arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 263 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Entró en la ciudad envuelta en luces resplandecientes y cruzó la gran avenida que la atravesaba. Tras dejar atrás una humilde herrería donde descansaba una solitaria estrella, Sarnus llegó por fin a los sombríos callejones. "… Ciertamente, un aspecto digno de una cloaca". Lo que aguardaba ante él era un edificio de cuatro pisos erigido en medio de aquel callejón decrépito. El faro de los bajos fondos, levantado por el Caballero de las Rameras y la Rosa de Shoara. Al contemplar La Sonrisa de la Rosa, que se alzaba imponente a la espera de su llegada, una densa mueca de desprecio se dibujó en los labios de Sarnus. "Haber crecido en un sitio semejante debió de hacerte olvidar que eras un dragón". Para aquel muchacho había sido un hogar elevado y acogedor, pero a los ojos de Sarnus no era más que un vil burdel de callejón. Sin embargo, cegado por la ira, era completamente incapaz de ver la realidad. No vio a los innumerables niños que, a lo largo del camino que acababa de recorrer, lo miraban con desesperada aflicción. Al niño exhausto por el hambre. Al niño apaleado tras ser descubierto robando. E incluso al niño que lloraba desconsolado, incapaz de enterrar a su difunta madre en la tierra congelada. "Esa posibilidad arruinada… Tendré que recuperarla yo mismo, hijo mío". Incontables lágrimas derramadas precisamente porque aquel que debió estar allí jamás estuvo presente. A pesar de haberse adentrado en lo más profundo de este mundo interior, Sarnus continuaba ignorando el dolor del muchacho, buscando únicamente la imagen que él mismo deseaba ver. \*Creeek—\* El dragón de esta era solo exigía de su hijo de sangre la forma que él mismo anhelaba. Y hacia ese dragón, La Sonrisa de la Rosa comenzó a abrir sus brazos. "Vlad…". "Adelante, entra". Este lugar era La Sonrisa de la Rosa, el nido del muchacho. El cobijo que acogió a Vlad en lugar del padre que jamás estuvo donde debía estar. "Pongamos fin a esto de una vez". Los callejones de la ciudad que cobraban vida y brillaban con fuerza precisamente por ser de noche. Al tiempo que los ojos de Vlad se alzaban con firmeza, las luces del burdel comenzaron a arder con esplendor. "Mi nombre es Vlad de Shoara". Más allá de los escalones de la entrada, por donde Sarnus ascendía con paso pausado, Vlad desenvainaba su espada. Aunque carecía de ornamento alguno, resplandecía como una estrella; era, sin duda, la espada de Vlad. A la espalda del muchacho que empuñaba su arma, incontables velas iluminaban el recinto con sus respectivos colores, contemplándolo en silencio. "Ahora pronuncia tu nombre". "Maldito engendro insolente…". 'Este es mi mundo más profundo. El espacio que yo mismo he creado. Y antes de poner un pie en él, estás obligado a probar tu existencia ante mí'. "¡Atreverte a rebelarte de esta manera sin mostrar la menor gratitud hacia quien te dio la vida!". Dragón y humano, duque y caballero, padre e hijo. Al despojarse de todas aquellas ataduras para hablar únicamente a través de la espada, las palabras de Vlad terminaron por quebrar el último vestigio de cordura que aún sostenía a Sarnus. "¡¿Cómo te atreves ante mí, Sarnus Dragulia?!". ¡Kroooaaar! Acompañado de un rugido ensordecedor, el dragón más ancestral se abalanzó al ataque contra Vlad. Un aura de color escarlata se alzó afilada junto a los colmillos del dragón. Los ojos con los que Sarnus miraba a quien juzgaba inferior ya no pertenecían a un ser humano. "Este es el último combate de nuestro viaje, Vlad". Tanto Vlad como Kihano, al contemplar esa mirada, lo comprendieron