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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 273 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Historia secundaria: En el cielo al que alcé la vista "Hay un fantasma en esta mansión". A primera hora de la mañana, en medio de la penumbra previa al amanecer, Vlad, que ni siquiera lograba abrir bien los ojos, se despertó sobresaltado por la voz de Jemina resonando a su lado. "¿Qué?" "Te digo que hay un fantasma aquí. Lo vi anoche". En su campo de visión, que apenas comenzaba a enfocar, vio a Jemina cerrando las manos en puños encogidos como zarpas de gato. Parecía esforzarse por adoptar una pose amenazante, pero para Vlad, que desconocía por completo el contexto, aquello no era más que una extravagancia incomprensible. "...¿Acaso comiste algo que te cayó mal?" "Sí, ya sabía que dirías eso". Irrumpir desde el alba para soltar semejante tontería... ¿Un fantasma? Vlad volvió a dejarse caer en la cama con incredulidad, pero Jemina le apartó las mantas de un tirón implacable. "...En serio, ¿qué te pasa desde primera hora de la mañana?" "¡Mira esto! Aquí tengo una prueba irrefutable". Ante un Vlad que parpadeaba con pesadez expresando su deseo de seguir durmiendo, Jemina le plantó delante una hoja de papel blanco instándolo a mirar. Aquel pliego con un dibujo era lo que la doncella del oráculo del Árbol del Mundo le había entregado la noche anterior. "Es un dibujo que dejó el fantasma que me encontré anoche. ¿Y bien? Solo de mirarlo da escalofríos, ¿a que sí?" "..." "Mira estos trazos tan caóticos. ¡Cualquiera se daría cuenta de que es un dibujo cargado de maldiciones!". Ciertamente, tal como decía Jemina, el estilo de dibujo era por completo desordenado. No obstante, en contraste con ello, la viveza del colorido era tan llamativa que resultaba imposible adivinar a qué edad pertenecía quien lo había pintado. "¿Esto te lo dio un fantasma antes de irse?" "¡Que sí, te lo juro!". "...¿Por casualidad ese fantasma tenía el cabello rubio platinado y llevaba puesto un vestido blanco?" "¡Santo cielo!". Al ver que Vlad describía con tanta precisión los rasgos del espectro, Jemina se tapó la boca horrorizada. "Se me acaba de poner la piel de gallina". Como si las palabras de Vlad hubiesen dado en el blanco, los grandes ojos de Jemina se abrieron aún más. Al contemplar su reacción, Vlad se rascó la cabeza con aire perplejo y se puso a examinar el dibujo que ella le había entregado. "...¿Mmm?" Sobre las murallas de Sturma, el alba apenas empezaba a despuntar. En la habitación que se iluminaba poco a poco, Vlad, que intentaba descifrar la revelación de la doncella del oráculo, frunció el ceño con una expresión de desconcierto. ※※※※ En esos momentos, la mansión de Bayezid, atestada de invitados, era el vivo reflejo de un salón social en su máximo apogeo. Nobles y emisarios congregados desde todos los rincones del continente abarrotaban las estancias. Ante una oportunidad que en tiempos normales jamás se presentaría, los más astutos ya se hallaban enfrascados en forjar nuevos lazos e influencias. "¡Oh, Sir Vlad Áureo...!". Y, entre todos ellos, la persona con quien más ansiaba encontrarse la concurrencia era Vlad, el nuevo Maestro de la Espada. No obstante, abriéndose paso con indiferencia entre la marea de personas que se le aproximaban sin cesar, Vlad se limitó a subir las escaleras con paso familiar. 'Me gustaría que fueras a ver a mi madre antes de marcharte. Tratándose de ti, seguro que se alegrará'. "..." Dejando atrás el bullicio del primer y segundo piso, ascendió hasta la tercera planta, vedada a las visitas. Al llegar allí, Vlad se detuvo un instante al contemplar el corredor desierto. "La luz del sol sigue siendo tan clara como siempre". En sus días de escudero, aquel pasillo siempre hervía con sirvientes que entraban y salían ajetreados. Sin embargo, ahora se había transformado en un lugar tan silencioso que incluso se alcanzaba a oír el trino de los pájaros en el exterior. Vlad olfateó con discreción. Antes de dar un paso desde la escalera hacia el corredor, Vlad se acercó la nariz a varios puntos de su ropa para cerciorarse de si desprendía algún olor desagradable. Antaño era un muchacho de los callejones que ni siquiera era consciente de si apestaba o no. Aun así, incluso a aquel muchacho que vestía ropas invernales en pleno verano, la señora de este aposento siempre le había dedicado una sonrisa amable. "...