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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 251 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El aire estaba colmado del acre humo de algo ardiendo. También del llanto de los niños, que resonaba al otro lado de las llamas carmesíes. Aquellos siniestros presagios que traía el viento estrujaban su corazón con una inquietud asfixiante. "No, no puede ser...". Una monja corría hacia la humareda negra que se alzaba a lo lejos. Mientras se le anudaba la garganta ante la angustia que no dejaba de crecer, un pequeño rosario se mecía sobre su pecho. Aquel objeto, toscamente elaborado de algún modo, era tan diminuto y entrañable como si lo hubiera hecho un niño pequeño. Aunque ahora, aquellas manitas que solían moverse con ternura para ella quedarían calcinadas hasta reducirse a cenizas. "Ah, ah...". \*¡Tolón, tolón!\* Al compás del estrepitoso repique de las campanas, la aldea ardía por los cuatro costados, colmada de cadáveres amontonados por doquier. Y bajo el eco lejano del campanario, resonaban sin cesar los llantos de los niños que clamaban por ella. "¡No!". Hacia ella, que corría a toda prisa, soplaba un viento empujado por el fuego. Aquel vendaval, impregnado con el último aliento de los pequeños, acarició su rostro bañado en lágrimas, dejando tras de sí su propia huella de hollín. La toca de su cabeza ondeaba alto, arrebatada por la feroz ráfaga. Sus dedos se quemaban al empujar la puerta incandescente que ardía al rojo vivo. E incluso sus lágrimas terminaron tiñéndose de un negro absoluto, mezcladas con el polvo y las cenizas. "... ¡Dios mío, se lo ruego!". Sin embargo, a pesar de su ferviente plegaria, el panorama que contempló al abrir la puerta no era más que un auténtico infierno. Pues allí yacían las siluetas de los niños que habían extendido desesperadamente sus manos bajo el emblema de Dios. Lo que ahora albergaban aquellas lágrimas ennegrecidas no era otra cosa que la última agonía de unos pequeños a los que el mismísimo Dios había dado la espalda. \* \* \* En el laboratorio de los magos negros, repleto de grotescos especímenes alineados en hilera, donde en circunstancias normales solo se habrían escuchado voces lúgubres, en este preciso instante resonaban sin tregua el chocar del acero, la sangre y los alaridos de los impíos. \[¡No le des tiempo de conjurar ningún hechizo!\] "...!". Junto a la tajante advertencia que resonó en su mente, la espada de Vlad atravesó de lleno la cabeza del mago negro. "¡Puagh!". Habiéndola hundido directamente en su boca para impedirle pronunciar conjuro alguno, la espada de Vlad traspasó la nuca del perverso individuo y emergió por el otro lado, reluciendo con ferocidad. \[¡Impide que trace sellos con las manos! ¡Al enfrentarse a un mago, el tiempo y la distancia lo son todo!\] "¡Cómo te atreves!". "¡Aaaaargh!". La mirada de Vlad destelló ante el siniestro ademán gestual que se alzaba justo frente a él. Al lidiar con hechiceros que dominaban los misterios arcanos, lo único indispensable eran los movimientos ágiles y precisos. En medio de la cadencia de un golpe letal definitivo, la muñeca seccionada de uno de ellos saltó por los aires con estrépito. "¡Con uno solo es suficiente!". Sin concederles un instante de tiempo ni un palmo de distancia, los caballeros segaban a los magos negros. Cada vez que arremetían con furor, guiados por la voluntad divina y el mundo interior de sus almas, las sombras de los impíos eran borradas una a una. "¡Solo necesitamos a uno que nos indique el camino!". Y sobre aquel fulgurante filo de espada rugía la silueta de un dragón. Con su cabellera dorada y sus ojos azules encendidos en pleno fragor, la presencia de Vlad era tan feroz que hacía temblar de pánico incluso a los magos negros que habían logrado eludir a la muerte por un instante. "¡Arrepiéntanse, engendros