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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 229 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El rostro del conde denotaba un marcado disgusto, como si no hubiese podido pegar ojo en toda la noche. Lo mismo ocurría con Pablo, apostado a su lado, y con los guardias que custodiaban la puerta del estudio. Arrancados de sus lechos en plena madrugada, antes de que despuntara el alba, los hombres de Arnstein observaban a Vlad, que se hallaba frente a ellos, soltando pequeños suspiros contenidos. "Me alegra ver que gozas de buena salud, Sir Vlad." "Le agradezco su preocupación." "Y me alegra aún más comprobar que te sobra vigor." "......Lo lamento, señor conde." Al contemplar al conde Arnstein, visiblemente exhausto, Vlad no tuvo más remedio que callar. No es que le faltaran palabras, sino que comprendió que la situación distaba de ser propicia para pronunciarlas. "Así es. Apenas acabas de despertar, de modo que no habrás comprendido del todo lo sucedido. ¿Por dónde debería empezar a explicártelo?" "No es necesario, señor conde. Mi mago ya me puso al corriente de la situación general antes de venir aquí." Había sido una madrugada en la que Vlad propinó una paliza descomunal a Radu por haber intentado robar la Espada Matadragones. Alertados por el alboroto, Nibelung y Pierre acudieron a toda prisa y le transmitieron los acontecimientos a grandes rasgos, por lo que Vlad ya estaba al tanto de la traición y la desaparición de Josef. "......A decir verdad, todavía no termino de asimilarlo." "Es natural. Has permanecido inconsciente durante dos semanas enteras; aún requerirás de tiempo para despejar el juicio." Lo último que Vlad había visto antes de perder el conocimiento fue la figura de Josef pasando a su lado. La silueta de su espalda alejándose con paso espectral bajo la luna azul carecía a tal punto de sentido de la realidad que todavía le parecía una mera ensoñación. "Aun así, quisiera preguntarte una cosa. ¿Qué piensas hacer de ahora en adelante?" "......" La mirada del conde, fija en él desde tan corta distancia, se asemejaba al aroma de una infusión helada. Con una frialdad amarga que aferraba su mente como una fragancia penetrante, Vlad sintió solo entonces el dolor punzante que ascendía desde su pecho. "Habiendo sido invitado como huésped, he ocasionado un daño inmenso a mi anfitrión, por lo que solo puedo sentir remordimiento." A pesar de cargar con graves heridas que distaban de haber sanado, Vlad inclinó la cabeza profundamente con una devoción desprovista de fingimiento. Era una postura tan impecable que incluso el conde Arnstein, célebre por su severidad y aspereza en lo tocante a la etiqueta, terminó por contemplarlo con una expresión de complacencia. "Por consiguiente, le ruego encarecidamente que me conceda una oportunidad. La oportunidad de resarcir el agravio causado al señor de esta tierra." Sin embargo, el conde jamás imaginaría que cada ademán exhibido por Vlad en ese instante era un calco exacto de Josef. Aquel hombre de pronunciadas ojeras, débil en cuerpo pero altivo y digno en cualquier escenario, había sido una figura más que suficiente para despertar la sincera admiración de Vlad. "¿Qué clase de oportunidad?" Los ojos de Vlad brillaron al alzar la vista hacia el conde. Josef lo había dicho en su momento: las oportunidades residían justamente en el seno de las crisis. Aunque el Condado de Arnstein había quedado sumido en el desorden tras el asalto de Frausen, esa misma inestabilidad e incertidumbre hacían de este el instante preciso para pronunciar las siguientes palabras. "Présteme el blasón de Arnstein." Vlad giró la cabeza y posó la mirada sobre el blasón de la Casa Arnstein clavado en un rincón del estudio. A pesar del caos reinante en la estancia, aquel estandarte erguido en solitaria firmeza personificaba el orgullo inquebrantable del conde. "Si me concede el blasón de su excelencia, en el instante en que atraviese sus corazones, clamaré el nombre de Arnstein antes que ningún otro." 'Permítame ser la espada que encarne su cólera. Si así lo hace, cuando sus cuerpos sean perforados, el nombre de Arnstein será el primero en resonar'. "......" \*Tap. Tap.