Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 233 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sentía el viento rozándole el cabello. Incluso desde el suelo sobre el que estaba sentado, de algún modo parecía emanar la fragancia fresca de la hierba viva. Aunque era una habitación donde costaba divisar un solo palmo hacia adelante a causa del espeso humo, Vlad tuvo la extraña sensación de hallarse sentado en medio de un bosque.
"Habla, criatura de la tribu Burgund. ¿Por qué razón ha venido a buscarme ese dragón en este momento?".
Aunque la Gran Madre había bloqueado la mirada de Sarnus valiéndose del humo conjurado con sus artes arcanas, restringió las palabras de Vlad como si aun así no lograse tranquilizarse. Habiendo vivido tanto tiempo y experimentado tantas cosas, conocía de sobra la obsesión de los dragones por alcanzar la perfección.
"Esto... la razón por la que Sir Vlad ha venido hasta aquí es...".
Al ver que Nibelung giraba el rostro hacia él como preguntando si podía hablar, Vlad asintió en silencio. Aunque no había compartido sus intenciones con Radu ni con Pierre, Nibelung al menos ya estaba al tanto del objetivo general que perseguía.
"Ha venido en busca de un misterio sumamente ancestral. Un misterio que la tribu Luga ha guardado en su seno durante largo tiempo".
"¿Qué misterio?".
Eran las circunstancias de Vlad, pero representaban también el anhelo de Nibelung. El mago, que había vagado por el mundo en pos de misterios olvidados, contemplaba a la anciana con los ojos encendidos en un brillo de viva expectación.
"Un misterio tan abrumador que terminó por herir de muerte incluso al ser más perfecto".
Existía un relato transmitido desde tiempos tan remotos que ya bien podía considerarse una leyenda. Cualquiera podría haberlo descartado como un cuento que solo escucharían los niños, pero ahora Nibelung comprendía que aquella historia distaba de ser una simple patraña infundada.
"Aquel misterio que, en tiempos antiguos, arrebató la vida al dragón más perfecto".
El misterio que dio muerte al dragón más perfecto. La magia de la raza de las bestias que, aplicada como veneno, corrió a lo largo de la hoja del Maestro de la Espada hasta detener el corazón del dragón supremo. Al observar a aquellos extraños huéspedes que indagaban sobre tan arcaico misterio, la Gran Madre de la tribu Luga abrió los ojos de par en par.
"...Por lo que veo, no son más que chiquillos que han venido persiguiendo un viejo cuento absurdo. ¿El dragón más antiguo?".
¿Habría sido porque se trataba de una respuesta del todo inesperada? Aunque la mirada de Nibelung resplandecía de absoluta seriedad, la Gran Madre, que sostenía sus ojos, se limitó a soltar una risotada incrédula. Aquella risa, teñida incluso de una aparente benevolencia, sonó tan natural que hizo que el propio Nibelung, tras haber hablado en su lugar, se sintiera avergonzado de su proceder.
"Vaya desatino... ¿Un misterio que mató al dragón más perfecto? No existe tal cosa. Eso no es más que un cuento de hadas para niños".
Sin embargo, Nibelung no se percataba de un detalle: la respiración de la anciana, que no dejaba de expulsar bocanadas de humo de tabaco, se había vuelto mucho más agitada. Al ver a la Gran Madre forzando sus marchitos pulmones para exhalar sus arcanos, los ojos azules de Vlad, sentado a sus espaldas, despidieron un fulgor penetrante.
"Usted lo sabe".
"...¿Acaso no te dije que no abrieras la boca?".
"Sabe bien que no es ningún cuento de hadas".
"¡Te he dicho que tú no hables!".
¡Fsssh!
Al ver que Vlad continuaba hablando, la Gran Madre, presa de una repentina alarma, arrojó agua sobre la leña ardiente. Lo hizo con ademanes apresurados, como si algo la aterrorizara en lo más hondo.
Tssiii...
Acompañado por el ruidoso siseo del agua evaporándose al instante, el vapor comenzó a inundar la estancia hasta colmarla por completo. Ante el aire de la habitación, que ahora se tornaba sofocante y pesado, incluso Nibelung, siempre tan despreocupado, empezó a perder la compostura.
"Insolente bribón. Molestarme de esta manera persiguiendo semejantes sandeces".
"No son sandeces. Es la verdad: un mago de la tribu Luga grabó una inscripción en la espada del Maestro de la Espada, ¿no es así?".
"¡¿Quién demonios te crees que eres para asegurar con tanta soberbia que mis palabras son falsas?! ¡De entre todos los que hoy caminan sobre la faz de la tierra, el único que aún recuerda los sucesos de aquel entonces debería ser el Duque de la Sangre de Dragón Sarnus!".
