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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 260 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sobre la verde pradera forjada por la primavera, los caballeros se congregaban. Eran los caballeros del ejército de la coalición que, incapaces de seguir el paso de Vlad tras haberse adelantado, acababan de llegar con retraso. Lo primero que descubrieron en aquella llanura fue la imponente figura de un colosal dragón planeando en lo alto del firmamento. "…Dios santo". Un cuerpo dorado ante el cual cualquiera no podía sino sobrecogerse de admiración. El aspecto de aquel dragón, más deslumbrante incluso que la luz del sol naciente, se asemejaba a la criatura más perfecta jamás creada por Dios. "Vlad". No se trataba de un mero vestigio de un dragón caído, sino de un dragón verdaderamente noble. Sarnus. Sin embargo, la mirada de Rutger captó, antes que la abrumadora presencia irradiada por la bestia, al caballero rubio que galopaba bajo él. ¡Kroooaaar! Desde las alturas del cielo, el dragón emitía un rugido henchido de furia. "¡Noir!". Y bajo su sombra, el caballero rubio cruzaba la pradera a lomos de su corcel negro. Dos mundos que no aminoraban el paso, avanzando el uno hacia el otro como si ninguno estuviera dispuesto a ceder ni un palmo de terreno. Ante semejante festín de colores intensos y desbordantes, Rutger cerró los ojos con fuerza de manera involuntaria. "…¡Lo tengo!". A través de sus párpados cerrados, una voz llegó hasta sus oídos. Era la voz de aquel muchacho que, habiendo nacido en el fango, jamás había dejado de contemplar las estrellas. "¡Lo conseguí!". Atraído por aquel clamor, Rutger volvió a abrir los ojos y descubrió a Vlad, que sonreía hacia él desde la vanguardia. "¡El último fragmento!". Apretando con fuerza la mano en alto, como si el dragón que aullaba allá arriba careciera por completo de importancia, Vlad alzó la voz ante los caballeros que por fin lo habían alcanzado. Gritaba que a partir de ahora era el turno de ellos. Que había llegado el momento de alzarse para todos aquellos que habían sido divididos y fracturados innumerables veces por aquel mundo descomunal. "…¡Alcen los estandartes!". Ante el grito de Rutger, los pendones y banderas del continente comenzaron a alzarse uno tras otro, como si sus portadores acabaran de recobrar el juicio. Al unísono, la hueste que soñaba con convertirse en matadragones echó a correr con ímpetu feroz. La verde pradera empezó a retumbar con violencia ante un despliegue de caballeros que jamás podría presenciarse en una insignificante disputa feudal. \* \* \* ¡Kroooaaar! "¡Ugh!". Vlad se tambaleó un instante ante el rugido atronador que rozó sus oídos. "¡Miserable! ¡¿Aun así te resistes hasta el final?!". La presencia que irradiaba era descomunal, y la presión que propagaba pesaba como una cordillera entera. No obstante, más que la furia de Sarnus que descendía de las alturas, lo que atormentaba a Vlad en ese instante era el susurro del fragmento que aferraba en su mano: "¡Reclámame de una vez! ¡Si lo haces, alcanzarás la perfección!". Era una voz que ya había escuchado en Bastopol, la Ciudad de Acero. Sin embargo, brillando con un carmesí aún más ardiente que en aquel entonces, el fragmento de dragón intentaba perforar sin tregua el mundo de Vlad. '¡Vlad! ¡Vlad, vuelve en ti!'. "…¡Aaargh!". La amenaza que descendía del firmamento y la tentación que brotaba de su propia mano. Mientras Vlad sacudía la cabeza con violencia entre aquellos clamores ensordecedores, una sombra descomunal volvió a cernirse sobre su cabeza. "¡Entrégalo de inmediato!". El cuerno del unicornio, resplandeciente en un blanco inmaculado, osciló con urgencia. No obstante, las maniobras del caballo negro para desorientar a su adversario solo cobraban auténtico sentido cuando actuaba en perfecta armonía con su jinete. ¡Craaash! Sin embargo, las afiladas garras del dragón no se estrellaron contra Noir, cuyos movimientos habían sido torpes, sino contra un objetivo completamente distinto que se había interpuesto entre ambos. "…¡Pablo!". "¡Guaaagh!". El