\* Eran tres las personas congregadas en el estudio, pero un único sonido rompía la quietud. En medio del silencio sepulcral, lo único perceptible eran los golpeteos acompasados de los dedos del conde Arnstein contra la superficie de la mesa. "Es una jugada bastante interesante." El conde Arnstein, que en algún momento había recostado la espalda profundamente contra el respaldo de su silla, sonrió. Se trataba de un ardid cuyas intenciones resultaban evidentes a simple vista, pero la sonrisa brotó al complacerle la audacia con la que Vlad lo había urdido. "Así es. Justo así debe ser. Al fin y al cabo, el hombre debe atreverse a intentarlo." "......" "Esa actitud es de mi agrado. Aunque habría sido aún mejor de haber mediado una mayor cautela." Por naturaleza, los hombres solían experimentar una satisfacción más honda al contemplar aquello que crecía por esfuerzo propio que ante lo ya enteramente formado. Y en ese instante, el conde valoraba con creces el instintivo y fiero afán de lucha de Vlad, a pesar de la absoluta transparencia de sus intenciones. "Te lo concederé. Mi blasón." Desde que entraron a la mansión por primera vez, el conde se había percatado del pequeño estandarte que portaba Vlad. Aquella insignia que colgaba de su corcel negro respondía a una usanza caballeresca tan remota como los mismísimos Preceptos del Maestro de la Espada. "Utiliza el blasón que recibes de mis manos para demostrar tu inocencia y la de tus acompañantes." El nombre de Arnstein, líder soberano de las tierras centrales, era un salvoconducto indiscutible en cualquier rincón del territorio. Si bien en el norte la situación podía ser distinta, en las tierras centrales Vlad carecía de toda influencia o arraigo, de modo que la colaboración del conde resultaba indispensable para seguir el rastro de Frausen y Josef. "Le estoy profundamente agradecido, señor conde." "Te ruego que no lo olvides. La condición que tú mismo has puesto ante mí." No obstante, no existía auxilio que no demandara un precio. Los labios del conde esbozaban una sonrisa, pero sus ojos permanecían gélidos al clavar la vista en Vlad. "Debes asegurarte de clavar mi blasón en el mismísimo corazón de Josef." "......" Al darse la vuelta, Vlad ya no pudo ver sus ojos. Sin embargo, en la voz del conde, tan gélida como la manija que su mano apretaba, anidaba un peso abrumador imposible de desoír. \* \* \* "¡Y-Yo soy Radu Dragulia! Como noble del imperio que soy, ¡tengo mis derechos!" Aunque el rostro correspondía al de un anciano marchito y decrépito, la voz que salía de su garganta pertenecía sin duda a un joven. Como si aquella discordancia resultara insoportable, la expresión de Nibelung se crispaba por momentos. "¡Exijo mis derechos como prisionero legítimo de guerra! ¡Estoy en pleno derecho de reclamarlos!" A pesar de que Radu había perdido el juicio en las profundidades subterráneas de la residencia Dragulia, a estas alturas se había restablecido lo suficiente como para velar por su propia seguridad. Aunque los argumentos que esgrimía para resguardarse daban lástima, tal vitalidad sugería que al menos no perecería de forma miserable a la vera del camino rumbo al norte. "Por eso mismo le pregunto: ¿para qué se le ocurre robar la espada de otro? ¿No sabe cuánto atesora Sir Vlad esa arma?" "¡Yo no la robé! ¡Solo me acerqué a mirarla!" "Llegar a ese punto ya cuenta como robar. Fue un robo en toda regla." Tanto Nibelung como Pierre mantenían la cabeza gacha, extenuados tras el revuelo que se había desatado desde la madrugada. Después de todo, en los puños con los que Vlad molió a golpes a Radu hasta casi matarlo no hubo un solo ápice de vacilación. El antiguo ladronzuelo que solo había conocido una vida de despojar a otros detestaba más que a la muerte misma que alguien osara arrebatarle lo suyo. "Sea como fuere, Lord Pierre tiene la obligación de protegerme. ¿Acaso no fue usted quien me trajo hasta aquí en el nombre de Dios?" "......Maldición, no hay un solo engendro de dragón que resulte de mi agrado." Pierre sacudió la cabeza de lado a lado al ver cómo Radu se aferraba desesperadamente a sus ropas. En lugar de mostrar gratitud por haberle salvado el pellejo, el sujeto le gritaba exigiendo garantías para su integridad. Aquello era la viva estampa de rescatar a un hombre a punto de ahogarse solo para que este reclamara con descaro que le devolvieran su fardo. "......Cálmate de una vez. No creo que llegue al extremo de matarte." "¡Ese tipo es un desalmado capaz de matar de verdad! Es la primera vez que lo veo, ¡pero mis sentidos de caballero me lo están advirtiendo a gritos!" Pierre intentó sosegar a Radu, quien se hallaba completamente intimidado ante Vlad, su medio hermano de distinta madre y otro dragón en persona; sin embargo, todos sus esfuerzos se desvanecieron en vano. ¡Bum! "¿Por qué