perversos!". "¡Esta es la venganza por nuestros camaradas caídos a manos de ustedes!". Bajo la sublime solemnidad que blandían los caballeros se ocultaba una densa veta de locura, mas al menos por el día de hoy, aquello estaba plenamente justificado. Pues la oportunidad de extirpar de un solo golpe el veneno acumulado a lo largo de cientos de años solo se presentaría hoy. Que en la punta de las espadas de los paladines, tras haber aguardado eras tan tortuosas, anidara un resquicio de rencor personal resultaba inevitable. "Piedad... piedad...". ¿Qué podía ser más ridículo que alguien prácticamente muerto suplicando por su vida? Sin embargo, de los labios del último mago negro que quedaba en pie brotaba una voz que mendigaba clemencia, y ante aquel débil hilo de voz temblaba la punta de la espada de Vlad. "¿Dónde está?". Aunque la pregunta había llegado tarde y la hoja ya le atravesaba el cuerpo. Como si la estocada recién asestada le hubiera perforado un pulmón, el último estertor que exhalaba aquel hombre no contenía más que aire vano. "Gjjj... nghhh...". "¡¿Dónde está ese maldito árbol?!". \*¡Bum!\* El golpe que sacudió la pared resonó rotundo y despiadado. Había sido provocado por la nuca del mago negro, que Vlad había sujetado para estrellarla violentamente contra el muro. "En... en el jardín central...". De su nuca, destrozada por el impacto, manaba una cantidad insoportable de sangre espesa. Sin embargo, más que aquella desagradable sensación empapándole el cuello, al mago negro le resultaba infinitamente más aterradora la mirada de Vlad, clavada justo frente a él. "Por... por allá...". Completamente doblegado por la imponente presencia de Vlad, el dedo tembloroso del hechicero comenzó a señalar una dirección. Detrás de los cadáveres disecados de formas grotescas, junto a los especímenes que conservaban apariencia humana. Allí, una puerta que hasta hacía un momento permanecía invisible empezó a emerger lentamente, como un espejismo. \*¡Krooooooooom!\* "¡Guaaagh!". "¡¿Qué demonios es esto?!". En ese instante, un chillido grotesco llegó a oídos del grupo que acababa de descubrir la entrada. Ante aquel clamor, extrañamente familiar, el grabado del Árbol del Mundo en la espada de Vlad titiló en silencio con un tenue fulgor. "... ¡Vaya presencia tan monstruosa...!". \*¡Ruuuumble!\* Ante semejante estruendo colosal, los paladines se taparon los oídos, retorciéndose de dolor. Lo que llegaba era un bramido ensordecedor, pero lo que le seguía era una vibración telúrica. El descomunal alarido proferido por aquella entidad sacudía con violencia el mundo de Lamashtu, propagando su agonía en todas direcciones. "¡Vlad!". "...". Y allí se encontraban los hombres que ya habían escuchado ese rugido en el pasado. Günter y Vlad intercambiaron miradas y asintieron al unísono. Ambos comprendieron de inmediato que el alarido que retumbaba ahora era idéntico al que habían presenciado en Mosiam, la ciudad sumergida en la niebla. "¡Iré al frente!". "¡Prepárense todos! ¡Nos moveremos de inmediato! ¡Protejan al obispo y al mago!". \*¡Baaam!\* Como si el sigilo fuera un lujo inútil, Vlad pateó la puerta con todas sus fuerzas, abriéndose paso hacia una nueva oscuridad. Las tinieblas del pasillo, donde resultaba imposible distinguir un palmo por delante, evocaban un mar azabache; con todo, en los pasos de Vlad hacia adelante no se apreciaba la menor vacilación. "Ghh...". Cuando los paladines reorganizaron su formación y cargaron al frente, lo único que quedó atrás fue el mago negro colgado contra la pared. Se sintió aliviado al constatar que la voluntad de Dios no había descendido sobre él para reclamar su vida, pero en aquel lugar no habitaba únicamente la voluntad del Altísimo. \*¡Chak!