Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*Ras... ras...\*
El tenue rasgueo de una pluma de ave al surcar el papel rompía la quietud de aquel sobrio despacho. El mobiliario y los enseres que vestían la estancia poseían un valor incalculable; no obstante, carecían de adornos ostentosos o vanas extravagancias.
"¿Vlad, dices?"
"Sí, padre."
Una voz sosegada pero henchida de vigor llenó el recinto.
"Bien. Hasta la fecha, a excepción de Zayar, a quien te encomendó tu madre, no habías tenido a nadie digno de mención a tu lado."
"..."
Cejas espesas y pronunciadas, labios firmemente sellados y una cabellera azabache, rígida y entrecana. Mas la mirada penetrante e incandescente del conde convertía aquel blanco invasor no en un signo de decrepitud, sino en el testimonio irrefutable de su vasta experiencia.
"Si esta vez logras forjarlo sin tacha como un caballero intachable de la Casa Bayezid, te otorgaré una recompensa."
"Se lo agradezco, padre."
"Sé de sobra que tu mayor virtud no reside en la espada; aun así, jamás olvides que este lugar es Bayezid."
"... Sí."
Decía que lo recompensaría, mas aquellas palabras entrañaban al mismo tiempo una tácita reprimenda hacia Josef por no haber sido capaz de formar ni incorporar a caballeros competentes hasta el momento.
"... ¿Cómo te encuentras de salud?"
"Me encuentro bien."
"Pasa a presentar tus respetos a tu madre de camino. Ha estado contando los días, aguardando con ansia tu regreso."
"Así lo haré."
Josef esbozó una sonrisa amarga al comprobar que su padre solo inquiría por su bienestar una vez concluido el informe por completo. Era innegable que una punzada de desazón le oprimía el pecho, pero lo comprendía a la perfección. Josef ya no era un niño pequeño y entendía con creces el abrumador peso que conllevaba la dignidad de conde de Bayezid.
"Puedes marcharte. Nos veremos mañana por la mañana."
"Entendido, padre. Que descanséis."
Mientras Josef se retiraba con reverente cortesía, Peter no pasó por alto un detalle.
"..."
Advirtió que su hijo cojeaba levemente al andar.
"... Habrá que ordenarle algún tónico medicinal."
"Si lo hacéis, se alegrará enormemente. Y la señora Oksana también."
"Es una mujer que se desvive ciegamente por su hijo. Que Josef haya logrado forjarse tal temple e independencia se debe, pura y llanamente, a la firmeza de su propio espíritu."
Peter Bayezid. Quinto patriarca de la Casa Condal de Bayezid y uno de los caballeros más ilustres que representaban el norte. Sostenía sobre sus hombros una carga tan colosal que ni siquiera ante su propio vástago podía permitirse mostrar con ligereza el semblante de un padre.
"¿Qué opinas del informe de Josef?"
"... Deberíais sopesarlo con suma gravedad. Se trata de una sucesión de hechos verdaderamente anómalos."
"Hum."
Peter tomó una vez más el legajo redactado por Josef y reanudó la lectura. Los sucesos revelados bajo la trémula luz de las velas eran aciagos y, desde luego, imposibles de desestimar a la ligera.
"Atreverse a poner las manos sobre el hijo legítimo de la Casa Bayezid en mis propias tierras... Es imperativo dar con los instigadores en las sombras."
"Solicitad auxilio a la Iglesia. La espada de un caballero resplandece con fuerza, pero cuando se trata de disipar tinieblas tan profundas, la gracia de la Iglesia suele ser más eficaz."
Ante el pausado consejo, Peter asintió.
"¿No ha llegado ningún reporte particular de la Iglesia de Barna?"
Inquirió Peter, clavando la mirada en el anciano que aguardaba de pie a su lado.
"Ha llegado un primer informe transmitido a través del orbe mágico."
"¿Y qué han dictaminado?"
Aquel anciano de barba nívea se cubría con una larga túnica. Se trataba del único mago al servicio de la Casa Bayezid y, al mismo tiempo, el consejero más cercano de Peter.
"Aseguran que se trata de una intrincada conjunción entre la resurrección de los muertos y artes de maldición. Sugieren que podría ser la obra de un hechicero oscuro de excepcional maestría, o bien el fruto de una conjura urdida por dos o más nigromantes."
