arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 26 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Parece que están en medio de un duelo de práctica". Peter, que caminaba por los corredores de la mansión, asomó la cabeza al escuchar el bullicio que provenía justo debajo. "¿Son los escuderos?". "Así parece". Allí abajo, bajo la guía del instructor, los escuderos se congregaban batiéndose en duelos con espadas de madera. Peter solía observar en secreto de este modo los adiestramientos de los caballeros y los escuderos. Peter Bayezid no solo era el patriarca del linaje, sino también uno de los caballeros más ilustres que representaban al norte. El hecho de que una figura de semejante renombre, digna de ser el objeto de admiración de cualquiera, pudiera estar contemplándolos en todo momento y lugar, constituía un inmenso incentivo para los escuderos congregados allí. "Observemos un momento". "Sí". Además, puesto que solía levantar la moral recompensando a su manera a quien exhibiera cualidades sobresalientes en la instrucción, los caballeros y escuderos de la Casa Bayezid siempre se entrenaban con la misma determinación con la que encararían una batalla real. Todo marchaba conforme a las intenciones de Peter. "¿Es aquel muchacho?". "Había oído que era de cabello rubio". "Dado que es una cara que no había visto antes, sin duda debe de ser él". Bien era cierto que Peter solía supervisar la instrucción de ordinario, pero hoy sus ojos se posaban con singular insistencia en un único escudero. "Tiene buen porte". Un escudero de cabellera dorada que saltaba a la vista aun desde la lejanía. Allí abajo se encontraba el muchacho traído por su segundo hijo, esa constante espina clavada en su corazón. "Mi señor patriarca. Mire allá". El consejero Ragmus susurró al oído de Peter, que permanecía absorto contemplando a Vlad. "Es Zayar". "Parece que también él lo vigila a hurtadillas, al igual que nosotros". En la dirección indicada por Ragmus, el caballero tuerto Zayar contemplaba al muchacho rubio desde lo alto con semblante severo. "Es natural desvelarse cuando se trata de la primera vez". Sabedor de que Zayar tomaba a un escudero bajo su tutela por primera ocasión, Peter se limitó a esbozar una leve sonrisa. "Veamos qué tiene". El muchacho que Josef había traído y que mantenía en vilo a Zayar. "..." "Parece tener un ímpetu bastante fiero". Aquel muchacho blandía ahora su espada con ferocidad allá abajo, midiéndose contra un escudero que le sacaba una cabeza entera de estatura. "Es tosco". "¿De verdad lo cree?". Aunque para los ojos de Ragmus, profano en el arte por ser mago, pasara inadvertido, a Peter le bastó un solo ademán de la espada para aquilatar la destreza de Vlad. "Sin embargo, guarda un destello singular. Es comprensible que Josef quedara fascinado". "Sin duda, en comparación con ese grandullón, tiene algo que lo hace distinto". Es fiero. Es veloz. Y no titubea. "Es admirable". "¿A qué se refiere?". No obstante, más que el talento innato con el que hubiera nacido, Peter valoraba en mucho mayor grado otra virtud en Vlad. "Ese empeño por poner en práctica lo que aprendió, por tosco que aún le resulte". En medio de aquel intercambio sangriento y encarnizado, el muchacho rubio no se acobardaba; se movía de un lado a otro buscando condicionar a propósito los movimientos de su oponente. Intentar y desafiar. El joven de allá abajo se debatía con tenacidad por superarse. "Es un desastre". Aquel juego de pies, calcado del de alguien más, era tan rudimentario que casi arrancaba una risa; sin embargo, a Peter le complacía sobremanera ese tesón por sacarlo adelante como fuera. Era una determinación que, sin darse cuenta, empujaba a alentarlo. "Bien". La espada de madera del robusto escudero se alzó alto hacia el cielo. Parecía un ademán destinado a asestar el golpe de gracia, pero todo aquello no era más que una trampa urdida por el muchacho rubio. "Se acabó". Tal como dictaminó Peter, el muchacho rubio ya se hallaba sentado a horcajadas sobre su rival, moliéndole el rostro a golpes. Había forzado un movimiento desmedido en el adversario para castigarle de inmediato el abdomen. Aunque el proceso fue torpe, la resolución resultó intachable. "Tratándose de un entrenamiento, no sé