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Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 226 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Cuanto más resplandecía la luz de la luna en lo alto del cielo, más densas se volvían las sombras a sus pies. Eran las sombras proyectadas por los caballeros decapitados que, incluso en ese instante, continuaban trepando y franqueando los muros sin cesar. Aquellos seres sin cabeza que habían permanecido encorvados como cadáveres a lo largo de décadas se regocijaban al fin de poder manifestarse bajo un estandarte impío. "Si se trata de Arnstein, debe de ser un lugar idóneo para anunciar el comienzo." La mujer vestida de riguroso luto daba la espalda a la luna. Como una gota de agua negra suspendida sobre la luna azul, todos los presentes en Arnstein contemplaban su figura. "Por fin todos se dignan a mirarme." La mujer de negro, Lamashtu, había aguardado un momento como este durante una larga eternidad. Aquel instante en que todas las almas del mundo posaran sus ojos sobre ella. Anhelaba congregar de ese modo las miradas de un mundo que se había obstinado en desviar la vista con indiferencia, sin importar cuánto lloraran los padres que perdían a sus hijos, ni cómo ardían vivos pequeños inocentes. "Cuánto mejor habría sido si todos se hubieran comportado así desde el principio." Lamashtu, la santa caída que había elegido una feroz rebelión contra el mundo en lugar de la sumisión ante Dios. Sabía a la perfección que, para pintar algo sobre este mundo endurecido como la roca, se requería un color más intenso que el de cualquier otro. Para conseguir semejante matiz, jamás había vacilado en cubrir con una oscuridad azabache la pureza de su propia alma. ¡Bummm! Así se desplegaba su mundo en esta noche. Al contemplar la mansión de Arnstein que se desmoronaba allá adelante, Lamashtu sonrió con radiante deleite. "¿Qué te ocurre? No es como si fuera la primera vez que ves un fragmento de dragón." ¡Tum, tum! La espada emitía lamentos, pero el hombre sonreía. Y lo hacía llevando incrustado en el corazón un fragmento de dragón que ni siquiera le correspondía. Al ver a Frausen sonreír con el rostro enteramente desvaído, Vlad sintió una desoladora tristeza antes que cualquier impresión grotesca. "... No. Esto no puede ser." 'A lo largo de todo este tiempo, yo no he hecho más que seguir tus pasos.' Sin embargo, en aquel hombre reducido a un pingajo andante, no parecía quedar ni el más mínimo vestigio del glorioso Maestro de la Espada que Vlad tanto había esperado encontrar. "¿Acaso no eres tú el Maestro de la Espada?" La noche era demasiado profunda. Era tan oscura y densa que todo cuanto alcanzaba a ver parecía retorcerse de un modo desconcertante. Bajo un cielo nocturno y sombrío, donde tanto Josef, en quien había confiado, como el Maestro de la Espada, a quien había seguido, parecían haber perdido por completo sus colores auténticos, Vlad no tuvo más remedio que alzar su espada una vez más. "... La tierna posibilidad, el lugar donde se debe estar y la justa retribución." Había niños en la ciudad de Mosiam que se sumían en un sueño del que jamás despertarían. Y mujeres que derramaban lágrimas negras mientras morían sofocadas en una aldea envuelta en la niebla. "Todos y cada uno de ellos eran los preceptos que tú nos ordenaste defender." No era una figura a la que hubiera admirado solo por encontrarse en una cumbre inalcanzable. Lo había mirado con devota veneración porque él estaba en lo correcto. Sin embargo, aquel individuo que ahora se alzaba ante sus ojos ultrajaba no solo las hazañas que había consumado en vida, sino también los mismos principios que él había abrazado con fervor. Ante semejante estampa, Vlad sintió como si cada una de las desesperadas luchas que había librado hasta ese día fuera despojada de todo sentido. "... ¿Y qué demonios estás haciendo aquí ahora?" Visto de cerca, aquel mundo que tanto había anhelado contemplar se hallaba enteramente podrido y supurante. Al confrontar finalmente y de cabo a rabo la fetidez que emanaba de Frausen, un asco insoportable se adueñó de Vlad. "Esto no es lo que hace un Maestro de la Espada." Apretando los dientes con fuerza, Vlad blandió su acero hacia Frausen. Llamaban Maestro de la Espada a aquel hombre capaz de plasmar el mundo entero usando su hoja a modo de pincel. Y en ese instante, Vlad empuñaba su propio pincel para borrar de la realidad el repugnante mundo que se erigía ante él. "Hoy te borraré aquí mismo." A partir de las pupilas de Vlad comenzó a trazarse un horizonte dorado. Esa línea, que fluía al dictado de su determinación, se deslizó a lo largo de la espada y se extendió con absoluta puntería hacia Frausen, aunque le resultaba imposible aplacar el tinte bermejo con el que la furia había encendido su mirada. "Los preceptos del Maestro de la