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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 262 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Esto era una ilusión. Porque las murallas de Bastopol que ahora contemplaba eran las mismas que yo había destruido en persona hacía apenas unos días. Sin embargo, el centelleo de las murallas que ahora se divisaba resultaba mucho más puro y resplandeciente que el de la realidad. "......Maestro de la Espada". El mundo de alguien sobrepuesto a la realidad. Un plano concebido por quien había alcanzado una conciencia inquebrantable de su propia existencia, donde la convicción lo transmutaba en una verdad tangible. Y solo existía un ser capaz de plasmar semejante mundo: el Maestro de la Espada, aquel llamado la cúspide de la espada. "Dame tu escudo". Allí, sobre la arena de duelo, se erguía el caballero que en su momento detuvo mis garras. Aquel que, por el bien de un muchacho, eligió el deber por encima de su propio honor: su nombre era Pablo de Arnstein. "Para que pueda proteger tu posibilidad". La posibilidad era algo hermoso, y aquellos jóvenes seres capaces de expresarla a través de su propio mundo eran un tesoro invaluable. Por ello, sobre el escudo de aquel caballero que protegió debidamente ese instante, la luz de una de las estrellas del cielo nocturno comenzó a posarse. "Ven a mí, Sarnus". "¡......Miserables alimañas!". En condiciones normales, eran seres que jamás se habrían atrevido a alzarle la mirada. Sin embargo, siendo su igual dentro del mundo de Vlad, en cuanto Pablo ladeó el escudo con provocación, Sarnus, incapaz de tolerarlo por más tiempo, se lanzó a la carga. ¡Kbaaaang! Fue un impacto verdaderamente descomunal. Ante una sacudida que en la realidad le habría destrozado las extremidades, Pablo comenzó a ser empujado con violencia hacia atrás. "¡Kghhh!". Lo que acababa de colisionar contra él era el mundo de Sarnus, el ser más cercano a la perfección que existía en este mundo. No obstante, el peso de Pablo, cargando con el deber que había jurado, era un ápice más pesado que el mundo del dragón. "......Tú eres digno". Los mismos cabellos dorados y los mismos ojos azules. De pie en la misma arena que en aquel entonces, Pablo contempló a Sarnus arremetiendo contra él y rememoró al muchacho de aquel día. "Este campo de batalla es plenamente honorable". ¡Klang! ¡Bang! ¡Klang! ¡Bang! A cada tajo que Sarnus descargaba, el escudo que sostenía Pablo se quebraba sin cesar. Sin embargo, el escudo que empuñaba no pertenecía a la realidad, sino a un mundo forjado a partir de su voluntad. Mientras su determinación de alzar el escudo no se doblegara, aquella estrella suspendida en el cielo nocturno pertenecería a Pablo por toda la eternidad. "¡......Por tanto, bien puedes proclamar tu nombre!". En ese instante, de entre los restos del escudo destrozado una vez más en pedazos, la hombrera de Pablo embistió hacia el frente. Aquel fue el único y fugaz momento creado por un caballero devoto a la defensa que llegó a desprenderse de su propio escudo. "¡Ugh!". Sarnus abrió los ojos de par en par al ver a Pablo abalanzarse contra él. Era el ingenio táctico de un caballero capaz de asombrar incluso al dragón más antiguo. No obstante, el grito de estupor que profirió Sarnus no iba dirigido a Pablo, que lo empujaba, sino al hombre que cargaba desde su espalda. "¡Hraaaaap!". El caballero que arremetía desde detrás de aquel hombre semejante a una muralla respondía al nombre de Vlad de Shoara. Su aura, oculta hasta ese instante tras Pablo, rozó el hombro de Sarnus como un relámpago. "¡......!". Al haber sido un ataque del todo imprevisible, sus escamas doradas ni siquiera tuvieron tiempo de brotar. Por ello, sobre la herida que quedó grabada en su carne, un torrente de sangre roja brotó con ímpetu hacia el azul profundo del cielo nocturno. "¡Vlad! ¡Maldito seas!". Aquel dragón codicioso que siempre había ansiado la sangre ajena, pero jamás había derramado la suya propia. Enfurecido