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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 236 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El humo que abarrotaba los callejones se iba disipando poco a poco. La presencia de los dragones que rugían a lo lejos desgarraba la barrera que la Gran Madre había erigido. "¿Con esto bastará?". Sin embargo, bajo los pies de Radu, en lugar del humo blanco y puro que había conjurado la Gran Madre, se extendía un denso charco de sangre escarlata. Aquella sangre, vertida por el último caballero de la Orden de Caballeros Matadragones, era la prueba de que Radu había cumplido su promesa con Vlad y, a la par, la certeza de haber salvaguardado a la tribu Luga. "De todos modos, esto me da muy mala espina. No terminará apretándome el cuello más adelante, ¿verdad?". Radu, con la mirada fija en el caballero tendido en el suelo, frunció el ceño mientras se acariciaba el tatuaje grabado en la garganta. Aunque él lo ignoraba, aquel siniestro grabado, que se asemejaba a una enredadera de espinas fuertemente ceñida, guardaba un vivo parecido con el pacto que encadenaba al dragón más ancestral. "¿Mmh?". ¡Kboooom! Más allá de la barrera, ya destrozada por completo, un estruendo ensordecedor dio paso a un fulgor de resplandores irisados y policromáticos. El mundo de Mircea era como una joya inmaculada, sin la más mínima imperfección. Radu, al comprender de quién provenía semejante luz, esbozó una mueca amarga y echó a andar por el callejón. "A diferencia de mí, ese tipo siempre fue un fuera de serie". Habían nacido del mismo padre, pero Radu no era más que un ser a medias y Mircea, un dragón perfecto. Por eso, incapaz de haber obligado a Mircea en toda su vida a desplegar la auténtica plenitud de su mundo, Radu no pudo evitar experimentar un torbellino de emociones complejas ante el brillo enjoyado que refulgía en la distancia. "... Con haber hecho esto ya será suficiente". Convencido de haber cumplido su palabra con Vlad, Radu se desvió con sigilo del rumbo que seguía el grupo y comenzó a moverse en dirección contraria. Tanto el gélido e implacable norte que lo aguardaba como Vlad, que le había colocado una correa al cuello mediante el misterio arcano, eran caminos que Radu se negaba a tomar. "¡...!". Sin embargo, mientras caminaba a solas por el sombrío callejón, Radu se detuvo en seco. Un súbito frío en la nuca le enviaba una punzante y feroz advertencia. "¿Esto es...?". Su instinto identificó de inmediato el origen de la amenaza. Entre los escalofríos que trepaban insidiosos por su cuello, a Radu le pareció oler de nuevo el aire húmedo y rancio de aquel sótano donde le extraían la sangre. "¿Padre?". Hacia donde apuntaba su mirada angustiada se alzaba la única puerta de la muralla de la ciudad de Namarka. El estandarte que se aproximaba hacia allí desde el exterior era para Radu motivo de reverente temor y, al mismo tiempo, de puro pánico. \* \* \* ¡Pum! ¡Klang! ¡Pum! "¡Ugh!". Cada vez que ambas espadas chocaban, saltaban chispas de un rojo encendido. Y con cada ráfaga incandescente, a Mircea se le escapaba un quejido ahogado semejante a un alarido. '¡... El poder del fragmento...!'. A pesar de haber manifestado su propio mundo de mil colores, el ímpetu de Vlad no flaqueaba en lo más mínimo. Al contrario: a medida que los segundos corrían, en la punta de la espada de Vlad, que ardía con creciente ferocidad, se condensaba con absoluta nitidez una energía draconiana. ¡Klang! Acompañada por un lacerante chirrido metálico, la figura de Mircea volvió a tambalearse con violencia. Se debía a la descomunal fuerza física de Vlad, imposible ya de contener, y también a la abrumadora presencia del fragmento, que se tornaba más insoportable a cada embate. "... ¿Qué le has hecho al fragmento? No debería ser algo así en absoluto". "¡¿Y yo cómo demonios voy a saberlo?!". Aunque era el propio Vlad quien blandía el fragmento de dragón, desconocía los pormenores exactos. No obstante, si Mircea hubiera reconocido la auténtica naturaleza de la plata pura que recubría la espada de Vlad, ni siquiera habría tenido que formular esa pregunta. 