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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 271 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El sol del mediodía, encumbrado en lo alto del firmamento, iluminaba Brigantes, la capital del imperio. Era la urbe erigida por la propia mano de Kihano Frausen, el rey fundador y Maestro de la Espada; la ciudad emblemática que había proclamado la llegada de la era de la humanidad tras el ocaso de la era de los dragones. Sin embargo, en aquel Brigantes que antaño debió relucir en gloria, en ese instante no reinaba más que un silencio contenido. "......He enviado de vuelta al Joven Emperador a su tierra natal". En una estancia del palacio imperial colmada de suntuosos ornamentos, el Duque de la Corte Armand contemplaba la taza de té dispuesta frente a él. La habitación se hallaba en penumbra absoluta, como si el sol renegara de entrar allí, pero un finísimo hilo de luz que se filtraba a través del ventanal permanecía posado con fijeza sobre la taza que miraba el anciano. "Aunque ignoro si ese niño logrará sobrevivir hasta alcanzar el término natural de sus días". "......". Timur, el Duque de Acero, que se encontraba de pie junto a la ventana apurando su taza, se detuvo por un instante al escuchar la voz proveniente de sus espaldas. El palacio imperial guardaba un sosiego tal que daba la impresión de que todo en derredor se hubiese detenido. Que la voz de Armand resultara vagamente siniestra en medio de aquel callado recinto no era una mera sugestión de Timur. "......Supongo que lo correcto es dejar los asuntos de la corte en manos del Duque de la Corte". Ante la actitud de Timur, que parecía conceder una tácita aprobación a sus planes, el Duque de la Corte Armand asintió con parsimonia. "La guerra ha terminado y el falso emperador ha sido depuesto. Ahora lo único que resta es un palacio imperial vacío". Era una voz profundamente carcomida por el herrumbre de los años. No obstante, en la mirada del anciano, clavada en la espalda de Timur, brillaba un fulgor incandescente que rozaba la locura. "Regresar al sol legítimo a lo alto de los cielos. Considero que ese es el último deber que me corresponde cumplir como el Duque de la Corte de esta generación". Armand, quien cargaba con el deber de custodiar la casa imperial y proteger la corte, al fin había conseguido expulsar al falso emperador. A causa de ello, la incontable sangre derramada sumía a los súbditos del imperio en el terror; sin embargo, sus ojos, refulgentes como si la labor aún no hubiese concluido, apuntaban hacia cierto caballero en el norte. "Le ruego que me ayude. Después de todo, no podemos permitir que el linaje del imperio se extinga aquí, ¿no le parece?". El imperio que inauguró la era de la humanidad tuvo su génesis en un solo hombre. Y lo único capaz de heredar la legitimidad de aquel varón era el linaje de la familia imperial que descendía de Frausen y la voluntad de la espada transmitida a través del Caballero Plateado. "No solo domina su esgrima, sino que además ostenta el título de Maestro de la Espada; por lo tanto, no existe en todo el continente una legitimidad superior a la suya". "¿Aun a pesar de que lleva consigo la sangre de dragón que usted tanto aborrece?". Sin embargo, en los ojos con que Timur contemplaba al decrépito Armand asomó, por alguna razón, un matiz cargado de cinismo. Un Duque de la Corte marchito y caduco que, pese a ver cómo el imperio se pudría consumido por el aliento de dragón, jamás fue capaz de defender nada por sí mismo. Que en la mirada de Timur hacia aquel anciano veraz pero incompetente habitara una brizna de desprecio resultaba, tal vez, algo natural. "......Es incluso mejor. Puesto que, siendo el hijo del dragón, abatió a su propio padre por el bien del imperio". "Por el bien del imperio, dice". Al escuchar la voz de Armand a sus espaldas, Timur, el Duque de Acero, dibujó una sonrisa amarga y depositó con parsimonia la taza de té que sostenía. "Veo que, a ojos del Duque de la Corte, el duelo de aquel día tuvo ese significado". Era comprensible que una misma escena luciera distinta según los ojos de quien la contemplase. No obstante, a Timur le desagradaba la actitud del Duque de la Corte, quien pretendía encasillar la estampa forjada por Vlad exclusivamente dentro del marco de sus propias intenciones. "¿Me prestará su ayuda?". El glorioso imperio debía continuar. Aunque las raíces estuviesen podridas y las ramas extendidas hubiesen crecido en la dirección equivocada, bajo el mundo llamado imperio todavía existían incontables almas que dependían de su amparo. "Me niego". Sin embargo, Timur, el Duque de Acero, se limitó a ofrecer una sosegada negativa ante la encarecida súplica de Armand. "......