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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 230 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la colina de Kihano, donde revoloteaban las hojas rojas de arce, Vlad permanecía sentado con la cabeza baja. No había cometido falta alguna, pero, sentado con el ánimo apesadumbrado de un culpable, Vlad solo logró sosegar la hirviente sensación de derrota tras un lapso bastante prolongado. "...¿Podré ganar alguna vez?". "Ahora mismo, no. En un futuro lejano, quién sabe". "Al menos no dices que sea imposible". Cuando uno es un muchacho, basta con soñar; sin embargo, al convertirse en adulto, no puede permitirse semejante indulgencia. Había creído que sería capaz de superarlo, pero el adversario era un Maestro de la Espada encumbrado en una cúspide inalcanzable, y Vlad se vio forzado a reconocer la abismal brecha tendida entre Frausen y él. "¿Cómo lo hiciste tú, Kihano?". "¿El qué?". "Con el dragón más perfecto". Solo entonces, apartando la cabeza de sus rodillas, Vlad miró a Kihano, que estaba sentado a su lado. "¿Cómo lo mataste? Seguro que era un enemigo inabarcable". Por fortuna, tenía a Kihano justo a su lado. A diferencia de cuando era un crío de los callejones, Vlad contaba ahora con alguien a quien consultar, e inquiría a Kihano, que lo aventajaba en el sendero, sobre cómo había recorrido aquel camino. "Debió de serte mucho más difícil que a mí ahora, ¿verdad?". "...Así fue". Ante la pregunta de Vlad, Kihano se pasó la lengua por los labios como si sintiera un regusto amargo. Ante una respuesta que tardaba en llegar, el único sonido perceptible era el rumor del viento que rondaba bajo el Árbol del Mundo Madre. "No pude vencerlo". "Pero lo mataste". "En efecto. Le di muerte. Aunque no lo vencí". La mirada de Kihano, perdida en la memoria de un pasado remoto, se tornaba distante. Sus labios, que amagaban con abrirse sin llegar a despegarse, delataban el cúmulo de tribulaciones que lo embargaba en ese instante. "Quisiera que me lo dijeras, Kihano. Qué se debe hacer en momentos así". "......". Al contemplar a Vlad, que volvía a inclinar la cabeza, la mirada de Kihano se tornaba más intrincada. ¿Debía revelárselo o no? Debía mostrarle a este joven sumido en zozobra que en este mundo no solo existen los métodos rectos. "Hace poco vi que en el corazón de Frausen había un fragmento de dragón incrustado". A los niños pequeños solo hace falta enseñarles lo correcto y virtuoso. Sin embargo, dado que no es posible vivir únicamente por la vía recta, llega un momento en que es necesario instruirlos también en tales tretas. Siquiera por el bien de aquellos muchachos recién convertidos en adultos que deben arrojarse a los rigores de un mundo inhóspito. "A lo largo de la vida, se presentan ocasiones en las que uno no puede permitirse reparar en medios ni escrúpulos". Quizá fuera un sendero torcido y no la senda de la rectitud. De los relatos que Kihano comenzó a hilvanar tras una honda deliberación, brotaban los recuerdos de aquel día, impropios del renombre sublime que ostentaba un ilustre Maestro de la Espada. \* \* \* "...¿Acaso no nos vimos esta misma mañana, Sir Vlad?". El sol del mediodía, ya encumbrado en lo alto, atravesaba el ventanal e iluminaba a los hombres sentados frente al conde. Y en el confín de aquella luz se hallaba Vlad, con quien apenas esa mañana había sostenido una solemne conversación. "Tu aspecto difiere bastante del que mostrabas al amanecer". "Le ruego me disculpe, señor conde". El Conde Arnstein observó en silencio a Vlad, cuyos hombros subían y bajaban agitados como si aún le faltase el aliento. E incluso al anciano sentado a su lado. Aunque la traza sumamente desaliñada de Vlad llamaba la atención, lo que en verdad atrajo la mirada del conde fue el semblante deplorable y destrozado de Radu. "...