Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 238 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
\*Drrrr...\*
Era una vibración insólita. Un temblor incesante que parecía a punto de extinguirse solo para reanudarse una y otra vez. Ante una sacudida que se prolongaba demasiado como para tratarse de un simple terremoto, el hombre que permanecía sentado, inmóvil cual cadáver, abrió con lentitud los ojos.
"......Al final, las cosas han llegado a esto".
Se hallaba en un recinto tenebroso en el que no penetraba ni un ápice de luz. Sin embargo, Frausen se puso de pie con total naturalidad, como si sus ojos fueran perfectamente capaces de ver a través de la negrura.
"Sarnus".
El mundo de Frausen hacía tiempo que había perdido su luz. No obstante, a través del fragmento incrustado en su pecho, todavía le era posible atisbar el mundo del dragón. En aquel preciso instante, a través de su cerrado ojo izquierdo, cobraban forma la silueta de Sarnus adoptando de manera gradual el porte de un dragón y la imagen de Vlad intentando huir de sus garras.
"Al final rompiste el pacto conmigo y devoraste el fragmento de dragón".
Tras contemplar la escena con semblante pétreo, Frausen esbozó una tenue sonrisa. La presencia cada vez más densa del dragón más ancestral y el vestigio del dragón más perfecto que intentaba escapar de él. Al ver cómo todo se desenvolvía con idéntica precisión a los vaticinios que había concebido en el pasado, Frausen sintió una sensación rayana en el vacío.
"Sin saber siquiera que se trataba de veneno".
Tras pronunciar aquellas últimas palabras, Frausen se incorporó con sigilo y se plantó ante la puerta que daba al pasillo. Puesto que el dragón más ancestral se había tragado al fin el fragmento custodiado por la corte imperial, había llegado el momento de ponerse en marcha.
"Después de todo, hice bien en dejarte con vida, Sarnus".
Al abrir la puerta de par en par, lo único que le dio la bienvenida fue la misma oscuridad impenetrable; aun así, avanzó pisando las sombras extendidas sobre el suelo, sin la más mínima vacilación. Puesto que a lo largo de aquel camino había olvidado demasiadas cosas, ya era hora de poner punto final a las semillas que él mismo había sembrado.
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\*¡Fsssh!\*
Junto al chisporroteo de una cerilla al encenderse, la lumbre disipó las sombras del angosto foso. En aquel túnel tan estrecho y profundo que los obligaba a rozarse hombro con hombro, los miembros del grupo por fin pudieron reconocerse los rostros y soltaron un hondo suspiro de alivio.
"¿Qué demonios significa todo esto? ¿Por qué se abrió un agujero de repente?".
"Yo qué sé. Si tú, que eres mago, no lo sabes, ¿cómo voy a saberlo yo?".
"¡Maldita sea! ¡Casi me meo encima!".
Radu, que había caído en picado durante un buen rato, sacudió la cabeza con violencia, como si no quisiera ni evocar aquel instante. Sin embargo, en contraste con aquella espantosa sensación de caída en el vacío, ninguno de ellos presentaba la menor herida. Se encontraban completamente ilesos, y la razón de ello era, con toda seguridad, aquel diminuto topo que todavía despedía destellos de luz.
"¡Kiuuu!".
Al recuperar por fin el juicio, las miradas del grupo convergieron de forma instintiva hacia Vlad. Para ser exactos, se clavaron en el topo resplandeciente que permanecía encaramado sobre su cabeza.
"¿Qué es esa asquerosa rata?".
"No es una rata, es un topo. Un topo".
"¿Y por qué demonios brilla si es un topo? ¿Acaso se cree que es una luciérnaga?".
Al contemplar la insólita estampa del animal, los hombres comenzaron a murmurar entre ellos. No obstante, la criatura se encogió de hombros e hinchó el pecho, como si creyera que le estaban dedicando elogios. Al verlo pavonearse con semejante orgullo, Nibelung no pudo evitar meter la mano en el bolsillo para ofrecerle un mendrugo de pan.
"......Me estás tirando todas las migas encima, desgraciado".
