Leer El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 223 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Sobre el cuello de un dragón dibujado con trazos espesos, resaltaba una gruesa línea trazada por encima. El estandarte, que emanaba una presencia aún más intensa que la de los incontables cadáveres a su alrededor, colgaba pesadamente en ese momento, laxo y completamente empapado en sangre.
"... ¿Quién eres tú?".
Como si sus pulmones ya estuvieran anegados en sangre, la pregunta formulada con esfuerzo carecía de fuerza. No obstante, el caballero que yacía maltrecho en el suelo mantenía los ojos desorbitados, como si necesitara a toda costa escuchar la respuesta.
"¿Te... envió el Duque de la Corte?".
Los miembros de la Orden de Caballeros Matadragones habían sido atraídos hasta aquel remoto lugar mediante el falso cadáver de un dragón. El hombre que había sido su comandante pronunció el nombre más plausible que su mente pudo deducir, pero en el rostro del que lo escuchaba no hubo el menor temblor.
"Caballeros. ¿Acaso os dije alguna vez que obedecierais la palabra de un dragón?".
Tan solo alzó en alto la espada plateada que empuñaba, con una voz cargada de pesar. La espada del hombre, que ya había bebido abundante sangre, estaba perdiendo su color al igual que el estandarte quebrado de la Orden de Caballeros Matadragones a lo lejos.
¡Puk!
"... ¿No os ordené proteger lo que debía ser protegido?".
Junto al desgarro sordo de la carne hendida por la espada, el corazón del caballero, que latía con débiles estremecimientos, se detuvo por completo. En cuanto el último hombre que quedaba con vida cesó todo movimiento, el campo de batalla, que hasta hacía un instante había sido un hervidero de ferocidad, quedó sumido en un silencio tan denso como el de una tumba.
"Habéis hecho un arduo trabajo".
"Quizá porque ha vivido demasiado tiempo, las garras del dragón han crecido demasiado".
Junto a Frausen, quien retiraba la espada con total indiferencia, una mano nívea le ofreció un pañuelo. Quizá porque los ropajes que vestía eran negros, aquella blancura destacaba de manera singular.
"Tendré que recortar esas garras primero para poder cercenar el aliento vital de ese bastardo".
Mientras se limpiaba con indiferencia las salpicaduras de sangre del rostro con el pañuelo recibido, Frausen advirtió que la mujer tenía algo que decirle.
"¿Qué ocurre?".
"Uno de mis caballeros no ha regresado".
"¿Por qué?".
Una leve duda se dibujó sobre su rostro, que se enfriaba poco a poco como el de un cadáver. Porque para aquellos decapitados que, habiendo huido de la muerte, no estaban atados por las leyes del mundo, en verdad no existía razón alguna para no regresar.
"Según los que regresaron, dicen que fue mordido por un dragón".
"¿Un dragón?".
"¿Acaso no está aquel joven dragón al que vos dejasteis marchar? Es ese muchacho".
Su corazón había comenzado a latir de nuevo ante la mención de un dragón, pero al percatarse de que aquella palabra aludía a Vlad, Frausen no pudo evitar poner una expresión extraña.
"... Si es así, no es de extrañar que no pueda regresar. Por naturaleza, una criatura como el dragón jamás deja escapar a la presa que ha marcado".
A diferencia de los demás caballeros decapitados, aquel que había sido atravesado por la Espada Matadragones que lloraba todavía no había podido regresar al lado de Lamashtu. Aquello se debía a la diferencia de jerarquía, y también a una perfección que ni siquiera toleraba la muerte.
"Tendré que ir yo mismo a sacarlo".
Sobre el lodazal deshecho y saturado del hedor a sangre, Frausen giró la cabeza hacia la lejanía.
"Además, tengo curiosidad por ver cómo ha crecido durante este tiempo".
Aquel era el lugar donde se encontraba el caballero decapitado que no había podido regresar, y también donde residía aquel sujeto insólito que nadie sabía si era un dragón o un caballero.
※※※※
Quizá porque el clima era distinto, el techo era alto y los ventanales eran amplios. Además, tanto los jarrones dispuestos por doquier como los patrones de las paredes eran tan radiantes que otorgaban al espacio una atmósfera propia de las tierras centrales, muy distinta a la del norte.
"Esta habitación es verdaderamente magnífica. Viendo que hasta cuenta con un salón de recepción, parece que te tratan con bastante consideración".