¿Acaso no le asistían los derechos de un prisionero de guerra?". En el rostro del conde, mientras examinaba a Radu, afloraba poco a poco un rictus de decepción. Pues, para el conde, que abrigaba grandes expectativas en el potencial de Vlad, la violencia tosca que presenciaba no resultaba en absoluto grata. "...Porque me impedía llamar hermano a mi hermano mayor". "¿Mmm?". ¿Sería porque se había criado en el norte? El conde se había sentido un tanto defraudado al observar en Vlad la misma ferocidad innata que caracterizaba a los hombres del norte, pero la excusa que brotó de los labios del joven resultó por demás inesperada. "Al ver que la única sangre de mi linaje que acabo de hallar me trataba con desdén, debió de desbordarse en mí una incontenible aflicción. Le ruego que perdone mi falta". "...Oh, ya veo". Ante las palabras de Vlad, un brillo de asombro chispeó en los ojos del conde, como si se maravillara ante semejante salida. Ciertamente, con semejante pretexto, a cualquiera se le haría comprometido y harto difícil reprender la conducta de Vlad. "¡Maldito bastardo demente! ¡¿Por qué insistes en llamarme...?!". "En fin, tratándose de una riña entre hermanos, es algo que escapa al control de cualquiera". "¡Señor conde! ¡¿Por qué le atribuye la sangre de nuestra Casa Dragulia a un bárbaro semejante del norte?!". "......". Al contemplar al furioso y jadeante Radu, el conde ladeó ligeramente la cabeza. Aunque ambos compartían los mismos ojos azules, la temperatura con la que el conde los miraba revelaba una diferencia indiscutible. "Bueno, los asuntos familiares de terceros no son incumbencia mía; tan solo sé que el historial de conquistas amorosas del Duque Dragulia es bastante ilustre". "......". Ante las palabras del conde, la boca de Radu, que no cesaba de bufar, se cerró en redondo. Tal como acababa de señalarse, la agitada y notoria vida sentimental del Duque de la Sangre de Dragón era un hecho que cualquiera bien informado conocía a la perfección. Y dado que el mismísimo Radu era fruto de aquellas intrincadas circunstancias, no encontró argumento alguno con el que rebatir las afirmaciones del conde. "A decir verdad, así funcionan las justificaciones legítimas. Aun tratándose de razones de igual calibre, existen algunas que prevalecen sobre otras, como en este caso, y en ocasiones se entrelazan de tal modo que es imposible delimitarlas tajantemente en cada circunstancia". Tras dedicarle a Vlad una mirada aprobatoria como felicitándolo por su astucia, el conde volvió la cabeza hacia Radu y prosiguió: "¿De veras consideras que Sir Vlad, aquí presente, no es tu hermano menor?". "¡Es una obviedad indiscutible!". "Siendo así, me temo que es una verdadera lástima". El conde se encogió de hombros ante la tajante respuesta de Radu, sacó una carta del cajón y la sostuvo en alto hacia él. "Porque, tal como acabo de mencionar, no existe justificación alguna que tenga mayor prioridad que los lazos de sangre". En la misiva que el conde ondeaba con ademán de invitarlo a mirar, lucía un emblema demasiado familiar para Radu. Un trazo implacable surcaba el cuello de un dragón que exhalaba llamaradas. Al reconocer el blasón distintivo de la Casa Dragulia, los ojos de Radu se abrieron desmesuradamente de par en par. "Todo apunta a que la Casa Dragulia ha descubierto las andanzas del obispo Pierre. Me han pedido que les entregue al hombre que tengo aquí retenido". "Yo... yo...". "Por cierto, la Orden de Caballeros Matadragones ya se encuentra a medio día de distancia." Al escuchar que la Casa Dragulia iba tras él, el semblante de Radu palideció de golpe hasta quedar lívido. "Dicen que quien encabeza la vanguardia es Mircea, ¿no es verdad?" "Hermano mío." La justificación de los lazos consanguíneos era algo contra lo cual ni siquiera el señor de estas tierras podía ofrecerle