con certeza: este preciso instante marcaba el final de la travesía que habían compartido juntos. "Sin remordimientos. ¡Demuestra todo lo que tienes!". Tomar la iniciativa con grandeza y alcanzar el final del duelo sin dejar espacio al arrepentimiento. Habiendo intercambiado sus nombres, el enfrentamiento entre ambos comenzó bajo la atenta mirada de innumerables estrellas. ¡Kbaaaang! "¡Kghhh!". Fue un estruendo brutal que hizo estremecer el edificio entero. Por más que fuera el mundo que él mismo había plasmado, era un impacto tan demoledor que no pudo evitar tambalearse por un instante. Vlad, tras recibir aquella fuerza de lleno, fue empujado hacia atrás sin descanso. "¡A ver si te atreves a abrir esa bocaza otra vez!". Al ver a Vlad tambalearse por el impacto, Sarnus profirió un alarido salvaje; sin embargo, el diálogo de las espadas jamás se decidía únicamente por la fuerza bruta. "¡Contraataca!". La espada de Sarnus arremetiendo una vez más quedó fijada en el campo visual de Vlad. En las pupilas del muchacho, concentradas como nunca antes lo habían estado. ¡Tang! "¡…!". La hoja de Sarnus, que descendía con un ímpetu aterrador, salió repelida en una fracción de segundo. Una técnica divina capaz de distorsionar el equilibrio en un único punto en un lapso inferior a un parpadeo. Los ojos de Vlad brillaron con una frialdad glacial al haber ejecutado semejante destreza no contra un caballero ordinario, sino frente a la cúspide misma de toda una era. ¡Krik! La formidable fuerza física de Sarnus sujetó con obstinación la espada que había rebotado hacia arriba. Sin embargo, la figura de Vlad, que antes se encontraba frente a él, ya se había desvanecido en una estela borrosa sin dejar el menor rastro. "¡… Maldición!". De un punto a una línea. El Vlad que permanecía inmóvil se había transformado de pronto en un trazo dorado que hendía el suelo y los muros, desplazándose a través de todo el espacio en todas direcciones. "¡Hraaaaah!". Por más que se intentara discernir, era un movimiento cuyo principio y final resultaban imposibles de percibir. La maniobra exclusiva del principio del golpe letal definitivo, posible únicamente al fundamentar la esencia misma de la esgrima en la velocidad absoluta. Aquella estampa se superponía con la figura del Maestro de la Espada que el dragón había presenciado en tiempos remotos. ¡Kzzzzzt! "¡Kghhh!". 'Anticipa las posibilidades mediante movimientos impredecibles'. Siguiendo con devota fidelidad ese principio, Vlad emergió como un relámpago que azotó el costado de Sarnus. "¡Tsk!". "… ¡Miserable alimaña!". Sin embargo, el instinto del dragón era tan afilado como densa era la sed de sangre de Vlad. Aunque no había podido verlo, la trayectoria anticipada por el dragón fue bloqueada en el último instante por el aura escarlata, forzando a Vlad a regresar nuevamente a un punto fijo. "¡Cómo te atreves a burlarte de mí con la miserable esgrima de Kihano!". La esgrima de la Casa Dragulia, que persigue la perfección absoluta, exige un peso inconmovible que no vacila con facilidad. Y en este mismo instante, la espada de Sarnus, cargada de ese peso abrumador, buscaba el cuerpo de Vlad, quien acababa de revelar su posición. "¡Llevas mi propia sangre y aun así te atreves a desafiarme!". Con la pesadez de una montaña colosal. El mundo de Sarnus, decidido a aplastar a Vlad de esa manera, comenzó a desplomarse sobre su cabeza. ¡Klang! ¡Klang, klang! ¡Klang! "¡Ughhh!". Cada vez que un embate de la espada impactaba, el cuerpo entero de Vlad vibraba con violencia. No era una esgrima afilada, pero poseía un peso inconmensurable que resultaba casi imposible de contener. La figura de Vlad tambaleándose de un lado a otro con cada golpe demostraba la devastadora magnitud de aquel poder. "¡Tienes que zafarte! ¡No le entregues la iniciativa!". "¡Krrghhh!". Aunque su mente lo comprendía a la perfección, resultaba sumamente difícil escapar de aquella sucesión incesante de golpes. Al percatarse de que el flujo del combate comenzaba a inclinarse en su contra, Vlad apretó los dientes con fuerza. "¡Haaaaah!". 