"......".
Si no fuera por el viejo que masticaba ruidosamente la comida ante él en ese preciso momento.
Aunque su apariencia era tan andrajosa que despertaba compasión de manera espontánea, distaba mucho de ser un huésped bienvenido. Al contemplar a Pierre, quien se había presentado ante él de improviso, Vlad no se molestó en ocultar su semblante contrariado.
"Por cierto, sigues yendo a todas partes con ese sujeto felino".
"¡Ya le he dicho que me llamo Nibelung! Usted bien me conoce, ¿no?".
"No me interesan los nombres de la raza de las bestias. Yo solo recuerdo los nombres conferidos por Dios".
Nibelung sacudió la cabeza con resignación ante la actitud de Pierre, quien seguía ninguneándolo como de costumbre. Aunque en Mosiam, anegada de niebla, habían sido prácticamente compañeros de armas, parecía que para un devoto siervo de Dios un mago que manejaba misterios seguía resultando alguien de quien desconfiar y mantenerse apartado.
"¿Cómo ha logrado encontrarme hasta aquí?".
Al ver a Pierre depositar con cuidado los cubiertos tras haber terminado de comer, Vlad abrió la boca con pesadez. Había estado esperando hasta ese momento en observancia de la ley no escrita de los callejones que dictaba no molestar a nadie mientras comía, pero ya había llegado la hora de escuchar respuestas.
"¿Y quién demonios es ese anciano que trajo consigo?".
"... Mmm".
La barbilla que Vlad alzó ligeramente apuntaba hacia el dormitorio. Pierre al menos conservaba fuerzas para llevarse algo a la boca, pero el anciano, que había llegado en un estado de agotamiento absoluto desde el primer instante, yacía ahora tendido sobre la cama, sumido en un sueño tan profundo como la muerte.
Según las palabras del médico que lo examinó, su estado actual era en extremo crítico, por lo que tal vez para el día de mañana tendrían que encargarse de retirar un cadáver.
"Ese hombre es alguien cuya seguridad ya ha sido garantizada por la Alianza del Norte. Para ellos, es una persona de valor incalculable, casi como un testigo clave".
"Por eso le pregunto quién es".
Como si hubiera percibido un indicio ominoso, Vlad se mostraba un poco más cortante de lo habitual. Sin embargo, Pierre se limitó a sonreír con aire enigmático mientras lo observaba.
"Su nombre es Radu. Radu Dragulia".
"......".
En cuanto el nombre del anciano fluyó de los labios de Pierre, la yema de los dedos de Vlad, que se dirigían hacia la taza de té, se detuvo en seco. El aire de la habitación se tornó gélido al mismo instante, y con toda certeza aquello no fue una mera ilusión percibida solo por Nibelung.
"Y, con toda probabilidad, es el hombre que resulta ser tu medio hermano mayor".
Tras el nombre pronunciado por Pierre, un extraño silencio comenzó a descender. Un nombre ligado por la sangre: Radu Dragulia. Al escuchar de labios de Pierre la verdadera identidad del anciano, Vlad sintió brotar en su interior una emoción insólita y difícil de describir con palabras.
"... Más que un hermano, más bien parecía un abuelo".
Aunque aquel simple nombre pronunciado por Pierre provocaba pequeñas ondas en su pecho, Vlad se esforzaba por aparentar indiferencia. Porque el arte de la conversación que había aprendido al observar a Josef le advertía que, en ese preciso momento, no debía mostrar la más mínima fisura.
"Parece que en la Casa Dragulia tratan a su gente de un modo bastante implacable. A juzgar por lo decrépito que se ha vuelto".
Tras pronunciar aquellas palabras con serenidad, Vlad alzó lentamente la taza de té. Sonreía al hablar, pero en sus ojos brillaba una advertencia tajante que exigía no volver a pronunciar ese nombre frente a él.
"Tal como desea, puede quedarse aquí hasta que llegue la gente de la Alianza del Norte".
"Aunque no sea mi mansión".
"...... Te lo agradezco. Jamás imaginé que terminaría beneficiándome gracias a ti".
A la vista mostraba cabellos rubios y ojos azules; sin embargo, la espada que ceñía a su costado ostentaba un fulgor plateado. Al contemplar a Vlad, en quien ya resultaba imposible hallar el más mínimo rastro de su antigua inmadurez infantil, Pierre no pudo evitar chasquear la lengua con desaliento.