'A medida que pasa el tiempo, la desventaja es mayor'. Un metal honorable que, por ser recto y veraz, señalaba el camino correcto. Incapaz de someter o influenciar el fragmento debido al metal que envolvía la espada de Vlad, Mircea sentía una creciente sensación de peligro ante el ímpetu de su rival, que se robustecía a cada instante. "No sé a qué se deba, pero te has preparado a conciencia". Fue así como, desde su párpado izquierdo fuertemente cerrado, volvió a surgir su mundo interior. El mundo enjoyado de Mircea, aquel que jamás revelaba ante un adversario menor, comenzó a hacer retroceder la línea dorada trazada por Vlad. "Terminemos con esto deprisa". Al contemplar el mundo de Mircea desplegado sin una sola tara, Vlad entreabrió los labios por un instante. Porque se trataba de un mundo que él, habiéndose revolcado en el fango durante toda su existencia, jamás podría poseer. "¿Y por qué demonios tienes que decidirlo tú a tu antojo?". Sin embargo, precisamente por esa razón, se negaba aún más a ser derrotado. Mucho menos ante un mundo como el de Mircea, que pretendía mirarlo por encima del hombro como se le antojara. Apretando los dientes con rabia, Vlad opuso una férrea resistencia a la fuerza de repulsión con la que Mircea intentaba rechazarlo. Aquella voraz determinación de no ceder jamás la iniciativa una vez aferrada era fruto de su instinto innato y, al mismo tiempo, la enseñanza que sus maestros le habían grabado a fuego hasta entonces. "¿No decías hace un momento que aborrecías la sangre de dragón?". "¡Si la aborrezco pero me niego a usarla teniéndola a mano, sería un completo imbécil!". Odiaba la sangre de dragón con la que había nacido, pero valerse de ella era una necesidad ineludible. Porque, a lo largo de toda su vida, Vlad había crecido en un rincón del mundo donde era imposible sobrevivir a menos que estiraras el brazo con todas tus fuerzas para aferrarte a lo que fuera. "No tengo la menor intención de convertirme en la clase de bastardo que muere por dárselas de sobrado". ¡Chiiirrr! Al ver cómo la punta de su espada era empujada milímetro a milímetro, Mircea volvió a apretar los dientes. Porque solo ahora comprendía en carne viva la feroz desesperación de Vlad, dispuesto a blandir con saña cualquier cosa que tuviera entre las manos. "¡Tendré que desahogarme exprimiendo hasta el hartazgo esta maldita sangre que me heredaron para que se me pase la furia!". ¡Skrrrkkk! Fijando la mirada en los ojos azules de Mircea, tan idénticos a los suyos, Vlad escupió una maldición desgarrada. Sentía que le resultaría insoportable no vomitar contra el mundo la rabia que le hervía en el pecho. "¡...!". "¡...!". ¡Bum! ¡Pum! ¡Kboooom! De ese modo se desató una sucesión ininterrumpida de embates en la que ninguno cedía un solo ápice de terreno. Ante la colisión feroz y despiadada de ambos, enfrentados sin dar tregua ni para tomar aliento, los callejones de Namarka comenzaron a aullar. Bajo la incesante ráfaga de colosales ondas de choque, los edificios circundantes fueron cercenados y se vinieron abajo, levantando densas nubes de polvo. '¡Debo aprovechar una brecha!'. En medio de aquella densa polvareda, los ojos de Mircea brillaban con agudeza. Aunque el ímpetu con el que Vlad intentaba penetrar su guardia aún era demoledor, en su postura se vislumbraban tantas fisuras como ferocidad desplegaba. "Solo... un golpe. Con uno solo bastará". Las hombreras gris oscuro de Vlad, con las que forzaba el paso a base de pura contundencia, estaban ya cubiertas de cortes de espada. Pese a ello, su avance no se detenía, resuelto a ganar aunque fuera un palmo más de terreno. Como si no existiera otro modo de quebrar la sólida defensa de Mircea, en los ojos de Vlad parecía asomar incluso una oscura demencia. "¡Huuumpf!". Por eso mismo, Mircea debía cortarlo en seco ahora. Si le concedía más iniciativa a su oponente, la situación se volvería irreversible. Introducida con precisión a través de la brecha que Vlad había dejado al descubierto, la espada de Mircea comenzó a trazar un corte afilado. Aquello quebró el flujo del ímpetu sobre el que cabalgaba Vlad; sin embargo, como si nada hubiera ocurrido, la mirada desquiciada que hasta hacía un instante relucía en sus ojos recuperó de golpe su color natural. "Sabía que harías eso". "¿Qué?". El desenlace de un combate entre espadas lo decide la distancia. No obstante, a diferencia de Mircea, que retrocedía, Vlad —quien había orquestado todo este escenario mediante un avance casi ciego— se replegó con presteza para preparar la siguiente estocada. La postura de Vlad descendió drásticamente mientras su capa ondeaba al viento. Al presenciar aquella postura continuada y fluida, ejecutada como si el joven hubiera previsto cada uno de sus movimientos, Mircea comprendió que había caído en una trampa. '¡Maldición!'