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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 228 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La oscuridad se volvía cada vez más densa. En aquel corredor donde la ausencia de una sola antorcha dificultaba distinguir el entorno, las entrañas del pasaje se tornaban más negras a medida que se adentraba en él, hasta el punto de que ahora resultaba imposible divisar a una persona que estuviese justo enfrente. En medio de semejante tiniebla, Josef se hallaba en la misma condición que un ciego con los ojos abiertos. "¿Acaso no ves lo que tienes delante?" "...... Así es." Ante la respuesta de Josef admitiendo que no podía ver, un fuego fatuo de color azul brotó de la penumbra más absoluta. Era una claridad insuficiente para iluminar los alrededores, pero bastaba al menos para discernir la silueta de quien la había encendido. "Parece que todavía no has consumido lo suficiente." Un hombre que, en el sitio donde debería estar su cuello, solo portaba un yelmo vacío. El caballero decapitado, el mismo que había secuestrado a los niños en las tierras de Arnstein, clavó sin vacilación alguna su gélida mirada sobre Josef. "Aunque el hedor que te impregna ya es bastante denso." Al verlo actuar como si husmeara el aire, una tensión involuntaria atenazó a Josef, pues comprendió con exactitud qué era lo que aquel descabezado pretendía comprobar en él. "No tienes rostro, pero veo que puedes oler." "No es un aroma que se perciba con la nariz." Aunque Josef intentó con todas sus fuerzas aparentar serenidad, le fue imposible evitar que el final de sus palabras vacilara. Al observarlo, el fuego fatuo azulado que titilaba en el interior del yelmo se curvó con frialdad. "La pestilencia a putrefacción que engendra la muerte no se huele a través de la carne, sino del alma, Josef Bayezid." Más penetrante que el hedor cadavérico de un cuerpo corrompido debía de ser el hedor que despedía un alma al pudrirse. Habiendo confirmado tan abominable peste en Josef, el caballero decapitado volvió a girarse para encabezar la marcha a lo largo del estrecho pasillo. "Ese té es una gracia concedida por Lady Lamashtu, de modo que procura beberlo con diligencia si es que de verdad no deseas alcanzar la muerte." \*Chiiiiik—\* Al compás de aquellas palabras, la oscuridad comenzó a abrir una puerta que aguardaba ante las yemas de los dedos del caballero decapitado. Se trataba de una puerta que había estado allí mismo, pero que resultaba invisible a los ojos; una puerta impregnada de una maldición de la cual jamás se podría escapar a solas. "Entra. Te está esperando." "......" Los vestigios de la santa caída, de los cuales se afirmaba que ningún miembro de la iglesia había logrado dar con su paradero al ser inalcanzables para los vivos. Josef exhaló una callada respiración al contemplar aquella puerta que únicamente revelaba su forma a quien, como él, se hallaba al borde de la muerte. \*\*\* "¿Sir Vlad todavía no ha despertado?" "Así es, señor conde." Tan revuelto como el despacho se hallaba el suspiro cargado de pesadumbre que exhaló el conde. Ante la expresión de su señor, a quien resultaba difícil consolar con palabras, Pablo se limitó a inclinar la cabeza. "Les di una calurosa bienvenida tratándose de huéspedes venidos de tierras lejanas, ¿y qué recibo? Uno en estado de coma y el otro marchándose tras destrozar el feudo por completo." La espalda del conde, que mascullaba lamentos acuclillado frente a la chimenea, lucía lamentable. Si Pablo hubiera sabido que la leña que sostenía en ese instante eran los pedazos del escritorio que tanto atesoraba, esa desolación se le habría antojado el doble de penosa. "Empezar el año de esta manera es ciertamente inquietante." Pero ¿qué otra opción quedaba? Lo hecho, hecho estaba, y dado que sus enemigos al acecho eran incontables, no