Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 278 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Eran adorables las regordetas y prominentes mejillas del niño. Lo eran también sus pupilas, que se movían de un lado a otro siguiendo la mano de Kihano. Hasta el mismísimo Kihano, que tentaba al pequeño agitando un gran caramelo esférico mientras le decía que mirara hacia allí, no pudo evitar soltar una risita ante tanta inocencia desprovista de artificio.
"¿Así que dices que últimamente se oyen ruidos extraños por la noche sin parar?"
"......Sí."
"Unos sonidos que los adultos no pueden oír, pero que tú y tus amigos sí escuchan, ¿no es eso?"
"Ajá."
Aunque sus ojos brillantes continuaban fijos en el dulce que sostenía Kihano, los dedos extendidos del chiquillo ya apuntaban hacia la colina de allá arriba. Hacia el molino de viento que se erguía sobre la loma de la aldea, con sus largas aspas descolgadas como brazos inertes.
"Ese molino de viento. Alguien no para de llorar allí dentro."
"......¿Llorar?"
"Sí. Llora. El molino llora todas las noches."
Al oír al niño asegurar que el molino lloraba, Jan, que aguardaba a su lado, comenzó a ladear la cabeza perplejo, incapaz de comprenderlo. Sin embargo, la mirada de Kihano al escuchar al pequeño se mantuvo en una calma sosegada y profunda.
"Ya te lo conté todo...... ¿No me vas a dar ya el caramelo?"
Tras terminar de hablar, el crío abrió ambas manos de par en par hacia Kihano, apremiándolo a que se lo entregara. Cautivado por aquel gesto tan adorable, Kihano soltó el caramelo que sostenía. Mientras el infante dibujaba una radiante sonrisa de par en par al contemplar la dulce esfera sobre la palma de su mano, Kihano enderezó lentamente la espalda.
"Conque el molino llora, ¿eh?"
El rumor sobre un molino del que se oían sollozos cada noche. Se trataba de una habladuría que todos habían pasado por alto con ligereza, ya que solo los niños pequeños afirmaban haberlo escuchado, pero la mirada de Kihano ahora reflejaba una seriedad absoluta.
"......Ya van cinco que dicen exactamente lo mismo."
Y es que los testimonios de los niños coincidían a la perfección. Por muy infantes que fuesen, escuchar las mismas palabras repetidas cinco veces seguidas convertía aquello en una declaración que forzosamente merecía atención.
'Y pensar que ese maldito mago me dijo que ni me acercara al molino.'
El mago de adusto aspecto que había conocido el día anterior le había advertido severamente que ni se aproximara a las inmediaciones del molino, desprendiendo una atmósfera extraña a medio camino entre el consejo y la amenaza velada. Al rememorar lo sucedido entonces, Kihano mordió el último caramelo que le quedaba y se sumió en profundas cavilaciones.
\* \* \*
"En cualquier caso, agradecería que no te acercaras por el molino."
Para encontrarse en una aldea apartada, la casa del alcalde estaba bastante bien construida. Tanto como para pensar que su dueño debía de gozar de una enorme estima popular, o bien que se había embolsado una cuantiosa tajada por debajo de la mesa.
"Investigar para dar con la bruja me parece muy bien, pero preferiría que evitaras precisamente ese lugar."
No obstante, quien recibía a Kihano en aquel aposento no era el alcalde, sino un individuo totalmente distinto. Un hombre de aspecto severo y adusto, enfundado en una túnica ornada con fastuosos bordados. Aquel varón de mediana edad, cuya indumentaria bastaba para delatarlo como mago, contemplaba con gesto de curiosidad a Kihano, que acababa de llegar.
"Lo que se lleva a cabo aquí es un experimento que requiere cierta confidencialidad. Así que te ruego comprensión."