\* \* \*
Vlad recorría el corredor de la mansión, dirigiéndose hacia la sala de recepción de Sir Rodrigo. Aunque se trataba de tierras ajenas, los caballeros de Arnstein con los que se cruzaba en el camino lo saludaban con la mirada, y en la inclinación de cabeza de los sirvientes se percibía una profunda deferencia.
"En momentos como este es cuando debes ser todavía más humilde. Pues ya nadie te verá como a un caballero inexperto".
'Lo sé'.
"En cambio, alza más la cabeza. Jamás olvides que el fundamento de un caballero radica en la gallardía".
'...... Ya le dije que lo sé'.
Desde que se toparon con Sir Rodrigo, las quejas y sermones de Kihano se habían multiplicado de forma considerable, pero Vlad simplemente los dejaba pasar. Era consciente de que había llegado a una etapa en la que debía prestar atención no solo a su espada, sino también a otros asuntos. Aunque, para ser sinceros, tenerlo entrometiéndose en cada uno de sus ademanes y posturas resultaba demasiado molesto como para ignorarlo sin más.
"Sir Rodrigo".
"Oh. Has llegado".
Al abrir la puerta y entrar, los caballeros de la Gendarmería Imperial ya se encontraban reunidos en su totalidad. Aunque no lo hubieran hecho con esa intención, el espectáculo de todos aquellos caballeros clavando sus miradas en él al unísono le provocó a Vlad una extraña sensación de opresión. Después de todo, aquellos hombres enviados directamente por el Duque de la Corte para dar con el asesino de Auguste no eran meros caballeros de adorno.
"¿Recibiste bien a los invitados? Por lo que vi, uno de ellos parecía encontrarse en un estado bastante precario".
"Si ya lo sabe todo, ¿para qué se molesta en preguntar?".
"Preguntar cuando ya lo sé todo es precisamente una de mis costumbres".
Vlad no entendía por qué demonios todas las personas con las que se topaba ese día tenían que ser tan socarronas. Siendo un investigador tan competente, Sir Rodrigo ya debía de haber averiguado la identidad de aquellos ancianos; sin embargo, parecía desear escuchar los pormenores de boca del propio Vlad.
"Pienso mantenerlos bajo mi protección hasta que llegue alguien del norte. Al fin y al cabo, yo también soy un caballero de la Alianza del Norte".
"El deber es importante. Tanto como el honor".
Sir Rodrigo comenzó a asentir con la cabeza, como si la actitud de Vlad hubiera sido de su agrado. Sin embargo, al percatarse de ello, Vlad no se molestó en ocultar su expresión hosca. Fuese para bien o para mal, le desagradaba profundamente aquella actitud suya de evaluarlo a su antojo.
"Se lo diré una vez más: no tengo la menor relación con el Rey Fundador".
"Vaya......".
"Y la espada que empuño tampoco le pertenece. Así que le agradecería que deje de prestarme tanta atención".
Para Vlad, a quien no le resultaba nada familiar cargar con las expectativas ajenas, los asentimientos de aprobación de Sir Rodrigo no eran más que un estorbo. Al comprender de manera vaga qué era lo que aquel hombre esperaba de él, Vlad pretendía aprovechar esta oportunidad para trazar una línea divisoria tajante.
"Le pido que no espere nada de mí. Tan solo soy alguien que desea vivir su vida a su propio antojo".
"Por supuesto, no espero nada de ti".
Sin embargo, a pesar de los modales bruscos de Vlad, Sir Rodrigo no mostró el más mínimo disgusto.
"Haz lo que quieras, tal como siempre lo has hecho. Del mismo modo en que perseguiste a los decapitados la noche pasada".
"......".
Porque, en el fondo, Sir Rodrigo ya se sentía plenamente satisfecho. Aunque por la boca Vlad dijera que no, el hecho de verlo esforzarse más que nadie por mantener vigentes los Preceptos del Maestro de la Espada encarnaba a la perfección la figura que los caballeros del imperio habían anhelado durante tanto tiempo.
"Pienso regresar pronto con el Duque de la Corte".
"Esa sí que es una buena noticia".
"Y te he llamado porque antes de partir deseaba decirte una última cosa sin falta".
Aunque a Vlad le alegraba que aquel séquito engorroso por fin se marchara, el brillo en los ojos de Sir Rodrigo mientras lo miraba era de una seriedad absoluta.