mundo de aquel caballero era como una muralla inexpugnable. Sin embargo, aquel mundo, que ante el dragón más ancestral apenas había podido comprar un efímero instante, le gritó a Vlad: "¡Vete ya!". Apenas terminaron de brotar esas palabras, la montura de Pablo se derrumbó sobre el suelo. Pero Noir, que ya había emprendido la carrera, dejó a ambos atrás para galopar en dirección a los caballeros que aguardaban al frente. "¡Buen trabajo, Vlad!". "¡Reorganízate de inmediato!". Dos estandartes cruzaron raudos junto a Vlad mientras este ganaba distancia. "¡Procederemos según lo acordado! ¡Formen filas!". "¡Gendarmería Imperial! ¡Por fin ha llegado el momento de vengar a Lord Auguste!". El estandarte de Bayezid, que envolvía los muros de Sturma, y el estandarte de la Gendarmería Imperial, que ostentaba el relámpago negro. Detrás de los abanderados que portaban ambas insignias, marchaban los caballeros, habiendo desenvainado y desplegado sus respectivos mundos. "¡Malditas alimañas humanas!". La élite del norte y del ejército central cargaba contra el dragón más ancestral. Solo en número sumaban varias decenas. Al verlos, a Sarnus le resultaba del todo intolerable perdonar la insolencia de aquella estirpe inferior que osaba desafiarlo. "¡Derrúmbense por completo!". Una sola sentencia extraída de los fragmentos que ardían al rojo vivo. Aquello era tanto la cólera como la lección impuesta por Sarnus a aquellos caballeros ignorantes, incapaces de concebir la auténtica magnitud de la furia de un dragón. ¡Ruuuumbleee! Bajo la poderosa voluntad pronunciada por la bestia, la verde pradera comenzó a desmoronarse. Una grieta de tal envergadura que amenazaba con devorar incluso a los corceles a la carrera se abrió entre el dragón y los caballeros, manifestando con absoluta crudeza la abismal diferencia de jerarquías. "…¡¿Qué demonios es esto?!". "¡Es la lengua dragónica!". Los caballeros, forzando las riendas de sus caballos que relinchaban presas del pánico, no tuvieron más remedio que virar en busca de un desvío. "¡Pensar que ya se ha acercado tanto a la perfección!". La lengua de los dragones, capaz de imponer su propia verdad sobre las leyes del mundo. Al contemplar el potencial de un dragón del que solo daban fe los textos antiguos, Sir Rodrigo, comandante de la Gendarmería Imperial, no pudo evitar chasquear la lengua con estupefacción. "¡Cómo se atreven insignificantes humanos!". ¡Kroooaaar! En el rugido del dragón que colmó la llanura entera se ocultaba un peso abrumador que nadie había previsto. Aquel bramido, capaz de quebrar la voluntad misma en lugar de limitarse a infundir miedo o vacilación, era algo que solo los caballeros que habían forjado sólidamente su propio mundo podían llegar a resistir. "¡Guaaagh!". "¡No puedo soportarlo!". E incluso entre ellos, solo aquellos que habían edificado su mundo con firmeza inquebrantable. Acompañados por hilos de sangre negruzca que brotaban de sus oídos, las deserciones comenzaron a manifestarse aun entre los caballeros considerados la élite del continente. "¡Maldición!". El tiempo no estaba del lado de ellos, y el lugar donde pisaban no era otro que su propio campo de batalla. Al contemplar aquellos mundos diminutos que huían despavoridos ante su sola presencia, las pupilas azules de Sarnus se curvaron con desdén. 'Yo no me atormento con cavilaciones como el dragón más perfecto'. Sin embargo, en flagrante contraste con la mueca burlona del dragón, una llamarada de calor carmesí henchía su cuello abultado. 