Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 268 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sobre las aguas del río donde se había hundido el crepúsculo escarlata, las luces proyectadas desde los callejones brillaban con nitidez. Aquel rincón más sombrío de la ciudad, que hasta hacía un momento parecía desierto, se transformaba ahora en un hervidero más rebosante de vida que cualquier otro sitio gracias al bullicio que resonaba por doquier.
"Ya veo. ¿Entonces vienes de enfrentarte a Barbosa todo este tiempo?".
"Más que enfrentarnos, habría que decir que solo nos manteníamos en un punto muerto, cara a cara".
Aunque en La Sonrisa de la Rosa se congregaban más parroquianos que nunca debido a la presencia de Vlad y Haben, en el vestíbulo del primer piso flotaba, por alguna razón, una tensión ajena a lo habitual. Había hombres sentados a las mesas con atuendos demasiado pulcros como para haber venido simplemente a embriagarse. Al contemplar a aquellos clientes insustanciales que sostenían copas vacías y no hacían más que lanzar miradas furtivas hacia arriba, los labios de Jemina se torcían en un mohín de disgusto.
"Es un alivio que el armisticio se haya pactado con tanta rapidez. De no haber sido así, me habría quedado atrapado sin poder moverme hasta el invierno".
"Cierto. El mar en invierno es verdaderamente implacable".
Vlad contemplaba en silencio a Haben mientras este tomaba su copa tras pronunciar aquellas palabras. Ahora llevaba un sombrero de capitán impregnado de salitre y una piel tostada por el sol, propia de un marinero. La estampa de aquel hombre retraído que solía vivir enclaustrado en una habitación diminuta garabateando papeles era algo casi imposible de rastrear en el Haben de hoy en día.
"A-Aquí tienen".
"Vaya, gracias, Ned".
Ante la comida que acababa de llegar en el momento justo, Haben rebuscó con presteza en su jubón para sacar unas monedas, pero Ned, como dando a entender que no hacía falta nada de eso, se alejó a toda prisa por las escaleras.
"¿Qué mosca le picó a ese? Con lo que insistía siempre en pedir propina".
"Habrá tenido sus motivos".
Otar clavaba una mirada suspicaz sobre el repentino cambio de su hermano menor, pero Vlad se limitó a encogerse de hombros. Era algo que tendría que contarle tarde o temprano, pero al menos por hoy no deseaba escuchar los llantos de nadie.
"¿Entonces ya concluiste con tus deberes? Supongo que ahora puedes regresar a tu lugar habitual".
"......Así es".
En un principio, Haben y sus marineros no eran más que una modesta compañía mercantil que recorría el norte. De no haber sido por esta guerra, habrían consolidado su influencia paso a paso valiéndose de los contactos que Vlad les había proporcionado.
"Me alegro. Justo me habían pedido desde la Casa Rabnoma que buscara una caravana mercantil para abrir sus rutas de comercio".
Y ahora que la contienda había llegado a su fin con la rendición del Duque de Oro Barbosa, era momento de que todos volvieran a ocupar su lugar. Al ver a los amigos con los que por fin podía reunirse, Vlad le dio un generoso mordisco a la salchicha que sostenía, visiblemente entusiasmado.
"La ciudad de Trínova está cerca de Nidavellir. Quién sabe, tal vez ambas partes puedan compartir el puerto".
"Es verdad".
"Por eso, si logras abrir el comercio allí, recibirás ingresos constantes a partir de ahora. Y no calderilla, sino auténticas sumas de dinero".
Aunque se había convertido en un Maestro de la Espada que perseguía el honor, eso no significaba que no necesitara riquezas. A diferencia de Kihano, el Maestro de la Espada de la era anterior, la realidad actual de Vlad era que carecía de un feudo o una base propia. Sin embargo, como Vlad deseaba ser libre en todo momento sin atarse a nada, al final la única vía a su alcance era amasar fortuna mediante la compañía mercantil.
"¿Y si esta vez apuntamos a lo grande? Compramos barcos nuevos y reunimos más tripulación".
No obstante, para tratarse de un simple afán de lucrarse, la voz de Vlad denotaba un entusiasmo casi infantil.
"¿A lo grande?".
"¿Qué tal si armamos una flota como la de Barbosa? Después de todo, suena mejor ser almirante que capitán".