le restaba más que moverse sin descanso. Tras empujar hacia las brasas los restos de madera de castaño con un gesto cargado de pesar y renuencia, el conde se puso de pie frente a una pila de libros amontonados al descuido y empuñó la pluma. "Tal como mencionó ese sujeto llamado Sandor, lo conveniente será dejar el asunto de Josef Bayezid en manos de la Alianza del Norte." "En efecto. Ellos también desearán que así sea." "Bien. Ya nos encargaremos más adelante de cobrarles una rigurosa indemnización." Que el segundo vástago de la ilustre Casa Bayezid, uno de los linajes más prestigiosos del norte, se hubiese confabulado con una entidad perversa era un asunto en extremo espinoso. Para un noble, el honor lo era todo y la reputación derivada de este obraba como una fianza inmutable, de modo que era un problema que la Casa Bayezid debía resolver por iniciativa propia sin necesidad de apremios. "Habiendo apaciguado en parte los asuntos del feudo, el dilema que nos atañe resolver de aquí en adelante concierne a Vlad Áureo. ¿Has concluido las averiguaciones conforme a mis órdenes?" La mirada con la que el conde observó a Pablo recobró de inmediato su vigor habitual. Como líder indiscutible de las tierras centrales y cabeza visible de la facción de la corte imperial, el Conde Arnstein ya había escuchado de labios de Sir Rodrigo, de la Gendarmería Imperial, el inmenso valor que poseía aquel caballero llamado Vlad. "Sí. He investigado todo de conformidad con sus instrucciones." Un caballero que, aun sin llevar su sangre, bien podía haber heredado su voluntad. En cierto sentido, semejante conjetura podía antojarse descabellada, pero el Duque de la Corte deseaba confirmarla con certeza, y el responsable de culminar esa última comprobación no era otro que el propio Conde Arnstein, a quien a menudo llamaban los ojos del duque. "El mago consejero de Sir Vlad, Nibelung, procede de la tribu Burgund, en el sur. Al profundizar en el asunto, descubrí que pertenece al linaje de un clan influyente dentro de los suyos." Para conocer en detalle a una persona, la regla elemental dicta comenzar por desentrañar a su entorno. La espada que blandía y la esgrima que empleaba eran aspectos que la Gendarmería Imperial ya se había encargado de verificar; por consiguiente, lo que el conde precisaba constatar era la auténtica magnitud de la talla de Vlad. "La tribu Burgund... ¿No es acaso esa etnia que todavía conserva cierta cohesión dentro de la raza de las bestias?" "Así es. Se trata de una tribu que llegó a consolidar sus propios dominios en los albores de la fundación del imperio." A diferencia de la Alianza del Norte, incapaz de extender su alcance por los diversos confines del continente, la red de información de Arnstein ya se proyectaba hasta las regiones meridionales. Para ellos, averiguar los orígenes de Nibelung no entrañaba dificultad alguna. "Además, según los informes, desciende de una prominente casta dentro de dicha estirpe." "A simple vista jamás lo habría sospechado, pero resulta que era un joven de noble cuna... ¿Y qué más?" "Antes de presentarse en nuestros dominios, el destino previo de Sir Vlad fue el Frente de Liberación Enano. Asimismo, según refieren los rumores, su más íntimo allegado, el Capitán Haben, botó recientemente una embarcación capaz de surcar las aguas sin necesidad de viento." "¿Sin viento?" "Todo parece indicar que han asimilado la tecnología de los enanos." Si uno no prestaba atención, el detalle pasaba inadvertido; pero al observar con detenimiento, todo salía a la luz. Aunque en apariencia Vlad solo parecía ser un caballero prometedor, el Conde Arnstein comenzaba a percibir las singulares corrientes subterráneas que bullían en su entorno. "Qué nave tan extravagante. Prosigue." Los dedos del conde se movían con presteza mientras escuchaba el informe de Pablo. Por mucha información