tanto alboroto?" "¡Aaaaargh!" "¡¿Por qué demonios tienes que entrar pateando la puerta?! ¡Tiene picaporte, ¿sabes?!" Al ver a Vlad irrumpir de una patada con un estruendoso golpe en la habitación donde los tres estaban reunidos, Pierre se sujetó la cabeza con ambas manos como si le aquejara una jaqueca insoportable. Y es que, ante la repentina aparición de Vlad, Radu, a quien apenas habían logrado calmar, comenzaba a convulsionar de puro pánico otra vez. "Qué bien. Tú quédate ahí un momento". "¡Vlad, Vlad Áureo! ¡Yo tengo derechos!" "¿Qué estás ladrando? ¿Acaso no cobraste suficientes golpes hace un rato?" Vlad solía ser hosco de ordinario, pero hoy parecía estar de un humor todavía más sombrío. Al contemplar a semejante Vlad, Radu cerró la boca a toda prisa guiado por un certero juicio instintivo. "Nibelung. ¿Puedes usar el despacho arcano ahora mismo?" "Supongo que sí". "Entonces comunícame con Sturma. Ya conseguí el consentimiento del conde Arnstein". Vlad habló mientras le entregaba una pequeña nota a Nibelung. Aquel papel tenía anotada la combinación necesaria para conectar con el orbe mágico de la mansión de Sturma, la sede principal de la Casa Bayezid. "¿Desea que lo comunique con lord Rutger?" "No". "¿Con quién entonces?" Nibelung había creído que querría comunicarse con Rutger al mencionar Sturma, pero en realidad Vlad pronunció el nombre de otra persona. "Con Dorothea, la maga de lord Rutger. Tengo algo que preguntarle acerca del arte de grabado". Dorothea, la maga de la raza de las bestias al servicio de Rutger, había sido para Vlad la primera persona que le reveló lo que era un misterio místico. Recordaba a la perfección cómo ella le había grabado la inscripción de vibración en su espada sin ornamentos cuando enfrentó al gusano de la muerte gigante, la criatura más acorazada de estirpe draconiana. "Parece que tendré que grabar algo en mi espada sin falta. Por eso necesito los conocimientos que ella posee". "Entendido". Aunque no dejaba de inquietarle ver a Vlad moverse con tanta vitalidad nada más levantarse del lecho, Nibelung se puso de pie en silencio. Y es que los ojos con los que Vlad lo miraba relucían intensamente, como si acabara de dar con alguna pista crucial. "Radu Dragulia...". Una vez que Nibelung abandonó la estancia, un pesado silencio se adueñó del cuarto en un abrir y cerrar de ojos. Pues en los ojos de Vlad, clavados en Radu, anidaba un fulgor semejante a una extraña locura difícil de describir con palabras. Era una mirada idéntica a la que un depredador fija sobre su presa. "He oído hablar de ti. Dicen que pertenecías a la Orden de Caballeros Matadragones, ¿verdad?". "¡A-Así es!". "Y que también eras la mano derecha del duque Sarnus. ¿Por eso asumiste el mando como comandante del ejército que marchó a atacar Mosiam?". Arrastrando con fuerza la silla donde antes estaba sentado Nibelung, Vlad se acomodó tan cerca que casi podía sentir el aliento de Radu. "En efecto. En aquel entonces, yo era el máximo responsable". Ante las palabras de Vlad, la espalda de Radu comenzó a erguirse como si de pronto recordara su gloria pretérita. Aunque ahora estuviera sumido en una condición miserable, en su día había sido un caballero de brillante porvenir y un vástago de la Casa Dragulia que soñaba con alcanzar la perfección de un dragón. "Tú te conoces con esa mujer, ¿no es así? Me refiero a la maga negra que va vestida de riguroso luto". El ejército de Dragulia en Mosiam había mostrado sin duda una conducta por demás sospechosa. Haber pasado cerca de medio año limitándose a mantener un mero asedio, ignorando por completo los reclamos del obispo Pierre que marchaba junto a ellos, era una prueba de ello. Aunque se excusara como una táctica dilatoria para presionar al norte, que una dilación tan prolongada se desarrollara con tanta fluidez constituía un indicio irrefutable de que existía algún vínculo entre Lamashtu y Dragulia. "No tengo la menor idea de lo que estás diciendo". "No te hagas el desentendido. Con solo escuchar la historia ya apesta a podrido". El ímpetu con el que Vlad gruñía a escasos centímetros de su rostro resultaba sobrecogedor, pero Radu se esforzó por mantener la boca cerrada. Porque, para empezar, la pregunta que Vlad pretendía hacerle era exactamente la respuesta que la Iglesia Ortodoxa del Norte ansiaba obtener, y representaba la única baza de valor con la que podía negociar su porvenir. "¿Te has visto con ellos, sí o no?". "Hablaré únicamente cuando llegue al norte". "¿Conoces su guarida o no? Por