"Ufff."
Tras escuchar las palabras del mago Ragmus, su leal consejero, Peter dejó escapar esta vez un suspiro más prolongado.
"Si son dos o más, bien podría tratarse de una organización o de una facción entera."
"Así es."
Peter plegó con esmero el pliego que Josef le había entregado y lo depositó en el cajón bajo el escritorio.
"Aun así, nada habrá de cambiar."
\*Chirrido.\*
El chirrido de la silla al retroceder rasgó con aspereza la gélida calma del despacho.
"La Casa Bayezid permanecerá siempre erguida e inquebrantable en este lugar."
El señor y patriarca de la Casa Bayezid se alzó en medio de la penumbra.
"Y contra aquellos que osen entorpecerlo, estamos preparados para actuar sin contemplación alguna."
"Tenéis todo el derecho y la autoridad para proceder de tal modo."
En uno de los muros descansaba una librería repleta de tomos encuadernados. En el opuesto, relucían una armadura resplandeciente y espadas de filos impecables. Peter encaminó sus pasos hacia el expositor de las armas antes de añadir:
"Confío en que des con premura con aquellos miserables que osaron amenazar a mi hijo y sembrar el caos en mi feudo."
"Así se hará, señor conde."
Una frialdad implacable y cortante centelleaba en los ojos del conde Bayezid mientras acariciaba el pomo de su espada.
\* \* \*
"¿Habéis aguardado mucho? La noche se ha cerrado ya."
"No es molestia alguna."
Vlad y Goat, que habían esperado pacientemente a Josef en la sala de recepción, se pusieron en pie con presteza e inclinaron la cabeza ante su llegada.
"El informe a mi padre se prolongó más de lo debido... y, por añadidura, mi madre no estaba dispuesta a dejarme marchar con facilidad."
Comentó Josef, esbozando una sonrisa apenada.
"¿Tienes sueño?"
"En absoluto."
Zayar, inmóvil junto a ellos, no pudo evitar soltar una risita por lo bajo al contemplar a Vlad. Aunque el muchacho lo negara con aplomo, en sus pupilas azules resultaba imposible disimular el peso de un profundo agotamiento.
"Ahhh."
Josef soltó un leve quejido de fatiga mientras reclinaba pesadamente la espalda contra el respaldo del sillón.
"Goat, ¿verdad?"
"¡Sí, mi señor Josef!"
Al escuchar su nombre, Goat alzó la mirada henchido de una evidente expectación; sin embargo...
"Se ha dispuesto una alcoba para ti; retírate a descansar allí. Mañana hablaremos de tu compensación."
"... Sí, mi señor."
Lo único que recibió fue una sobria orden de retiro. Ante la indicación de Josef, Goat abandonó la estancia con el semblante tan compungido como el de un can al que han despojado de su hueso.
"Bien, pasemos ahora a tratar nuestros asuntos."
Josef entrelazó los dedos de ambas manos y clavó la mirada en Vlad.
"Diga lo que tenga que decir."
Tras la marcha de Goat, en la sala de recepción únicamente quedaban Josef, Zayar y el propio Vlad.
"Te he traído hasta aquí para otorgarte la compensación justa que te corresponde."
Vlad tragó saliva de manera involuntaria ante el repentino cambio en la atmósfera. Josef, quien hasta hacía solo un instante sonreía con distendida llaneza, proyectaba ahora en cada gesto la estampa indiscutible de un auténtico noble.
"Salvaste mi vida y, a cambio, acordaste consagrarme tu espada a partir de ahora. ¿Es correcto?"
"Así es."
Vlad asintió ante la lúcida síntesis con la que Josef expuso los hechos.
"Manifestaste que tenías asuntos pendientes por resolver, lo cual interpreté como que debías gozar de libertad para actuar. ¿Me equivoco?"
"Está en lo cierto."
"Afirmas que me consagrarás tu espada, mas a la vez exiges conservar tu libertad; dos premisas que chocan de manera irreconciliable. Ese es el punto neurálgico que debemos esclarecer aquí y ahora."
Al escuchar de nuevo las osadas condiciones planteadas por Vlad, Zayar arqueó una ceja, mas prefirió guardar silencio. Aquella estancia se había convertido en el terreno de negociación entre Josef y Vlad, y el muchacho rubio se había ganado el legítimo derecho de ocupar ese asiento al haberle salvado la vida a su señor.
