Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 276 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El calabozo de cierta mansión, rodeado de lúgubres ladrillos grisáceos.
Allí, en aquel recinto saturado por la humedad del suelo empapado, Kihano permanecía sentado con la mirada perdida, atado con cuerdas de presidiario.
"Se... Sir Kihano."
"Dime."
A juzgar por el trato tan rudo que debió de recibir al ser arrastrado hasta allí, el aspecto de Kihano, sentado en el suelo, se veía andrajoso y maltrecho. Sin embargo, incluso ese aspecto andrajoso era un auténtico lujo si se lo comparaba con el del muchacho que ahora lo llamaba con voz angustiada.
"Pero... ¿por qué soy el único colgado boca abajo?"
"Pues porque... ¿será la tradición de esta Casa Turlek?"
"¿Y entonces por qué usted está tan tranquilo sentado en el suelo?"
"Eso es porque... ¿yo soy un noble?"
Atado de pies a cabeza con una soga como si fuera una crisálida, el aspecto del muchacho resultaba lastimero. No obstante, pese a la voz del chico que lo llamaba, Kihano solo contemplaba el suelo y se mordisqueaba las uñas con aire inquieto.
"E-entonces, ¿no podría levantarme un momento siquiera? Se me está subiendo toda la sangre a la cabeza."
"Ah, esto es un desastre. Me parece que esta vez no saldré bien librado."
"Con un momento bastaría. De verdad siento que me voy a desmayar."
"Si esto llega a oídos de mis hermanos, dudo que pueda morir en una sola pieza."
"Disculpe, ¿Sir Kihano? ¡Sir Kihano!"
A pesar de las desesperadas llamadas del muchacho, Kihano no levantaba la cabeza con facilidad. Es más, a causa de una ansiedad que no hacía sino empeorar a cada instante, ahora incluso se ponía en pie y caminaba de un lado a otro.
"Viejo. ¿No hay alguna manera? Usted es un mago, ¿no?"
"..."
Aunque solo había dos personas en el calabozo, Kihano comenzó a hablar solo como si hubiera alguien más allí presente.
"¿Aún no se ha recargado? Si ya está listo, rompamos el muro del calabozo y salgamos de aquí."
Hablaba hacia un rincón vacío del calabozo.
Su figura, agachada en cuclillas y hablando sola, daba la impresión de que no estaba en sus cabales, pero por fortuna hubo alguien que respondió a la voz de Kihano.
"¡Puaj! Por eso no soporto a los caballeros de pacotilla. ¿Acaso te crees que la magia se puede usar con solo desenvainar una espada como hacen ustedes?"
Desde el rincón desierto del calabozo resonó la voz cascada de un anciano. Junto a esa voz, una presencia comenzó a dar pasos saliendo de la penumbra.
"Por eso te dije, ¿para qué fuiste a meterte con la hija del barón? ¡Te advertí que no lo hicieras!"
Era una rana. Una rana más pequeña que la palma de la mano de un niño pequeño. Una rana de lomo verde y vientre blanco que chasqueaba la lengua con desaprobación mientras salía a saltos del rincón.
"Desde luego, no cabe duda de que eres de la calaña de los Frausen; en cuanto ves a una mujer pierdes el juicio por completo."
"¡Es que de verdad es una injusticia! ¡Le juro que los dos estuvimos plenamente de acuerdo!"
"...Disculpen. Cualquiera de los dos, por favor... ¿No podrían bajarme de aquí?"
Un hombre de estatura espigada y cabello castaño. Un muchacho cubierto de pecas que, atado con cuerdas, suplicaba con apremio que lo bajaran. Y una rana que llevaba un diminuto sombrero de mago y sostenía una pipa en la boca.
"De todos modos, ¡tenemos que salir de aquí ahora mismo! Antes de que llegue a oídos de mis hermanos."
"Disculpe, Sir Ki... Sir Kihano..."
"Así que recárguese rápido. Para que hagamos un ¡bum! y salgamos de aquí."
"...¿Y qué demonios es ese '¡bum!'?"
"¡Ah, eso que me mostró la última vez! Hizo así, 'zuum', y luego descargó un golpe con un 'fiiiu'."
"D-disculpen, miren allá..."
"No entiendo ni una sola palabra de lo que dices. Como todo un Frausen que eres, hasta tus explicaciones son una auténtica porquería."
Había tres individuos dentro del calabozo, pero ninguno parecía entenderse con los demás. Cada uno no hacía más que parlotear lo que se le antojaba.
Sin embargo, el muchacho, que observaba toda aquella escena, comenzó a gritarle a Kihano a viva voz como si no pudiera aguantar más:
"¡Que ya llegó! ¡No sé quién es, pero alguien acaba de llegar!"
"¿Eh?"
Ante los desgañitados gritos del muchacho, solo entonces Kihano se dio la vuelta. Y al mirar más allá de los barrotes, descubrió a un hombre desconocido que lo miraba fijamente mientras se bajaba lentamente la capucha.
"...¿Hermano?"
