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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 250 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Más de una decena de hombres corría, pero el estrecho y oscuro corredor permanecía en sepulcral calma. De no haber sido por el ocasional tintineo metálico de las armaduras, habría sido un desplazamiento tan furtivo que nadie lo habría advertido. "¿Adónde vamos ahora?" "Yo tampoco lo sé." El mundo de Lamashtu, enclavado en secreto en una hendidura del cosmos. Tras ingresar por el pasaje abierto por los sacerdotes exorcistas, el grupo deambulaba ahora por corredores cuya ubicación desconocía por completo. "No hay forma de calcular nuestro punto de partida ni por dónde entramos. Me temo que primero necesitaremos dar con algún lugar que nos sirva de referencia." A espaldas de Vlad, quien corría a la cabeza, Günter examinaba un mapa desplegado con gesto meditabundo. Era un mapa pequeño, como si en él se hubieran trazado grandes círculos concéntricos. No obstante, aunque la silueta general formara un único círculo, la tupida red de pasadizos que atestaba el dibujo demostraba a las claras cuán intrincado era aquel lugar. "Lo único seguro es que debemos avanzar hacia el centro de este sitio." "¿Y qué hay en el centro?" Ante la pregunta de Vlad, Günter miró al frente y se rascó con cautela los labios resecos, como si le resultara incómodo articular las palabras. "Dicen que hay un árbol." Aquel lugar, oculto a los ojos de cualquier mortal, era el dominio de Lamashtu guarecido en la fisura del mundo. Sin embargo, Vlad, que en la ciudad anegada de niebla había vislumbrado fugazmente aquel plano, creyó comprender al instante a qué clase de árbol se refería Günter. "Me parece que es algo con lo que ya estamos bastante familiarizados." "..." Las raíces hacia el cielo y las ramas hacia la tierra. Que la imagen de un árbol que invertía todo lo existente en el mundo acudiera a la mente de Vlad no era, en modo alguno, una simple casualidad. \* \* \* ¡Crack! Con un chasquido desgarrador, una lluvia de sangre negruzca salpicó el aire. Era el fluido viscoso brotado de un cadáver que había sido partido de par en par, con la misma contundencia que un leño de leña. "¡Maldita sea! ¡Por más que los mate, no se acaban nunca!" Del filo del hacha esgrimida por aquel hombre de complexión maciza brotaban gotas de sangre carmesí oscuro que se dispersaban como una bruma. No obstante, el claro que tanto le costaba abrir era engullido de inmediato por otra oleada, sin concederle más respiro que el tiempo indispensable para tomar una sola bocanada de aire. "¡Malditos bastardos! ¡Vaya que se tomaron la molestia de amontonar a un buen montón!" A espaldas del guerrero que bramaba con ferocidad ondeaba un gran estandarte con el emblema de un hacha. Sir Karoly de la Casa Harkita. Uno de los caballeros más insignes del norte. Aquel mismo hombre que había hecho frente a Mircea junto a Vlad en Bastopol, la ciudadela del Duque de Acero, volcaba ahora su ruda furia sin cuartel contra la hueste interminable de difuntos que no cesaba de desbordarse. "Nuestras líneas van cediendo poco a poco, mi señor duque." "..." Un campo de batalla de pesadilla donde se mataba a los muertos y los muertos cobraban vidas. Bajo los siete estandartes del norte que ondeaban sobre aquella contienda, el Duque de Acero, Timur, permanecía erguido con semblante inconmovible. "Los cadáveres que han salido en tromba se cuentan ya por millares. El dilema es que ignoramos cuántos más aguardan en el interior." "¿Y el ejército del Duque de la Sangre de Dragón?" "... Se calcula que están a unos dos días y medio de marcha." La voz de Sir Volkov se fue apagando hacia el final de la frase. No era para menos: las huestes del Duque de la Sangre de Dragón, que avanzaban hacia el norte, aceleraban la marcha como si estuvieran al tanto de su precaria situación. "Si nos descuidamos, podríamos quedar atrapados como en una tenaza." Frente a la Alianza del Norte se extendía la hueste de los