¿Por qué razón?". Habiendo hablado, Timur comenzó a apartarse lentamente del ventanal. "Porque es una cuestión que jamás deberíamos decidir únicamente entre nosotros dos". A medida que Timur se retiraba de la ventana, la luz del sol que hasta entonces había permanecido bloqueada empezó a filtrarse al interior de la estancia. Con la habitación aclarándose progresivamente, una silueta que hasta el momento no se distinguía comenzó a revelarse. "Dicen que el Conde Peter traspasará la jefatura de la Casa Bayezid a su hijo". "Tratándose de ese joven, con la influencia del Duque de Acero bastaría para......". "Además, está previsto que gentes de Ausrina y de Nidavellir participen en la asamblea imperial que se celebrará en esta ocasión". Lo que al fin reveló su presencia allí donde las tinieblas se dispersaron fue una mesa nívea. Una mesa elaborada en forma circular, diseñada para que todos aquellos que se sentaran frente a frente pudieran mirarse a los ojos. "......Y el nuevo Maestro de la Espada también ocupará ese sitio en algún momento". ¡Fsshh! Como si la luz del sol aún no fuese suficiente, Timur descorrió las cortinas de par en par. Armand se vio forzado a cubrirse los ojos ante el resplandor repentino, pero el Duque de Acero se limitó a sonreír con serenidad. "Hemos transitado de la era del dragón a la era del imperio. Y ahora nos encontramos en un momento en que quizá se afiance una era completamente nueva, Duque de la Corte". Armand, que apenas conseguía abrir los párpados, giró la cabeza con presteza, pero la mano de Timur ya se posaba sobre el picaporte. "Por ende, dejemos las decisiones concernientes a la nueva era en manos de las personas de la nueva era". Una nueva era, nuevas personas y un nuevo Maestro de la Espada. Habiendo abierto las puertas para ellos, el Duque de Acero abandonaba la estancia en silencio. Con la convicción tácita de que en aquella mesa redonda recién concebida no había necesidad alguna de un asiento para él. "......Duque de Acero". En el lugar del que partió el gélido viento del norte, únicamente quedó Armand, desprovisto de rumbo. El anciano, que contemplaba la puerta abierta de par en par con manos trémulas, agachó la cabeza al sentir el viento que se colaba poco a poco en el interior de la habitación. \* \* \* Como si el invierno por fin hubiese aflojado su rigor, el camino que conducía a Sturma se hallaba cubierto de barro de principio a fin. Goat, sentado en el pescante, refunfuñaba diciendo que habría sido mejor llegar un poco más rápido, pero Jemina, que contemplaba el exterior, parecía disfrutar del viaje y no hacía más que sonreír encantada. "O sea que esa cosa con forma de torre, ¿es un dragón?" "Sí. Para ser exactos, es un gusano de la muerte. Una criatura que habita en el oeste." Sobre la lejana planicie que Jemina observaba, se erguía una figura alargada semejante a una torre que se alzaba hacia el cielo. Aquello, tan colosal que se distinguía con nitidez incluso desde la distancia, era un gusano de la muerte: un dragón del oeste que había salido a la superficie para respirar. "Antes, cuando tembló la tierra, me llevé un susto tremendo. ¿Sabías que es la primera vez en mi vida que siento un terremoto?" "¿En serio?" Vlad esbozó una leve sonrisa al mirar a Jemina, cuyos ojos resplandecían con una emoción que todavía no se disipaba. Verla parlotear sin cesar, maravillada por la novedad, le recordó vivamente a sí mismo cuando vio a un gusano de la muerte por primera vez, años atrás. "Dicen que por estas fechas sube hasta el norte a tomar el sol antes de marcharse." "Pero si es tan grande, debe de comer una barbaridad, ¿no? ¿No devora a las personas?" "Ese bicho no hace esas cosas. Dicen que se alimenta de los minerales del subsuelo." Salvo por aquel ejemplar que había abatido junto a Rutger, se podía decir que casi no existían registros de un gusano de la muerte atacando a seres humanos. Y con toda seguridad, de no haber sido por la maldición de la magia negra, aquella bestia jamás se habría molestado en subir hasta el norte para atormentar a la gente. "Te has vuelto muy sabio, Vlad. ¿Dónde aprendiste todo eso?" Apoyada en el alféizar de la ventanilla del carruaje, la mirada de Jemina se posó en Vlad. En su manera de responder con certeza a cualquier pregunta como si lo supiera todo, hoy se percibía más que nunca un marcado aire de madurez. "... Ni que estas cosas se aprendieran en alguna parte." Vlad, que caminaba junto a Noir al flanco del carruaje, dejó escapar una risita entre dientes ante el tono admirado de la joven. "Uno solo lo escucha de paso, yendo de un lugar a otro." No es que lo hubiera estudiado formalmente, pero en su día hubo un hombre que le explicó acerca del gusano de la muerte cuando lo vio por primera vez. Al pensar que, de no haber sido por