arrow_back

Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 254 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El mundo en el interior del árbol era sumamente cálido y acogedor. Semejante al regazo materno que te abraza con ternura, era un remanso del cual uno jamás desearía partir. "...... ¿Hacia dónde debemos dirigirnos ahora?". No obstante, varios de los niños congregados en torno a la hoguera habían echado a andar tras los pasos de Josef. Como si comprendieran que, por muy pequeños que fueran, no podían permanecer eternamente detenidos en aquel lugar. "Señor, ¿a dónde vamos ahora?". "¿Acaso no conocía el camino?". Sin embargo, el espacio por el que vagaban era el mundo sin salida del árbol. Arrastrado involuntariamente hasta allí tras haber sido atravesado por las raíces, Josef era completamente incapaz de vislumbrar por dónde escapar. "Ojalá lo supiera, pequeños". Pensó que, habiendo un lugar por donde ingresó, forzosamente debía existir una vía de salida; no obstante, todo cuanto abarcaba la mirada eran tinieblas impenetrables. En aquel abismo donde solo titilaba el reflejo de la fogata a sus espaldas, los niños, atemorizados por la oscuridad que se espesaba a cada paso, comenzaron a aferrarse uno tras otro a los faldones de la ropa de Josef. ¡Craaac! ¡Cruuujiiido! "¿Eh?". Sobre la cabeza de un Josef sumido en el extravío, resonó el eco de algo haciéndose pedazos. En aquel recinto donde hasta entonces solo reinaba una plácida quietud, se trataba del primer estrépito desgarrador que quebraba el silencio. Al tiempo que una rendija de luz se filtraba desde lo alto acompañando al ruido, Josef alzó la mirada. "¡Terminemos con esto ya!". "...... ¿Vlad?". La voz de alguien que resonaba a lo lejos, semejante a un eco distante. "¡Te he dicho que terminemos de una maldita vez!". Con todo, por muy lejana que sonara, Josef fue capaz de reconocerla al instante con absoluta nitidez: era la voz inconfundible del caballero que siempre había permanecido a su lado. ※※※※ "¡Aaaargh! ¡Nos han destrozado!". Acompañando el alarido despavorido de Nibelung, girones desgarrados de la alfombra mágica volaban por los aires. Dando fe de la catástrofe, Vlad y Nibelung se tambaleaban sin control sobre aquel retazo de tela encantada que perdía altura en una caída en picado. "Buen trabajo". "¿Cómo?". Aun en medio del desplome vertiginoso, la mirada de Vlad se hallaba fija en el árbol gigantesco que se alzaba al frente. Para ser exactos, clavaba sus pupilas en la mujer que entonaba cánticos profanos en el punto más encumbrado de la copa. "Aunque esté hecha trizas, ¿podrás aterrizar tú solo, verdad?". "¿Vlad? ¿Lord Vlad?". "¡En tal caso, ten cuidado al bajar!". "No me digáis que... ¡¿No estaréis pensando en hacer una locura?!". ¡Fssshhh! En las pupilas de Vlad se reflejaba en ese instante el dominio que Auguste le había enseñado: el arte de discernir la senda más recta y certera en el campo de batalla. Y ese dominio iluminaba con nitidez una colosal raíz que hendía el aire a toda velocidad, como señalándole que aquel era el único camino posible. "¡Ojalá yo tampoco tuviera que hacerlo!". Desde la alfombra que esquivó la raíz por escasos milímetros, Vlad se lanzó al vacío. Ante la aterradora sensación de ingravidez, el dragón desprovisto de alas apretó los dientes; sin embargo, a estas alturas no quedaba otra salida. "¡Aaaaaaargh!". ¡Clavada! ¡Crujido! En la fracción de segundo en que se precipitaba hacia la muerte, aprovechando el instante fugaz en que la raíz pasó rozándolo, Vlad hundió su acero en la madera viva. El salvaje impacto que se transmitió hasta sus brazos fue desgarrador, pero jamás soltó el agarre de su empuñadura. "¡Lo logré!". Usando su espada a modo de asidero para impulsarse sobre el lomo de la raíz, Vlad echó a correr a toda velocidad hacia el árbol, cabalgando sobre aquella sierpe vegetal que serpenteaba con furia asesina. Al divisarlo trepar por la corteza, los caballeros decapitados apostados en las ramas rompieron en alboroto: "¡Ese bastardo viene hacia aquí!". "¡Vlad de Shoara! ¡Ese maldito demente!". "¡Detenedlo! ¡Cortad la raíz de inmediato!". Como si no hubiera anticipado que un mortal osara montarla, la raíz se sacudía violentamente para arrojarlo al vacío; empero, un espadachín jamás debe perder el equilibrio bajo ninguna circunstancia. El legítimo heredero del golpe letal, aquel que debía enseñorearse de cualquier campo de batalla, no perdió de vista su objetivo en medio de las brutales sacudidas. \[¡Los tienes justo delante!