Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A la mañana siguiente de haber cerrado el contrato con Vlad, Josef se encaminó hacia el comedor, acatando la estricta norma de la Casa Bayezid que dictaba que la familia debía compartir al menos el desayuno.
Una mesa alargada y un mantel blanco impecablemente tendido. Sin embargo, las viandas dispuestas sobre él resultaban demasiado frugales para el desayuno de un linaje aristocrático de inmenso poder.
"Comamos."
El desayuno de la Casa Bayezid dio comienzo con la plegaria previa a los alimentos.
Presidido por el patriarca, Peter; seguido por el primogénito, Rutger; el segundo hijo, Josef, y su madre, la condesa Oksana, segunda esposa del conde, todos compartían la mesa. Aunque la familia entera se encontraba reunida, lo único que rompía la quietud era el seco tintineo de los cubiertos al chocar contra la vajilla.
"He mandado traer reliquias sagradas. Están colmadas de la bendición de los sacerdotes", dijo el conde Peter dirigiéndose a su primogénito, quebrando el denso silencio que gravitaba sobre la mesa. "Llévalas contigo en esta misión."
"Confío más en mi espada que en la bendición de terceros, padre."
"No insistiré más."
Ante la respuesta de Rutger, desbordante de la seguridad propia de un espadachín consumado, Josef se encogió en su asiento de manera involuntaria, aun sabiendo que su hermano no había pronunciado aquellas palabras con malicia.
"..."
Y hubo una mujer que contempló con infinita pesadumbre a ese Josef que se replegaba sobre sí mismo.
"Josef, una vez que termines de desayunar, ve a recoger la medicina. Es buena para tu tobillo."
"... Muchas gracias, padre."
Para su hermano mayor, reliquias sagradas con las que desafiar los peligros.
Y para él, medicina necesaria para curar una herida.
"..."
Aunque Josef siempre se esforzaba por mantener una templanza inquebrantable, ese complejo de inferioridad, arraigado en lo más hondo de su ser tras largos años, jamás dejaba de oprimirle el alma.
Un padre que intentaba ser considerado con sus hijos.
Una madre que contemplaba encogerse a su vástago.
Y dos hermanos inevitablemente condenados a una comparación incesante.
Tan solo una fría quietud lograba enmascarar los complejos sentimientos que bullían entre ellos.
\* \* \*
Concluido aquel largo y sepulcral desayuno, Josef apresuró el paso rumbo a su despacho. En el trayecto, su madre le había ofrecido una taza de té, pero el regazo materno era un refugio tan cálido y reconfortante que, de haber puesto un solo pie en él, difícilmente habría podido escapar.
Josef era un hombre que no podía permitirse detenerse.
Dado lo mucho que le faltaba, no le quedaba más alternativa que correr sin tregua para compensarlo.
La luz matinal se filtraba por las galerías de mármol blanco. Sin embargo, aquellos rayos no alcanzaban a iluminar cada rincón del pasillo.
"..."
Cada vez que cruzaba por los tramos oscuros donde el sol no llegaba, la expresión de Josef se endurecía de forma inconsciente. El veneno que hervía en sus entrañas petrificaba sus facciones de manera inevitable.
Sin embargo, al plantarse frente a la puerta de su despacho...
"¿Mm?"
En lugar de rigidez, su rostro reflejó desconcierto.
"¡Maldito pedazo de imbécil!"
Un bramido enfurecido acababa de resonar desde el interior.
'¿Qué ocurre?'
En el momento en que Josef ladeó la cabeza intrigado y giró el picaporte del despacho, la luminosa claridad matinal le reveló a quienes lo aguardaban dentro.
"¿Ha llegado, señor Josef?"
"Agh... ¿Ya está de vuelta, señor?"
Allí se encontraba Vlad, recibiendo una buena tunda de coscorrones por parte de Zayar, mientras Goat permanecía encogido como una tortuga ante semejante y sangriento espectáculo.
"¿Por qué te están moliendo a golpes otra vez?"
Al contemplar aquella estampa, Josef sintió que las extrañas emociones que hervían en su pecho comenzaban a aplacarse.
Serenidad. Y confianza.
Quienes se las brindaban se hallaban justamente en esa estancia.
"Haa..."
Zayar soltó un prolongado suspiro, como si le costara articular palabra del puro bochorno, y señaló una caja dispuesta sobre el escritorio de Josef.
