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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 270 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sin importar cuánto se esforzaran por escapar de ella, siempre existieron miradas de discriminación que persiguieron a los hombres del norte. Infieles que no creían en Dios, o una raza vil manchada con sangre de bárbaros. Esa había sido la perspectiva predominante con la que se juzgó a la gente del norte a lo largo de los años. "Le felicitamos por convertirse en el nuevo patriarca, Lord Rutger Bayezid." Sin embargo, en este momento, ante las puertas de la fortaleza de Sturma, nobles llegados de todos los rincones del continente formaban largas filas como si dejaran en ridículo aquellos antiguos prejuicios. No solo aristócratas procedentes del propio norte, sino incluso emisarios enviados por ilustres casas del lejano sur. Ante la visión de tantos estandartes repletos de blasones jamás vistos, hasta los taciturnos habitantes de Sturma no podían evitar alzar la cabeza y lanzar miradas de curiosidad. "¿Mmm?" Aunque todavía no era formalmente el patriarca, Rutger recibía a los invitados sentado en el sitial reservado exclusivamente para el líder de la casa. Ante él, un estandarte que jamás en su vida había contemplado se aproximaba con lentitud. "Es el estandarte de la Casa del Barón Dalmatia. Dicen que cambiaron su blasón hace poco." "Mmm..." Rutger asintió ante la explicación que Dorothea le ofreció a su lado, pero aun así, un rastro de desconcierto imposible de disipar permanecía grabado en su rostro. Sabía que no debía mostrar semejante actitud frente a los invitados, mas ante el blasón de Dalmatia que ondeaba al frente, cualquiera habría reaccionado de la misma manera que él. "Le extiendo mis felicitaciones, Lord Rutger." "Agradezco el esfuerzo de haber viajado desde tan lejos. La Casa Bayezid les da la bienvenida." Un feudo ubicado en la parte septentrional de las tierras centrales: Dobrechti. Aunque hasta entonces apenas habían podido asomar la cabeza en el mundo aristocrático debido a su precaria situación económica, en esta ocasión aprovechaban la ceremonia de sucesión de Rutger para desplegar con orgullo su propio estandarte. "Pero... disculpe. Quisiera hacerle una pregunta." "¿Sí?" Rutger y el emisario de Dalmatia habían intercambiado las palabras protocolares que correspondían a un invitado y las que debía pronunciar el anfitrión. No obstante, a pesar de que el saludo formal ya había concluido, Rutger retuvo al enviado llegado de Dalmatia. Ante tan inusual escena, las miradas de los nobles congregados en el salón convergieron de inmediato sobre ellos. "El blasón grabado en el estandarte que sostienen ahora mismo... ¿acaso es...?" "Ah, ¿se refiere a esto?" Como si jamás hubiesen recibido semejante atención, los emisarios de Dalmatia comenzaron a turbarse, pero en el momento de exhibir su estandarte, hincharon el pecho henchidos de orgullo. No era una reacción refinada ni mucho menos, pero aquel gesto espontáneo provocó sonrisas cálidas entre los presentes. "Es el mayor orgullo de nuestro feudo. Nada menos que una figura inspirada en una bestia divina que la mismísima Iglesia Ortodoxa reconoció oficialmente en esta ocasión." "¿La Iglesia Ortodoxa?" Ante la mención de una bestia divina reconocida directamente por la Iglesia Ortodoxa, las personas reunidas en el salón guardaron un repentino silencio. Venerar a un ídolo ajeno a Dios equivalía a un acto de herejía. Por ello, la Iglesia siempre se había mostrado sumamente mezquina a la hora de tolerar otros símbolos. "¿Entonces eso es...?" "En efecto, así es. Es un topo." Mientras otros exhibían el prestigio de sus linajes mediante imponentes figuras de murallas o lanzas, la Casa del Barón Dalmatia no había hecho nada semejante. "Es el blasón que simboliza al espíritu de la tierra que concede la prosperidad." Pues lo que ahora mismo ondeaba plasmado en su estandarte era un topo de apariencia francamente adorable. Y para colmo, levantaba un pulgar corto y rechoncho, de modo que resultaba casi imposible que alguien no sonriera ante una estampa tan entrañable. ¡Kkiu! Desde Ausrina hasta Deomar. Existió un topo que abrió un camino que conectaba el oriente con las tierras centrales, y de allí hasta el lejano norte. Se decía que aquel espíritu que acompañó al Maestro de la Espada y recibió el reconocimiento de la Iglesia Ortodoxa recibía en la actualidad, en su tierra natal de Dobrechti, ofrendas tan abundantes que no envidiaban a ninguna otra de este mundo. \*\*\* "La ciudad entera ya está llena de rumores." "..." "Qué patético, qué patético de verdad. Por mucho que no tengas nada que hacer, ¿ponerte