Era como en aquellos tiempos de infancia y penurias, cuando se sentaban a la entrada de los callejones a charlar de lo divino y lo humano. Ante la nostalgia de aquellos días que se traslucía en el Vlad de ahora, Haben no pudo evitar esbozar poco a poco una sonrisa.
"Con el dinero que ganemos, podremos alimentar a los chiquillos de aquí y hacer donaciones al orfanato. No, ¿y si desde el principio seleccionamos a algunos muchachos y los formamos como marineros?".
El único consuelo entre huérfanos desamparados era la imaginación compartida hacia el mañana que solo ellos dos eran capaces de urdir. En medio de aquellas quimeras que tejían juntos, los dos muchachos hambrientos hallaban una razón para sobrellevar la crudeza del presente.
"Oye, Vlad".
"¿Dime?".
"Verás, tengo algo que decirte".
Sin embargo, aunque hubieran sido dos almas que compartían una misma manta como hermanos, no estaban destinados a permanecer juntos para siempre. Porque los niños que alguna vez fueron muchachos tarde o temprano tenían que convertirse en adultos.
"Yo...... recibí un encargo".
"Dime".
Los niños contemplan las estrellas, pero los adultos caminan hacia ellas. A diferencia de antaño, cuando podían compartir el camino aun si las estrellas que contemplaba cada uno eran distintas, ahora Vlad y Haben eran hombres que debían marchar tras el sendero que sus propios corazones anhelaban.
"El Conde Arnstein me pidió que abriera una ruta marítima hacia el polo norte".
"¿Hacia el polo norte?".
"Sí. La ruta polar. Me refiero a ese mar que se extiende más allá de la frontera septentrional".
El muchacho de ojos azules miraba el firmamento nocturno donde centelleaban las estrellas.
El muchacho cojo miraba el inmenso mar que aguardaba más allá del estrecho río.
Aquellos muchachos que jamás olvidaron las palabras compartidas en aquel entonces se miraban ahora, convertidos en hombres.
"Parece que los altos mandos quieren hallar una alternativa a las rutas meridionales acaparadas por Barbosa".
Quizá por consideración hacia el entusiasmo de Vlad, la voz de Haben sonó apacible y neutra. Como si insinuara que, si Vlad intentaba retenerlo, jamás partiría en contra de su voluntad.
"Ese encargo...... Estaba pensando en aceptarlo, pero ¿tú qué opinas?".
Sin embargo, tras la aparente compostura de Haben, Vlad pudo advertir el destello vibrante que brillaba en sus pupilas. Aunque agitaba la copa con fingida indiferencia, en los ojos castaños de Haben ya ardía un entusiasmo imposible de encubrir.
"Ya veo. Conque era eso".
Haben, nacido junto al río, anhelaba partir hacia el mar. Hacia aquel océano inconmensurable donde un pie lisiado carecía de importancia. Tratándose de un amigo que por fin declaraba su deseo de forjar su propio camino, a Vlad no le quedaba más opción que sonreír.
※※※※
"Maldita sea... Qué dolor de cabeza".
Había llegado la hora en que incluso los bulliciosos callejones debían cerrar los ojos. Habiendo chocado copas sin tregua a lo largo de toda esa noche, Vlad subía los peldaños hacia el cuarto piso sosteniéndose la cabeza, que parecía a punto de estallar.
"......Habría sido mejor beber hasta perder el sentido. Quedarse medio sobrio ha sido una pésima idea".
Haben y Otar, que habían bebido con él, e incluso Jemina, que se les había unido más tarde, yacían desplomados de bruces sobre la mesa. Todo por culpa de Haben, quien aseguraba haber descubierto al fin la forma auténtica de paladear el Capitán Q y se había dedicado a mezclar aquel maldito brebaje con toda clase de licores.
"¿Eh?".
Mientras subía las escaleras, un destello tenue comenzó a titilar ante la mirada de Vlad.
Era una luz que se filtraba hacia el pasillo del cuarto piso, un lugar donde solo tenían permitido hospedarse los invitados de Vlad, y provenía precisamente de la habitación donde se alojaba Nibelung.
"¿Qué estás haciendo?"
"¿Eh? ¿Todavía no se ha ido a dormir?"
