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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 261 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El cielo era azul, pero la tierra que se extendía bajo él estaba colmada de dolor. El sol radiante permanecía altivo y solitario, mientras que los alaridos de los caballeros bajo su resplandor no hacían sino desgarrarse en un tormento atroz. "L-Lord Rutger..." Aquel era un mundo exclusivo de ellos, donde jamás se dignaban a mirar a los seres que yacían abajo. Sin embargo, en ese preciso instante, un cielo nocturno se aproximaba para abrazar a quienes padecían dolor bajo su manto. "¡Mire, mire allí, por favor!" Siguiendo el dedo que señalaba su ayudante, Rutger alzó la cabeza con premura. En el firmamento sobre el cual fijó la mirada, se desplegaba un espectáculo insólito que jamás había visto ni oído en toda su vida. "Eso es..." Una densa sombra comenzó a proyectarse sobre la pradera verdeante. Aquella penumbra era la obra de una luna negra que, de improviso, había cubierto el sol. 'Deseo un mundo sin dragones'. Era la luna de los niños, concedida por el joven de ojeras pronunciadas y el caballero rubio. Y ahora, una solitaria gota de lágrima negra surgida de esa misma luna caía con lentitud hacia el firmamento azul. 'Tampoco deseo la perfección'. Hubo una vez un caballero que ofreció su espalda para cargar a los niños perdidos. Y también existieron las lágrimas de aquellos infantes que respondieron a la llamada de ese caballero. Dichas lágrimas generaron una leve ondulación en el cielo azul, disolviendo poco a poco una tinta negra sobre la bóveda celeste. 'Por eso, en el mundo que he pintado, no quisiera que nadie mire a los demás por encima del hombro'. De aquel cielo azul donde planeaba el dragón, al firmamento nocturno de un azul profundo que un muchacho solía contemplar al alzar la vista. Bajo ese cielo, un dragón que había perdido su propio mundo en un parpadeo se precipitaba en caída libre mientras profería un rugido ensordecedor. "¡Krrraaaargh!" Habiendo perdido sus alas, Sarnus no tuvo más opción que regresar a su forma humana. Así, el firmamento que se negaba a consentir la existencia de los dragones se había transformado por completo en noche. "Santo cielo..." Era un cielo nocturno que parecía haber sido pintado por la mano de alguien. Al contemplar una oscuridad tan tersa y acogedora, semejante a un manto de seda negra desplegado sobre ellos, los caballeros no lograban disimular su absoluto asombro. "No puede ser..." Era una estampa insólita que no podía alcanzarse mediante el misterio arcano ni a través del poder sagrado. No obstante, aquellos caballeros que ya habían forjado su propio mundo interior conocían a la única existencia capaz de dar forma a semejante portento. "¿Un Maestro... de la Espada?" Aquel ser capaz de plasmar su propio mundo en la realidad. Un Maestro de la Espada. En el lugar hacia donde los caballeros volvieron la mirada por puro instinto, se encontraba Vlad. Era Vlad, sosteniendo su espada en alto hacia aquel firmamento como si elevara una plegaria. \[...Espléndido.\] Aquel campo de batalla que ahora se desplegaba ante ellos había sido trazado con la última pieza, aquella capaz de convertirse en cualquier cosa. Desde la punta de la espada que había pintado ese escenario bélico, aún se alzaba un festín de polvo carmesí que ascendía vaporoso como una calima. \[Con esto, eres más que digno de ser llamado un Maestro de la Espada.\] Una luna que ascendía y un dragón que caía. Y junto a ellos, el Maestro de la Espada que había trazado su propio cielo nocturno. El firmamento nocturno que el Maestro de la Espada de esta era había pintado hoy era un mundo que jamás toleraría que existencia alguna mirara a los demás por encima del hombro. \*\*\* "¡Aaaagh!" Para Sarnus, quien se había precipitado hacia un mundo desprovisto de dragones, las alas ya no existían. "¡¿Una vez más te interpones en mi camino, Kihano Frausen?!" Sin embargo, aun careciendo de alas, Sarnus todavía conservaba el título de Dragulia. El Duque de la Sangre de Dragón, Sarnus Dragulia. El último Dragulia, aquel que había demostrado su grandeza al sobrevivir durante más tiempo que ningún otro, rugía con furia incontenible hacia Vlad, quien se hallaba erguido ante él. "¡Esta vez no será así! ¡Esta vez no!" Lo que sus ojos veían era a su propio hijo, pero lo que su alma percibía era al caballero de aquel entonces. Frente al Maestro de la Espada con quien volvía a