muertos, y a sus espaldas acortaba distancias el ejército del Duque de la Sangre de Dragón. Era una posición tan peligrosa como la de una polilla arrojándose a las llamas, pero el Duque de Acero, Timur, tenía motivos de peso para haber tomado semejante determinación. "Tendremos que zanjar este asunto antes de que lleguen." ¡Kuaaaa! Apenas se extinguieron las palabras del Duque de Acero, un rugido descomunal resonó desde las entrañas de la iglesia renegrida. Era un bramido tan aterrador que paralizaba las piernas con solo escucharlo. "¡Q-Qué demonios es eso...!" "¡Un monstruo! ¡Es un monstruo!" Su cuerpo colosal y macizo rivalizaba con un ariete de asedio concebido para demoler murallas. La abominación, con una musculatura crispada tan siniestra como sus colmillos curvados hacia arriba, clavaba unos ojos bermejos e insoportables de contemplar sobre los soldados que le cerraban el paso. "¡Un ogro...! ¡Es un ogro!" "¡¿Por qué cuernos tiene dos cabezas?!" El ogro: un monstruo tan temible de enfrentar como los dragones, a los que se comparaba con catástrofes naturales. Y, sin embargo, sobre los hombros de aquel engendro reposaba una segunda cabeza cosida de manera tosca. ¡Kraaaah! No solo se trataba de los resucitados. Por naturaleza, los hechiceros oscuros eran seres consagrados a engendrar abominaciones que jamás debieron haber hollado este mundo. Para gente de su calaña, crear un ogro con una cabeza adicional no suponía el menor esfuerzo. "Maldita sea..." Karoly tragó saliva al contemplar la colosal sombra que se cernía sobre su cabeza. Dos pares de pupilas estaban fijos en él. Al cruzar la mirada con aquellos ojos grotescos, el caballero de Harkita, lejos de amedrentarse como los demás, apretó con más fuerza la empuñadura de su hacha. "¡Vamos, acércate si tienes agallas!" Los hombres del norte, templados bajo el rigor de las ventiscas boreales, jamás retrocedían con facilidad. Ni siquiera si lo que tenían enfrente era un ogro de dos cabezas. "¡Aaaaaah!" El caballero se abrió paso a contracorriente entre la marea de cadáveres, cargando de frente contra aquel letal depredador. Ante semejante despliegue de bravura, el resto de los caballeros de Harkita sintió arder su moral y prorrumpió en gritos de guerra unánimes. "¡Maldito engendro!" Rodando con su fornido cuerpo para eludir la descomunal maza que caía como si pretendiera cubrir el firmamento entero, Karoly rajó con presteza el muslo del monstruo. ¡Kuaaaa! "¡Kjj!" La sobrecogedora onda del rugido que estalló a raíz del corte le comprimió el pecho, mas para un Karoly que ya ardía en furor combativo, aquello no supuso el menor desaliento. "¡Sí que eres asquerosamente alto!" Abriendo una herida con cada golpe de hacha y aferrándose a los desgarros de la carne, Karoly fue trepando por el ogro paso a paso. Su intrepidez ante semejante coloso prendió de nuevo la chispa en los ánimos de los soldados que yacían exhaustos hasta hacía un instante. "¿Qué miras, maldita escoria?" Aunque estaba cubierto de polvo de pies a cabeza, Karoly continuó encaramándose tenazmente por el cuerpo del ogro hasta alcanzar una de las cabezas en lo alto. Si bien la criatura ya estiraba un brazo en su dirección, el leñador ya había fijado su presa y descargado su hacha con toda el alma. "¡Muérete, engendro!" El filo del hacha de Karoly, alzado en lo alto, reverberó bajo los rayos del sol. Una sonrisa feroz se dibujó en sus labios a la espera del estremecimiento del impacto en sus manos; no obstante, su hachazo no hendió más que el aire con amarga futilidad. "¿Eh?" Aquella cabeza, ya cercenada de antemano, caía rodando hacia las profundidades que él acababa de escalar. Incapaz de soportar un solo embate de semejante agudeza, la cabeza rodó de esa manera por el suelo. "Buen trabajo, Sir Karoly". "¿Eh?". Al alzar la vista con expresión atónita, vio a un hombre apuesto y de cabellos bien peinados hacia atrás de pie en aquel lugar. Parado sobre el hombro opuesto de la bestia, su nombre era Sir Guillermo de Romnie. Otro de los caballeros más representativos