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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Era el punto de inflexión en que el invierno tocaba a su fin y la primavera comenzaba a insinuarse. Con la llegada de una brisa templada, la nieve congelada a lo largo de los meses fríos se derretía, y todo aquello que hasta entonces había permanecido aletargado asomaba con timidez la cabeza. "Maldita sea". En otras palabras, significaba que los caminos se convertían en lodazales y las ruedas de los carruajes se atascaban a la menor provocación. "¿Qué haces ahí parado?" "......" Al ver a Zayar ladear la cabeza desde lo alto de su montura, Vlad caminó arrastrando los pies hacia la rueda trasera del carruaje. Desde el momento en que comprobó que el cuerpo de Vlad se había restablecido por completo, Zayar había comenzado a exigirle combates de práctica o a encomendarle recados a la menor oportunidad. Y lo hacía con aspereza, con una actitud que sugería que había estado aguardando ansioso este preciso instante. "Por ser el carruaje de un noble, pesa una barbaridad". "Aun así, jefe, esta vez no se ha hundido tanto". "¿Hasta cuándo piensas seguir llamándome 'jefe'?" "Es que no me dejas llamarte por tu nombre". A pesar de encontrarse desatascando la rueda del carruaje cubierto de lodo de pies a cabeza junto a unos cuantos sirvientes, Goat no borraba una radiante sonrisa de su rostro. "¿Tanto te alegra?" "Pues claro que me alegra". Goat era un hombre con motivos de sobra para sonreír. Al fin y al cabo, su instinto no le había fallado. Vlad era alguien predestinado a alzarse, y permanecer al lado de un sujeto así garantizaba que siempre caería algún mendrugo de provecho. 'En ese caso, ven tú también'. Durante la última noche que pasaron en Barna, Vlad le había brindado a Goat la oportunidad que este tanto había anhelado y esperado. 'Porque ahora mismo no tengo dinero para recompensarte. Estoy en la absoluta bancarrota'. '¡Es un honor, mi señor Josef!' Tras escuchar cómo Goat había traído a Vlad al campamento en el momento oportuno a pesar de que el muchacho no sabía montar a caballo, e incluso había cabalgado de regreso entre las sombras para traer a Zayar y resolver la crisis, Josef declaró que a él también le otorgaría una justa retribución. Por esa razón, Goat formaba parte ahora de la comitiva que marchaba rumbo a Sturma. "Iré a la mansión de un conde a la que jamás me atrevería a levantar la mirada, y nada menos que a la Casa Bayezid, el auténtico poder que rige el norte. ¿Cómo no iba a estar contento?" Goat no viajaba únicamente con la vista puesta en la recompensa que Josef le concedería. Era un embaucador astuto y su mente calculaba con agilidad. "Si demuestro allí mi utilidad, ¿acaso el señor Josef no me tomará a su servicio? No puedo seguir llevando la precaria existencia de un mercenario para siempre". "¿No puedes cerrar la boca y limitarte a empujar?" "¡Sirviente de la Casa del Conde Bayezid! Solo con alcanzar semejante puesto, para un plebeyo ya sería la gloria". "Cierra el pico y empuja el carruaje de una maldita vez. Antes de que te muela a golpes, por favor". Dado que Goat comprendía la trascendencia de las oportunidades tan bien como Vlad, era capaz de sonreír a pesar de empujar el carruaje con extenuante esfuerzo. Así de despiadado era el mundo a la hora de brindar una ocasión para ascender. Por mucha destreza o preparación que poseyera un hombre, incontables eran aquellos que se desplomaban en la cuneta por faltarles apenas un cabo de esa hebra esquiva llamada fortuna. En ese sentido, podía afirmarse que tanto Vlad como Goat eran hombres afortunados. Desde luego, semejante desenlace solo había sido posible porque habían pagado con creces el precio para aferrarse a esa oportunidad. Aquella noche, Vlad había invocado el mundo blanco con la firme resolución de morir. Y Goat había desafiado el peligro desandando el camino para traer a Zayar. Todo había sido por alcanzar este instante. "¡Malditas babosas! ¿Acaso piensan apoltronarse ahí todo el día?" Por eso mismo, ambos se encontraban ahora empujando el carruaje en el fango mientras soportaban los improperios de Zayar. "¡Ji, ji, ji!" 