La razón por la que la Gran Madre de la tribu Luga se esforzaba con tanto empeño en negar la verdad del pasado radicaba, sin duda, en los niños que a esa misma hora correteaban y jugaban afuera. Sarnus, el dragón más ancestral de esta era, soñaba con llegar a ser aquel dragón más perfecto de la remota antigüedad. Si descubriera que la tribu Luga custodiaba un misterio capaz de amenazar su existencia, nadie en este mundo podría garantizar la supervivencia de una tribu cuyo porvenir ya pendía de un hilo.
"...El Duque de la Sangre de Dragón no es el único que recuerda lo ocurrido en aquel lejano pasado".
Shhhring.
Un silencio denso y abismal sucedió al bramido atronador de la Gran Madre. Pese a la mirada asesina con la que la anciana lo atravesaba, Vlad se limitó a extender su espada con absoluta serenidad. No lo hizo como un ademán amenazante valiéndose del filo, sino con un gesto reposado que parecía invitarla únicamente a posar la vista allí.
"Porque la entidad que mora en mi interior también fue testigo presencial de aquel instante".
Acompañando la tenue luz de la leña que chisporroteaba al consumirse, el brillo plateado de la Espada Matadragones resplandeció con suavidad. Al final de aquel destello, que ni siquiera la densa bruma que colmaba la estancia lograba ensombrecer, se encontraban las pupilas azules que Vlad albergaba en su mirada.
"Y él me pide que le ruegue a usted que vuelva a grabar en mi espada la inscripción de aquel entonces".
Siguiendo el sendero plateado que se alzaba ante ella, la visión de la anciana se sumergió en el interior de los ojos azules de Vlad. Dado que pronunciaba una verdad inmaculada sin el menor rastro de mentira, el mundo de Vlad, exento de cualquier titubeo, se revelaba tan diáfano como un lago en calma, al punto de permitir que la Gran Madre de la tribu Luga escudriñara en sus profundidades sin la más mínima resistencia.
"...Santo cielo".
Y entonces, en el lecho más hondo e insondable de aquel lago, la Gran Madre se topó con el varón que la contemplaba. Un hombre de elevada estatura y cabellos castaños. Al encontrarse en un abismo tan remoto, su voz no lograba cruzar las aguas, pero en la memoria plateada que sostenía en alto, se apreciaba con total nitidez el antiguo grabado de la tribu Luga que ella conocía a la perfección.
"Esto... esto es inconcebible".
Un misterio forjado con el único propósito de mancillar la perfección. Aquella magia que bien merecía llamarse maldición había sido, sin duda alguna, un ritual consumado una sola vez en toda la historia de la tribu Luga, y una inscripción grabada en un único hombre.
Lo que sostenía en la mano era una espada plateada. Quien moraba en su espíritu era el Maestro de la Espada. Y sin embargo, la estirpe que corría por sus venas era sangre de dragón.
Emergiendo del lago azul para encarar por fin a Vlad en la vigilia del mundo real, la Gran Madre de la tribu Luga comprendió con espanto qué clase de existencia acababa de manifestarse ante sus ojos.
"Ah..."
Como si apenas en ese instante lo hubiera reconocido, de los labios de la Gran Madre, que contemplaba a Vlad, escapó aquel nombre al que tanto temía. Era un nombre tan remoto que, al igual que los ya inexistentes Maestros de la Espada, nadie más lo pronunciaba en estos tiempos.
"El dragón más perfecto".
El único método para quebrar una perfección que se erige intacta es mancillar el mundo puro que dicha perfección alberga. Para mancillar esa pureza, el Maestro de la Espada de tiempos remotos resolvió introducir una impureza imborrable en el mundo del dragón más perfecto. A través del Caballero Plateado clavado en lo profundo, siguiendo el grabado trazado por la tribu Luga.
El nombre de la impureza introducida de ese modo en el mundo del dragón más perfecto no era otro que el del honorable caballero Kihano.
※※※※
Aquel fue un día en que el sol quedó eclipsado. Relegado por la luna ascendente a no ser más que un tenue anillo dorado, el sol perdía su fulgor como una flor marchita.
"...Kihano. Al final has llegado hasta aquí".
A lo largo de la espada hendida en el corazón, manaba una sangre de un rojo vivo. No obstante, por muy escarlata que fuera aquella sangre vertida, no podía compararse con los innumerables regueros de sangre que anegaban aquel paraje.
"¿Acaso sacrificaste a todos por este preciso instante?".
"...No fue un sacrificio".
Incluso en ese momento, sobre la colina yacían cadáveres desplomados sin vida. Los cuerpos que se enfriaban a espaldas de Kihano eran sus subordinados y camaradas, aquellos que hasta hacía apenas unos instantes proferían feroces alaridos de guerra.
"Fue su propia elección".
Humanos, elfos, enanos y hasta la raza de las bestias. Gracias al sacrificio de quienes jamás volverían a ponerse en pie, Kihano pudo por fin alcanzar este momento. Porque existió el camino que ellos le abrieron, el duelista que cargaba con el destino del mundo pudo al fin clavar su espada en el corazón del dragón más perfecto.
"...Al ser la perfección misma, soy una existencia inmortal. Vuestro sacrificio no es más que el sueño de una sola noche para mí".
