arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En medio de un comedor sumido en un sepulcral silencio, Goat miraba a Vlad sin saber qué hacer. "J-Jefe..." Al mismo tiempo, innumerables miradas cargadas de diversas burlas comenzaron a converger hacia el sitio donde estaba sentado Vlad. Todos habían estado aguardando ese instante. "..." Sobre la sopa que comía Vlad flotaba una masa amarillenta. Era el esputo de alguien. "Vaya, cuánto lo lamento. Como apestaba tanto a inmundicia, juraría que esto era un basurero." "¡Ja, ja, ja, ja!" A espaldas de Vlad se encontraban tres escuderos riendo a carcajadas. 'Llegó antes de lo que esperaba.' Vlad no se enfureció contra los escuderos que lo provocaban. Se limitó a asentir con la cabeza, con la resignación de quien recibe algo inevitable. Sabía de antemano que tarde o temprano surgiría una situación similar. La Casa Bayezid era un linaje de inmenso renombre en el norte. El simple hecho de haber puesto un pie en sus dominios, aunque fuese por un breve período, constituía ya un mérito intachable en cualquier historial; por tal razón, todos los escuderos allí congregados eran hijos enviados por familias acomodadas y respetables. Aunque no pertenecieran a la nobleza, eran jóvenes señoritos criados entre algodones, de modo que era de esperar que repudiaran la llegada de un advenedizo de los callejones. Habiendo experimentado ya un desdén similar en el campamento militar, Vlad resolvió morderse la lengua y tolerarlo por el momento. 'Además, es algo a lo que estoy acostumbrado.' El desprecio, la humillación y el menosprecio siempre le habían resultado familiares. Desde luego, que estuviera acostumbrado no significaba que no dolieran, pero resolvió dejarlo pasar por esta vez. Así pues, levantó con calma la cuchara. "Jefe..." Recogió los salivazos que flotaban en la sopa y los arrojó al suelo. Acto seguido, como si nada hubiera ocurrido, volvió a alzar la cuchara y continuó comiendo con absoluta tranquilidad. "..." "..." Los escuderos del comedor, que contemplaban la escena entre risitas a la espera del hostigamiento planeado, enmudecieron al unísono ante la imperturbable templanza que acababa de mostrar Vlad. Se instaló un extraño silencio. "...¿Pero qué demonios le pasa a este tipo?" Entre los recién llegados que habían entrado hasta entonces, ninguno había reaccionado jamás de esa forma. O bien estallaban de rabia, o se encogían de miedo, o intentaban congraciarse con una sonrisa servil. Sin embargo, aquel muchacho de los callejones obraba fuera de todas sus previsiones. "..." En el comedor, que se había sumido en una involuntaria quietud, Vlad rememoró las palabras que Sir Zayar le había dirigido: 'A partir de ahora, ten presente que cada una de tus acciones estará directamente ligada a la reputación de Lord Josef.' Conociendo bien su temperamento impetuoso, Sir Zayar le había advertido una y otra vez que midiera su conducta con sumo cuidado. 'He recibido demasiado como para no soportar al menos esto.' Vlad sabía perfectamente que se le había concedido una oportunidad que sobrepasaba con creces sus méritos. Por lo tanto, mientras pudiera contenerse, estaba dispuesto a pasar por alto las provocaciones en aras del decoro de Josef. 'El asunto es cómo debería destrozarlo.' Sin embargo, la innata ferocidad que bullía en su interior por haber nacido en los callejones era algo imposible de aplacar. Por eso, aunque tragaba la sopa con aparente compostura, había algo que emanaba de él de forma inevitable. Aquellos ojos azules que, incluso en la salvaje jungla de los bajos fondos, habían grabado su temible figura en la memoria de los hombres... ardían ahora con una fría llamarada azulina. "Maldito insolente." Al ver que las cosas no salían como había previsto, el escudero que buscaba pelea se acercó a Vlad gruñendo entre dientes. "Ya nos veremos luego. Te aseguro que te daré una ceremonia de bienvenida por todo lo al..." "¿Cómo te llamas?" Aunque su intención había sido acobardarlo con amenazas, el muchacho rubio reaccionaba de una manera enteramente ajena a lo que Sobanin esperaba. "...