Su modo de hablar destilaba la distinción propia de una persona instruida. A ello se sumaba una túnica de aspecto costosísimo, de esas que un hombre común jamás podría permitirse vestir con tanta ligereza. De no haber sido por la desfachatez con la que mantenía ambos pies montados sobre la mesa, incluso el propio Kihano lo habría tomado por un caballero formal y refinado.
"Bueno...... Con que cumplas con eso, no me entrometeré en lo que sea que hagas."
Ante semejante falta de modales, el recaudador que aguardaba a un lado no sabía dónde meterse de pura congoja, pero la actitud del hombre hacia Kihano era pasmosamente imperturbable. Se trataba de alguien que no titubeaba ni un ápice ante el linaje noble de los Frausen. Presentándose con el nombre de Samonte, recibía a Kihano como si aquella tierra fuera suya por derecho propio.
"Tratándose de un experimento supervisado directamente por la Casa Dragulia, no me queda otra alternativa."
"Eres un joven perspicaz."
Con todo, por muy insolente que se mostrase el sujeto que tenía enfrente, no quedaba más remedio que agachar la cabeza ante el nombre de Dragulia. Aunque no se tratase de un dragón, no era sensato tomarse a la ligera a quien actuaba bajo su estandarte.
"Aunque me pregunto qué clase de experimento podría realizarse en una aldea tan minúscula, qué menos que cooperar en esa medida."
"Así es."
Sin embargo, el hombre plantado ante Samonte no era otro que el infame calavera de la Casa Frausen. Si a lo largo de su vida hubiera sido de los que sopesan los pros y los contras antes de actuar, jamás se le habría colgado semejante apelativo a su nombre.
"Aunque resulta bastante oportuno. Que en una aldea vigilada de cerca por la Casa Dragulia aparezca de pronto una bruja, esas que tan rara vez se dejan ver."
"......"
"Si todo esto no es más que una cadena de coincidencias fortuitas, habrá que admitir que es algo verdaderamente insólito."
Entre el vástago de los Frausen, que fingía una sonrisa pero no sonreía, y el mago de los Dragulia, que rehusaba deshacer su rígido semblante, la atmósfera enrarecida y tensa que generaban ambos hacía sentir a Jan como si le faltara el aire.
\* \* \*
"Creo que no debí haber acompañado al señor Kihano......"
De regreso a la posada tras abandonar la casa del alcalde. Tirando de un pequeño asno mientras caminaba, Jan comenzó a llamar a Kihano con un hilo de voz cargado de zozobra.
"¿No me pondrán a mí también en la mira por esto? Estamos hablando de alguien de los mismísimos Dragulia."
A todas luces, Jan estaba profundamente desasosegado por lo que acababa de presenciar. Y era natural: para un muchacho que solo había vivido en una remota aldea campesina, un choque como aquel no podía ser sino motivo de espanto.
"......Sí. Los Dragulia."
"¿Señor?"
"Pero ¿por qué los Dragulia recurrirían a un mago excomulgado?"
Sin embargo, la voz de Jan no llegaba a los oídos de Kihano, que caminaba unos pasos por delante. Estaba por entero absorto en su propio mundo, encadenando una reflexión tras otra.
"Y para colmo, un mago oriundo de una casa caída en desgracia del sur. ¿Tanto les urgía encontrar a alguien?"
"......¿Señor Kihano? ¿De qué está hablando ahora?"
El semblante de Kihano, murmurando para sus adentros sin cesar, resultaba extrañamente ajeno. Parecía alguien por completo diferente al hombre que Jan había conocido hasta entonces.
"Oriundo del sur, una casa arruinada... ¿Qué significa todo eso?"
"¿El qué?"
"Eso que acaba de decir. Dijo que alguien había sido excomulgado."
Kihano, que había permanecido largo rato sumido en cavilaciones, contempló a Jan con los ojos desorbitados y solo entonces, como si acabara de volver en sí, la viveza habitual regresó a sus facciones.
"Al que excomulgaron fue a Samonte".
"...¿Qué?"
