremiado por sus deberes, desde la distancia resonó una voz que lo llamaba: "Sir Zayar. ¿Adónde va con tanta prisa?" "... Vaya por Dios." Zayar arrugó el entrecejo al reconocer al hombre que, agitando la mano desde el otro extremo del corredor, se dirigía hacia él. "¿No le parece que deja traslucir demasiado su disgusto en el semblante?" "Para ser franco, me encuentro bastante ocupado." "Bueno, supongo que asumir tantas tareas de Lord Josef debe mantenerlo atareado de acá para allá." A pesar de que Zayar alegaba estar ocupado e instaba con el gesto a zanjar la conversación cuanto antes, el caballero Gregory, que se había interpuesto en su camino, no parecía tener la menor intención de dejarlo marchar con facilidad. "¿Tiene algo que decirme?" "Aun así, se le ve buen semblante." "Le repito que estoy ocupado." Aunque la bilis le hervía por dentro al ver cómo Gregory le obstruía el paso en medio de semejante premura, Zayar no lo trató con aspereza. Aquel hombre era uno de los caballeros que se mantenían en terreno neutral. Si bien todos los caballeros de la Casa Bayezid tenían como máxima prioridad acatar las órdenes del señor feudal, Peter, en el plano político sus lealtades se dividían en dos facciones bien marcadas. ¿El primogénito, Rutger? ¿O el segundo hijo, Josef? Decidir quién se convertiría en el próximo señor y a espaldas de quién debían situarse era una cuestión de vital trascendencia. Para que un caballero fuera debidamente valorado y empleado, no solo se requería destreza marcial, sino también el acierto de elegir con prudencia a su señor. "Un caballero del calibre de Sir Zayar debería, por supuesto, haber tomado un escudero bajo su tutela hace tiempo. A decir verdad, me parece que incluso ahora llega un poco tarde. Eso es lo que opino yo, Gregory." "..." Sin embargo, el caballero Gregory, que ahora se plantaba frente a él, no ocupaba una postura intermedia a la espera de decantarse por uno de los dos hermanos. Sencillamente era un espíritu tan libre y desinhibido, considerado un excéntrico incluso entre sus pares, que no había tomado partido por ninguno. "Mejor ocúpese de educar bien a su propio escudero." "Nuestro Portly ya ha crecido; de hecho, ha crecido demasiado. Ese bribón necesita bajar algo de peso." "¿Adónde quiere ir a parar?" Al notar que la mirada de Zayar se afilaba gradualmente, Gregory se frotó las manos con suavidad y abrió la boca: "¿Se llamaba Vlad, verdad? Ese muchacho parece bastante competente." "Fue escogido personalmente por Lord Josef." "Posee un temple viril y un porte firme." "Le he preguntado qué es lo que pretende decirme." Gregory se apresuró a atajar las palabras de Zayar, quien ya empezaba a mostrar irritación. "Como bien sabe, resulta bastante delicado que un caballero se entrometa en los asuntos de los escuderos. Sea como fuere, es algo que no deja bien parado el honor de ninguna de las partes." "Es cierto." Comprendiendo al fin adónde apuntaba la conversación, Zayar se acarició la barbilla mientras observaba a Gregory. "Dicen que ese muchacho, Vlad, se lleva bastante bien con nuestro Portly en estos días..." "Ese zagal no tiene amigos ni los busca. Vive henchido de su propio orgullo." "Solo pido que lo acompañe de vez en cuando, por favor..." Por muy digno y altivo que fuera un caballero, siempre llegaban ocasiones en las que se veía obligado a suplicar un favor a otro. "A fin de cuentas, es el hijo de mi primo. No puedo permitir que se pase los días recibiendo palizas por aquí. Se lo he pedido a otros muchachos, pero ninguno ha servido de nada." "¿Y pretende que sea de balde?" Al escuchar la pregunta de Zayar, Gregory intuyó que su propuesta tenía visos de prosperar, por lo que le tendió la mano con una sonrisa. "Si el asunto marcha bien, cuente con mis servicios en alguna ocasión futura. Desde luego, siempre y cuando no se trate de una tarea demasiado peligrosa o extenuante." "... Mmm." De todas maneras, la petición de Gregory no implicaba un esfuerzo que Zayar tuviera que realizar en persona. Además, una de las