"¿Cuál es el motivo por el que deseas ser libre? ¿Qué pretendes hacer exactamente? Si me lo dices, podré calcular con precisión lo que debo otorgarte".
"……".
Al escuchar las palabras de Josef, Vlad guardó silencio, sumido en hondas cavilaciones.
'¿Estará bien si lo confieso todo? ¿Acaso Josef es un hombre digno de confianza?'
Vlad contempló los ojos de Josef, que relucían más allá de la llama de la vela. Allí aguardaba una oportunidad. Y si existía una oportunidad, no había razón alguna para vacilar. Vlad había vivido de esa forma hasta ese preciso instante.
"……".
A espaldas de Josef descendía la luz de la luna. Más allá de la ventana, allí reposaba el astro nocturno, derramando un fulgor azulino idéntico al de aquel fatídico día.
"…… ¿Conoce al caballero llamado Godin? Es un hombre que sirve al conde Gaidar".
Desde aquel aciago día, Vlad no lo había olvidado ni por una sola fracción de segundo. Era el hombre que había asesinado a su benefactor, aquel que había hecho añicos el mundo bajo sus pies, y también la persona a la que inevitablemente no podía evitar admirar. Porque Godin era el ser más fuerte y deslumbrante que Vlad había presenciado jamás.
Hasta entonces, el muchacho había corrido persiguiendo aquella luna.
"……".
Hacía apenas un instante, Vlad era quien vacilaba antes de hablar, pero esta vez fue Josef quien se quedó sin palabras, incapaz de articular sonido alguno. Y no se trataba solo de Josef. Al brotar de los labios de Vlad nombres de semejantes colosos, figuras en las que jamás habrían osado pensar, Zayar también abrió los ojos de par en par, consumido por el asombro.
"Godin…… Gaidar……".
Josef se hallaba a la deriva en un desconcierto verdaderamente difícil de asimilar. Había creído que no se trataba más que de un mocoso útil, pero al contemplarlo ahora, descubría que cargaba tras de sí con un trasfondo extraordinario; aun cuando fuese una singularidad nacida del rencor.
"…… ¿Así que aquel desconocido que destruyó La Sonrisa de la Rosa era el caballero Godin?".
Josef se pasó la lengua por los labios resecos y se hundió en hondas cavilaciones.
"Ya veo".
Y entonces, tomó una determinación.
"No puedo ayudarte. Ellos se encuentran fuera de la esfera en la que mis manos pueden intervenir".
"…… Ya veo".
Vlad tragó saliva amarga y asintió. Era lo más lógico. Aunque desconocía el mundo de la nobleza, Josef no era más que el hijo de un conde, y en este mundo debía de haber innumerables personas situadas en alturas mucho mayores. En cierto sentido, era un desenlace previsible, de modo que Vlad lo aceptó con humildad. No sentía más que gratitud hacia Josef por habérselo expuesto con franqueza.
"En ese caso……".
"Modificaré el contrato".
Vlad tenía la intención de solicitar algo razonable que no transgrediera las normas de la cortesía y marcharse, pero Josef no albergaba el menor deseo de dejar ir al muchacho con tanta ligereza. Porque Josef era quien había presenciado el deslumbrante potencial del joven más de cerca que nadie.
"Te propongo un contrato de siete años, Vlad de Shoara".
"¿Cómo?".
Ante semejante propuesta imprevista, no solo Vlad, sino también Zayar se quedó perplejo.
"Quizá no lo comprendas del todo, pero en este instante he dejado a un lado mi orgullo como noble. Grábate bien en la memoria que este proceder obedece a una determinación colosal".
"……".
Si bien era cierto que había relegado su orgullo aristocrático, aquello también constituía una decisión forjada bajo un minucioso plan. Josef estaba poniendo sobre la mesa la segunda alternativa que tenía reservada de antemano.
Vlad no alcanzaba a desentrañar con exactitud las palabras de Josef, pero comprendió que lo que el noble hacía era sumamente inusual. Y lo supo porque la presencia de Zayar, de pie a sus espaldas, se tornaba feroz a cada segundo.
"Durante estos siete años, pienso vestirte, alimentarte y adiestrarte hasta moldearte en un caballero magnífico que no deba inclinarse ante nadie en ninguna parte. A ti, que me has salvado la vida, te prometo un porvenir deslumbrante".