a jugar a las canicas con los niños?" En el muelle de Shoara, atestado de gente. En aquel lugar donde ya soplaba una brisa plenamente estival, Jemina entornaba los ojos con severidad mientras le propinaba codazos en el costado a Vlad. "¿Acaso es porque no pudiste jugar mucho cuando eras niño? ¿Ahora que tienes algo de holgura te dieron ganas de probarlo?" "No se trata de eso." "Habría sido mejor que te emborracharas y armaras un escándalo. ¿Qué clase de niñería es esta?" Quizá consciente de la multitud que los rodeaba, Jemina le susurraba al oído para que solo Vlad pudiera escucharla. Por esa razón, cualquiera que viera a los dos en ese momento pensaría equivocadamente que lucían entrañables al estar tan pegados el uno al otro. "...Te digo que no fue por eso, sino porque Nibelung dijo que las necesitaba." ¿Quién había dicho que la vida, vista desde lejos, es una comedia, pero vista de cerca, es una tragedia? Si cualquiera a su alrededor se hubiera aproximado lo suficiente, habría notado la expresión un tanto alicaída de Vlad. "¿Dijo que necesitaba las canicas de unos niños? ¿Para qué las querría un gato?" "Pues... ¡porque eso es magia!" Un misterio imposible de creer si no se veía con los propios ojos, e incomprensible si no se experimentaba en carne propia. Para el Vlad de ahora, resultaba prácticamente imposible explicarle aquello con sensatez a una Jemina que jamás había presenciado semejante prodigio. "Vaya, hasta el último momento antes de mi partida tengo que verlos discutir." Mientras contemplaba a Vlad y a Jemina, un hombre descendía por la pasarela de la nave. Un capitán que traía a sus espaldas a toda clase de sujetos fornidos, sin distinción entre miembros de la raza de las bestias y enanos. Haben, quien ahora se había convertido en un nuevo modelo de admiración para los niños de los callejones, se aproximaba hacia la pareja que continuaba refunfuñando. "Así es. Esta es la auténtica estampa de nuestra tierra natal." "¿Terminaste los preparativos?" Un hombre cuya cojera, a estas alturas, semejaba más bien la marca de su veteranía. Sumado a que llevaba puesto el sombrero de capitán que Jemina le había confeccionado recientemente, el Haben de ahora lucía, a los ojos de cualquiera, como un auténtico y magnífico lobo de mar. "Los preparativos ya están listos. La bodega quedó completamente adaptada para la expedición y cargamos licor de sobra para los marineros". Con esas palabras, Haben le guiñó un ojo a Vlad. "Parece que alguien movió sus influencias por mí. A pesar de encontrarse en plena temporada alta, en el astillero me cedieron un espacio al instante". Aquella travesía únicamente podía emprenderse durante el periodo en que los glaciares del norte comenzaban a derretirse. Por cuadrar tales fechas, tal vez habría tenido que desperdiciar un año entero de espera, pero el hecho de poder zarpar de inmediato se debía pura y exclusivamente a las atenciones de Vlad. "Quizá para esta misma época del año que viene ya me encuentre en Ausrina. Te escribiré entonces". "De acuerdo". El propósito de aquella expedición residía en descubrir la ruta polar que tal vez se hubiese abierto recientemente. Por ende, el objetivo final de Haben al partir consistía en rodear medio continente hasta alcanzar Ausrina, la ciudad de los elfos. "Bueno, como ustedes también tienen prisa por seguir su camino, ¿qué tal si me marcho ya?". Frente a un Haben que reía con picardía, Goat no dejaba de soltar bostezos. El capitán hacia el mar; el caballero hacia el norte. Habiendo traído el carruaje hasta allí como instándolo a fijarse en él, la actitud de Goat parecía urgirles que ellos también debían partir cuanto antes rumbo al norte. "Ten cuidado". "Tú también". Deseándose buen viaje, ambos chocaron los hombros, mas no añadieron palabra alguna. Aquellos dos muchachos, convertidos ya en hombres adultos, sabían a la perfección que las despedidas debían ser sobrias y sin rodeos. "Snif... Hics". Vlad contemplaba en silencio a Haben, quien subía de nuevo a la embarcación tras dejar únicamente aquellas breves palabras de despedida. Junto a él, de pronto resonó el sollozo entrecortado de alguien. "Hics... Mira a Haben... Snif. Ni siquiera se digna a mirar atrás una sola vez. Buaaah...". "......". El clima se presentaba despejado y el viento que rozaba sus cabellos soplaba con generosidad. Al compás de aquella brisa, propicia como ningún otro día para desplegar las velas, las lágrimas que derramaba Jemina se dispersaban en el aire. "Maldito insensible". "Vámonos nosotros también". "...... Malditos insensibles todos ustedes". Al compás de una orden bramada a viva voz, las amarras sujetas al muelle comenzaron a soltarse. Al mismo