¿Señor Vlad?" "Ha pasado mucho tiempo". Al detenerse en silencio frente a la estancia de la señora Oksana, Vlad asintió con la cabeza hacia una doncella de rostro familiar que aguardaba allí. "He venido a ver a la señora Oksana". "Ah...". La sirvienta de mediana edad, de quien se decía que había venido acompañando a Oksana desde su casa natal, reconoció a Vlad al instante y esbozó una amplia sonrisa. "¡Por poco y no lo reconozco! Se ha convertido en un caballero tan distinguido". "Muchas gracias". Aunque su sonrisa fue radiante, de los labios de la sirvienta no brotó el menor rumor, como si fuera consciente de la solemne atmósfera que reinaba en la estancia. O tal vez se debía a que llevaba tanto tiempo sin reír que la voz simplemente se negaba a brotar. "Aguarde un momento, por favor. Debo anunciarlo dentro". Aunque ya se había avisado de que pasaría hoy, las damas de alta cuna siempre requerían su tiempo para prepararse. Bien consciente de tales miramientos, Vlad permaneció de pie en la desierta antesala y comenzó a contemplar los alrededores en silencio. "..." Se decía que las habitaciones terminan pareciéndose a sus dueños. Era un aposento espacioso, pero los muebles y adornos a la vista resultaban sobrios y austeros. Sin embargo, la razón por la que aquella sala no lucía vacía era que la luz anaranjada del sol, que alcanzaba a acariciar sus pies, colmaba el ambiente por completo. "¿Señor Vlad?" "Ah... Sí". Había una dama noble que solía sonreírle envuelta en esa misma luz. Cada vez que contemplaba la sonrisa que ella le brindaba, Vlad sentía que su corazón, húmedo y sombrío como si hubiera criado moho, se volvía un poco más luminoso. "Debiste de haber pasado muchas fatigas tras un viaje tan largo, Vlad". "..." Sin embargo, en la sonrisa que ella mostraba hoy, en lugar del antiguo resplandor, pesaban densos nubarrones que amenazaban con precipitarse en cualquier instante. Eran nubes de tormenta tan oscuras y cargadas que daban la impresión de romper a llover al más leve roce. "...Le pido disculpas. Debí haber venido a visitarla mucho antes". "No, de ningún modo. Ven, acércate aquí". Sentada en el lecho, la mano con la que Oksana le hacía señas para que se aproximara estaba marchita y reseca como una rama mustia. Una mujer consumida por la falta de alimento, minada por la enfermedad y extenuada por el dolor. Al contemplar a una Oksana esquelética, que evocaba la última imagen que recordaba de su propia madre en la infancia, Vlad se humedeció los labios con la lengua sin poder evitarlo. "Lo sé muy bien. Sé lo ocupado que has estado todo este tiempo". "..." "Y también sé con cuánto empeño has luchado para culminar aquello que mi hijo no pudo terminar". Habían transcurrido ya dos años desde la muerte de Josef. Sin embargo, la señora Oksana pronunciaba su nombre en un tono que hacía parecer como si aquello hubiera ocurrido ayer mismo. "¿Te encargaste ya de todos los magos negros que huyeron?" "...... En el norte, sí. En el norte están prácticamente todos exterminados." "¿Y los que sembraron discordia y dividieron a la gente bajo el mando del Duque de Sangre de Dragón?" "Esta vez se celebrará una reunión de la mesa redonda en Brigantes. Mi intención es reparar las grietas que se abrieron entre nosotros durante todo este tiempo." En cada época existían deberes que los hombres de su tiempo debían cargar sobre sus hombros. Una época luchaba por la libertad, y otra por la gloria. Y había existido un hombre que solía decir que a la generación presente le correspondía beberse los venenos que se habían esparcido hasta entonces. "Sí. Te has esforzado mucho, Vlad." Josef, quien había consumido lo poco que le quedaba de vida en un intento por calcinar los venenos esparcidos por el mundo. Al ver a Vlad continuar con aquella voluntad póstuma, la señora Oksana esbozó una suave sonrisa. "Qué alivio. Los niños del mañana no tendrán que sufrir como sufrieron ustedes." Vlad, de pie ante ella, no poseía cabello negro, ni una tez pálida, ni era un joven enfermizo. No compartía ni un solo rasgo con su difunto hijo; aun así, la mirada con la que la señora Oksana lo contemplaba no se diferenciaba en lo más mínimo de la que solía dedicarle a Josef. "Definitivamente, da gusto verte bien alimentado. Tus anchos hombros te hacen lucir muy varonil." "...... Gracias." Sin embargo, inclinando la cabeza junto al lecho, Vlad era incapaz de mirarla a los ojos. Porque, aunque ella hubiera podido ser una madre para él, él jamás podría convertirse en su único hijo. Vlad, con la cabeza gacha, comprendía demasiado bien que la única persona capaz de brindar consuelo a esa mujer que se marchitaba lentamente no era otro que Josef, quien yacía sepultado más allá de la ventana. ※※※※ "...... En momentos así, no puedo evitar pensar en lo injusto que es todo esto." Bajo un cielo plomizo cubierto de densas nubes, Vlad abrió en silencio una botella de whisky. Mientras que la mansión a sus espaldas vibraba con el bullicio festivo, aquel pequeño jardín permanecía sumido en una serenidad absoluta, como si perteneciera a un mundo enteramente distinto. Frente a la lápida de Josef erigida en aquel rincón, Vlad vertió el licor con parsimonia y soltó un largo suspiro al posar