encontrarse cara a cara, el ser más cercano a la perfección en esta época desenvainó su espada. "¡Deténganlo!" "¡Bayezid! ¡Todos al frente!" Aunque se había estrellado contra el suelo a causa del mundo pintado por el Maestro de la Espada, Sarnus seguía siendo el guerrero supremo de la era presente. Por muy de élite que fueran las tropas congregadas allí, en ese lugar no existía caballero alguno capaz de hacer frente a un mundo que alguna vez había albergado la perfección absoluta. "¡Miserables insignificantes!" Cada paso que daba tras haber perdido la perfección era tan pesado como una montaña, y cada una de las trayectorias de su espada rebosaba una furia tan escarlata como la sangre. De ese modo, a espaldas de aquel que intentaba aproximarse a Vlad, no tardó en quedar grabado un sendero empapado con la sangre ajena. "¡¿Hasta el final osan estorbarme?!" El mundo de Sarnus era uno que se volvía más colosal cuanto más se le miraba desde abajo. Habiendo nacido como un noble dragón, dispuesto a recibir toda la reverencia y el terror de este mundo, no tenía la menor intención de perdonar a los caballeros que osaban desafiarlo. "¡Inclínense, sabandijas!" Aquel que ostentaba el derecho legítimo a gobernar, el dragón de esta era, ordenó a los caballeros del presente con el fulgor de su espada que bajaran la cabeza de inmediato para contemplarlo desde abajo. ¡Krrrak! "¡Kgh!" "¡¿Qué demonios es esto?!" Era la orden de un dragón transmitida a través de la autoridad, el terror y su jerarquía innata. El orden del mundo, habiendo comprendido aquel mandato, comenzó a aplastar con violencia los hombros de los caballeros. "¡Es... es demasiado pesado!" Era una sensación tan opresiva que parecía como si el mundo entero se desplomara sobre ellos. "¡Maldita sea!" El peso de la lengua dragónica caía con una violencia tal que hendía la tierra bajo sus pies. Para resistirlo, los caballeros se apresuraron a desplegar sus propios mundos interiores, pero el mundo de Sarnus era tan denso y pesado como los incontables años que había vivido. "Criaturas patéticas. Se retuercen exactamente igual que en aquel entonces". Al observar a los caballeros de esta época inclinar la cabeza poco a poco, el rostro de Sarnus comenzó al fin a relajarse. Cuanto más agachaban la cabeza los caballeros, más se ensalzaba su propio mundo. Fortaleciéndose al obligar al adversario a inclinarse, él era, en verdad, una existencia nacida para subyugar. "¡No se inclinen!" Sin embargo, el mundo en el que los caballeros se encontraban ahora era uno en el que nadie podía mirar a los demás desde arriba. "¡Empuñen todos sus espadas! ¡Recuerden por qué estamos aquí!" En ese instante, una figura arremetió a toda prisa hacia los caballeros aplastados por aquel mundo titánico. Era un hombre que se abalanzaba como un relámpago, destellando con un aura dorada. Al final del horizonte dorado que aquel hombre trazaba a su paso, se alzaba el último dragón de esta era: Sarnus Dragulia. "¡Vlad! ¡Maldito seas!" ¡Kbaaaam! Fue una velocidad aterradora, como si un rayo se hubiera desplomado de golpe. El mundo dorado que embistió con esa velocidad comenzó a rugir con fiereza mientras desgarraba el aura sanguinaria de Sarnus. "¡Naciste como un dragón y aun así destruyes la perfección!" "¡Ni aunque me la regalen querría semejante porquería!" Eran dos mundos que colisionaban y resplandecían bajo el cielo nocturno. El padre y el hijo, finalmente enfrentados, comenzaron a mirarse fijamente a través de sus pupilas azules. ¡Skrrrt! Ojos azules que se contemplaban mutuamente a través del cruce de sus hojas. Al contemplar la figura en la que se hacía evidente de dónde provenía su propia existencia, en el corazón de Vlad comenzó a brotar una ira incontenible. "Pensar que no fui más que una semilla sembrada solo para ser devorada..." Un muchacho que había heredado la noble sangre del dragón, pero que se había criado en los callejones. Sin embargo, el secreto de su nacimiento que tanto había albergado era mucho más atroz y repugnante que cualquier fantasía que hubiera imaginado en su niñez. "Probablemente seas el único en este mundo que engendra un hijo por semejante motivo, ¿verdad?" No fue por un amor apasionado ni por un placer pasajero, sino una existencia sembrada únicamente con un propósito frío y calculador. Al contemplar la raíz de su propio ser, que no había tenido motivo de existir desde el instante en que nació, Vlad sonrió con frialdad. "Aun así, le agradezco haberme dado la vida, padre". "¿Qué?" 