si esté bien tundirlo de ese modo...". "Déjalo. Para ser un caballero se requiere al menos ese ardor combativo". Peter reanudó el paso y miró hacia el caballero apostado en la lejanía. El caballero tuerto, que contemplaba a su escudero desde lo alto, esbozaba una callada sonrisa. \*\*\* Vlad siempre había sido de los que daban el primer paso. Pues solo percatándose y moviéndose más rápido que nadie conseguía la comida de cada jornada. "¡Basta! ¡Basta ya!". Pese a las órdenes del instructor, Vlad no detuvo la ráfaga de puñetazos encubierta bajo el pretexto de un duelo. "Krrgh...". "Atrévete a sonreírte con esa suficiencia en mi cara una sola vez más, como aquel día". Precisamente por eso había decidido adelantarse también esta vez. Era obvio que más temprano que tarde vendrían a apalearlo con el pretexto de una novatada. Antes que quedarse quieto a recibir golpes rodeado por aquellos tipejos, Vlad juzgó preferible quebrarles el ímpetu por anticipado. Aguardar de brazos cruzados ante una amenaza que se cernía sobre él equivalía, a sus ojos, a un suicidio en toda regla. "Responde, maldito bastardo". "E-Entendido... Ya entendí". Ante la violencia desmedida de Vlad, el corpulento muchacho no tuvo más opción que responder aterrado que lo acataba. El tipo al que ahora tundía a golpes era el mismo que aquel día, en el refectorio, había soltado risotadas al lado de Sobanin cuando este escupió en su comida. En la jerga de los callejones, no era más que el matón de poca monta que Sobanin traía como recadero. "¡He dicho que pares! ¿Acaso te burlas de mis palabras?". "Mis disculpas. Me dejé llevar por el fragor de la pelea". Vlad no se apartó hasta escuchar el rugido del instructor, pero el que yacía en el suelo no fue capaz de incorporarse fácilmente. '¡¿Qué demonios pasa con esa mirada?!'. Lo que había ardido en los ojos de Vlad mientras le gruñía momentos antes era, sin duda, sed de sangre. Algo que jamás debería aflorar en un simple duelo de práctica, una pulsión cruda que experimentaba por primera vez en su vida. Incapaz de librarse de aquella mirada gélida y despiadada que parecía tenerlo acorralado aun al cerrar los párpados, el escudero derrotado no lograba ponerse en pie. "..." "..." Y todos los escuderos presentes presenciaban aquella estampa. Tal como ocurrió aquel día en el refectorio. Vlad, sacudiéndose el polvo tras ponerse en pie, se acercó al costado de Sobanin y le murmuró en voz baja: "Transmítele mis disculpas a ese tipo. Cuando me meto de lleno en una pelea, tiendo a perder los estribos". "Maldito loco de mierda". Puesto que Vlad hablaba con una sonrisa en los labios, a ojos de los demás parecía que compartían una broma casual, pero el intercambio entre ambos rebosaba una ferocidad descarnada. "Y te pido perdón a ti también por adelantado". Sobanin frunció el ceño y se quedó mirando a Vlad con hostilidad. Pese a que su rostro sonreía, los ojos de Vlad centelleaban con un brillo aterrador. "Porque contigo no pienso quedarme en tan poca cosa". "¿Qué?". Sobanin estaba tenso. Jamás se había topado con alguien semejante. Si bien no pertenecía a la nobleza, su padre dirigía una compañía mercantil de considerable tamaño, al punto de que muchos agachaban la cabeza ante él incluso antes de que intentara amedrentarlos. Pero este bastardo... "Tenlo por seguro". 'Este bastardo está rematadamente loco'. Al contemplar a Vlad hablar con esa sonrisa burlona, Sobanin lo pensó con total convicción. El joven señor Josef se había traído a un perro rabioso de los callejones. "Si la sopa me sabe desabrida, te llamaré para que vengas a escupir en ella". Ante los ojos de Sobanin, aquel perro rabioso sonreía. Y al ver la sonrisa de Vlad, Sobanin no pudo evitar tragar saliva con dificultad. Porque un perro rabioso jamás vacilaba a la hora de morder a un hombre. \*\*\* "Jefe, ¿te encuentras bien? ¿Ninguno de esos bastardos te ha buscado pelea?". "Últimamente me va de maravilla. En cuanto me ven, todos se apartan a toda prisa, así que hasta tengo espacio de sobra para mí solo en los baños". "... No creo que eso sea precisamente bueno". Ante las palabras de Goat, Vlad se limitó a encogerse de hombros. "Aunque supongo que es normal, habiéndote dedicado a tundir a golpes a los escuderos por doquier". Goat meneó la cabeza de un lado a otro mientras miraba a Vlad. "Moliendo a palos a tres tipos por día, es normal que todos rehúyan al jefe..." "Tengo por principio que en una pelea siempre es mejor golpear primero". 