los ojos en el cenotafio de los caballeros que se alzaba a espaldas de la tumba. "Siento que solo aquellos que partieron primero encuentran la paz. Mientras que los que nos quedamos atrás seguimos sufriendo." Sir Gregory, Lagmus, Age... Y un sinfín de caballeros cuyos nombres desconocía, pero que aquel día habían combatido hombro con hombro frente a Sarnus. Vlad levantó la botella de whisky en honor a aquellos nombres recién inscritos en el cenotafio y volvió la cabeza con calma al percibir una presencia detrás de él. "Aun así, cumplir con las tareas que ellos no pudieron culminar es el deber de los que seguimos con vida." "Marcus." Un hombre apareció caminando desde un punto donde, hasta hacía apenas un instante, no había nadie. Su rostro estaba plagado de grotescas cicatrices, marcas mudas de sucesos del pasado. "Con todo, los caballeros que descansan aquí han tenido suerte. En este mundo, son muchísimas más las personas que se desvanecen sin dejar siquiera un nombre tras de sí." Ante las palabras de Marcus que llegaban a su lado, Vlad asintió sin pronunciar palabra. Aunque nadie nacía desprovisto de significado, no existía garantía alguna de que continuaran teniéndolo hasta el momento de su muerte. "El Papa Andrea me pidió que te transmitiera su agradecimiento. Parece que esos tipos a los que liquidaste esta vez le causaron no pocos dolores de cabeza." "¿De veras?" Por esa razón, a lo largo de los últimos dos años, Vlad había recorrido el continente centrándose en purgar los remanentes que aún quedaban en pie. En ocasiones aniquilaba a magos negros que embaucaban a las gentes, y en otras degollaba a los partidarios de Dragulia que todavía sobrevivían en las sombras. Aquel incesante trajín era la forma personal en que Vlad luchaba con todas sus fuerzas para evitar que los nombres que ahora tenía frente a él hubiesen caído en vano. "¿Queda alguien más rondando por ahí? Pensaba hacer un recorrido una vez termine esta ceremonia de sucesión." "......" Sin embargo, ante la petición de Vlad de un nuevo objetivo, Marcus mantuvo los labios sellados. Se limitó a extraer una botella de licor que traía consigo y a derramarla en silencio sobre la hierba cercana. "Aún eres joven, y considero que lo que has hecho hasta ahora es más que suficiente." "¿Marcus?" Marcus roció el licor en silencio por aquellos que, al igual que él, carecían de nombre. Levantando la cabeza, asintió en dirección a Vlad, quien mostraba un gesto de perplejidad, y sentenció: "En cumplimiento de la última orden dictada por el Conde Peter, los cuervos no volverán a facilitarte información de ninguna clase." "......" "Es, por así decirlo, el último ruego del conde: que a partir de ahora vivas tu propia vida y dejes de vivir por los demás." Había una estrella que brillaba con fuerza porque albergaba deseos que cumplir y un ideal que alcanzar. No obstante, al ser incapaz de soltar los lazos que debía dejar ir, esa estrella estaba perdiendo gradualmente su fulgor; ya era hora de que levantara la vista hacia un firmamento nuevo. "Supongo que no nos veremos durante una buena temporada." "Así es." "Entonces, déjame hacerte una sola pregunta." A espaldas de Marcus, quien se alejaba con paso pausado como si ya hubiese dicho todo lo que tenía que decir, Vlad preguntó: "¿Cuál era tu verdadero nombre?" "......" Un cuervo sin nombre. Un hombre que se presentaba bajo una apariencia y una identidad distintas en cada encuentro. Aunque Vlad sentía curiosidad por saber quién era en realidad, Marcus, tras darse la vuelta, se limitó a señalar en silencio el cenotafio a sus espaldas. "Ni yo mismo lo sé. Mi antiguo nombre lo sepulté allí." Un hombre capaz de fundirse en cualquier tiniebla precisamente porque había enterrado el nombre que lo definía. De ese modo, el hombre a quien llamaban Marcus se desvaneció sin dejar rastro de su presencia, exactamente igual a como había aparecido. "...... Ahora me he quedado sin oficio ni beneficio." En el jardín abandonado por Marcus, Vlad permaneció solo. Habiendo perdido súbitamente el rumbo de su existencia, extrajo en silencio una hoja de papel del pecho de sus ropas y preguntó: "¿Qué se supone que debo hacer ahora, Josef?" Era el dibujo que la doncella del oráculo del Árbol del Mundo le había entregado a Jemina. Vlad contempló aquella ilustración durante un largo rato, pero a su lado solo se hallaba Josef, quien no emitiría respuesta alguna por más que le preguntara. \*Fshhhhh.\* Desde el cielo encapotado, la lluvia comenzó por fin a caer a raudales. Al alzar la vista hacia lo alto, Vlad sintió una punzada de amargura en el pecho, como si la lluvia que caía sobre él estuviese empujándolo por la espalda a seguir adelante. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 273

Estás leyendo el capítulo 273 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.