Espada. Hacía mucho que no los oía." "¡Cierra esa maldita boca!" ¡Baaam! Hacia el Frausen que escarnecía el sendero recorrido, el mundo de Vlad se desencadenó trazando un surco. Frente a un impacto abrumador y pesado, en nada semejante a los anteriores, Frausen fue repelido hasta estrellarse contra el muro y dejó escapar un quejido de genuino aprieto. La razón era simple: de entre todos los dragones y caballeros de esta época contra los que había luchado hasta entonces, ninguno había logrado acorralarlo hasta ese punto. "También hubo una época en la que yo me esforcé por defenderlos." "¡¿Entonces por qué cambiaste?!" Las dos hojas trabadas forcejeaban por empujarse mutuamente. Aunque a la vista exhibían el mismo fulgor plateado, eran espadas condenadas a rechazarse sin cuartel debido a que las voluntades que albergaban en su interior eran diametralmente opuestas. "... En el fondo, todos los seres humanos son criaturas condenadas inevitablemente a cambiar. Pequeño e inexperto caballero." El tenso equilibrio entre los filos comenzó a decantarse poco a poco en contra de Vlad. Era el aplastante peso acumulado por un Frausen que, tras haber perseguido quimeras en su juventud, había terminado por claudicar ante la cruda realidad. Kihano solía predicar que se debía empuñar la espada por el bien de una tierna posibilidad. "Por muy tierna que sea una posibilidad, cuando se trata de una causa mayor, también es necesario saber sacrificarla." Kihano solía sostener que, si uno se hallaba en el lugar donde debía estar, debía cumplir con su deber. "E incluso cuando estás en el lugar que te corresponde, hay ocasiones en las que debes cerrar los ojos." Y también que siempre se debía recibir únicamente la justa retribución. Vlad aún recordaba con nitidez el peso de la justa retribución que Godin había dejado caer sobre su cabeza en el pasado. "Y a veces, es preciso ser todavía más codicioso de lo que dictaría una justa retribución." "¡Deja de decir estupideces! ¡Maldito bastardo!" Sin embargo, de los labios de aquel Maestro de la Espada comenzaban a borrarse uno a uno sus honorables preceptos. Ante las palabras que profería aquel viejo emperador doblegado por la realidad, el joven caballero que había seguido devotamente sus huellas sangraba por dentro, herido en lo más hondo de su ser. "¡Un farsante como tú no tiene derecho a decir semejante cosa!" La mirada con la que Vlad contemplaba a Frausen desde arriba se teñía de un rojo aún más intenso, como si no pudiera tolerar por un segundo más las palabras vomitadas por un vulgar cadáver. Era idéntica a la mirada de un dragón que prejuzga con displicente desdén a quienquiera que tenga enfrente. Ante la destreza deslumbrante del Maestro de la Espada, que se burlaba y jugaba a su antojo con la tosca fuerza bruta del dragón, el corazón de Vlad, ya encendido en cólera, se desbocaba con creciente violencia. \['¡No, Vlad! ¡No cruces al mundo del dragón!'\] Kihano, a quien abrigaba con devoción en su interior, clamaba desesperado que se detuviera. Sin embargo, la mirada de Vlad, tornándose de un azul cada vez más gélido, rechazaba en ese instante a todos los mundos que intentaban hacerle vacilar. Frente a las palabras de Frausen, que desdeñaban por completo todas las convicciones en las que había creído y a las que se había aferrado hasta ahora, Vlad comenzó a derramar la ardiente e incontenible furia que había mantenido reprimida en su pecho. \['¡Vlad!'\] "¡Uaaargh!" Bramó, desbordado por emociones que ya escapaban por entero a su propio control. El puño cerrado de Vlad sostenía, antes de que pudiera advertirlo, una espada que parecía sollozar. La Espada Matadragones, vuelta ominosa al compás del fulgor que su portador desprendía, ardía con una virulencia tan intensamente azulina que parecía haber olvidado incluso que su mismísimo origen residía en las estrellas. "¡Te pisotearé para que no vuelvas a pronunciar una sola palabra!" Los colmillos alargados y afilados; las pupilas, antes de un límpido azul, convertidas por entero en un abismo cerúleo. El nombre de aquel caballero era Vlad Dragulia. El mundo de Vlad, torcido por el peso de la ira, se asemejaba de pronto al de aquel padre al que jamás había llegado a conocer. "…… Eres un dragón, después de todo." La otra faceta de Vlad, hacia la que se había volcado arrastrado por la cólera, era el mundo innato del dragón. Tras haber descubierto al fin el vestigio draconiano en el multifacético mundo de Vlad, Frausen no ocultó una expresión apesadumbrada, preguntándose con amargura si él también había sucumbido al cambio. "Y yo soy un Matadragones." Había un dragón que arremetía a lo largo del corredor. No obstante, el mundo que se reflejaba a espaldas de aquella bestia no era el resplandor áureo y radiante de momentos atrás, sino tan solo un siniestro carmesí sanguinolento. Frausen alzó