¿Qué?" Acompañada de una voz gélida, la cabeza de Vlad giró con lentitud. "Te he preguntado cuál es tu nombre." Al toparse con los ojos del muchacho que ardían en azul, el escudero sintió por un instante como si la penumbra lo envolviera todo a su alrededor. En aquella mirada residía una presencia opresiva aún más sobrecogedora que la del caballero al que servía. "S-Sobanin." Sin darse cuenta, Sobanin tartamudeó. Tal era el peso de aquel ímpetu. "Sobanin." Vlad masticó y tragó la sopa mientras murmuraba en voz baja el nombre de Sobanin. El perro que va a morder no ladra. El hombre que abriga la intención de matar no estalla en cólera. "Me acordaré de ti." Se limitó a mirarlo fijamente en silencio. Antes de que se dieran cuenta, Vlad terminó de comer y se levantó sosteniendo su bandeja vacía. "Esperaré con ansias esa bienvenida." Al escuchar la voz de Vlad rozándole al pasar, Sobanin comprendió que algo había salido rematadamente mal. "¡A-Acaso te crees con derecho a estar aquí, bastardo huérfano y mugriento arrastrado de los callejones!" Escupió aquellas palabras mordaces en un intento desesperado por salvar su orgullo pisoteado, pero Vlad se limitó a devolver la bandeja con calma y salir del comedor. Aunque Goat lo siguió a paso apresurado mirando a todos lados con cautela, en el comedor solo pervivió un extraño y denso silencio. \* \* \* "¿Estás bien, jefe?" "Tengo el estómago revuelto." "¿Y qué vas a hacer ahora? Les pregunté a los sirvientes y parece que ese tal Sobanin es como el líder entre los escuderos." "¿Ese tipo es la cabecilla?" Ante la pregunta de Vlad, Goat asintió con energía. "Entendido." "Ten mucho cuidado." Escudero y sirviente. En la encrucijada donde sus caminos debían separarse, Vlad despidió a Goat con un desganado ademán de la mano y reanudó el paso hacia su destino. 'Desde luego, es un tipo fuera de serie.' Incluso en un comedor rodeado por decenas de miradas hostiles, Vlad se había mostrado tan tranquilo como si comiera en su propia casa. 'Bueno, por algo fue capaz de rebanar en dos a seres como aquellos espectros.' Quizá fuera la reacción más lógica. Habiendo hendido con su espada a entidades aterradoras que costaba incluso mirar, ¿qué importancia podían tener las vanas bravuconadas de muchachos de su misma edad? 'Por eso uno tiene que moverse en las grandes ligas.' Cuando la figura de Vlad desapareció al final del corredor, Goat también reanudó su camino. No había necesidad de preocuparse. Aquel muchacho no era alguien que fuera a detenerse en un lugar como este. Tras despedirse de Goat, Vlad acudió al campo de entrenamiento donde se encontraba Sir Zayar, siguiendo la rutina establecida. "¿Ha ocurrido algo fuera de lo común?" "No, señor." "Entonces empuña la espada." Después del almuerzo, solían tener una breve sesión de combate de práctica con Zayar. No era nada habitual que un caballero dedicara tiempo a entrenar a diario con su escudero; a menos, claro está, que el aprendiz fuera el vástago de una familia ilustre o que sus padres colmaran los bolsillos del maestro con generosas sumas de dinero. "Señor, hay algo que quisiera preguntarle." "Habla." Vlad se frotó la nariz y se dirigió a Zayar: "Supongamos que me veo rodeado por varios a la vez. ¿Qué debería hacer en ese caso?" "Huir." "¿Y si no puedo huir?" "¿Con qué tipo de armamento estás imaginando a tus oponentes en esa pregunta?" Ante la pregunta de Zayar, Vlad recorrió el campo de entrenamiento con una mirada casual y respondió: "Bueno... ¿quizás con espadas de madera? Supongamos que algunos llevan también pequeños escudos." "...¿Es así?" Los ojos de Zayar se entrecerraron, intuyendo algo tras la respuesta de Vlad. "Ciertamente, el arte de la espada que empleas no está pensado para el combate contra múltiples adversarios." "¿En verdad?" Al escuchar una evaluación sobre su esgrima por primera vez, Vlad abrió los ojos de par en par. Mirándolo, Zayar trazó una línea en el suelo con su espada de madera y respondió con desgano: "¿Acaso aprendiste de tu supuesto maestro sin saber siquiera qué tipo de esgrima practicaba?" 'Si ni siquiera quien me la enseña sabe quién demonios es...', refunfuñó Vlad para sus adentros antes de responder: "No lo sé. Para ser sincero, en mi posición no podía hacer más que agradecer y tragarme cualquier cosa que estuvieran dispuestos a enseñarme." "Supongo que así fue." Tras trazar una larga cruz en el suelo, Zayar sacudió la espada de madera para quitarle la arena adherida. "Lo más probable es que tu maestro fuera un duelista. Tu esgrima no está especializada en batallas multitudinarias, sino en el combate singular cuerpo a cuerpo." \[¡Vaya!