. El humo que cubría el callejón se concentró en la punta de la espada de Vlad, hasta terminar condensándose en un único círculo perfecto. Era una circunferencia diminuta como un punto; aun así, Mircea tuvo la certeza absoluta de que, desde ese extremo, estaba a punto de emerger un mundo colosal. "En aquel entonces no estuve a la altura, pero hoy pienso superarte". Los ojos con los que Vlad contemplaba a Mircea brillaban con un fulgor azulino. Aquel instante, que parecía haber detenido al mundo por completo, se lo había ganado Vlad por propia mano; a Mircea, por tanto, no le quedaba más opción que recibirlo de lleno. "Y algún día, también a Dragulia". De aquella solitaria estocada, disparada a través del círculo concentrado, no surgió sonido alguno. Sin embargo, Mircea pudo presentir que la calma que experimentaba en ese instante no era más que la calma que precede a la tempestad. ¡Kwagagagak! En ese preciso segundo, cabalgando sobre el horizonte dorado que Vlad había dibujado, estalló el misterio de la tribu Luga. Ante aquel afilado torbellino que se precipitó sobre él más rápido que el propio sonido, Mircea fue incapaz de reaccionar; la sangre viva comenzó a brotarle por todo el cuerpo. "¡Vlad!". Frente a aquel torbellino que amenazaba con despedazarlo por completo, Mircea desató por fin su mundo más profundo. No obstante, por más espléndidas y perfectas que fuesen las facetas de ese plano primorosamente esculpidas por mano ajena, para el Vlad que las encaraba no eran más que un muro que debía derribar. "¡Hwaaaa!". El dragón que se había despojado de la correa del instinto arremetía contra el muro que le cerraba el paso. Sin dejarse doblegar por los deseos innatos y capaz de alcanzar cualquier confín, aquel dragón, cabalgando sobre el viento que hollaba, contemplaba desde lo alto una solitaria gema que destellaba allá abajo. ¡Klaaaang! Un agudo choque de espadas hizo estremecer a la ciudad entera. Y, al compás de ese estruendo, la tormenta desatada por Vlad comenzó a envolver por completo el cuerpo de Mircea. Siendo el muro que debía franquear para ponerse a prueba, la despiadada punta de la espada de Vlad se clavaba sin tregua hacia Mircea. \* \* \* "......". Parecía como si un cataclismo hubiera azotado el lugar, pues los edificios que antes flanqueaban a Vlad yacían completamente derrumbados por los suelos. "¿Quién eres?". Sin embargo, la tensa punta de la espada de Vlad todavía no había alcanzado a Mircea. Una hoja reluciente se interponía en su camino, bloqueándole el paso. Ante un peso colosal que no cedía un ápice por más que empujara, un sudor frío comenzó a empapar la espalda de Vlad. "¿Quién demonios eres?". Había sido, sin duda, un golpe en el que había congregado con todas sus fuerzas la totalidad de su mundo interior. Pese a ello, la otra espada que sostenía el envite se mostraba serena, sin la menor oscilación. Aquello no hacía más que evidenciar el abismo que mediaba entre Vlad y el dueño de esa arma. "Por fin llego a verte. Hijo mío". Con esas palabras, aquel hombre alzó con total ligereza ambas espadas trabadas, con la naturalidad de quien imparte una lección de esgrima. Forzada a seguir el ascenso de su propia hoja, la cabeza alzada de Vlad no tardó en encontrarse de frente con las pupilas del hombre que tenía ante sí. "Deseaba con tantas ansias verte al menos una vez". Cabello rubio y ojos azules. Sin embargo, poseían matices infinitamente más densos y profundos que los suyos. Al contemplar al hombre que se alzaba ante él, Vlad cayó en la ilusión de estar asomándose al fondo de un abismo insondable ante la abrumadora profundidad de los colores que aquel ser albergaba. \[¡Huye de inmediato! ¡Vlad!\] Acompañada por la tajante advertencia de Kihano, la espada que Vlad sostenía comenzó a gemir. Había reconocido el fragmento que albergaba el hombre frente a ellos. No obstante, a diferencia del que portaba Vlad, el de aquel individuo ya había perdido toda forma sólida; corría totalmente disuelto y mezclado en las venas por las que fluía su sangre. "El Duque... de la Sangre de Dragón". Su padre, a quien era capaz de reconocer sin necesidad de que nadie se lo dijera. "Sarnus...". El nombre al que apuntaba el corazón desbocado en su pecho pertenecía, sin sombra de duda, al Duque de la Sangre de Dragón, Sarnus Dragulia. Al ver a su hijo musitar su nombre, Sarnus asintió en señal de conformidad y envainó su espada. "Así es. Yo soy Sarnus Dragulia". A pesar de haber enfundado el arma, la presencia que emanaba de su figura no menguó en lo más mínimo. Aunque en su interior Kihano continuaba gritándole con desesperación que huyera, Vlad contemplaba a ese Sarnus que se antojaba inalcanzable sin atreverse siquiera a dar media vuelta. "Dime... ¿qué te parece si nos ponemos al día con lo ocurrido una vez que estemos en casa?". Detrás de la afable sonrisa que le dedicaba a Vlad, incontables estandartes de Dragulia desfilaban adentrándose en el lugar. Al contemplar a semejante multitud de soldados, un ejército desmedido para ocupar una urbe tan ruinosa, las piernas de Vlad quedaron clavadas en el sitio, incapaces de dar un solo paso. \[¡Vlad...!\] Aquel mundo llamado Sarnus, que no hacía más que agigantarse cuanto más alzaba la vista hacia él. Para tomar el relevo de su caballero, completamente abrumado al proceder de aquella misma sangre, el ojo derecho de Vlad comenzó a cerrarse. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 236

Estás leyendo el capítulo 236 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.