Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 243 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¡Kugugugu!
Con un sordo y pesado estruendo, las empalizadas de Ausrina comenzaron a erigir de nuevo sus macizas estructuras. Al contemplar las sombras de los árboles que se alzaban cada vez más alto, como si pretendieran tocar el cielo, el Conde Bitskaya abrió los ojos desorbitados, incapaz de dar crédito a lo que veía.
"... ¿Acaso han vuelto a echar raíces?".
Cuando cayeron no eran más que maderos cortados, pero al erguirse de nuevo se convertían en imponentes árboles con raíces firmemente arraigadas. Al ver la empalizada de Ausrina transformada por completo en un pequeño bosque, no solo el Conde Bitskaya sino también los magos negros apostados en los alrededores fueron incapaces de disimular su desconcierto.
'¡Esos malvados!'.
Y había unos ojos verdes que los fulminaban con ferocidad. El ojo derecho de Vlad, ardiendo con fiereza junto a su espada enhiesta, centelleaba de rabia al contemplar los cuerpos desgarrados de los elfos.
'Ellos los mataron'.
Sobre la afilada espada alzada comenzó a condensarse una energía verde. Y lo mismo ocurría en su ojo derecho abierto de par en par. El joven Árbol del Mundo, que por fin había pisado este mundo a través de la espada y el cuerpo de Vlad, apretó los dientes como si no pudiera contener su indignación al presenciar los cadáveres de los elfos que habían intentado protegerlo.
'¡Si todos eran buenas personas!'.
¡Krrrrrr!
Junto al rugido del dragón tomado prestado por un instante, la furia del joven Árbol del Mundo comenzó a estallar. Como si hubiese respondido a esa cólera, el mar verde que rodeaba a Ausrina empezó a sacudirse con violencia.
"¡¿Q-Qué demonios es esto?!".
Al presenciar semejante convulsión, las tropas de Bitskaya entraron en un caos absoluto.
"¡Los árboles se mueven!".
Porque los árboles de los alrededores se retorcían y se ponían en marcha. Aquellos árboles, que solo podían moverse porque el señor del bosque se lo permitía, se sincronizaron con la ira del joven Árbol del Mundo y alzaron hacia lo alto del firmamento las raíces que habían permanecido clavadas en las profundidades de la tierra.
¡Kbaaaang!
Lentos, pero dotados de una pesadez tan descomunal que resultaba imposible esquivarlos. Ante los latigazos de los árboles que se desplomaban cubriendo la totalidad del cielo, la formación del ejército de Bitskaya comenzó a desmoronarse en un instante.
"¡Aaaaargh!".
"¡¿Qué demonios está pasando?!".
Cuerpos reventados y alaridos resonantes de soldados llenaron de inmediato el frondoso bosque. ¡Pensar que árboles que debían permanecer inmóviles se levantaban por su propia cuenta! Era una escena tan inconcebible que incluso Lamashtu, situada a la distancia, se levantó el velo que cubría su rostro y abrió los ojos de par en par, perpleja.
"... Uf".
Y había un aliento que aguardaba pacientemente este preciso instante en que los enemigos vacilaban desconcertados. Un momento en el que, mediante un solo movimiento, podría arrebatar y volcar a su favor el curso de una batalla que hasta entonces se inclinaba por completo en su contra. Al advertir el momento exacto en el que debía intervenir, Vlad hizo brillar sus ojos y salió disparado hacia adelante en un parpadeo, como una flecha.
"¡Huuup!".
Con cada embate feroz de la espada de Vlad, innumerables cabezas de cadáveres comenzaron a estallar en pedazos. Aunque hasta hacía un instante aquella marea negra parecía del todo imparable, el mundo verde condensado en la punta de la espada de Vlad ya no toleró más su avance.
¡Kuaaaaargh! ¡Aaaargh!