'Aquel colosal mundo que aún se empeña en aplastarme. La única forma de no ser aplastado por él es avanzar hacia lo que sigue'. "¡¿Cómo?!". Vlad se arrojó de lleno hacia aquel ímpetu demoledor que parecía capaz de borrarlo de la existencia con el más mínimo roce. A todas luces parecía un acto temerario, pero para torcer el curso de aquel duelo era imprescindible ejercer una fuerza de choque de igual magnitud. ¡Kradak! "¡Kgh!". La armadura de los enanos se destrozó cuando la hoja de Sarnus se clavó profundamente en su hombro. Fue un dolor espantoso que ni siquiera el arte de la armadura aprendido de Justia pudo mitigar por completo. Sin embargo, el sufrimiento y la pérdida de este instante eran sin duda el precio necesario para que Vlad lograra dar un paso al frente ante Sarnus. "¡Aaaaah!". Una distancia tan corta que permitía a ambos contemplarse directamente a los ojos. En el reflejo de las pupilas azules de Sarnus, el golpe descargado por Vlad estalló con violencia. ¡Kzzzzzt! "¡Kuuaaargh!". Junto con el peto que saltaba hecho pedazos, una lluvia de escamas doradas brilló en el aire. Eran los fragmentos de las escamas de dragón que ya habían quedado profundamente agrietadas por el mundo de Rutger. "¡No soy tu hijo!". ¡Crac! "¡Y tampoco soy un fracaso!". ¡Crujido desgarrador! Los afilados y relampagueantes tajos de Vlad descargaban su furia una y otra vez contra Sarnus. "¡En ninguno de los nombres con los que me llamas existo yo!". Sus pasos al avanzar eran arrolladores, y cada tajo que descargaba, implacable. Se movía a una velocidad inverosímil para una espada blandida por alguien que ya cargaba con graves heridas. Aquel ataque, semejante a un torbellino de relámpagos, era algo imposible de ejecutar en la realidad terrenal; era la manifestación de un reino remoto alcanzado únicamente porque había sido concebido en su imaginación. "¡Ugggh!". El mundo que Vlad había forjado era uno donde todo era posible con solo creer que podía lograrlo. Por mucho talento innato que poseyera, para que un muchacho sumido en el fango llegara a convertirse en caballero, había sido indispensable atesorar esa preciada chispa de la imaginación. "¡Miserable bastardo!". Ante la fugaz pausa de la acometida, Sarnus se sacudió a Vlad de encima a toda prisa y recompuso su postura de inmediato. No obstante, incluso ese breve instante concedido para tomar aire había sido una elección deliberada de Vlad. ¡Ruuuumbrrr-! La tierra se estremecía. No, era el mundo forjado por Vlad el que retumbaba en sus cimientos. "Has matado a demasiada gente durante todo este tiempo". El aliento que Vlad exhalaba con serenidad se dispersaba en un vaho blanco. No porque aquel lugar fuese frío, sino porque el aire que brotaba de su pecho ardía al rojo vivo. "Tan solo en pos de una perfección inalcanzable a la que jamás llegarías". Ese corazón enardecido apuntaba fijamente hacia el Sarnus que tenía ante sus ojos. El cuerpo encogido de Vlad se hallaba en máxima tensión, idéntico a la cuerda tensada de un arco a punto de disparar. "¡Bien! ¡Ven a por mí si te atreves!". Una esgrima fundamentada en el principio del golpe letal definitivo, diseñada para atrapar la oportunidad a través de movimientos imprevisibles. Sin embargo, en ese instante Vlad se disponía a partir en dos a Sarnus a una velocidad que superaba incluso cualquier anticipación concebible. "\[Así es. Sigue adelante por tu propio camino\]". Aquel no era un sendero aprendido, sino el rumbo personal que él mismo había dominado y conquistado. Ese camino que solo él era capaz de contemplar era el que Vlad pretendía mostrarle ahora a Kihano. "... Te exijo una justa retribución, Sarnus". 