En circunstancias normales jamás se habría asomado por esa habitación, pero la embriaguez había despertado una repentina curiosidad en su interior. La habitación de Nibelung, a la que se acercó tambaleándose, presentaba un desorden tan caótico que dejaría atónito a cualquiera.
"…¿Qué demonios es todo esto?"
En la estancia de Nibelung rodaba toda clase de cachivaches traídos de quién sabía dónde. Entre ellos yacían desparramados aquel peculiar ahumador y la alfombra que había visto en el pasado.
"Estoy organizando mi mochila. Creo que no lo hacía desde hace unos cinco años."
"¿La mochila?"
"Sí. La que suelo llevar encima siempre, ya sabe."
Ante las palabras de Nibelung, la mirada de Vlad se desvió con naturalidad hacia la mochila arrinconada en una esquina. Aquella mochila de mago de la que siempre extraía algo oportuno en los momentos de crisis. Aquel bolso que siempre había lucido atiborrado y abultado recibía ahora a Vlad con un aspecto completamente desinflado.
"Siempre he tenido curiosidad. ¿Cuánto equipaje cabe en esa mochila exactamente?"
"¿Equipaje? Bueno, sobre eso…"
Nibelung, que llevaba un buen rato ordenando trastos, se rascó la cabeza al responder:
"No tiene una capacidad fija determinada. Simplemente puedo meter en ella tanto como sea capaz de recordar."
"¿Tanto como seas capaz de recordar?"
"Sí. Si por casualidad llego a olvidar algo de lo que metí aquí dentro, esta cosa se lo traga y lo devora sin compasión alguna."
"Vaya…"
Por ese motivo, Nibelung comentó que, al tener mala memoria, no era capaz de almacenar tantas cosas en comparación con sus anteriores usuarios. Sin embargo, los objetos que ya se desbordaban fuera de la habitación e invadían el pasillo eran tan cuantiosos que parecía una tarea ya abrumadora tener que recordarlos uno por uno.
"Pero, a estas horas de la noche, ¿por qué te pones a ordenar la mochila?"
"Es que pienso acompañarlo."
"¿A dónde?"
Aunque no hubiera ningún sitio que les diera una calurosa bienvenida, sobraban los lugares a los que marchar: tal era la realidad de la raza de las bestias en esta era. Si a eso se sumaba el hecho de ser un mago en pos de los misterios, Nibelung era, en el sentido más estricto, alguien que llevaba la naturaleza errante en la sangre.
"Pienso seguir al señor Haben. Escuché antes que va a explorar la ruta ártica."
Un mago de la raza de las bestias al que le bastaba con liar el petate para marchar a cualquier parte. Sin embargo, en esta ocasión no se trataba de un viaje sin rumbo, sino de una travesía dotada de un propósito firme.
"…¿Y por qué habrías de ir tú a la ruta ártica?"
"Porque es un lugar en el que jamás ha estado nadie."
Los ojos con los que Nibelung miraba a Vlad se curvaron en una media luna. Eran unos ojos tan desprovistos de vacilación que a Vlad casi le daban ganas de enfurruñarse de puro resentimiento.
"Tengo el objetivo de buscar misterios, y además el clima se ha estado volviendo cada vez más cálido últimamente. Decían que gracias a eso la cosecha de limones va muy bien, ¿no?"
En los tiempos en que los dragones gobernaban el mundo, existió una tierra perteneciente a la raza de las bestias que terminó hundiéndose en las profundidades. Al haber opuesto la resistencia más feroz frente a aquella perfección emergente, habían pagado un precio espantoso que se extendió hasta sus descendientes.
"Tal vez, en la medida en que el hielo se haya derretido, haya surgido una tierra donde la gente pueda vivir."
"…"
"Si existiera un lugar así, podríamos reunir de una sola vez a todas las tribus que andan dispersas por ahí."
Tanto los elfos como los enanos contaban ya con sus propios dominios en la actualidad, pero solo la raza de las bestias permanecía desperdigada sin haber hallado una tierra donde echar raíces. Aquellas tribus que habían encontrado un lugar donde asentarse, como la tribu Luga, podían considerarse sumamente afortunadas.
"Sería hermoso que nuestros pequeños también tuvieran una tierra donde correr y jugar a su antojo, igual que los niños de aquí."