tiempo, La Jemina Pelirroja se deslizó con lentitud dejándose llevar por la corriente del río. "Dijo que se comunicaría el año que viene. Para entonces ya te cansarás de verlo otra vez". La gente de Shoara agitaba las manos con todas sus fuerzas hacia el navío que se alejaba en la distancia. Por el Capitán Haben, un hombre que había nacido en los más insignificantes callejones, pero que ahora navegaba hacia el confín más remoto de este mundo. No por la mera subsistencia, sino únicamente en pos del sueño anhelado, los habitantes de Shoara se desgañitaban despidiéndolo con los brazos en alto. "......". Sin embargo, incluso en el instante en que todos agitaban las manos hacia el barco, Vlad dirigía su mirada hacia una dirección enteramente distinta a la de los demás. El punto que sus ojos contemplaban era cierta edificación junto al muelle donde, en el pasado, se levantaba el cuartel del Capitán Hoover. "¿A que se siente bien haber salido de ahí?". Hacia aquel Haben de antaño, encerrado en una habitación lóbrega y con el rostro demacrado. Hacia aquel Haben que sonreía frente al muro que él mismo había derribado, Vlad, ya subido al carruaje, le ofrecía su despedida postrera. ※※※※ "¡El sol se oculta! ¡Recojan las velas a la mitad!". "¡Corrijan la posición por última vez! ¡Vigía, confirma las constelaciones!". En el viento que soplaba comenzó a mezclarse el salitre del mar en lugar del tufo a fango fluvial. Flanqueado por el crepúsculo que descendía con languidez, el navío de Haben avanzaba con lentitud rumbo al norte. Los marineros se movían con presteza preparándose para la noche venidera; no obstante, una sola persona permanecía de pie al lado de Haben sin moverse un ápice. "¿Qué se supone que haces aquí parado?". Pese a tratarse del puente del timón, un lugar reservado con exclusividad para el capitán, Nibelung permanecía de pie al lado de Haben contemplando el cielo que se oscurecía gradualmente, como si tales jerarquías le importasen un bledo. Incluso ante las miradas de reproche de los marineros que pasaban de un lado a otro, o frente a los carraspeos incómodos que resonaban a su vera, él continuaba imperturbable. "Si no tienes nada en particular que hacer, ¿quieres que te invente alguna labor?". "No estoy aquí por falta de quehaceres". A la siniestra del mar, el crepúsculo, aún sin alcanzar el horizonte, se hundía tiñendo las aguas de un resplandor bermejo. Sin embargo, aquel mago versado en los misterios se limitaba a levantar la barbilla manteniendo un orbe apoyado sobre la cuenca del ojo, tal como si ya pudiera distinguir los astros del firmamento nocturno. "...... Listo". Tras contemplar el firmamento durante un largo rato, Nibelung orientó el orbe hacia la primera estrella que había despuntado en medio del manto nocturno que se desplegaba de forma paulatina. El astro que Nibelung había localizado era la Estrella Polar, el faro del norte en el que confiaba ciegamente cualquier marinero que surcara las aguas nocturnas. "¿Qué es lo que está listo?". "Acabo de verlo". "...... ¿Ver el qué?". Como si todavía no estuviese acostumbrado a dialogar con un mago, Haben no dejaba de repreguntar. No obstante, con el correr del tiempo, Haben también acabaría comprendiéndolo al igual que Vlad. Sabría que los misterios no se explican con palabras, sino que deben experimentarse en carne propia. "La Estrella Polar. Aquella estrella acaba de mirarnos". Un astro posado en el firmamento nocturno proyectaba su propia lumbre hacia la estrella que flotaba sobre la superficie del mar. Hacia el orbe que sostenía Nibelung, siguiendo el fulgor que aquellos niños albergaban en su interior. "Sabía que, tratándose de este orbe, incluso las estrellas lo reconocerían". Dos luces estelares, atraídas mutuamente la una por la otra, centelleaban al unísono. Desde el océano hacia el cielo nocturno, apuntando hacia algún rincón del norte al que ambos anhelaban dirigirse. "...... ¿Qué es esta línea?". Por aquellos muchachos que, aun cuando ahora erraran por la negrura de un mar insondable, persistían en alzar la vista hacia los cielos. Los dos resplandores estelares, enlazados de aquel modo, trazaron una línea hendiendo la superficie marina. Como instándolos a seguirla, como rogando que nadie se extraviara en la penumbra. "Parece que no necesitaremos brújula. ¿Verdad?". Por una estrella que brillaba con intensidad, aun cuando no se encontrara suspendida en lo más alto del firmamento. Siguiendo aquella línea que demarcaba los confines del mundo, el navío de Haben continuó navegando hacia adelante. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 270

Estás leyendo el capítulo 270 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.