"Un caballero……".
Vlad quedó prendado por la honda resonancia que poseía la palabra brotada de los labios de Josef. Por ello, sin percatarse, repitió aquel vocablo como un eco.
"Así es. Un caballero. ¿Acaso no deseas convertirte en un caballero?".
Josef comprendía a Vlad a la perfección. Sabía con suma precisión qué era lo que el muchacho anhelaba poseer y qué deseaba en lo más recóndito de su ser.
"A cambio, durante este período me guardarás absoluta lealtad. Harás únicamente lo que yo te encomiende y acometerás solo aquello que te sea permitido. Por descontado, nada podrás hacer respecto a Godin o la Casa del conde Gaidar".
"…… Pero yo".
Era un ofrecimiento formidable, mas en el corazón de Vlad gravitaban otras ataduras más allá de Godin. En la mente del muchacho afloraron los rostros de aquellos que debían de encontrarse en ese añorado rincón.
"Si se trata de asuntos concernientes a los callejones de Shoara, lo autorizaré. E incluso podría prestarte mi ayuda en ello".
"……".
"He oído que esa chiquilla llamada Jemina se encuentra en el convento ahora mismo".
"…… ¡!".
Al ver los ojos desorbitados de Vlad, Josef sonrió para sus adentros. Durante todo aquel tiempo, Josef había desgranado al milímetro al muchacho: el pasado que había vivido, el presente en el que se hallaba inmerso y el futuro en el que anhelaba convertirse. Y es que era, en verdad, una pieza de lo más codiciable.
"Aun si regresaras con nada más que una solitaria espada en mano, ¿crees de verdad que podrías erradicar a quienes dominan los callejones a su antojo?".
Josef se recostó contra el respaldo de su asiento y prosiguió:
"En este mundo, las espadas no son lo único dotado de filo. Yo también poseo mis propias armas. Te ayudaré".
Vlad clavó la mirada en aquellas pupilas negras que tenía frente a sí.
"¿Qué harás, Vlad? ¿Aceptarás mi propuesta?".
La mirada de Josef era tan intensa que parecía capaz de devorarlo todo a su paso.
\*\*\*
Nada más salir Vlad del salón de recepción, Josef habló:
"Vaya un mocoso con miras colosales".
"¿Acaso existe un motivo de peso para que vos os empeñéis con semejante ahínco, milord? Aparte de ese mozo, habrá tantos otros chiquillos útiles como deseéis".
"Quizá sea así".
Josef inclinó la botella de whisky y sirvió la última copa que quedaba.
"Cualquier cachorro encierra potencial, pero lograr que florezca es un asunto enteramente distinto".
"¿Creéis vos que ese mozo será capaz de colmar las expectativas de milord Josef?".
"Desde luego".
Josef contestó mientras contemplaba el exterior a través de la ventana. Allá afuera se alzaba una luna azul.
"Siete años no es un período en absoluto breve. Es un lapso más que suficiente para ponerle una correa al cuello, y un tiempo bastante holgado para engatusarlo y moldearlo a voluntad".
"Aun así……".
"Además, ese muchacho no es un lobo ordinario".
Josef contempló la luna que ascendía y apuró el último trago.
"Era un lobo que perseguía la luna".
Dentro de la copa que Josef observaba, yacía reflejada la luna azul.
"Posee una templanza inquebrantable, tiene potencial y sus aspiraciones son elevadas, de modo que ese mozo alcanzará la grandeza sin margen de error".
Mirando la luna azul apresada en el licor del vaso, Josef la vació en su garganta de un solo golpe.
"A semejante pieza no se la puede dejar escapar a la ligera".
Un muchacho que se había fijado como objetivo al caballero del fulgor lunar azulino. Josef ignoraba si aquel joven sería capaz de quebrar verdaderamente la luna, pero estaba convencido de que, como mínimo, se transformaría en una de las estrellas que se alzaban en el firmamento nocturno. Porque los ojos del muchacho miraban hacia las alturas más remotas del cielo.
"Ese chiquillo ahora me pertenece".
Siete años bastarían con creces. Lo suficiente como para forjar una jaula de dimensiones tan vastas que el lobo se sintiera en total libertad.
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• Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 24
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 23
Estás leyendo el capítulo 23 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.