del norte contemplaba a Karoly mientras sonreía de oreja a oreja. "Sabía que serías más que capaz de atraer su atención". "... ¡Guillermo! ¡Hijo de perra!". El improperio de Karoly resonó con fuerza, pero la risa de Guillermo no daba señales de cesar. Ahora albergaba la plena confianza de convertirse no solo en un caballero representativo del norte, sino también en un matador de ogros. "Te obsequiaré al menos una de las cabezas". La punta de la espada que blandía trazaba un arco feroz, cortando el aire en dirección a la última cabeza de ogro que aún quedaba en pie. \* \* \* "¡M-Mi obra maestra de toda la vida!". En una habitación oscura, desde el rincón donde varios hombres se hallaban congregados, resonaba un grito desgarrador y amargo. "¡Se trataba nada menos que de un ogro! ¡Malditos desquiciados!". En el orbe de cristal que contemplaban conteniendo el aliento, se reflejaba en esos momentos la silueta del ogro desplomándose con lentitud. "¿Habrá quedado mal confeccionado? No pudo desplegar tanta fuerza como esperaba". "No, no fue eso. Con toda probabilidad se deba a las oraciones que esos sacerdotes vociferan a sus espaldas". "Por añadidura, sus oponentes son Guillermo y Karoly. Para ser su primer despliegue, la suerte en los emparejamientos le fue demasiado adversa". Unos se lamentaban, otros analizaban. Aquellos que contemplaban la escena exterior debatiendo acaloradamente sobre la criatura que habían concebido eran, en su totalidad, magos negros que habían consagrado su propia muerte a la creación de una nueva vida. Reunidos aquí y allá según la forma en que manipulaban los misterios arcanos, mantenían sus ojos brillando con agudeza al presenciar cómo se derrumbaba la creación de uno de los suyos. ¡Bum! ¡Bum! Sin embargo, sus miradas no lograron permanecer fijadas en el orbe de cristal hasta el final. "¿Qué clase de estruendo es este?". ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Un estrépito descomunal, como si algo estuviese siendo destrozado a golpes. Junto a ello, incluso la pared azabache comenzó a sacudirse. Al compás de aquel sonido ominoso, las mesas donde se encontraban sentados temblaban poco a poco. Ante aquel estrépito que se aproximaba con cada segundo que pasaba, varios magos negros se apresuraron a trazar sellos con las manos. ¡Crrraaac! "¡¿Pero qué demonios es esto?!". "¡La pared reventó! ¡Se viene abajo!". No obstante, antes de que pudieran concluir los sellos que estaban trazando, un alboroto ensordecedor se abalanzó sobre ellos como si desgarrara los tímpanos. Fue una detonación tan certera que parecía haber advertido que se encontraban entonando un conjuro. "... Parece que llegué al lugar correcto". Entre la densa polvareda de piedra que se levantó al demoler el muro, se instaló un extraño silencio. Con todo, antes que en el polvo pétreo que enturbiaba su visión, las miradas de los magos negros se clavaron con fijeza en los ojos dorados que brillaban en medio de la penumbra. "¡V-Vlad de Shoara!". El mundo concebido por Lamashtu resultaba excesivamente enrevesado y desventajoso para mí. Por ese motivo, a espaldas de Vlad, quien había decidido rechazar los caminos trazados por ella, se extendían en esos momentos incontables muros agujereados. "El camino era demasiado confuso". La ruta más rápida hacia el objetivo siempre es una línea recta. El antiguo carterista que antaño saltaba por los tejados de los callejones en busca de las faltriqueras ajenas conocía ya esa verdad a la perfección. "Así que a ver si alguno de ustedes me lo indica. A uno de ustedes le perdonaré la vida". 'No tengo la menor obligación de acatar semejantes reglas que ustedes pretenden imponer'. Por esa razón, tras la nueva senda que Vlad acababa de abrir a la fuerza, comenzaba a extenderse, paso a paso, una línea recta que conducía directamente hacia el árbol profano. \* \* \* "¡...!". Josef, que corría por el pasillo, divisó a los caballeros decapitados al frente y se ocultó con presteza tras una esquina cercana. 