El faro dorado que se había arrojado sobre aquel mar tenebroso comenzó a oscilar de un lado a otro. Como si apenas hubiesen recobrado el sentido ante los violentos tajos de Vlad, varios globos oculares blanquecinos se abrieron desorbitados; sin embargo, este bosque en comunión con el Árbol del Mundo era ya, para Vlad, un espacio equivalente a su propio mundo interior.
"¡Vlad!".
Al ver cómo Vlad era sepultado por la masa de cadáveres renegridos, Baradis alzó su arco a toda prisa. No obstante, aquella alarma duró poco; antes de que pudiera disparar, Vlad ya se elevaba por los aires hacia el cielo, dejando bajo sus pies a la multitud de cadáveres que intentaba abalanzarse sobre él.
"... ¿Cómo?".
¡Kkiu!
El Caballero del Árbol del Mundo corría ascendiendo por la senda escalonada que le había creado el topo resplandeciente. Vlad, elevándose tan alto como el pulgar erguido de la pequeña criatura, ya saltaba por los aires en dirección al cadáver harapiento que había destrozado la empalizada.
"¡Haaaah!".
Era una monstruosidad demasiado descomunal como para cercenarla de un solo tajo, pero eso no importaba. Porque el mundo del Árbol del Mundo que él sostenía en ese instante era infinitamente más vasto que aquello. Lo que se apreciaba a simple vista era una sola espada, pero lo que albergaba en su seno era a Ausrina entera; y esa hoja se clavó en una fracción de segundo contra el cadáver harapiento.
¡Kuajik! ¡Krrrajjj!
¿Acaso no se vería exactamente así el ser aplastado bajo una roca gigantesca? La cabeza del cadáver harapiento, atravesada por la espada de Vlad, comenzó a triturarse de manera espantosa.
¡Kkweeeeeek!
A pesar de estar compuesto por la aglomeración de cientos de cadáveres, el peso de la espada resultó ser algo que la criatura fue totalmente incapaz de soportar. El cadáver harapiento agitaba frenéticamente sus dos brazos deformes, como si jamás hubiese previsto semejante pesadez, pero la espada que Vlad le había ensartado no albergó la más mínima vacilación.
"... Josef".
Porque, más allá de la ondulante marea de cadáveres, pudo distinguir con total claridad los ojos negros de Josef fijos en él. Aquel hombre que siempre le sonreía al mirarlo dentro de una habitación inundada de luz solar. Sin embargo, al verlo ahora de pie junto a los seres a quienes él aborrecía con toda su alma, Vlad soltó un rugido ensordecedor:
"¡Josef Bayezid!".
¡Kkwayyyik!
Incapaz de soportar la abrumadora presencia del Árbol del Mundo, el cadáver harapiento terminó por venirse abajo en un estrepitoso derrumbe. Junto a él, la silueta de Vlad precipitándose en medio de la horda de cadáveres parecía sumamente temeraria; no obstante, el matiz de la espada que alzaba en lo alto conservaba un resplandor verde de una pureza sobrecogedora.
'¡Salgan de mi bosque ahora mismo!'.
"¡Apártense del camino, bastardos!".
El clamor del dragón resonó rugiendo al unísono con el joven Árbol del Mundo. La espada de las estrellas y el dragón, colmada hasta el borde con aquel alarido conjunto, terminó por hender las entrañas del frondoso bosque.
¡Krrrrrr!
Fue exactamente como si una colosal espada del tamaño de una montaña descargara su golpe. Ante aquella visión donde la imponente presencia del Árbol del Mundo —demasiado vasta para quedar confinada en la mera figura de una espada— cubría los cielos, quebraba la tierra y partía en dos el mar renegrido, incluso los resucitados comenzaron a gritar despavoridos, consumidos por el terror.
"... Santo cielo".
Y Lamashtu pudo divisar, en el mismísimo epicentro de aquel cuadro de devastación, un horizonte dorado que cargaba directamente hacia ellos. Había sido un sol incapaz de elevarse bajo el cielo que representaba Frausen; pero ahora que él ya no estaba, su ascenso se antojaba imparable, como si nadie en este lugar tuviese el poder de frenar su avance.