razones por las que andaba tan atareado era justamente por culpa de aquel muchacho. "Hablaré con él." A Zayar, a quien le faltaban manos para tantas obligaciones, no le tomó mucho sopesarlo; estrechó la mano de Gregory y la sacudió con ligereza. "Aunque dudo que me haga caso. Ese bribón apenas me escucha." "Vaya. Llegará lejos, sin duda." Gregory soltó una carcajada con expresión teatral ante las palabras de Zayar. "Hablo en serio: no escucha a nadie." "¡Válgame el cielo! ¡Entonces sí que llegará lejos de verdad!" Gregory parecía un tanto sorprendido de saber que, siendo un simple escudero, el muchacho no se amedrentara en lo más mínimo bajo el mando de un caballero dotado de tal destreza y de semejante temperamento huraño como Zayar. "Bueno, es natural. Si un caballero está destinado a la grandeza, debe poseer un mundo interior firme y bien forjado." "Solo es un terco obstinado." Habiendo compartido sus inquietudes con aquel apretón de manos, los dos caballeros pasaron de largo con el ánimo aliviado. 'Aun así, al menos fingirá hacerme caso, ¿no?' Tras despedirse de Gregory, Zayar reflexionó: 'Y si no obedece, ya encontraré la forma de que lo haga.' Si no escuchaba por las buenas, lo haría a golpes. De cualquier modo, el muchacho estaba atado por juramento a servir con lealtad a Josef durante siete años. \* \* \* "¡Guaaagh!" Vlad, que apenas intentaba aferrar las riendas para montar, lanzó un alarido grotesco y cayó rodando sobre la tierra apelmazada. ¡Prrr-buf! El corcel, tras arrojar a Vlad al suelo, sacudió la cabeza con violencia y comenzó a resoplar sin control. "¡Sooo! ¡Tranquilo! ¡Cálmate, muchacho!" Los mozos de cuadra asignados a aquella lección intentaron apaciguarlo por todos los medios, pero el animal, presa de un pánico inmenso por alguna razón desconocida, sacudía el cuerpo y corcoveaba desbocado. "¡Maldita sea!" Esquivando las patas delanteras del caballo que se alzaban amenazantes en el aire, Vlad rodó con presteza para ponerse a salvo. Ofrecía una estampa desastrosa y cubierta de polvo, pero sin duda era preferible a terminar aplastado bajo los cascos de la bestia. ¡Hiiii-iin! En cuanto Vlad se apartó de las inmediaciones, el equino recobró la calma de inmediato, como si nada hubiera ocurrido. '¿Se está burlando de mí este desgraciado?' Por lo general, el caballo era manso, pero en cuanto Vlad ponía una mano sobre las riendas, comenzaba a enfurecerse y a dar brincos desquiciados. Aquello hizo que a Vlad le hirviera la sangre de pura rabia. "¡Vlad! ¡Tú hazte a un lado!" "Instructor, le ruego que me dé una oportunidad más..." "He dicho que no. El caballo se ha asustado. Además, ¿no dijiste que jamás habías montado? Ahora mismo resulta demasiado peligroso." Al ver que el instructor ni siquiera le permitía aproximarse a la montura, Vlad maldijo entre dientes, carcomido por la frustración. '¡Maldita sea! ¡Al menos tendría que subirme a su lomo para intentarlo!' Vlad sentía una mezcla de lamento y absoluto desprecio hacia su patética condición presente. Quizá los demás escuderos no lo comprendieran, pero él sabía a la perfección cuán valioso era cada minuto y cada segundo de la instrucción que estaba recibiendo. Después de todo, las lecciones que la Casa Bayezid impartía a sus escuderos consistían exclusivamente en técnicas avanzadas. Eran conocimientos que nadie enseñaba con facilidad, por mucho que uno intentara aprenderlos en otra parte. Sin embargo, haber sido apartado de semejante oportunidad sin haber podido siquiera intentarlo hacía que la bilis le hirviera en las entrañas. Y aquello se había repetido varias veces, a lo largo de varios días. '¡Maldición!' Los caballos... no, prácticamente cualquier animal, eran bestias que sencillamente se negaban a obedecer las órdenes de Vlad. "¿Un tipo que ni siquiera sabe montar a caballo pretende convertirse en caballero?" "Al menos debió haber aprendido equitación hace mucho tiempo." Había varios sujetos que echaban leña al fuego ante la evidente frustración de Vlad. Al volver la cabeza siguiendo