\] "Urrgh......". \[¡¿Qué te enseñé?! ¡¿Acaso olvidaste cómo arrebatar la iniciativa y aplastar la moral enemiga?!\] "¡Hyaaaaaah!". Acompañando la voz tronante de Kihano, un horizonte deslumbrante hendió la renegrida raíz bajo el filo de Vlad. Y desde el extremo de aquel horizonte dorado, un dominio incandescente alzó el vuelo: aunque era más sutil que la luna que gravitaba en lo alto, se trataba de una luz que todos los que luchaban abajo podían divisar con claridad. "¡Si osáis cerrarme el paso, pagad el precio con vuestras vidas!". Un fulgor dorado que sobrevoló con asombrosa ligereza a los caballeros decapitados. Los esbirros de Lamashtu se limitaron a contemplar estupefactos a Vlad saltando por encima de sus cabezas, incapaces de advertir el torbellino de viento áureo que se precipitaba sobre ellos. ¡Plaf! ¡Pum-pum-pum! Allí donde aquel viento soplaba, rosas negras florecían con suntuoso esplendor. Aquel majestuoso óleo trazado con la tinta podrida de la oscuridad evocaba al Caballero de la Luna Azul visto antaño en La Sonrisa de la Rosa. \[¡Espléndido! ¡Lo has reproducido a la perfección!\] Guiado por la luz de la luna azul que, aun sin habérsele enseñado formalmente, yacía profundamente grabada en su mundo. Habiendo recreado el arte de la esgrima de Godin, Vlad dejó atrás los restos destrozados de los caballeros y cargó resueltamente contra Lamashtu: "¡Lamashtu......!". Para alcanzar la luna. Esta vez, para alcanzar la luna que debía ser hecha pedazos. En las zancadas con que Vlad acortaba la distancia se hallaba grabada la senda que tanto anhelaba recorrer. "¡Apartaos de mi camino, bastardos!". ¡Kwajik! Rodando para esquivar las raíces que caían sobre su cabeza y triturando a los guerreros sin cabeza que intentaban cerrarle el paso, Vlad avanzaba implacable. Aunque la copa del árbol estuviera infestada de aberraciones, el ímpetu del joven caballero, una vez acelerado, resultaba infinitamente más feroz. "¡Deténte, Lamashtu!". Para que quien yace en el suelo pueda elevarse por los aires, requiere de una distancia sobre la que impulsarse, por mucho que el terreno bajo sus pies no sea más que un lodazal de inmundicia. "¡Te he dicho que te detengas de una puta vez!". ¡Zuuuum! Y así, Vlad saltó por los aires. Pisando un sinfín de filos cortantes, se abalanzó contra la mujer que había urdido toda esta tragedia. ※※※※ "...... ¡Vlad Áureo!". La luz que se abalanzaba contra ella era inequívoca. Por ello, interrumpiendo el encantamiento a medio recitar, Lamashtu levantó apresuradamente una barrera mágica; con todo, aquel escudo no era más que una lámina tan frágil y quebradiza como el cristal. ¡Craaac! ¡Astillamiento! "¡Aaaagh!". "¡Kgh!". El altar de Lamashtu se erigía imponente semejando un obelisco. Sobre aquella reducida plataforma de piedra, los restos destrozados de la barrera se esparcieron por doquier; no obstante, aun rodando sobre las afiladas esquirlas, el avance de Vlad no conoció tregua alguna. "¡Esta vez no te daré tiempo a reaccionar!". "¡......!". Decidido a no repetir los errores del pasado, el caballero rubio cargó con ferocidad suicida. ¡Impacto! "Urrgh......". En un espacio y un tiempo donde no se le concedía el más mínimo respiro, los ademanes mágicos que Lamashtu intentaba trazar con las manos no lograban consumarse. ¡Boom! ¡Crujido! "¡Aaaaaaargh!". "¡Deténte, maldita sea! ¡Que te detengas!". Acortando la distancia, Vlad