'Que algún día yo también pueda brillar como las estrellas de aquel firmamento'. El sueño de aquel muchacho, radiante como un lucero, contemplaba ahora cara a cara a la pesadilla de la era que se interponía en su camino. "¡Ha llegado la hora de que pagues tu parte!". ¡Bum-baaaang-! A espaldas de Vlad, quien arremetía a la velocidad de la luz, se desató un vendaval impetuoso. Era la última deferencia de La Sonrisa de la Rosa para el ave que abandonaba el nido. "¡En mi era no habrá más dragones!". "¡Kggghhhh!". Un único haz de centella, un relámpago que se abría paso sin freno. Era un golpe formidable, recto y noble, del calibre que tal vez solo el Vlad de dentro de diez años habría sido capaz de desplegar. "¡Porque así he decidido que sea!". "¡Aaaaargh!". Aglutinando las penas del pasado, el deber del presente e incluso las posibilidades del porvenir, el golpe definitivo de Vlad comenzó a hundirse poco a poco en el corazón de Sarnus. "¡Vlad! ¡Maldito engendro...!". "¡Por eso te digo que te mueras ya!". El filo se abrió camino hacia los fragmentos perfectos que albergaba el dragón más ancestral. Sin embargo, para quebrar aquellos fragmentos, el poder de Vlad por sí solo resultaba insuficiente. "\[¡No te detengas!\]". "... ¡!". En ese instante, otra mano se posó sobre la empuñadura, empujando junto a la de Vlad. "\[¡Solo falta un poco más!\]". Un resplandeciente caballero de cabellos castaños. Lejos de ser el descolorido Frausen, era el honorable gladiador Kihano quien, de improviso, empujaba la espada al unísono con Vlad. "¡Kihano! ¡Malditos bastardos!". Un mandoble asestado conjuntamente por el Maestro de la Espada de la era pasada y el Maestro de la Espada de la era presente. En la cúspide de aquel golpe que trascendía las épocas, la codicia del dragón por la perfección comenzó a resquebrajarse paulatinamente. "\[Si fuera solo uno tal vez, pero quebrar tres fragmentos a la vez te resultará arduo\]". Al contemplar por fin cara a cara los ojos de Kihano, una inmensa ondulación comenzó a formarse en las pupilas azules de Vlad. Era una conmoción inevitable, un estremecimiento nacido de encontrarse al fin frente a la persona a quien tanto había añorado. ¡Crac! ¡Cra-cra-crac! Acompañados por los alaridos desgarradores de Sarnus, los fragmentos del dragón comenzaron a agrietarse pedazo a pedazo. Sin embargo, más que por el tacto de los fragmentos al quebrarse, Vlad quedó atónito ante la silueta del relámpago negro que trepaba por su propio brazo izquierdo. "¿Kihano?". El misterio de la tribu Luga que antaño había hendido al dragón más perfecto. Ese mismo misterio estaba a punto de manifestarse de nuevo por obra del Maestro de la Espada encarnado en esta era. "\[Estas cosas siempre se le dan mejor a quien ya las ha hecho una vez\]". No deseaba partir en dos tu alma resplandeciente para destrozar unos fragmentos perfectos. Porque, a fin de cuentas, esa perfección que tanto los atormentaba en el presente era una carga que su propia generación no había sido capaz de erradicar. "\[Buen trabajo\]". "¡Kihano...!". Por el deber que no se llegó a consumar, para cortar de raíz las tragedias que no se lograron evitar. El Maestro de la Espada retornado descargó su golpe final hacia