que uno lograra recabar, si carecía de una interpretación acertada, todo resultaba inútil. Sin embargo, incluso el mismísimo Conde Arnstein, que se esforzaba por juzgar a Vlad desde la perspectiva más sobria y fría posible por el bien del Duque de la Corte que aguardaba en el palacio imperial, no tuvo más remedio que posar por un momento la pluma que sostenía ante el contenido de las noticias que no cesaban de llegar a sus oídos. "¿Junto a un elfo?" "Así es." "¿Afirmas que el Papa de la Iglesia Ortodoxa del Norte le confirió en persona una inscripción sacra?" "Eso es lo que se asegura." "E incluso cortar la ruta de distribución de absilon..." "Al menos, la Gendarmería Imperial llegó a esa conclusión." El semblante del conde desbordaba una expresión de absoluta incredulidad, pero toda la información que recibía en ese instante provenía de su propia red de informantes, desplegada por su mano. "...Pensar que mientras aparté la mirada por un breve instante, semejantes acontecimientos tenían lugar en el norte." Que el Conde Arnstein no hubiera reparado hasta ahora en la verdadera identidad de Vlad no se debía a una simple negligencia. Durante todo ese tiempo, el conde se había volcado en desentrañar las corrientes de poder de las tierras centrales para asegurar su propia supervivencia y encarar las encarnizadas pugnas palaciegas del imperio. Sin embargo, en aquel norte al que le había dado la espalda, una variable de tal magnitud que ni siquiera él podía ignorar se estaba alzando sobre sus propios pies. "...Esto ya carece de sentido." Tras meditarlo durante un largo rato, el conde estrujó el papel en el que había estado escribiendo y lo arrojó hacia la chimenea que ardía a su lado. Pablo, que lo conocía desde hacía incontables años, sabía muy bien que aquel gesto, tan parecido a una costumbre, no era algo que su señor realizara a la ligera. "¿Qué te ha parecido a ti? Tú lo viste con tus propios ojos, ¿verdad?" Tras levantarse del crujiente sillón, el Conde Arnstein caminó hacia el ventanal y contempló el exterior. "Vlad de Shoara. Fuiste tú el primero en presenciar el inicio de ese potencial, ¿no es así?" Habiendo concluido el examen objetivo, había llegado la hora de escuchar un dictamen subjetivo. Y en ese momento, junto al conde, se hallaba el único caballero capaz de expresarlo con total certeza. "...No era un escenario que esperase presenciar, pero fue una luz sumamente grata." Sir Pablo de la Casa Arnstein. El caballero que, en el pasado, proclamó los Preceptos del Maestro de la Espada por el bien de Vlad, cuando este no era más que un simple muchacho de los callejones. Pablo acarició el escudo que siempre llevaba consigo antes de hablar. "Fue una luz tan noble que no sentí la más mínima vergüenza al interponer mi escudo para protegerla." "...¿De veras?" Al escuchar la réplica de Pablo, una tenue sonrisa comenzó a dibujarse en el rostro del conde. Aquel punto solitario, que antes no era más que una remota posibilidad, se había convertido en una línea continua que ya trazaba un cuadro nítido ante sus ojos. "Preparen un despacho arcano. Informaré personalmente a Su Gracia, el Duque de la Corte." Bajo la luz del sol de aquel día, el aspecto de su mansión era un desastre calamitoso, pero en la expresión del conde al contemplar la escena no asomaba ni una pizca de desagrado. Al considerar que aquel era el precio a pagar por la cosecha que acababa de obtener, sentía incluso un profundo alivio en el pecho. ※※※※ Por la noche, cuando todos dormían, una sombra se deslizó por la mansión Arnstein. Eran movimientos en extremo torpes y lánguidos, pero cada pisada conservaba una firmeza incisiva, y cada una de sus respiraciones mantenía ese hilo tenue y contenido que solo una persona rigurosamente adiestrada podía exhalar. "..." Dejando atrás las habitaciones donde descansaba la servidumbre y eludiendo las miradas de los guardias que patrullaban el corredor, la sombra alcanzó por fin su objetivo. \*Creeeak.