"¡D-Deténganlo!".
"¡Ese tipo se abalanza sobre nosotros!".
"¡Protejan a Lady Lamashtu!".
Para frenar a Vlad, que cargaba con una violencia implacable, los caballeros decapitados se apresuraron a levantar un muro defensivo. Sin embargo, la fuerza a la que intentaban ponerle freno no era la de un simple espadachín, sino la voluntad misma del bosque.
¡Kradik! ¡Kkwayyyik!
Bajo el azote de la espada blandida por Vlad, los caballeros decapitados salieron despedidos hacia lo alto del cielo. Al recibir el impacto de un mundo colosal contra el que resultaba imposible oponer resistencia, fueron destrozados por completo y sus fragmentos salieron volando en todas direcciones.
"¡No se interpongan en mi camino!".
Destrozando a los caballeros decapitados y abatiendo a los magos negros que huían a la desbandada, ofreciendo dignos sacrificios para el Árbol del Mundo henchido de cólera, Vlad descubrió al fin a la mujer vestida de luto negro que le obstruía el paso.
"Claro. Tú también estabas aquí".
Al reconocer a Lamashtu, la mirada de Vlad destelló con una frialdad siniestra. Los círculos concéntricos negros posados sobre el mundo verde aún provocaban perturbaciones nefastas y profanaban el bosque, por lo que, al contemplar a Lamashtu, el mismo sentimiento brotó al unísono tanto en Vlad como en el Árbol del Mundo.
"... ¡Ya estoy harto de tus malditas artimañas!".
¡Kbaang! ¡Kbang! ¡Kbang!
Vlad avanzaba hacia ella haciendo pedazos los caracteres ominosos que se manifestaban en el aire frente a él. La barrera de Lamashtu, construida con las palabras sagradas de Dios dispuestas en orden invertido, era tan funesta como estremecedora; sin embargo, el joven Árbol del Mundo, soberano absoluto de esta tierra, se negaba a tolerar siquiera su mera presencia.
"¡Kgh!"
Incluso Lamashtu, quien siempre se mostraba tan confiada y llena de aplomo, no tuvo más remedio que fruncir el ceño profundamente ante el afilado embate de la espada de Vlad. Parecía que ni siquiera ella, situada más allá del mundo creado por Dios, podía ignorar la abrumadora presencia de Vlad, quien rugía con furia desatada justo frente a sus ojos.
"¡¿Por qué demonios tienes que andar haciendo semejante porquería?!"
Vlad recordaba con nitidez a las mujeres que habían muerto derramando lágrimas negras. Y también a la desdichada ramera a quien él mismo le había cerrado los ojos en aquella aldea cubierta de niebla. Aunque se dijera que no había persona en este mundo sin una historia a cuestas, los actos cometidos por ella eran en extremo perversos, y Vlad ya no deseaba presenciar semejantes escenas nunca más.
"¡Maldita perra!"
¡Crash!
Habiendo destrozado la última barrera entre violentos insultos, Vlad finalmente pudo plantarse ante el mundo que era Lamashtu. A sus espaldas, a lo largo del sendero labrado al unísono con la cólera del Árbol del Mundo, ya yacían cientos de cadáveres, y ninguno de ellos había conseguido frenar su avance.
"¡...!"
Al sentir la mano despiadada de Vlad desgarrando su velo, Lamashtu experimentó terror por primera vez en una eternidad. Porque justo ante sus ojos se alzaba una furia de dragón que ni siquiera Frausen, tras haber asimilado un fragmento perfecto, había sido capaz de reproducir jamás.
"¡Pide perdón incluso después de muerta, Lamashtu!"
"¡Kgh!"
En circunstancias ordinarias jamás la habría alcanzado, pero este lugar era Ausrina. Sobre aquel lienzo esmeralda, el dragón dorado que se revolvía fiero era una existencia facultada para desplegar sus alas cuanto quisiera, al menos dentro de este bosque.