los alaridos que profería aquella perfección. ¡Kzzzzzt-! Una estrella se hace pedazos. Aquella estrella que yo contemplaba se fragmenta junto a la perfección que destellaba en un fulgor rojizo. "¡No!". La única estrella que había venido a buscarme cuando yo no era absolutamente nadie. Kihano, quien me había llamado caballero a pesar de haber nacido como un dragón. Y ahora, con una sonrisa en el rostro, se alejaba de mí. \*\*\* ¡Ruuuumbrrr-! Con el fragor de un colapso estrepitoso, el cielo de la realidad comenzó a resquebrajarse. Tras el firmamento nocturno que empezaba a disiparse a la par que la luna negra se ocultaba, asomó despacio el sol del nuevo día. Y bajo esa noche que se retiraba con pausada calma, un solitario rayo de sol se filtró desde lo alto. El primer lugar al que llegó esa luz solar fue a la espalda de Vlad, sentado en el suelo sin un ápice de fuerzas. "... Bien hecho". En el sitio donde Vlad permanecía sentado se encontraba Sarnus, agonizando con el corazón atravesado de lado a lado. Sin embargo, el brillo de sus pupilas en ese instante ya no era el azul original, sino una límpida tonalidad castaña que evocaba a alguien inolvidable. "Kihano". Kihano, asentado en el cuerpo moribundo de Sarnus. No obstante, la palidez de su semblante advertía a las claras que el tiempo que le quedaba era ínfimo. "Estoy orgulloso de ti. Has estado verdaderamente magnífico". Con la figura de un padre, Kihano le dedicaba las palabras exactas que Vlad siempre había anhelado escuchar. "Haberte conocido fue una auténtica fortuna. Naciste como un dragón, pero recorriste tu propio sendero, Vlad". Y las palabras que brotaban de sus labios en ese instante eran, con toda seguridad, algo que Vlad jamás en toda su vida habría tenido la oportunidad de oír. "... Si todos se marchan de esta manera, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Qué haré si me quedo solo?". El muchacho rompía en llanto ante aquel a quien reconocía por primera vez en la vida como un padre. Al contemplar a ese joven deshecho en lágrimas, Kihano sonrió en apacible silencio. "Una despedida es tanto una culminación como una promesa renovada". Bajo la luz del sol que caía sobre ellos, el color del cabello de ambos lucía idéntico. Tan parecidos eran que cualquiera habría podido reconocer el lazo que los unía. "Por eso, ven aquí". La luz de aquellas pupilas se fue desvaneciendo poco a poco. A pesar de ello, el sonriente Kihano extendió los brazos hacia Vlad con el último aliento de sus fuerzas. "Al menos me alegra haber podido abrazarte al final de todo". Aunque hasta ese instante habían coexistido dentro del mismo mundo, jamás habían podido compartir el calor mutuo. Sin embargo, ahora que finalmente les era posible, Kihano y Vlad se fundieron en un abrazo. "Gracias por todo, Kihano". "... Sí. Así es como se debe despedir a alguien". El viaje que habíamos emprendido en un gélido día de invierno llegaba hasta este punto. Y para que no quedaran pesadumbres ante el desenlace alcanzado. Mientras ambos permanecían entrelazados en ese abrazo, el sol comenzó a derramar su fulgor sobre sus cabezas a través de las grietas de la noche. El muchacho que albergaba una estrella. La estrella que albergaba al muchacho. Por tal motivo, ambos eran Maestros de la Espada que cobijaban un astro en su interior. Bajo la mirada del altísimo firmamento nocturno, la despedida de los dos resplandecía como una estrella a la vista de todos los presentes. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 264

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 263

Estás leyendo el capítulo 263 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.