lo menos debes de saber sus puntos de encuentro". "Hablaré únicamente cuando llegue al norte". Al ver que Radu rehusaba abrir la boca con tal de salvar la vida o asegurar su propio resurgimiento, Vlad desenvainó la daga de Jorge. Afilada por los enanos hasta alcanzar un filo aún más letal, la daga emitía un destello tan acerado y gélido que parecía capaz de abrir hasta los labios más herméticos; sin embargo, pronto fue detenido por Pierre. "Detente. Nada de torturas". "¿Por qué?". Ante la expresión severa de Pierre, Vlad se detuvo en seco. Porque, por mucha prisa que tuviera, reconocía a la perfección quién era el hombre que le había vendado las heridas. "Radu Dragulia es un noble del imperio y un hombre cobijado por la protección de Dios. Conforme a las leyes imperiales y a la providencia eclesiástica, goza del derecho inalienable a que se garantice su seguridad". "¿Y quién autorizó semejante amparo?". "Yo". Aunque Pierre era un torturador más implacable que nadie tratándose de herejías, en lo que concernía a Radu debía erigirse como un custodio intachable. "He solicitado la bendición de protección divina en mi propio nombre. Dicho de otro modo: los derechos que ostenta como prisionero constituyen la mismísima guerra santa que yo libro". "......". Lo ocurrido al amanecer había sido un incidente repentino, pero sabiéndolo ahora, no había nada que hacer. A menos que pretendiera pisotear la bendición trazada bajo el nombre de Pierre, Vlad no tenía más opción que reconocerle a Radu sus prerrogativas de cautivo. "¿Y cuándo dice que vendrá esa gente del norte?". "En tres días". "No tenemos tiempo". Ante las palabras de Vlad señalando que el tiempo escaseaba, Radu irguió la cabeza con renovada soberbia. A pesar del peligro inminente que tenía enfrente, acababa de cerciorarse de que Vlad no contaba con una causa legítima para hacerle daño. "¿...Solo basta con respetarle sus derechos como prisionero?". Observando a aquel hombre envalentonado, los ojos de Vlad comenzaron a relucir con una chispa singular. La situación se tornaba enrevesada, pero bajo ningún concepto podía despachar hacia el norte a un Radu vinculado con Lamashtu sin antes sacarle nada. "Así es. Tú eres un caballero. Proteger a Radu es cumplir con tu deber chivalresco". "¿Y qué tal si no soy un caballero?". "¿Qué dijiste?". Pierre no pudo disimular su asombro al contemplar a Vlad despojándose apresuradamente de las piezas de su armadura. Eran piezas que le había costado ponerse con la ayuda de Nibelung, pero en este instante Vlad se las quitaba arrojándolas a un lado sin dudar. "Si no estoy en calidad de caballero, pegarle una paliza y cosas por el estilo está permitido, ¿no?". "¿A qué viene semejante...?". Ni siquiera hubo tiempo de frenarlo. La agilidad de los movimientos de Vlad, por muy herido que estuviese, no era algo que Pierre pudiera atajar. ¡Pafff! "¡Hermano mayor! ¡Qué alegría verte!". "¡No, nooo!". Acompañando a las palabras con las que Vlad aclamaba a su supuesto hermano mayor, una lluvia implacable de feroces puñetazos comenzó a descargar sobre él. "¡Me alegro de verte, sí, pero ¿por qué no le respondes a tu hermano menor lo que quiere saber?! ¡¿Acaso me estás mirando por encima del hombro?!". "¡Maldito desquiciado! ¡¿Te has vuelto loco?!". Aquello no era una tortura, de ninguna manera. Solo era el berrinche y los desmanes que un hermano menor cometía al buscar a su hermano mayor. Radu, al comprender de golpe la estratagema que Vlad pretendía utilizar, abrió los ojos desorbitados por el espanto. "¡¿Por qué demonios ibas a ser mi hermano?!". "¡Si compartimos al mismo padre, ¿cómo carajos no voy a ser tu hermano menor?!". Al presenciar lo que a todas luces no era un tormento para sonsacar información, sino una mera riña doméstica entre hermanos de sangre, Pierre asintió en silencio ante la mirada elocuente que Vlad le dirigió. "¿...Prefieres que espere afuera?". "Me parece que con una hora bastará". "¡No te vayas! ¡No se vaya, se lo suplico!". Ni las leyes imperiales ni los cánones de la Santa Madre Iglesia poseían potestad alguna para inmiscuirse en una querella privada entre parientes carnales. Pierre, comprendiendo la sutileza, se limitó a franquear la puerta y salir silenciosamente para dejarlo resolver sus asuntos. Y así, en aquella estancia cerrada y sin más testigos, solo se libró con encarnizada ferocidad la reyerta entre el hermano menor y el mayor. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 229 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.