Vlad, habiendo recobrado la conciencia por completo hace apenas un instante, frunció el ceño con severidad mientras miraba hacia arriba al topo, que masticaba y royó el pan sobre su coronilla con entusiasmo. Con todo, a pesar del incordio que suponía, era incapaz de bajarlo de allí, pues era plenamente consciente de qué destino les habría aguardado de no haber existido aquel conducto subterráneo.
"Pero bueno, ¿hacia dónde vamos ahora?".
"Habrá que preguntárselo al que cavó esto, digo yo".
El camino era uno solo, pero el túnel perforado se extendía en dos sentidos opuestos: hacia adelante y hacia atrás. Indeciso sobre cuál convenía tomar, Vlad levantó un dedo y le propinó un codazo hosco al costado del topo.
"Oye. ¿Por dónde hay que ir ahora, enano?".
"¡Kiuuu!".
Sobresaltado por la punzada firme del dedo de Vlad, el topo enderezó la postura de inmediato y, alzando uno de sus cortos bracitos, señaló hacia una dirección concreta. A pesar de que el foso estaba sumido en una densa oscuridad, el punto hacia el que apuntaba correspondía a la montaña hacia la que antes habían intentado huir, el mismo rumbo que había tomado la tribu Luga tras abandonar la ciudad.
"En marcha".
Una vez fijado el trayecto, Vlad alzó brevemente la vista para contemplar la abertura por la que se habían precipitado. Allá arriba, el suelo destellaba a través del hueco como una grieta abierta en un telón azabache. Al evocar la figura del Duque de la Sangre de Dragón que sin duda aguardaba en la superficie, Vlad apartó la mirada con esfuerzo y comenzó a avanzar en la dirección indicada por la criatura.
'Perdóname por haberte obligado a huir en mi lugar, Kihano'.
\['......No te preocupes'\].
En contraste con las complejas emociones que le atenazaban el pecho, el túnel excavado por el topo se extendía en una línea perfectamente recta. Reconfortado por el simple hecho de tener un camino despejado por el cual avanzar sin necesidad de cavilar, Vlad le dedicó en silencio unas palabras de sincera gratitud a Kihano por haber asumido su carga.
\*\*\*
Al salir al fin del pasadizo subterráneo, el primer sitio en el que el grupo asomó la cabeza fue en las faldas de la montaña que habían divisado con anterioridad. Se trataba de una elevación no muy distante de la ciudad de Namarka, un punto lo bastante alto como para distinguir con claridad, a lo lejos, la marea ennegrecida de las huestes de Dragulia.
"Habéis logrado sobrevivir".
Allí mismo, Vlad se encontró con la Gran Madre de la tribu Luga, quien lo estaba esperando. A pesar del peligro de delatar su posición, la anciana mantenía encendida una pequeña hoguera humeante y su frente se hallaba perlada de sudor frío, señal inequívoca de que acababa de desplegar sus artes místicas.
"Vaya, si es un espíritu de la tierra. No imaginé que respondería una criatura como esta".
La Gran Madre contemplaba con ojos brillantes y fascinados al topo posado sobre la cabeza de Vlad.
"¿Fue usted quien lo convocó, Gran Madre?".
"Fui yo quien hizo la llamada, pero...... ni en mis cálculos entraba que fuera a emerger un auténtico espíritu de la tierra".
Por ser inexplicable se le llamaba misterio, y por escapar a toda previsión recibía el nombre de magia. Aunque era indudable que aquel prodigio había sido fruto del poder que ella misma había invocado, la matriarca de la tribu Luga no podía ocultar su asombro ante el animalillo, dejando claro que el resultado había rebasado por completo sus propias expectativas.
"Parece evidente que existía un lazo predestinado entre vosotros dos. Para poder doblegar y guiar a una entidad de semejante calibre, lo habitual es tener que realizar un sinfín de minuciosos preparativos".
A pesar de ser una simple conjetura, sus palabras daban en el blanco. El topo resplandeciente había descendido hasta aquellas tierras desde Dobrechti, siguiendo la gran cordillera montañosa que nacía en los confines del norte. Que hubiera sido capaz de recorrer una distancia tan colosal en un abrir y cerrar de ojos no solo se debía al misterio sembrado por la Gran Madre, sino a la conjunción entre la latente posibilidad del Árbol del Mundo imbuida en la Espada Matadragones y el lazo del destino que lo unía a Vlad.