'Propio de alguien salido de los callejones'. Al mirar a Vlad, Goat pensó exactamente eso. Justo después del incidente en el comedor, Vlad había demostrado una rapidez de acción que dejó atónito a Goat. Vlad había seleccionado entre los escuderos a aquellos que se codeaban con Sobanin y se daban aires de grandeza, para luego, cual lobo al acecho de ovejas, cazarlos uno tras otro y molerlos a golpes. En las letrinas, en los baños, en los rincones sombríos de los pasillos de la mansión. Todo aquel que se quedara a solas tuvo que encarar la gélida y azulada mirada de Vlad. Jorge solía decir que, si no los aporreas con ganas, se te suben a las barbas. "Eso ya es un delito. Pegarles hasta ese extremo es delito puro". "Yo siempre he sido un criminal. Una simple paliza es, de hecho, bastante generosa. Además, les pegué donde no se nota, así que no hay problema". "Ah, cierto". Goat asintió al escuchar las palabras de Vlad. Al verlo mezclarse tanto con muchachos de su edad, por un instante lo había tomado por un chico ordinario; sin embargo, Vlad era alguien que, antes de cumplir siquiera los diecisiete años, ya había ejercido como decurión entre mercenarios curtidos. "Solo procura no molerlos tanto como para que levante sospechas". "Eso dependerá de cómo se comporten esos desgraciados". Mientras conversaban a media voz, entraron al comedor casi sin darse cuenta. Allí estaban sentados los criados, fingiendo no ver a Vlad, y los escuderos que ya habían recibido su ración de golpes, a quienes les costaba atreverse a mirarlo. "Míralos. Nadie se mete conmigo, así que es mucho más cómodo". "..." "Parece que hoy hay salchichas para el almuerzo". Vlad tarareó de buen humor al ver que había carne y tomó una bandeja. Y mientras avanzaba con una sonrisa, una mirada lo observaba con sumo detenimiento. "Solo una más...". Frente al mostrador del rancho, Vlad había sonreído con descaro pidiendo otra salchicha, pero la sirvienta que tenía delante era una mujer madura, curtida durante años al servicio de la Casa Bayezid. "Si te la doy a ti, los de atrás se quedarán sin comer". "No sea así, por favor...". "..." Ante la tajante mirada de rechazo de la sirvienta madura, a Vlad no le quedó más remedio que apartarse del mostrador. 'De no ser por el señor Josef, me habría tirado al suelo a patalear'. A diferencia de su enjuta apariencia, Vlad era bastante glotón. Dado el lugar donde le había tocado nacer, no era más que un instinto grabado a fuego por pura naturaleza. Fracasada la negociación, Vlad y Goat se sentaron a una mesa con el desengaño pintado en el rostro. "Aun así, esto ya es algo". "Es todo un lujo comparado con nuestros días de mercenarios. ¿A que sí, jefe?". Justo en el momento en que tomaban los cubiertos y se disponían a llevarse la comida a la boca: "Ah, hola". Alguien frente a Vlad le dirigió un saludo torpe y vacilante. "...¿Y tú quién eres?". Vlad frunció el ceño intuyendo que venían a buscarle pelea otra vez, pero el muchacho que tenía enfrente no parecía de los que andan buscando camorra. De corta estatura, mejillas mofletudas y ojos tan sepultados en la carne que apenas se distinguían. "Yo... me llamo Portly. Portly Cannor". Daba reparo decirlo en voz alta, pero tenía el aspecto de alguien que rodaría con un simple empujón. "Bien, Portly. ¿Qué quieres de mí?". "Esto...". Vlad frunció ligeramente el entrecejo. Ver a un mozo titubear con la bandeja entre las manos frente a él no le resultaba nada agradable y, a juzgar por sus vacilaciones, parecía que tardaría una eternidad en soltar lo que quería decir. "Siéntate o lárgate". "¿Eh?". "Deja de rondar frente a mí, que me revuelves el estómago". Era una orden de expulsión sin rodeos, pero Portly pareció tomarse aquellas palabras como una invitación para sentarse, pues el rostro se le iluminó de inmediato. "Gracias por dejarme sentar". "..." Vlad lo miró con expresión de '¿y de dónde salió este sujeto?', pero como le resultaba molesto e incómodo echar a alguien que se quedaba sentado sonriendo tímidamente, decidió concentrarse