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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 232 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La ciudad de Namarka. Un lugar carente de un señor legítimo y de derecho, donde únicamente imperaba la anarquía. Sin embargo, a pesar de que nadie la gobernaba, aquel orden que nacía por sí solo en medio del caos le resultaba indudablemente familiar a Vlad. "......Vaya, sí que tienes bastantes hermanos mayores, ¿eh?". Por esa misma razón, parecía haber cometido un ligero error de juicio: creer que los callejones de Namarka funcionarían del mismo modo que el lugar donde él había nacido. No obstante, en este mundo, por más similar que algo pareciera en apariencia, jamás existía nada que fuera idéntico por dentro. "Por lo general, la mayoría de los individuos de la raza de las bestias forman sociedades matriarcales. Así que, en cierto sentido, el hijo de la tribu es también el hijo de todos". Incluso sin la explicación de Nibelung a sus espaldas, bien habría podido percatarse. Y es que, en un abrir y cerrar de ojos, tras el pequeño carterista se había apostado una incontable multitud de hombres de la raza de las bestias. Que casi un centenar de personas salieran en tromba por el simple bien de un insignificante ladronzuelo era una escena absolutamente inimaginable en los callejones de Shoara. "......Suena bien eso de que sea el hijo de todos". Aun así, habría sido mucho mejor saberlo de antemano. Al percibir que la atmósfera se tornaba cada vez más hostil, Vlad alzó ambas manos y esbozó una sonrisa desmañada. "No es que quisiera meterme con el crío; en realidad vine hasta aquí por recomendación de Dorothea......". 'Bajo ningún concepto debo alarmar a esta gente'. Con semejante cautela, Vlad llegó incluso a poner sobre la mesa el nombre de Dorothea, pero lo único que recibió a cambio fue una mirada todavía más afilada por parte de los hombres de la tribu Luga. "......¿Acaso Dorothea hizo algo malo?". El hijo de la tribu es el hijo de todos. Con todo, Vlad no parecía haber calculado que, si un niño se encontraba solo y apartado en la calle, debía de haber una buena razón para ello. \*\*\* No les habían arrebatado las espadas. Tampoco los habían separado de sus compañeros. Mas no por ello resultaba grato verse atrapados tras las rejas de una celda. "¿Desde el principio no tenías la menor intención de ir al norte, verdad?". "......". "Mocoso astuto. Desde el comienzo planeabas resolverlo por tu cuenta". Atrapado en las celdas de la tribu Luga por culpa de las repentinas acciones de Vlad, Pierre tragó saliva en seco, como si apenas acabara de comprender la magnitud de la situación. "Maldito insensato temerario. Todo aquello que va contra el orden natural termina torciéndose tarde o temprano". La indignación de Pierre, al haber sido burlado por Vlad y desviado de su legítimo destino, era del todo justificada. Sin embargo, si no lo trataba con mayor aspereza era porque, hasta cierto punto, lograba comprender los motivos que lo habían empujado a tomar semejante decisión. "No había alternativa. Yo necesitaba a Radu". Vlad habló con la mirada fija en Radu, quien se hallaba acuclillado justo frente a él. Tal vez consumido por el agotamiento, Radu se había sumido en un profundo letargo incluso en mitad del encierro. Siendo miembro de la Casa Dragulia y confidente cercano del Duque de la Sangre de Dragón, resultaba innegable que era un testigo y un informante crucial; sin embargo, para ser honestos, cabía dudar de si la Alianza del Norte lo utilizaría de verdad como pista para dar caza a las entidades impías. "Antes que buscar a la mujer negra, lo usarían como una herramienta para hacer frente al Duque de la Sangre de Dragón. Porque la guerra ya está a las puertas". El provecho propio por encima de una causa mayor. Los nobles de gélida sangre azul eran gentes que deliberaban sin cesar sobre las prioridades de sus juicios; y para semejantes aristócratas, aquellas hordas profanas que asemejaban un desastre de la naturaleza no podían ser más que un asunto secundario en comparación con la amenaza inminente del Duque de la Sangre de Dragón, que ya les respiraba en la nuca. "Si entregáramos a Radu a la Alianza del Norte en este momento, la investigación concerniente a Lamashtu no empezaría sino hasta después de que la guerra hubiera concluido". Incluso el mismísimo Conde Arnstein, quien había sufrido un ataque en carne propia, se hallaba más carcomido por la zozobra ante las maniobras de los señores feudales vecinos que por perseguir a la hueste