'Tan solo deseo exterminarlos a todos'. El dragón más cercano a la perfección de esta era acumulaba furia en lo más profundo de sus pulmones. Era el aliento de dragón, capaz de incinerar cuanto existiera bajo el cielo. Aquella cólera draconiana, que en su momento había derretido los propios muros de Bastopol, clavó su mirada homicida en los estandartes de Bayezid y de la Gendarmería Imperial. \* \* \* "¡Maldita sea! ¡Estos humanos de porquería se creen que las cosas se hacen solas con solo abrir la boca y ordenarlo!". A cierta distancia del campo de batalla donde el dragón y los caballeros batallaban ferozmente, en un rincón donde un Vlad mortalmente pálido intentaba recuperar el aliento, los enanos de Nidavellir se agrupaban en tropel para ensamblar una máquina de asedio. "¡¿Por qué demonios no entienden que el verdadero refinamiento radica en un acabado garantizado por el tiempo y el presupuesto suficiente?!". Las quejas de Sigurdsson rozaban el bramido, pero, en marcado contraste con sus lamentos, la máquina de asedio iba cobrando forma a toda prisa. El ingenio bélico que se erigía ante ellos era una balista similar a la que ya habían visto en Bastopol. No obstante, la descomunal tensión generada por el arco de aquel coloso parecía capaz de abatir no ya a un simple guiverno, sino a una aberración incomparablemente más temible. "¡Capitán! ¡Capitán, mire allí!". Sin embargo, el tiempo concedido a los enanos resultaba despiadadamente exiguo. Pues la cólera del dragón más ancestral estaba a punto de ascender por su garganta para desatarse sobre los caballeros. "…¡Maldición! ¡Dispárenla de una vez!". "¡Pero la mira aún no está…!". "¡Que disparen, pedazos de idiotas!". Aquella sería, literalmente, la primera prueba de tiro y, al mismo tiempo, su bautismo de fuego en combate real. No obstante, decidiendo actuar no en el momento más propicio, sino en el momento más apremiante, Sigurdsson hizo girar a la fuerza la estructura de la balista, aún a medio montar, y apuntó directamente al dragón que aguardaba al frente. "¡Total, si no disparamos ahora, no dispararemos jamás!". Ante los ojos de Sigurdsson, apostado en solitario sobre la plataforma de puntería, se recortó la figura del dragón colosal. Aquel ser dorado continuaba fulminando con la mirada a las huestes de Bayezid y de la Gendarmería Imperial, ajeno por completo a su presencia. "Esta es la venganza de nuestros ancestros". ¡Tang! En dirección a aquellas escamas resplandecientes, la gigantesca punta de lanza disparada por Nidavellir hendió los cielos a toda velocidad. \* \* \* "¡Dispérsense todos!". El grito de Rutger retumbó con fuerza, pero los caballeros de Bayezid fueron incapaces de obedecer aquella orden. ¡Ruuuumble! La tierra aún se estremecía con violencia y los caballos, paralizados por el terror, eran incapaces de dar un solo paso. Los caballeros, aplastados bajo el peso del inmenso mundo del dragón más ancestral, contemplaban la semilla de llamas de un rojo ardiente que se gestaba ante sus ojos, tragándose un grito de espanto que ni siquiera alcanzaban a proferir. \*Fiuuuuu.\* Un campo de batalla sumido en una tensión tan extrema que parecía haber congelado el mismísimo tiempo. En aquel instante en que la vida y la muerte se decidían por la mera diferencia de una sola bocanada contenida por el dragón, desde las espaldas de los caballeros surcó el aire el mundo de los enanos. "¡...!" Una punta de lanza forjada a partir de una llama inextinguible que ya no existía en este mundo. Una de las posibilidades ante las que el dragón más perfecto se había mostrado más cauteloso se precipitaba en ese preciso instante contra Sarnus. "¡Funcionó!" Aunque había sido disparada de forma apresurada, trazaba una trayectoria a todas luces certera. Por ello, al ver que la punta de lanza enana volaba hacia una posición imposible de ignorar, Sarnus no tuvo más remedio que desviar hacia ella el aliento que acumulaba. ¡Kuaaaaah! Un haz de luz escarlata salió disparado como si pretendiera atravesar la bóveda celeste. Como si demostrara que semejante ímpetu no era en vano, las nubes comenzaron a desgarrarse en cuanto entraron en contacto con el aliento de dragón. "Vaya salvajada." Aunque había salvado a los caballeros, la punta de lanza de los enanos no logró alcanzar al dragón: se fundió sin dejar el menor rastro, disipándose hacia las alturas del cielo. Sin embargo, Sigurdsson ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse por el arma fallida. "... Con razón en el almacén solo quedaban las puntas de lanza." Pues la mirada colérica del dragón se clavaba en ese instante justo donde él se encontraba. El devastador aliento de dragón volvió a condensarse, apuntando hacia la