por el momento en almorzar. "Es que siempre comía solo. A decir verdad, solía comer a escondidas en las letrinas". "...Estoy comiendo, ¿sabes?". Con ese breve cruce de palabras, Vlad intuyó que el blanco de los abusos antes de que él llegara había sido este muchacho. "¿A que la salchicha está rica?". "Cállate y come, sin más". Aun si así fuera, no tenía motivo alguno para preocuparse por él. "...Toma, come esto también". Al ver que Vlad se metía de golpe su única salchicha en la boca y chasqueaba los labios con avidez insatisfecha, Portly empujó con cautela su propia salchicha hacia la bandeja de Vlad. "¿Qué demonios haces?". Aunque Vlad ansiaba todo lo que pudiera aferrar con sus manos, la compasión vana y la amabilidad sospechosa eran tajantes excepciones. Sin embargo, pese a la punzante mirada de Vlad, Portly continuó hablando con cautela. Parecía el dependiente de un negocio lidiando con un cliente irritable. "No creas que por hacer esto voy a...". "Es que estas salchichas las suministra mi padre". "...¿Qué?". Quizá por haber sido víctima de acoso continuo, la actitud de Portly había sido taciturna y encogida, pero al hablar de su padre cobraba un porte resuelto y orgulloso. "Toda la carne que entra en la Casa Bayezid la provee nuestra familia Cannor. Nuestra casa se ha dedicado a la cría de ganado y al pastoreo durante generaciones". "...Continúa". Vlad lo había olvidado por un instante: todos los que estaban allí eran señoritos nacidos en buenas cunas. Incluso el muchacho regordete que tenía delante era alguien a quien, en sus días en los callejones, jamás se habría atrevido ni a dirigirle la palabra. "Antes vi que pedías más salchichas". "Así fue". "¿Sabías una cosa? Las salchichas son carne curada en conserva, así que, aunque no lleguen a la cecina, los mercenarios que tienen algo de dinero las buscan bastante". "¿Y qué con eso?". Justo cuando la conversación empezaba a desviarse de rumbo y Vlad comenzaba a perder la paciencia: "Por eso mi padre me envió montones de provisiones para que coma". Portly sonrió explicando que en su habitación guardaba salchichas y carne salada en abundancia que le había enviado su padre. "Son demasiadas para comerlas yo solo... ¿Quieres que te comparta algunas?". "..." Vlad reflexionó. Tal vez no estuviera a la altura del sacerdote Andrea, pero habiendo llegado hasta aquí, ¿no convendría tender al menos un puente de contactos? Con los que ya se había enemistado no había nada que hacer, pero trabar relación con alguien de aquí tal vez le fuera de alguna utilidad más adelante en la vida. "De acuerdo". El hijo de una casa de carniceros y ganaderos con la envergadura suficiente para abastecer a una familia condal sin duda tendría alguna utilidad. Vlad se convenció a sí mismo de que no se dirigía a la habitación de Portly pura y exclusivamente por las salchichas. \* \* \* Ante la habitación de Portly, Vlad y Goat se quedaron boquiabiertos. "...¿A qué viniste aquí exactamente?". "A ser escudero". "...¿Ni siquiera a caballero? ¿Te basta con ser un simple escudero?". "Sí. ¿Cómo voy a convertirme en caballero yo? Mi padre tampoco esperaba gran cosa. Su intención era simplemente que viniera a hacer algunos contactos útiles por aquí, aunque...". Portly soltó una risita avergonzada admitiendo que no le había salido nada bien, pero ante los ojos de Vlad y Goat la sonrisa de Portly pasó del todo inadvertida. Toda la habitación estaba atestada de rojizas ristras de salchichas y piezas de carne salada. Al contemplar una estancia donde no asomaba el más mínimo vestigio de la vida caballeresca, Vlad dejó escapar una risa incrédula. 'Este sujeto no encaja aquí en lo más mínimo'. "A partir de mañana... ¿comemos juntos?". "¿En serio? ¿De verdad harías eso?". Siendo así, tampoco había motivos para darle la espalda. Vlad contempló con ojos chispeantes las salchichas que colgaban por doquier como si fueran guirnaldas decorativas. "A cambio, tú solo encárgate de traer salchichas". Las salchichas de Portly no eran algo que fuera a sentarle mal. En más de un sentido. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 27

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 26

Estás leyendo el capítulo 26 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.