Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 255 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Había manos extendidas dispuestas a sostener a la estrella que caía.
Eran las manos pequeñas y tiernas de niños que aún no habían podido florecer del todo. Aquellas manos en la oscuridad, alzadas no por orden ni coacción de nadie, sino por pura voluntad propia, sostenían a Vlad junto a Josef.
"Cuánto tiempo."
"……Ya lo creo."
El rostro de Josef, visible tras las manos entrelazadas, lucía más pálido que nunca, quizá debido a las tinieblas circundantes. Sin embargo, la sonrisa que le dedicaba a Vlad parecía no haber cambiado ni un ápice respecto a la que solía mostrar en su despacho bañado por la luz del sol.
"¡Uff!"
El mundo del árbol invertido, donde parecía que caería sin fin. Izado a duras penas por las manos que lo habían sujetado, Vlad solo entonces pudo percatarse de las innumerables miradas fijas en él.
"……Son ustedes."
En la negrura absoluta sobre la que por fin asentó los pies, se encontraban los niños, conteniendo el aliento mientras contemplaban a Vlad. Eran chiquillos de aspecto lastimero con el contorno de los ojos completamente teñido de negro. Aun así, al ver cómo ladeaban la cabeza como si reconocieran a la figura que tenían enfrente, Vlad se quedó sin palabras.
"Hay mucho de qué hablar, pero dejémoslo para más tarde."
"De acuerdo."
Ante las palabras de Vlad sugiriendo dejar sus relatos para después, Josef sonrió con debilidad. No obstante, al alzar la cabeza para mirar hacia el lugar desde el que había caído, Vlad no advirtió el semblante ligeramente entristecido de Josef.
"\[Está empezando a cerrarse.\]"
"……."
En la tenue mirada de los niños, velada por la oscuridad, la figura humana de Vlad no era visible. Solo existía una luz estelar que brillaba con fulgor resplandeciente. Y así, cuando la estrella caída del firmamento volvió a alzar la vista, los pequeños que estaban a su lado también comenzaron a contemplar las alturas al unísono.
"No había otro camino, ¿verdad?"
"Así es."
Sin embargo, la claridad que se filtraba desde lo alto no hacía más que menguar a medida que pasaba el tiempo. Al ver cómo se cerraba gradualmente el conducto que conectaba con el mundo exterior, Vlad comprendió que no le quedaba mucho margen.
"Entonces tendré que ingeniármelas para subir allí como sea."
"¿Tienes alguna forma de alcanzar la cima?"
\*Hummm, hummm, hummm.\*
En ese preciso instante, como si lo hubiera estado esperando, la espada de Vlad comenzó a resonar. El arma nacida de una estrella, que llevaba grabado el sello del Árbol del Mundo. Al comprender lo que intentaba transmitirle la espada que empuñaba, Vlad dirigió a Josef una mirada resuelta.
"……Intentaré abrir un camino."
No sabía si sería capaz de lograrlo de nuevo, pero era algo que debía hacer a toda costa. Al compás de la vibración con la que le hablaba su acero, Vlad cerró con fuerza su ojo izquierdo.
"Fuuu……."
Para rescatar a los niños que vagaban perdidos en este mundo semejante a un ensueño. Con ese único propósito, Vlad comenzó a evocar una vez más las sensaciones que aún conservaba de Ausrina.
"Vamos, hagámoslo solo una vez más."
¡Crac!
Tras una profunda inhalación cargada de tensión, una tenue luminosidad empezó a filtrarse desde la espada que había clavado con vehemencia. Era un fulgor del mismo color que el ojo izquierdo que Vlad mantenía cerrado; una luz idéntica a aquel matiz que en su día le había prestado el Joven Árbol del Mundo.
"¿Eh? ¿Qué es eso?"
"¿Es verde?"
\*¡Rrrrummm...!\*
En el mundo de Lamashtu, sumido en una quietud absoluta, comenzaron a grabarse las grietas engendradas por Vlad.