balista sobre la que estaba encaramado Sigurdsson. En ese momento, la amenaza no iba dirigida a los caballeros del frente, sino al arma de los enanos que acababa de ponerlo en peligro. "¡Parece que todo lo demás ardió en tiempos del dragón más perfecto!" ¡Kwagagagagáng! A espaldas de Sigurdsson, quien había saltado a toda prisa, comenzó a arremolinarse un calor abrasador. Ante aquella violencia ígnea desmedida, como si cientos de bombas hubiesen estallado al unísono, Sigurdsson ya se resignaba a una muerte ineludible, pero una mano firme sostuvo su espalda. "Tu estatura es menuda, pero los juguetes con los que te entretienes son descomunales." "¿Qué?" Aquel hombre de cabello azul marino contuvo al enano, que rodaba por los suelos en un estado desastroso. De las yemas de los dedos de Baradis, quien mantenía su ojo izquierdo abierto de par en par proyectando un enorme pentagrama, ya emergía un círculo mágico trazado por los espíritus del agua. ¡Kwagagagagáng! \* \* \* "Tómame de una vez. ¿Acaso no deseas alzar el vuelo como ese dragón de allí?" "Kghhh..." "No sabes lo sublime que es el deleite de tener el mundo entero bajo tus pies, joven dragón. No creas que el mundo que has visto y experimentado lo es todo." En la mano de Vlad, que se había apartado a toda prisa, todavía descansaba el fragmento de dragón teñido de rojo. Adherido a él como si lo hubiesen pegado con cola, negándose a soltarse, manifestaba una obsesión hacia Vlad más intensa que la de cualquier otro fragmento. \[... Parece que se ha vuelto más poderoso debido a que los últimos dragones están reunidos aquí.\] Dos dragones que se aproximaban al dragón más perfecto. Estimulado por el mundo del dragón que ambos desplegaban, el fragmento carmesí no cesaba de susurrarle que lo tomara de inmediato, consciente de que, sin importar cuál de los dos se hiciera con él, al final solo un dragón quedaría con vida. \[Vla...\] Como si no pudiera tolerar semejante espectáculo, el tatuaje de la tribu Luga grabado en el brazo izquierdo de Vlad comenzó a retorcerse. Un misterio semejante a una maldición que encarnaba la forma de un relámpago negro. Sin embargo, Kihano, que se disponía a desencadenar aquel misterio, contuvo su acción ante el repentino tambaleo de Vlad. "No veo." Las manos de Vlad tanteaban el aire de un lado a otro, como si buscaran algo a tientas. Ante aquel comportamiento que lo hacía parecer ciego, tanto el fragmento de dragón, que no paraba de clamar, como Kihano guardaron silencio por un momento. ¡Kraaaah! Gracias a ello, el tumulto en el interior de Vlad se apaciguó por un instante, pero aquel lugar convertido en campo de batalla seguía atestado de gritos y clamores de combate. "¡Presionen! ¡Háganlo retroceder!" "¡Hay que apuntar primero a las alas!" Eran los caballeros del continente, librando una lucha desesperada bajo el dominio del dragón más ancestral. "¡¿Acaso ya no quedan más balistas?!" "¡Aparte de los repuestos que trajimos, no queda nada!" Eran los enanos, que transportaban piezas sin descanso junto a las voraces llamas, sin percatarse siquiera de que sus barbas se chamuscaban. "¡Despierten a los espíritus! ¡Primero hay que neutralizar las alas del dragón!" Y también los elfos, que disparaban flechas sin tregua escudándose tras los caballeros que contenían desesperadamente a la bestia. "... No puedo ver nada." Para rehuir la tentación del fragmento, Vlad se había sumergido en las profundidades de su propio mundo interior. El campo de batalla que contemplaba a través de él estaba poblado de diminutas luces estelares que languidecían, sofocadas bajo el peso del mundo más resplandeciente. "¿Es eso la perfección, Kihano?" \[Así es.\] Había alaridos que, aun invisibles, se escuchaban con nitidez. Los gritos desgarradores de aquellos mundos que habían compartido el camino con él. Ante aquellos estertores de agonía, el mundo de Vlad comenzó a emerger y a reflejarse lentamente en sus pupilas azules. "Está en un lugar demasiado alto. Tanto que nadie puede alcanzarlo." Todos los mundos de esta tierra eran tesoros preciosos e irreemplazables, pero bajo un sol tan descomunal quedaban reducidos a estrellas vanas e invisibles. Al contemplar cómo aquellos mundos se enfriaban bajo el sol dorado que planeaba por el cielo, un horizonte de oro comenzó a despuntar desde el ojo izquierdo cerrado de Vlad. "... Debo derribar esa perfección." \[¿Cómo?