Era de estatura espigada, y su cabello peinado hacia atrás y untado con aceite relucía con lustre. La viva estampa de un noble que cualquiera calificaría de refinado y distinguido. Sin embargo, lo que más destacaba en las facciones de aquel hombre era el brillo penetrante y feroz que emanaba de sus ojos.
"...Maldito pedazo de escoria bueno para nada."
El quinto hijo de la Casa Frausen: Pérez Frausen.
Ahora mismo, contemplando a su hermano menor, calificado como el peor sinvergüenza en la historia de la familia, cerraba con parsimonia su ojo izquierdo.
"¡H-hermano, hermano! ¡No uses eso! ¡Puedo explicarlo todo!"
Con el ojo cerrado contemplaba su propio mundo interior, y con el ojo abierto contemplaba este mundo sobre el que se alzaba. Al presenciar aquella manifestación que solo un caballero que había alcanzado la maestría podía ejecutar, Kihano se pegó aterrado contra el muro del calabozo.
"No te molestes en explicar nada. Limítate a morir."
"¡Pero no hace falta que llegues al extremo de usar el aura! ¿Acaso no sientes lástima por tu hermano menor, que ni siquiera es capaz de usar el aura?"
"Más lástima me doy yo por tener un hermano como tú."
¡Creeeak!
Habiendo recibido la llave de manos del carcelero, Pérez abrió la puerta y comenzó a adentrarse con lentitud en el calabozo. Ante la presencia de Pérez, que en un instante inundó por completo el recinto, Kihano se apresuró a adoptar una postura defensiva.
No obstante, Pérez Frausen se limitó a burlarse con frialdad de aquel vano forcejeo de su hermano.
"¿Qué tal si primero te mueres a medias?"
¡Craaash!
Tan pronto como se desvaneció la sonrisa de Pérez, un estruendo ensordecedor, como si un muro se viniera abajo, se propagó por todo el calabozo. Acompañado por los alaridos de un hombre que resonaban al unísono.
Los guardias que custodiaban la puerta también se desconcertaron ante el polvo que de pronto caía del techo, pero se limitaron a permanecer inmóviles según las instrucciones que acababan de recibir.
"Disculpen... jóvenes señores... Me van a bajar de aquí, ¿verdad?"
A cada puñetazo que Pérez descargaba, el calabozo se estremecía con violencia. El muchacho, que oscilaba sin cesar como un capullo al compás de aquellas vibraciones, llamó en voz baja a los hombres de Frausen, pero todos parecían demasiado ocupados como para dignarse a responder a su súplica.
※※※※
"Krrrgghh..."
¿Acaso se vería así una masa de pastel de arroz apelmazada y arrojada al suelo?
Al ver a Kihano encogido por completo y pegado contra el suelo de la celda, Pedro soltó un suspiro como si ya hubiera tenido suficiente.
"Dime qué fue lo que te dijo padre cuando te marchaste."
\*Fsssh.\*
Con el áspero raspón de una cerilla, el denso aroma del tabaco que fumaba Pedro comenzó a esparcirse por el aire.
"......"
"Te dijo que te mantuvieras quieto. Que, a ser posible, no llamaras la atención de nadie."
Al compás de la profunda calada que inhalaba, la brasa de la pipa se encendía en un vivo tono rojizo. En medio de la noche avanzada, era la única luz que iluminaba la oscura prisión.
"Ahora que ya has cumplido veinte años, deberías comprender con qué intención padre te echó de la familia."
"No lo sé... Mierda."
Al contemplar a su hermano menor, inmóvil como si todavía estuviera consumido por la indignación, las cejas de Pedro se crisparon. Sin embargo, aquella rebeldía era algo que podía comprender perfectamente. Por muy frío que consideraran a Pedro, era más que capaz de intuir los sentimientos de un hermano menor que se había hecho pedazos al estrellarse contra un muro insuperable.
"Comprendo que quieras desbocarte, pero no olvides que la furia de la Casa Dragulia aún no se ha aplacado."
"......"
En cuanto el nombre de Dragulia flotó en el aire, Kihano, que yacía tendido en el suelo, comenzó a removerse poco a poco. No obstante, Pedro desvió la mirada fingiendo no haber visto aquel gesto y se limitó a proseguir:
"Así que márchate aún más lejos. Hasta que ellos se olviden de ti."
\*Clac.\*
Tras pronunciar aquellas palabras, Pedro se puso en pie y arrojó una pequeña bolsa hacia donde yacía Kihano. La bolsa cayó dejando escapar un tintineo. Era ese sonido de monedas que resultaba familiar sin importar cuántas veces se escuchara.
"...... No necesito esto."
"Te lo envía madre, así que acéptalo."
Habiendo arrojado la bolsa de monedas de oro, Pedro introdujo esta vez un pequeño papel entre las cuerdas del muchacho que se encontraba firmemente atado al techo.
"Y sin importar si se llegó a un acuerdo o no, es un hecho indiscutible que causaste molestias a la Casa Turlek, de modo que encárgate tú mismo de resolverlo."