Kihano empezó a soltar de pronto aquellas palabras incomprensibles. Ante semejante salida, Yan fue incapaz de disimular su desconcierto.
"¿Ese hombre está excomulgado? ¿Acaso se mencionó algo así hace un momento?"
"¿Hacía falta que lo dijeran? Basta con mirarlo para darse cuenta".
Al ver a Kihano responder con semejante tranquilidad, Yan se quedó sin saber qué pensar. Oriundo del sur, vástago de una familia caída en desgracia y, por si fuera poco, un mago renegado y excomulgado. Semejante cúmulo de información era algo que debía escucharse de viva voz; ¿cómo demonios podía deducirse con una simple mirada?
"...Señor Kihano, no tengo la menor idea de lo que me está diciendo".
"Tú también la viste. La túnica que vestía Samonte".
"¿Qué tenía esa túnica?"
Kihano frunció el ceño al contemplar a Yan, que no hacía más que mirarlo pestañeando con perplejidad. Su expresión parecía reprocharle cómo era posible que no se hubiese percatado de algo tan obvio.
"Tenía unos bordados exageradamente fastuosos. Ese tipo de patrones tan llamativos son motivos que están en boga principalmente en las tierras del sur".
"Entiendo".
"Además, ¿te fijaste en el brillo de sus botas? Eso significa que ya estaban tratadas para repeler el agua, y la única región donde la gente se toma la molestia de cuidar su calzado hasta ese extremo es en el sur, donde abundan los pantanos".
"Ah...".
La razón por la que dos personas, habiendo estado en el mismo lugar y frente al mismo individuo, extraían conclusiones tan dispares radicaba en la perspicacia de Kihano, dotado de una capacidad de observación innata y afilada como un estilete.
"Visto así, ciertamente parece ser del sur. Pero ¿a qué se refiere con lo de que pertenece a la nobleza venida a menos?"
"El anillo que llevaba en el dedo era un sello heráldico, de esos que solo usan los nobles. Sin embargo, era un blasón que jamás había visto en mi vida, lo que indica que procede de un linaje extinto o arruinado hace por lo menos una generación".
¿En qué instante de aquel brevísimo encuentro había tenido tiempo de fijarse incluso en el anillo? Para Yan, que no había hecho más que encogerse de miedo ante la opresiva presencia que imponía aquel sujeto llamado Samonte, las deducciones que Kihano desgranaba le resultaban sencillamente asombrosas.
"Aparte de eso, su ropa estaba bastante gastada en general. Se nota que es un tipo quisquilloso y que cuida sus prendas con esmero, pero el hecho de que aun así vista ropa vieja revela que su bolsa no pasa por su mejor momento".
"...¿Y qué hay de lo de ser un mago excomulgado?"
A medida que escuchaba las deducciones de Kihano, a cuál más verosímil y razonada, los ojos de Yan comenzaron a brillar de fascinación. No obstante, al advertir la expectación con la que el joven aguardaba la explicación sobre la excomunión, Kihano se limitó a encogerse de hombros con desgana.
"...Bueno, eso ni yo lo sabía".
"¿Cómo?"
Habiendo asegurado con total aplomo instantes antes que el mago estaba excomulgado, ahora admitía no tener idea del motivo. Mientras Yan lo miraba sumido en la más absoluta estupefacción, la respuesta provino de una voz que no pertenecía a Kihano.
"¡Ese tipo apestaba, por los cielos!"
Desde el interior del jubón de Kihano brotó la voz áspera y carrasposa de un anciano. Se trataba de una rana que pestañeaba sin cesar, sofocada por el tiempo que había pasado oculta en el encierro.
"A su alrededor se arremolinaban a montones misterios arcanos con los que nadie en su sano juicio debería traficar. Aquel hedor a carroña era tan insoportable que casi pierdo el sentido".
