Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 272 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Historia secundaria: La mansión que no cambió
Hacía mucho tiempo que Vlad no recorría los pasillos de aquella mansión, los cuales despertaban en él una sensación profundamente familiar.
En aquel gélido día de invierno, Vlad había llegado a la mansión de Bayezid siguiendo los pasos de Josef, cargando nada más que una espada a la espalda.
Sin embargo, a diferencia de aquellos tiempos en los que todo le resultaba ajeno, ahora este lugar se había convertido prácticamente en un segundo hogar.
"Esta mansión no ha cambiado en nada."
"Tampoco es que tuviera motivos para cambiar. Aunque últimamente se ha vuelto un poco bulliciosa."
Siguiendo los pasos de Zayar, Vlad ladeaba la cabeza mientras contemplaba el aspecto de la mansión.
Eran estampas entrañables después de tanto tiempo sin verlas.
Pisando los mismos senderos que solía transitar cuando no era más que un escudero, Vlad empezó a rememorar los viejos tiempos.
"Aun así, no sabía que se hubiera convertido en el comandante de la orden de caballeros."
Acababan de pasar frente al comedor donde en su momento compartió salchichas con Portly.
Más abajo se alcanzaba a ver el campo de entrenamiento, donde había pasado vergüenza por no saber montar a caballo.
Sin embargo, entre todas las escenas inmutables, lo que más le calaba hondo era la espalda de Zayar, que ahora tenía ante sus ojos.
"Con lo poco que le gustan las molestias, es increíble que haya aceptado el puesto de comandante."
"...... Yo tampoco tenía intenciones de hacerlo. Al menos, de no haber sido por la petición de la señora Oksana."
A Zayar le desagradaban las molestias, y detestaba aún más todo aquello que las atrajera consigo.
Vlad, que conocía bien su temperamento habitual, se sentía intrigado por el hecho de que hubiese aceptado el cargo de comandante; no obstante, al parecer Zayar también había tenido circunstancias ineludibles que le impidieron negarse.
"¿De la señora Oksana?"
"Por tu culpa, el valor de mi nombre subió sin que yo lo pretendiera. Supongo que la señora Oksana quería aprovecharse un poco de eso."
En estos momentos, el continente entero ardía de fervor ante la aparición de un nuevo Maestro de la Espada.
El primer Maestro de la Espada en surgir desde los días del rey fundador Frausen.
Y habiendo sido Vlad quien recreó una escena de leyenda al decapitar al dragón más antiguo, para la Casa Bayezid no había motivo alguno para desaprovechar semejante renombre.
"A fin de cuentas, ha prosperado gracias a haber tenido un buen discípulo."
"...... Sigues viviendo demasiado pagado de ti mismo."
Los pasos de Zayar comenzaron a internarse por un pasillo desconocido.
Aquel era el corazón de la mansión, un lugar al que jamás habría podido acceder durante sus días como escudero.
"Esta es la primera vez que vengo por aquí."
"Incluso si hubieras venido antes, habría sido un problema. ¿Qué pintaba un simple escudero en un sitio como este?"
La risita disimulada y burlona de Zayar seguía siendo la de siempre.
Aun así, el motivo por el cual aquella sonrisa no resultaba desagradable radicaba en la actitud de Zayar, quien todavía lo miraba como a alguien a quien debía cuidar.
"Entra."
"Sí."
En el pasado había sido la estancia utilizada por Peter, pero en el presente era la habitación donde residía Rutger.
Cuando Zayar, plantado ante ella, llamó con suavidad a la puerta, la hoja de madera comenzó a abrirse emitiendo un sonido sordo, como si hubiese estado aguardando ese instante.
"...... Oh."
Un misterio conjurado por Lagmus, quien ahora descansaba en paz.
Aquella estancia que se abría siguiendo dicho misterio era el rincón más recóndito de la mansión, al que solo tenían permitido entrar aquellos autorizados expresamente por el patriarca de Bayezid.
"Llegas más tarde de lo que pensaba, Vlad."