las burlas que resonaban a sus espaldas, descubrió a varios escuderos que habitualmente andaban pegados a Sobanin. Como siempre se movían en manada, eran tipejos a los que aún no había tenido ocasión de darles un escarmiento. "..." Por temperamento, le habrían sobrado ganas de pisotearlos allí mismo, pero decidió contenerse por el momento. Porque, tal como decían, era una realidad innegable que no sabía manejar una montura. Además, si se abalanzaba a ciegas sobre ellos, Josef podría verse en una posición comprometida. No podía cargar con semejante pequeñez a Josef, la única persona que le servía de respaldo. 'Tendré que reventarlos a golpes cuanto antes.' En su lugar, esperaría la oportunidad propicia para arrastrarlos a un rincón apartado donde nadie los viera y molerlos a palos a su antojo. El puño era un instrumento ciertamente milagroso: permitía transmitir las intenciones sin mediar palabra y hacía que el otro comprendiera por sí mismo sin necesidad de pedírselo. Justo como aquellos escuderos que ahora fingían indiferencia e intentaban no mirarlo. 'Ah, pero ¿por qué demonios no me sale?' Vlad se revolvió con aspereza el cabello con una mano y fue a dejarse caer pesadamente al suelo, en el lugar donde estaban congregados los escuderos. "¡Sobanin!" "¡Como era de esperar!" En cuanto tomó asiento, vio a Sobanin saltar los obstáculos sobre su montura con una soltura impecable. No es que tuviera el menor deseo de mirarlo, pero al cruzarse inevitablemente con los ojos de Sobanin, a Vlad le volvió a hervir la sangre de pura irritación. 'Maldita sea, si lleva montando desde crío, es natural que lo haga bien...' Vlad era un muchacho talentoso y con temple suficiente como para haber liderado a diez hombres como decurión entre los mercenarios, pero los escuderos congregados allí, a diferencia de él, habían sido meticulosamente adiestrados desde la cuna. Lo único de lo que carecían era de experiencia en combate real; una vez que adquirieran eso, serían capaces de someter sin esfuerzo a mercenarios mediocres. A excepción de unos pocos, como Portly. "¿Estás bien, Vlad?" "No me hables. Quiero estar solo." "S-sí, claro." Aunque Portly se había acercado para consolarlo, se turbó ante la tajante aspereza de Vlad y no tuvo más remedio que regresar con paso vacilante a donde estaba. 'Juro que montaré esa bestia como sea.' Vlad clavó la mirada en el caballo que lo había derribado, con los ojos ardiendo en llamas de furia. \*¡Hiiiiiiin!\* Sin percatarse de que aquella mirada fiera no hacía más que aterrorizar todavía más al corcel. \*\*\* "El problema no eres tú, jefe." "¿Qué?" La lección de equitación había concluido y los escuderos se dispersaban para atender sus respectivos quehaceres. "Digo que no es culpa tuya, jefe. Si ni siquiera pudiste subirte." "Así fue." Vlad seguía a los mozos de cuadra que conducían a los caballos, albergando la esperanza de conseguir otra oportunidad para montar. "A ver, no es que yo sea un palafrenero experto, pero es que casi nadie es incapaz siquiera de poner un pie en el estribo y subirse al lomo." "¿No estarás buscando pelea, verdad?" "Claro que no. Escucha." Goat acomodó el cubo que sostenía en las manos y prosiguió: "Los caballos de la Casa Bayezid están excepcionalmente bien adiestrados. No son animales que rehúyan a la gente." "¿Y entonces?" "Pero en cuanto tú te acercabas, jefe, se espantaban por completo y salían huyendo. Esto ya no tiene nada que ver con ser diestro o no; es algo anormal. Hasta los otros decían que era muy raro." "... Maldición." Al escuchar a Goat, varias imágenes del pasado acudieron a la mente de Vlad. 