descargó un golpe seco sobre su hermoso rostro y rebanó sus gráciles dedos. Ante los despiadados colmillos de dragón que se cernían sobre ella, Lamashtu prorrumpió en alaridos de agonía. "¡Aaaagh!". ¡Chssssss! Sin resignarse a sucumbir de ese modo, las garras venenosas de la mujer se aferraron con saña a la coraza de Vlad. A través de ese contacto, torrentes de aflicción, agonía e incontables maldiciones se adhirieron al cuerpo del muchacho; sin embargo, la armadura enana forjada con el hálito de la joven lagartija ígnea comenzó a calentarse al rojo vivo, como si rehusara tolerar la más mínima impureza profana. "¡¿A cuánta gente más piensas asesinar, perra desquiciada?!". "Los niños...... Mis niños". "¡¿Y a cuántos más piensas matar en nombre de esos niños?!". Aferrando los desgreñados cabellos de Lamashtu, Vlad la arrastró por el suelo obligándola a contemplar el panorama que se abría a sus pies. El abismo inferior donde el árbol renegrido había echado raíces no era sino un vivo reflejo del infierno. En aquel suelo donde ni siquiera la tierra que pisaban ofrecía seguridad, incontables alaridos resonaban por doquier, sin distinguir entre el norte y el centro del imperio. "¿Ves a esa gente? ¡¿Qué demonios vas a solucionar matándolos a todos?!". En la voz del caballero que señalaba aquel averno terrenal ardía una cólera que a él mismo le costaba contener. Mas, para los ojos de la Mujer de Negro, cegada por su obsesión, el sufrimiento ajeno no representaba más que un peldaño necesario para forjar su propio mundo: "...... Es inmundo, ¿verdad? ¿No lo veis? Nadie puede salvar ese lugar". "¡Lamashtu!". "¡¿Cómo pretendéis que mis niños vivan en un rincón tan espantoso?!". La mujer derramaba lágrimas desconsoladas. Por aquellos niños que ya no podían respirar. Las lágrimas que brotaban de sus pupilas destellaban con el mismo fulgor que la luna negra que pendía en el firmamento: "¡Mis niños jamás vivirán en semejante fango! ¡Haré que moren en un mundo puro y reluciente, donde no existan aberraciones tan repugnantes!". La locura contra Dios y la locura en favor de los infantes. Ante semejante despliegue de demencia en estado puro, Vlad se quedó momentáneamente sin palabras. Fanáticos con los que resultaba imposible razonar, toda vez que habitaban mundos completamente distorsionados. Al contemplarlos, el caballero de esta era sentía que la cordura amenazaba con abandonarlo. "...... Bien. Seguid con vuestras sandeces si queréis. Yo me limitaré a cumplir con mi deber". A diferencia de aquellos dementes, el dominio que Vlad custodiaba en su pecho no pertenecía a nadie más: era un mundo propio que él mismo había erigido con sus manos. Un universo nutrido únicamente por lo que había visto, escuchado y aprendido con esfuerzo, el cual lo resguardaba con firmeza en medio de cualquier locura. "Yo no perderé el juicio. Jamás me volveré loco como vosotros". Que en medio de este mundo desquiciado jamás se apague el color de la estrella que acogí en mi seno por primera vez. En el corazón de Aciuc, anegado por el delirio y el tormento, Vlad renovó su juramento y alzó la espada plateada. ¡Clavada! "¡No!". Acompañando el grito desgarrador de Lamashtu, el acero de Vlad se hundió en el infame altar. Fue un alarido tan agudo que semejaba el desgarro de un alma; no obstante, en el brazo de Vlad, que apretaba los dientes, no titiló la menor duda. "¡Terminemos con esto ya!". Desde la profunda hendidura abierta por la hoja comenzaron a manar borbotones de lágrimas negras. Al reconocerlas, en los ojos de Vlad afloró una tristeza imposible de ocultar: "¡Lamento lo de los niños! ¡Pero te digo que terminemos con esto de una maldita vez!". ¡Craaac-desgarro! El acero de Vlad cercenó el altar azabache de parte a parte. Y cada vez que la espada relampagueaba, la luna negra que gravitaba en las alturas profería un alarido mudo. ¡Gggraaaaaah! Una mujer sollozando en el fango y una luna negra precipitándose al vacío. Como si no pudiera consentir que ambas existencias se perdieran, el árbol que desafiaba a los cielos alzó sus raíces colosales; con todo, Vlad ya no se hallaba en ese sitio. ¡Ruuuumble-craaac! \[¡Vlad!