ante ese chorro escarlata, Sarnus giró la cabeza, pero la figura de Vlad ya se había desvanecido. "¡......Eso es!". En su lugar, lo que se divisaba era el Joven Árbol del Mundo alzándose como si fuera a perforar los cielos. Antes de percatarse, Sarnus ya no se hallaba en la arena de duelo de Deomar, sino en medio del bosque de los elfos, y divisó al frente a un elfo de cabellos azul marino que le apuntaba tensando la cuerda de su arco. "Todo nuestro verdor se originó a partir de las lágrimas de nuestros ancestros". Era Baradis, con un pentagrama resplandeciendo nítido en su alzado ojo izquierdo. "Por lo tanto, no habrá reparo en que cobremos una pequeña parte ahora, ¿verdad?". Los elfos que se habían visto forzados a abandonar su bosque en llamas tras perder al Árbol del Mundo Madre. La cólera acumulada generación tras generación comenzó a condensarse en la punta de la flecha que tensaba el elfo de esta era. "¡Aunque solo sea una minúscula parte!". ¡Taaang! Al oír el chasquido, la flecha ya había sido disparada; y al verla, ya estaba encima. Tan veloz era la flecha de Baradis: el disparo de los elfos que habían contenido su furia durante cientos de años. Los innumerables espíritus que anidaban en aquella saeta se abalanzaron contra el dragón que más tiempo había sobrevivido. "¡Kggghhh!". ¡Krrrajjj! Igual que el aliento de dragón que él mismo solía exhalar, entidades enteramente rojas, azules y de un verde profundo brillaron con radiante fulgor, comenzando a morder y desguazar la espada de Sarnus. "¡Vlad......!". Sin embargo, incluso en medio de aquel festín de colores tornasolados, Sarnus pudo distinguir con total nitidez un único matiz que se precipitaba contra él: eran los cabellos del caballero, que refulgían con un tono dorado idéntico al suyo. "¡Hraaaaaah!". Disparada como una flecha, pero aproximándose ahora bajo la forma de una espada: esa era la flecha de Baradis. Y quien había sido lanzado junto a ella era Vlad, el Guardián del Árbol del Mundo. "¡Miserables trucos rastreros......!". El caballero del Árbol del Mundo que había detenido al dragón más afilado y contenido a las entidades perversas. La luz estelar de los espíritus que aún lo recordaban se concentraba ahora en la punta de la espada de Vlad. "¿Acaso esto te parece un truco rastrero?". ¡Chirrido! ¡Kreeek! Las espadas de ambos colisionaron con fiereza, cediendo gradualmente hacia el lado de Sarnus. Si de fuerza bruta se tratara, el dragón de pura sangre jamás habría perdido; no obstante, incontables espíritus sumaban ya sus pequeñas manos junto a Vlad. "Precisamente por juzgarlo así caíste ante ella: ¡ante esta esgrima del golpe letal definitivo!". Una esgrima que se adelantaba a las posibilidades mediante movimientos imprevistos y dominaba el campo de batalla un paso por delante con perspicacia incisiva. Aquella esgrima concebida por un honorable duelista se materializaba a la perfección dentro del mundo de Vlad. "¡Ahora!". "¿Qué?". Tiiiiing... Inmovilizado por los espíritus y contenido por la espada de Vlad, el dragón más ancestral quedó frenado. Y desde la espalda de aquel dragón, comenzó a resonar el diáfano zumbido de una espada. "Por fin ha llegado mi turno". Aquel sonido, como si alguien hubiera hecho chasquear los dedos. Junto a ese timbre límpido, el paraje que hasta hacía un instante era un bosque se fue transformando en una verde pradera. "Definitivamente eres el mejor batidor de dragones, Vlad". La estrella que ascendía en este instante era un mundo semejante a un volcán activo. La espada de Rutger, aquella que había partido en dos incluso al dragón más resistente, extraía ya un colosal torrente de furia desde las profundidades de su propio mundo. ¡Ruuuumbleee! A medida que alzaba la espada, el retumbar del suelo se tornaba más intenso. Al contemplar la lava que estallaba teñida de un rojo vivo a la par de aquel temblor, los ojos de Sarnus se dilataron. "Mi nombre es Rutger de Bayezid". Allí se hallaban las huellas de los dragones que habían