'Es verdad que cualquier bicho de cuatro patas me aborrece.' Siempre había sido así. Perros, gatos, aves... Sin distinción alguna, casi cualquier criatura viva se aterraba con solo sentir a Vlad en las cercanías. Lo repudiaban a tal extremo que Jemina solía mofarse de él, diciéndole que en su vida anterior debió cometer un pecado monstruoso. De hecho, si alguna vez se le ocurría querer acariciar a un gato, tenía que tenderle una trampa y atraparlo antes de poder ponerle una mano encima, por lo que no tenía argumentos para refutarla. "... ¿Con los caballos será lo mismo?" Vlad sintió una punzada de agobio al comprender que los corceles también lo evitaban. No se trataba de una cuestión de capricho o preferencia, sino de una destreza imprescindible. "Pero si yo monté el caballo de Sir Zayar, ¿no?" La noche en que huyeron de los no-muertos, Vlad ciertamente había cabalgado sobre la montura de Zayar. Aunque quien sujetaba las riendas fuera Goat. "Es que el caballo que monta Sir Zayar es un ejemplar carísimo." Ante la explicación de Goat de que tenía un linaje tan excelso que no se asustaba con facilidad, Vlad volvió a bajar la cabeza con desaliento. 'Tampoco puedo andar diciendo por ahí: "Solo soy capaz de montar bestias finas y costosas".' Lamentarse por lo que escapaba a su control no resolvería nada. En cualquier caso, el día de hoy ya estaba arruinado. "Vete." "¿No vas a intentarlo más?" "Se me quitaron las ganas." Juzgando que sería más provechoso prepararse para el duelo de entrenamiento con Zayar en lugar de insistir con una montura imposible, Vlad pensaba regresar al campo de entrenamiento, pero... Justo cuando se daba la vuelta para marcharse, una voz conocida le rozó los oídos. "Hum." Podría haberla ignorado y seguir su camino, pero Vlad decidió encaminarse hacia el origen del sonido. Prestar atención a cualquier movimiento extraño en los alrededores era una de las lecciones en las que más había insistido Jorge en el pasado. Pues el peligro y las amenazas siempre solían acechar desde muy cerca. Guiado por los ecos, Vlad deslizó sus pasos hacia un rincón sombrío y apartado de la mansión. \*¡Plaf! ¡Pum!\* Y allí se desplegaba una escena que había presenciado infinidad de veces en sus días en los callejones. "¡Este cerdo de mierda se ha envalentonado solo porque lo dejamos en paz últimamente!" "¿Tan contento estás porque al fin conseguiste un amiguito después de tanto tiempo?" "Como sea, la escoria inmunda siempre busca a los de su calaña. Dios los cría y ellos se juntan." Allí estaban Sobanin y sus compinches, formando un cerco en torno a un Portly que rompía en llanto desconsolado. 'Así que se la pasaba recibiendo palizas.' Al ver a Portly encajar los golpes entre lágrimas, sin poder siquiera hilvanar una palabra coherente, a Vlad le quedó un regusto amargo en la boca. "... Vaya adonde vaya, el mundo de los hombres siempre es igual." Ya fuesen acomodados o desdichados. A fin de cuentas, todos eran la misma clase de bastardos que subsistían devorando a los más débiles que ellos. Vlad se apoyó en silencio contra la pared de la mansión y cerró los ojos. "..." ¿Debía intervenir o no? Cuando vivía en los callejones, la decisión habría sido simple. Si la persona golpeada hubiera sido Jemina, Haben o cualquiera perteneciente a la banda de Jorge, Vlad habría actuado sin pensarlo un instante. Porque la ley de los callejones dictaba que uno debía dar un paso al frente por aquellos con quienes compartía lazos de hermandad, ya fuera unidos por el afecto o por los pactos de la organización. Sin embargo, el muchacho al que apaleaban allí no compartía ningún vínculo con él. No era más que alguien con quien compartía la mesa. "... Y aun así, esto me deja un regusto de mierda." En cualquier otra circunstancia se habría marchado sin vacilar, pero ahora permanecía inmóvil, sumido en cavilaciones. ¿Debía dar la cara por un extraño o no? ¿Dónde terminaban los demás y dónde empezaba uno mismo? Y, sobre todo, ¿era él alguien con derecho a interceder por otros? "... Qué dilema." El muchacho aún no comprendía que, en la misma medida en que su propio mundo se expandía, era capaz de albergar y abrazar muchas más cosas. Al compás del lastimero llanto de Portly que resonaba en el aire, las tribulaciones de Vlad se hicieron cada vez más profundas. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 27

Estás leyendo el capítulo 27 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.