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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 227 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En su despacho de Sturma, Peter Bayezid contemplaba con fijeza al hombre que se erguía ante él. A juzgar por la tinta aún fresca de la pluma que acababa de posar a un lado, era evidente que se trataba de un visitante llegado a una hora del todo intempestiva. "Si deseabas hablar conmigo, deberías haber concertado una audiencia previa, Age." "El asunto apremia. Y es una noticia que debía transmitir con urgencia." Aquel hombre vestía toscas pieles de animales sin curtir y lucía llamativas cintas multicolores trenzadas por toda su cabellera. Age, de la tribu Buda-at, mantenía una expresión adusta sin molestarse siquiera en sacudirse la nieve acumulada sobre los hombros. "Está bien. Habla." Como hijo del caudillo de una tribu, Age carecía por completo del rango requerido para tratar de igual a igual con Peter, el señor de la Casa Bayezid. No obstante, al advertir la profunda gravedad grabada en las facciones de Age, Peter decidió pasar por alto las cuestiones de protocolo. "Me temo que no seremos capaces de resistir este invierno. Ni nuestra tribu ni las demás." "¿Por qué motivo?" Que los bárbaros sufrieran penurias durante el invierno a causa de la escasez de provisiones era un hecho recurrente; después de todo, su ancestral costumbre del pillaje se originaba en esa misma necesidad. Sin embargo, Age no se había presentado allí simplemente para decir que se habían quedado sin comida y que apenas sobrevivían. "Los monstruos se han descontrolado." "¿Acaso no ha sido siempre así durante el invierno?" "Y los dragones también. Me refiero a esos dragones a los que ustedes llaman Lindwurm." Más allá de los páramos nevados del norte, desde aquellas tierras vedadas al alcance de los hombres, los dragones cruzaban las fronteras junto a las hordas de monstruos. Aunque, tal como decía Peter, se trataba de un suceso anual, en esta ocasión su número era incomparablemente mayor, una masa que los bárbaros —debilitados con anterioridad por la Orden de Caballeros Matadragones— no estaban en condiciones de contener en modo alguno. "¿Dragones? ¿Como en el pasado?" "Es peor. A diferencia de aquella vez, ahora no se trata de uno solo." Al oír a Age asegurar que no era un único dragón, las cejas de Peter se crisparon ligeramente. Cuando el fragmento de Rabnoma se agitó, cabía la posibilidad de que se vieran afectados por su influjo, pero en las circunstancias actuales no existía razón alguna para que múltiples dragones se alzaran enfurecidos al unísono. "¿Es una noticia confirmada?" "Ya hemos perdido el contacto con dos tribus. Precisamente las que estaban asentadas en el confín más septentrional." A tenor de lo expuesto por Age, los bárbaros se veían forzados a desplazarse hacia el sur, incapaces de soportar la embestida combinada de los monstruos y los dragones desbocados. Y aquello distaba de ser un buen augurio para la Casa Bayezid. "En este momento nos resulta imposible enviar tropas en su auxilio. Debemos prepararnos para la guerra." "Entonces, al menos acojan a los refugiados. Les pido que les permitan guarecerse tras sus murallas." "No tengo motivo alguno para llegar a tal extremo." La negativa brotó gélida e irrevocable. El pacto acordado entre los señores del norte y los bárbaros era firme, pero se circunscribía estrictamente al respeto mutuo por los dominios que cada cual poseía; bajo ningún concepto contemplaba la obligación de intervenir activamente para prestar auxilio como pretendía ahora. "El espacio intramuros es estrecho y el grano apenas alcanza para sustentar a los súbditos de mi feudo. El socorro que demandas sobrepasa con creces los límites del acuerdo." "..." "Puedes marcharte. Y no eches en saco roto la benevolencia que he mostrado al tolerar tu insolencia." Al ver cómo Peter volvía a empuñar la pluma como dando por zanjada la audiencia, Age se mordió el labio con amargura. Aunque no había error en las palabras con las que rehusaba prestar ayuda, le resultaba imposible sofocar el resentimiento que hervía en lo más hondo de su pecho. "Hicimos tantas concesiones y, al final, todo ha vuelto a lo mismo. Nada ha cambiado respecto al pasado." "..." "Este frágil pacto nuestro terminará por quebrarse sin remedio. Y los niños de la próxima generación, al igual que nosotros, volverán a apuntarse unos a otros con sus armas." 