'Me voy a volver loco, de verdad'. Al escuchar a Zayar hostigándolos con maldiciones desde la retaguardia y ver a Goat riéndose a su lado con descaro, Vlad apretó los párpados con fuerza. \[Incluso en una tesitura semejante, debes preservar la calma\]. '¡Ya lo sé, pero...!' Pese a la advertencia de la voz, a Vlad le resultaba imposible sofocar la cólera que le hervía en el pecho. "Mierda". "¿Eso me lo has dicho a mí?" "No". "¿Cómo que no?" Tras recibir un coscorrón en la nuca de manos de Zayar por esa blasfemia musitada entre dientes de forma involuntaria, Vlad midió el momento y, de inmediato, le propinó un manotazo en la cabeza a Goat, que seguía a su lado. "¡Ay!" "¿Te parece momento para reírte?" Vlad era un mozo de diecisiete años en cuya sangre hervía la juventud indómita, alguien que se había criado a golpes en la brutalidad de los callejones. "Deja de reírte y empuja. No pienso recibir más golpes por tu culpa". "Pero si ya estoy empujando..." Vlad era aún un muchacho muy distante de convertirse en caballero. Todavía. \* \* \* El Condado de Bayezid. Un territorio bajo el dominio de la Casa Bayezid que abarcaba tres ciudades y doce aldeas. Shoara, la urbe natal de Vlad. Barna, la ciudad que había liderado la reciente expedición de exterminio de monstruos. "¿Es este lugar Sturma?" "Así es. Allí se encuentra mi casa solariega". Y lo que ahora se desplegaba ante sus miradas era, en efecto, la capital del Condado de Bayezid: la ciudad de Sturma. "Oh". Vlad no pudo reprimir una exclamación de asombro ante la panorámica de aquella urbe que contemplaba por primera vez. Lo primero que cautivó sus ojos fueron las murallas, colosales y vertiginosas. "Es descomunal de verdad". Shoara también contaba con murallas, pero no eran tan imponentes ni tan altas como aquellas. "Mmm". Como correspondía a un muchacho criado en los bajos fondos, Vlad se sorprendió cavilando instintivamente en qué tramo de aquella fortificación convendría horadar una gatera clandestina para colarse sin ser visto. "Hay una razón para que esas murallas posean semejante porte". Al notar la mirada abstraída con la que Vlad escudriñaba las almenas de Sturma, Josef comenzó a relatarle su historia desde su caballo. Aunque la conversación nacía de un ligero malentendido sobre lo que el joven tramaba, para el escaso bagaje de Vlad, cada una de aquellas palabras atesoraba un valor incalculable. "Esas murallas se alzaron por estricta necesidad bélica, mas también para manifestar ante el mundo la firmeza inconmovible de la Casa Bayezid". La crónica de la Casa Bayezid había sido tan encarnizada que bien podía definirse como una pugna incesante. Monstruos y bárbaros que irrumpían en oleadas al compás de las estaciones; y, como correspondía al agreste temple norteño, las guerras interminables desatadas contra otros feudos. La estampa pétrea que tenían enfrente había resistido los embates de todo aquello. "Ofrece una estampa muy distinta a la de Barna". "Aquella es una ciudad de marcado tinte eclesiástico. Aunque, en verdad, fue algo promovido expresamente por mi padre". Vlad procedía de una gran urbe, pero cada ciudad que conocía poseía un hálito enteramente singular. Para aquel polluelo que apenas acababa de asomar el pico fuera del nido, cualquier rincón del mundo resultaba un prodigio digno de asombro. "Cierra la bocaza de una vez, mocoso". "Le agradecería que me llamara Vlad de Shoara". "Ni en sueños". "......" Al contemplar a Vlad embobado con la boca abierta de par en par ante la silueta de Sturma, Zayar chasqueó la lengua con una sonrisa burlona. "En lo sucesivo seguirás siendo solo un mocoso". "Si el sacerdote Andrea lo oyera, se apenaría profundamente". "Eres mi escudero, no el diácono de su reverencia. Lo que me plazca llamarte es potestad mía". "......" El celo y la atención que Zayar volcaba sobre Vlad, el primer escudero que tomaba bajo su tutela, eran excepcionales. "Como se te ocurra cometer la menor insolencia al poner un pie en la Casa Bayezid, ten por seguro que te moleré a golpes". "De todas formas me golpea todos los días. A estas alturas ya ni me sorprende". Al ver a aquel descarado escudero que rehusaba amilanarse o concederle una sola réplica, Zayar sonrió mientras acariciaba el cuero de su parche. 'Al menos es indudable que agallas no le faltan'. Josef, su señor feudal, padecía constantemente por la escasez de caballeros competentes, y el mocoso que tenía delante representaba una pieza capaz de colmar ese vacío. 'Y además, el Aura'. Si bien Vlad se había negado a revelar detalles escudándose en que era un secreto arcano reservado para un único discípulo, según las palabras de Josef, el muchacho sin duda alguna había desatado Aura por un breve instante. Aunque como factura hubiera caído derrengado en cama, lo verdaderamente trascendental era que, de hecho, lo había logrado. 