'Ya casi estoy allí'. Jadeando en silencio, Josef frunció el ceño con impotencia al contemplar el inmenso jardín que se abría ante él. El corazón mismo de los círculos concéntricos y el único sitio desde donde era posible alzar la vista hacia la burbuja: el jardín de Lamashtu. En aquel jardín abyecto, el Árbol que Desafía a los Cielos, arraigado de forma grotesca, se alzaba en esos momentos hacia lo más alto del firmamento. 'Son demasiados'. Bastaría con acabar con eso para hacer tambalear este lugar hasta sus cimientos. Sin embargo, para aproximarse hasta allí, la cantidad de caballeros que montaban guardia resultaba abrumadora. Al no ser un caballero versado en la espada ni tampoco un mago instruido en los misterios arcanos, Josef no tuvo más remedio que detenerse en seco mientras contemplaba el objetivo frente a sus ojos. 'Este cuerpo miserable, hasta el mismísimo final...'. El objetivo se encontraba justo enfrente. Si echaba a correr con todas sus fuerzas, no era más que una distancia tan corta que apenas tomaría unos cuantos respiros. No obstante, Josef sabía de sobra que, con su débil complexión física, lo atraparían antes de dar siquiera un puñado de zancadas. "... Ja, ja". De este modo, para Josef, los objetivos anhelados siempre se hallaban lejanos, sin importar cuán próximos parecieran estar. Habiendo nacido noble, había tenido que luchar sin tregua contra la enfermedad, y habiendo nacido en una estirpe de caballeros, había sido incapaz de pronunciar el juramento sobre la espada del Maestro de la Espada; esa era la clase de existencia que él representaba. "Aun así, valdrá la pena intentarlo en este acto final". Sin embargo, en este instante, Josef sonreía mientras contemplaba el objetivo ante sus ojos. Porque podía sentir que acababa de trascender uno de los límites que lo habían mantenido encadenado durante toda su vida. "Y pensar que jamás en mi vida he blandido el brazo con tanta fuerza". Con una tenue sonrisa, Josef extrajo una pequeña taza de té de su bolsa y, sintiendo la sutil calidez que emanaba de ella, inhaló hondo en silencio. "Fuuu". Hacia el Árbol que Desafía a los Cielos que se erguía frente a él. Sobre los hombros agitados de Josef, la marca de la muerte, extendida en un tono azabache, lo cubría ya por completo. "Lo lamento". ¡Crac! Desde las yemas de los dedos de Josef, que sostenían la taza de té, brotó una fuerza de agarre tan descomunal que en condiciones normales le habría resultado imposible ejercer. Aquella presión, que superaba con creces la de cualquier varón adulto ordinario, rebasó los límites de su antaño miserable cuerpo y comenzó a abollar lentamente la taza forjada por los enanos. "A cambio, me aseguraré de quemarlo de la manera más espléndida posible". La silueta de una muerte tenebrosa que ya había reptado más allá de sus dedos hasta incrustarse en su hombro. Al verse liberado así de las cadenas de su carne, el hombro de Josef se echó hacia atrás describiendo un amplio arco. "¡Hmph!". En la diestra de aquel hombre teñido por la muerte, la taza de té ardía en llamas. La reliquia sagrada de los enanos, templada con un fuego inextinguible. Aquella taza de té destinada a calcinar toda cosa impía comenzó a hacer brotar las llamas de la purificación desde el interior de la mano ennegrecida de Josef. "¡Aaargh!". Hacia el mundo que se abría al frente, con un impulso monumental. Con la punta de mis dedos, que al fin han trascendido este cuerpo miserable. De ese modo, lanzado con todas las fuerzas que jamás había desplegado desde que vino al mundo, el proyectil arrojado por Josef comenzó a volar directo hacia el Árbol que Desafía a los Cielos. ¡Clang! Fue apenas perceptible, un sonido tan débil y diminuto que a cualquiera le habría costado advertirlo. Pero, aun así, el mundo que Josef había arrojado con absoluta determinación ya se encontraba ardiendo. Abriendo un pequeño orificio en el mundo de Lamashtu, que flotaba suspendido como una burbuja. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 250

Estás leyendo el capítulo 250 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.