Sin embargo, en aquel lugar que parecía destinado a ser por completo ajeno, una sonrisa harto conocida ya estaba esperando a Vlad.
"Desde la mañana no paraban de revolotear cuervos anunciando que venías."
Bajo los radiantes rayos del sol se encontraba un hombre de cabello azabache que sonreía al mirar a Vlad.
Era un despacho repleto de ornamentos que simbolizaban la autoridad, pero con la mera presencia de Rutger, el espacio ante sus ojos ya se transformaba en un sitio cálido y entrañable.
"Toma. Buen trabajo recorriendo un camino tan largo."
Rutger Bayezid, quien ahora se convertiría en el nuevo patriarca de la Casa Bayezid.
Sonriendo ampliamente hacia Vlad, chasqueó los dedos para arrojarle algo.
"Esta vez no lo rechazarás, ¿verdad?"
"...... Vaya que es usted rencoroso en el fondo."
Aquel diminuto objeto surcó el aire dibujando una parábola tras abandonar la mano de Rutger.
Al ver el cacahuate que volaba en su dirección, Vlad no pudo evitar soltar una risa tonta.
\* \* \*
"Últimamente, ¿cómo decirlo? Siento que cada día es un proceso para descubrir mi verdadera vocación."
Como si se hubiese despojado de toda tensión, Rutger estaba sentado en una postura totalmente despreocupada.
Con las piernas abiertas de par en par y soltando un prolongado suspiro, era una pose que jamás habría adoptado de sentirse incómodo ante la persona sentada enfrente.
"Solía pensar vagamente que estaría bien si las cosas resultaban así, pero después de todo, estar en la posición de liderar a una familia no es nada fácil."
"Eso parece."
Vlad, sosteniendo la taza de té que le había servido Dorothea, miró de reojo a Rutger, quien se hallaba repantigado con desgana.
Tenía un semblante inusualmente pálido, como si no hubiera visto la luz del sol en mucho tiempo.
A eso se sumaban unas marcadas ojeras, fruto del agotamiento por la avalancha de trabajo incesante.
Aunque siempre había pensado que eran hermanos que no se parecían en nada, al verlo de este modo, era innegable que el rostro de Rutger evocaba la figura de Josef.
"Y dentro de todos esos asuntos complicados, la parte que tú ocupas es bastante grande."
"¿Yo?"
Vlad incluso se encogió de hombros, como si de verdad no tuviera ni la menor idea.
Sin embargo, a Rutger no pareció agradarle ese gesto y se limitó a fruncir el ceño.
"La influencia que posees supera a la de una simple familia noble, pero el lugar donde vives no es más que una posada ordinaria, ¿no es así? ¿Tienes idea de cuántas quejas y peticiones de la gente se generan por tu culpa?"
"Es la primera vez que escucho algo así."
"Esta ya es la tercera vez que evito que Bordan renuncie a su cargo como alcalde. Si el Duque de Acero está dispuesto a concederte tierras, ¿por qué demonios no te independizas de una vez?"
El primer Maestro de la Espada se convirtió en el emperador fundador del imperio.
Sin embargo, el nuevo Maestro de la Espada de esta era ni siquiera intentaba fundar una nación, y ni tan solo se dignaba a mirar las tierras que por derecho le correspondían, por lo que la gente común sentía una enorme curiosidad al respecto.
"¿Qué hay de Mosiam? Todavía no tiene señor."
"Es un lugar con el que no tengo ningún vínculo, así que no quiero."
"¿Y si simplemente te aparto una sección de los callejones como distrito autónomo?"
"Aunque yo no esté, se las arreglan bastante bien por su cuenta."
"......"
El Maestro de la Espada de esta era trazaba una línea divisoria tajante, como dando a entender que hasta allí llegaba su papel.
Al contemplar a Vlad, quien poseía el honor pero no mostraba el menor interés por el poder terrenal, Rutger volvió a exhalar un suspiro.