A pesar de tener una espada atravesándole el propio corazón, el dragón más perfecto acariciaba a Kihano como si sintiera compasión por él, que se hallaba completamente deshecho. Cada vez que aquellos esbeltos dedos rozaban su rostro, limpiando las manchas de sangre, la expresión que Kihano había mantenido oculta hasta entonces comenzaba a revelarse poco a poco.
"Por eso preparé esto. Esta misma espada".
\*Wuuu...\*
Clavado en la carne, el Caballero Plateado emitía un gemido. Sentía cómo su amo se desgarraba gradualmente, tanto como las lágrimas que descendían confundiéndose con la sangre. La fractura del mundo, originada desde lo más profundo del alma, albergaba una resonancia tan gigantesca y desgarradora que incluso el Caballero Plateado en contacto con ella parecía dolerse.
"Ya no podrás volver a ser perfecto jamás. Porque yo, habiéndote seguido hasta el futuro remoto, volveré a desgarrarte una vez más".
Junto con las palabras de Kihano, el grabado inscrito en la espada comenzó a brillar. Con una luz sombría que desentonaba con el fulgor plateado del arma. El emblema del rayo negro tallado en el grabado resplandeció con lentitud, inyectando un veneno letal en el corazón del dragón más perfecto.
"El nombre que te entrego es Kihano. El duelista Kihano".
Envío mi ser hacia tu mundo perfecto. Hacia una profundidad tal de la que jamás podrás librarte.
Al sentir cómo el mundo de Kihano se abría paso en el suyo, el dragón más perfecto no pudo evitar poner una expresión de asombro.
"La punta de la hoja está fría".
"..."
"Mis párpados se sienten cada vez más pesados".
"...Duérmete ya".
Como si las fuerzas lo abandonaran, la cabeza de Kihano fue cediendo poco a poco.
"Pues cuando vuelvas a despertar, ya no serás tú".
"Antes de que caiga en el sueño, dímelo por última vez".
Sosteniendo la cabeza de Kihano, que caía desfallecida, el dragón más perfecto preguntó:
"¿Qué aspecto tenía ante tus ojos?".
Un dragón que, al ser perfecto, podía encarnar todas las formas de este mundo. Para unos representaba el deseo, para otros la ira, y para otros tantos el terror; aquel dragón, el más perfecto, deseaba saber por última vez qué forma había tenido ante los ojos de Kihano.
"...Jamás te lo diré".
¡\*Krrrk\*!
Sin embargo, Kihano no le concedió la última respuesta que anhelaba el dragón más perfecto. Se limitó a empujar con todas sus fuerzas la espada que empuñaba hacia el corazón del dragón. Al mismo tiempo, el mundo desgajado que era Kihano comenzó a precipitarse en el mundo del dragón más perfecto a través de la punta de la espada plateada.
"¡Kihano...! ¡No!".
Al presenciar el último estremecimiento del dragón más perfecto, al pie de aquella colina, Sarnus, atado del cuello con un dogal, aullaba desesperado. No obstante, su clamor se hizo pedazos como un sueño inalcanzable y no hizo más que flotar en círculos sobre la solitaria colina.
Pese a la multitud incontable que se había arrastrado colina arriba mientras el sol declinaba, al final solo dos permanecían allí. O más bien, uno y apenas una mitad.
Contemplando al dragón más perfecto, sumido ya en un sueño profundo, Frausen, con semblante vacío, alzaba la cabeza hacia el sol que volvía a emerger.
※※※※
Había un muchacho tendido sobre el lodo. Era el gélido suelo de la calle, pero nadie se acercaba a él; el nombre de aquel niño era Vlad.
"¿Por qué se habrá desplomado ese de repente?".
"No, si es que cayó un rayo de la nada en un cielo despejado".
La multitud congregada murmuraba entre sí. Sin atreverse siquiera a acercarse ante un fenómeno tan insólito jamás visto en sus vidas, no hacían más que encogerse temerosos.
"Oye, pero ¿el color del rayo de recién no era negro?".
"Eso digo yo. ¿No será que le cayó alguna maldición encima?".
Aquel día, decían que un muchacho se había desplomado al ser alcanzado por un rayo. Un Rayo Negro que, a simple vista, resultaba siniestro.
\[...\]
Como sorprendidas por el impacto repentino, las pupilas azules del muchacho aún continuaban entreabiertas. Lo que aquellos ojos contemplaban, incluso hasta el instante en que cayó derribado, era la silueta de la espada sin ornamentos, la única que brillaba en los callejones.
La silueta de una espada sin ornamentos que resplandecía sin necesidad de estar suspendida en lo más alto.
Aquel día en que el muchacho, jamás destinado a alcanzar la perfección, fue alcanzado por el Rayo Negro, fue también el día en que albergó una pequeña estrella en su pecho.
\-----
• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

Continúa leyendo
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 234
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 233
Estás leyendo el capítulo 233 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.