El muchacho, rendido por el agotamiento, ni siquiera despertó ante las manos de Pedro cuando este lo descolgó. Tras depositar al jovencito en el suelo, Pedro abandonó la celda sin pronunciar una sola palabra más. Al ver la espalda de su hermano alejarse poco a poco, Kihano, que yacía desfallecido en el suelo, comenzó recién entonces a incorporarse con lentitud.
\*\*\*
"Vaya, parece que lo está pasando mal, Lord Pedro Frausen."
"......"
Dado que era un huésped no invitado, Pedro pretendía marcharse en silencio. Sin embargo, una voz a sus espaldas lo obligó a detenerse.
"Como era de esperar de un vástago de la Casa Frausen, los líos que causa a su paso son verdaderamente monumentales."
Bajo la luz de la luna, la calva del hombre resplandecía con nitidez. El individuo que se acercaba sonriendo ante aquel brillo era un caballero de la Casa Turlek, y también la misma persona que había arrastrado a Kihano hasta este lugar.
"¿Qué quieres?"
"No es nada del otro mundo... Es solo que todavía nos queda una cuenta pendiente por saldar respecto a Lord Kihano."
Aproximándose con aquella sonrisa burlona, el hombre extendió la mano disimuladamente hacia Pedro y añadió:
"¿No se lo acabo de decir? Como era de esperar de alguien que lleva la sangre de los Frausen, los problemas que provocó fueron enormes. Quizás por esa misma razón, la suma de dinero que su hermano menor me pidió prestada es algo abultada."
Ante la mención de un préstamo, las cejas de Pedro comenzaron a crisparse.
"¿Cuánto?"
"Son unas veinte monedas de oro."
"...... ¿Veinte monedas de oro?"
A ojos del mundo, su hermano no era más que la oveja negra de la Casa Frausen. Sin embargo, Pedro, que había observado a Kihano durante largo tiempo, sabía perfectamente que su hermano jamás pediría prestada semejante suma sin un motivo de peso.
"Bueno, vera... ¿No vio al chiquillo que Lord Kihano lleva consigo ahora? El mocoso se llama Jan."
Aunque el hombre se explayaba con rodeos innecesarios, en realidad se trataba de una historia corta. Había un muchacho huérfano de padre y madre que trabajaba a solas en una granja. Lo único que lo diferenciaba del resto de los peones era que sus progenitores habían muerto dejándole una deuda colosal. Dadas las circunstancias, el hecho de que el terrateniente que explotaba al chico fuera precisamente el acreedor de esa deuda no resultaba ninguna sorpresa. A fin de cuentas, cuando una serie de casualidades se encadenaban, esta clase de abusos solían ocurrir a menudo en el mundo.
"...... ¿Así que mi hermano compró a ese niño pagando veinte monedas de oro?"
"Así es. Y fui yo quien le prestó ese dinero."
Al salir de casa iba solo, pero al ver que se le había pegado un seguidor a la zaga, resultó que se debía a semejante motivo. Al comprender por fin la identidad del muchacho que colgaba del techo, Pedro esbozó una leve sonrisa y dio un paso hacia el hombre.
"Si es así, tendré que pagártelas. Las veinte monedas de oro."
Devolver el favor con favor, y saldar el agravio con agravio. Pagar siempre el precio justo bajo cualquier circunstancia era la regla de hierro de la Casa Frausen y un precepto familiar que jamás debía olvidarse.
"¿Lord Pedro?"
Por esa misma razón, ni una sola moneda cayó sobre la palma que el hombre mantenía extendida.
"Al venir hacia aquí, me pareció notar que trataste a mi hermano con bastante rudeza."
"...... ¡!"
En lugar de oro, lo que cayó sobre la mano del hombre fue la mano férrea de Pedro. Ante aquella tenaza que lo atenazaba como si fuera a triturarle los huesos, el caballero calvo abrió los ojos desorbitados, incapaz siquiera de emitir un grito.
"A ver, déjame oírlo. Cuánto vale tu miserable pellejo."
"Kgh...... Aaargh."
Por muy oveja negra de la familia que fuera, un Frausen seguía siendo un Frausen. El linaje de mortales que brillaba con luz propia incluso en el mundo de los dragones no era algo que una insignificancia como la Casa Turlek pudiera atreverse a mancillar.
"Tendrá que ser más caro que veinte monedas de oro, al menos."
"¡Aaaaargh!"
Un hermano mayor que retorcía la muñeca de otro por el honor de un hermano menor al que nadie reconocía. Y un hermano menor que acababa de recibir una paliza soberbia a manos de ese mismo hermano mayor. La luz de la luna que se filtraba entre ambos brillaba hoy con una blancura singular.
"...... Consuegra."
La luna de esta noche iluminaba con nitidez incluso aquella sombría prisión. Sobre el trozo de papel blanco bañado por esa luz, se hallaba escrito el nombre de una ciudad. Un rincón pegado al confín más remoto de la Baronía Turlek.
Consuegra.
De entre los labios partidos de Kihano, el siguiente destino comenzó a brotar en un suave murmullo.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 276
Estás leyendo el capítulo 276 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.