'Aun con todo eso, agradezco haber nacido en este mundo. Porque de no haber sido así, jamás habría podido contemplar la luz de las estrellas que brillan de este modo'. "¡...!" Sarnus se quedó petrificado por un instante ante las inesperadas palabras de Vlad. Sin embargo, aquellas palabras colmadas de sinceridad entrañaban, para Vlad, que empuñaba su espada, un engaño más. "\[¡Tiene una brecha!\]" El principio del golpe letal definitivo nacía de lo imprevisto. Mas semejante factor imprevisto bien podía brotar de la punta de la lengua antes que de la punta de una hoja. "¡Maldición!" Hubo un instante en que el flujo del aire se detuvo. Había comenzado en la punta de la espada de Vlad, que se replegaba sobre sí mismo. "Fuuu..." Una posibilidad conquistada mediante un movimiento imprevisto. En los ojos azules de Vlad, fijos en el espacio que él mismo había abierto, refulgía de pronto un destello cegador. "Cerrando los codos." Este golpe alcanzaría su objetivo sin falta. Ante la certeza de aquel desenlace dictado por la voluntad del mundo, la espada de Vlad comenzó a vibrar con intensidad. "¡Haaap!" La presión que emanaba de la hoja comenzó a rasgar el aire paralizado. Ante el silbido desgarrador del viento, Sarnus cerró con premura su ojo izquierdo de manera involuntaria. ¡Craaac! Un destello trazado con ferocidad y una miríada de fragmentos de armadura saltando por los aires. Sin embargo, en el rostro del propio Vlad, que sostenía la espada, solo había frustración. "... ¡Maldita sea!" La espada se había proyectado y sin duda había alcanzado a Sarnus. La coraza hecha añicos era la prueba irrefutable de ello. No obstante, a diferencia de Vlad, sobre el pecho de Sarnus, quien había nacido de un linaje puro, solo brotaban densas escamas doradas. "¡Maldito bastardo!" Al contemplar la punta de la espada de Vlad, que de pronto había franqueado su mundo, la cólera de Sarnus estalló. "¡Incluso esa maldita esgrima!" Mas su furor no se debía únicamente al ímpetu demostrado por Vlad. "\[¡Pégate a él deprisa! ¡No le cedas la iniciativa!\]" Las pupilas de Vlad se hallaban ahora más cerca que nunca. Aunque compartían el mismo color, en aquellos ojos que lo repelían con todas sus fuerzas se vislumbraba con nitidez la figura de Kihano, a quien jamás podría olvidar ni en sueños. "Kihano... ¡Maldito engendro!" Hubo una vez un noble caballero que se dividió a sí mismo para impedir la resurrección del dragón más perfecto. Aquel que había trascendido las eras a través de su alma desprendida había logrado, tal como deseaba, extirpar de este mundo la posibilidad del dragón más perfecto. "\[¡Bien hecho! ¡Lo estás haciendo muy bien!\]" Y lo había conseguido no mediante una espada afilada, sino a través de la fe y el afecto depositados en aquel muchacho. Un mundo donde el dragón más perfecto no existía. El Maestro de la Espada de la era anterior, que por fin había logrado plasmar aquel mundo, sonreía al contemplar al dragón que aullaba. ¡Klang! ¡Klaang! ¡Klang! "¡Aaaagh!" Una ferocidad decidida a no soltar la ventaja una vez que la tomaba. Al percatarse de que al menos en aquello se parecía a él, Sarnus descargó su espada con todas sus fuerzas para ganar un instante de respiro. "\[¡Viene! ¡Prepárate!\]" "...!" Aquel incesante intercambio de golpes había sido, sin duda, feroz. No obstante, una vez que recuperó la compostura, Sarnus dispuso del tiempo suficiente para tomar una bocanada de aire. "¡Lo arruinaste todo, Kihano!" La escisión entre Kihano y Frausen. De entre ellos, quien mayor herida había infligido a Sarnus no fue el emperador Frausen, sino el honorable duelista Kihano. Y un aliento atroz dirigido hacia él comenzó a formarse inexorablemente en el fondo de sus pulmones. "【¡Desaparece!】" Las palabras podían arrebatar una vida con apenas un leve movimiento de la lengua. Imbuido con la autoridad del dragón sobre aquel lenguaje, el aliento de Sarnus se disparó como un haz carmesí bajo el cielo nocturno azul oscuro. ¡Kwooooom! Aunque conservaba forma humana, lo que Sarnus había exhalado era indiscutiblemente el aliento de dragón. Vlad titubeó un instante al ver aproximarse aquel aliento a toda velocidad, pero en esa fracción de segundo su resolución no fue esquivar, sino defenderse. "¡Ghhk!" El recto y ardiente torrente carmesí emanado por Sarnus golpeaba con brutalidad la espada de Vlad. Poseía una violencia tan devastadora que, de no haber ladeado la hoja a la fuerza para desviar el impacto, habría sido devorado en un abrir y cerrar de ojos. "\[¡Esquiva! ¡No resistas más!