\] Kihano, quien siempre había brindado las respuestas, en esta ocasión formuló una pregunta en réplica. Pues para Vlad, que había hallado su propio sendero, las respuestas preconcebidas de este ya carecían de sentido. "Convocando el cielo nocturno." La posibilidad más perfecta no era necesaria. Tampoco aquel sol colosal que resplandecía en las alturas. Para derribar a aquel astro que, brillando en solitario, sofocaba a todas las estrellas, se requería un sereno cielo nocturno en el que todos pudieran resplandecer. "Este fragmento puede convertirse en cualquier cosa." \[Si así lo deseas.\] "Y también puede hacerlo todo." \[Si es lo que anhelas.\] Al escuchar las palabras de Kihano, Vlad contempló el fragmento de dragón que sostenía en la mano. Al igual que él, que se había originado a partir de un dragón, aquel fragmento podía transformarse en lo que fuera y realizar cualquier hazaña. Al recordar la luna negra que había emergido a través del otro fragmento, Vlad comprendió que esta vez era el momento de adueñarse del lienzo que verdaderamente deseaba. "¡...!" El fragmento que Vlad arrojó con indiferencia rodó sobre la verde pradera. Al reflejar la luz del sol que brillaba en lo alto, resplandecía como la pieza más perfecta que cualquiera codiciaría. Sin embargo, el dragón de esta era no se doblegó ante la perfección; simplemente se concentró en evocar su propio mundo. \[Evoca con intensidad el paisaje que deseas. Será mucho mejor si habita en tus recuerdos.\] "... En mis recuerdos." Vlad se disponía a crear un cielo desprovisto de dragones empleando aquel fragmento como materia prima. Y en su mente, comenzó a alzarse un cielo nocturno. "Deseo un mundo donde no existan dragones." Aquello era tanto un diálogo con su espada como un conjuro para arrastrar su propio mundo hacia la realidad. "Tampoco anhelo la perfección." Pues aquel capaz de plasmar sobre la realidad el mundo extraído de su interior es a quien se llama Maestro de la Espada. "En el mundo que yo dibuje, desearía que nadie pueda mirar a los demás por encima del hombro." Al elevar de ese modo su propio mundo, algo comenzó a ondular en las pupilas azules de Vlad. Era el cielo nocturno de hoy, el que el Maestro de la Espada de esta era se disponía a pintar para las estrellas. "¡El mundo que yo anhelo es esa clase de mundo!" "¡...!" ¡Crac! Bajo la punta de la espada de Vlad, descargada con todas sus fuerzas, el fragmento rojo comenzó a resquebrajarse. Un fragmento que albergaba la posibilidad de convertirse en el ser más perfecto de este mundo. No obstante, el destino hacia el que se precipitaba el último vestigio no era el mundo más perfecto, sino el cielo nocturno, insondable y oscuro, trazado por Vlad. "Has alzado la luna. Tú." "... La hemos alzado juntos." "Así es. Juntos." Por las estrellas de esta era, incapaces de alcanzar las alturas del firmamento. Lo que deseaba aquel dragón, que había renunciado incluso a su propia perfección, era un cielo nocturno en el que todos pudieran brillar. "¡¿Qué... qué demonios es esto?!" En un mundo donde a nadie le estaba permitido mirar a los demás desde lo alto, un dragón caía en picado. Y de las alas que batía desesperado, los fragmentos rojos se desprendían y ascendían como polvo. El destino hacia el que se dirigía aquel polvo era lo alto del firmamento, donde aguardaba otro fragmento de dragón. "Es verdad. Lo hicimos juntos." En aquel cielo nocturno donde nadie podía volar, una luna negra se alzó en solitaria majestad. La luna del firmamento nocturno que, tras abrazar al hombre de pronunciadas ojeras, le había susurrado una despedida. El lugar sobre el cual se posaba aquella luz de luna era el mundo que Vlad había dibujado. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 260

Estás leyendo el capítulo 260 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.