de Lamashtu. Si hasta el Conde Arnstein, a quien bien se le podía considerar el cabecilla de la facción de la corte, tenía toda su atención absorbida por la guerra venidera, la postura del Duque de Acero —que se disponía a chocar de frente contra las tierras centrales— era algo que se podía prever con total claridad. "Vlad Áureo". ¡Clan! En ese instante, resonó un golpe seco contra los barrotes carcomidos por el orín. Siguiendo el origen de aquel estruendo, Vlad giró la cabeza y divisó a un varón de la tribu Luga que lo miraba con severidad desde el exterior de la celda. "En pie. La Gran Madre exige verte". Su proceder era insolente y su tono áspero, pero Vlad no reparó en semejantes nimiedades. Se limitó a concentrarse en las palabras que el hombre había pronunciado: "la Gran Madre". Pues comprendió que, a pesar de haber dado un rodeo considerable y contrario a lo previsto, al fin estaría frente a frente con la persona a quien deseaba encontrar. "Y tú también". "¿Yo?". Sin embargo, el hombre de la tribu Luga no sacó únicamente a Vlad. También se llevó a Nibelung, que permanecía sentado a un lado mudo como un saco de cebada olvidado en un rincón. "¿Y yo por qué?". "Si te digo que salgas, sales. ¿A qué viene tanta palabrería?". "......Solo preguntaba la razón". Apremiados por aquellos hombres erizados de hostilidad, Vlad y Nibelung salieron de la prisión, abandonaron el edificio y comenzaron a caminar de nuevo a través de los caóticos callejones. Al parecer, el lugar donde retenían a los prisioneros y el sitio donde residía la Gran Madre estaban bastante apartados el uno del otro. 'Me parece que esto queda más al sur de donde estábamos al principio'. Vlad alzó la cabeza y contempló el cielo fragmentado sobre los edificios que se apiñaban unos contra otros. Al comprobar con un rápido vistazo la posición del sol, siguió su vieja costumbre de calcular a qué distancia se encontraba ahora respecto a su punto de partida. "Adentro". "......Mjum". De tal modo, la morada de la Gran Madre, con la que se toparon en lo más profundo de las callejuelas, era una edificación levantada con un estilo peculiar que Vlad jamás había visto en su vida. Aunque resultaba igual de mísera que las construcciones aledañas, aquella técnica de sobreelevar expresamente el suelo para montarlo por encima del nivel de la tierra constituía una estampa enteramente desconocida en el norte. "Construyen de esta manera por culpa de los insectos o las serpientes". "¿Insectos?". "En la selva del sur hay muchísimos insectos venenosos". Al no encontrarse en su hábitat original, en rigor no había necesidad de construir de semejante manera, pero los vestigios de las raíces nativas no parecían borrarse con facilidad. A Vlad le resultaban insólitas las costumbres de la raza de las bestias a medida que escuchaba sus explicaciones; no obstante, tal extrañeza solo podía permitirse cuando no había una punta de lanza picándole la espalda. "Vaya hospitalidad tan áspera para con los invitados". "Es que, por donde se mire, no parecemos invitados, sino prisioneros". Apremiado por la coacción, Vlad pisó los endebles peldaños y subió. Al apartar la ancha hoja que colgaba a modo de puerta, el interior se reveló colmado de un denso humo blanquecino. "......". "Entren rápido. ¿Acaso no ven que se escapa el humo que tanto trabajo me costó reunir?". Era una humareda tan espesa que impedía ver lo que había justo enfrente. Un tenue aroma a tabaco se mezclaba con el olor que revoloteaba en la nariz, aunque un simple humo de pipa jamás habría bastado para generar tal densidad. "Ajá. ¿Conque vienen recomendados por Dorothea?". En medio de aquella humareda permanecía sentada una anciana consumida por la vejez. Llevaba una enorme pluma de ave clavada en el centro de su cinta para la cabeza, y forzaba hacia arriba sus párpados, pegados por el inexorable paso del tiempo, para observar a los desconocidos huéspedes provenientes del norte. "Tampoco diría que es una recomendación formal, más bien...". "Maldita mocosa. Montó un gran escándalo al marcharse, y ahora va y me envía a un visitante de lo más siniestro". "Tampoco es que seamos tan cercanos". Aquella voz cargada de flema no difería de la de cualquier otro anciano común, pero la resonancia que albergaba en su interior no era algo que pudiera pasarse por alto con ligereza. Vlad, quien se apoyaba en el mundo que yacía en su propia alma, tal vez no lo advirtiera, mas Nibelung, al compartir ese mismo misterio místico, fue capaz de percatarse de cuán formidable misterio albergaba la anciana frente a sus ojos. "A