"Esta caja... la envió el señor Rutger."
"¿Mi hermano?"
Rutger y Josef compartían padre, pero habían nacido de madres distintas. Sus naturalezas eran polos opuestos y ambos competían encarnizadamente por heredar el título de conde de Bayezid; por lo tanto, a pesar de llevar la misma sangre, jamás habían mantenido una relación tan cercana como para intercambiar obsequios. Además, durante el desayuno, Rutger ni siquiera había mostrado el menor indicio de ello.
'¿Qué significa esto?'
Josef frunció el ceño con extrañeza mientras leía la misiva de Rutger que descansaba sobre la caja. A medida que sus ojos avanzaban por las líneas, la cabeza de Vlad fue agachándose más y más, abochornada.
"... Ya veo."
Comprendiendo al fin la situación, Josef dobló con cuidado la carta remitida por su hermano.
"Es todo tuyo. Come hasta saciarte."
"... Lo lamento."
"¿Bastará con diez minutos?"
Lo que Rutger había enviado era una caja repleta de cacahuates.
Cuando Josef le preguntó aquello a Zayar, su leal caballero asintió con la cabeza.
"Iré a dar una vuelta y regresaré."
Josef dio media vuelta para desandar el camino y abandonar el despacho.
"¡¿A quién demonios se le ocurre obedecer semejante orden al pie de la letra solo porque se lo mandaron?!"
En cuanto la puerta comenzó a cerrarse, un rugido enfurecido se alzó desde el interior:
"¡Solo me abstuve porque me ordenaron que no comiera nada!"
"¡¿Acaso me refería a eso, pedazo de animal?!"
"¡Hice exactamente lo que me mandaron hacer!"
"¡¿Y desde cuándo eres tan obediente a mis palabras, desgraciado?!"
Escuchando aquel griterío a sus espaldas, Josef se alejó con paso tranquilo.
"Parece que ya es época de florecer."
Aunque se hallaba inmerso en la penumbra que la luz del sol no alcanzaba a disipar, a diferencia de antes, Josef pudo esbozar una sonrisa serena.
\* \* \*
"A partir de hoy serás mozo de cuadras. Te encargarás de los caballos de mis caballeros y quedarás adscrito al servicio de mi madre, la condesa Oksana."
"¡Muchísimas gracias, señor Josef!"
El anhelo de Goat se había cumplido. Además de haber recibido una respetable suma en monedas de oro, fue contratado formalmente como sirviente de la ilustre Casa Bayezid.
"¡Me esforzaré al máximo!"
"Puedes marcharte."
Habiendo obtenido un empleo estable, cómodo y con una paga generosa, Goat salió del despacho con una sonrisa de oreja a oreja. Dado que había sido empleado personalmente por Josef, era seguro que ningún otro criado se atrevería a meterse con él.
Sin embargo, Goat, cuya ambición seguía insatisfecha, le dirigió una mirada penetrante al muchacho de cabellos dorados.
'Ese no es alguien que vaya a terminar aquí.'
Aunque en ese instante luciera un rostro compungido debido a la absurda torpeza cometida el día anterior, no cabía duda de que un tipo como Vlad remontaría el vuelo mucho más alto. Aguardando con paciencia a que llegara ese día, Goat abandonó el despacho en silencio.
"Vlad, en cuanto a ti..."
Josef volvió la mirada hacia el joven. Allí seguía Zayar, todavía resoplando de indignación, y a su lado Vlad, con los carrillos abultados tras haberse metido un puñado entero de cacahuates a la boca. Aunque bien pensado, una de sus mejillas hinchadas parecía más bien el resultado de los golpes de Zayar.
"A partir de este momento, Vlad, te conviertes oficialmente en el escudero de Zayar. Hasta ahora he hecho la vista gorda ante tus faltas de etiqueta por consideración hacia ti, pero de aquí en adelante no toleraré semejante comportamiento. ¿Entendido?"
"Sí, señor."
"Solo sirves para responder rápido de pico, cabeza hueca."
"... Sí, señor."
"... Zayar te explicará los pormenores de la vida en la mansión. Pueden retirarse."
Una vez que Vlad cruzó el umbral del despacho, Josef le confesó con total franqueza sus impresiones a su fiel caballero:
"Sin duda, no será nada fácil de manejar."
"En todo sentido, es impredecible."
"Además, como se ha criado en la aspereza, está repleto de rebeldía."
"Sí, así debe de ser."