\* "Nosotros también tenemos cuentas pendientes, ¿no crees?". Junto a una voz escalofriante, una punzada lacerante atravesó su carne. En los ojos desorbitados del mago negro se reflejó una cabellera de un rojo encendido. "Esto es por enseñarle a mi padre cómo succionar sangre ajena, maldito bastardo". "Ghk... ghh...". En el rostro de Radu se dibujaba una mueca sonriente teñida de una gélida burla. Al contemplar esa sonrisa, una cólera indecible ardió en los ojos del mago negro, mas duró apenas un instante: la bendición de Pierre impregnada en la espada de Radu ya comenzaba a perforar el corazón del impío. "Yo jamás dije que te perdonaría la vida". Tras escupir al suelo mientras observaba al mago negro desplomarse despacio, Radu abandonó la estancia. Y así, una vez marchado incluso aquel dragón que contenía su propia fiera atada, lo único que quedó en la desolada habitación fue el mago negro, consumido por la agonía del castigo que por fin le daba alcance. \* \* \* "¡Intrusos! ¡Hay intrusos aquí!". "¡De dónde demonios...! ¡Agh!". "¡Deténganlos! ¡Impidan que sigan avanzando!". El nuevo pasillo en el que se internaron seguía sumido en la penumbra, y el trayecto era intrincado hasta lo incomprensible. \*Uuun, uuun...\* Sin embargo, en el paso firme de Vlad a la cabeza de la marcha no había la más mínima vacilación, pues respondía a la guía del Árbol del Mundo transmitida desde la mano con que empuñaba su espada. "¡Fuera de mi camino!". "¡Aaaaargh!". A medida que se aproximaban al corazón de aquel mundo, comenzaron a surgir hordas de seres perversos en tropel. Aunque ya habían vertido incontables cadáveres para contener a la Coalición del Norte, el ímpetu de aquellos que aún quedaban para cerrarles el paso seguía siendo feroz. "¡Parece que este camino es el correcto, después de todo!". "¡En lugar de mover tanto la lengua, haz algo de provecho!". A medida que avanzaban, el pasillo se iba ensanchando. Aquello no solo era prueba de que más adelante los aguardaba un vasto espacio, sino también el presagio de que los enemigos que se les echarían encima se multiplicarían en igual medida. "¡Justo me estaba preparando para eso!". Los movimientos de los caballeros vacilaban de un lado a otro ante la marea negra que se abalanzaba desde todas direcciones. Al ver que sus posturas se volvían cada vez más precarias, Nibelung comenzó a hurgar en su mochila como si por fin hubiera llegado su momento de intervenir. "¡¿Qué demonios es eso?!". "¡Un vilano de diente de león!". Sin embargo, en contra de las expectativas de Vlad, lo que Nibelung sacó no era un prodigio místico de apariencia imponente. No era más que una diminuta semilla de diente de león que apenas alcanzaba el tamaño de la falange de un dedo. Al contemplar la graciosa pelusa adherida a su ápice, Vlad dejó escapar un suspiro de desconcierto sin poder evitarlo. "¡¿Qué pretendes que hagamos con eso ahora?!". "¡Solo ábranme paso por un instante!". Aunque a simple vista pareciera una semilla insignificante, el misterio arcano que albergaba en su interior era algo que Nibelung había atesorado con sumo recelo. "... ¡Todos, agárrense fuerte!". Con esas palabras, Nibelung inhaló profundamente una enorme bocanada de aire. La estampa resultaba ciertamente cómica, pero en los ojos de Nibelung, que brillaban sobre sus mejillas hinchadas al límite, solo ardía una sincera determinación. "¡Regresen a su hogar natal!". \*¡Fuuush!\* A través de la brecha que Vlad y los caballeros abrieron a duras penas, Nibelung exhaló un tremendo soplido acompañado de un conjuro. Al compás de su aliento, las diminutas semillas de diente de león se dispersaron en un torbellino. Aquellos pequeños vilanos esparciéndose hacia el mar azabache sin ningún asidero parecían, a todas luces, una lucha insignificante y carente de sentido. "¿Eh?". Eso habría sido de no ser por el misterio que yacía en su interior. Un vestigio místico de la tribu Burgund, traído desde la montaña más alta de este mundo. Los vilanos, que habían albergado todos los vientos del mundo bajo el cielo azul, comenzaron a remontar el vuelo con vigor impulsados por las corrientes de aire para regresar a su tierra natal. \*¡Fhuuuaang!