"¿Tanto le incomoda que yo esté en Shoara? Al contrario, ¿no es acaso un beneficio?"
"Así es."
"Es verdad..."
Ahora que la autoridad imperial se había desplomado por completo, no existía urbe alguna que atrajera tantas miradas como Shoara, donde residía Vlad, provisto de una legitimidad intachable. Desde luego, calculando los beneficios resultantes de dicha situación, lo más conveniente era que él permaneciera allí.
"El problema es que todo el mundo, sin excepción, me presiona a mí. A decir verdad, me provoca un auténtico dolor de cabeza".
Sin embargo, para empuñar una espada resplandeciente, el precio a pagar debía ser de igual magnitud. Dado que Vlad ni siquiera ofrecía una respuesta clara al respecto, la persona a la que asediaban y freían a preguntas en su lugar no podía ser otra que Rutger, quien guardaba el vínculo más estrecho con él.
"En cualquier caso, no vas a ser emperador, ¿verdad?"
Fue una pregunta formulada con aparente descuido, pero que bastó para tornar denso el ambiente del despacho en un abrir y cerrar de ojos. Una interrogante capaz de hacer vacilar incluso a Dorothea, apostada a un lado. Tan pronto como las palabras de Rutger tocaron a su fin, en el recinto se extinguió hasta el más mínimo tintineo de una taza de té.
"...¿No sería mejor para todos comenzar de nuevo?"
Para poner punto final a la tragedia engendrada por una era, resultaba imperativo despedazarla. Tal como Kihano había destruido la era del dragón, tal como Vlad destruiría ahora la era del imperio. Solo así las estrellas que yacían aplastadas y asfixiadas podrían alzarse una vez más en lo alto del firmamento.
"Entendido".
Rutger, habiendo presenciado el ocaso de la época desde la más absoluta cercanía, sonreía. Como si aquella respuesta fuera, en efecto, la más propia de él.
"Hablemos mañana de lo que quedó pendiente. Debes de estar fatigado, así que retírate a descansar por hoy".
"Tal vez sea lo mejor".
Cuando habían cruzado las puertas de Sturma era mediodía, mas el sol, ya declinando, comenzaba a teñirse poco a poco de un matiz rojizo.
"Ah, y antes de entregarte al reposo, hay visitas que te buscan; asegúrate de atenderlas".
"De acuerdo".
"Además, me gustaría que durante tu estancia le echaras un vistazo al menos una vez a los nuevos escuderos que hemos reunido".
"..."
"Bien mirado, ¿acaso no son todos tus sucesores directos? Dales una mirada con algo de afecto".
No le faltaba razón en sus palabras, pero la actitud con la que formulaba la petición poseía una insolente soltura. Ante la expresión de Rutger, que parecía sugerir que al menos debía pagar por el alojamiento, a Vlad no le quedó más remedio que asentir.
"Y además..."
"¿Y qué más ahora?"
Al escuchar de nuevo la voz de Rutger reteniéndolo, Vlad volvió la mirada con severidad. No obstante, ante lo que oyó a continuación, solo pudo sumirse en un callado respeto.
"Quisiera que también fueras a ver a mi madre antes de marcharte. Tratándose de ti, estoy seguro de que se alegrará".
"..."
Aunque todo Sturma bullía con el bullicio anticipado de las festividades venideras, el aposento habitado por aquella solitaria mujer permanecía cubierto por un silencio equiparable a la muerte. Una dama que se marchitaba día tras día, consolando su aflicción con la vista fija en la lápida mortuoria que yacía al otro lado del ventanal.
Al rememorar a aquella mujer que siempre le había sonreído con la ternura de una madre, Vlad asintió en silencio y abandonó el despacho.
\* \* \*
"...¿Cuándo demonios piensa volver este muchacho?"
En medio del corredor, ya sumido en una densa oscuridad, una puerta se entreabrió sin hacer ruido. A través del resquicio, la tenue luz de una vela recortaba una cabellera escarlata. Jemina, que asomaba la cabeza inspeccionando con cautela el pasillo, encogió los hombros con presteza, atemorizada por la quietud espectral que imperaba fuera.