'Tendré que someterlo a un entrenamiento implacable en cuanto lleguemos'. ¿Era capaz de manifestar el aura? O mejor aún, ¿podía dominar esa aura por completo y emplearla en un combate real? Aquello constituía una parte fundamental del talento innato de un caballero. Y el muchacho que tenía ante sus ojos había demostrado con creces tanto su destreza como su inmenso potencial. "En marcha". Con aquella orden de Josef, la comitiva comenzó a avanzar hacia las puertas de Sturma. "¡El joven señor ha llegado!" "¡Abrid paso!" Eran murallas altas y recias, pero tales obstáculos no se aplicaban a alguien como Josef. Aunque frente a la entrada aguardaba una larga hilera de personas para acceder a la fortaleza, bastaba la sola mención del nombre de Josef para que la multitud se abriera como las aguas de un mar hendido, despejando el camino. "Vaya...". Goat no pudo evitar soltar una exclamación de asombro ante semejante estampa. Para alguien que había vivido toda su existencia esperando y siendo apartado a empujones, una vivencia de semejante calibre era algo inédito. Vlad, contemplando igualmente la escena que se desplegaba ante sus ojos, confirmó que acababa de poner el pie en un mundo completamente distinto a aquel en el que había vivido hasta entonces. "¡Bienvenido de vuelta a Sturma sano y salvo, milord Josef!" "Me reconforta ver a los soldados de Bayezid custodiando las puertas de la fortaleza con tanta firmeza". "¡Muchas gracias!". A pesar de tratarse de un elogio puramente protocolario por parte de Josef, el capitán de la guardia respondió con voz atronadora y franqueó el paso de inmediato. "¡Firmes, saludo a la guardia!". Los centinelas mantuvieron el saludo militar hasta que el carruaje de Josef hubo cruzado por completo. Era una muestra de reverente respeto hacia la sangre del noble linaje Bayezid, así como un ceremonial incuestionable debido a los señores que gobernaban aquella ciudad. Y entre aquellas filas marciales avanzaba también Vlad. "¡Maldito insensato! ¿Acaso no piensas guardar eso de inmediato? Para empezar, ¡la mera presencia de milord Josef es más que suficiente como salvoconducto!". "..." Aunque Zayar rugía enfurecido desde lo alto de su montura, Vlad ni siquiera se dignó a fingir que lo escuchaba. Era algo que deseaba hacer a toda costa. "Ya ajustarás cuentas conmigo en cuanto entremos". Dijera lo que dijese Zayar, Vlad caminaba con paso erguido y orgulloso. Sostenía y mostraba aquel pequeño trozo de madera ante los guardias que rendían honores a Josef. Aquel pedazo de madera era la placa de identidad que el sacerdote Andrea le había tallado, el distintivo que acreditaba formalmente su propia existencia. "¿No van a inspeccionarme?". Ya no tenía por qué escabullirse por huecos miserables y escondrijos. Aquella era la pequeña rebeldía de un muchacho que, al fin, podía andar con la cabeza bien alta en cualquier lugar. ※※※※ Bajo la punzante mirada de Zayar, Vlad y Goat cruzaron el umbral de la mansión de la Casa Bayezid. "Cielos...". "Esto sí que es impresionante". Erigida en el punto más encumbrado de Sturma, la imponente y monumental mansión de piedra gris dominaba cada rincón de la urbe bajo sus pies. Los dos plebeyos caminaban con los ojos abiertos de par en par, contemplando la mansión de un auténtico noble que ni en sus sueños más descabellados habrían podido concebir. "A partir de este instante, sois los huéspedes de milord Josef. Si cometéis la más mínima estupidez, mancillaréis el honor de su señoría". "Entendido". "Mantened la vista clavada en el suelo mientras camináis. Dejad de mirar a todas partes como un par de campesinos ignorantes". Ante la severa advertencia de Zayar —quien se volvía inflexible y letal cuando se trataba de cualquier asunto concerniente a Josef—, Vlad cerró la boca entreabierta, bajó la cabeza y continuó caminando con dócil prudencia. '¿Esto es una alfombra? ¿Acaso es de seda?'