\* "¡Aargh! ¡Aaagh!". "¡¿Y esto qué diablos es?!". Entre los alaridos de los caballeros, una ráfaga de viento refrescante comenzó a soplar a través del oscuro corredor donde hasta el aire se sentía plomizo. Y lo hacía con una fuerza pavorosa, como dispuesta a desgarrar en pedazos todo cuanto se cruzara en su camino. \*¡Kraaaargh!\* \*¡Kiiik! ¡Kiiiik!\* Era un caudal de aire imposible de generarse en un pasillo cerrado. Sin embargo, el viento que albergaban las semillas no tenía intención de detenerse hasta alcanzar su hogar, de modo que el vendaval convocado por Nibelung pronto se transformó en una tormenta impetuosa que barrió a las siniestras huestes que bloqueaban el paso. "¡A-Ahora es el momento!". "¡El frente está despejado! ¡Corran!". Vlad echó a correr aprovechando el breve vacío que se abrió ante ellos. Resultaba difícil incluso mantener los ojos abiertos debido al viento arremolinado, pero, de cualquier modo, este no era un mundo que se juzgara con la vista. "¡Aaaaaah!". \*Hummm... Hummm...\* A medida que avanzaba, la espada de Vlad resonaba con un gemido continuo. Una hoja nacida de las estrellas, que albergaba un fragmento de dragón y que ahora portaba el grabado del Árbol del Mundo. El grabado esculpido en aquella espada le indicaba en ese instante el sendero hacia el otro árbol. "¡Es una luz!". "¡Un poco más! ¡La salida está justo enfrente!". Pisoteando los cadáveres que habían sido barridos por la ráfaga, el grupo avanzó a toda prisa. Y en el lugar al que arribaron los aguardaba un paisaje completamente distinto a todo lo que habían presenciado hasta ese momento. "... De verdad era un jardín". Al emerger del claustrofóbico pasaje, lo primero que los recibió fue el cielo. Un firmamento violáceo cuyas tenues ondas se mecían como la superficie serena de un lago. Y bajo ese cielo, flotando como una isla solitaria, un inmenso jardín aguardaba la llegada de Vlad. \*¡Kraaaargh!\* "¡Debemos avanzar!". Era un paisaje digno de una pintura, por completo ajeno a los espectáculos dantescos vistos hasta entonces. No obstante, el grupo carecía del sosiego necesario para quedarse embobado ante semejante cuadro. "¡Al puente que está enfrente! ¡Rápido!". Al grito de Günter, los caballeros reanudaron la carrera hacia la isla que se divisaba en la distancia. Aquel sitio, el corazón indiscutible del mundo de Lamashtu, era un enclave secreto y sagrado al que solo se podía acceder a través de varios puentes celestiales. "¡Hasta aquí han llegado, humanos!". "¡No perturben más el mundo de Lady Lamashtu!". Sin embargo, apostados frente a ese puente se encontraban los caballeros decapitados. Sobre el puente celestial labrado en mármol blanco impoluto, una densa legión de caballeros decapitados ya aguardaba alineada en formación. "¡Maldita sea!". "¡Al siguiente puente! ¡Rápido!". Al advertir que los fuegos fatuos azulados que bloqueaban el camino no presagiaban nada bueno, Günter apresuró al grupo para cambiar de dirección. No obstante, aunque lograran eludir a los caballeros decapitados, parecía imposible sortear a los cadáveres que continuaban brotando por doquier. "¡¿No tienes más dientes de león?!". "¡No me quedan! ¡Eso era prácticamente un tesoro de mi tribu!". Mientras el grupo corría sin aliento por el perímetro circular, otro puente celestial se perfiló ante ellos. Por fortuna, allí aguardaba una cantidad menor de caballeros en comparación con el puente anterior, pero la amenaza no se limitaba a los que tenían frente a sus ojos. "¡Maldita locura! ¡¿Por qué hay tantos?!". "¡Oh, Dios misericordioso!". El ejército de los muertos avanzaba como un gigantesco maremoto. Era una marea tan feroz que, aun si lograban romper la línea