Tocado con un diminuto sombrero cónico sobre la cabeza, el batracio trepó con esfuerzo hasta acomodarse en el hombro de Kihano. Aquella criatura, que en sus días como humano respondía al nombre de Andrew, comenzó a rascarse la coronilla con una pata trasera como si el mero recuerdo le revolviera las entrañas.
"Casi con total certeza se trata de esa magia negra que, según dicen, se está extendiendo últimamente entre los magos. Si el misterio arcano se le pudrió hasta semejante extremo, lo habrán excomulgado hace ya una buena temporada".
La expresión de Yan se volvió tensa y perpleja, como quien ha oído la palabra magia infinidad de veces, pero jamás se ha topado con el concepto de magia negra. Sin embargo, bastaba con percibir la sombría atmósfera del lugar para comprender con inquietante claridad que el adjetivo "negra" presagiaba algo funesto.
"¿Qué demonios está sucediendo en esta aldea...? Empiezo a dudar de si no nos habremos metido en un lío mayúsculo".
En un principio, aquel no era más que un viaje emprendido para enmendar una insolencia cometida en el pasado. No obstante, el sitio en el que habían terminado era un pueblo siniestro, infestado por los rumores de una bruja y habitado por un mago sumamente turbio. Mientras caminaba por las callejuelas, Kihano chasqueó la lengua entre dientes al contemplar cómo el cielo de Consuegra se teñía lentamente de tinieblas.
※※※※
Los molinos de viento erigidos sobre la colina se hallaban ya sumidos en una penumbra tan densa que ni siquiera permitía proyectar sombras. En el interior del más nuevo de entre ellos, una tenue luminiscencia escapaba por los resquicios de los ventanales, mientras más de una docena de magos se afanaban en un ir y venir incesante.
"...Parece ser que el Barón Turlek erró por completo en la elección de su enviado".
En el nivel más alto del molino, justo en la cámara donde se ensamblaban las aspas, se hallaba dispuesto un taller privado. Allí, Samonte repasaba en soledad los acontecimientos recientes, visiblemente contrariado por la impertinencia con la que aquel joven llamado Kihano se había comportado.
"¿O habrá sido la Casa Frausen quien lo impuso a la fuerza?"
Los experimentos acumulaban un retraso intolerable a causa de una mujer de origen desconocido que no dejaba de entrometerse y sabotear sus planes. Había exigido que le enviaran a un caballero competente capaz de capturarla, pero el individuo que se había presentado no era un soldado juramentado de Turlek, sino un bala perdida de Frausen al que todavía no se le había secado la sangre tras las orejas.
"Esto va a ser un verdadero incordio. Con la montaña de trabajo que aún tengo sobre los hombros...".
Sintiendo una punzada real de jaqueca, Samonte se frotó las sienes mientras dejaba escapar un quejido sofocado. Con el anhelo de restaurar su linaje arruinado y alcanzar el éxito en sus nuevas investigaciones, había dependido hasta ahora del mecenazgo de la Casa Dragulia. Sin embargo, al aproximarse el momento ineludible de presentar resultados tangibles, la sombra del desasosiego comenzaba a devorar cada rincón de su mente.
"...Así que llora de una vez, bicho repugnante".
El único clavo ardiendo al que un hombre acorralado como Samonte podía aferrarse era la minúscula serpiente confinada dentro del matraz de cristal.
"¡...!, ¡...!"
Atrapada en el fondo del recipiente que Samonte sostenía, la pequeña cría de serpiente se agitaba con furia. Era tan diminuta que ni siquiera alcanzaría a cubrir la palma de la mano de un adulto. Clavando sus pupilas en el mago que la examinaba desde arriba, la criatura no cesaba de sisear con violencia, como si le exigiese a dentelladas que la liberase de inmediato. Con sus colmillos apenas despuntados erizados en una mueca defensiva, la joven alimaña resplandecía en una blancura inmaculada, semejante a la luna suspendida en la inmensidad del cielo nocturno.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Capítulo 279
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 278
Estás leyendo el capítulo 278 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.