\* Aplacando con suma cautela incluso el chirrido de las bisagras, la sombra se introdujo en silencio en una alcoba bañada por la pálida luz de la luna. \*¡Pum, pum!\* "...Es un fragmento." Ante sus ojos descansaba una espada. Aunque el arma se hallaba envuelta en un fulgor de olas plateadas, el violento palpitar de su corazón le aseguraba que, sin duda alguna, aquello era un fragmento de dragón. "Eso... ¡solo necesito eso!" Sus dedos, arrugados y consumidos por la pérdida masiva de sangre, parecían ramas secas. Sin embargo, el anhelo que quemaba las yemas de sus manos ardía con una intensidad furiosa. Radu Dragulia, envejecido hasta el extremo, exhibía una sed abrasadora hacia la Espada Matadragones que se alzaba frente a él. Un paso, y luego otro más. A cada palmo que se acercaba, su corazón se desbocaba con mayor fuerza. 'Aunque el padre que me engendró me haya arrebatado todo mi potencial, con eso... ¡podré volver a ser un dragón!' "¿Qué haces?" "¡...!" Por inmenso que fuera el deseo que inundaba su alma, le resultó imposible ignorar la voz que resonó justo a su lado. Porque aquellos ojos azules que lo contemplaban en ese instante eran idénticos a los del padre al que tanto temía. "En el pasado, tenía un compañero mayor llamado Buray." La luz de la luna que se filtraba por la ventana chocó contra la cabellera rubia que se incorporaba lentamente, arrancándole destellos dorados. A medida que Vlad se ponía de pie, su sombra crecía de forma imponente, y Radu, temblando de pavor, no pudo más que arrastrarse por el suelo hacia la puerta por la que acababa de entrar. "Ese tipo tenía la costumbre de ponerle las manos encima a mis cosas. ¿Sabes lo que hice con él?" Un semejante reconocía de inmediato a los suyos. Y Radu, habiendo nacido como un dragón, no pudo evitar sentir con absoluta nitidez la colosal magnitud de la presencia que tenía ante sí. "V-Vlad Áureo..." El hombre que se erguía en solitario en aquella mansión donde todos dormían. El hombre de pie, dando la espalda a la luna, era precisamente aquel cuyo nombre Radu acababa de balbucear: Vlad Áureo. "Simplemente lo apuñalé. Verás, la cleptomanía es una enfermedad que solo se cura con la muerte." \*¡Baaang!\* En medio de la silenciosa madrugada, un estruendo formidable despertó a todos los ocupantes de la mansión. Fue un estallido tan descomunal que sobresaltó tanto a los sirvientes que dormían como a los centinelas que montaban guardia. "¡¿Qué demonios te enseñaron los padres que te trajeron al mundo, pedazo de escoria?! ¡¿Cómo te atreves a meter las manos en las pertenencias de otros?!" "¡Piedad, piedad...!" Ante aquel escándalo ensordecedor, Nibelung y Pierre salieron corriendo despavoridos de la habitación contigua. Al llegar al pasillo y reconocer a Vlad, Nibelung alzó una mano con evidente entusiasmo por verlo despierto, pero Pierre, que había sido quien más fatigas pasó para traer al cautivo, se quedó boquiabierto de puro espanto al ver a Radu rodando por el suelo entre golpes. "¡Oye, infeliz! ¡¿Por qué lo estás moliendo a golpes después de todo lo que me costó sacarlo vivo para tenerlo como testigo?!" "¡Suéltame! ¡Hoy voy a curarle la maldita enfermedad a este bastardo!" "¡Maldito orate! ¡¿Por qué diablos causas este desastre en cuanto abres los ojos?!" \*Hummm...\* En el interior de la solitaria alcoba, la espada de Vlad vibraba tenuemente mientras contemplaba a aquellos dos dragones revolcarse de forma patética en el exterior. No obstante, si aquel murmullo desprendía un matiz de júbilo, era sin duda por la dicha de reencontrarse con su amo, que por fin acababa de despertar de su letargo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 228

Estás leyendo el capítulo 228 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.