"¡Vlad!"
La silueta de Vlad, empuñando su espada en alto mientras sujetaba a Lamashtu de los cabellos, era el vivo reflejo del bosque enfurecido. Al ver cómo Vlad intentaba atravesarlo todo concentrando en un único punto la cólera acumulada hasta entonces, Josef no pudo contener un alarido de desconcierto.
"¡Maldita sea!"
En el preciso instante en que la ira del Árbol del Mundo estaba a punto de desplomarse sobre la garganta de Lamashtu, Vlad sintió una energía sumamente familiar abriéndose paso hacia su costado.
Era la energía del maestro que había guiado a alguien como él hacia el mundo de la caballería.
"¡Mocoso imprudente y descerebrado!"
Un aura tempestuosa manaba del parche que llevaba Sir Zayar. La espada que se colaba hacia el flanco de Vlad albergaba, en efecto, la fiereza implacable con la que se doblegaba el ímpetu del campo de batalla, tal y como Vlad había aprendido de él.
¡Kraj!
Era una estocada de Zayar de la que Vlad jamás habría podido percatarse a tiempo, nublado como estaba por una ira desbordante y por la familiaridad de esa presencia. Habría sido un punto ciego indefendible para Vlad, de no ser porque en ese instante una raíz brotó del suelo en un parpadeo para interponerse.
"¡Sir Zayar!"
"¡...!"
Al ver la raíz que había frenado su hoja, Zayar puso una expresión de absoluta incredulidad. No obstante, este era un instante reservado a caballeros que se disputaban una fracción de segundo; aprovechando la brecha recuperada, del ojo izquierdo de Vlad comenzó a filtrarse, esta vez, su fulgor dorado original.
"Esa mirada insolente tuya sigue idéntica a la de siempre."
Vlad apartó bruscamente a Lamashtu tras arrojarla de los cabellos y aferró con presteza su espada con ambas manos. Porque el caballero llamado Zayar, al que él conocía, no era un rival tan blando como para enfrentarlo con un solo brazo.
"¡¿Por qué se interpone?!"
La punta de la espada de Zayar se abalanzaba con ferocidad. Siendo un hombre capaz de ocultar innumerables intenciones tras dar un solo paso al frente, logró contener a Vlad, aunque solo fuera por un efímero instante.
"Porque aún no es el momento."
Tras cerciorarse de que Josef huía sosteniendo a Lamashtu, Zayar volvió a avanzar resueltamente contra Vlad. Al ver cómo sus siluetas se distanciaban, Vlad blandió su acero con vehemencia, pero aquel hombre llamado Zayar poseía una técnica magistral capaz de desviar y disipar el ímpetu de cualquier adversario.
¡Clang! ¡Claaaang! ¡Clang! ¡Clang!
"¡Kh-ack!"
Aun cuando semejante ímpetu superaba con creces sus propias previsiones.
"Qué clase de espada es esta..."
Aunque Zayar intentó burlarse como solía hacer siempre, sus brazos ya temblaban con violencia hasta las muñecas. Aquel furor de Vlad era algo imposible de contener con una sola espada; no obstante, si Zayar se obstinaba en resistir a duras penas, se debía a que él también era un caballero consagrado a cumplir la voluntad de su señor.
"¡Le he dicho que se quite! ¡Por favor!"
"¡No puedo!"
Los pocos magos negros supervivientes comenzaron a desvanecerse en medio de una densa humareda junto con Lamashtu. Al ver a Josef desaparecer junto a ellos, Vlad apretó los dientes y lanzó tajos furibundos; sin embargo, el caballero Zayar que obstruía su paso era un maestro absoluto de las técnicas de contraataque y un esgrimista dotado de un juego de pies prodigioso.
"Aún no es el momento, Vlad. Todavía no..."