su espada hacia aquel mundo funesto que ya no guardaba mérito alguno digno de respeto. ¡Fshuk! La espada del Matadragones que antaño había hendido al más perfecto de los dragones destrozó y desgarró aquel mundo impío. Y así, en la punta de la hoja que se abrió paso implacable, quedó ensartado un joven dragón que se estremecía en estertores. "Kjjj……" El Caballero Plateado, un arma que en otro tiempo él mismo pudo haber empuñado, ahora lo atravesaba de lado a lado. Asomando por la espalda de Vlad, la hoja del Caballero Plateado vibraba tenuemente hacia la luna, que hoy brillaba con un fulgor insólito, como si recordara al joven caballero al que había visto ante el Árbol del Mundo. "Hasta hace un momento, ibas bien. Vlad Áureo." La sangre que brotó de la boca de Vlad salpicó el rostro de Frausen. Con todo, cabía preguntarse por qué, a pesar de tener la sangre del dragón justo ante sus ojos, el corazón de Frausen se había enfriado por completo. "Sin embargo, bajo la forma de un dragón no servirá. Con eso jamás podrás detenerme." "…… Kjjj." ¡Scccrrch! La sensación al salir la hoja resultó infinitamente más aterradora que al penetrar en su carne. Vlad, sintiendo la helada frialdad del acero extenderse por todo su cuerpo, no pudo evitar convulsionar involuntariamente. "Me aseguraré de recordar el nombre de Justia. Al menos demostró tener ese valor." Al compás de la espada que se retiraba, el mundo entero se invirtió. La tierra bajo sus pies se aproximó con violencia, mientras que el cielo que cubría sus espaldas se distanciaba en un instante. ¡Plaf! Vlad cayó desplomado sobre el suelo, arrojado más allá del muro derruido de la segunda planta. En sus pupilas se reflejaba una luna tan diáfana y brillante como no había sido capaz de contemplar momentos atrás. Y asimismo, la silueta de un hombre que se aproximaba hacia él, interponiéndose ante el astro nocturno. "…… Lord Josef." Su mano, crispada sobre la empuñadura como si pretendiera seguir luchando, sostenía aún la espada; no obstante, la mirada con la que se topó en Josef era desoladoramente fría. Al encontrarse con semejante frialdad, resultó inevitable que la fuerza comenzara a abandonar poco a poco los dedos de Vlad. "…… ¿Verdad que no es cierto?" Cabello negro y pupilas de azabache. Esos ojos que siempre lo habían contemplado dándole la espalda a una luminosa ventana se encontraban ahora allí. Eran los ojos oscuros que siempre había creído inmutables, pero en aquella noche se antojaban tan ajenos y desconocidos que resultaba sencillamente insoportable. "Diga que no es verdad…… Por favor." La tierra sobre la que yacía estaba helada, pero la escena que golpeaba su vista era todavía más glacial. Vlad imploró con fervorosa desesperación hacia Josef, que lo observaba desde su altura, pero la única respuesta que recibió fue el silbido del viento cortante del invierno. En medio de un mundo completamente invertido, Vlad terminó por dejar escapar un tenue y roto sollozo hacia aquel Josef que lo contemplaba impasible. "Con esto, ya no me debes absolutamente nada, Vlad." Pese a las desgarradoras súplicas de Vlad, la figura de Josef se fue distanciando más y más. Marchaba tras aquella mujer de negro que aguardaba a lo lejos, encaminándose hacia el carruaje oscuro que ella había traído consigo. A cada paso que Josef daba para subir a aquel carruaje renegrido, semejante a un ataúd, uno de los mundos que Vlad había erigido se resquebrajaba de forma atroz. Aquel mundo era el que Josef le había construido el día en que le tendió la mano en medio del invierno, cuando él vagaba solo y desamparado con una espada sin ornamentos. "Ugh……" Sin saber si se debía a la sangre que no dejaba de manar o a la mirada implacable con la que Josef lo contemplaba, Vlad comenzó a encogerse poco a poco sobre sí mismo, atenazado por un frío desgarrador. "¡Aaaaargh!" Josef fue desvaneciéndose en el interior de su visión, cada vez más borrosa y menguante. Vlad gritaba con todas sus fuerzas suplicándole que no mirara hacia allá, que volviera la vista hacia él, pero la espalda de Josef permanecía firme y recta, sin el más mínimo ápice de vacilación. "No es verdad…… Ugh…… Cof. ¡Diga que no es verdad!" La noche de hoy era gélida, y la luz de la luna que caía sobre la tierra resultaba abrumadora y pesada. Igual que aquel invierno en el que se encontraron por primera vez. Entre las lágrimas de Vlad, que se derramaban confundiéndose con su propia sangre, la silueta distante de Josef se fue difuminando en una penumbra cenicienta hasta desaparecer por completo. \----- • Autor: Q10 • Traductor: Inmensurable ⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨
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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 226

Estás leyendo el capítulo 226 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.