amparo. Y por si fuera poco, quien venía esgrimiendo semejante derecho no era otro que Mircea, de quien se decía que era el vivo retrato de su padre. Radu, tras comprender la gravedad de la situación en un abrir y cerrar de ojos, clavó en Vlad una mirada de trágica solemnidad. "Este hermano mayor tuyo arde en deseos de partir de inmediato hacia el norte. A decir verdad, desde siempre he añorado los blancos páramos nevados del septentrión." "...... No me jodas. Qué descaro." ¿Terminar picadillo una vez más dentro de una barrica de vino o aceptar a Vlad como su hermano menor? Al tratarse de una disyuntiva tan evidente, en las decisiones de Radu no cupo la menor vacilación. Al contemplar semejante espectáculo, Vlad se limitó a poner una cara de absoluto hastío. \*\*\* Desde la capital imperial de Brigantes, una comitiva avanzaba a toda marcha surcando la calzada del imperio. Enarbolando estandartes que cualquier habitante del imperio reconocería al instante, el contingente que cabalgaba sin tregua respondía al nombre de la Orden de Caballeros Matadragones. Y en los ojos azules de Mircea, quien galopaba a la cabeza de todos, ardía una furia gélida y contenida. "¡Deténganse! ¡A partir de aquí comienzan los dominios de Arnstein!" Pese a que no se trataba de las puertas de una fortaleza, un destacamento se interpuso en el camino para cerrarle el paso a la Orden de Caballeros Matadragones. A juzgar por la tosca apariencia del puesto de control improvisado que bloqueaba la calzada, resultaba evidente para cualquiera que aquellos hombres albergaban la firme intención de entorpecer el avance de la orden. "Mi nombre es Mircea. Mircea Dragulia." Esa intención fue captada por Mircea en un solo pestañeo. La imponente ferocidad draconiana que desató en cuanto desmontó fue tal que hizo vacilar a los caballeros de Arnstein. La temible presencia que desplegaba en ese instante era tan extraordinaria que hacía honor a su estatus como uno de los caballeros más ilustres del imperio. "Ya le hemos hecho llegar un mensaje al señor conde." "¿Qué clase de mensaje?" Sin embargo, aunque los caballeros de Arnstein se hubieran estremecido por un instante ante aquella salvaje presión, no cedieron ni un ápice de terreno. Pues entre sus filas, liderándolos con firmeza, se erguía un guerrero cuya reputación no palidecía ante la de Mircea. "Explica detalladamente el propósito de tu visita a este feudo, Mircea Dragulia." Un caballero formidable con un enorme escudo a la espalda. Pablo de Arnstein, con la imperturbable solidez que le confería su titánica complexión, le plantaba cara a Mircea sin dejar entrever una sola grieta. "Es un asunto de mi familia." "¿Y por qué vienes a buscar los asuntos de la Casa Dragulia en tierras de Arnstein?" Un baluarte inamovible frente a un dragón que rugía con ferocidad. En los ademanes de Pablo, quien descolgaba su escudo con parsimonia para empuñarlo, no se percibía el menor vestigio de intimidación ante Mircea. "...... Es un asunto concerniente a mi hermano menor, que se halla en paradero desconocido." "Por eso mismo te pregunto: ¿qué tendría que hacer tu hermano en nuestro feudo como para que vengas a buscarlo aquí?" Encarándose sin retroceder un solo paso, entre ambos comenzó a condensarse una tensión tan asfixiante que costaba respirar. Tan abrumadora era la tirantez que, aun sin recibir orden alguna de sus comandantes, los caballeros apostados alrededor desenvainaron instintivamente las espadas. "...... Traigo conmigo pruebas irrefutables sobre el rastro de Pierre. Así que no sigas colmando mi paciencia, Pablo de Arnstein." "¿Pruebas?" De acuerdo con las arraigadas costumbres del imperio respecto a los derechos sucesorios, la norma dictaba que debía abrirse paso a quien persiguiera a un pariente consanguíneo en fuga. Sin embargo, el Conde Arnstein había resuelto no concederle