\] "¡Ugh!". El altar se desmoronaba bajo sus pies. Aquella plataforma que se alimentaba de incontables muertes abajo para mantener a flote la luna negra sobre su cabeza sucumbía hecha pedazos. \[¡No te dejes engullir! ¡Ese altar es el nexo que comunica ambos mundos!\] Y así, el abismo interior del árbol comenzó a abrirse bajo sus botas. En aquel universo donde solo imperaba la negrura absoluta, una sima interminable abría sus fauces aguardando tragar a Vlad. "¡Maldita sea!". Desprovisto del auxilio de un hechicero versado en misterios arcanos, Vlad se precipitó en solitario hacia aquel mundo tenebroso. Por más que agitara los brazos, no había de dónde sujetarse en aquel vacío sin fondo mientras se hundía lentamente. "¡Vlad!". "¡......!". Sin embargo, Vlad ignoraba una verdad luminosa: aun precipitándose en aquella hondura abisal, para los ojos de quienes lo contemplaban desde abajo él semejaba una estrella resplandeciente. "¡Te tengo!". Hacia aquel Vlad que caía en un descenso interminable, una mano se extendió con firmeza. Demasiado pálida y huesuda para pertenecer a un guerrero, aquella mano correspondía sin asomo de duda a alguien a quien Vlad conocía a la perfección: "¿Lord Josef?". Y junto a ella, una multitud de manitas diminutas se extendieron al unísono. Entrelazadas con la de Josef en medio de la penumbra impenetrable, las manos de los niños brotaban para sostener al caballero. ※※※※ "...... Lo lamento tanto". Sujetando la mano del joven subdiácono mientras contemplaba la luna negra que caía desde las alturas, Andrea no pudo más que ofrecer una disculpa. La escena que aquel astro maldito reflejaba resultaba despiadada e implacable para los ojos de niños tan pequeños. "Con todo, os ruego que no detengáis vuestras voces". Aun así, el cántico de los muchachos debía continuar. Por muy despiadado que se mostrara el mundo ante sus ojos, ellos eran los herederos que habrían de vivir en esta tierra en los días por venir. "Si vosotros calláis vuestro canto, ¿quién en este mundo podrá proclamar la esperanza?". "...... Lord obispo". Aquel panorama resultaba en extremo espeluznante y monstruoso para los ojos de la próxima generación; con todo, Andrea sabía muy bien que existía una esperanza que solo las voces puras de los niños podían convocar. "Nosotros cargaremos con todo este horror; por ello, os suplico que al menos vosotros continuéis cantando". Para alentar a quienes luchaban en la vanguardia, para consolar las almas de aquellos que ya habían perecido. Al tiempo que Andrea formulaba aquella plegaria, el rosario entre sus manos brillaba con una luz sagrada. "Sí". Bajo la luna que se precipitaba en picado, la mujer continuaba llorando. Le dolía hasta las entrañas ver que el mundo puro que había soñado se hundía irremediablemente hacia esta tierra inmunda. No obstante, incluso en este mundo al que ella llamaba inmundo, resonaba una melodía capaz de sanar las heridas. "¡¿Sabe cuánto tiempo llevo buscándolo?! ¡¿Por qué demonios se encuentra en un lugar como este?!". "Lo siento. Tuve mis propios motivos". El himno entonado por los niños resonaba a lo largo y ancho del campo de batalla. Y al compás de esa melodía, una estrella ascendía desde las profundidades del abismo. "¡Vámonos a casa ya!". Rescatado por las manos que lo izaban hacia la superficie, Vlad contempló a Josef frente a él y esbozó una sonrisa colmada de rabia y alivio. Exactamente igual que sonreían todos los niños a su alrededor. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Continúa leyendo

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)

Capítulo 255

Siguiente Capítulo ›

El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 254

Estás leyendo el capítulo 254 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.