Nibelung decía que partiría de este lugar en pos del misterio al que había consagrado su vida, y por el bien de la tribu a la que pertenecía. No había el menor error en sus palabras, pero en el corazón de Vlad, ligeramente enturbiado por la embriaguez, solo fluía una punzada de amarga desazón.
"Entiendo. En ese caso, tú también tendrás que marcharte."
Pensaba que todos lo recibirían con los brazos abiertos porque había regresado, pero aquellos muchachos, convertidos ahora en hombres adultos, partían uno tras otro en busca de sus propios caminos. Exactamente igual que los incontables lazos que en el pasado se habían alejado de él.
"Tendré que beber un poco más."
"¿Va a beber todavía más a partir de ahí?"
"Hoy el licor me entra de maravilla."
Al ver a Nibelung empacando su equipaje para la partida, Vlad dio media vuelta sobre sus pasos. Descendió por las escaleras donde todos habían caído presa del sueño y pasó de largo junto a las mesas sobre las que sus amigos yacían desplomados. Así, llevando tan solo una botella de alcohol que había tomado de alguna parte, Vlad salía al sendero sumido en la penumbra de una madrugada en la que el sol aún no despuntaba.
\* \* \*
"…Alguien ha levantado una valla alrededor de este sitio."
Tras dejar atrás unos matorrales bien cuidados y abrir la cancela de la cerca, Vlad se adentró en el interior con pasos que conocían bien el camino.
"Aunque la verdad es que así queda mucho mejor."
El único rincón donde se podía contemplar el verdor en medio de unos callejones atestados de edificios desordenados. Caminando por aquel cementerio comunal, cuyo mantenimiento estaba mucho mejor atendido que en el pasado, Vlad se detuvo frente a una lápida familiar.
"¿Cómo ha estado, Kihano?"
Al no haber poseído bienes en vida, era un camposanto repleto de lápidas humildes y deslucidas. No obstante, las flores multicolores que florecían por doquier envolvían las tumbas, como si quisieran arropar y consolar a los que ya habían partido.
"También tengo que servirle una copa al viejo."
Al contemplar aquellas flores, Vlad esbozó una tenue sonrisa y vertió licor con parsimonia sobre las lápidas situadas frente a él y a sus espaldas. Delante reposaba el anciano herrero cuyo nombre nadie conocía; detrás yacía un noble caballero cuyo nombre resultaba imposible registrar. Habiéndose sentado en el espacio intermedio donde ambos descansaban, Vlad alzó la botella como indicando que ahora era su turno.
"Todos dicen que se marchan. Y eso que apenas nos acabamos de reencontrar."
Vlad rehuía mostrar debilidad ante los demás, pero, en aquel rincón desierto donde no había nadie, era libre de desahogar la verdad de su corazón.
"Si todos se van de esta manera, ¿quién se quedará a mi lado?"
Ni Kihano, ni Josef, ni tampoco los muchos lazos que se habían cruzado fugazmente en su camino. Sin embargo, Vlad, para quien las despedidas superaban ya con creces a los lazos que aún permanecían atados, apaciguó el vacío que brotaba en su pecho y alzó de nuevo la botella.
"Aun así, les deseé un buen viaje. Hice bien, ¿verdad?"
Si había sido capaz de darles ese empujón de aliento y desearles que les fuera bien, era precisamente porque a lo largo de su existencia hubo personas que le habían dedicado a él esas mismas palabras. Sabía de sobra que, si alguien no lo hubiera empujado hacia adelante en el pasado, tal como lo hicieron las personas que ahora yacían bajo tierra, el hombre que era en el presente jamás habría llegado a existir.
"…Vaya, ninguno de ustedes me responde nada."
Por más que preguntara, las lápidas sin nombre no devolvían palabra alguna. Habiendo alcanzado ya la quietud de un silencio absoluto, no les quedaba nada más que pudieran decirle a Vlad.
"…"
Tan solo el alba, que rompía poco a poco en el horizonte, le acariciaba la espalda con suavidad. Sintiendo el agrado de aquella tibieza, Vlad decidió quedarse sentado un rato más de lo que tenía previsto partir. Aunque sabía que era imposible, sentía como si Kihano, situado a sus espaldas, lo estuviera reconfortando con una suave caricia de aliento.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 269
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 268
Estás leyendo el capítulo 268 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.