"¿Eso no es un brote?"
Aquella hendidura era también la señal que anunciaba una conmoción violenta en un mundo destinado a permanecer eternamente inmóvil.
"¡Aaaaaah!"
¿Qué era un Maestro de la Espada? Significaba ser aquel capaz de plasmar su propio mundo. Y el caballero que se erigía en este lugar era el único e inigualable heredero del Maestro de la Espada: Vlad de Shoara.
"¡Vlad!"
De la hoja que Vlad había incrustado comenzó a propagarse un vivo fulgor esmeralda. Aquel matiz era la luz del mundo que él pretendía trazar. El resplandor que manaba con vivacidad no solo alcanzaba a los niños que estaban a su lado, sino también a aquellos que merodeaban junto a las hogueras.
"¡Aaaaargh!"
En el mundo de Lamashtu, donde ningún color existía, la estampa que Vlad dibujaba empezó a brotar poco a poco. Se originó a partir de un diminuto retoño, pero en un parpadeo se disparó hacia las alturas del firmamento.
"Eso es……."
Aunque había nacido como un dragón, lo que deseaba plasmar no era otra cosa que una flor resplandeciente. De ese modo, el Maestro de la Espada de esta era trazaba una escalinata para los niños.
\*¡Crrrac-crac-crac!\*
'Las raíces que brotan son del verde que me reconoció.
El tallo que se eleva es del blanco que camina a mi lado.
Y los pétalos que se disparan hacia el cielo son del azul lunar que siempre anhelé.'
"¡Suban por ella!"
Desde este mundo sombrío florecía una flor que se erguía hacia las alturas celestiales. Era el mundo de aquel muchacho, el mismo que Josef ya había presenciado en otra ocasión.
"¡Yo la sostendré con firmeza!"
El nombre de la flor que siempre brotaba en el lugar donde debía estar era Vlad de Shoara. La flor de esta generación, nacida para proteger las tiernas posibilidades, gritaba con todas sus fuerzas instándolos a trepar sobre ella sin demora.
\* \* \*
"¡Kuaaaagh!"
El contorno de sus ojos, sacudido por un temblor convulsivo, ya se encontraba completamente anegado de venas ensangrentadas.
"¡Frausen…!"
Furia y tormento. Los ojos azules del dragón albergaban todo aquello. Y la figura a la que apuntaban esas pupilas era el emperador resucitado de entre los muertos: Frausen.
"……Sarnus. Dragón insensato."
A espaldas de Frausen comenzaron a brotar raíces monstruosas. Sin embargo, ignorando a Frausen, aquellas emanaciones se limitaban a restallar sus lenguas renegridas en dirección a Sarnus, quien se encontraba justo enfrente.
"¡Maldito bastardo! ¡Hasta el mismísimo final…!"
Una gota de veneno esparcida en un mundo que soñaba con la perfección absoluta. El mundo descolorido que yacía oculto en el interior del fragmento imperial apuñalaba con ferocidad el corazón de Sarnus.
"Hoy morirás junto a mí."
Frausen avanzaba hacia el dragón que rugía en su dirección. Pisoteaba a los soldados agonizantes mientras manipulaba a sus espaldas aquel árbol siniestro. Como si el canto de los muchachos que resonaba a lo lejos no tuviera la menor importancia, Frausen se limitaba a caminar, trazando la muerte a cada paso.
"Pues este es el único y último deber que me resta."
Afanándose tan solo por no soltar la postrera obligación que aún albergaba en su ser. Sobre el filo alzado del Caballero Plateado, en algún momento, se había condensado un tinte desvaído.
"¿Acaso crees… crees que permitiré que termine de esta manera?"
Sobre la cabeza del dragón más ancestral, abatido por el sufrimiento, comenzaron a desplomarse aquellas grotescas raíces.