\]" Dando la razón a las palabras de Kihano, la espada de Vlad comenzaba a ponerse al rojo vivo. Con todo, Vlad luchaba con desesperación por contener el aliento de Sarnus hasta el final. "¡No puedo!" Vlad era empujado hacia atrás sin remedio mientras contenía aquel aliento infernal. "¡Aún hay caballeros detrás de mí!" A espaldas de Vlad se encontraban multitud de caballeros que todavía permanecían inmovilizados por la atadura de Sarnus. Aplastados por aquel mundo colosal, los caballeros le gritaban a Vlad que se apartara de inmediato, pero el muchacho al frente solo apretó los dientes con más fuerza. "\[... ¡En tal caso, dibújalo!\]" El Maestro de la Espada de esta era, que ahora intentaba abrazar no solo a sí mismo sino también a los demás. Por él, el Maestro de la Espada de la era anterior exclamó con voz potente: "\[¡Aunque no seas un dragón, eres capaz de lograr lo que sea! ¡Porque tú ya eres un caballero que posee su propio mundo!\]" Un caballero erguido en el lugar donde debía estar, bajo las lágrimas vertidas por las tiernas posibilidades. Sin embargo, para él, que iba siendo empujado poco a poco, una estrella gris comenzó a centellear en el cielo nocturno azul oscuro, como incitándolo a mirar hacia allí. "\[¡Dibuja! ¡El mundo que albergas en tu interior!\]" "¡Ghhk!" 'Lo que sostengo no es una espada, sino un pincel.' Una verdad que debía comprender quien combatía no mediante la espada, sino a través de un mundo. Al asimilar aquella verdad, una estrella del firmamento nocturno empezó a brillar sobre la cabeza de Vlad. "... Jamás he visto una muralla tan sólida como tú." Lo que deseaba en este instante era un mundo capaz de detener el aliento de dragón. Y ese mundo ya relucía, engastado como un astro en el alma de Vlad. "Por eso, solo por esta vez... ¡préstamela!" Aquello era un diálogo con la espada y a la vez un conjuro que arrastraba su propio mundo hacia la realidad. Siguiendo aquel conjuro que Vlad proclamó con todas sus fuerzas, un mundo se alzó de súbito desde la verde pradera. ¡Ruuuumble! Una gigantesca fortaleza resplandeciente bajo la luz de las estrellas. El paisaje que el muchacho había atesorado en su mundo tras admirar su imponencia se recreaba ahora bajo el cielo nocturno. "... ¿Qué?" Era una estampa que obligó a alzar la mirada tanto a los caballeros que agachaban la cabeza como al dragón que escupía su aliento. La fortaleza erigida de la nada erguía majestuosamente sus murallas forjadas de acero junto a su porte colosal. "¿Bastopol?" ¡Craaaash! Las murallas de Bastopol, de las que se decía que en tiempos remotos habían bloqueado el aliento del dragón más perfecto junto al Maestro de la Espada de la era anterior. La muralla que Vlad había plasmado a través de su propio mundo se alzó de repente para contener el aliento arrojado por Sarnus. "... Haa. Uff." Este mundo bajo el cielo nocturno azul oscuro era el mundo que él mismo había plasmado. Aquel firmamento colmado de estrellas era un lienzo reservado exclusivamente para él. Al levantar la cabeza hacia ese lienzo, Vlad pudo contemplar las incontables estrellas que lo miraban desde las alturas. "Yo no soy un dragón." Uno de aquellos astros reveló su propio color sobre la cabeza de Vlad. La luz estelar que se aproximaba en esta ocasión era un resplandor multicolor, como si se filtrara a través de una vidriera policromada. Aquella luminosidad era idéntica a la que el muchacho había contemplado cuando recibió su propio nombre por primera vez. "Soy Vlad de Shoara." Su propio nombre, el que por primera vez en su vida le había sido conferido gracias a un devoto sacerdote. Al reafirmar una vez más sus posibilidades a través de aquella luz de antaño, Vlad extendió la espada con lentitud y comenzó a trazar el siguiente cuadro. "... Yo respondo por el honor de este caballero." Una mansión modesta y antigua. Mas en aquel lugar que siempre le abría sus puertas a Vlad, se hallaba de pie un caballero. Empuñando el escudo que acababa de quedar destrozado poco antes, ascendía en silencio hacia la arena de duelo. "Por tanto, concédanme el escudo." Por aquel muchacho que, habiendo nacido en un lugar desprovisto de méritos, caminaba hacia donde resplandecía la luz. En la arena de duelo de Deomar que Vlad acababa de plasmar de nuevo, Pablo de Arnstein se interponía frente a Sarnus exactamente con la misma figura de aquel entonces. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 261 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.