"No confíes demasiado en Josef Bayezid".
El caballero veterano de la Gendarmería Imperial, responsable de custodiar la seguridad de la capital y dotado de un olfato más agudo que el de un sabueso de caza para rastrear verdades ocultas, le estaba transmitiendo una pesada advertencia.
"¿Qué quiere decir con......?".
"El primero en obtener en todo el norte esa droga proveniente del lejanísimo este no fue otro que Josef".
Había existido una droga verde que sacudió los cimientos de la corte y de la nobleza imperial. Aquella sustancia de los elfos ocultaba un veneno mortal en medio de extraordinarias virtudes curativas y estimulantes. Había sido un brebaje tan colosal que la capital, Brigantes, todavía padecía las secuelas de su azote.
"La razón por la cual la Santa Sede puso sus ojos sobre Josef fue, sin duda alguna, porque existían motivos suficientes para ello. No olvides mis palabras".
"......".
Vlad sintió el impulso de replicar con firmeza que las cosas no eran así, pero la imponente presencia que emanaba de Sir Rodrigo le cerró la boca de manera involuntaria. A pesar de haber vivido toda su existencia rebelándose contra cualquiera, la advertencia cargada de verdad de Sir Rodrigo poseía una densidad tan penetrante que resultaba imposible de sacudirse con ligereza.
\* \* \*
Un fino polvo negro caía sobre la infusión verdosa. Aunque era un té claro preparado con esmero siguiendo las pautas de la ceremonia tradicional, ahora todo aquel esfuerzo parecía haberse vuelto inútil, pues el brebaje se había tornado enteramente azabache.
"Dicen que se encuentra encerrado en el sótano. Me han informado de que los sacerdotes del feudo lo mantienen bajo un riguroso sello".
"¿De verdad?".
Al escuchar el informe de Sir Zayar, Josef frunció el ceño como si le invadiera un agudo dolor de cabeza. A Josef, a quien le complacía moverse siguiendo planes meticulosamente trazados, le causaba un profundo malestar aquella situación imprevista.
"¿Por qué no pudieron escapar? En teoría, no son seres que deban verse limitados por la tierra que pisan".
Preguntaba al aire, mas no era una interrogante que exigiera una respuesta. Pues Sir Zayar, que permanecía a su lado, era un caballero de la espada, no un experto versado en lidiar con aberraciones impías.
"¿Acaso habrá sido por culpa de Vlad?".
Vlad de Shoara, la única variable que Josef Bayezid recibía siempre con agrado. Convencido de que el muchacho debía de haber provocado algún incidente, Josef simplemente esbozó una tenue sonrisa y arrojó el envoltorio de medicina que sostenía directamente al fuego de la chimenea.
"Puesto que el polvo se ha terminado, pronto se pondrán en contacto. Esperemos un poco".
"Entendido, Lord Josef".
Al concluir aquellas palabras, el té teñido de negro fluyó garganta abajo a través de su nuez de Adán. Con cada sorbo que apuraba, la agudeza regresaba a las pupilas oscuras de Josef, y con cada nuevo trago, las densas ojeras que ensombrecían su rostro recuperaban de forma imperceptible el tono natural de la piel.
"...... He tomado muchas medicinas en mi vida, pero esta en verdad es amarga".
Tras vaciar por completo la taza, Josef entrecerró un ojo y no pudo evitar soltar una queja entre dientes. Pensándolo bien, a partir de cierto momento, Josef había dejado por completo de emitir aquellas toses superficiales. Aunque nadie sabría decir con exactitud desde cuándo, en el Josef de ahora era sencillamente imposible hallar el menor vestigio de enfermedad.
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• Autor: Q10
• Traductor: Inmensurable
⚔️ El juramento de un caballero y el filo del primer Maestro de la Espada se forjan en cada batalla. ¡Deja tu reacción y comentario para avivar la llama del acero y traer pronto el siguiente capítulo! 🛡️✨

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El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela)
Capítulo 224
El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) Capítulo 223
Estás leyendo el capítulo 223 de El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela), un novela. En los rincones más oscuros y putrefactos de la ciudad, donde la luz jamás penetra y la vida no vale nada, sobrevive Vlad: un muchacho callejero que lucha a diario entre el barro, la violencia y el hambre por un mísero… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Maestro de la Espada que Abraza las Estrellas (Novela) tiene 285 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.