Raíces más afiladas que espadas y más pesadas que castillos; al contemplar aquellas raíces, Sarnus escupía espumarajos de sangre henchidos de furor.
"¡¿Acaso sabes lo que me costó llegar hasta aquí?!".
"¡...!".
En ese instante, de las comisuras de la boca fuertemente apretada de Sarnus comenzaron a brotar afilados colmillos. Al mismo tiempo, sus ojos azules de dragón se alzaron con ferocidad. Ante los vestigios de perfección reflejados en esa mirada, Frausen retrocedió un paso de manera involuntaria.
"¡Yo soy un dragón! ¡Un dragón capaz de soñar con la perfección!".
¡Kwagagagang!
Cuando aquellas raíces, colosales como casas enteras, se abalanzaron implacables sobre Sarnus, los cadáveres amontonados sobre el suelo salieron despedidos en todas direcciones, envueltos en densas nubes de polvo levantadas por el descomunal peso del impacto.
"...Sarnus".
¡Cric! ¡Crujido!
Y allí, en medio de la neblina carmesí mezclada con sangre, brillaba una mirada. Eran los ojos de Sarnus, quien, manteniendo cerrado su ojo izquierdo, soñaba con el mundo más perfecto.
"Jamás permitiré que esto termine de esta manera".
El brazo derecho de Sarnus, que levantaba una raíz colosal semejante a una muralla, estaba completamente recubierto de escamas doradas. Ante aquella estampa perfecta que solo un dragón de sangre pura podía manifestar, Frausen se puso en máxima alerta.
"No he resistido durante cientos de años para que un tipejo como tú me detenga el paso, Frausen".
Al ver la espada de Frausen apuntando hacia él, la mirada de Sarnus se volvió feroz. Sin embargo, la atención del dragón más ancestral no estaba puesta en Frausen ni en las espantosas raíces, sino en aquel mundo semejante a una joya que lo observaba desde más atrás.
"Y tú no eras el único que tenía una jugada preparada".
Al percatarse de hacia dónde miraba Sarnus, Frausen volvió la cabeza con semblante desconcertado. Allí donde giró la vista se vislumbraba un dragón de esta era.
"¡...!".
Al comprender las intenciones de Sarnus, Frausen hizo un gesto urgente hacia las siniestras raíces, pero la embestida de Sarnus, que ya se había despojado de su carne humana, era más veloz que la de cualquier otro en aquel campo de batalla.
"...¿Padre?".
¡Crac!
Junto a una sonrisa famélica que codiciaba la perfección, brotaron salpicaduras de sangre. La sangre carmesí de dragón salpicó sobre el pendón desplegado de Dragulia. Al contemplar al dragón de la generación anterior, un ser al que ni siquiera podía osar desafiar, los ojos azules de Mircea se dilataron hasta parecer a punto de desgarrarse.
\* \* \*
¡Kudududú!
"¡Urrgh!".
Fragmentos semejantes a cáscaras se dispersaban sobre aquel espacio sumido en la más absoluta negrura. No obstante, a Vlad le resultaba mucho más abrumador el peso del mundo de los niños que trepaban apoyándose en él que los escombros que caían sobre su cabeza.
"¡¿Cómo demonios pueden pesar tanto siendo unos mocosos?!".
Apoyado sobre la espada que había clavado, con la espalda encorvada al límite, diminutas manos trepaban por la gran flor desde su espalda. Aquellas siluetas pequeñas como hormigas continuaban avanzando hacia arriba sin descanso. Hacia la luz visible en lo alto, siguiendo el canto de los muchachos que resonaba en sus oídos.
\["¡Resiste! ¡Cada uno de los niños que asciende ahora es un mundo en sí mismo!"\].
Aunque el peso de sus cuerpos fuera ligero como una pluma, el peso de sus almas distaba mucho de serlo. Aun así, Vlad apretaba los dientes hasta el límite por el bien de aquellos niños que intentaban subir a lo alto.