\] Al obtener una pista sobre sí misma en el lugar menos esperado, la voz en su mente soltó una exclamación teñida de entusiasmo. \[¡Indaga más! ¡Pregúntale más!\] "¿Un duelista?" Al ver a Vlad inusualmente emocionado, Zayar pensó que al muchacho le fascinaban tales asuntos, por lo que decidió explayarse un poco más. "No todos los caballeros son cortados por el mismo patrón. Los hay como yo, que son caballeros vasallos vinculados al servicio de una casa noble, o caballeros andantes que se limitan a vagar tras haber recibido la investidura. Podría decirse que un duelista es una clase de caballero andante." Zayar asintió con la cabeza mientras observaba a Vlad. "Por lo general, se llama duelistas a los caballeros que comparecen en calidad de campeones o representantes en los duelos de honor. ¿Deseas saber más?" "Entonces, ¿quiénes eran famosos entre los duelistas? ¿O tal vez alguien que fue renombrado en el pasado pero de quien ahora no se tienen noticias?" Al ver el brillo en los ojos de Vlad, Zayar concluyó que debía poner un límite allí. La curiosidad de los muchachos podía ser infinita, pero el tiempo del que disponían hoy era limitado. "Solo se aprende una lección por día. ¿Prefieres que te hable de duelistas célebres, o sobre cómo combatir contra varios adversarios a la vez?" "...¿O prefieres que te enseñe los fundamentos del combate?". '\[¡Duelos célebres!\]', clamó la voz en su mente. "Combate múltiple", respondió Vlad. Aunque la voz le suplicó que lo reconsiderara tras soltar semejante respuesta, para Vlad lo verdaderamente apremiante era la prueba inmediata que se cernía sobre él. "Bien. Entra". Siguiendo el ademán de Zayar, Vlad se plantó en el centro de la cruz dibujada en el suelo. "El fundamento del combate contra múltiples adversarios es el ángulo. En este preciso instante estás expuesto a cuatro direcciones: norte, sur, este y oeste. En semejante posición, tendrías que defenderte de las arremetidas de al menos cuatro enemigos a la vez". "¿Y qué debería hacer entonces?". "Aprovechar el terreno y los obstáculos del entorno". Zayar aferró a Vlad por los hombros y lo situó en uno de los extremos de la cruz. "Si cubres tu espalda contra una superficie, los ángulos restantes pasan a ser tres, ¿comprendes? Con eso ya has neutralizado a uno de ellos". "Eso parece demasiado elemental. Pero... ¿y si me toca pelear en un terreno despejado donde no haya nada tras de mí?". "Lucharías en una situación sumamente despiadada. Por eso, en la medida de lo posible, debes forzar el combate en el terreno más ventajoso que encuentres". "¿Y qué pasa si de verdad no existe un lugar así?". Ante la terca insistencia de Vlad, Zayar se encogió de hombros al responder: "Entonces tendrás que fabricar tú mismo ese obstáculo". "¿Con qué?". Zayar esbozó una sonrisa de medio lado y contestó: "Con los cadáveres de tus adversarios". La sonrisa en el rostro de Zayar cargaba con un peso lúgubre y tácito. "El cuerpo inerte de un hombre puede convertirse en una barricada excelente. Es pesado, estorba por su volumen y, con el paso de las horas tras la muerte, se vuelve completamente rígido". Ante aquella lección tan descarnadamente práctica, Vlad asintió con un destello vehemente en la mirada. "Como acabo de decirte, la regla primordial es no conceder ángulos; lo segundo en importancia es el compás de tiempo. La clave absoluta reside en impedir que tus rivales se abalancen sobre ti al mismo tiempo". \*Fshh.\* Al pronunciar esas palabras, Zayar se deslizó con sigilo sobre el trazo de la cruz. "¿Eh?". Vlad se quedó atónito al contemplar los movimientos del caballero. Daba la absoluta impresión de que iba a inclinarse hacia la derecha, pero al abrir bien los ojos, ya se encontraba erguido hacia la izquierda. Se trataba de una técnica de alto nivel destinada a desorientar los sentidos del enemigo combinando el juego de hombros, la dirección de la mirada y la colocación exacta de los pies. "Para provocar ese efecto, debes ser tú quien condicione las intenciones del oponente". '\[Te está diciendo que gobiernes las acciones de tu rival a través de tus propios movimientos\]'. Habiendo asimilado tanto la lección de Zayar como la oportuna acotación de la voz, Vlad asintió con la cabeza. "¿Se refiere a forzar los movimientos del enemigo valiéndome de mis