pisoteado el norte. El final de aquellos pasos no hizo más que precipitar a innumerables norteños hacia la muerte. "¡Soy Rutger Bayezid, y vengo a cobrar el precio de la sangre del norte!" Un mundo que solo podía manifestar un caballero capaz de contemplar su propio ser en lo más hondo. Un torrente de magma al rojo vivo, capaz de engullirlo todo sin importar que se tratase de un dragón, brotó embravecido desde la punta de la espada de Rutger. "¡Maldita sea!" Tenía alas, pero le era imposible desplegarlas; tenía patas, pero habían quedado firmemente atadas. Sarnus no podía hacer nada mientras el mundo de Rutger, ardiendo con fulgor incandescente, caía implacable sobre su cabeza. ¡Ruuuumbleee! El dragón dorado no tuvo más opción que recibir de lleno con todo su cuerpo aquel magma que se precipitaba como una catarata. El mundo de Rutger, más feroz que el filo de una cuchilla y más ardiente que la lava volcánica, comenzó a agrietar poco a poco aquel dorado antaño perfecto. "¡Aaaaargh!" Tal vez fuera por el calor abrasador que al fin lograba percibir, pero Sarnus empujó a Vlad con violencia desenfrenada y, de repente, se encontró arrastrado a otro mundo. "¡¿Dónde demonios estamos ahora?!" Un mundo donde no existía el Árbol del Mundo que se alzaba al frente, ni el volcán activo que rugía a sus espaldas. El mundo que Vlad trazó en esta ocasión era una llanura nevada del norte, cubierta por completo de un manto blanco e inmaculado. "El lugar donde maté al dragón más veloz." El dragón más veloz. El campo nevado donde pereció el Lindwurm. "Un lugar como este resulta idóneo para tu final, ¿no crees?" "¡Vlad! ¡Maldito seas...!" Al contemplar a Vlad de pie en completa soledad sobre aquella planicie de nieve, Sarnus apretó los dientes. "¡Tú eres el causante de todo esto!" Pablo de Arnstein, Rutger de Bayezid y hasta Baradis de Ausrina. Todos ellos eran caballeros magníficos, pero distaban mucho de poseer el poder necesario para enfrentarse a Sarnus por su cuenta. "¡Pondré fin a este maldito mundo ahora mismo!" Sin embargo, dentro del mundo de Vlad, eran caballeros comparables a estrellas capaces de resplandecer con toda su intensidad. Y ahora, en el cielo nocturno que cubría aquella nívea llanura helada, titilaba otra estrella más. "¡Y lo haré matándote!" A espaldas de Sarnus, quien se abalanzaba contra Vlad, una feroz ventisca comenzó a arremolinarse con furia. Una embestida draconiana cercana a la perfección absoluta, inevitablemente más rápida que la del Lindwurm, el dragón más veloz. '¡... Si esperas a verlo con los ojos para reaccionar, será demasiado tarde!' Sólido, veloz, afilado y colosal. Aquellos atributos, que habían permanecido dispersos entre los vestigios caídos, eran en su origen las cualidades inherentes al dragón más perfecto. '¡Anticípate y responde!' "¡...!" Y el dragón que ahora cargaba directamente contra Vlad era Sarnus, la criatura más cercana a la perfección de esta era. "¡Muere!" Su mundo interior, caldeado al extremo por la furia ciega, rugió por fin de manera atronadora hacia Vlad. ¡Klang-baang! "¡Krrgh...!" A una velocidad imposible de evadir y con una agudeza sin igual. Vlad apenas consiguió predecir la trayectoria del ataque, pero haberlo bloqueado no significaba que pudiera rechazarlo. "¡Te engendré como a un dragón, ¿y te conviertes en un Maestro de la Espada?!" Si tomas la iniciativa, jamás la sueltes. Esa era, sin duda, la conducta natural de un depredador frente a su presa. ¡Bum! ¡Bum, bum! ¡Bum! La colosal cólera de Sarnus embestía sin tregua contra Vlad mientras este retrocedía. El aura de sangre que emanaba de su sólida espada comenzó a inmovilizar la espada bañada en luz estelar de Vlad, encendiéndose en un fulgor carmesí abrasador. "¡Te sembré entre la inmundicia para ver qué salía de ti! ¡¿Y te atreves a estorbarme el paso?!" Más doloroso que una espada afilada y más gélido que la ventisca que soplaba. Eso eran para Vlad las palabras que salían de la boca de Sarnus en este instante. "¡¿Qué demonios