"¿Kiuuu?".
En medio del breve silencio que siguió tras concluir la conversación, resonó el chillido del topo, como si preguntara qué debían hacer a partir de ahora. Al oírlo, Vlad miró a su alrededor y habló:
"—En total, ¿cuántos son?"
"Aproximadamente unos trescientos."
"¿Tienen algún lugar adonde ir?"
Vlad se rascó la mejilla mientras contemplaba a los refugiados de la tribu Luga congregados unos junto a otros. Sin embargo, ante la pregunta de si tenían algún destino al que dirigirse, la Gran Madre se limitó a sacudir la cabeza sin pronunciar palabra.
"Todo esto no es más que la condena por haber perdido nuestro hogar. A menos que sea una tierra en la que hayamos echado raíces, ¿dónde nos recibirían con agrado?"
La raza de las bestias: repudiados por la Iglesia por valerse de misterios arcanos y expulsados por los humanos comunes debido a su aspecto diferente. Su historia no era sino una constante crónica de errancia; y aunque al menos habían logrado acomodarse de forma temporal en una tierra carente de raíces como Namarka, acabaron perdiendo incluso aquellos míseros callejones debido a la irrupción de los dragones.
"Aun así, por ahora salgamos de aquí. Si nos desplazamos hacia el norte, encontraremos alguna salida."
Vlad no pudo evitar sentir una pesada carga de responsabilidad al contemplar a los miembros de la tribu Luga que habían perdido su sustento por su culpa. Sabiendo, no obstante, que primero debían abandonar aquel sitio, alzó la vista hacia el topo que descansaba sobre su cabeza.
"Quisiera avanzar lo más al norte posible."
"¿Kyuu...?"
"¿No habrá algún lugar al que pueda llevar a toda esta gente?"
Ante las palabras de Vlad, el topo resplandeciente comenzó a dar golpecitos con las patas como si estuviera reflexionando con suma gravedad. A Vlad no le agradaba en absoluto el espectáculo que montaba sobre su cabeza, pero dado que aquel animalejo era el único capaz de mostrarles una ruta, no le quedó más remedio que reprimir con paciencia la irritación que brotaba en su pecho.
"...Piensa rápido."
Ante el frío apremio de Vlad, como si por fin se le hubiera ocurrido una idea, el topo rodó hacia abajo desde su cabeza y se plantó frente a la madriguera que él mismo había cavado.
"¡Kyu-kyuu!"
Agitaba sus cortos bracitos como indicando que debían ir por allí. Al contemplar los diminutos pero enérgicos aspavientos del topo, Vlad y la Gran Madre de la tribu Luga intercambiaron miradas.
※※※※
Era una estancia provista de un amplio ventanal a través del cual se filtraba una cálida luz solar. Josef examinó con detenimiento los ornamentos de la habitación bañados por aquel resplandor y alzó con parsimonia la taza de té que tenía enfrente.
"Parece tener un profundo interés en las costumbres y el arte de los elfos."
La estancia que Josef contemplaba a su alrededor estaba abarrotada por entero de piezas decorativas pertenecientes a dicha estirpe. Aquellos objetos, que a simple vista denotaban una factura extraordinaria, poseían una elegancia clásica tan cotizada que asegurarían una auténtica fortuna si salieran a subasta en ese mismo instante.
"Hubo un tiempo en el que así era. En el pasado, me desvivía por complacer sus caprichos."
Junto con esas palabras, el Conde Bitskaya posó la taza que sostenía y le dedicó una sonrisa a Josef, sentado frente a él. Quizás por haber bebido con avidez, las gotas del brebaje adheridas a su barba canosa lucían de un negro azabache.
"Eran días en que los bienes enviados por los elfos constituían los productos más célebres de mi feudo y representaban el aliento vital de mi economía. Aunque, por supuesto, hoy en día todo eso se ha arruinado de forma deplorable."