propios pasos?". "...... Me alegra no tener que repetirte las cosas dos veces". Zayar contempló a Vlad, admirado de que comprendiera semejante sutileza sin requerir mayores explicaciones, juzgando que el muchacho gozaba de un ingenio prodigioso. Ignoraba por completo que, en realidad, era la voz arraigada en las profundidades de su alma la que desmenuzaba y clarificaba cada concepto. "Para alcanzar semejante dominio, necesitas moverte sin interrupción". "¿Moverme?". "Toda esgrima se engendra a partir del juego de pies. Hoy, tal y como has pedido, aprenderás los pasos fundamentales para el combate contra múltiples adversarios". Zayar sonrió abiertamente ante el muchacho, cuyos ojos relampagueaban fascinados frente a él. En la mirada del joven ardía la pasión, pero por encima de ella latía una apremiante desesperación. En su interior aguardaba agazapada una auténtica fiera famélica de saber. "Imítame". El entrenamiento, que dio comienzo al mediodía, se prolongó incansable hasta el filo del crepúsculo. Había un muchacho que poseía potencial. Que albergaba motivos de sobra para perseverar. Y que disponía, además, de dos maestros. Bajo los tintes bermejos del atardecer, el joven danzaba. "¡Ya déjalo, renacuajo!". "......". "Si vas a moverte de una forma tan lamentable, mejor sal huyendo sin mirar atrás. Por eso no te reprocharé nada". "...... Es la primera vez que lo aprendo en mi vida. ¿No es natural que no pueda imitarlo a la primera?". Aunque, a decir verdad, aquella pretendida danza resultaba tan torpe y desmañada que verla provocaba una vergüenza insoportable. A pesar de las ásperas reprimendas, Vlad sonreía desde lo más hondo de su ser tras un largo tiempo sin hacerlo. Por muy tosco y severo que fuera, Zayar se preocupaba por él a su manera, y Josef le depositaba su confianza. No experimentaba una calidez similar desde aquella aciaga noche... desde que derramó lágrimas en soledad sobre la inmensidad del vertedero. De pronto, contemplando el disco solar teñido de carmesí que se hundía más allá del horizonte, Vlad evocó en su memoria a las personas de Shoara. Los extrañaba con fervor. ※※※※ "¿Por qué demonios hay semejante lodazal frente a este tugurio?". En los callejones de la urbe, anegados por las sombras del ocaso, un mercenario cruzó el umbral de la única herrería que subsistía en aquel rincón marginal. "¿Quién anda ahí?". "Vengo a hacerle una consulta, anciano". La clase de personas que buscaban al viejo herrero solía ser siempre la misma. Quienes aspiraban a conseguir una pieza de verdadero mérito acudían a las forjas de renombre en el corazón de Shoara; en consecuencia, a este mísero local solo arribaban sujetos de escaso bolsillo en pos de algún cachivache tosco para salir del apuro. A excepción, por supuesto, de aquel muchacho rubio que en su día contempló la espada con devoción. "No tienes la facha de alguien que deba dejarse caer por un muladar como este". "Ah, tiene usted razón. La verdad es que no he venido a comprar baratijas". El mercenario erguido ante el viejo dejaba entrever un oficio nada desdeñable. El armamento que cargaba a cuestas, la armadura y los múltiples pertrechos ajustados a su cuerpo delataban la veteranía de un combatiente curtido en mil refriegas. "Es la primera vez que me adentro en los callejones de Shoara". "Eso salta a la vista". "¿Es esta la única herrería en todos los bajos fondos?". "Así es". "¿Y forjan espadas aquí?". "...... Ya no me quedan fuerzas para forjar". Ante la tajante respuesta del viejo herrero, el mercenario asintió, como si se lo hubiera visto venir. Una fragua pequeña y desvencijada. Herramientas gastadas sin el menor brillo. Y, por encima de todo, un anciano insignificante que parecía haberse podrido toda la existencia en la inmundicia de los callejones. Bajo la mirada despectiva del forastero, que examinaba el local de hito en hito, el anciano se sintió incómodo sin razón. "¿Y para qué demonios andas preguntando semejantes idioteces?". "Es que busco mandar a forjar una espada". "Cualquiera te valdría entrando a una forja ordinaria. ¿Por qué venir a buscarla a este rincón mugriento?". Al ver al viejo chasquear la lengua con hastío, el mercenario soltó una carcajada cargada de desconcierto. "Es que pretendo encargar un arma bastante especial". "¿Qué clase de arma especial?". Preguntó el anciano, avivando el