"Decían que era una dama... ¿Acaso está bien dejar a una dama abandonada a su suerte de esta manera?"
Vlad, quien se había marchado para reunirse con el nuevo conde, aún no daba señales de vida. Por si fuera poco, Goat, tras alegar que saldría al encuentro de antiguos conocidos, debía de hallarse bebiendo en algún rincón, pues tampoco había regresado a esas horas, dejando a Jemina en absoluta soledad dentro de la habitación.
"Malditos sean... Cuando regresen, ya verán".
Sus palabras pretendían sonar amenazantes, pero el tono de su voz temblaba levemente al pronunciarlas. En la familiar Shoara jamás lo había advertido, mas ahora, hallándose en la desconocida Sturma, las sombras que se cernían sobre ella le despertaban un pavor incontrolable.
"Hola".
"¡Kyaaak!"
Aquella voz resonó de improviso junto a Jemina, justo cuando volvía a asomarse esperando verlos llegar. A oídos de cualquiera habría resultado una voz dulce y cristalina, pero para la temblorosa joven no supuso más que un sobresalto aterrador.
"Esto, yo..."
"¡Un vestido! ¡Blanco!"
"¿Acaso Vlad...?"
"¡Kyaaak!"
Una silueta blanca de identidad desconocida flotaba en el oscuro pasillo. Por añadidura, el vago contorno que lograba vislumbrar pertenecía a una niña pequeña que desentonaba por completo con una residencia nobiliaria de semejante porte, de modo que, a ojos de Jemina, era una visión capaz de helar la sangre.
"...¿Debería volver más tarde?"
"¡Hiiik!"
Al ver a Jemina desplomarse aterrada contra el suelo, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo se detuvo con desconcierto. Al reconocer en ella la cabellera pelirroja que había contemplado en sus sueños, se había apresurado a acudir a su encuentro llena de alegría, pero al parecer había cometido un desafortunado error.
"¿Q-Quién es usted?"
Ante la pregunta temblorosa de Jemina, la doncella del oráculo se rascó la cabeza por un instante. Al carecer de un nombre con el que identificarse, parecía vacilar, dudando sobre cómo presentarse para infundirle calma.
"Esto... Yo solo quería darte esto".
Sin embargo, para una niña desprovista de elocuencia, los medios para transmitir su sincera intención no eran muchos. Simplemente le quedaba tenderle la ilustración que había planeado entregarle desde el principio y ofrecer una disculpa.
"¿Q-Qué es esto?"
"Es lo que vi en mi sueño".
Tras tomar el pliego de papel que la muchacha le extendía, Jemina procuró serenar su agitado corazón y se esforzó por distinguir los trazos dibujados en él. No obstante, valiéndose únicamente del pálido resplandor lunar que entraba por el ventanal, se antojaba una tarea imposible averiguar qué representaba aquel dibujo.
"A Vlad le gustaría mucho si lo viera".
"¿Vlad?"
Al escuchar aquel nombre tan familiar, el brillo regresó por fin a la mirada de Jemina. Sin embargo, para entonces, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo ya retrocedía sigilosamente hacia las sombras del pasillo.
"Parece que tendré que aguardar un poco más para que me dediques una sonrisa".
"¿Eh?"
La niña que habitaba entre los sueños había reconocido a la mujer de cabello carmesí que en sus visiones le había sonreído con afecto. Con todo, la ocasión aún era demasiado prematura como para que ambas pudieran comprenderse.
"Nos vemos luego, Jemina".
Pronunciando aquellas palabras, tras haberle entregado únicamente aquella hoja, la doncella del oráculo del Árbol del Mundo dio media vuelta. Al contemplar aquella cabellera rubio platino alejarse a la carrera por el sombrío corredor, Jemina permaneció sentada en el suelo, completamente atónita y perpleja.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 273
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 272
Estás leyendo el capítulo 272 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.