La ciudad de Tanovo, en otro tiempo el gran epicentro del comercio con los elfos, se hallaba ahora sumida en una decadencia absoluta. El Conde Bitskaya, señor de aquellas tierras, pareció revivir la amargura de antaño, pues se pasó la lengua por los labios antes de proseguir:
"Esos malditos elfos cortaron el comercio a su antojo y el Duque de la Sangre de Dragón volcó sobre nosotros todas las sospechas concernientes al absilon. Por mucho temple que tuviera, ¿qué margen me quedaba para resistir?"
Mientras desahogaba sus lamentos, el Conde Bitskaya comenzó a observar con disimulo las reacciones de Josef. Resultaba una escena irrisoria que un conde de su alcurnia tuviera que andar midiendo el semblante de un hombre repudiado por su propio linaje, pero las circunstancias actuales no permitían andarse con semejantes remilgos.
"Sin embargo, puesto que se han presentado quienes me tienden una mano auxiliadora justo a tiempo, parece que no está escrito que uno deba perecer sin remedio."
"¿Así le parece?"
Y es que el hombre llamado Josef, sentado frente a él, no era otra cosa que un emisario enviado directamente por las tinieblas más absolutas. Ahora que todo el respaldo suministrado por el Duque de la Sangre de Dragón se había cortado por completo, el Conde Bitskaya sabía muy bien que necesitaba imperiosamente la ayuda de aquellos seres para asegurar la supervivencia de su feudo y monopolizar de nuevo los recursos que representaban los elfos.
"Llámese Árbol del Mundo o como sea, pueden tomar cuanto deseen de las tierras élficas. Mientras dure la empresa, no escatimaré en brindarles tierras donde asentarse, provisiones ni ningún tipo de recurso."
"..."
Josef, que escuchaba las palabras del conde, se limitó a contemplarlo fijamente en silencio. Quizás porque los efectos del té que acababa de ingerir comenzaban a manifestarse, los ojos del noble empezaron a relucir con un tinte cada vez más oscuro. Ante esa mirada que no disimulaba en absoluto su codicia, Josef asintió con la cabeza en señal de conformidad.
"Entendido."
Por naturaleza, la oscuridad solía aproximarse cuando el individuo se hallaba en el abismo más sombrío. Cuando resultaba imposible escapar por cuenta propia y nadie acudía al auxilio, era precisamente la oscuridad la que se acercaba en silencio para vendarles los ojos.
"Transmitiré con fidelidad la firme determinación de Su Excelencia."
Por eso la gente no tenía más opción que estrechar sus manos; porque acudían en los momentos de mayor desamparo y ofrecían con exactitud milimétrica lo que el corazón anhelaba. Como el barón de Mosiam, que buscaba desesperadamente salvar la vida de su pequeño hijo; o como él mismo, que pronto estaría abocado a la muerte. La mano de Lamashtu, tendida en el momento más oportuno, constituía una tentación tan vehemente que a cualquiera le resultaba imposible resistirse.
"¡Te lo agradezco! Si este asunto llega a buen puerto, descuida, que sabré recompensarte con creces."
Viendo al Conde Bitskaya asentir con fervor mientras reiteraba su gratitud una y otra vez, Josef volvió a extender la mano hacia la taza de té que había dejado a un lado. El sabor de aquel brebaje, tan amargo y nauseabundo como su color azabache, le seguía resultando difícil de tolerar, pero el aroma sombrío que albergaba le era indispensable para subsistir, de modo que no tenía alternativa.
\*Rrrr-rrrr-rrrr...\*
"¿Mmm?"
Sin embargo, la mano que Josef extendía no llegó a tocar la taza. Se detuvo en seco ante la sutil vibración que comenzó a estremecer los cimientos del edificio.
"¿Un temblor?"
Tanovo, la urbe del Condado de Bitskaya donde jamás en la historia se había registrado un terremoto. No obstante, en aquel día en particular, una sacudida lo bastante potente como para que todos los habitantes de la ciudad la percibieran brotaba desde las profundidades del suelo. Aquella vibración, que se desató junto con montículos de tierra que comenzaron a emerger súbitamente como si alguien estuviera excavando desde las entrañas del mundo, se originaba desde el lejano sur y se abría paso de forma implacable hasta alcanzar Ausrina, el bosque sagrado de los elfos.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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Capítulo 239
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 238
Estás leyendo el capítulo 238 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.