"...Se me va a partir la espalda, ¡maldita sea!".
Una voluntad de brindarles al menos unos peldaños que pudieran pisar para ascender, aun si no era capaz de darles alas para remontar el vuelo. Sin embargo, esa noble determinación que Vlad desplegaba en ese momento no nacía únicamente a causa de un voto o un pacto.
"Parece que para todos fue igual de duro, ¿verdad?".
\["..."\].
Porque él sabía perfectamente que él mismo también había ascendido apoyándose en las espaldas de otros. Con cada paso que daban los niños, acudían rostros a su memoria. Aquellos rostros, que comenzaban en la modesta herrería de Shoara, pertenecían a las personas que de buena gana habían ofrecido sus espaldas para que el Vlad de hoy pudiera existir.
"Si no fuera por eso, jamás habría llegado a hacer tanto".
De un muchacho de los callejones a heredero del Maestro de la Espada. De una espada sin ornamentos a una espada capaz de matar dragones. Todo aquel crecimiento solo había sido posible porque existieron personas que creyeron en la posibilidad llamada Vlad y lo impulsaron hacia adelante. Habiendo florecido gracias al sacrificio de todos ellos, el caballero de esta era tenía el deber ineludible de saldar con rectitud el precio que había recibido.
"¡Pero ¿por qué esos de allá no se mueven?!".
"¡Espera un momento!".
Sin embargo, detrás de los niños que trepaban por su espalda, todavía quedaba una multitud de pequeños acurrucados junto a la hoguera. Niños que, aun viendo cómo este mundo se desmoronaba ferozmente, seguían teniendo demasiado miedo para dar un paso al frente. En este mundo que era como el regazo de una madre, aquellos pequeños se limitaban a apretar los ojos con fuerza.
"Si no salen ahora, quedarán atrapados en este mundo para siempre. ¿De verdad es eso lo que quieren?".
Aunque la voz de Josef intentaba persuadirlos con calma, los niños permanecían inmóviles. Incluso a través de sus párpados fuertemente cerrados se percibía el temblor de una estrella desvaída. Sin embargo, como si rehusaran seguir aquella luz, los pequeños no hacían más que encogerse sobre sí mismos, a la espera de alguien.
"¡Maldita sea! ¡Suban de una vez!".
No había nada que una espada pudiera hacer por unas tiernas posibilidades que ya habían sido truncadas. Vlad, plenamente consciente de aquella verdad, no pudo más que agachar la cabeza y jadear sofocado.
"...Démelo".
En ese instante, una voz emergió desde el suelo.
"¿Qué?".
"Démelo. Se lo suplico, por favor".
Una mujer emergió junto con lágrimas negras. Sin embargo, aquella figura que se retorcía como si se hubiese derretido y careciera de forma distaba por completo de pertenecer al mundo de los vivos.
"...Lamashtu".
La mujer que había estado sosteniendo la luna negra vertiendo hasta la última gota de sus fuerzas. Ahora, arrastrando su cuerpo exhausto por el bien de los niños que aún la aguardaban, comparecía ante Vlad.
"Por piedad, hágalo al menos por esos niños".
Por la última posibilidad de alzar la luna negra. Por aquellos niños a los que ni el emperador resucitado ni el dragón más ancestral se dignaban a mirar, la mujer que derramaba lágrimas negras se arrodillaba ante una solitaria flor que acababa de florecer.
"...Comparta conmigo el fragmento que posee".
Lamashtu era una mujer colmada de pecados. Sin embargo, los niños que ella cobijaba en su regazo estaban libres de toda culpa.
"Por favor".
"...".
La luna negra se estaba hundiendo, descendiendo hacia aquel campo de batalla que no era más que un infierno. Pero en este infierno donde todos se limitaban a matar y morir, la única dispuesta a llorar por los niños era esta mujer que derramaba lágrimas negras.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 256
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 255
Estás leyendo el capítulo 255 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.