decir verdad, venimos a pedirle un favor...". "Tú no hables". Vlad se disponía a explicar el propósito de su visita, pero terminó tragando saliva al ver la pipa de la anciana detenerse justo frente a sus labios. Aun sin haber proferido palabra, el rostro surcado de arrugas de la vieja ya se retorcía en una mueca de evidente desagrado. "No los echaré puesto que han llegado siguiendo el cauce del destino, pero cada aliento que exhalas es por demás venenoso". Tras silenciar a Vlad por la fuerza, la anciana inclinó la cabeza y dirigió la mirada hacia Nibelung, que estaba sentado a su lado. "Habla tú". "¿Yo?". "Sí. Hazlo tú". La anciana volvió a acercar su pipa, apretó bien las hojas en la cazoleta y les prendió fuego. "Si el dragón abre la boca, el dragón escucha. Así que habla tú en lugar de ese tipejo". \*Fuuu...\* "Antes de que el dragón que acecha a lo lejos descubra su destino". Una gran bocanada de humo comenzó a brotar de la esquelética pipa. Había sido apenas una sola exhalación, pero el denso humo de tabaco se arremolinó al instante junto a Vlad, envolviendo su alrededor sin dejar una sola fisura. "......!". Como si fuera una bruma blanquecina. En medio de aquella densa y sosegada niebla en la que nadie podría advertir nada, Vlad fue capaz de percatarse por fin de la tenue mirada que lo venía siguiendo. Aquella mirada que la anciana recelaba aún en ese instante no se había posado a través de los ojos carnales, sino que se había adherido a él mediante el mundo del dragón que Vlad albergaba en su ser. \*\*\* "Vaya misterio". En la mansión de la Casa Dragulia, en la capital Brigantes. El Duque de la Sangre de Dragón Sarnus, que mantenía cerrado su ojo izquierdo, esbozó una sonrisa teñida de pesar y depositó sobre la mesa la copa de vino que sostenía. "Insolentes gatos miserables. Debí haberlos calcinado a todos en aquel entonces". Al rememorar aquellos lejanos tiempos de hacía más de varios siglos, Sarnus chasqueó la lengua al toparse una vez más con un misterio que le cerraba el paso, tal como había ocurrido antaño. Después de todo, no había bastado con hundir sus tierras; debió haberlos arrancado a todos uno a uno de raíz para cortarles la cabeza. "¿Hay alguien ahí fuera?". "Sí, señor duque". "Ve y trae a un mago. Necesito ponerme en contacto con Mircea". Le habían informado de que Mircea, a quien envió para capturar al fugitivo Radu, marchaba en esos momentos hacia el norte. Sin embargo, aquellas presas a las que buscaba no estaban en el norte, sino que se habían arrastrado justo frente a sus narices; la desfachatez de semejante ocurrencia le provocaba una risa incontenible. "...... Por fin logro verte. Hijo mío". A diferencia de los demás dominios, el mundo del dragón estaba intrínsecamente conectado como uno solo. Porque todos los seres nacidos como dragones estaban destinados, en última instancia, a volver sus miradas hacia donde radicaba la perfección absoluta. Y Sarnus, al ser el dragón más ancestral, era también el único capaz de valerse de aquellas miradas. "Y tú también". Moviendo las manos con ademán despreocupado, casi ebrio, Sarnus volvió a alzar la copa de vino y se aproximó al ventanal. A lo lejos, la oscuridad de la capital comenzaba a teñirse con el sol poniente. Con una mano apoyada en la espalda baja, contempló las sombras que avanzaban sobre la urbe y dirigió sus palabras hacia alguien que vagaba en las tinieblas, tan perdido como el paisaje que se desplegaba ante él. "Por más que te esfuerces, será en vano. Pues ya no eres el glorioso Maestro de la Espada". Eran cinco los fragmentos contemplados a través del mundo del dragón. Entre ellos, había uno en particular que perdía su brillo de forma ostensible. Era el fragmento que albergaba aquel que había regresado de la muerte, y al mismo tiempo, el fragmento en manos de alguien carente de legitimidad, incapaz de volver a imponerle un sello restrictivo jamás. "Este vino tiene un sabor magnífico". 'Ya no queda nadie que pueda detenerme, ni nadie con la fuerza para someterme'. Tras cerciorarse de la identidad de su adversario a través de los fragmentos de dragón que había absorbido, Sarnus se llevó la copa a los labios y curvó la boca en una sonrisa de plena satisfacción. Gracias a los fragmentos de dragón, ya no necesitaba beber vino para saciarse, pero los aromas que emanaban de un tonel recién descorchado seguían siendo, sin lugar a dudas, un deleite difícil de resistir. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 232

Estás leyendo el capítulo 232 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.