carbón de la fragua sin dignarse siquiera a girar la cabeza. "Pues... una espada que sea capaz de cortar espectros". "¿Espectros?". Las cejas del herrero se fruncieron con aspereza, perplejo ante el desatino que soltaba un hombre de apariencia tan cuerda. "Si andas tras aparecidos y espantos, vete a la iglesia en vez de perder el tiempo aquí". "No, no me malinterprete, anciano. ¿Ha oído hablar alguna vez de Vlad de Shoara? Me dijeron que ese muchacho salió de estos lares". "¿Vlad?". Al escuchar aquel nombre tan entrañable salir de los labios de un desconocido, al herrero se le escurrió de entre los dedos el trozo de carbón que sostenía, dejándolo caer al suelo. "¿Qué pasa con él?... ¿Acaso... acaso ha muerto?". "¡Vaya, conque lo conoce! ¡Entonces es verdad que nació aquí!". El mercenario soltó una amplia sonrisa de oreja a oreja, como si por fin hubiera dado con el cabo suelto que buscaba. "Le sonsaqué unas cuantas palabras al chico, y me confesó que la había mandado a hacer en una herrería de los callejones de Shoara". "¿Qué cosa mandó a hacer?". 'Sigue con vida', pensó el anciano, embargado por un inmenso consuelo. Sin embargo, las palabras que brotaron a continuación de la boca del guerrero desafiaban todo raciocinio. "Ese chiquillo rebanó a un espectro". "¿A un espectro?". "¡Se lo juro por mi vida! Se trataba de una mujer maldita, pero su hoja resplandeció con una luz cegadora y la partió limpiamente por la mitad". El mercenario que acababa de irrumpir en la vieja herrería no era otro que uno de los escasos supervivientes de la expedición de castigo que habían conseguido regresar vivos del bosque. En aquel instante supremo en que la muerte abría sus fauces, aquel destello blanco hendiendo la oscuridad... Para aquel combatiente, la luz albina que desgarró la espesura de la niebla había sido la visión más deslumbrante que contemplara jamás en toda su existencia. "Era imposible que un crío de su edad dominara el Aura. Por eso deduje de inmediato que la espada misma debía de ser una reliquia especial. Además, ese muchacho la atesoraba como si fuera su propia vida". "......". El mercenario había rastreado los callejones de Shoara guiado por una conjetura que consideraba sumamente probable. "De modo que mi conclusión fue clara: en este rincón debía de ocultarse un prodigioso maestro herrero capaz de forjar armas que corten hasta a los mismos aparecidos. ¿Tiene alguna sospecha de quién pueda ser? Si me da una pista, le aseguro una recompensa nada desdeñable". "Ja......". Ante las palabras del mercenario, el anciano herrero exhaló un suspiro preñado de emociones inconfesables. 'Mocoso insensato, ¿pero qué demonios has hecho? ¿Qué clase de hazañas has cometido por el mundo para terminar convirtiendo a un viejo miserable como yo en un forjador de espadas capaces de abatir a los muertos?'. "¿De verdad no ha oído hablar de nadie así?". "Semejante artesano no existe en este mundo". "Vamos, anciano, no se cierre en banda...". "Aunque le preguntes a cada alma de esta ciudad, nadie te dará una respuesta". Nadie lo sabría jamás. O mejor dicho, nadie daría crédito a semejante historia. Que el chiquillo arrojado aquella noche al foso de los desperdicios junto con la basura había sido capaz de engendrar un resplandor que partiera a los espectros. Y que la espada forjada por sus propias manos ajadas había sido el recipiente que albergó semejante fulgor. "Nadie en este mundo lo sabrá jamás". "......". La verdad inefable de que un niño nacido en un callejón donde la luz del sol jamás se asomaba, y una tosca hoja forjada en una herrería miserable, habían dado a luz a la luz misma. Una vez que el guerrero se marchó, el anciano abandonó su faena, sentándose en el banquillo a contemplar el exterior con la mirada perdida en la nada. Aunque el frente de su taller no era más que un barrizal asqueroso pisoteado por un sinfín de transeúntes desconocidos, los ojos del viejo herrero aún podían divisarlas con perfecta claridad. Las tristes huellas dejadas por aquel muchacho que solía alzar la mirada hacia las estrellas. La silueta de aquel chiquillo que jamás dejaba de merodear frente a su puerta. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 26

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 25

Estás leyendo el capítulo 25 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.