de los decapitados y ganar el puente, parecía que los alcanzaría en cuestión de instantes. "¡Vlad! ¡Toma la vanguardia!". Al presenciar la escena, una determinación resuelta brilló en la mirada de Günter. Tras captar ese destello, los paladines de la Iglesia Ortodoxa del Norte intercambiaron señales y asintieron al unísono. "¡Debes correr sin mirar atrás!". "... ¡Sir Günter!". Al percatarse de su resolución, Vlad volvió la mirada atónito, pero las espadas consagradas a la voluntad divina ya habían sellado una decisión inquebrantable. "Te lo ruego, tala ese árbol tal como hiciste en aquella ocasión. Caballero que resguardó el aliento de los niños". Con ese tenue murmullo, Günter dio media vuelta junto al resto de los paladines sobre el puente. \*¡Kraaaargh!\* \*¡Aaaaargh!\* Eran caballeros que se ofrecieron voluntariamente para ser el dique que contuviera la marea negra. De las sagradas palabras que recitaban comenzó a desplegarse la postura defensiva que solo los paladines eran capaces de erigir. "¡Maldita sea! ¡Hijos de perra!". El clamor de los cadáveres resonaba a espaldas de Vlad. Sin embargo, él y sus acompañantes debían seguir corriendo por el puente blanco, dejando atrás el fragor de su resistencia. "¡Aaaaaah!". Destrozando a los caballeros decapitados que obstaculizaban el camino. Dejando atrás una vez más aquellos mundos que sus fuerzas no alcanzaron a salvar, un dragón dorado comenzó a bramar. "¡Los mataré! ¡A todos y cada uno de ustedes!". Un dragón que aullaba consumido por una cólera desbordante, un anciano inquisidor de herejías y un mago cargando una mochila. Pisando el puente blanco, corrían ahora hacia el árbol gigantesco que se alzaba ante sus ojos. \*\*\* "Hu... Huuu...". Las raíces apuntando al cielo, las ramas precipitándose a la tierra. Un único árbol, completamente invertido y retorcido, construía su propio mundo sobre la isla que flotaba solitaria. "Huuuuaaaah...". Y frente a aquel árbol renegrido, una mujer danzaba con los pies apoyados sobre la tierra, derramando lágrimas negras que ni ella misma lograba contener. "Los mataré... Los voy a matar a todos". Lamashtu contorsionaba su cuerpo de un lado a otro como si ejecutara una danza. Sin embargo, no bailaba: presa de un suplicio que le desgarraba el alma, no hacía más que retorcerse con frenesí demencial. "Otra vez mis niños...". Puesto que, frente a ella y a su llanto incesante, se alzaba una espesa humareda negra. La reliquia sagrada de los enanos, capaz de purificarlo todo. Al contemplar las llamas que producían sus fragmentos al purificar el árbol sacrílego, Lamashtu perdía una vez más el juicio. "¡¿Acaso no ven que se están quemando...?!". \*Ruuuumble...\* Junto a su alarido de desesperación, el firmamento violáceo en las alturas comenzó a estremecerse. No obstante, a pesar de sus lamentos desgarradores, aquel fuego inextinguible continuaba calcinando metódicamente el Árbol que Desafía a los Cielos. "¡Aaaaaagh!". Mis niños, a quienes no pude salvar en vida, y a quienes tampoco pude salvar en la muerte. Por encima de la mujer que aullaba contemplando a aquellas criaturas, una solitaria raíz ascendía hacia el firmamento. Guardaba un sobrecogedor parecido con las huellas renegridas de las manos infantiles que habían clamado hacia el emblema sagrado de Dios en el interior del templo. "......". Y en la punta de esa raíz colgaba un hombre desprovisto de fuerzas. Atravesado en el corazón y convulsionando débilmente, el color de su cabello era el mismísimo azabache de la Casa Bayezid que Vlad tanto había buscado con desesperación. Bajo el cielo violáceo donde solo resonaban promesas mutuas de muerte y carnicería, únicamente la cabellera negra de Josef ondeaba en silencio y soledad. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 251

Estás leyendo el capítulo 251 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.