las palabras de aquel hombre, ahora no estaría contemplando el brillo emocionado en los ojos de Jemina, Vlad no pudo evitar rascarse el puente de la nariz. "Ah, qué ganas tengo de beber un trago de whisky." "¡Ni hablar! Este es un encargo especial que traje como obsequio." "Un simple sorbo no le haría daño a nadie. Seguro que hasta Lord Rutger haría la vista gorda por eso." "De verdad que perdiste la cabeza." Jemina se escandalizó ante la insistencia de Vlad por probar el whisky que llevaban de regalo, aunque en el fondo sabía que no lo decía en un sentido literal. Tan solo deseaba revivir los recuerdos de antaño mientras recorría el mismo camino que transitó en el pasado. "En un día tan despejado como este, el whisky caería a pedir de boca." La verde llanura y el cielo azul. Y, alzándose entre ambos, la imponente silueta del gigantesco gusano de la muerte. Rememorando aquellos días en los que ni siquiera sabía montar a caballo, Vlad sintió una particular nostalgia por el whisky que una vez le ofreció Josef. ※※※※ "¡So, so...! Caray, ¿y esto qué es?" "..." El grupo de Vlad avanzaba en un solo carruaje desde Shoara hacia Sturma. Sin embargo, pese a haber alcanzado la urbe de destino, Goat ya no podía dar un paso más. "Jefe, por eso le dije que debíamos salir antes. Mire nada más todos esos carruajes." Eran las imponentes murallas de Sturma, que seguían causando una profunda impresión a pesar del tiempo transcurrido. No obstante, lo que recibió a Vlad mucho antes de llegar a ellas fue la interminable hilera de carruajes que se extendía desde las puertas de la fortaleza. "... Vlad, mira allá." "¿Qué ocurre?" "Mira eso. Además de los carruajes, todos trajeron una barbaridad de carretas." Si cada linaje hubiera enviado un solo carruaje, jamás se habría formado semejante atasco. Pero la multitud congregada acudía a festejar la investidura del nuevo patriarca de la Casa Bayezid. Era impensable que tales personalidades vinieran con las manos vacías, por lo que el frente de Sturma estaba atestado de carretas cargadas hasta los topes con toda suerte de tributos fastuosos y valiosos. "... ¿No debimos haber traído más regalos nosotros también? Somos los más humildes de por aquí." "¿Humildes de qué? No digas tonterías." Aplastada en medio de vehículos tan opulentos, los hombros de Jemina se encogían por momentos. Por más empeño que hubiera puesto Goat, al fin y al cabo no dejaba de ser un carruaje de alquiler. Y como el presente que traían resultaba insignificante al lado de los de su alrededor, era natural que el desánimo hiciera mella en ella. "Pensándolo bien, toda la gente reunida aquí pertenece a la nobleza, ¿no? ¿De verdad está bien que me quede aquí?" "... Claro que sí. Eres Lady Jemina." Frente a aquel mundo encumbrado que experimentaba por primera vez en su vida, Jemina parecía empequeñecerse a cada instante. Conmovido por su timidez, Vlad empezó a cavilar sobre cómo salir cuanto antes de aquella interminable fila. "¡Jefe, jefe!" "¿Qué pasa?" "¡Parece que alguien viene desde la vanguardia! ¡Los carruajes se están alborotando!" Sin darle tiempo a idear un plan, los carruajes alineados desde las puertas comenzaron a agitarse en un murmullo creciente. "¿Viene alguien de alto rango? Toda la gente que esperaba está abriendo las puertas y bajando." "... ¿Quién será?" Al oír que se aproximaba un personaje de alcurnia, Jemina se replegó a toda prisa hacia el rincón del carruaje. Ante su actitud, que denotaba lo poco acostumbrada que estaba a tales refinamientos, Vlad chasqueó la lengua; por desgracia, aquel encumbrado individuo del que Jemina recelaba parecía dirigirse con paso firme hacia su propio carruaje. "Bajen." "¿Eh?" Sus vestiduras eran elegantes y distinguidas, pero la manera en que aporreaba el carruaje denotaba modales puramente pendencieros. "Que bajen, les digo. Dejen de llamar la atención de todos aquí por las puras." Y para rematar, llevaba un parche renegrido cubriéndole el ojo izquierdo. Ante semejante estampa, lo bastante intimidante como para helarle la sangre a cualquiera, Jemina tragó saliva con dificultad; sin embargo, en cuanto sus miradas se cruzaron, aquel hombre no hizo más que dedicarle una leve sonrisa a la muchacha acomodada en el interior. "¿Sir Zayar?" "Podrías haber llegado antes. Sigues siendo un mocoso que da demasiado trabajo." El hombre investido como el nuevo comandante de la orden de caballeros de la Casa Bayezid. El caballero Sir Zayar. A pesar de que su fama resonaba con fuerza por haber forjado al caballero más honorable de todos, Sir Zayar se limitó a contemplar a su discípulo con su habitual semblante adusto. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 271

Estás leyendo el capítulo 271 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.