'Hubo un hombre que me dijo que ya no debíamos seguir haciéndolo. Un hombre que me pidió dejar a un lado los odios acumulados capa tras capa y estrechar las manos, aunque solo fuera por el bien de las generaciones venideras. Un hombre que afirmó que, para alcanzarlo, debíamos tragar un veneno que a los hombres de hoy en día nos costaba tanto beber.' "Si fuera Josef Bayezid, nos habría dicho que entráramos. Porque él fue la clase de hombre que actuó de esa manera incluso en los callejones de Shoara." "... Basta." "¡Ya no queda nadie en el norte dispuesto a tender la mano primero a los demás! ¡Vuelve a ser invierno...!" "¡Te he dicho que te calles!" ¡Pum! Acompañado por el estruendo del golpe que sacudió la mesa, un pesado silencio se adueñó de la estancia. Sin embargo, los ojos inyectados en sangre con los que Peter fulminaba a Age continuaban abiertos de par en par. "... Llegué a creer que, tratándose de él, tal vez fuera posible. Aunque al final no fue más que una ilusión." Al contemplar la compostura rota de Peter, Age retrocedió despacio sobre sus pasos y abandonó el despacho, intuyendo que ya no quedaba vía alguna de entendimiento. Había acudido en busca de una Casa Bayezid que, a diferencia de antaño, los considerara seres humanos semejantes; no obstante, lo único que se llevaba de vuelta era la fría frontera trazada entre sus mundos. "..." Incluso mucho después de la marcha de Age, Peter permaneció largo tiempo de pie con los puños fuertemente crispados. Había consagrado su existencia al empeño de no flaquear jamás, pero esta vez sosegar sus emociones le resultaba una tarea inalcanzable. Tras contemplar de frente las huellas de lo que su desventurado hijo no pudo consumar, Peter comprendió que, al menos por esta jornada, no le quedaría más remedio que buscar consuelo en el licor más áspero. \*\*\* El ajetreo de los peones que retiraban los escombros era incesante, como si ansiaran borrar la pesadilla de la noche anterior. Mas, a pesar de sus denodados esfuerzos, las manchas de sangre esparcidas por doquier continuaban allí, y la estampa de la mansión semiderruida era desgarradora. Frente a aquel panorama, Pablo, con un escudo completamente abollado a la espalda, alzó la mirada en silencio hacia la ventana de la mansión que aún se mantenía en pie. "Todavía no se ha despertado." "Para empezar, ya es un milagro que conserve el aliento. Después de haber tenido el pecho atravesado de parte a parte..." En crudo contraste con el aspecto mullido del lecho, las paredes de la habitación se encontraban surcadas de grietas por todos los rincones. Aquel estado ruinoso guardaba tanta semejanza con la figura de Vlad, postrado ahora sobre la cama, que solo parecía profundizar aún más la desolación reinante. "Dicen que hasta la mala fortuna sigue siendo fortuna. Francamente, no creí que fuera a salir con vida". "Para decir semejante cosa, bien que se esmeró en curarlo, ¿no cree?". "¡... Eso fue porque juré ante Dios que actuaría así frente a un enfermo!". Pierre gritó exasperado, incapaz de contener la cólera que le subía por el pecho; sin embargo, los cuidados que le había prodigado a Vlad en aquel momento de extrema urgencia habían sido sinceros. Aunque sus antecedentes como inquisidor de herejías le impedían recurrir a hechizos de sanación, de no haber sido por su diestro tratamiento, Vlad bien podría estar yaciendo dentro de un ataúd a estas alturas. "Aun así, ojalá despierte pronto. Las miradas que nos dirigen los sirvientes últimamente no son nada tranquilizadoras". "Mmm. Eso sí que es inevitable". La mansión de Arnstein, prácticamente en ruinas, era como una profunda cicatriz grabada en la ciudad de Valetta. Los estandartes partidos, los muros derruidos y los caballeros y soldados caídos en aquella incursión constituían un estrago y una pérdida onerosa que solo el paso de mucho tiempo lograría subsanar. Y el hecho de que la traición de Josef se hallara en el mismísimo epicentro de todo esto volvía cada vez más incómoda la presencia del grupo, que todavía no había podido abandonar la residencia. "Por cierto, ¿de verdad no sospechaste nada en absoluto? Conviviste con él todo este tiempo, ¿no?". "En lo absoluto. Al menos en lo tocante a artes místicas, me atrevo a asegurarle que no había rastro alguno". Si aquellas palabras hubieran provenido de un miembro común y corriente de la raza de las bestias, Pierre jamás las habría creído. No obstante, habiendo tratado ya con Nibelung, sabía perfectamente que, con lo atolondrado que era, carecía del temple y la malicia necesarios para sostener una mentira. "Bien mirado, ese tipo siempre fue excepcionalmente listo. De los más brillantes de todo el norte, sin duda". Pierre se rascó con parsimonia la barbilla al evocar a Josef, contra quien se había enfrentado en el pasado. Aquel segundo vástago de Bayezid había demostrado suficiente maña como para despojarlo a él de su posición en Shoara, urbe donde había estado afianzado durante tanto tiempo. Tratándose de un individuo semejante, embaucar a un gato bobo y a un dragoncillo inexperto debió de haber sido pan comido. "... En fin, era un