Josef habló con la mirada fija en la puerta del despacho, la misma que Vlad acababa de empujar para marcharse.
"Aun así, debo lograrlo. Si no cuento con el mérito de haber forjado a mi propio caballero, jamás obtendré el reconocimiento de mi padre."
"...... Entendido."
Un caballero propio, forjado por la mano del mismísimo Josef.
Aunque a su lado se encontraba un guerrero tan formidable como Zayar, este no era más que alguien asignado por su madre, la condesa Oksana.
Sir Zayar. El caballero que había llegado junto con la opulenta dote que Oksana trajo consigo al desposarse. Criado y adiestrado en la Casa Oscar, la estirpe materna de la dama, fue puesto de forma natural al servicio de Josef desde el mismísimo instante de su nacimiento.
Por tales circunstancias, si bien en el papel pertenecía formalmente a la Casa Bayezid, su lealtad respondía de manera exclusiva a Josef y a Oksana. En sentido estricto, no se le podía considerar un caballero puro de la Casa Bayezid.
"Te lo encomiendo."
Por eso mismo Josef lo necesitaba. No a un vasallo concedido por su madre, sino a un caballero de la Casa Bayezid engendrado por su propia voluntad.
"Pondré mi mayor empeño."
Jurando el triunfo ante el señor a quien servía, Zayar cruzó el umbral del despacho.
"......"
Al salir al corredor, allí aguardaba el muchacho rubio, encogiéndose con timidez e incomodidad.
"Tsk."
Era un pilluelo que daría incontables dolores de cabeza, y también aquel a quien a partir de ese momento le correspondía moldear.
"Sígueme."
"Sí."
Josef lo había elegido a él, y a Zayar solo le restaba acatar la resolución de su amo. Someterse a la orden de su señor: esa era la esencia de la caballería.
"Este es el refectorio. Los caballeros disponen de un comedor aparte; los escuderos comparten la mesa con los sirvientes."
"Sí."
Aunque era innegable que se trataba de un tipejo difícil de domar, Zayar sabía de sobra que era capaz de brindar frutos igual de deslumbrantes.
"Este es el campo de instrucción. Es un recinto para templar el cuerpo más que para blandir el acero. Pregúntales a los muchachos que tengas al lado cómo se emplean los aparatos."
Con esa certeza, Zayar guio personalmente a Vlad a través de las dependencias de la Casa Bayezid. Aunque su trato resultara adusto, el esmero que abrigaba en su interior no admitía comparación con el cuidado que otros caballeros dedicaban a sus escuderos.
"Esta será la habitación que ocuparás en adelante. A su modo, es individual."
"Vaya."
Y ante la reacción que acababa de mostrar, Zayar tuvo la plena convicción de que alguien como Vlad saldría adelante incluso en un entorno tan ajeno como aquel linaje noble.
"¿Está bien, no?"
"¿Ah, sí?"
A pesar de que no era más que una celda diminuta donde apenas cabía un lecho, Vlad sonreía henchido de auténtica gratitud.
"No es un suelo de tierra e incluso tiene cama. Para mí esto es un palacio."
"Por lo ocurrido hace un momento, había olvidado por completo que provienes de los callejones."
Aunque fuesen retoños de cunas distinguidas, desde el instante en que ingresaban como escuderos, los muchachos debían empezar desde lo más hondo. Pese a gozar de buena salud y fortaleza, abundaban los que flaqueaban al ser incapaces de tolerar el brusco cambio de ambiente y la aspereza del régimen.
Sin embargo, para Vlad, que había sobrevivido arraigado como la maleza silvestre, un alojamiento semejante no distaba del paraíso.
'Mmm.'
No tendría ninguna dificultad para amoldarse. Bastaría con impedir que cometiera desatinos.
"Sígueme."
Vlad marchaba tras los talones de Zayar, esforzándose al máximo por absorber el aire de aquel lugar. Aunque el día anterior se había dejado doblegar por la imponente presencia de Rutger cometiendo una insensatez, para alguien de los suburbios la agudeza visual y el ingenio rápido eran herramientas indisociables de la supervivencia.
'¿Eh?'
En ese instante, los ojos de Vlad captaron a una comitiva que avanzaba escoltada por un séquito de doncellas. Se trataba de una noble dama que lucía una cabellera verde recogida en un moño de intachable pulcritud.