te crees que eres para entorpecer mi sagrada empresa hacia la perfección?!" El comienzo de mi existencia se debió a una simple curiosidad. El propósito de mi vida no era otro que servir de alimento para alguien. Y ahora, su propio padre le gritaba a aquel muchacho nacido de tal suerte que se apresurara a morir. "Jamás debí haberte engendrado." "Krrgh..." "¡No eres más que un fracaso!" Antes de darse cuenta, Vlad había sido acorralado contra un muro de hielo blanco, y la espada de Sarnus se cernía ya sobre su cuello. Acorralado en un callejón sin salida, privado de cualquier vía de escape. La espada de Sarnus que se aproximaba parecía proclamar que tanto engendrarlo como arrebatarle la vida eran derechos que le pertenecían en exclusiva. "... ¿Quién demonios te crees que eres tú..." Un muchacho nacido en un rincón que nadie alcanzaba a ver. Al haberse criado sobre un lodazal que te engullía en cuanto te quedabas quieto, quizás Vlad fuera, en efecto, una existencia fallida. "... para venir a llamarme fracaso?" ¡Krrrr-krrr-krk! Sin embargo, el muchacho que creció en los callejones siempre fue un niño que miraba hacia las estrellas. Aquella estrella era el único faro para alguien que se hallaba extraviado. Y la muchacha que contemplaba esa misma estrella a su lado era el único báculo que lo sostenía para no caer. "¡Si ni siquiera sabes quién soy yo!" Desde la mano izquierda que Vlad extendió con todas sus fuerzas, una madeja de hilos carmesíes comenzó a desplegarse. Aquel ovillo, que se asemejaba a los cabellos de una mujer, empezó a cobrar forma al unísono con la luz de las estrellas que caía desde las alturas. "¡Le prometí que regresaría sin falta!" Un único haz de luz estelar brilló sobre la nívea planicie de nieve. Una luz nacida del sueño de un anciano, comprada con las lágrimas de una doncella y reflejada en la espada sin ornamentos que el muchacho empuñaba con férrea voluntad. "¡Te mataré aquí mismo! ¡Y volveré a Shoara!" La espada bañada en luz estelar en la diestra y la espada sin ornamentos en la siniestra. El mundo de Vlad, blandiendo dos espadas al unísono, rozó finalmente el ojo de Sarnus y le arrancó una lágrima de sangre azulada. "¡Aaaaargh!" El aullido desgarrador de Sarnus resonó en el punto exacto por donde había pasado la espada sin ornamentos. Aquel alarido provenía de su propio mundo interior, que acababa de perder uno de sus ojos. "¡Maldito engendro! ¡Te voy a matar! ¡Juro que te mataré!" ¡Ruuuumbleee! Al ver a Sarnus retorcerse presa de una furia enloquecida, Vlad blandió con presteza su espada bañada en luz estelar. La trayectoria trazada por el arma dibujó una prolongada línea sobre la blanca planicie helada, delimitando y dando forma a un nuevo mundo. "¡Si tantas ganas tienes de matarme, ven y cruza!" Ante la áspera provocación de Vlad, el dragón más ancestral cruzó lentamente la línea divisoria. No obstante, cegado por la cólera que lo consumía, no se percataba de la verdad. ¡Graaaaargh! No se daba cuenta de que, con cada paso que daba hacia Vlad, se sumergía cada vez más hondo en aquel mundo. Ignoraba que se adentraba hacia el rincón más profundo de todos los mundos que Vlad albergaba en su pecho, hacia el lugar donde más brillante resplandecía la luz de las estrellas que siempre había contemplado. "¡Te he dicho que entres...!" Aquel era un mundo donde el sentido de la existencia cambiaba con el simple cruce de una línea. Un lugar donde una gran avenida que atravesaba la ciudad servía de frontera infranqueable para separar dos vidas que jamás habrían de mezclarse. "¡Ven aquí y mira de una vez quién soy!" Este lugar era La Sonrisa de la Rosa. El burdel teñido de escarlata. Y el nido de aquel muchacho que había prometido regresar sin falta. La luz estelar de Shoara, brillando bajo el cielo nocturno de Vlad, guiaba en este preciso instante al dragón más ancestral. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 262

Estás leyendo el capítulo 262 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.