La voz de Zayar, susurrada en voz baja como si solo pretendiera que él la escuchase, revoloteó cerca de sus oídos. Por desgracia, aquellas palabras parecieron no alcanzar a Vlad, quien se encontraba plenamente absorto en su propio mundo interior.
"¡Aaaaagh!"
Viendo cómo Lamashtu y Josef se desdibujaban en la lejanía, Vlad estalló en un bramido colérico. Aunque el joven Árbol del Mundo no lo había consentido, los magos negros, habiendo abierto una brecha a la fuerza, finalmente lograron encontrar una vía de escape hacia el exterior del bosque.
"¡Le he dicho que se quite, por favor!"
En aquella encrucijada donde no cabía otra alternativa, Vlad tuvo que evocar el voto que había jurado. Ocupar el lugar que le correspondía y cumplir con el deber asignado. Hacerlo por el bien de las jóvenes posibilidades que aquellos desalmados volverían a arrebatar.
Para lograrlo, llegaba el momento en que debía abatir incluso al maestro al que tanto respetaba.
¡Kraj!
Incapaz de desviar el golpe a tiempo, la punta de la espada de Vlad acabó atravesando de lleno el cuerpo de Zayar. La pesada inercia empujó su silueta vencida hasta clavarla contra el árbol situado a sus espaldas; sin embargo, a pesar de ello, Zayar sonreía.
"¡Kgh! ¡Cof!"
Aunque solo hubiera sido por un breve instante, Zayar, tras haber frenado la furia del bosque con todo su cuerpo, había conseguido granjearle a Josef una valiosa fracción de tiempo.
"...Oye, mocoso. Te está sangrando la nariz."
En los ojos de aquel caballero que había cumplido su misión, ya solo se reflejaba su discípulo, quien derramaba lágrimas justo delante de él.
"Abre los ojos deprisa. No sé qué pasa, pero la carga que soportas parece enorme."
Ensartado por la espada de Vlad contra el tronco del árbol, el aspecto de Zayar resultaba desolador. Con todo, parecía que para aquel hombre, justo después del señor al que debía lealtad, se encontraba su único discípulo.
"Sir Zayar."
"Al final, parece que este día tenía que llegar."
Al ver a Zayar palidecer progresivamente al ritmo en que se le escapaba la sangre, Vlad por fin abrió el ojo izquierdo que mantenía cerrado. En el instante en que aquel mundo, inasumible para un simple ser humano, se desprendió de su ser, un dolor agudo y desgarrador recorrió el cuerpo entero de Vlad; pese a ello, el joven se esforzó con desesperación por sostener a Zayar.
"Mocoso insolente. Creciste demasiado rápido..."
A través de la visión cada vez más borrosa de Vlad, se distinguía la sonrisa de Zayar. Vlad abrió los ojos de par en par tratando de no perder de vista aquella figura que se antojaba sumamente frágil, pero ni siquiera un cuerpo templado por el dragón podía albergar con ligereza una entidad de la magnitud del Árbol del Mundo.
"...Podría habérmelo dicho a mí."
Pronunciar aquellas palabras que tanto tiempo había guardado en su pecho fue el límite de sus fuerzas.
"A mí, al menos, pudo habérmelo dicho."
"Lo siento."
En medio de una penumbra que se cerraba como un telón negro sobre su vista, la última escena que contempló Vlad fue la mano de Zayar dándole unas suaves palmaditas en la cabeza. Sujetando con fuerza la solapa de Zayar, Vlad inclinó lentamente la frente y se dejó caer hacia él, como si le suplicara en silencio que no se marchara.
\['Gracias.'\]
El cielo lucía despejado y soplaba una brisa fresca en aquel día. Aunque a su alrededor resonaban los alaridos coléricos de los elfos y los gritos desgarradores de la contienda, el único sonido que alcanzó a escuchar Vlad, desplomado tras haber concluido su cometido, no fue otro que el susurro del joven Árbol del Mundo, invitándolo con dulzura a descansar.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 244
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 243
Estás leyendo el capítulo 243 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.