. Por supuesto, aun limitándose a mirar el suelo, había maravillas de sobra para contemplar. Pisar una mullida alfombra dispuesta sobre mármol blanco impoluto era un lujo con el que un muchacho de los callejones jamás se habría atrevido ni a soñar. Vlad meditaba con absoluta gravedad si de verdad le estaba permitido pisotear cosas que a todas luces costaban una auténtica fortuna. "Esperad aquí dentro". Zayar les gruñó a los dos palurdos al conducirlos hasta una sala de recepción. A partir de ese momento, Josef debía rendir cuentas ante el señor de aquella mansión y su propio padre, Peter Bayezid, informándole tanto de su regreso a salvo como de la siniestra maldición que había asolado el campamento. "Las doncellas os servirán refrigerios. Eso... No, mejor no toquéis nada y limitaos a esperar sin comer. Si os atiborráis como pordioseros, no tardarán en circular habladurías indebidas". "Pero aunque sea un poco...". "Cierra la boca". Y en aquel solemne momento de audiencia, no existía razón alguna para que Vlad y Goat estuvieran presentes. Carecían de rango para osar presentarse ante el Conde Bayezid, y su sola permanencia en aquel lugar dependía exclusivamente del aval personal de Josef. "..." "..." Aun después de que Zayar se marchara tras soltar su advertencia, Vlad y Goat no consiguieron disipar la tensión. Todo a su alrededor era demasiado pulcro, colosal y, por encima de cualquier otra cosa, sepulcralmente silencioso. Jamás en su vida habían presenciado un entorno semejante. Fue precisamente por ello que no se percataron. No advirtieron que los cortinajes blancos situados a su lado ondeaban con suavidad. "Jamás había visto vuestras caras por aquí. ¿Quiénes sois?". "¡...!". Ni tampoco repararon en el hecho de que, además de ellos, había otra persona en aquella sala de recepción. Bajo el ventanal entreabierto, un hombre emergió de entre los pliegues de las cortinas blancas. "Pensaba holgazanear un rato aquí a escondidas, pero miren nada más". El desconocido se encogió de hombros mientras se aproximaba a ambos. Poseía una presencia formidable, una postura imponente y un peso abrumador en su figura imposible de disimular. Su estampa bien podría ser la de una pantera negra de las junglas del este si alguna vez tomara forma humana. "B-bueno, yo me llamo Goat, señor, y en esta ocasión milord Jo-Josef me...". "..." Y Vlad, en el instante en que posó los ojos en el recién llegado, comprendió de inmediato quién era. Sus facciones guardaban un extraordinario parecido con las de cierto hombre de cabellos azabache al que ya conocía. "Ya veo. Así que tú eres Goat". El hombre de cabellos azabache clavó entonces su mirada en Vlad y preguntó: "¿Y tú quién eres?". Su mirada era tan afilada que parecía capaz de rebanar a un hombre únicamente con el filo de su presencia; sin embargo, Vlad apretó los dientes y resistió aquel abrumador influjo. Una de las lecciones fundamentales aprendidas en los callejones era que esquivar la mirada ajena equivalía a mostrarse débil. Y en los bajos fondos de Shoara, a cualquiera al que se tuviera por débil se lo devoraba sin la menor compasión. Hacer frente a la imponente presencia de otro era, para Vlad, un puro instinto de supervivencia. "Me llamo Vlad, de Shoara". "...¿De veras? Jamás había escuchado ese nombre". El hombre de cabellos azabache sonrió con evidente fascinación al ver cómo el muchacho rubio se atrevía a responderle con semejante aplomo. Le agradaba aquel bribón. La chispa en sus ojos seguía viva y no se amilanaba lo más mínimo ante su intimidante presencia. 'Parece que Josef se las ingenió para traerse a alguien bastante útil de algún sitio'. De naturaleza audaz y jovial, a Rutger le complacían los hombres que demostraban semejante temple. "¿Quieres cacahuetes?". Además, Rutger era un hombre sumamente generoso con aquellos que eran de su agrado. Se sacó del bolsillo un puñado de cacahuetes y se los tendió a Vlad. Sin embargo: "Nos dijeron que no comiéramos nada". "¿Eh?". Vlad se encontraba atenazado por la tensión ante un entorno que le resultaba por completo ajeno, y volcaba todas sus energías en contrarrestar el aplastante dominio de Rutger. No disponía de calma mental y sus pensamientos no fluían con la debida agilidad. Fue por esa misma razón que acabó respondiendo de forma maquinal: "Nos ordenaron que no comiéramos absolutamente nada en este lugar". "...¿Ah, sí?". Rutger, que jamás habría imaginado que alguien osara rechazar su buena voluntad, se quedó momentáneamente desconcertado ante la réplica de Vlad. "Pero si están deliciosos...". "..." Goat, que permanecía con la cabeza agachada, comprendió al instante que la situación se torcía de un modo alarmante, pero no se atrevía a intervenir ni por asomo. Vlad de Shoara. Lo primero que hizo al llegar a la Casa Bayezid fue, ni más ni menos, rechazar los cacahuetes que el primogénito del conde, Rutger, le había ofrecido con sincera amabilidad. \----- • Novela: El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas / 별을 품은 소드마스터 • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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Estás leyendo el capítulo 22 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.