paso alguno. "Sean cuales fueren esas pruebas, el señor conde ha dispuesto que no desea que las garras de un dragón pisen esta tierra." Aquello no se debía únicamente a que las relaciones con el Duque de la Sangre de Dragón se hallaban rotas de forma irreversible, sino también a una deferencia hacia Vlad, en quien el conde tenía depositadas grandes esperanzas. La determinación de Pablo era tan inflexible como la resolución misma del conde, y Mircea, al encararlo, captó al punto su inquebrantable postura. "Veo que el señor conde desprecia las costumbres del imperio." "No más de lo que lo hacen ustedes, pretendiendo irrumpir a la fuerza con hombres armados en tierras ajenas." Aunque nadie lo hubiera proclamado a viva voz, la contienda ya había comenzado. Conscientes de ello, Mircea y Pablo se sostenían la mirada, como si el suelo donde se hallaban plantados se hubiera transformado ya en un campo de batalla. "¡Mircea! ¡Mircea Dragulia!" La calzada imperial, el eje que vertebraba todos los feudos de las tierras centrales. En el instante preciso en que una chispa funesta amenazaba con desatar el incendio en aquel milenario sendero, una voz retumbó desde los confines del feudo de Arnstein. "¡A quien buscas, a Radu Dragulia, lo tengo en mi poder!" A lomos de un corcel negro, una figura hacía ondear un pendón de dimensiones discretas. Los múltiples blasones estampados a lo largo de aquel estandarte le resultaban inconfundiblemente familiares a Mircea. "...... ¿Vlad?" Aquel pendón personal que solo el caballero del norte, Vlad Áureo, tenía el legítimo derecho a enarbolar. Al divisar a Vlad bajo esa insignia, el rostro de Mircea se torció en una mueca de absoluta contrariedad. La experiencia le había enseñado con creces que, en el instante en que ese mocoso aparecía en escena, todo comenzaba a torcerse de forma inevitable. "¡Radu Dragulia marchará conmigo al norte! ¡Y no por orden de nadie, sino por la sola determinación y el juicio de Vlad Áureo!" Ni en nombre de Arnstein ni en el de la Iglesia Ortodoxa del Norte. Únicamente bajo el nombre de Áureo. "¡Si pretendes dar con Radu, sígueme hasta el norte!" "...... Maldita sea." Al percatarse de que Vlad se atribuía deliberadamente toda la causa para privarlo de cualquier pretexto formal, Mircea se mordió los labios con impotencia. Pues por mucho que las costumbres del imperio respaldaran su derecho, frente a Vlad, que compartía su misma sangre, tal legitimidad quedaba reducida a la más absoluta vacuidad. "¿Será suficiente con esto?" \["Más que espléndido. Con esto bastará."\] A pesar de haber sido recibido como un huésped de honor, lo único que había acarreado a su anfitrión habían sido perjuicios. Por consiguiente, dejar el terreno despejado y en calma antes de marcharse era la mayor muestra de cortesía que estaba a su alcance. "Le agradezco todo hasta el final, Pablo." Se encontraban demasiado distanciados como para que sus palabras pudieran oírse, pero Vlad le dedicó un saludo cargado de gratitud a Pablo, quien había dado la cara por él hasta el último instante. Un relincho rasgó el aire cuando tiró de las riendas, y Noir, como si hubiera estado aguardando esa señal, golpeó el suelo con los cascos y se lanzó a galopar hacia los compañeros que lo esperaban a su espalda. "¿Ya estuvo? ¿Terminaste?" "¿Te importaría no hablarme como si fuéramos amigos íntimos?" Sin embargo, el rumbo hacia el que galopaban aquellos jinetes a toda prisa no apuntaba en absoluto hacia el norte que Vlad acababa de proclamar. Un mago, un inquisidor de herejías y dos dragones, uno joven y el otro anciano. El destino hacia el que se encaminaban no era el norte, sino exactamente su polo opuesto: las tierras del sur. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 230

Estás leyendo el capítulo 230 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.