sujeto fuera de serie. Vaya si lo era". Con todo, por muy sobresaliente que hubiese sido aquel talento, al final acabó sucumbiendo a una oscura seducción; las vicisitudes del mundo eran, en verdad, imposibles de prever. "¿Adónde va?". "¿Por qué? ¿Acaso tengo que rendirte cuentas cada vez que doy un paso?". "No es eso, pero...". Nibelung solo se lo había dicho porque le incomodaba la soledad en aquel lugar y buscaba compañía, pero la única respuesta fue la típica mordacidad agria de un viejo cascarrabias. Tras hacer girar el chirriante pomo de la puerta y salir solo al pasillo, Pierre soltó al fin un hondo suspiro y masculló entre dientes: "Pensar que a mi vejez terminaría haciéndoles de criado a esos malditos dragones". Del inconsciente Vlad al decrépito Radu. Avanzando por el corredor tras dejar la alcoba atrás, Pierre apuró el paso mientras se lamentaba de cómo su vida había ido a parar a semejante descalabro. En aquella mansión atestada de miradas hostiles y recelosas, Pierre era el único que se movía para velar por los hijos de Dragulia, desprovistos de cualquier otro auxilio. \* \* \* Era un paisaje otoñal. Un paraje donde los trigales que se divisaban allá abajo rebosaban de un dorado opulento, y la colina sobre la que reposaban se hallaba cubierta por la danza flotante de las hojas rojizas. La estampa del Árbol del Mundo Madre, visible en el interior del mundo de Kihano, despertaba una sonrisa en cualquiera que la contemplase; no obstante, Vlad se limitaba a permanecer sentado con el ánimo sombrío. "¿Por qué se habrá marchado de ese modo?". \[Eso es algo que solo él sabrá.\] Aunque era una colina serena donde solo se escuchaba el rumor del viento, Vlad no se encontraba allí a solas. Aunque sus facciones seguían sin revelarse, a su lado permanecía sentado un hombre de cabello castaño. \[De por sí, comprender cabalmente a otro ser ajeno a uno mismo es algo casi imposible. El encuentro entre dos mundos siempre es así.\] "......". Al escuchar las palabras de Kihano, Vlad hundió el rostro entre las rodillas. Sabía que intentaba reconfortarlo, pero la despedida de la noche anterior había sido demasiado atroz como para hallar sosiego en ellas. Con la cabeza hondamente sepultada entre los brazos, como si no deseara ver nada en absoluto, Vlad se culpaba por haber permanecido en la ignorancia hasta que la situación llegó a semejante extremo, y no podía evitar resentirse con Josef por no haberle confiado una sola palabra en todo aquel tiempo. "Ya estoy exhausto. Por más que luche, esto nunca termina. No puedo descansar". \[... Te comprendo.\] La anhelante ilusión de alzar la vista y soñar con las estrellas había sido lozana y pura, pero en este mundo nada era imperecedero. Con cada peldaño que escalaba, Vlad se desgastaba un poco más; y con cada enemigo que derribaba, un fragmento de su alma terminaba mellándose. Y ahora que incluso había perdido a alguien en quien confiaba ciegamente, no era de extrañar que abatiera la cerviz. \[Si quieres descansar, hazlo. Si deseas huir, también puedes marcharte. Nadie tiene derecho a imponerte qué debes hacer.\] Kihano no lo apremió en lo más mínimo. Se limitó a asegurarle que descansara tanto como le placiera. A Vlad, que había escapado a aquel plano porque le resultaba insoportable contemplar su propio mundo, Kihano lo acogía y confortaba de esa manera. "... ¿De verdad puedo hacerlo?". \[Por supuesto.\] Tras darle unas suaves palmadas en la espalda a Vlad, Kihano contempló el crepúsculo que teñía el horizonte y añadió: \[Puedes hacerlo todas las veces que quieras.\] Las bermejas hojas de arce flotaban al viento en medio de aquel paraje otoñal. El ocaso que contemplaban bajo el Árbol del Mundo Madre —entidad extinta ya en la realidad presente— permanecía suspendido exactamente en el mismo sitio a pesar del fluir de las eras. \[Porque bastará con que vuelvas a ponerte en pie cuando llegue el momento.\] 'Tu tiempo, aún en la flor de la juventud, discurre al compás que le corresponde. A diferencia del mío, que no puede retroceder ni avanzar. Dado que tu tiempo fluye y te permite dirigirte hacia cualquier parte, ni siquiera este instante de tribulación y congoja se consumirá en vano'. "... El sonido del viento es apacible". \[Es un rumor que solo se percibe cuando todo el entorno guarda silencio.\] Bajo aquel arce de un carmesí encendido, Kihano y Vlad permanecieron sentados juntos en el mismo lugar durante largo rato. En aquel rincón donde solo reinaba la brisa pasajera, no existía el Josef que lo había traicionado, ni el Frausen que le había clavado el acero; únicamente estaba Kihano, aguardándolo con paciente serenidad. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 227

Estás leyendo el capítulo 227 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.