"Es la Señora Oksana, la madre de Lord Josef. Ríndele honores tal como aprendiste hace poco."
"Sí."
Habiéndose criado en unos callejones donde las bocas solo se abrían para escupir injurias cada vez que dos miradas se cruzaban, aquella clase de protocolo era lo más desconcertante para Vlad.
Guardar compostura. Tratar con la nobleza. Agachar la cabeza. Ninguna de esas cosas le resultaba familiar.
Sin embargo, a partir de ese instante debía someterse a las normas del palacio. Puesto que de todos modos pasaría allí los próximos siete años, Vlad comprendió que lo más prudente era adaptarse cuanto antes.
"......"
Pese a haber recibido la lección hacía apenas unas horas, Vlad hizo acopio de memoria y dobló la cerviz con profunda reverencia. No obstante, la comitiva de Oksana, que él creía que pasaría de largo, fue acortando el paso hasta detenerse justo frente a ellos.
Ante aquella aproximación, Vlad tragó saliva sin proponérselo.
"Zayar, mi fiel caballero. Buenos días."
"¿Habéis tenido un plácido descanso, mi señora?"
En cuanto Zayar irguió la postura para ofrecer su saludo, Vlad, que aguardaba atento a la menor señal, levantó la cabeza a toda prisa.
"¿Es este el niño?"
"Así es. Se trata del muchacho que Lord Josef acogió personalmente."
"Ya veo."
Hombres despiadados, rameras que comerciaban con sonrisas y estafadores a la caza de la menor debilidad. Para Vlad, que solo había lidiado con semejante ralea, una dama como Oksana pertenecía a un mundo completamente desconocido.
"Te doy las gracias. Me lo ha contado Josef. Fuiste tú quien libró a mi hijo de aquel peligro, ¿verdad?"
"Solo... cumplí con mi deber."
Si Vlad hubiese ladeado la vista apenas un ápice hacia el costado, habría visto a Zayar contemplándolo con el alma en un vilo.
"Mereces una recompensa. Has llevado a cabo una hazaña mucho más grande de lo que alcanzas a concebir."
"Muchas gra......"
Vlad, que iba a inclinarse de nuevo para musitar su gratitud, se quedó de piedra al ver cómo Oksana se acercaba de improviso para posar la mano sobre sus cabellos.
"Qué hermoso color. Hace un juego espléndido con tus ojos azules."
"......"
Vlad ardía en deseos de articular palabra, pero permaneció rígido como una estatua, limitándose a mover las pupilas de un lado a otro.
De Oksana brotaba una fragancia. Un aroma suave que despertaba la añoranza.
"Para lo enjuto que estás, tienes hombros muy anchos. Si ganaras algo de peso, te verías magnífico."
Hasta entonces, Vlad siempre había vivido rodeado de cortesanas. Poseía inmunidad ante las mujeres y bastante desfachatez para manejarlas.
Sin embargo, ahora...
En ese instante preciso, se sentía como si se hubiese quedado mudo de golpe, incapaz de musitar una sola sílaba, limitándose a clavar la vista en las baldosas. La mirada con que Oksana lo envolvía era algo que ninguna de las mujeres que había conocido en el pasado le había brindado jamás.
"Dentro de poco haré que te confeccionen una muda de ropa. Tengo buen ojo para calcular las medidas, así que te sentará a la perfección."
"Gracias..."
Aquella mujer lo contemplaba con los ojos de una madre. Ante esa ternura, vista hacía tanto tiempo que apenas guardaba memoria de ella, el muchacho, habitualmente arisco como un erizo, no sabía qué hacer con su propio cuerpo.
Era la primera vez en su vida que se hallaba ante alguien frente a quien no debía erizar las espinas.
"Buen trabajo, Sir Zayar."
"A vuestro servicio, Señora Oksana."
Por esa misma razón, lo único que Vlad atinó a hacer fue asentir una y otra vez, musitando torpes agradecimientos mientras ella reanudaba la marcha.
Incluso después de que la dama se hubo alejado, el muchacho permaneció petrificado un largo rato, hasta que sus ojos tropezaron con los de Zayar, quien lucía tan tenso como él.
"...... ¿Lo he hecho bien?"
"...... Ha sido pasable."
Invadido por una extraña timidez que brotaba desde lo más hondo del pecho, el joven desvió la mirada hacia cualquier rincón y se rascó la nuca con turbación.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 25
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 24
Estás leyendo el capítulo 24 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.